—¿Por qué estará esto cerrado? —Era la inconfundible voz de Sam.
—Yo no he sido. —Y ahí estaba Jack.
Dean levantó los ojos al cielo con exasperación. Su querido hermano, siempre tan oportuno. Le dio un último y casto beso a su ángel antes de separarse de él. Cas no puso buena cara, lo cual le hinchó el corazón de un sentimiento al que no estaba preparado para poner nombre. Sin embargo, bajó su mano hasta la de Cas y entrelazó sus dedos.
—¿Dean? —Preguntó Sam al abrir la puerta.
Jack sacó la cabeza por el marco con curiosidad y les sonrió tan inocentemente como siempre. Dean pudo ver el momento en el que los ojos de Sam se fijaron en sus manos, vio como se daba cuenta de lo que estaba pasando y vio… una gran sonrisa que le llegaba hasta los ojos.
—Ya era hora.
Dean lo atravesó con la mirada.
—¿Ya era hora de qué? —Preguntó Jack consiguiendo que el gigante de su hermano se doblara sobre sí mismo de la carcajada que le había entrado—. ¿Qué? ¿Qué pasa?
—Vamos Jack, déjale, está mal de la cabeza.
Y, dicho aquello, Dean salió de la habitación empujando a Jack con una mano y arrastrando a Castiel tras él con la otra. Aun oía la risa de Sam cuando llegaron a la cocina.
—¡Bueno! Parece que todo ha salido a pedir de boca.
El ronroneo mecánico de la voz de Baby les sorprendió un poco a todos. La mujer estaba sentada en la encimera de la isla de la cocina, balanceando las piernas y bebiéndose su whisky más caro.
—Baby… —No supo cómo continuar. ¿Debía darle las gracias?
Ahorrándole las palabras, la mujer le cortó bajando de la encimera.
—Parece que mi trabajo aquí ya está hecho. —Le guiñó un ojo a Dean.
Aquello sonaba demasiado a despedida para su gusto.
—¿Vas a irte? —Preguntó Jack con un tono triste.
Al parecer su coche se los había camelado a todos. Una sonrisa orgullosa se dibujó en sus labios. Baby se había acercado a Jack, apoyándole una de sus fuertes manos en la mejilla para consolarle.
—Nunca me iré, niño. Siempre he estado con vosotros y si Dean sigue cuidándome como hasta ahora, siempre lo estaré.
El crío asintió una vez, recuperando parte de su expresión infantil. Sam había aparecido y se apoyaba en el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho. Entonces, Baby se acercó al cazador y al ángel que seguían cogidos de la mano. Los miró con cariño, pero en su voz se adivinaba la burla.
—Sois dos cabezas huecas. Desde el momento en que éste maravilloso culo emplumado se sentó en mis asientos supe que estabais destinados. No destinados rollo Dios lo ha ordenado. Vuestro lazo es lo que os ha unido, pese a las dificultades, pese a las desavenencias, pese a los enfados y discusiones. Nunca se ha roto. Y ahora es más fuerte que nunca.
Hubo un momento de silencio. Baby les estaba dando su bendición. Y, por raro que fuera, Dean se alegraba de que aquella figura casi maternal se la diera. Era lo más parecido a recibir el beneplácito de alguno de sus padres.
Cas no dijo nada, pero le apretó la mano con suavidad. Dios… aquello era demasiado. Demasiados sentimientos. Carraspeó para intentar que el nudo de emoción que se había instalado en su garganta no le delatara.
—Venga, venga. Que no hay para tanto.
—¡Ja! —Gritó Sam tras él.
—Cállate, Sammy. —Le dijo, lanzándole una mirada de odio.
La portentosa carcajada de Baby resonó por todo el búnker. Un sonido al que ya se estaba empezando a acostumbrar.
—Os lo digo, estáis mal de la cabeza. Pero me habéis dado una vida que ningún otro coche habría podido soñar. Gracias. ¿Jack? Creo que es el momento de que vuelva a tener cuatro ruedas.
—¿Estás segura? —Preguntó Sam, ofreciendo algo que nadie se había atrevido a ofrecer.
Baby le sonrió con confianza.
—Me gusta esta forma. De verdad que sí. Y ha sido genial poder hablar con vosotros, poder veros desde este ángulo. Poder comprobar lo mucho que habéis crecido. Pero no podría quedarme así para siempre. Soy un coche. No estoy hecha para esto.
Sam asintió. Se acercó a ella y la abrazó entre sus largos brazos.
—Gracias por cuidar de nosotros. —Ella le palmeó la espalda antes de separarse.
Castiel fue el siguiente. Abandonó la mano de Dean, lo cual le dejó extrañamente vacío, y se acercó a la mujer con aquella incomodidad tan típica en él. Ella cortó la distancia que los separaba y lo abrazó con fuerza y familiaridad.
—Cuida de él, ¿vale? —Cas asintió— Y si le haces daño, bueno ya sabes, volveré y te mataré.
El ángel se separó de ella lentamente. La mujer le guiñó un ojo como si estuviera de broma mientras Dean elevaba los ojos al cielo. ¿En serio acababa de amenazarle cómo hacían los padres con los novios o novias de sus hijos adolescentes? El cazador le dirigió una mirada a Cas para calmarle, pero el ángel parecía haberse tomado en serio la amenaza porqué mostraba una expresión que rozaba con el miedo; lo cual le había visto contadas veces.
Era su turno.
Se acercó a Baby y se abrazaron con cariño.
—Creo que te voy a echar de menos.
—Menuda estupidez. Voy a estar en el garaje.
—Ya, pero no es lo mismo.
—Siempre has hablado conmigo, Dean. ¿Qué va a tener de diferente?
Tenía razón. Otra vez.
Dean sonrió en su hombro. No quería volver a decirlo, pero sí, la echaría de menos. Mierda. Era la segunda vez ese día que notaba las lágrimas agolpándose tras sus párpados. No quería llorar. No le gustaba llorar. Menos delante de Sam.
—Venga, va.
Baby le palmeó en la espalda como hacía él con su hermano pequeño cuando el momento se alargaba demasiado. Era la hora. La mujer le dedicó una última gran sonrisa antes de saludarles a todos con la mano por última vez. Finalmente, le pasó un brazo por los hombros al crío y le guió fuera de la cocina, hacia las escaleras que llevaban al garaje.
Y así, tal y como había aparecido, se fue.
Jack regresó al cabo de poco.
—Ya está.
Pareció que todos volvían a respirar al unísono. Hubo un momento de silencio, como para recuperarse de la despedida, en el que Cas volvió a unir sus manos.
—Así que, vosotros dos…
—Cállate Sam.
Dean salió de la cocina evitando mirar demasiado de cerca la gran y estúpida sonrisa de su hermano y arrastrando a Cas tras de sí.
—¿Dean?
—¿Mm?
—Dean, ¿dónde vamos?
El cazador se paró en medio del pasillo. Se giró y miró a los ojos de su ángel. Aquellos maravillosos ojos azules. Le sonrió coqueto, se acercó a él con lentitud. Podía ver las pupilas de Cas dilatándose. Se inclinó al lado de su mejilla para poder susurrarle al oído rozando sus labios en su oreja.
—Vamos a mi cuarto.
FIN.
Hasta aquí mi pequeña aportación a los fanfics de Baby!humana. Espero que os haya gustado. Para mí, hacerla una mujer fuerte era esencial, porqué al fin y al cabo es un muscle car de esos americanos, y quería que se reflejara también en esta forma; por ejemplo, los ojos grises son por el parachoques. En fin, espero que lo hayáis disfrutado!
Dejadme en comentarios lo que os ha parecido o si habríais hecho algo diferente! Muchas gracias!
