Derek Hale.

El viaje resultó silencioso, denso, pero tan seguro.

Él se sentía seguro y a salvo; y eso era lo primordial.

Ni bien llegado a la residencia, el Sheriff Stilinski nos recibe con sus brazos abiertos y una comida hecha en casa y caliente.

—¡Stiles! Ay, gracias a Buda que estás bien.—

—Hola pá. Yo también te extrañé.— Se dijeron mutuamente, y entre ambos abrazos, un pequeño agarre era su señal de desesperación junto a una pequeña frase de:

"Por favor, prométeme que serás mas cuidadoso la próxima vez".

Una vez finalizado aquél encuentro padre-hijo, Peter se acerca más a ellos y sin movimiento desapercibido, ambos adultos se estrechan las manos. Seguido de él, me adelanto y hago lo mismo.

"Como si fuera un hábito entre nosotros."

Su padre se da cuenta del cambio de humor repentino de su hijo, el cómo lo miraba confundido ante todo aquello que no era normal, pero como respuesta, solo le brinda una sonrisa segura a su pequeño.

—¿Por qué no vas a pegarte una ducha?— Dice y continúa. —Yo terminaré de preparar la comida.— Aceptando la invitación de ir a sacarse un poco mucho la suciedad que tenía encima, encamina hacia su habitación dándonos la espalda, gestos y órdenes mudas se recrean: el sheriff, nos estaba haciendo señas para que lo siguieramos.

No iba a hacer tal cosa.

"¿Por qué no va Peter y aprovecha estar solo con él? Si después de todo, yo ya casi estaba perdiendo el cortejo."

Fui el que más puso resistencia y todo por decisiones propias y erróneas; o era esa mi idea de preservar mi dignidad, todo si no fuera por las miradas que el Sheriff me mandaba (de no ser así, no me habría movido de lugar). Peter tampoco se quedaba atrás con los regaños de sobra a través de gestos patéticos.

"Pero ninguno, incluido yo, estaba pendiente del revoltijo de emociones que ocasionamos en el sistema del castaño."

Stiles ya no se encontraba al comienzo del pasillo, su figura se esfuma a la derecha, directo a su habitación.

Le seguí.

Abrió su puerta y la cierra de golpe, y el sonido de la traba del pestillo no se oye. El borcego de marca cara color marrón, interviene la acción, y Peter confiado entra en aquél espacio; en cambio, yo me quedo en el marco, expectante. Sus ojos whisky nos pasean, pero aún asi soy el último a quién mira: su último objetivo.

—Derek, ¿podemos hablar?— me pregunto acercándose con lentitud.

—¿Por favor?—

—¿Por qué no hablas con Peter? No quiero que su lobo se ponga celoso y a la defensiva conmigo.— respondí errático.

—Porque no es con él con quién quiero hablar... sólo, déjame aclarar las cosas contigo.— siento como mis ojos comienzan a brillar rojos, mi frente se arruga, y desde el reflejo de los cristales de su ventana, veo como mi rostro no es atemorizante, todo al contrario: es de dolor y pena. Mi lobo se manifestaba y lo hacía de forma triste. Peter lo entiende, automático es su respuesta física, y en suaves movimientos se ubica en una esquina, dándole espacio a Stiles para que pueda tratar conmigo:

"Un espíritu animal en pena".

—Derek, necesito que me digas lo que te sucede; necesito que hables conmigo.— Sus manos buscan alcanzar y acariciar mi rostro.

"Su suave y cálido tacto, me buscan; por inercia involuntaria, me acerco."

Mi transformación no desaparece. Pero aunque sea, mi lobo no llora por abandono.

"Y todo esto por lo que había sido el día de hoy".

Horas Antes.

—¿Peter? ¿Que haces aquí?— Resultaba ser que Stiles nunca llegó a clases y no había sido, hasta el momento en dónde Malia cuestionaba la aparición de su padre biológico por esos lares; de allí en el momento es cuando él y yo nos dimos cuenta de que algo andaba en realidad: muy mal.

—Creo suponer que tenemos serios problemas, pequeña.— le responde. Y ciertamente, no fue difícil hacer que la manada también se ponga al tanto de lo que pasaba y empezaran a buscar como locos por todo el pueblo al nene mimado de Stiles.

Aún así no tuvimos la suerte de hallarlo por ningún lado, su olor ya había dejado de existir del mapa.

"No nos estamos concentrando lo suficiente."

Mi ser ya empezaba a emanar un aroma inquieto y agobiado que hastiaba con el simple hecho de olerlo. Y eso no ayudaba en nada para uno mantenerse tranquilo.

"Yo no estoy tranquilo."

—Tranquilizate, enserio. Vos y yo así de nerviosos no llegamos a nada, sobrino. Stiles corre mayor peligro por nuestra negligencia que por el enemigo mismo.— Al comienzo solo me mira con desdén, como si me afectara de alguna u otra manera. Ahora un poco más calmado continúe manejando. Cinco horas ya habían pasado, no había ningún rastro por ningún sitio.

En medio de aquél solitario silencio, mi móvil suena, en el mismo muestra el nombre del contacto: Sheriff.

Peter lo toma y descuelga:

—Derek.— Responde automático al ser contestado, su voz exhausta y rasposa.

—No Sheriff, Peter.— Un suspiro y una puerta cerrándose se escucha de fondo y a los segundos, vuelve al habla.

—¿Que está sucediendo, Hale? ¿Dónde está Stiles? Les confíe a mí hijo, por peticiones suyas, y ¿qué me entero? Stiles está desaparecido.—

—Lo estamos buscando, Señor.— Interrumpo esta vez, capaz tratando de tranquilizar un poco a aquél hombre mayor. A través del auricular del móvil se escucha el largo suspiro que echaba por cansancio.

—Aunque sea, díganme que tienen en mente quién o qué pudo haberlo secuestrado.— Literalmente, sentimos como se nos prendía el foco ante aquella irrealista pero importante idea. No necesité demasiado tiempo para pensarlo dos veces:

—Volvamos, reunamos a todos. Sheriff: quédese tranquilo, nosotros nos encargamos y le prometo que Stiles volverá sano para la cena.— Su risa forzada e irónico sale a flote. Y antes de colgar responde:

"Si claro, los espero para la cena."

Detengo el coche en la arcén de la carretera.

—¿Y, bien?¿Tienes alguna idea de qué es lo que está pasando?— Me quedé callado analizando; una parte mía me decía que era todo una trampa, que alguien buscaba venganza y qué, por ende, estamos obligados a actuar con prudencia. Otra parte me decía que siga buscando por el pueblo sin importar qué, repitiéndose las razones incomprensibles de que la primera cuestión sea la correcta.

—No es un qué, sino un quién.—

—¿Estás seguro de ello?—

—No.— De un derrape* acelerado a fondo y un volantazo, giro el coche tomando un atajo directo al loft, más que apurado por rescatar a nuestra ancla.

—De todas formas te apoyo.— me dice Peter, la velocidad sube cada vez más haciendo que los escapes de aquel coche oscuro rujan de potencia y furia.

Para cuando llegamos había mucha más gente interesada en poder ayudar en la búsqueda del perdido pues, Stiles, es en realidad muy querido.

Desde betas de la manada de la loba Satomi, hasta seres de otras especies, compañeros y amigos, todos reunidos en un mismo lugar sin importar qué.

—¿Hay noticias de Stiles?— Pregunta Lori. Una chica pertenecientes a la manada de Satomi y a su costado, su hermano mayor: Brett, ambos con rostro de angustias y preocupación.

—Nada por el momento. Pero creo tener una idea de lo que está sucediendo.— Nuevamente, mi tío tiene la palabra, pero no me molesta, no. Reconocía que el podía llegar a ser un poco mas sociable y que sabía como llegar a los sentimientos de cada uno de ellos. Es perfecto para el papel de líder preocupado; y tal como lo pensaba, rápida y ágil fueron las respuestas e interés, pues todos yacían en un lugar sentados y atentos a lo que sería ahora, una reunión de búsqueda y rescate.

—¿Por qué no has dicho nada?— Mi voz prepotente se hace presente en aquel silencioso balcon a oscuras. Un gruñido gutural de mi parte es lo único que suena al final de aquella oración.

—Porque tú y yo sabemos más de lo que pensamos. Y ellos, por más predisposición que tengan, no entenderan lo qué sucede y porqué. Solo nos molestaran y atrasaran el rescate.— Tranquilo y sin apuro responde; pega medio giro para encontrarse conmigo a escasos centímetros de su rostro.

—No lo comprendo.— Digo.

—Stiles está desaparecido por nuestra culpa. Y nos quieren ver sufrir a nosotros, no a ellos.— No puedo ver mi rostro, pero si así fuera, en ella estaría pintada la faceta de sorpresa inaudita; tampoco era que lo demostraría a los cuatros vientos mis dudas, pero, estaba aterrado por todo lo que está sucediendo o sucedería si no tomamos carta en el asunto. Ninguno de los dos conocíamos al enemigo, pero no nos iba a detener.

Peter me mira una vez más: —Además, con McCall cerca, no podremos demostrar lo que somos capaces de hacer si nos amenazan. ¡Somos Hales, carajo! No guardabosques.— con aquello dicho, una milésima parte de mi juventud vuelve a renacer, y en ella las ganas de poder abrazar a Peter sin terminar peleando, mordiendo o rasguñando. En esos momentos me sentía mas un niño que un adulto de 24 años. Quería que Peter me abrazara fraterno, pero ese deseo era muy difícil de que se cumpliera, o mínimo: se lo aceptara.

"No quería, hasta que pasó".

Extiende sus brazos, dando a entender el gesto, y no lo dudamos, nos abrazamos tan fuerte como pudimos.

Ambos oliendo el aroma del otro, el aroma a familia que tenemos; y claro, el aroma a Adderall tan característico de Stiles, el cuál casi se podía distinguir; nos necesitábamos mutuamente en esos instantes. Estabamos destrozados sin nuestra alma gemela.

Sin nuestra ancla.

Sin sus risas y extensas charlas.

Sin rumbo, ni dirección.

—Pero, ¿quién pudo ser? Hay muchas personas que nos quieren ver muertos, y aunque eso quisieran, nadie sabe que Stiles es nuestro punto débil. Tendrían que ser una especie de ser mágico para saberl...—

—¡Alto!— Peter me llama shockeado, acababa de darle la razón de la existencia. Él me mira emocionado por lo que se venía. —¡Claro, sobrino querido! ¿Como es que no lo pensamos antes?— Dice eufórico por el hallazgo. Le miro confiado de que me explicara un poco la situación de todo aquello. Pero no lo hice; y como el cachorro que me sentía en esos instantes, le dedico una mirada de costado. —Vamos, tenemos que rescatar a nuestro nene mimado.— Dice. La ruta ya la conocíamos, la misma que habíamos tomado aquella noche para ir a matar al aquelarre de horribles brujas.

No me molesté en estacionar bien.

Era cuestión de tiempo, el cuál corría y se nos iba agotando.

Todo con tal de ver a Stiles sano y salvo.

Garras y colmillos fuera. Entre las sombras nuestros ojos hacen contrastes: rojos y azules. Gruñidos y amenazas suenan, las primeras brujas y hechiceros se aparecen y en dos movimientos mueren desangrados.

Una tras otro atacaban, y una tras otro morían. Fue de apoco como nos hacíamos paso entre las misma hasta dentro de aquella cueva con olor estupefacto.

Mis manos y dientes llenas de sangre rojo-oscuro. Las de mi tío no se alejaban de tal descripción. Y cuándo más el uso de la razón perdíamos, pudimos percibir su aroma... Y su sangre...

Ahora

Pero ya me habían dejado en claro, que Peter tiene más oportunidad de terminar aquel cortejo.

Lento me acerco al borde de la cama, me siento y respiro hondo.

—No quiero hablar. No hace falta hablar sobre nada.— le contesto sin siquiera levantar mi rostro y ver aquellos ojos miel que me tenían perdido.

Stiles se acerca, se sienta a mi costado, y empieza a sobarme la espalda. Su cabeza se apoya en mi hombro, y tararea una melodía cualquiera.

"Ahora estoy más calmado".

Eso da lugar a que mi tío también se pueda acercar, estando aún en alerta, pero se sienta a mi costado libre.

—¿Alpha?— Me pregunta. Lo miró extraño. Peter, mi tío que nunca se sometió a ningún Alpha y que encima, se autodeclaraba uno de ellos, que mató a mi hermana para obtener tal poder cueste lo que le cueste. Él mismo, se sometía a mí. Con sus ojos brillantes y su cuello expuesto, todo para que lo marcase con mi olor y le declare mi manada. Mi lobo se sentía tranquilo y feliz. Al fin. Me acerco y restrego despacio mi piel contra la suya. Stiles nos mira emocionado por las paces que estabamos haciendo. Su corazón desbocado y su serotonina lo delataban, al igual que muchos otros gestos que no controlaba por si solo. Ahora un poco mas separado, me tomo el tiempo de dedicarle una sonrisa; porqué él no se merece nada malo, es todo lo contrario.

Rompe la distancia que había entre nos, me empuja suave hacia atrás haciéndome yacer sobre su colchón. Me acaricia; y mirándome directo a mis ojos me recita:

—¿Puedo besarte, Alpha? Porque aunque no lo parezca, Derek, todavía seguimos con el cortejo, todavía no le he dicho 'sí' a ninguno de los dos, ¿Eso no es suficiente prueba para que no te rindas y trates de terminar el cortejo?

— Cada vez estaban más cerca sus labios carnosos y entreabiertos, dejando ver algo de sus hermosos y parejos dientes, no quería desperdiciar aquella oportunidad. Lo tomé de su mejilla y me tomé todo el tiempo del mundo para dar aquel beso; nuestros labios presionando tímidos contra el otro:

"Pero ¿como tener paciencia con unos labios como los que Stiles tenía?".

Claro, todo lo que menos quería es que Stiles piense en otras cosas o personas.

Desde su cintura, por donde lo agarre, le guíe a que se sentara ahorcajadas de mi regazo, rodeando su cintura con mis brazos, apegandolo más a mí.

El beso se profundizaba, nuestras lenguas ya jugaban obscenos.

—No quiero arruinar su sesión pero, ya va siendo hora de que vayamos a la mesa.— Dice mi tío Peter mirando la hora desde su Rolex, en su rostro una sonrisa divertida se dibujaba de lado. Nos dio el tiempo y el espacio para que con Stiles pueda sellar todo pacto que en silencio redactamos: siendo unos cuantos picos la firma.

—¿Mejor?— me pregunta preocupado mientras trata de pasar o parecer un chico cualquiera. Peter ya no existía en aquella habitación. Asiento.

—Sí. Mejor.— le respondí. Feliz por la respuesta sale directo para el comedor; y en ese silencio me respondo para mi mismo: —Estoy mejor pero no sé si durara por mucho tiempo.— Salgo para el pasillo y cierro la puerta.

Y en una noche después de mucho tiempo, vuelvo a compartir una mesa en cena.

"O eso pienso yo".