Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.
La Princesa y el Artista
Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.
Entre mentiras, sacos y pizza
El clima de aquel sábado era muy soleado. El pronóstico del tiempo había dicho que era un "bello día para salir y pasear un rato junto a esa persona especial". Para Nathaniel, solo era un buen día para hacerle caso a su madre. A pesar de que era muy calmado, su madre no dejaba de quejarse de que siempre estuviera encerrado en su casa.
Así que estaba caminando solo por las calles de París sin rumbo fijo. Juleka y Rose habían planeado su salida a EuroDisney desde hacía un mes, y Nath no quería importunar. Aunque estaba seguro a ellas no les importaría llevarlo. Tampoco se sentía con muchas ganas como para buscar el parque donde Kim y Alix estaban llevando a cabo su siguiente competencia. Tal vez podría ir a visitar a su tía y comer gratis.
Tan metido estaba en sus cavilaciones, que no supo en que momento acabo en aquel parque cercano a la escuela. Ojala hubiera traído su cuaderno para dibujar. El paisaje estaba realmente hermoso y extrañamente desierto.
Una chica paso corriendo a su lado, enfundada en un abrigo de blanco inmaculado, con un gran sombrero de diseñador y unos enormes lentes de sol cubriéndole los ojos. Ni siquiera noto la presencia de Nath, pues se apresuró a llegar a la fuente central del parque. Ahí, Nath pudo reconocer a una chica pelirroja que iba en su salón.
— ¡Sabrina!—llamo la chica del abrigo—. Trajiste lo que te dije.
—Si—contesto Sabrina—pero no sé si puedas usarlo con ese abrigo puesto.
La joven del abrigo bufo antes de quitarse el sombrero y lanzárselo a Sabrina. Su cabello rubio callo en una desprolija coleta. Procedió a desabrocharse el abrigo que también paso a su compañera. Chloe se veía muy bonita con un short beige y una blusa turquesa.
Sabrina le paso una pequeña cajita de su bolsa y se la paso a su amiga. Chloe la abrió y se puso el collar de jade.
—La oficinista de correos quedo boquiabierta cuando lo vio—comento Sabrina—dijo que quien lo envió debía de quererte mucho.
—Eso ya lo veremos—contesto Chloe comenzando a caminar hacia la salida del parque. Sabrina la siguió tratando de acomodar las mil cosas que llevaba encima.
Dicen que las personas ociosas, esas que no tienen nada que hacer, gustan de perder su tiempo con cualquier cosa que pasa en frente de ellos. Nathaniel no se consideraba a sí mismo una persona ociosa. Pero ese día estaba andando sin rumbo fijo hacia ningún lado, perder el tiempo siguiendo a Chloe y Sabrina sonaba a un buen plan.
Así que eso hizo. Chloe empezó a caminar hacia la salida sin saber que era seguida por cierto chico pelirrojo. No es como que a Nathaniel le importara mucho ver que hacía en su tiempo libre la hija del alcalde. Pero su actitud se le hacía muy sospechosa. Mientras más avanzaban hacia la zona comercial de los Campos Elíseos, más se interesaba por lo que las dos chicas estaban tramando.
Se detuvieron en la entrada de una joyería bastante reconocida. No tardaron nada en entrar y esconderse detrás de un pequeño mostrador. A Nathaniel le pareció gracioso que la Queen Bee rubia estuviera escondiendo su presencia de alguien. Se acercó a las chicas sin saber en realidad que decir.
— ¿Por qué se esconden?—pregunto inocentemente.
Chloe dio un salto en su lugar, casi tirando las joyas del mostrador y volteando a ver al chico con enojo. En verdad que no quería que nadie supiera que estaba haciendo ahí. Era una misión encubierto que ahora estaba comprometida por la presencia del artista de cuarta.
— ¿Tu qué haces aquí?—pregunto Chloe con un claro tono enojado.
— ¡¿Eh?!—Nathaniel no tenía una verdadera respuesta a esa pregunta. Al menos no una que fuera convincente—. Vine a comprar un reloj.
—No es cierto—se apresuró a contestar Chloe señalándolo—tú no te puedes costear algo como esto.
— ¿No?—pregunto Nathaniel inocentemente, se acercó al mostrador para ver el precio de los relojes y casi se cae de espaldas.
¡¿Quién en su sano juicio compraría un reloj de más de 3 000 euros?! Chloe tenía razón, ni con todo el dinero que podía juntar en un año iba a reunir para un reloj tan caro. Lástima. Esa era una buena excusa para ir a un lugar como ese.
—Entonces ¿a qué venia?—se preguntó, aunque Chloe pudo escucharlo perfectamente.
Nathaniel alzo la vista viendo hacia el otro lado de la tienda pensando en otra excusa para encontrárselas en la misma tienda.
—Me estabas siguiendo—aseguro Chloe susurrando mientras se volvía a esconder detrás del mostrador.
—No—contesto Nathaniel sin voltear a verla.
En el otro lado de la tienda estaba un joven alto y de mirada amable discutiendo con una empleada. Era extraño que una persona pudiera mantenerse templado a pesar de estar discutiendo algo de seguramente mucha importancia. En ese momento, Nathaniel volteo a ver a las dos chicas escondidas, quienes estaban poniendo mucha atención a dicho joven en particular.
Así que venían a espiar a ese chico. Interesante.
—Si tanto quieren hablar con él—dijo Nathaniel—voy a llamarlo.
— ¡No!—Chloe se apresuró a salir de su escondite. Tenía que detener a Nathaniel. A penas salió lo tomo por el brazo y comenzó a jalarlo.
Nathaniel sintió el jalón y volteo a ver a la chica. En verdad que se veía muy preocupada. ¿Era tan importante que no las descubrieran? ¿Quién era ese tipo que hacia la Queen Bee de su escuela tuviese una mirada tan suplicante? No intento soltarse de su agarre, a pesar de que Chloe no parecía poder moverlo de su lugar.
— ¡¿Chloe?!—se escuchó que llamaban detrás de ellos—. ¿Qué haces aquí?
Chloe soltó al artista en un segundo y se paró derecha dos pasos hacia adelante frente a aquel nuevo joven. Un nudo se empezó a acumular en su garganta y su estómago. Sabrina también salió de su escondite, aunque estaba más de espectadora que de otra cosa. Aquello se había puesto interesante.
— ¡Oh! Hola Jessie. Pasaba por aquí con Sabrina—señalo a su mejor amiga—y se me ocurrió pasar a saludar.
Nathaniel solo observaba. Usualmente, nada parecía poder perturbar la excesiva confianza que tenía Chloe Burgeois. Pero aquel chico parecía ponerla nerviosa. Era raro, por no decir que perturbante ver el cambio tan drástico de personalidad.
—Genial—comento ese chico— ¿quién es él?—pregunto al darse cuenta de la presencia de Nathaniel.
Chloe giro la cabeza para verlo con el rostro enojado. Luego, algo hizo click en su cabeza y se adelantó a ponerse al lado del chico. Sin pedir permiso abrazo su brazo apretándolo contra ella y jalándolo hasta donde estaba el tal Jessie. Chloe ya había maquinado un gran plan que la sacaría del gigantesco apuro en el que su madre la había puesto la noche anterior al llegar a casa.
—Él es Nathaniel—presento la rubia recargando su cabeza en su pecho y poniendo muy nervioso al artista—. Es mi novio.
Por supuesto que todos – con excepción de Chloe – quedaron boquiabiertos ante la revelación. Nathaniel quedo tieso sin entender qué o porqué había dicho eso. Sabrina podía imaginarse la razón, pero eso no evitaba que se sintiera impactada por la revelación aunque no lo dijo. Jessie Tamez sonrió ampliamente tratando de ocultar su decepción.
—Me alegra, se ven muy bien juntos—comento el chico—si me disculpan, tengo trabajo que hacer.
—No te preocupes—aseguro Chloe sin soltar a Nathaniel—ya nos vamos.
Chloe guio a Nathaniel fuera de la tienda y Sabrina los siguió de cerca. Ya afuera, Chloe soltó al chico permitiéndole regresar sus latidos a lo normal. Nunca, en sus dieciocho años de vida, había estado tan cerca de una chica que se comportara así de cariñosa con él. Aunque claramente fuera una actuación.
A propósito ¿a qué había venido todo eso? Chloe se había tomado demasiadas libertades con aquella afirmación. Y Nathaniel necesitaba respuestas.
—Eso salió muy bien—comento Chloe a Sabrina— ¿no crees?
—Bastante bien—contesto la chica sonriendo—no tendrás que preocuparte por esa carta al menos por un par de meses más.
— ¡Vamos!—dijo Chloe con la energía renovada—quiero ir a comprar un nuevo vestido.
—Espera—llamo Nathaniel antes de que ambas chicas se fueran— ¿puedo saber que paso allá adentro?
—Fuiste útil. Eso paso—contesto Chloe restándole importancia al asunto.
La chica le dio la espalda al joven artista. Dispuesta a irse sin dar más explicaciones. En su opinión, él chico se la debía por estar siguiendo. Nathaniel no decía nada, no era de los que se ponían a pelear. De hecho, ni siquiera sabía porque se había puesto a molestar a Chloe y Sabrina cuando las vio espiando en la tienda.
— ¡Chloe!—llamo Sabrina con un tono de voz que nadie le había escuchado usar—. Tú lo prometiste.
La chica rubia se quedó tiesa en su lugar. Sabrina no pudo escoger peor momento para recordarle a su mejor amiga la promesa que había hecho por teléfono un par de días atrás. En un segundo la chica dio la vuelta rápidamente y con pasos decididos se plantó frente al chico pelirrojo. Acerco su rostro al del chico antes de empezar a hablar.
—Un cambio de look y la cena de hoy. Ese va a ser todo mi agradecimiento—con esas palabras, la chica tomo a Nathaniel de la mano y lo comenzó a jalar hacia su tienda favorita.
Sabrina atrás de ellos los siguió con una sonrisa. Le agradaba saber que su mejor amiga estaba muy comprometida con su promesa. Aunque eso no era ninguna novedad. Chloe nunca hacia promesas porque eran ese tipo de cosas que no se pueden romper. Era una de las pocas cosas buenas que su madre le había enseñado antes del divorcio.
Siguieron su camino hasta llegar a una tienda de marca reconocida donde Chloe era cliente frecuente. La chica entro al lugar sin saludar a la empleada de la puerta, aunque esta ya estaba acostumbrada al trato de la hija del alcalde. Tan apresurada iba Chloe que no supo en que momento choco con otra persona.
Y esa persona no podía ser otra que la encantadora chica italiana Lila Luchetti. Decir que Lila y Chloe tenían mala relación era restarle importancia. Chloe no podía creer que existiera en el mundo una chica que le pudiera ganar de forma tan aplastante. ¡Demonios! Le habían compuesto una canción solo para ella. ¿Por qué nadie le componía una canción a ella?
— ¡Chloe!—saludo Lila poniendo una sonrisa angelical— ¿qué hace la hija del alcalde tomando de la mano a una persona de más baja categoría?
Chloe apretó los puños y por ende también la mano de Nathaniel. Estaba a punto de contestar cuando se dio cuenta que podía matar dos pájaros de un tiro. Ahora, parecía que su promesa no era tan difícil de cumplir. Suspiro, pensando en lo bueno que sería cumplir su promesa.
—Voy a darle un cambio de imagen al artista—contesto Chloe llena de calma— ¿nos quieres acompañar?
Decir que a Lila no le dio un vuelco al corazón sería una mentira. Aunque se contuvo de gritar un "por supuesto". Tenía sus dudas de porque la hija del alcalde estaba pidiendo su ayuda.
— ¿Por qué?—se atrevió a preguntar Lila apenas paso la sorpresa inicial.
—Porque tienes estilo—se excusó Chloe, aunque la mirada incrédula de Lila le dijo que tenía que ser sincera—y porque quiero empezar a mejorar mis relaciones.
Lila, que debido al trabajo de sus padres nunca había permanecido tanto en un lugar hasta llegar a París, nunca había tenido una amiga con la que pudiera salir de comprar, o alguien con la cual compartir secretos. De hecho, había pasado un verano completamente sola cuando sus padres fueron rotados a España. La expectativa de tener una amiga verdadera la lleno de ánimos.
—Genial. Vamos—respondió estaba vez poniendo una sonrisa sincera.
Los cuatro jóvenes entraron al lugar y Lila los dirigió a la zona de ropa para hombres. Lila y Sabrina se inmiscuyeron en buscar ropa para el artista sin decirle nada a ninguno de ellos. Chloe jalo al chico hacia una estantería de camisas sin soltarle la mano.
Nathaniel no podía estar más nervioso. La chica no lo había soltado en todo ese tiempo. Su corazón estaba acelerado al por mayor en ese momento. Y si no tuviera buena salud, diría que estaba por darle un ataque cardiaco. Chloe se estaba comportando en extremo amable con la gente ese día. Al parecer tenía que ver con alguna promesa que había hecho.
— ¿Me vas a devolver mi mano?—pregunto Nathaniel alzando la mano que tenía entrelazada con Chloe.
Chloe lo soltó con rapidez. No se había dado cuenta que aun tenia agarrado al chico. Su pecho empezó a saltar acelerado al pensar en todo el tiempo que lo había traído así por la calle. La habría visto alguien ¡Qué vergüenza!
— ¡Que delicado!—Chloe trato de distraer su mente buscando ropa después de mencionar aquel comentario.
Chloe saco una camisa azul degradada que puso encima del chico. Este, afectado por la cercanía, no tardó mucho en alejarla. Chloe no se tomó el movimiento a mal, estaba también muy abrumada por sus propias sensaciones.
— ¿Por qué estás haciendo esto?—pregunto Nathaniel.
—Es mi manera de agradecerte—contesto Chloe, después de suspirar derrotada—por dejar que dijera eras mi novio.
—No te di permiso—aclaro el artista.
—Pero no lo negaste—contesto Chloe tomando otra camisa de la estantería.
Touché. Nathaniel no había podido negar nada, había entrado en shock durante demasiado tiempo y todo había sucedido muy rápido. Aun así, Chloe nunca le parecía el tipo de persona que da las gracias por las cosas que le pasan. En su opinión, Chloe creía que lo valía todo en la vida.
—No pareces alguien que de las gracias—comento Nathaniel, dejando que Chloe acercara una camisa al chico para revisar si le quedaba.
—Decidí que tengo que ser mejor persona—contesto con simpleza la hija del alcalde.
Nathaniel quiso preguntar la razón. Nadie decide cambiar solo porque sí. Tenía que tener un motivo para querer hacerlo. Abrió la boca para investigar más y saciar su curiosidad cuando la voz de Lila y Sabrina interrumpió llamándolos. Chloe tomo su mano y lo guio hacia donde las dos chicas estaban. Y mientras lo guiaba, Nathaniel decidió que se podía acostumbrar a esa sensación.
Lila le entrego a Nathaniel un montón de ropa y lo empujo al vestidor de hombres mientras el resto se sentaba fuera a esperarlo. Lila se notaba más que feliz, lo suficiente para pasársela sonriendo. Se sentó a un costado de Chloe quien se acomodó en el sillón de media luna justo en el medio. Sabrina se sentó a su lado, al fin dejando descansar sus brazos de cargar sus cosas y las de Chloe.
—Pareces muy animada—comento Chloe sin mostrar algún interés en platicar.
Sabrina supo inmediatamente que le hablaba a la chica italiana. Lila también entendió que le hablaba a ella y aunque una parte de ella quería ponerse loca y sacar todo lo que en su corazón se guardaba, no lo hizo. Tal vez era el hecho de que decirle a la chica que había mentido sobre sus miles amistades no se le antojaba.
—Nunca le había hecho un cambio de imagen a alguien—contesto Lila, siendo sincera como pocas veces en su vida.
— ¿Por qué no?—pregunto Sabrina, curiosa por la respuesta de Lila.
—Mis amigos siempre se visten muy bien—ahí estaba la mentira.
Lila no permitiría que nadie la viera débil. Menos en esas situaciones. Sabrina asintió y Chloe trato de no sentirse celosa. Lila era perfecta a los ojos de todos, era como un Marinette pero sin Adrien ni la panadería. Lila era genial, o al menos era así como ella la veía. Y como más de la mitad de la escuela la veía.
Durante las siguientes tres horas, Nathaniel soporto pacientemente a las tres chicas que no se ponían de acuerdo con que estilo le quedaba mejor. Para el final, el chico solo quería que se decidieran e ir a comer. A él ni siquiera le gustaba ir de compras. Cuando Chloe anuncio que al fin lo habían conseguido, Nathaniel agradeció al cielo.
Chloe fue a pagar las cosas y Nathaniel se reusó a ver el recibo o a escuchar lo que había costado toda esa ropa. Era demasiado. ¡Vamos! Que él podía vivir con su playera roja, sus jeans y sus tenis toda la vida. Pero para Chloe eso era un pecado y estaba seguro que en esas cuatro bolsas que Sabrina y él cargaban habían mínimo 1 000 euros.
— ¿En que estaba pensando?—dijo la chica rubia ya fuera de la tienda—era obvio que tu estilo eran los sacos y los jeans.
—Te lo dije—comento Lila, detrás de ella—pero no me querías escuchar.
Sabrina, que junto a Nathaniel se encontraban detrás empezaron a escuchar esa discusión amistosa. Sabrina estaba muy feliz, aquel día iba mejor que nunca. La razón por la que habían salido se había acabado rápido. Estaba segura que al final del día, Chloe estaría muy feliz.
Nathaniel por su parte, no estaba seguro de nada. Se estaba dejando llevar por la corriente más que de costumbre. Una de las cosas que sus amigos solían quejarse era eso: nunca se sabía imponer. Pero es que su personalidad no era la de alguien que quisiera imponer sus ideas o que los demás hicieran lo que él quería.
— ¡Vamos a un restaurante! ¿Qué se te antoja Sabrina?—pregunto Chloe parando su caminar.
Sabrina abrió los ojos ante la expectativa de ir a un restaurante elegante. Al igual que Lila. Pero Nathaniel no estaba dispuesto a ver a la caprichosa Queen Bee que era Chloe gastar más dinero con él ahí. Se adelantó a las chicas que ya hacían planes muy elegantes para la cena.
— ¡Ah, no!—dijo Nathaniel interrumpiendo su plática—. No van a ir a un restaurante.
—Y ¿qué sugieres genio?—pregunto Lila.
—Pizza—sugirió el chico.
Lila y Sabrina se veían muy emocionadas con la idea. ¿A qué adolescente no le gusta la pizza?
— ¡No!—negó Chloe.
— ¡Sí!—dijo Nathaniel. Jalo a la chica hacia la derecha y cruzaron la calle hacia una pizzería que él conocía.
Era cierto que no era la persona más asertiva del mundo. De hecho, estaba seguro de que si Chloe hubiera insistido una vez más en ir al restaurante caro él no hubiera puesto resistencia – como en el resto del día – pero después de ese día, en verdad que no podía creer cuando dinero había gastado la chica.
La pizzería a la que Nathaniel las llevo pertenecía a una amiga de su madre. La señora solía llevar pizzas al departamento cuando su madre no se sentía con ganas de hacer de comer. A penas entrar la señora lo reconoció y corrió a saludarlo. Le dio un efusivo abrazo y le pregunto porque de repente traía puesto un saco casual sobre su usual playera roja. Nathaniel prefirió no contarlo.
— ¡Ah! ¿Pero quienes son estas chicas?—grito la señora a penas se dio cuenta de las tres chicas que lo acompañaban.
—Ellas son Sabrina, Lila y Chloe—presento él señalando a cada una de ellas.
—Y ¿cuál es tu novia?—pregunto la señora con gran emoción.
Nathaniel no pudo evitar ponerse rojo por la vergüenza. ¿Era enserio? Era la quinta vez que esa mujer preguntaba cuál de sus amigas era su novia. Como si no hubiese sido demasiado incomodo cuando trajo a Rose y Juleka a comer después de la escuela una vez. Él no tenía novia ¿cuándo lo iban a entender?
—Nosotras somos solo sus amigas—contesto Sabrina llena de calma.
—Exacto—secundo Lila.
Chloe por su parte no dejaba de observar el lugar como si fuera totalmente nuevo para ella. Y de hecho lo era. Su madre nunca la había llevado a una pizzería o a cualquier restaurante que no tuviera un chef con renombre o estrellas en la entrada. Su padre no solía preocuparse por eso, así que siempre comía en el restaurante del hotel o en algunos como los que su madre aceptaba.
Nathaniel llamo a las chicas a una mesa, donde Sabrina se apresuró a llegar. Tenía los brazos entumecidos por tanto cargar. Aunque eso no quitaba la excesiva hambre que a esa hora de la tarde ya tenía. Ya pasaban de las seis y media.
Chloe se sentó al lado de Nathaniel en la mesa de cuatro. Lila y Sabrina encontraron un tema de conversación rápidamente. Algo sobre redes sociales, Sabrina compartió su Instagram mientras Lila no dejo de presumir sus muchos amigos y lo querida que era.
Chloe, por su parte, no dejaba de observar el lugar sin expresión alguna. La verdad es que pensar en todo lo que sus padres le habían hecho perder por mantener sus ideales la ponía triste. Pero la psicóloga Lizzie Grant le había hecho darse cuenta de algo. Estaba en ella cambiar lo que la hicieron y ser mejor. Aun así, tenía mucho miedo.
Nathaniel la observo sin saber si estaba juzgando o su interés era real. Viéndola tan callada y curiosa era extraño. Bueno, su comportamiento todo el día había sido extraño. Pero de repente Chloe no dejaba de sorprenderlo en más de una manera. ¿Por qué quería cambiar? Siempre se había visto muy feliz con su usual humor de perros y su excesiva confianza.
La pizza arribo en pocos minutos y los chicos no tardaron nada en comenzar a comer. Al menos tres de ellos. Chloe se quedó observando la pizza por un buen rato, sinceramente sin saber qué hacer.
— ¿No piensas comer?—pregunto Lila extrañada por la actitud de su nueva amiga.
—Chloe nunca ha comido pizza—comento Sabrina dándole otra mordida a su rebanada.
—No era necesario decirlo—regaño Chloe a su mejor amiga.
—Lo siento—contesto ella.
—Mira—empezó a hablar Nathaniel a su lado—solo tienes que tomarla y morderla.
—Me voy a manchar—comento Chloe enojada.
Nathaniel acerco su rostro al de la chica. Estaban tan cerca que ambos se sonrojaron. El artista mostro una servilleta a la rubia quien lo tomo tratando de parecer enojada. En el momento en que sus manos se tocaron se pudo ver el flash de un celular interrumpir el momento.
Chloe comenzó a comer la pizza. Disfrutando por primera vez en su vida de un sabor mundano del que su madre le había privado en su infancia. Entre pláticas y risas, entre fotos tomadas en el peor momento y gritos por parte de la rubia, entre miradas nerviosas y miradas cómplices, la tarde se pasó volando.
— ¿Te diviertes?—pregunto en algún momento de la velada Sabrina a su mejor amiga.
—Para nada—contesto Chloe cruzando los brazos.
Sabrina sonrió. Claro que se estaba divirtiendo, solo que no lo mostraría. Eso no sería bueno para una chica como Chloe. Pero la pelirroja de su mejor amiga pudo ver una sonrisa asomándose por sus labios mientras Nathaniel mordía otra rebanada de pizza y Lila le rogaba a su celular que subiera la foto.
Para cuando la foto estuvo en internet, más de una cuenta en Instagram haya adorables a la pareja de una chica rubia y un joven pelirrojo. Y de repente, Lila sentía que tenía mucho que hacer por Chloe. En todo el tiempo que llevaba en París, era la primera vez que pasaba una tarde con amigos. Y Lila tenía la recompensa correcta en sus manos.
Nathaniel también se sentía muy bien. Era tan raro que una mañana aburrida había terminado en una salida bastante interesante. Al final, mientras la noche se acercaba, Nathaniel no podía evitar sentirse feliz. Al final, la habían pasado bien. Tal vez tenía que enseñarle a Chloe que no necesitaba de grandes lujos para decirles a los demás que los apreciaba.
¿Pero que estaba pensando? Chloe era la princesa en eso. Aun así, se sentía en la necesidad de darle las gracias. Por dignarse en mostrarle algo que pocos habían visto. ¿Qué él no era lo suficientemente especial para conocer a la verdadera Chloe? Toma esa Sabrina.
—Gracias—dijeron el artista y la italiana al mismo tiempo.
Chloe se quedó con la boca abierta.
—No pueden darme las gracias—dijo Chloe de repente tomando a todos por sorpresa—si me dan las gracias esto ya no cuenta como agradecimiento. Les voy a seguir debiendo todas las que les hice.
Una risa generalizada se extendió mientras la hija del alcalde hacia un puchero. Si, Chloe era una persona que valía la pena conocer. Aunque costara mucho desenterrar a la chica del caparazón y las mil murallas que la encerraban.
Entre mentiras, sacos y pizza… surge algo especial.
Hola Chiquillos Hermosos! Como están el día de hoy Miraculers?! Bueno, espero que les haya gustaba este capítulo de "La Princesa y El Artista". Esta bastante largo porque no quería que fuera un capítulo de un solo ratito... en verdad quería traerles algo que compensara el tiempo que no pude subir. En fin, ya están surgiendo esos sentimientos... ¿A poco no son hermosos esos dos?
Les cuento algo gracioso. Tengo una amiga que se parece mucho, pero muchísimo a Chloe -en la actitud-. Un día nos toco ir a hacer un trabajo de investigación de campo. Y ella llevo a su novio. Al final del recorrido, yo era la avergonzada por lo mucho que ambos habían gastado. ¡Demonios! Nos dio hambre y yo deseaba que nos metiéramos a buscar una hamburguesa e McDonald's. Pero a ellos se les ocurrió a ir a un restaurante. Creo que base el capítulo en esa experiencia...
En fin... díganme ¿que les pareció? ¿tienen algún comentario que quieran hacerme? ¿tomates? ¿flores? ¿algo?
Bye, bye... los Miraculers dominaremos al mundo... ocno
