Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.
La Princesa y el Artista
Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.
Los artistas existen
Chloe se dejó caer sobre su cama completamente exhausta. Le dolía la cabeza más que nunca en su vida. ¡Demonios! ¿Quién podría aguantar seis horas de ensayo sin descanso? Le dolían los dedos hasta para tomar un vaso de agua. Su habitación, sin embargo, estaba sumida en una intensa oscuridad y silencio. Suspiro mientras escuchaba a su madre caminar afuera de su habitación. ¿Porque, Dios, porque?
— ¿Cómo estás, cariño?—preguntó su madre entrando a la habitación con una gran sonrisa.
Chloe la observo tratando de averiguar que pasaba por su mente. Su madre era un enigma. Antes del divorcio, la vida de Chloe era una maraña de actividades que la habían puesto en el camino de Adrien. Después del divorcio, su padre se encargó de borrar todo lo que su madre dejo, incluyendo sus actividades extracurriculares.
Lo único de lo que estaba segura sobre su madre, era que quería lo mejor para Chloe, o lo que Diana Burgeois creía que era mejor. Era interesante la diferencia que había entre sus dos padres.
— ¿Que necesitas mama?—pregunto Chloe suspirando.
—La cena estará lista en un rato. Le pedí a Césaire que preparara tu platillo favorito—Diana siguió sonriendo. Necesitaba mantener una sonrisa mientras su hija lidiaba con la situación.
No era una mala mujer. Era cierto que quería convertir a Chloe en una copia exacta de sí misma. Pero también quería que Chloe fuera feliz. Era uno de los pocos deseos que aun compartía con André. Solo que André era más blando y menos estricto, creando una Chloe caprichosa. Ella era más directa y estricta. Le dolía en el alma la persona en la que Chloe se había convertido debido a la extrema libertad de André.
—No creo que cene—comento Chloe recostándose en su cama—estoy muy cansada.
—Es obvio—respondió Diana—llevas años sin tocar un violín. Estas algo oxidada.
Cuando el divorcio se había venido encima, la vida de Chloe sufrió muchos cambios. Junto a la huida de su madre a Inglaterra habían desaparecido las clases de etiqueta, italiano, inglés, chino, violín, piano, natación y esgrima. De repente, la apretada agenda se había vaciado y Chloe se había visto con demasiado tiempo libre.
Era fácil saber que lo lleno. Marcas, ropa, maquillaje, secretos, burlas. ¿Quién diría que el vacío de su madre lo llenaría todo aquello que antes había aborrecido? Se convirtió en eso y volvió a sentirse feliz. Ahora mismo, Chloe se preguntaba si podía hacer lo mismo y regresar a la felicidad de antaño.
Chloe en verdad que quería cambiar. No era un juego. El problema, es que no sabía en quien convertirse ¿se volvería la chica de sociedad que su madre deseaba? O ¿se volvería la joven tranquila y feliz que su padre quería? O, quizás ¿tomaría el rol de niña buena, amable y tierna? Cualquiera de las tres opciones era viable y todas ellas eran mejor de lo que actualmente era.
Diana dejo la habitación cuando vio a su rubia hija recostarse con tranquilidad. Si tenía hambre bajaría a cenar. Cerró la puerta con extremo cuidado dejando el lugar sumido en oscuridad y silencio. El sueño venció a la señorita Burgeois a los pocos minutos.
Cuando la mañana sorprendió a París, Nathaniel se levantó con fuerzas renovadas. No era necesario decir lo feliz que se sentía ese lunes por la mañana, su amplia sonrisa y su buena actitud lo delataban. A decir verdad, no sabía porque se sentía así de bien. Pero mientras se bañaba y cambiaba con la ropa que Chloe le había comprado –de la cual procuró no ver ningún precio– la sensación de que podía vencerlo todo lo invadió. ¡Yeah! Eran pocas las veces en las que se levantaba de tan buen humor.
Salió a la cocina donde su madre preparaba un ostentoso desayuno para la familia. Eran las siete de la mañana y de alguna forma su madre había preparado un manjar de huevos, pan y jugo de naranja.
—Buenos días—saludo Nathaniel al sentarse a desayunar.
—Hola Cariño—saludo efusiva su madre—. ¡Pero que guapo de ves! ¿Vas a salir con alguien?
La pregunta indiscreta de su madre hizo atragantar al pelirrojo con su jugo. No tenía planeado salir con nadie ese día. En lo absoluto. Solo llevaba el nuevo atuendo que había sido cortesía su nueva amiga, si es que podía llamarla así.
— ¡Ya mama!—pidió Nath—llevo poniendo este tipo de ropa una semana ¿de qué te sorprendes?
Su madre sonrió regresando a sus labores con una sonrisa. Si, su hijo estaba creciendo y esas nuevas amistades que había hecho lo estaban cambiando. Y a ella le agradaba el cambio. Le parecía inmensamente genial que su hijo se preocupara más por su aspecto. Lo de la novia, seguramente vendría después.
—Sera mejor que te apresures—mencionó su madre poniendo una amplia sonrisa sincera—. No querrás llegar tarde a la escuela.
—Cierto—contesto Nath.
El chico término su desayuno con rapidez. Se levantó a buscar su mochila y antes de salir hacia la escuela escucho el llamado de su madre desde la cocina.
—Ten, lleva esto—dijo la mujer extendiendo un recipiente con tapa al chico. Nath la observo sin entender nada—. Sé que siempre almuerzas con tus amigos, peto hoy tuve el presentimiento de que deberías llevar algo.
Nathaniel no protesto. Su madre, en algún nivel cósmico que el desconocía, volvía realidad cada uno de sus presentimientos. Era algo con lo que había vivido toda su vida y que a través del tiempo había aprendido a respetar.
—Gracias—se despidió el chico guardando la comida en la mochila y saliendo de su casa hacia la escuela.
Su buen humor no se le quitaría con nada.
Lástima que era la única persona que parecía estar así de feliz. Marinette no había pasado un buen fin de semana. Estaba cansada de aquel teatro de chica sencilla que no hace nada interesante de su vida. Sobre todo porque al no serlo, no podía pasar una tarde agradable con Adrien. Estaba desesperada por decirle y al mismo tiempo tenia demasiadas dudas.
¿Qué tal si se decepcionaba de ella? Sabía que Adrien era gran fan de Ladybug y aunque en un principio le pareció tierno, ahora le daba mucho miedo ¿qué tal si no era lo que esperaba? ¿Y si después de eso la terminaba? ¿Y si Tikki se enojaba con ella y ya no volvía a transformarse? ¿Cómo iba a vivir sin ser Ladybug?
Todas esas dudas la abrumaban mientras se cambiaba para llegar a la escuela. Cuando ya tuvo su ropa puesta un sonido en su ventana la hizo voltear. Los ojos verdes de Chat Noir la saludaron pícaramente mientras la chica reía. Le hizo una señal y Chat desapareció mientras que la chica francesa-china abría el acceso a su terraza arriba.
—Parece que ya estas lista—comento Chat recostándose en la cama de la chica.
—Ya Chat—lo regaño ella—bájate de mi cama. La acabo de arreglar.
—Pero esta tan cómoda—contesto el héroe acomodándose aún más encima de la cama.
—No me hagas traer el atomizador de agua—amenazo Marinette.
Chat Noir/Adrien se levantó de la cama con una gran sonrisa. Él no era como el resto de los novios. Si, le mandaba un mensaje de buenas noches o de buenos días, pero además siempre procuraba llegar temprano para hacerle una visita sorpresa a la chica. Marinette y Chat habían formado una bonita amistad en pocos meses. Si solo Marinette supiera que es su novio él que la visita cada mañana.
—No te ves muy bien hoy—dijo Chat mientras observaba a la chica buscar su tableta debajo de su cama.
— ¿Por qué lo dices?—pregunto Marinette sin voltear a verlo.
—Porque tu tableta está en la mesa—contesto Chat Noir señalando el lugar con cara de escepticismo—. ¿Qué tienes?
Marinette se levantó y se acercó a guardar la tableta. Chat Noir comenzó a reír. Se acercó a la chica y como amigo le sonrió dándole su apoyo. Podía contarle lo que quisiera.
—Es que hay algo que tengo que decirle a mi novio y no sé cómo—se explicó Marinette con la mirada perdida.
—Seguro que lo averiguaras—le dijo. Si, seguro que averiguaría la forma de decirle que Marinette y Ladybug eran la misma persona—. Se me hace tarde, nos vemos luego.
Se despidió Chat saliendo de la habitación. Marinette sonrió. Tenía en Chat un amigo en el cual confiar, uno de que no tenía segundas intenciones con ella porque estaba enamorado de Ladybug (aunque fueran la misma persona), y siempre era sincero con ella, a pesar de que no sabía su verdadera identidad.
Marinette termino de acomodar sus cosas y bajo a desayunar. Tal vez si podría tener las agallas de decirle la verdad a Adrien después de todo. Y si algo malo sucedía por decirle eso tendría el hombro de un amigo gatuno sobre el cual llorar.
Chat subió al tejado de la casa de su novia y utilizo su bastón para llegar al tejado de la escuela. Cayó al vestidor de hombres y se quitó la transformación en un segundo. A Plagg no le importaba que el chico se transformara en Chat a cada rato para vigilar a su novia. Aunque le parecía un poco enfermo en todo caso.
Adrien salió de los vestidores muy calmado y con aquel caminar de modelo que tenía. Apenas entro al pasillo de su salón escucho una voz que lo hizo desear haber corrido cuando llego a la escuela. Dio la vuelta y vio a Chloe Burgeois acercarse corriendo a él, detrás venia Sabrina cargando sus cosas.
— ¡Adrien!—llamo la rubia hija del alcalde ya cerca de él—tengo algo que darte.
Adrien sonrió con amabilidad. Conocía a Chloe desde antes del divorcio de sus padres, lo cual era en realidad mucho tiempo. No era la mejor amiga en muchos aspectos, pero había sido su única amiga mucho tiempo. Lo suficiente para saber que algo se traía entre manos y para llamarla por el apodo con el que la molestaba de pequeña.
— ¿Cómo estás Chlo?—pregunto con cortesía.
—Bien, ¿qué importa?—respondió la chica sin darle importancia mientras sacaba una pequeña cajita de su bolsa—. Ten, es un regalo.
Adrien no estaba seguro de aceptar la pequeña cajita de metal plateado que le estaba extendiendo su amiga de la infancia. Se veía bastante cara y muy sofisticada. Era extraño que ella misma le estuviera dando un regalo. A pesar que desde hace una semana se había visto un cambio en la chica, aun no confiaba en ella.
— ¿Por qué me das esto?—pregunto Adrien sin entender nada.
—Estoy tratando de ser una mejor amiga—contesto Chloe con un claro tono de superioridad.
Chloe siguió su camino pasando de largo al chico. Adrien abrió esa cajita encontrándose con una pequeña nota y un par de pendientes con forma de gato. La nota hablaba de regalarle esos pendientes a alguien especial. Al parecer Chloe en verdad se estaba tomando enserio su cambio de actitud.
El joven modelo dio la vuelta para sentir el espontaneo abrazo de su amiga de la infancia. Aunque estaba acostumbrado a los acosos de la rubia, había algo distinto en este abrazo. Lo raro es que recordaba en alguno de sus más lejanos recuerdos un momento parecido de cuando las cosas en la vida de los niños son sencillas.
—Gracias—susurro Chloe en el oído de un viejo amigo—. Gracias por ser mi amigo.
Chloe soltó al chico y entro al salón mientras este revisaba los pendientes. En definitiva le iban a gustar a Marinette. Para su desgracia, había dos personas que habían presenciado la presencia. Una fue muy consciente de porque no le gustaba, la otra trataba de averiguar que era ese mal sentimiento en su pecho.
Las clases iniciaron pocos minutos después cuando la profesora y el resto de los compañeros se sentaban en su lugar. No sería un día muy ajetreado en realidad. Marinette estaba muy feliz de estar en la escuela, al menos se veía muy feliz y Adrien no podía esperar al momento de darle esos pendientes. No los había escogido él, pero si era algo que escogería.
Nathaniel no estaba muy feliz. Aunque en realidad no sabía porque, supuso que su buen humor de la mañana se había acabado. Así que estaba desahogando sus sentimientos no comprendidos en su libreta de dibujos. Tan concentrado estaba en eso que no supo en que momento estaban ya en la clase de literatura. No es como que a Nath le gustara la literatura, así que no puso mucha atención.
—La literatura, como todas las bellas artes, tiene un propósito muy definido—explicaba la profesora—desde los cuentos clásicos que buscaban dar una importante lección a los más jóvenes hasta las novelas modernas e incluso la lírica de las canciones que tanto…
Chloe por su parte, tampoco se sentía muy bien. La noche anterior se había ido a dormir sin cenar por su extremo cansancio y había despertado increíblemente temprano. Como si a su madre la hubiera llamado alguna alarma etérea, apareció en su cuarto para ponerla a practicar y recuperar los años perdidos. Apenas había tenido tiempo de tomar un vaso de agua antes de que se le hiciera tarde para la escuela.
Mientras la profesora seguía con su discurso al que nadie parecía poner atención, la chica rubia comenzó a sentir un fuerte vacío en su estómago. Su visión se volvió borrosa en pocos segundos y la urgencia de salir de ahí la invadió. Se levantó rápidamente de su asiento haciendo mucho ruido en el camino.
Chloe dio un paso fuera de su asiento. Y se sintió trastabillar un segundo. En ese momento, sus piernas fallaron y su delgado cuerpo se vio de camino hacia el suelo. Aunque no llego al suelo. Con la agilidad de un esgrimista –o tal vez la de un gato- Adrien Agreste se adelantó a atrapar a la chica que caía en inconsciencia.
El salón entero se sumió en un profundo silencio. Nadie sabía que estaba sucediendo o porque de repente la chica drama de la escuela se había desmayado. Adrien sacudió a la joven tratando de despertarla, pero Chloe se había sumido de repente en tal estado de inconciencia que no se movía siquiera.
—Alguien llévela a la enfermería—pidió la profesora.
—Yo la llevo—se escuchó en la parte de atrás del salón.
Nathaniel no tardo nada en llegar a los primeros escalones y tomar entre sus brazos a la chica rubia. Casi arrancándola del agarre del modelo Agreste, la cargo con dificultad y la saco del salón rápidamente. Todos en el salón trataban de entender que estaba pasando y más de uno se preguntó si debían de preocuparse por la salud mental de Nathaniel.
Sabrina no se molestó en pedir permiso para tomar sus cosas y las de Chloe y de seguir a la pareja hacia la enfermería. Ya se preocuparía después por sus asistencias. En este momento, su mejor amiga la necesitaba. Desde la mañana le había parecido raro como se comportó. No era ella misma, se veía cansada en todo sentido. El asunto de su padre seguro que la tenía preocupada.
—Re-regresemos a la clase chicos—pidió la profesora haciendo que todos se volvieran a sentar y mucho más tranquilos (además de preocupados) siguieran con la lección.
Nathaniel acostó a Chloe en una de las camas de la enfermería. No entendía porque la chica se le hizo tan delicada y liviana. Sabrina entro después de ellos y se detuvo a buscar a la enfermera que al parecer había ido a desayunar. Lo bueno es que la enfermería siempre se quedaba abierta por si había emergencias.
—Se ve muy pálida—comento Nathaniel viéndola de cerca.
—Lo sé—respondió Sabrina—. No se veía muy bien en la mañana.
—Si no se veía muy bien ¿porque la dejaste venir?—pregunto Nathaniel tal vez con un poco más de agresividad de la que quería.
—Está tratando de ser mejor persona—se escudó Sabrina—y eso incluye venir a la escuela.
—No si atenta contra su salud—Nathaniel se veía algo enojado.
Sabrina no tenía idea de porque era. Aunque una parte de la chica pelirroja le decía que sucedía, como un foco rojo, decidió no hacerle caso a ese instinto hasta tener más pruebas.
—Y ¿a ti que tanto te importa?—pregunto con curiosidad la mejor amiga de Chloe.
Ambos chicos se quedaron en silencio. En realidad Nathaniel estaba muy confundido. En cualquier momento le iba a empezar a doler la cabeza si no averiguaba porque se sentía tan enojado con Sabrina y con Chloe. ¡¿Qué demonios le estaba pasando?!
Aunque no lo quisiera admitir, Nathaniel estaba comenzando a considerar a la excéntrica hija del alcalde como una amiga. Su compañía había resultado estimulante y en más de una ocasión lo saco de sus casillas. Pero estas pequeñas peleas con Chloe que había tenido en la pasada semana no se parecían en nada a las peleas que solía tener con anterioridad. Estas eran amistosas y tenían cierto grado de complicidad.
El silencio de la habitación se fue haciendo cada vez más pesado. Nathaniel no sabía que decir para disculparse por su comportamiento. Sabrina trataba de entender porque su amiga se había desmayado. Para la suerte de ambos, cierta chica italiana se apareció por ahí antes de que estallara un problema.
— ¿Qué paso con Chloe?—pregunto Lila acercándose a su amiga.
—Pregúntale a Sabrina—contesto Nath, aunque inmediatamente se arrepintió de decirlo.
—No es mi culpa. Chloe se ha estado esforzando mucho para mejorar, regreso a sus clases de violín y de natación, tampoco ha comido bien. Es obvio que se pondría mal en algún momento—contesto Sabrina haciendo las conexiones en las que tanto había trabajado en su cabeza.
Lila estaba a punto de preguntar algo cuando Chloe comenzó a revolverse en la camilla. La joven rubia comenzó a despertar con dificultad y lentitud. Se sentó en la cama tocándose la cabeza y sintiéndose muy mareada con ganas de vomitar. Alzo la cabeza para ver a esas tres personas observándola expectantes. De repente, Chloe se sintió feliz. Al parecer no estaba sola.
— ¿Que paso?—preguntó Chloe tocándose la cabeza.
—Te desmayaste—explico Nathaniel.
—Deberías comer algo—suspiro Sabrina acercándose a su amiga—. Te ves muy pálida.
— ¿Te pusiste maquillaje?—pregunto Lila algo curiosa. Había notado el cambio en la tonalidad de Chloe desde que llego y le pareció que le faltaba maquillaje—. No se nota.
— ¿Qué?—pregunto sorprendida Chloe. Comenzó a buscar alguna cosa sobre la cual podía ver su reflejo.
Nathaniel la observo sin entender que estaba pasando ¿porque a las chicas les importaba tanto su imagen? Chloe era bonita incluso sin maquillaje, como estaba en ese momento.
Pasaron varios minutos en los que Chloe se observó en el reflejo del celular de Sabrina. Se veía terrible, las ojeras de cansancio y los labios con tan poco color la traían loca. No se veía muy bien así. Su madre seguro la mataría por lo mal que se veía. Necesitaba maquillaje enseguida.
—Sabrina—llamo a su mejor amiga— ¿podrías traerme mi set de maquillaje? Está en mi casillero.
—Claro—acepto la chica acercándose a la puerta—. ¿Alguien más quiere que le traiga algo?
— ¿Podrías traer mi mochila?—pidió inesperadamente Nathaniel haciendo que todas ahí lo observaran extrañadas—. ¿Qué? Necesito algo de mi mochila.
Una risa generalizada salió de los labios de las tres chicas. Sabrina salió de la enfermería a buscar lo que le pidieron y Lila se despidió para ir a su clase. Ir en un salón distinto era un problema. Nathaniel no se permitió separarse de su asiento al lado de la cama de Chloe aunque le pareciera incomodo que ella siguiera observándose con detenimiento en el celular.
— ¿Enserio importa tanto si estas maquillada?—pregunto Nathaniel preguntando.
—El maquillaje es un arte—contesto Chloe sin voltear a verlo.
—La pintura es un arte—contraataco Nathaniel.
—La música es un arte—contesto la rubia hija del alcalde.
—La danza—se acercó Nath a la chica desafiándola a seguir con esa absurda discusión.
—La arquitectura—le contestó Chloe acercándose más al chico.
—La escultura—susurro Nathaniel.
— ¿El cine?—pregunto Chloe algo confundida, nunca le había quedado claro porque la cinematografía era considerada arte.
—Si—le contesto Nathaniel rodando los ojos. Chloe era inteligente aunque a veces se ponía un poco despistada.
—Y el maquillaje es el arte que falta—explico Chloe sonriendo con sorna.
— ¡No!—dijo Nathaniel—. El que falta es la literatura.
— ¿Enserio?—pregunto la chica. Claro que lo sabía, pero hacerse la chica rubia tonta era su especialidad–. No importa, maquillarse sigue siendo un arte.
—Porque lo seria, digo, ¿qué propósito tiene maquillarse para las mujeres?—pregunto Nathaniel poniendo el rostro pensativo y recostándose en la silla donde estaba.
—Porque ayuda a esconder lo que no nos gusta. Por eso—respondió Chloe con la mirada pérdida en el vacío—. Se nota que no sabes sobre mujeres.
Sabrina entro en ese momento a la enfermería seguida por la enfermera quien al parecer al fin había terminado de desayunar. Sabrina entrego su mochila a Nathaniel quien empezó a buscar algo en ella.
La enfermera hizo algunas preguntas a Chloe sobre su alimentación de los últimos días. La rubia se reusó a contestar en un principio, aunque después de un rato termino escupiendo todo lo que pasaba. Al parecer, había pasado mucho tiempo yendo y viniendo con profesores, arreglando viejas relaciones y forjando nuevas. No había comido bien en tres días.
—Será mejor que comas algo—sugirió la enfermera—. Después podrás irte a casa, al fin y al cabo casi es hora del almuerzo.
—Ten—dijo Nathaniel acercándole a Chloe el recipiente que su madre le había dado en la mañana—. La preparo mi mama. Come.
Chloe estaba extrañada pero al mismo tiempo muy extasiada. Abrió el recipiente y el olor de la comida casera inundo el lugar. Chloe nunca había probado comida casera. El sabor era distinto, sabía a amor.
—Así que ¿tocas el violín?—pregunto Nathaniel bastante interesado en aquel detalle.
—A los once años Chloe era la mejor violinista de su clase—comento Sabrina—. Pero después del divorcio...
—Gracias—interrumpió Chloe a su mejor amiga con tono arisco—no es necesario que digas eso.
—Es la verdad—dijo Sabrina.
—Me gustaría escucharte—Nathaniel estaba muy curioso.
Nunca había pensado que Chloe fuera una persona culta. Tampoco que supiera algo de arte. Pero al parecer la chica era más de lo que podía ver. La hija del alcalde era alguien muy interesante.
—Tal vez podrías ir al hotel—contesto Chloe llevándose un bocado de la comida del recipiente a la boca—a las seis tengo practica hoy.
—Si, tal vez vaya—contesto Nathaniel pensativo.
Y así lo hizo. Después de que la enfermera llamara a la señora Diana Burgeois, la mujer llego a la escuela casi a la hora del almuerzo. Después de las respectivas presentaciones que hizo Chloe, su madre se la llevó al hotel. Nathaniel no pudo evitar quedarse pensativo.
Se quedó un rato platicando con Sabrina hasta que salieron del salón Juleka y Rose. Ambas chicas eran probablemente las únicas personas del salón que consideraba unas verdaderas amigas. Aunque ellas no se hubieran acordado de su cumpleaños el año pasado. De cualquier manera, Juleka y Rose eran las únicas que se preocupaban por incluirlo en sus actividades.
Sin embargo, desde hacen una semana, había otra persona que se preocupaba mucho por él. Nathaniel no entendía porque Chloe había puesto su atención en él. La verdad es que ni Chloe sabía por qué había decidido incluirlo en su vida.
Rose llamo su nombre desde la entrada haciendo que Nath y Sabrina se desviaran de su plática sobre alguno de sus pocos temas en común. Nathaniel se despidió de la joven pelirroja acordando que se verían en frente del hotel antes de las seis.
Nath corrió hasta las chicas, quienes esperaban junto a Alix, Kim y Max. Últimamente se juntaban mucho con esos tres chicos. Es probable que Mylene e Iván se hubiesen ido por su cuenta y que el cuarteto estrella del salón fuera a casa de Marinette a almorzar.
Los seis jóvenes caminaron jovialmente hasta la casa de Alix, donde los esperaba un almuerzo divertido, o al menos eso era lo que todos esperaban sucediera. Aunque el ambiente con el que marchaban era de plática y risas, cinco de esos seis jóvenes estaban seriamente preocupados. Nada más y nada menos que por el más introvertido del grupo.
Al fin sentados todos en la por lo usual vacía mesa de Alix, todos esperaban el mejor momento de sacar el tema a colación. Al final, le toco a Juleka comenzar la intervención.
— ¿Sabes, Nath?—intervino Juleka esperando encontrar la forma de exponer el tema—estamos preocupados por ti.
— ¿Porque?—pregunto Nath extrañado por la afirmación.
—Pues, últimamente has estado muy atento a una chica en especial—dijo Rose.
— ¿Cómo?—pregunto Nath, aunque tenía una idea de a que se referían sus amigos.
Mira, no creemos que Chloe sea buena para ti—explico Max rápidamente.
Nathaniel no supo que contestar por unos momentos. En realidad, si no hubiera conocido la parte amable y sensible de Chloe tampoco pensaría que su cambio fuera genuino. Pero Chloe le había abierto cavidad en su vida y le agradaba saber que era lo suficientemente especial para que la Queen Bee pusiera su vista en él. Así que, al final, no sentía que la compañía de Chloe fuera mala.
Ustedes no la conocen—termino por contestar Nathaniel restándole importancia al tema.
—Lo decimos porque nos preocupas—intervino Alix—conozco a Chloe desde hace mucho tiempo. Chloe nunca cambiara.
Era obvio que todos ellos tenían una visión preconcebida de Chloe. No los culpaba, él también la tuvo. Pero ahora, ella era su amiga y creía en lo que decía. Aunque le costara aceptar lo de ser amigos. Y ellos nunca entenderían sin haberlo experimentado en persona.
—Oye, te entiendo—empezó Kim llamando la atención de todos—. Entiendo que es lo que significa dejarse inmiscuir por las muchas ventajas que tiene ser amigo de Chloe. Pero lejos de esos contactos, ella no vale nada.
Sin duda esa afirmación no le había agradado para nada. Además, ¿no había sido Kim el que persiguió a Chloe durante medio año el ciclo escolar pasado? En su parecer Kim estaba descargando la furia de su rechazo, o tal vez a él le molestaba que hablaran mal de un amigo. ¿No era eso de lo que se quejaban sobre Chloe?
—Chloe no te conviene—acabo Rose.
—No estoy saliendo con ella—aclaro Nath sintiéndose un poco enojado por la repentina conversación—. Tampoco es como si Kim siempre hubiera sido la mejor persona del mundo.
El aludido y su novia lo observaron sin creer que el joven más calmado del grupo les estuviera recordando eso. Kim solía ser bastante parecido a Chloe en muchos aspectos. Pero había cambiado con la ayuda de Alix y de Max. Ahora era una persona que sin duda haría un bien a la sociedad y que podía tener muchos amigos.
El celular de Nathaniel comenzó a sonar, como si el cielo hubiera querido salvarlo de tan embarazosa situación. Reviso el mensaje de Whatsapp que acababa de llegarle extrañándose de que Lila le preguntara si iba a ir a ver a Chloe esa tarde y pidiéndole verse antes de eso.
—Creo que tengo que irme—dijo Nathaniel contestando en mensaje de Lila.
Nath se levantó rápidamente salió hecho furia de la casa de Alix, apenas se despidió asintiendo con la cabeza de sus llamados amigos. Estaba enojado, realmente enojado en ese momento.
¿En verdad había sido tan necesario arruinar su buen humor de la mañana?
Lila estaba esperando debajo del arco del triunfo. Al igual que Nathaniel, Lila llevaba una semana como amiga oficial de Chloe. Siendo sincera, era la primera vez en su vida que se preocupaba realmente por alguien. En realidad era la primera vez en su vida que tenía alguien a quien en verdad podía llamar amiga.
Estuvo esperando otro rato más hasta que Nathaniel se dignó en aparecer. El chico le parecía una persona un poco seca. No era un modelo o adonis como Adrien, pero tenía su atractivo. Eso no quitaba el hecho de que podía sentir cierta tensión entre el artista y la princesa de París (léase la hija del alcalde).
Chloe le había dado su primera amistad sincera en toda la historia de su vida y Lila se lo pagaría consiguiéndole el novio que inconscientemente llevaba deseando ya mucho tiempo.
— ¡Hey! ¡Lila!—grito Nathaniel del otro lado de la carretera, cruzo la rotonda y llego al arco del triunfo con rapidez.
— ¡Hola Nathaniel!—saludo la chica italiana—. Empezaba a creer que no ibas a venir.
Y no iba a ir. Apenas salir de la casa de Alix pensó que lo mejor era ir a su propia casa para calmarse. Pero al final había terminado asistiendo al llamado de Lila. Al parecer, la chica tenia cosas importantes que hacer y necesitaba de su ayuda.
— ¿Para qué me necesitas?—pregunto Nath algo cansado. Al final era difícil tener una sonrisa con el día que había tenido.
—Un amigo de Italia está muy interesado en conocer a la princesa de París, Chloe. Así que me pidió que le comprara un regalo—comento Lila esperando alguna reacción en el chico—. Y necesito ayuda.
No tuvo que esperar mucho tiempo para obtener una reacción. Aunque no supo si era porque estaba cansado o había algo más escondido en la mirada enojada de Nathaniel. La siguiente media hora Lila lo trajo de tienda en tienda buscando un bonito collar de jade que combinará con los ojos azul intenso de Chloe.
Cerca de las seis de la tarde Sabrina esperaba a ambos jóvenes en la entrada del hotel. Ahí, Lila cargaba una pequeña bolsa rosa con morado que llevaba dentro en collar de jade más bonito que había encontrado. Comprarlo no había salido barato.
Nathaniel se apresuró a entrar al hotel mientras Lila y Sabrina platicaban sobre alguna cosa que al chico no le importaba. La locura de Lila lo traía muy molesto, solo quería sentarse en algún lado y no pensar en nada. Apenas entrar el mayordomo de Chloe lo reconoció sin mucho esfuerzo. La señorita Burgeois le había dado una foto de sus nuevos amigos mientras se preparaba para la clase de violín en su alcoba.
Estaban caminando hacia la habitación cuando se escuchó el grito de una mujer regañando. Nathaniel apresuro su paso hacia la habitación no muy convencido de si la chica dentro estaba bien. Apenas abrir la puerta, una muy enojada Chloe volvía a colocarse el violín en posición para empezar a tocar.
Las melódicas notas del "Hallelujah" de Leonard Cohen se escucharon por la habitación, acercándose hacia el final de la interpretación la mano de Chloe se resbalo y la canción se interrumpió de repente. La chica rubia suspiro cansada. Era la tercera vez que intentaba, pero en verdad que estaba oxidada.
—Suena bien—comento Nathaniel de repente.
La joven rubia volteo la vista para ver a sus amigos en la puerta. No creía que en verdad fueran a verla. A pesar de que siempre había tenido a Sabrina a su lado, no estaba acostumbrada a tener gente que la visitara solo porque sí. De repente se dio cuenta, que fuera lo que fuera en lo que se quisiera convertir, quería que ellos estuvieran a su lado.
Sabrina no pudo evitar sacar unas cuantas lágrimas. Hacía años que no veía a su amiga tan llena de vida y de felicidad, extrañada a la chica que era Chloe antes del divorcio de sus padres. A la joven fuerte que la defendió de pequeña. A la mejor amiga que siempre estaba a su lado y por la que daría todo.
—Inténtalo otra vez—pidió Sabrina.
En esta ocasión, la profesora le explico a Chloe con más delicadeza todo aquello que se le había olvidado en esos años. Al parecer la presencia de Lila, Sabrina y Nathaniel había logrado ablandar el mal humor de la rubia. Quince minutos después, Chloe logro interpretar la canción, con menos errores que antes y eran menos notorios. Cuando termino la interpretación una gran sonrisa se extendió por su rostro.
Nathaniel fue el primero en acercarse a Chloe. Seguido por el resto de las personas en la habitación no tardaron nada en felicitarla por su mejora. Ya no sería la mejor violinista de su clase, si es que regresaba a ella, pero por el momento las clases particulares eran suficiente.
—Mira—se acercó Lila con el collar que habían comprado hace un momento—es algo que te compramos Nath y yo.
— ¿Por qué?—pregunto extrañada Chloe.
—Por ser nuestra amiga—contesto Lila.
Chloe no tardo nada en ponerse el collar. ¡Wow! Se veía muy caro. La gente dice que cuando haces algo bueno por los demás se te regresa, Chloe nunca lo había creído. Pero, últimamente, había empezado a comprobar algunos de esos rumores.
—Sabes Nath—le dijo mientras se sentaban en los sillones rosas de su habitación.
Lila y Sabrina se escondían detrás de una revista de moda, observando a la pareja como si se trataran de un par de celestinas.
— ¿Qué?—contesto el chico.
—Siempre le tuve mucha envidia a Marinette—admitió. Le había costado más de tres meses en terapia y decidirse a ser mejor persona aceptar algo que era muy lógico.
— ¿Por qué?—a Nathaniel no le parecía que Chloe tuviera algo que envidiarle a los demás.
—Tiene admiradores, amigos, una carrera por delante, sabe qué hacer con su vida, incluso tiene a Adrien. Siempre creí que era la chica perfecta en esta gran ciudad. Por eso siempre la molestaba, no me gustaba que tuviera la vida perfecta—contesto haciendo un recuento con las manos de todo lo que decía—. Pero hoy, me di cuenta que no necesito nada de lo que ella tiene para ser feliz. Ni siquiera de lo que mi padre tiene.
—Y ¿qué es lo que necesitas?—cuestiono curioso Nathaniel.
—A ustedes y a la música—contesto levantándose de su asiento—. Al fin y al cabo, ¿no es por eso que existen los artistas? Para expresarle al mundo lo que hay en sus corazones.
—Tu si me entiendes—comento Nath con una sonrisa.
No se había equivocado. Detrás de la capa dura y caprichosa de Chloe, se encontraba alguien a quien valía la pena conocer. Y se sentía especial de ser el elegido para conocerla. Chloe se acercó al chico y lo abrazo con fuerza sorprendiendo a todos. Nathaniel correspondió su abrazo sin saber que estaba pasando.
—Gracias—susurro la rubia en su oído—. Gracias por darme el beneficio de la duda y creer en mí. Sé que no todos en el salón creen que puedo ser mejor persona.
— ¿Cómo lo sabes?—le cuestiono el pintor.
—Soy rubia pero no tonta—rio la hija del alcalde.
Ese día, Chloe encontró la persona en quien quería convertirse. La Queen Bee dejaría de serlo, se volvería una persona de bien sin perder sus encantos y su personalidad. Seguiría siendo Chloe Burgeois toda la vida y no había otras palabras con las cuales definirla. Seguiría siendo así por mucho tiempo.
— ¡Aleluya!—susurro Lila viendo la escena. Estaba a un paso de obtener su objetivo. En verdad que Chloe y Nathaniel hacían buena pareja.
Los artistas existen… para expresar alegrías y tristezas.
Este capítulo viene gracias al soundtrack de Gladiador... esa música fue escrita por dioses.
En fin, esta bastante largo. Me gusto mucho como esta avanzando... si vamos por el capítulo cinco y ellos se están acercando mucho, ¿que nos esperara en los próximos capítulos?. Espero que les haya gustado. En fin, si quieren buscar una buena interpretación en violín de Hallelujah les recomiendo la de Lindsey Stirling.
¿A ustedes que les gustaría ver que pasara en los próximos capítulos? Vamos, no sean tímidos con las sugerencias que se agradecen. ¿Les gusto ese momento Marichat? estuvo cortito...
Ahora, a contestar unos comentarios...
MajoPatashify: ¡Que bien que te gusto! A mi me encanta esta pareja.
AlbaSky: la cuenta la pago su novio, fueron como $200 por casa uno. ¡Que vergüenza! Yo ese día tenia pensado no comer por falta de dinero. Estoy de acuerdo contigo Nathloe son hermosos. Según yo, nadie se entero de las mentiras mas que Adrien y Marinette... eso da pie a muchas interesantes historias... Pienso desarrollar la historia con estos cuatro amigos, que serian los mas desarrollados. Sin embargo también voy a desarrollar un poco a otros personajes para darle salseo a la trama... Este fue otro cap largo, ojala te guste.
Sonrais777: lo sé, Nathaniel es un amor... so cute...
Angelsvampire29: eh aquí la continuación. Ojala te guste... tengo planeados dieciséis capítulos así que aun no termina.
GwenMcbain: New chapter... me alegra que te gustara... ojala este también te guste. Me gustaría saber tu opinión.
Joey Redpassion: A mi también me encantan estos cuatro de fondo. Son tan cute *spanglish donde?* Creo que Chloe si sería de las que dan cosas para agradecer y por eso hice la historia así. Si ves, en este capítulo no hubo mucho de Chloe, mas bien fue mas de Nathaniel. Pero eso no evita que este padre la historia. Ojala te haya gustado este capítulo y también los siguientes...
Sin mas que decir por el momento... me despido... Bye Bye.
Los miraculers algún día dominaremos al mundo... ocno
