Stiles Stilinski.
Cada vez estaba más cerca de mí destino, pero cada paso que daba me rememoraba lo sucedido desde esa mañana: besé a Derek y a Peter; pero de todas formas eso no era lo sorprendente.
"No, no, no. Desde que me he levantado, he estado compartiendo besos entre ambos."
Ambos sufren de celos del otro, y yo ando jugando con fuego al estar besandolos a la vez. Un beso de tres. No. Imposible. Deja de pensar en cosas así.
Es Derek o Peter.
No Derek y Peter.
Continúe caminando unas cuadras más y por razones ilógicas, las calles se encontraban vacías y silenciosas (algo lo suficiente espantoso si vivís en Beacon Hills). La adrenalina empezó a aparecer, y las ganas de salir a correr también.
"¿Porqué mierda no deje que me traigan hasta el colegio cuando me lo ofertaron?".
Sonidos de pisadas se oyen, pero al voltear nada ni nadie hace presencia.
Apure el paso, llegada a una esquina me paso de vereda. Algo no andaba bien y no me iba a mentir.
—Hasta que al fin los lobitos sueltan a su juguete favorito...— pronuncia una voz rebosante de burla y maldad. Sin tiempo a reaccionar reaparece delante mío, aún con mas sorna. —...cambia esa cara, ¿Acaso has visto un fantasma?— De mediana estatura, cabello oscuro y tez blanquecina. Una mujer bien cuidada y delicada, una apariencia normal, en cambio, conmigo no entra en esa categoría.
—Si con fantasma te refieres a lo blanca y fea que es tu cara, supongo que si he visto uno.— Contesté.
—Niño insolente.— bufa. —No sabes lo feliz que estamos todos con saber de tu existencia, un jov...—
—Si, si. Jóvenes vírgenes. ¿Podemos saltear esa charla? Ya tuve una conversación así con los chuchos.— Interrumpo agobiado. ¿Que mierdas estaba haciendo hablando con aquel ser? Mi cuerpo se olvidó por completo el correr por su vida; seguí camino haciendo a un lado a aquella
jovencita bruja.
—¡Hey! ¿Que crees que haces? ¡Te estoy hablando!— sus manos empiezan unos raros movimientos, de ellos emanaban un aura oscura. Sus ojos se volvieron más negros que la mismísima noche, y sus labios pronunciaban una especie de lenguaje antiguo.
Mis sentidos empezaron a fallar, el aire me falta, mis ojos se cierran. Mi cuerpo se adormece.
—Bien hecho Stiles...— pronuncio para mí mismo antes de caer inconsciente.
(...) Voces apagadas se hacen cada vez mejor audible. Mis muñecas poseen movimientos limitados, las mismas estan presas por una cadena. Mis pertenencias estan fuera de mi alcance, incluido mi celular.
—Que bueno que despiertas...— La misma bruja que había llorado por sus difuntas hermanas, estaba ahora mismo agasapada frente mío, viéndome como si fuera conejillo de india. Hechiceros y brujas hacían presencia, algunos más feos que el anterior; sus largas uñas negras me tocaban, y mentiría si digo que no era repugnante, porque en realidad lo era.
—Un muchacho virgen. Serás más que bueno.— solto uno de los hechiceros, observandome de pies a cabeza. —Tendremos que apurarnos para el ritual, no querremos que sus perros guardianes estropeen nuestros planes.— Sus manos me acarician y no dudo en apartar la cara asqueado para que no lo siguiera haciendo. —Dime, ¿no tienes alguna última petición antes de morir?— Todos en el lugar lucían jóvenes, entre 28 y 34, tanto hombres como mujeres (que eso no nos engañe). Nuevamente sus manos me sujetan mas fuerte que la anterior vez. —¿No crees que necesitas cumplir algún placer antes de darnos tu virginidad, cariño?—
—No me digas... cariño.— Menciono siseante. —Sólo una persona puede tutearme así.— en mi pensar aparecen sus ojos azules, Peter era lo que necesitaba en esos momentos, con sus ganas psicóticas de querer matar gente sin razón aparente.
—¿Eres cristiano?— me pregunta tirando de mis cabellos, obligándome a mirarlo a él y a su alrededor. Opto por no contestarle y ahorrar todas las energías posibles; su mano impacta contra mi cara en forma de puño. —Te he preguntado algo, mocoso.— otro golpe se siente y mi piel empieza a arder. —Bien, que lo que sea en lo que creas, te tenga piedad.— todos se dispersan: algunos van en búsqueda de elementos y herramientas, otros toman posición de guardia en la entrada.
La noción con respecto al tiempo ya no era certera, pero si no fuese por el gran fogon que habían hecho, la cueva estaría a oscuras.
"Entonces es de noche o estamos en un lugar donde la luz del día no es muy accesible... capaz un bosque muy frondoso." Pensaba.
Beacon Hills esta oculto entre hectáreas de bosques y campos. Hacia el norte, los árboles empiezan a ser de menor estatura, en el sur es lo opuesto, los arboles son gigantescos y entre ellos el Nemeton podía esconderse o pasar desapercibido.
"¿Pero, y la cueva?"
La parte montañosa se ubicaba del lado este; entonces estamos en algún punto de Sudeste de Beacon Hills.
Pero ahora la pregunta era:
"¿Cómo voy a dar a saber donde estaba y que estoy bien?"
A mi frente, se pone aquella bruja que empezaba a ser mi dolor de cabeza.
—Lamentaran el haber asesinado a mis hermanas, tú y tus perros deformes de hombre lobos que tienes.— Sus ojos comienzan a tornarse blancos completamente, sus manos a tomar un color de rojo vivo como si se hubiera quemado minutos antes, y cuando quiso tocarme escuché aquél sonido que me género alivio y provocó miedo y peligro:
"El aullido de un alpha molesto y furioso con sed de sangre; y un beta que no diferencia lo bueno de lo malo y que disfruta de matar."
Gruñidos.
Rugidos.
Aullidos.
Todo señalaba que estaban cada vez más cerca de mí. Aun así no faltaron los gritos de piedad, dolor, miedo y alaridos de una muerte lenta, la cuál solo los Hales podían brindar en bandeja de plata y oro.
"Una especialidad de familia".
—Toc. Toc. Venimos a buscar algo que nos pertenece.— Dice Peter mientras rasga sus uñas contra la pared de aquella cueva. Ladea su cabeza y mira fijo a los hechiceros que ahora se ponen frente mío, impidiendo el paso al beta de ojos azules.
—Si no es por las buenas, será por las malas.— Concluye aquel discurso Derek, tomando carrera para lanzar su primer ataque, el cuál no falla y logra derribar a varios. Peter no se queda atrás y consigue abrirse camino hacía mí.
—¿Te encuentras bien, cariño?— Solo asiento. Elevo mi muñeca en donde tenía las cadenas, y sin esfuerzo, las corta.
Sus brazos me toman y me ayudan a ponerme de pie; me rodea en un abrazo más protector que el anterior, sólo qué...
"...esta vez buscamos nuestros labios".
Me separo de forma lánguida, viendo al mismo tiempo sus ojos azules eléctricos encendidos, para luego culminar y volver a ser sus azules característicos.
Un último grito de dolor ahogado nos hace separar lo que faltaba. Ahora, Derek, nos miraba molesto a ambos y su ira había pagado aquella bruja dueña de todo este desorden. Su transformación no afloja y sus dientes chillan de la fricción hecha por la bronca y del enojo.
Pero, de un momento a otro, cambia. Sus músculos se relajan, y cuando aquella temible metamorphosis deja de existir, un rostro de pena y desconsuelo aparece.
—¿Derek, estás bien?— No dice nada. Leve fue su movimiento de cabeza para afirmar.
No tardé en soltarme preocupado de Peter para ir directo a su sobrino. Para cuando menos me di cuenta, ya estaba en plena intemperie húmeda y fresca como era en aquellas noches, y al no tener respuesta de Derek, opté por darle su espacio.
—Peter...— Llamé suavemente y a los segundos ya tenía a aquel beta de mayor edad a un costado mío, abrazándome.
—Démosle un tiempo y un espacio, su lobo está inquieto.— Es lo único que me dice y me aconseja. Yo no deseaba esperar, no quería. No quería que Derek esté de esa forma, no así.
Un teléfono empieza a sonar a lo lejos, y el la oscuridad, Derek lo atiende:
—Si. Ya está con nosotros, mañana haremos una reunión y lo verán, ahora déjenlo descanzar... Sí... No, pero eso se decide mañana McCall... No me importa... Como quieras... Bien. Hasta mañana.— La charla que había tenido fue bastante rápida, y para ser Derek, había contestado con palabras de más pero, no estoy en posición de decir nada. O no por el momento. —Vayamos yendo. Tú padre nos espera para cenar.— Sentencia Derek sin mirarme aún.
—¿Eh? ¿Cómo lo convencieron?— Pregunto confundido.
—Solo le dijimos que te traeríamos a casa de nuevo.— Concluye Peter, tomándome de la mano y tironeando para guiarme hasta el Camaro.
