Derek Hale.

Necesitaba respirar... necesito respirar, tranquilizarme, centrarme.

Mis sentidos están ahogados, mi mente quiere pero no puede procesar la información que está recibiendo. Son muchos datos, muchos sentimientos, demasiados aromas que vuelven a mi lobo confuso. Mis ojos brillan y no puedo controlarlos. Mis garras penetran mi palma de la mano, pero no lastiman a nadie.

Una sola idea: —"Piensa en tu ancla."— me decía, pero cuando lo miré a los ojos, su rostro expresaba las mismas emociones que yo. Eso me alteró aún más. —"Estoy ansioso, muy ansioso. Céntrate."— me decía una y otra vez.

Solo recuerdo salir por la ventana por dónde suelo entrar la mayoría de las veces que voy a esa residencia. Saltando desde lo más alto de la cornisa. Escucho un grito ahogado por el susto y la histeria. No los culpo, ni a Stiles ni a mi tío.

Corro sin mirar hacía atrás, subo al Camaro y directamente voy al loft. —Repasemos lo que sucedió.— me vuelvo a hablar a mí mismo en el reflejo del retrovisor, y a la misma vez, veo como el domicilio de Stiles se aleja. —Stiles nos citó, a Peter y a mí, para hablar en su casa.— no dejo de mirar de vez en cuando mi reflejo, mis ojos seguían encendidos. —Mi tío llega antes, yo lo hago unas horas más tardes; hablamos sobre un acuerdo de horarios, el cuál no pienso aparecer por un tiempo.— y allí fue donde me acordé, yo comenzaba el turno. —"Mierda."—. Di vuelta a la esquina de la cuadra de mi edificio, aparco el coche y subo las escaleras lo mas rápido hacia mi piso.

Sin problemas, abro la gran puerta y disparado como alma que lleva el diablo, voy hasta mi habitación con una única idea: —"Definitivamente me voy a tomar unas vacaciones."—. Debo y tengo que desaparecer, al menos hasta entender porque besé a mi tío y porqué me terminó gustando tanto. Solo eso: entender la mezcla de sentimientos; y una vez que me quede claro que fue por pura calentura, volveré y pediré perdón.

En una mochila puse ropa de cambio, y un libro (ni yo mismo sabía a dónde iba a parar). —"Sabía muy bien a quién iba a besar... lo miré a los ojos y lo besé. Y lo disfrute."— Sacudo mi cabeza: —"En definitiva , no puede ser así."—.

Antes de abandonar el lugar, tomé una hoja A4 que tenía en una repisa y escribí:

Ni bien la terminé, la doble y la puse en la misma repisa, a simple vista para quién busque algún índice de mi presencia (o ausencia en este caso). Pero en cambio, si es Scott quién busque alguna pista, entonces, dudo que lo vea (siendo que estará frente a él desde el principio). Tomé en manos la mochila con mis cosas y bajé nuevamente hasta mi coche. No demoré más, lo encendí y quemando caucho acelero a fondo hasta perder el sonido de aquél motor V8 de 6.2 litros en medio de la reserva, en medio de la nada, en medio del silencio de la noche.

Habré viajado alrededor de tres horas, unos casi veinte kilómetros; para cuando llegué a la primer hostelería que encontré, agradecí eternamente a los inquilinos de mi edificio por haber depositado el dinero de sus despensas del mes.

—¿Cuántos días te quedas, cariño?— me pregunta la señora del mostrador, de ya avanzada edad.

—No lo sé.— le digo en un susurro. Por primera vez en mucho tiempo estaba actuando sin idear un plan. Estaba siendo terco y errático. —Cóbreme para tres días, en caso de que me quede más tiempo se lo haré saber y vendré a pagárselo.— concluyo. Así estaba mejor, empezar a organizarme sería un estupendo paso para esos días de meditación.

—Oh, claro cariño. No hay ningún drama. Harold, ¿lo acompañas hasta su habitación?— pregunta risueña. Sus manos arrugadas y finas se extienden y de ellas una llave cuelga. —Cualquier cosa que necesites, solo avísanos.—. No le respondí, solo hice un gesto con la cabeza y me fui detrás del hombre llamado Harold.

El lugar huele a encerrado y a mucha humedad, pero no me quejo. Hay varias puertas que pasamos de largo, una más arruinada que otras. Pero lo que más me sorprendió fue las marcas que tenía una de ellas: garras.

—¿Saben que animal hizo esto?— pregunto serio mientras las examino más de cerca.

—Dicen que fue un gato del monte. Pero no pudimos saber con precisión qué o quién lo hizo.— me contesta el hombre. Pero rápidamente, como tratando de evitar algún malentendido, corrige diciendo: —Pero fue hace mucho tiempo, es la única puerta que está estropeada y nunca más tuvimos el mismo caso... Así que no te preocupes por ello.—

Sus nervios, su ansiedad, su estrés, todo junto golpea contra mis fosas nasales. —"Tiene miedo."— era lo único que rescate. —"¿Pero de qué?"—. Traté de averiguar más, pero Harold no parecía querer hacerlo. No lo moleste más, en la noche me ocuparía de ello... si era necesario.

Al final del pasillo, una puerta de color rojo avejentado indica el final de aquél recorrido.

Ingreso la llave y la hago girar, su traba de seguridad sede ante la misma. Desde dentro se siente con más intensidad la humedad (y posiblemente la cantidad de tiempo que esa habitación estuvo sin ver la luz del día).

—Gracias. De aquí, puedo solo.— le afirmo sin siquiera tener que escuchar su duda amable.

—Conecta el teléfono, y solo llama por si necesitas algo. Es el primer y único número anotado.— vuelve a hablar, pero tampoco duró mucho estando conmigo. Ni bien tuvo la oportunidad de irse de este lugar, lo hizo.

Mis sentidos se agudizan, capaz, si no fuera por su edad, ese hombre ya estaría corriendo en pique hasta su segura butaca del mostrador.

—Dios santo. Ya me he vuelto loco.— hablo en voz alta y me sonrío a mi mismo por la gran estupidez que estaba haciendo.

Fui a mi mochila, no saque nada de adentro excepto el móvil, no quería que la ropa se impregne del aroma de la habitación. Mantengo presionado el botón de encendido hasta que siento vibrar el dispositivo. El logo de LG aparece en grande en medio de la pantalla oscura. Pronto aparece el menú principal y con él, el continuó sonido de notificaciones de mensajes no leídos, tanto de texto como de Whatsapp, llamadas pérdidas, y quién sabe de que otra forma trataron de comunicarse.

La última llamada había sido de Peter, hace tan solo unos minutos. Suspiro y presiono para llamarlo.

Uno, dos, tres y cuatro tonos sonaron hasta qué un alarido de histeria choca y retumba contra mi oído, haciendo que aleje un poco la pantalla del sensible sentido.

—¡Derek Hale, en que estas pensando! ¡Sos un reverendo idiota por hacernos preocupar por tú culo lobuno!— Stiles rara vez se ponía histérico, pero en este caso logró desbloqueado un nuevo nivel. Su aguda voz se deja de escuchar para dar a conocer una más grave, y en consecuencia, todo mi cuerpo se tensa, porque puedo sentir su mirada a través del teléfono, percibo su latidos, su respiración; ¡Dios! Es como si estuviéramos en la misma habitación en esos instantes.

—Sobrino.— y ahí estaba. Peter debía de estar de igual abrumado que yo por lo que paso hace tan solo unas horas. Pero como decía, con tan solo escuchar como me llamaba porsobrino, da la clara imagen de lo que hay entre nosotros, porque somos eso: parientes, familia. Y es allí dónde se crea esa línea imaginaria que marca los límites. —Nos tenías preocupados... y mucho—.

No tengo nada que decir. La pena y vergüenza me sube y me baja por todo el cuerpo, como si fuera la culpa por algún crimen.

—Perdón. Prometo volver, pero primero quiero aclarar unas ideas... ¿Podrías decirle eso a Stiles? No quiero que se preocupe más de lo que ya está, y quiero que lo cuides mientras no estoy, no importa eso de los horarios.— hago una pausa, trato de relajar mi respiración. Me sentía pésimo haciendo sentir mal a Stiles por una idiotez mía. Recuerdo que la línea sigue abierta, con mi tíoesperando del otro lado. —No importa por el momento—.

—Sabes que igual te estaremos buscando, ¿no?— pregunta en medio de un largo suspiro. Ahora lo logro sentir un poco mas relajado.

—Sí. Pero sabes muy bien que sé dónde esconderme, así que no gasten energías. Pronto estaré volviendo.— sin más, corte la llamada y volví a apagar el dispositivo. Stiles no es tonto y es capaz de rastrearme.

Por la noche no dormí del todo, no por cuestión de seguridad o alerta, sino por mis mismos pensamientos, mis propias dudas e inseguridades que por el momento no sabía que tenía... no desde lo que paso con Page. Me puse de pie y salí de aquella habitación. El lugar tenia una cocina pequeña que se compartía, no fue difícil encontrarla. No había nadie alrededor tampoco. Me dispuse a hacerme un café, todo lo contrario a lo que debía beber si quería conciliar el sueño, pero siendo las cuatro de la madrugada, no me interesaba mucho; tarde o temprano caería en manos del sueño. Aquel lugar en sí, generaba muy mala espina. Pero si en realidad fuere así, ya lo habría notado; a lo lejos, en medio del bosque, distingo como pequeños animales se desplazan en armonía, no obstante, el crujir de una rama llama mi atención. la pisada no era de parte de un animal, era profunda y cuidadosa, como si estuviera cazando. Mis ojos brillan atentos al posible peligro, mis garras presionan contra mis palmas y mis sentidos se agudizan.—"Un paso en falso, un movimiento que no te convenga y es tu fin"—. Preparado para atacar salgo de mi escondite y solo puedo ver como Harold pega un salto por el susto provocado. —Solo eras tú.— le respondo mientras le doy la espalda, ocultando todo aquello que no sea conveniente que vea.—Perdona si te asusté, no era mi intención.— le comento en un tono suave, ya que el señor seguía en un trance por el sueño.

—No pasa nada, hijo. También fue mi culpa no haber hecho algún ruido para que supieras que estaba despierto.— arrastrando sus pies en pantuflas, se dirige hasta la nevera dónde saca una botella de agua. Luego va hasta un cajón y saca una caja de Vadotec (un medicamento para la presión arterial alta). —¿No puedes dormir?— me pregunta luego de haber tomado el fármaco. —No creo que tomar café te ayude a dormir, pero bueno, cada quién con sus vicios—.

Aquella ultima oración me provoca nostalgia, pues, Stiles era capaz de decir lo mismo en el momento preciso. —Supongo que tiene razón.—

—¡Claro que la tengo! Toda esta sabiduría no se hizo de un día para otro, son años y años...— el señor me palmea la espalda y con un gesto de mano, me indica para que me siente. —Pero dime, ¿que haces en un lugar de mala muerte como este?— me pregunta tranquilo.

—No sé si podría llegar a entender mi situación.— contesto de la misma forma.

—¿De quién estas huyendo?— pregunta una vez más, y esta vez, sentí como se me hiela la sangre. —La gente cuerda se hospeda acá por muy pocas razones...— sostiene en alto una de sus manos, y levantando un dedo empieza a contar: —...para "encontrarse", y no hablo de la forma amistosa.— levanta un segundo dedo: —Para simplemente pasar la noche, descansar y luego seguir su rumbo. —Continúa, pero ahora añade un dedo más: —...porque estan huyendo. Como lo estás haciendo tú.— concluye.

Lo pienso por un momento. No he podido aclarar nada con respecto a lo que que hice, evite tener que meditarlo. No quise buscar una respuesta concreta a lo de esa noche porque tuve miedo de conocer la verdad desde mucho antes.

—Estoy enamorado.— es lo único que pronuncio. Pero Harold espera paciente, él quiere ayudarme y por ende, quiere saber toda la historia. —Me gusta un chico, a quién al principio trataba mal, lo despreciaba. Pero que nunca se fue de mi lado, es más, me apoyó de todas las formas posibles—. Sonrío a medida que recuerdo y hablo de Stiles. —Sus ojos, sonrisa, su piel... Sus lunares. Todo es tan perfecto—.

—¿Pero...?— insinúa Halord para que termine el relato.

—De apoco supe como ganar su perdón y su compañía. Deje de apartarlo y acepte todo su esencia... Pero mi tío volvió, y a él también le gusta.— lentamente las palabras se escapan y se apagan en un suspiro ahogado.

—¿Puedo preguntar cuantos años tiene este chico?— interrumpe.

—Dentro de poco cumple los 18.— le respondo.

—Bien. Y, ¿cuantos años tienes tú y tu tío?— pregunta mientras levanta una ceja y gesticula con sus manos como si estuviera esposado. Solo río nervioso y bajo, no es tonto, y sabe que tengo más de 20... y bueno, que Peter tiene más de 30.

—Tengo 23, casi 24. Y mi tío, no sé si en realidad quiera saber la edad de él—.

—Bien, en ese caso. Solo respondeme esta última pregunta: ¿por qué huiste?—. Sus arrugadas manos se sostienen de la mesa, apoyando todo su peso encima para ponerse de pie. A medida que se iba yendo de la cocina, su pregunta queda haciendo eco en mi cabeza. —Respondeme cuando te sientas listo, y ese día, será el día que te sentirás mejor, tendras todas tus inseguirdades eliminadas, y volverás con ambos.— dicho eso, desaparece por el pasillo hasta su habitación.

"Ser feliz... con ambos."