Peter hale.
Stiles fue capaz de aclarar todo con Derek, porque aunque tranquilamente pude haber aprovechado ese momento de tensión y debilidad por parte de mi sobrino, fui yo quién ayudó a Stiles entender lo que le pasaba al gran Alpha.
"¿Por qué? Si lo supiera no estaría preguntándome?".
Esta misma tarde, me centre más en mí departamento. No había estado en horas y ya empezaba a extrañarla. Mi lugar, mi hogar.
Había llamado a mí sirvienta para que me ayudase con los quehaceres; pero no me miren mal por favor, Sandra solo me ayudaba con el tema de la linpieza de los pisos y el polvo que se acumulaba con el tiempo. Yo por separado, me encargaba con la limpieza de los trastes o en el caso de ese día, me dediqué al pequeño montón de ropa.
No nos llevo mucho tiempo el poner en orden mi departamento, casi nunca se lo habitaba; y el desorden era más que mínimo.
—Señor, ya he terminado con la limpieza de su habitación. Y me he tomado la libertad de guardar los libros que estaban fuera de lugar.— Dice mientras se secaba sus manos húmedas por el delantal que traía encima como uniforme.
—¿Lo has puesto en su lugar correspondiente? Cariño, sabes que soy muy delicado con el tema de mis libros.— Le cuestiono sin mirarla.
—Si señor Hale. Despues de tanto tiempo trabajando para usted ya me sé todas sus mañas.— Contesta Sandra riendo suave. —De todas formas me voy retirando, ya se está haciendo tarde.—
—No, por favor Sandra. Permítame acercarla a su casa.— dije con una de mis mejores sonrisas, ella sonríe y acepta en silencio la oferta. Bajamos hasta el estacionamiento. A medida que caminábamos por el garage, mi mente jugaba con recuerdos, recuerdos donde Stiles saltaba emocionado por ver mi coche (coche que nadie sabía que tenía). El sonido de las trabas saltando me hace reaccionar un poco, entramos al interior dónde Sandra no era capaz de distinguir, pero el aroma al muchacho castaño seguía presente.
La vivienda se encontraba a las afuera del pueblo, una de los factores por los cuales siempre le ofrezco llevarla hasta allá, ya que el autobús casi nunca pasaba y era peligroso que paseara a altas horas de la noche, y mucho más con la cantidad de dinero que le pagaba por su ayuda. La podrían asaltar y no quería eso, mucho menos a ella que me supo entender. Por otro lado, ese 'paseo' me ayudaba a pensar, y al ser de noche me cautivaba la idea de reflexionar bajo el cielo estrellado.
—¿Que es lo que le tiene tan pensativo? Hoy estuvo muy callado y perdido.— pregunta curiosa.
—Creo que me enamoré...— mi respuesta fue corta pero llena de sentimientos y oraciones mudas que hablan demasiado.
—¡Estupendo! Ya iba siendo hora de que asiente cabeza, ¿no cree?.— Mi silencio le hizo dejar se sonreír de la felicidad, ahora su rotro se torna nostálgico. —¿Pero?— dice sin más.
—...pero mi rival amoroso es mi único sobrino.— le respondo tratando de esbozar una sonrisa leve. —Él es joven, y tuvo desde pequeño una desgracia familiar, de la cuál me echó toda la culpa hace unos años. Pero ese no es el tema, sino qué, él merece más esa familia que yo. Oh, no lo sé, mi mente y corazón están en una guerra civil en estos momentos.— concluyo.
—Un gran dilema tienes en manos.— Resalta pensativa mirando por la ventanilla el paisaje oscuro.
—No hace falta que me lo aclares mas de lo que ya está.— su mirada vuelve a estar encima mío, ya no estaba en su papel de empleada. No. Ahora optaba un rol como de madre, y eso lo demostraba su aroma a hogar y maternidad.
—¿Y que piensas hacer, jovencito?¿Crees que dejando que tu sobrino se quede con ese corazón, te sentirás mejor? Esta bien de vez en cuando ser egoísta para uno mismo, son tus sentimientos los que se hieren. Yo te digo qué, vallas y dejes todo por el muchacho. Y que pase lo que pase, siempre estaré para ayudarte cuando gustes, Peter.— Me había quedado sorprendido, ¿como sabía Sandra que era un chico? Pareciera que mi facción de asombro y pánico le dio a entender que había pegado en el clavo. Una vez más ella sonríe amable. —Se siente la colonia de hombre y es muy diferente a la suya. Además, tengo una hija que está enferma desde pequeña, el Adderall es fácil de identificar, y hasta donde sé, usted no lo usa.— Sin más palabras, cierra la puerta del Mustang y se dirige hasta la puerta de su casa, donde se despide agitando su mano.
Sandra tenía razón. Yo también merezco tener algo para mí solo y no cabe duda de que yo siempre consigo lo que quiero.
De regreso para el pueblo baje las ventanillas de cristal, el viento fresco contra mi rostro y el rugir aquel potente motor me tranquilizaban.
En medio de aquella Odisea, un mensaje me llega:
"Necesitamos hablar. Entre los tres".
El sentimiento que me provocó leer aquél mensaje, no lo había sentido durante años. Y no me asustaba el hecho de hablar, sino el hecho de que Stiles quiera hablar conmigo y con Derek.
"No creo que ya se haya decidido. No tan pronto". Me animaba. "¿Entonces?¿Para que quiere hablar?".
Fui lo más rápido posible, quería llegar antes que mi sobrino. Quería estar seguro mucho antes que él.
Y fue así. El Camaro no estaba afuera, y el Sheriff tampoco. Me estacioné y corrí hasta su puerta principal.
"Aunque había dudado en entrar por su ventana".
Ansioso toque su timbre dos veces, y ahí reaccioné: estaba actuando como un loco.
Respire lenta y profundamente, tratando de organizar un poco mi mente y justo a tiempo para cuando el muchacho Stilinski abriera la puerta.
—Peter, llegaste temprano.— dice sorprendido.
—Digamos que sí, estaba llevando a Sandra a su casa y estaba de regreso, así que vine directo...— le respondo seguro.
Un aroma a incomodidad y duda me golpearon fuerte, y conociéndolo se estaría preguntando de quién era Sandra.
Jugando me acerco a él y lo olisqueo un poco para luego decirle:
—Sandra es mi empleada doméstica, cariño.— Y sin más, me hice paso al interior de aquella casa.
En silencio asiente, y en silencio me guía a su habitación dónde estaba repleta de carpetas y libros en un escritorio, su cama a medio hacer y algo de ropa sucia por los entrenamientos de Lacrosse.
—Perdona el desorden, no pensé que ibas a llegar a los pocos minutos del mensaje.— Dice apenado y con tono de cansancio. —Derek me dijo que esta ocupado, y que para las 11 p.m. recién se estaría desocupando.— Me acerco a su silla, en donde trataba de no dormirse.
—¿Por qué no descansas hasta que él aparezca?— Le recomiendo en vos baja, mientras que lo acaricio en una de sus mejillas.
—Porque tengo tarea, que no entiendo. Y es para mañana.— Sus ojos cansados me miran, sus ojeras se hacen notar más que en otras veces. Y mi lobo se siente inquieto por verlo en ese estado.
—Hagamos esto. Descansa hasta que Derek llegué, cuando te despiertes hablamos los tres, y luego me quedo un rato más para ayudarte con la tarea...— A medida que le recitaba mi plan para su bienestar, de su manos lo fui guiando hasta su cama, en dónde le recosté y lo tape con sus colchas. Él solo asintió mientras caía al instante en un profundo sueño.
Con calma y sigilo, tome uno de sus libros del escritorio: química. También agarré un lapiz y un cuaderno, y en el empecé a tomar notas, en un intento de resumen para que Stiles pudiera entender la materia.
9.55 p.m. Era muy temprano. Ya había terminado de hacer notas de las tres materias que dificultaban que Stiles pudiera descansar.
10.20 p.m. El Sheriff Stilinski llegó a casa para una muda de ropa y algo de café. Esa noche tocaba turno nocturno y quería ver si su hijo estaba bien, pero se quedó tranquilo al verme en un rincón. Aunque casi me dispara del susto.
Le ofrecí hacerle café y él no lo dudo en aceptar. Me preguntó sobre mi visita: "Stiles quería hablar conmigo y con Derek". Le respondí simple, sin mucha vuelta al asunto. "¿Y Derek?" Me volvió a cuestionar. "Lo mismo me pregunto".
Una vez más me agradeció el café y el hecho de que esté cuidando de Stiles. Y sin más preámbulo, volvió para la comisaria.
10.56 a.m. Stiles ya se iba despertando. Somnoliento me busca.
—Hola cariño. ¿Como dormiste?— le pregunto mientras lo abrazo.
—Ngh, bien; pero ahora quiero que me cargues.— Sus brazos me rodean el cuello con fuerza. Feliz por cumplir su petición, desciendo mis manos hasta su cintura y sin necesidad de fuerza, lo alzo lo suficiente como para que él pueda rodear mi cadera con sus esbeltas piernas. Sin duda alguna, era un niño muy mimado cuando está conmigo. Estando un poco más a mi altura, Stiles hunde su rostro en mi cuello, inspirando profundo mi colonia como yo lo hacía con él. —¿Peter?— me llama.
—¿Que pasa, cariño?— le digo suave y ronco en su oído. La sensación de cosquillas del mismo hacen que Stiles ría y se separe un poco de mí, pero luego, vuelve a acomodarse contra mi cuello.
—Tengo hambre. ¿Me cocinas?— y aquella frase lo confirma, Stiles era definitivamente mi chico mimado.
—Como no hacerlo para vos mi amor.— Me acerqué a la mesada y lo senté allí. Prendí lo ornalla a fuego lento. —¿Qué quieres de cenar?— cuestione viendo la variedad de comidas que le podía hacer.
—Sorprendeme.— dice sin mucho. Tomo un paquete de sopa y la coloco en una olla, busco en el refrigerador un poco de leche y un caldo de verduras. Cuanto ya estaba todo en la olla, las pongo en el fuego.
"No es tonto y sabe que me doy cuenta".
Aún estando sentado a un costado de mí, encima de la mesada, me mira curioso. Su vista paseándose por todo mi ser minucioso. Sonrío ante sus acciones. Ahora sus ojos color miel se distinguen mejor, estaba un poco más despierto que hace tan solo unos momentos atrás. Me sonríe de lado y me llama en silencio, me acerco dispuesto a escucharlo; sus manos me miman y una vez más, me rodea el cuello con sus brazos, me acomoda entre sus piernas y se pega más a mi cuerpo.
—¿Que crees que haces, jovencito?— le insinuó pícaro, apretándole más a mí.
—Estaba pensando en retomar algo que no terminamos la última vez...—
—Me gusta la idea, pero...—
—¿Pero?— sin mas palabras o tiempo a perder, une nuestros labios haciendo de un beso tranquilo a uno apasionado. Travieso como la vez pasada, Stiles no tarda en morder y chupar mi labio y lengua; para luego pasar a dar cortos besos por mis mejillas y mandíbula. Lentamente lo separo. —...pero mi sobrino acaba de llegar.— Dicho eso, Stiles mira la hora en un reloj que se encontraba en la cocina. 11.05 p.m., marcaba.
—¡Diablos!— finaliza enojado a su vez que baja y se dirige hasta la puerta principal, sin que la misma halla sido tocado. Derek fue recibido de una manera peor que la mía. —Pasa, hace frío afuera.— le indica Stiles mientras se hace a un lado del camino.
—¡Sobrino! Te unes a la fiesta algo tarde, ¿no cree?— comento burlón. Derek solo me responde con su típico fruncir de cejas. Detrás de él, el castaño reaparece:
—Ahora que estamos todos...— comienza Stiles: —...necesito hablar con los dos.—
—Bien. Te escuchamos.—
