Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.


La Princesa y el Artista

Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.


Hubo un milagro

Chloe dejó caer la suave tela del vestido azul por su cuerpo mientras se veía en el espejo. No se sentía ni un poco bien. Ni siquiera tenía ánimos para maquillarse o para protestar que su madre la obligara a usar un vestido tan feo. El que fuera de marca no lo hacía bonito. Se amarro el cabello en una media coleta solo para que inmediatamente se lo quitara. Decidió quedarse con el cabello suelto y un poco revuelto. Odiaba dejarse ver tan transparente, pero ese sería su forma de protesta.

Seis años desde que no cenaba con sus dos padres, juntos; cuatro meses desde que cenaba con su padre y hoy, después de dos meses de estar ahí, a su madre se le había ocurrido cenar todos juntos. Algo se traía entre manos.

Dejo su habitación con un bufido y arrastro los pies hasta la habitación donde se había acondicionado especial para la ocasión. El mayordomo la esperaba en la puerta, la abrió dejándola pasar y Chloe entro sin saludar a nadie hasta su asiento en la mesa.

— ¡Es maravilloso que ya hayas llegado cariño! —comento Diana aplaudiendo con fingida felicidad —. Ya te estabas tardando.

Chloe sonrió con fingida felicidad. No estaba nada a gusto con esta situación. Diana Burgeois, su madre, estaba sentada frente a ella en el costado opuesto de la mesa, aunque Chloe estaba justo en la parte media, Diana estaba más situada hacia la izquierda de la mesa y la silla de André Burgeois hacia la derecha.

La puerta se volvió a abrir y está vez, André Burgeois apareció en ella. Chloe casi no lo pudo reconocer, hace cuatro meses que no veía a su padre en persona. Cierto, había hablado con él por teléfono y en tres ocasiones por una video llamada. Pero no se había dado cuenta de lo cansado que se veía.

— ¡Hola papi!—saludo Chloe, tratando de no sonar estupefacta por su presencia.

—Hola cariño ¡te ves hermosa! —contesto el alcalde de la ciudad depositando un beso sobre la cabeza de su querida hija.

André se sentó en su lugar con un poco de dificultad.

—Esta es una cena muy especial—empezó Diana —. Tenemos noticias muy importantes que darte Chloe. Pero primero, la chef Césaire preparo unos fabulosos platillos que tienes que probar André.

El alcalde de París sonrió satisfecho e hizo una señal para que un pequeño grupo de meseros entrara a servir la cena. Chloe no se inmuto ni un segundo, Marlene Césaire había demostrado ser muy buena en su trabajo después de un año trabajando en el hotel. Seguro que estaba rico. Vamos, que el que su hija no le cayera no evitaba que su madre hiciera bien su trabajo.

Chloe recibió su ensalada favorita con una sonrisa. Mientras a su padre y su madre les servían una sopa maravilla que a la rubia le resulto repulsiva. Chloe odiaba la sopa, como la protagonista de cierta historieta argentina que Chloe había leído en su juventud y que hasta el día de hoy adoraba.

Para cuando Chloe había terminado el cordero en jugo de naranja, su padre y madre la veían atentos. Lo primero que cruzo la cabeza de Chloe fue que estaba manchada, pero después de una rápida revisión de su reflejo en su celular supo que no se trataba de eso.

—Cariño, hay algo importante que debo decirte—dijo su padre causándole un escalofrío a la chica.

Su padre empezó a contar lo que sucedía y sus palabras llenaron con lentitud el ambiente de un aura oscura y una pesadez inmensa. Como si su vida se le estuviera saliendo del pecho sintió un vacío instalarse en su lugar.

Su madre tomo el lugar de su padre durante unos minutos, describiendo los detalles de aquella situación tan abrumadora. Y de repente todo fue claro, los verdaderos motivos para que su madre regresara a París, el extraño distanciamiento de su padre durante cuatro meses, esa carta que su madre sostenía con sorna y esa extraña incomoda cena en la que se hallaba metida.

— ¿Por qué no me lo dijeron antes?—pregunto Chloe sin saber que más pensar.

—Porque no era el momento adecuado—se apresuró a contestar Diana.

—Y ¿ahora es el momento adecuado?—pregunto estupefacta Chloe levantándose de repente del asiento.

—Habían cosas que componer antes de decirte la verdad—se defendió Diana Burgeois viendo a su hija a los ojos.

—Y todo este tiempo me has hecho creer que yo soy el problema—grito en afirmación Chloe.

Era muy conocido que Chloe no era la persona más templada del mundo. Así que el que estallara de esa manera en un momento como ese no era nada improvisto. De hecho, Chloe tenía mucho miedo. Un secreto que nadie sabía, ni siquiera su padre, era que Chloe era una verdadera miedosa. Tal vez por eso se mostraba siempre enojada con la gente. Esa era su forma de ir en contra de su infinito terror.

Y decir que en ese momento no tenía miedo era una verdadera tontería. Casi podía sentir su alma saliéndole lentamente de su cuerpo. Sus manos temblaban, de impotencia y de agonía ¿Qué se supone que haría ahora?

— ¡Chloe!—llamo su padre haciendo que su ritmo cardiaco disminuyera un poco—. Necesito que entiendas que yo nunca me sentiría avergonzado de ti. No me importaría perder la alcaldía de la ciudad si con eso tú sigues siendo feliz. Eres mi princesa. Es solo que ahora, la situación es distinta. Siempre voy a querer lo mejor para ti.

Una lágrima se escapó de su ojo derecho, seguida de otra y otra y otra. Antes de darse cuenta, Chloe tenía las mejillas empapadas y los dientes castañeando. Era la primera vez que las palabras de su padre la ponían tan sentimental. Se dio media vuelta y corrió a su cuarto en un arranque de desesperación. Necesitaba tanto estar sola.

Esa noche ni siquiera mando a pedir que le llevaran el postre a su habitación.

Al siguiente día, si no fue el cambio radical de aspecto y el humor de perros que Chloe se cargaba, fueron sus ojos perdidos en la nada lo que llamo la atención de más de una persona en su salón de clases. Incluso Marinette se planteó por un segundo preguntar qué pasaba. No lo hizo, seguramente era alguna tontería que la reina del drama tenía en ese momento, tal vez relacionado con su peinado o con la cancelación de su manicura el sábado.

Las primeras dos horas de clases pasaron sin más impedimento o dudas. Salvo las que cada persona tenía en sus cabezas. Era un día bastante tranquilo en realidad. No había ataques de akumas así que tanto Marinette como Adrien pudieron poner atención en sus clases. El terror empezó cuando la profesora de física decidió hacer equipos para trabajar el tema del día.

No era necesario mencionar lo enojada que estaba Alya de tener que hacer equipo con Chloe. Usualmente haría equipo con Nino, dejando que la pareja estrella de la clase se juntara a hacer el trabajo encerrándose en su propia burbuja de romanticismo. Pero la profesora no estaba dispuesta a dejarlos trabajar juntos, así que hizo ella misma las parejas.

Luego de anunciarlas, había recibido una llamada urgente a la oficina del director para tratar un tema al parecer delicado. Había dejado a sus alumnos a cargo de Alix, en quien extrañamente siempre había puesto muchísima confianza. Y sin más salió de clases.

Alya se sentó a un costado de la chica rubia, quien no volteo a verla. Por supuesto que Alya no espero a que la hija del alcalde le diera permiso para sentarse, simplemente lo hizo y saco su libro para buscar el tema. Pasaron más de quince minutos sin que Chloe mostrara algún interés en el trabajo o en dignarse a ver a la chica.

— ¿No me vas a ayudar?—pregunto Alya enojada.

Ella no era Sabrina. No se iba a dejar mangonear por Chloe, ni por su dinero, ni por sus influencias. Si iban a trabajar juntas, Chloe tendría que trabajar. Mientras Alya seguía observándola, la chica rubia solo volteo el rostro tres cuartos de grado hacia donde ella estaba y suspiro.

—Hazlo tu si tanto quieres—contesto la rubia regresando a su típico tono de superioridad, aunque esta vez también estaba teñido de algo que no lograba identificar.

Alya solía tener buen temperamento. Incluso podía soportar que Marinette fuera tan despistada o que Nino tardara siglos en pedirle una cita. Pero había algunas cosas que simplemente no consideraba justas y que nunca iba a aceptar. Una gran parte de esa lista de cosas la llenaban las actitudes que Chloe Burgeois tenía para con ella o para con cualquier persona del mundo.

—No—reclamo enojada la chica de tex morena.

— ¿Qué dijiste?—pregunto Chloe alzándose en su lugar.

—Dije que no—repitió Alya empezando a alzar la voz y poniéndose a la altura de la chica rubia.

A pesar de que ya había pasado más de un año desde el primer día en que se vieron, sus alturas no habían cambiado mucho, comparado con otras personas del salón que en ese año y medio habían cambiado lo suficiente para parecer participantes de un capítulo de extreme makeover.

— ¿Qué?—pregunto Chloe con tono ofendido.

—Lo que quiero decir es que no voy a hacer lo que tú quieras—. Aclaro Alya bastante decidida a poner a la hija del alcalde en su lugar—. Eres superficial y estás obsesionada con las apariencias y la ropa. No puedes hacer nada sin tu padre, eres prácticamente inútil. Así que por que no mejor te pones a trabajar para al fin hacer algo productivo con tu vida.

Tal vez Alya se había sobrepasado con esas palabras, porque el salón quedo en silencio durante unos segundos. De repente, como si hubieran apretado el interruptor de una bomba nuclear, todos estallaron en carcajadas. O al menos la mayoría. Y es que el rostro sin palabras de Chloe después de aquel pequeño discurso lleno de verdades no podía ser más gracioso.

La chica rubia tenía las pupilas dilatadas y los ojos muy abiertos. Por un momento dejo de importarle si quiera estar en la escuela. En realidad, esa mañana no había querido ir. Y ahora, tenía más razones para salir de ese lugar tan horrible. Siempre había odiado ir a la escuela. Tal vez era algo de familia, o tal vez era algo relacionado con su pasado, o tal vez era algo que todas las Queen Bee tenían. La verdad es que Chloe nunca se había considerado a sí misma como un Queen Bee, pero el mundo la había catalogado así y ella lo termino por aceptar. Tomo su bolso y salió del salón dando un portazo.

No tardo nada para que Sabrina dejara su lugar de trabajo con Adrien para salir corriendo detrás de su mejor amiga. Una vez, un psicoterapeuta le había dicho algo a Sabrina que se le había quedado grabado desde entonces. Aquel hombre que en aquel tiempo era su vecino, solía decir que lo que le hacemos a los demás en realidad nos lo hacemos a nosotros mismos. No se trataba de karma, sino de algo interno que nos hacían destruimos a nosotros mismos a través de los demás.

Sabrina en verdad lo creía. Por eso se preocupaba tanto por su amiga. Incluso si algún día decía ya no querer ser amigas, incluso si se peleaban. Alguna terminaba cediendo y se reconciliaban. Y le gustaba ver que ella era amable con alguien, porque entonces era amable con ella misma. Pero cuando Chloe gritaba y se burlaba, a Sabrina le dolía que se lo hiciera a ella misma. Y lo que más le dolía era no poder hacer nada por ella. Por eso cuando la noche anterior Sabrina pudo escuchar a través del teléfono a una muy dolida Chloe suplicar su comprensión, supo que era su momento de brillar y apoyarla.

No fue la única que se dio cuenta de lo raro de la situación. Adrien había visto a Chloe devolver golpes más duros que esos. La había visto resistir la insinuación de que su madre no la quiso nunca. La había visto devolver un golpe por burlarse de su peinado. La única vez que la vio rendirse fue ante Marinette durante el incidente del cambio de asientos. Pero hoy, un golpe que seguramente no le haría año en circunstancias normales, la había dejado sin habla. Aun sabiendo que había algo raro, Adrien regreso a su trabajo cuando las risas menguaron.

Cierto chico pelirrojo también había notado algo. Más bien la sensación de que ahí hacía falta algo. Aunque no sabía que. Estuvo a punto de dejarlo ir hasta que las palabras intercambiadas con Sabrina de la mañana anterior rebotaron en sus oídos. Tenía la imperiosa necesidad de saber a qué se refería Sabrina al decir aquello.

—Juleka—llamo quedamente a su amiga que se limpiaba las lágrimas de la risa—. Tengo que salir.

—No te preocupes—contesto Juleka, poniendo una amplia sonrisa de las pocas que se le veían—. Solo no te tardes. Aun no terminamos el trabajo.

Nathaniel asintió y dejo el salón después de hacerle una señal a Alix, quien no se estaba tomando muy enserio su papel de encargada de la clase. El chico pelirrojo camino unos pasos hacia la derecha pensando en que escusa dar si un profesor lo encontraba fuera de su clase. Para su suerte, encontró lo que buscaba rápidamente.

—Me duele—susurro Chloe—me duele mucho Sabrina.

Nath estaba escondido detrás de un pilar, aunque eso no le impedía oír a la perfección la plática que llevaban esas dos. Entonces, un sonido que ninguna persona podría quitarse de su cabeza se dejó escuchar por lo bajo. El sonido de un llanto desesperado, de un llanto cruel que buscaba desgarrar el alma.

Nathaniel escucho aquello sin entender porque el corazón se le acongojaba así. La verdad es que nunca había visto a una persona llorar. Mucho menos visto a una persona llorar más allá de las películas, pero en la vida real, un llanto era aún más apabullante de lo que era en las pantallas.

Sin poder resistirlo mucho, y sabiendo que había sido una pésima idea, regreso a su salón. Entro sin hacer escándalo y se sentó rápidamente al lado de Juleka, quien veía muy entretenida un cuaderno. Le tomo un par de minutos darse cuenta que la libreta en cuestión era su libreta de dibujos.

— ¿Por qué estás revisando mis cosas?—pregunto al arrebatársela.

—Nath—llamo ella— ¿te sientes bien?

— ¿Por qué lo preguntas?—inquirió él.

—Es solo que—dijo Juleka buscando la mejor manera de exponer lo que iba a decir—haz estado dibujando a Chloe todo el día.

—Eso no es cierto—se apresuró a contestar el chico.

Estaba muy sonrojado y Juleka prefirió no volver a tocar el tema. Regresaron a trabajar, mientras Nath volvía a abrir su libreta con dibujos debajo de la de apuntes. Viéndola de reojo, si era sincero consigo mismo, diría que si se parecía mucho a Chloe.

La rubia hija del alcalde no regreso a clase. Su mejor amiga si lo hizo y no dudo en hablar con Alya y ofrecerle su ayuda con la parte de Chloe en el trabajo. Nath ni siquiera vio en que momento llego al salón. La profesora regreso unos segundos antes de que tocaran la campana de salida y los chicos, cargados de una energía revitalizante abandonaron sus lugares como un bólido.

Nathaniel tardo más tiempo en especial porque hoy más que nunca no quería que nadie viera sus dibujos. Cuando el salón se había vaciado casi por completo, Nath se permitió respirar y empezó a guardar sus cosas. Un carraspeo lo interrumpió y llamo su atención.

—Escuche que estuviste dibujando a Chloe—comento Sabrina frente al chico.

—No es cierto—se apresuró a contestar—es un modelo sin rostro.

— ¿En verdad?—Sabrina sonaba decepcionada—. Creía que un dibujo suyo pondría a Chloe de mejor humor. Supongo que tendré que buscar otra forma de animarla.

Sabrina dio media vuelta y camino hacia sus cosas en la primera fila.

Nathaniel la observo cabizbaja y no supo si fue la expectativa de ayudar a alguien o la idea de que alguien pudiera apreciar su dibujo lo que lo hizo arrancar la última hoja de su cuaderno y alcanzar a la chica en la puerta.

—Solo no se lo digas a nadie—suplico al extenderle el dibujo a la chica.

Sabrina lo tomo entre sus manos y al verlo supo que la esencia de su amiga había sido capturada en papel. Tal vez, aquel chico si fuera lo suficientemente especial para conocer a la Chloe que estaba detrás de la máscara. Quién sabe. Tal vez si era así ella le ayudaría.

—Gracias—con esa palabra Sabrina abandono el lugar rápidamente.

Y Nathaniel no pudo evitar sentir que se estaba metiendo en un problema muy grande. A pesar, una extraña sensación de felicidad se expandió por su pecho. Pobrecito, no sabía las locuras que se vendrían encima a partir del siguiente día, que sería un hermoso sábado despejado.

Hubo un milagro... Se calló la boca.


Bueno, se supone que iba a publicar este capítulo la semana pasada. Pero los exámenes no me dejaron. En fin, hoy se los traigo. Es un capítulo con muchas incógnitas y si ven errores de redacción o de ortografía es que ando a las carreras...

Bye bye... Miraculers... algún día dominaremos al mundo...

Por cierto... quién ya esta listo para ver Ladybug doblada en Disney Channel?... yo no tengo cable... soy pobre *llora*

En fin... ahora si BYE!