Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.
La Princesa y el Artista
Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.
Un ángel sin alas
Nathaniel entro corriendo al salón un segundo antes de que la profesora Caline Bustier entrara a dar su clase. Se sentó en su lugar de siempre detrás de Iván y saco su libreta de dibujos. Desde hacía varios meses que dejo de dibujar a cierta chica de coletas y cabello azul. Ahora en realidad no tenía a quién pintar. Había hecho muchas bases para cuerpos y cabezas, pero cuando trataba de plasmar un rostro o a una persona, no lo lograba. Acababa dibujando gente inexistente con rasgos inexistentes pero que satisfacían sus ansias durante las clases.
Nathaniel usualmente estaba solo en el salón de clases. No era un problema para él, era una persona demasiado tímida como para soportar a la gente durante mucho tiempo. Así que mientras pudiera seguir escondiéndose detrás de la ancha espalda de Iván y evitar castigos o visitas a la oficina del director estaba bien. Suspiro cuando vio entrar, con varios minutos de retraso, a la pareja estrella del salón.
Aun se preguntaba cómo es que Marinette mantenía calificaciones más o menos regulares o como Adrien seguía yendo a la escuela con las muchas veces que lo habían enviado a la oficina del director por coquetear con Marinette. ¿Quién hubiera dicho que esos dos acabarían juntos? Nathaniel, no lo pudo predecir.
Miss Bustier comenzó a pasar la lista, pero después de mencionar a Adrien Agreste se quedó viendo el resto del salón, al parecer buscando algo. Nathaniel no dudo en esconder su cuaderno aún más –si acaso era posible– entre sus manos. Miss Bustier parecio no encontrar lo que buscaba y dirigió su vista a la primera fila del salón. Sabrina, sola en la misma, respingo.
—Sabrina, ¿sabes dónde está Chloe?—pregunto Miss Bustier.
Le tomo unos segundo a Sabrina formular una respuesta coherente. Los últimos dos meses habían sido una tortura para Chloe y ¿por qué no? También para ella. Sabía que todo se iba a definir en ese fin de semana que Chloe había pasado junto a su madre en su casa lejos de la ciudad. Sabrina se había sentido un poco perdida sin su mejor amiga en la ciudad, aunque se había descubierto a si misma disfrutando de algunas películas en cierta página de internet por su cuenta.
—Va a llegar un poco tarde—contesto sin más. No pensaba exponer los secretos de su mejor amiga a todo el mundo en esos momentos.
Miss Bustier asintió sin preguntar los detalles. Puede que Chloe no fuese su mejor alumna, pero era la que más respetaba las reglas escolares, algo raro tomando en cuenta las muchísimas veces que había causado un conflicto en la escuela, ninguno de los cuales habían ido en contra del reglamento. Era atemorizante lo muy bien que podía utilizar las reglas a su favor –además de la influencia de su padre–. Siguió pasando lista sin más preámbulo.
Mientras Miss Bustier empezaba con la clase de literatura, Marinette tenía un conflicto interno. Hacia más o menos unos cuatro meses que había iniciado su noviazgo con Adrien. Odiaba admitirlo, pero se lo debía a los continuos acosos de Chloe. O tal vez no. Marinette se había esforzado mucho por hacerse amiga de Adrien y dejar su típica torpeza y timidez de lado.
Casi se había declarado en tres ocasiones, aunque en todas ellas fue interrumpida por alguien. Le había regalado chocolates y había conocido su lado conquistador en alguna ocasión. Con pasos lentos, había acabado entre sus brazos durante una tarde lluviosa, como la del día que lo conoció. Y ahora era su novia, sin duda no podía ser más feliz. Con excepción de un pequeño y minúsculo detalle.
Adrien no tenía idea de que ella era Ladybug. Y eso la mataba. No literalmente, pero si en su conciencia. Todas esas veces en las que estando juntos, ella había tenido que dar alguna excusa tonta para ir a combatir a algún akuma. Todas las veces en las que no llego a verlo por tener que asistir a alguna entrevista. O cuando lo salvaba en el lugar del ataque de un akuma y no poderle preguntar si estaba bien porque sería sospechoso. Su dilema era si decirle o no. Y no lograba tomar una decisión.
Por supuesto que Marinette no sabía que Adrien no era tan ciego. Bueno. En realidad si era así de ciego. No había logrado dar con la identidad de Ladybug muchas veces y aunque estaba desesperado por conocer el verdadero rostro de su amada nunca lo volvió a pedir. Por eso había sido tan fuerte el shock cuando vio a Marinette transformarse en la heroína en un salón que creía vacío.
Aunque, después de eso, todo fue evidente. Marinette podría portarse cerca de él como una completa tonta. Pero no era en realidad así. Un poco de convivencia –tanto de Adrien como de Chat Noir– le habían mostrado a la chica que se encontraba detrás de esa mascara. Y no pudo evitar enamorarse de ambas partes. No podría estar más enamorado de la chica. ¡Incluso tenía su imagen pegada a la puerta de su casillero! Si eso no era amor ¿qué lo era?
Y aunque había gritado en medio del salón de clases que estaba enamorado de Marinette Dupain-Cheng hasta los dientes, no lograba tomar fuerzas para contarle su secreto y revelar que conocía el de ella. Y es que aún no sabía cómo iba a reaccionar. Ladybug lo había rechazado, sutilmente, en un millón de ocasiones. ¿Cómo reaccionaría si le decía que su novio no era otro que Chat Noir?
La clase siguió con cada quién en sus asuntos hasta que el sonido de unos tacones llamo irremediablemente la atención. En la puerta del salón estaba una muy enojada Chloe Burgeois, con las mejillas infladas del coraje y las manos hechas un puño. Aunque no fue eso lo que llamo la atención del resto de la clase. Chloe entro, claramente incomoda atrapada entre un vestido liso con ancho vuelo de color pastel, hasta el asiento que compartía con su mejor amiga y tomo de su mano. Dejo una nota en el escritorio sin mirar a nadie y salió del lugar tan rápido como había entrado.
A Nathaniel no le hubiese importado un poco las excentricidades de su compañera del salón de no ser porque cuando la vio salir logro distinguir unas lágrimas resbalarse por su mejilla. Al artista pelirrojo nunca le había parecido una persona capaz de llorar por algo, de hecho le parecía alguien sin corazón. Pero no pudo evitar querer saber que podía hacer que la chica sin corazón derramara lágrimas.
Movido por la curiosidad, o tal vez por alguna clase de brujería, Nathaniel levanto la mano para pedir permiso para salir. Miss Bustier lo concedió sin darle mucha importancia mientras continuaba con su lección sobre lo revolucionario que había sido para su época la Divina Comedia. Nathaniel bajo de su asiento hacia la puerta, demasiado abrumado por la mirada de más de uno de sus compañeros.
Cuando ya estuvo en el pasillo se dio cuenta de lo estúpido que era hacer eso ¿qué creía? ¿Qué encontraría a la señorita egocéntrica y que ella le contaría porque lloraba? En realidad, bien pudo haber sido su propia imaginación. No sería la primera vez que su mente le jugaba malas pasadas. Sin embargo, aprovechando que estaba fuera del salón, podría despejar su mente del empalagoso ambiente que irradiaban Marinette y Adrien. Comenzó a bajar las escaleras con tranquilidad y ya que estuvo abajo fue empujado por la hija del alcalde.
Chloe iba de prisa, no se fijó si pisaba a alguien o si se golpeaba con alguien. No quería estar en la escuela, no quería estar en ningún lado en realidad. Estaba furiosa y se sentía impotente y mientras más impotente se sentía más furiosa estaba. No podía dejar de llorar, aunque no estaba segura si era de tristeza o de furia. Su madre había regresado. Y de qué manera. ¿No podría esa mujer regresar a su lujosa casa en Inglaterra y dejarla vivir en paz? No, tenía que volver y hacer su mundo de cuadritos.
Choco contra el pelirrojo con la suficiente fuerza para hacerlos caer a ambos. Sabrina venia un par de pasos atrás apenas pudo esquivar la caída de ambos chicos. Sabrina no tardó mucho en correr en auxilio de su mejor amiga. Mientras que el artista se levantaba por su cuenta.
— ¿Por qué no usas la cabeza por una vez en tu vida y te fijas por dónde vas?—dijo Chloe apenas estuvo de pie.
Nathaniel no contesto nada. No porque no se le ocurriera nada o por que no tuviera ganas. Chloe dijo esa línea antes de que una mujer de rasgos delicados y largo cabello rubio la llamo desde la puerta. Chloe bufo mientras tomaba su bolsa de las manos de Sabrina. Se fue sin despedirse y respingando palabras entrecruzadas hasta llegar al lado de la sofisticada mujer. Sabrina movió su mano en despedida hasta que Chloe desapareció de su vista junto a esa mujer.
Sabrina suspiro. Tenía un vínculo tan fuerte con su mejor amiga, a pesar de que Chloe se mostrara enojada, tenía mucho miedo. Y Sabrina lo podía sentir. Llevaban toda la vida siendo amigas, se conocían mejor de lo que cualquiera podía pensar. No podía imaginarse por lo que su mejor amiga estaba pasando. De hecho, ni siquiera creía que la misma Chloe entendiera su situación. No se había enfrentado a nada parecido desde que tenía 8 años.
— ¿Cómo puedes hacer eso?—pregunto Nathaniel interrumpiendo los pensamientos de Sabrina.
— ¿A qué te refieres?—pregunto Sabrina sin entender ni un poco su comentario.
— ¿Cómo puedes ser su amiga?—Nathaniel siempre se lo había preguntado y esta vez había tenido la oportunidad de expresarlo.
Sabrina suspiro (otra vez). No era la primera vez que se lo preguntaban, ni la segunda, ni la tercera, ni la cuarta. De hecho, ya había perdido las veces en que alguien había visto su extraña relación y pego el grito en el cielo al preguntar por qué se dejaba. Después de la primera vez que Marinette le había hecho pensar que Chloe abusaba de su amistad, se dedicó a buscar dos cosas: la primera eran razones para ser amiga de Chloe y la segunda como hacer su amistad más sana.
Desde ese día sabía perfectamente que decir cuando alguien le preguntara eso. Pero después de algunas veces más de enfrentarse al dilema había aprendido otra cosa; es difícil convencer a la gente, en especial cuando no saben nada. Las personas no deberían de juzgar sin conocer. Pensó en contestarle a Nathaniel con aquel discurso que se sabía de memoria. Pero estaba segura, por su tono de voz que no entendería.
—Tu no la conoces—fue todo lo que dijo.
—No hay nada que conocer—aseguro el chico—. Es muy claro su papel.
—Y ¿cuál es su papel?—pregunto Sabrina, bastante interesada por la interpretación de Nathaniel de su amiga.
—Un Queen Bee. Es rubia, de ojos azules, millonaria y muy bonita—dijo Nathaniel sin detenerse a pensar. Sabrina se sorprendió por que el artista pudiera notar esa parte de su mejor amiga. Pero se recordó a si misma que los aristas son muy observadores—. Y es la princesa del drama. Es egoísta, cruel, egocéntrica y manipuladora. No hay mucho que averiguar sobre ella.
Sabrina sonrió. Más para sí misma que para los demás. Como el universo y los átomos, Chloe era igual en su parte más externa y en su parte más interna. Las capaz podridas que le mostraba al mundo era una minúscula parte de ella. Y costaba mucho llegar al centro. A ella le costó años lograrlo. No le iba a revelar el secreto a cualquier persona.
—Estás juzgando mucho—comento la chica volteando a verlo.
—Claro ¿cómo si Chloe no juzgara?—contesto Nathaniel.
Vale. Él no era así usualmente. De hecho era bastante inocente y tímido. Pero ese día se había levantado con más asertividad de la usual. Además, la duda había estado en su cabeza desde que se incorporó a la clase de Marinette y Chloe hacia cuatro años. Sabrina siempre estaba al lado de la rubia como perrito faldero. Eso no podría ser sano.
—Yo podría hacer lo mismo contigo—susurro Sabrina antes de pasar a su lado—. Además, no eres lo suficientemente especial para conocer a Chloe.
Auch. Eso sí que había dolido. No era necesario mallugar su de por sí ya muy baja autoestima con ese comentario. Nathaniel volteo a ver a la chica en el mismo momento en que está regresaba a verlo con una sonrisa de superioridad que se le antojo mucho a Chloe. Al final, Sabrina a pesar de tener una personalidad más amable y tierna que la rubia, sí que se parecían mucho.
Con un nuevo pesar instalado en su pecho, Nathaniel se movió despacio hacia su salón. ¿Qué no era especial? Vamos, tenía talento y mucho carisma. Aunque si lo pensaba bien, habían muchas personas con las mismas características y más éxito que él. No necesitaba deprimirse en un momento como este. Además, tampoco necesitaba ser especial. Aunque si era sincero consigo mismo, tenía mucha curiosidad con saber a qué se refería Sabrina al decir eso. Tal vez le faltaba conocer a Chloe para entenderla.
Y a Chloe le vendría bien tener otro amigo, o un nuevo compañero en el crimen. No es que Sabrina no fuera suficiente, de hecho, toda su vida creyó que no necesitaba otro amigo más que Sabrina y Adrien. En estos momentos, Chloe en verdad que necesitaba a alguien a su lado, alguien aparte de lo usual. En verdad, quería un respiro.
Se dejó caer con los brazos cruzados en el asiento de la limosina. Su madre tomo el asiento de enfrente antes de que el vehículo se moviera sobrio sobre la carretera. No iban al hotel, al menos no directamente, el chofer tenía órdenes de dar vueltas por la ciudad hasta que le dieran la señal de dirigirse al hotel.
— ¿Por qué esa cara larga, cariño?—Chloe bufo cuando su madre le pregunto eso.
—Estás aquí—contesto sin tapujos Chloe.
No se llevaba bien con su madre. Eso era muy obvio. Desde que sus padres se divorciaron cuando ella tenía siete años, solo fue a visitarla a su casa en Inglaterra una vez. Y fueron los tres días más asquerosos que recordaba. Si ella era mala, su madre era el asistente del demonio. No lograba encontrar nada bueno en la mujer de largo cabello rubio que se encontraba frente a ella.
Su madre siempre había sido manipuladora. Mucho. Cuando era pequeña y la había visto obtener siempre lo que quería, la admiraba. Pero hoy la aborrecía. A ella no le salían tácticas como esas. Además, sabía mentir. De alguna retorcida forma su madre mentía más que la vida misma. Era natural en ella. Pero a Chloe eso no le salía. Y la joven hija del alcalde sabía que eso decepcionaba a su madre.
Por eso Chloe era más agresiva, por eso Chloe era más directa, por eso le encantaba hacer enojar a los demás. Chloe no era nada paciente. No estaba segura de porque su madre le parecía el guardián del infierno. Lo qué si sabía es que si su madre estaba ahí, su perfecta vida se había acabado.
Pero la mujer no se inmuto por la actitud de su hija. La conocía lo suficiente para saber que su presencia no le agradaba. Pero ella tenía sus razones para regresar con André Burgeois. Desde el primer momento en que piso París, supo que algo estaba mal en su hija. A simple vista no era visible, pero Diana Burgeois sabía perfectamente que algo andaba mal. En pocos días se enteró que la actitud de Chloe estaba dañando la imagen de André.
Tuvo la magnífica idea de ofrecerle una salida a su ex esposo, quién la aceptó dudoso, André seguía teniendo un corazón blando, creyendo que ninguna persona del mundo debía sufrir. Patético. Pero las cosas estaban yendo de maravilla en su plan. Cambiaria a Chloe. Parte por parte, la convertiría en la chica que ella siempre había querido que fuera.
Chloe Burgeois se había salvado de su mano moldeadora cuando Diana y André se separaron. Hoy no tendría escapatoria.
—Este fue un fin de semana muy bueno—comento la mujer con una fingida sonrisa— ¿no lo crees?
—No—bufo Chloe.
—Me pareció maravilloso como se llevaron tú y Jane—Chloe no dijo nada—. Tal vez deberíamos volver a visitarlos, apuesto que Jessie estará feliz de al fin conocerte.
De nuevo, Chloe se mantuvo callada. Había pasado un pésimo fin de semana en casa de su madre en Inglaterra. Conociendo a los amigos de Diana y conviviendo con los hijos de un gran empresario internacional. No iba a mentir. Jane Tamez le había caído muy bien, aunque nunca pudo conocer a su hermano. Loque odiaba, era que su madre le había llevado para tramar algo que no se le antoja agradable.
— ¿Puedes decirle a tu chofer que nos lleve al hotel?—pidió Chloe.
No era tonta, era la segunda vez que pasaban por el arco de triunfo en los últimos quince minutos. Ese chofer no sabía elegir mejores lugares para despistarla.
—Primero quiero que pasemos a ver unos vestidos nuevos—dijo la mujer con una amplia sonrisa marcándole el rostro—. Si vas a cambiar de actitud necesitas también cambiar de guardarropa.
Diana sabía muy bien cómo hacer su trabajo. Pasos pequeños, cambios suaves que habían venido sucediendo desde hace dos meses. Primero las visitas a la psicóloga, luego evitar que pasara tanto tiempo con su amiga pelirroja, después vino cambiar el color de su cuarto. Hoy era la ropa y mañana iniciarían con la actitud. Poco a poco, convertiría a Chloe en lo que siempre quiso que fuera. Una copia exacta de sí misma. Aquello iba a ser tan divertido.
Un ángel sin alas... Se enfrenta al asistente del mal.
Ya empieza lo bueno!
Recuerden a Diana Burgeois. Como no hay nada escrito sobre la madre de My Waifu, esta es mi interpretación, para motivos de está y solo está historia. Adoro trabajar con personajes así (sip, so y perversa). No estoy segura de que vaya a aparecer mucho, pero seguro que es importante.
¿Alguno ha escuchado del principio 'arma de chejov'? No, bueno, pues corre a buscarlo. No es cierto. Pero si deje un "arma de chejov" en este capitulo.
Mmm. Bueno, creo que eso es todo lo que iba a decir. Espero que les este gustando la historia. Apenas inicia y tengo planeados que sean unos dieciseis capítulos.
Bye, bye. Los amo Miraculers. Algún día dominaremos al mundo (ocno).
