Capítulo 3
CONOCES a Sasori? –Sakura lo miró, perpleja–. Pero no lo entiendo. Si no te lo he presentado siquiera... –Quítate el abrigo y siéntate, por favor.
–Si lo conocías, ¿por qué no lo has saludado? –Mientras ella intentaba entenderlo, Sasuke la ayudó a quitarse el abrigo–. Bueno, por lo menos no vas a despedirme.
–No, no voy a despedirte.
Cuando Sasuke clavó en ella sus fabulosos ojos negros, Sakura tuvo que tragar saliva. Fue un alivio dejarse caer en el sofá, pero cuando miró hacia abajo se sintió avergonzada por el escote del vestido, del que sus abundantes pechos parecían querer escapar.
–No entiendo por qué era tan importante para ti ir a buscarme al restaurante.
–Cuando mencionaste el nombre del tipo con el que ibas a cenar me resultó familiar –dijo él–. Conozco a mucha gente y Akiyama es un apellido corriente, pero cuando lo vi esperándote en la barra empezaron a sonar las alarmas.
– ¿Qué alarmas? No sé de qué estás hablando.
–Lo que tengo que decir no va a gustarte, Sakura.
Aunque solía ir al grano, Sasuke se quedó callado un momento, considerando cuidadosamente sus palabras.
Frente a él, Sakura lo miraba con expresión perpleja. Parecía muy joven en ese momento y, curiosamente, el revelador vestido aumentaba esa impresión.
– ¿Cuántos años tienes? –le preguntó.
– ¿Perdona?
–No, déjalo, no importa. No es fácil decir esto, pero Akiyama no es el tipo que tú crees que es.
–No sé de qué estás hablando. ¿Sasori Akiyama no es Sasori Akiyama? ¿Entonces quién es?
–Trabajó en una de mis empresas. Cuando me pareció reconocerlo volví a la oficina y estuve investigando un poco...
– ¿Has investigado a Sasori? –exclamó Sakura.
–Francamente, yo le aconsejaría a todas las mujeres que investigaran a los hombres que conocen en un bar –dijo Sasuke, irónico–. Esto no es Yorkshire.
–No me avergüenza confiar en la gente. Aunque sé que tú no lo haces y entiendo por qué. Tu padre confió en Danzou Shimura y, a cambio, él le robó todo su dinero.
La historia había salido en el periódico local durante semanas y con cada nueva revelación aumentaban las especulaciones. Fugaku Uchiha ya no estaba allí para defenderse y los cotilleos no podían ser refutados. Sakura había sentido pena por Sasuke, aunque eso era algo que no le diría nunca porque él había vuelto de la universidad con una especie de barrera protectora alrededor que repelía cualquier gesto de compasión. Pero todo aquello lo había hecho el hombre que era, un hombre que jamás otorgaba a nadie el beneficio de la duda.
Sakura se aclaró la garganta.
–Entiendo que desconfíes de la gente –repitió–, pero a mí no se me ocurriría investigar a nadie. Además, habíamos quedado en un sitio público y no pensaba irme con él después de cenar.
–Como he dicho, no tienes experiencia moviéndote en una ciudad como Londres. Akiyama fue despedido de la compañía hace un año y medio. Trabajaba en una de las empresas de informática que adquirí hace unos años y lo pillaron intentando pasarle información confidencial a la competencia.
–No te creo –dijo Sakura.
–No quieres creerme –replicó él–. Te aseguro que no me hace ninguna gracia tener que contarte esto, pero estoy haciendo de buen samaritano. Naturalmente, después de eso fue despedido sin referencias de ninguna clase y desde entonces no ha trabajado para ninguna compañía importante. ¿Te ha dicho dónde trabaja?
–No –Sakura empezaba a marearse–. ¿Estás seguro de eso, Sasuke? Es muy fácil confundir a la gente y... tal vez no sea la misma persona.
–Yo no cometo ese tipo de errores.
–Todo el mundo comete errores.
Sasuke decidió no responder.
–Podría averiguar dónde trabaja. Pero para encontrar un puesto en otra empresa de informática tendría que haber falsificado referencias de mi compañía...
– ¡No soy una niña! Si Sasori es la persona que tú dices, puedo preguntarle directamente.
–Y seguro que él inventaría alguna mentira convincente.
–Y yo me lo creería, ¿verdad? Como soy una ingenua.
– ¿Por qué me haces sentir como un monstruo? Estoy haciéndote un favor –dijo Sasuke, conteniendo el deseo de abrazarla.
–A mí no me parece un favor. Aunque Sasori fuera la persona que dices, tal vez haya alguna explicación. Y aunque fuese cierto, ¿qué tiene eso que ver conmigo?
–Tal vez Akiyama te buscó a propósito.
– ¿A mí? ¿Para qué?
–Podría ser una coincidencia, por supuesto, pero intuyo que te buscó a propósito. ¿Tú sabes el dinero que se juega en el mundo de la informática? Por eso es una de las zonas confidenciales de mi negocio. Mis diseñadores de juegos por ordenador están creando programas que podrían competir con las mayores empresas estadounidenses... y después de que Akiyama intentase vender información confidencial, me aseguré de sellar cualquier posible salida de información. Pero si Akiyama quiere vender alguna idea, tal vez se le haya ocurrido hacerlo por una ruta diferente: a través de ti.
Sakura lo miró, incrédula. Sasuke podría estar equivocado, ¿pero cometería un error como ése? Cuando se trataba de los negocios, su inteligencia era legendaria. Todos hablaban de él con reverencia, con admiración, como si todo lo que tocase se convirtiera en oro.
– ¿Te ha hecho preguntas Akiyama sobre la compañía?
–Se ha mostrado interesado en mi trabajo...
–Ah, claro.
–Todo el mundo merece una segunda oportunidad. Incluso la gente que ha estado en la cárcel.
Pero se dio cuenta de que el tema de su trabajo había salido a menudo en las conversaciones. Como se sentía halagada por el interés de Sasori, no le había contado que lo que hacía en la compañía Uchiha era irrelevante. Ni siquiera le había dicho que su oficina era del tamaño de un armario.
–Creo que Akiyama está manipulándote para obtener información –insistió Sasuke.
Sakura se levantó para servirse un vaso de agua. La enfurecía que hubiese decidido investigar a Sasori para humillarla, diciendo luego que le estaba haciendo un favor.
Se dio cuenta entonces de que prefería admirarlo desde lejos. Entonces, que su corazón se volviera loco cada vez que lo veía había sido un poco inconveniente pero nada más. Se recordaba a sí misma en la vicaría, leyendo un libro y soñando despierta que Sasuke se enamoraba de ella. A los diecisiete años, había sido un sueño muy bonito...
Pero tenerlo tan cerca, decidido a salvarla de sí misma, era más de lo que podía soportar. Era demasiado. Se sentía como la proverbial polilla atraída por la luz, sabiendo que cuanto más se acercase, más peligrosa era la situación.
No quería que le prestase tanta atención, no quería que pensara que tenía que cuidar de ella como si fuera una niña. Quería que volviera a ser el hombre al que admiraba de lejos...
Sakura parpadeó para volver al presente.
– ¿Qué información podría querer sacarme Sasori? Yo no sé nada sobre software. Tengo un ordenador en el despacho, pero apenas lo uso. Y no sé nada sobre los programas que crea la compañía. ¿Qué iba a contarle?
Sasuke se apartó de la ventana para alejarse un poco de ella, pero era una habitación muy pequeña y desde cualquier ángulo se veía enfrentado con su suave piel, con esa cara de ángel...
–Te equivocas si crees que Sasori me ha buscado para robar secretos de la compañía –insistió Sakura.
–Tú y yo sabemos que no puedes contarle nada sobre la compañía, pero Sasori no lo sabe.
–Por favor...
Sakura había creído que su vida como chica soltera en Londres empezaba con Sasori. Pero su cita con él no había sido lo que esperaba y ahora aquello...
–Ese hombre está utilizándote y tienes que librarte de él. Desde mi punto de vista, te conviertes en un peligro en el momento que se cuestiona si se puede o no confiar en ti –dijo Sasuke entonces.
– ¿Qué? Pero tú sabes que yo nunca le contaría nada a nadie... ¡y no hay nada que pueda contar!
–Por el momento.
– ¿Estás diciendo que no confías en mí?
Sasuke se encogió de hombros.
–Las charlas de cama crean una magia extraña.
¿Quién sabe si Sasori podría convencerte para que le pasaras algún archivo? Akiyama conoce el edificio, puede decirte qué archivos le interesan o dónde buscar. No hay ninguna posibilidad de que consiga algo importante, pero no estoy dispuesto a arriesgarme. Sakura ni siquiera sabía si quería seguir viendo a Sasori, pero la ponía furiosa que le diera órdenes.
–Muy bien, me lo pensaré –tuvo que decir por fin.
–Tendrás que hacer algo más que eso.
– ¿O perderé mi trabajo?
–Lamentablemente, así es.
No parecía sentir el menor remordimiento, como si no tuviera importancia. Y Sakura, que siempre era capaz de ver algo bueno en cualquier situación, se dejó caer sobre el sofá, deprimida.
Sasuke tuvo que hacerse el fuerte para no consolarla. Pero lo hizo, dejó que el silencio se alargara y unos minutos después salió de la habitación, el sonido de la puerta al cerrarse como una bomba.
Después de haber descubierto que Akiyama era un estafador, había esperado que Sakura le diese las gracias. Si alguien le hubiera dicho a él que una de las chicas con las que salía sólo estaba interesada en su dinero, se habría librado de ella inmediatamente, agradeciendo que le hubieran dado esa información. Claro que él era una persona realista, Sakura no lo era.
En lugar de echarle los brazos al cuello para darle las gracias, se había mostrado incrédula, desagradecida e incluso lo había puesto en la posición de tener que darle un ultimátum.
¿No decían que las buenas obras siempre recibían un castigo?
Sasuke pasó el fin de semana inquieto. No podía creer que Sakura eligiera un hombre al que apenas conocía por encima de su consejo y por encima de un trabajo más que bien pagado. La idea de despedirla, aunque no tendría otra opción si no dejaba a Akiyama, no lo llenaba de entusiasmo precisamente.
Su madre nunca le pedía nada. Incluso cuando se encontró sin dinero y sin hogar, ni una sola vez le había pedido ayuda. Lo único que había hecho era protegerse a sí misma de la crueldad de la prensa, de modo que la idea de decepcionarla no le resultaba agradable.
Pero el domingo por la noche estaba dispuesto a hacer lo que tenía que hacer y no perdió el tiempo debatiendo los pros y los contras.
A las siete, aparcaba su Aston Martin frente al edificio de la pensión en la que vivía Sakura. La había llamado un par de veces sin recibir respuesta y la luz de su habitación estaba apagada, de modo que no estaba allí. Daba igual, la esperaría.
No se detuvo a analizar si era correcto aparecer en su casa para preguntarle si había tomado una decisión: Akiyama o su trabajo.
Había estado de mal humor todo el fin de semana, pero empezaba a animarse y estaba hablando por el móvil cuando ella apareció.
Sakura no vio el Aston Martin aparcado entre una moto y una furgoneta blanca. Francamente, no se daba cuenta de nada mientras sacaba las llaves del bolso con manos temblorosas y tampoco oyó los pasos en la acera cuando por fin abría el portal.
Pero cuando alguien puso una mano en su brazo, lanzó un grito y golpeó a su atacante en la cara con el bolso.
– ¡Por el amor de Dios! ¿Se puede saber qué haces?
¡Sasuke!
Conteniendo el deseo de golpearlo otra vez, Sakura entró en el portal y estuvo a punto de darle con la puerta en las narices... y lo habría hecho si Sasuke no la hubiera sujetado con la mano.
– ¿Qué haces aquí?
– ¿En este momento? Preguntarme si me has roto la mandíbula – respondió él–. ¿Qué llevas en el bolso, piedras?
–Si no aparecieras de repente como un ladrón, no te habría golpeado. – Estoy empezando a creer que cuando se trata de ti, el aspecto engaña –admitió él.
–No me apetece hablar contigo.
– ¿Por qué no? ¿Dónde has estado?
–No es asunto tuyo. Márchate.
–Sabes que no voy a marcharme. No llegamos a una conclusión el otro día.
Sakura no dijo nada mientras subía al segundo piso, pero en caso de que pensara darle con la puerta en las narices, Sasuke puso una mano en el quicio.
–Te he dicho que no quiero hablar contigo –repitió Sakura. Aunque no sabía para qué se molestaba porque allí estaba Sasuke, en su habitación, esperando una respuesta. Y sabía que no se iría sin recibirla.
Ya no se trataba sólo de que saliera con el tipo equivocado, sino que ese tipo podría ser una amenaza para su compañía. Entendía su ansiedad, pero eso no significaba que le gustase verlo allí otra vez, haciéndola sentir incómoda.
Sakura se quitó el abrigo, pero debajo no llevaba un vestidito negro, sino un pantalón vaquero y un cardigan grueso abrochado hasta el cuello. Y, sin embargo, él no podía dejar de verla con aquel vestido negro tan sexy. Y luego sin el vestido, desnuda, echando la cabeza hacia atrás para que pudiera jugar con sus generosos pechos, llevando una mano hacia su erección...
La inmediata reacción de su cuerpo lo sorprendió de tal modo que tuvo que apartar la mirada.
–Sí, lo sé.
–Ese tipo no te merece, Sakura.
La luz de las farolas hacía que su pelo negro pareciese un azul oscuro y se preguntó por qué nunca hasta entonces se había fijado en lo delicado de sus facciones: los ojos grandes, la nariz pequeña y recta, unos labios generosos y un rostro ovalado. Tal vez porque Sakura nunca lo miraba a los ojos si podía evitarlo.
– ¿Cómo sabes que he estado con Sasori? Bueno, da igual, no me lo cuentes. Hemos terminado, así que ya no tienes que preocuparte.
–Me alegro –dijo él–. Has hecho lo que debías hacer.
–No te importan los sentimientos de nadie, ¿verdad? Lo único que te importa es tu empresa. No te importa que Sasori haya sido el primer hombre con el que he salido desde que llegué a Londres.
–Y mira cómo ha terminado el asunto. Si crees que ahora te ha roto el corazón, imagina lo que habría pasado si hubierais salido juntos durante seis meses o un año. ¿Cómo te habrías sentido si te hubiera dejado entonces porque no podías darle lo que buscaba?
– ¿Cómo puedes ser tan frío? –exclamó Sakura.
Pero lo peor de todo era que tenía razón. En cuanto le contó a Sasori que había decidido dejar su trabajo en la compañía Uchiha, sintió que él se apartaba. Su entusiasmo por pedir la cuenta mientras ella le hablaba del estrés de trabajar en una compañía tan grande y su deseo de buscar empleo en algo relacionado con la jardinería habría sido gracioso si no fuera tan deprimente. Nunca sabría si había salido con ella para intentar robar secretos de la empresa, pero estaba claro que había querido encontrar la forma de infiltrarse, tal vez para vengarse de Sasuke por haberlo despedido.
Sabía que era un manipulador y un sinvergüenza, pero eso no le hacía mucho bien a su autoestima. Y que Sasuke estuviera allí prácticamente riéndose de ella era la gota que colmaba el vaso. –Tú no sabes lo que es llevarte una desilusión así. Eres como un bloque de hielo.
–Era un manipulador, Sakura.
– ¡Ya sé que era un manipulador! Y sé que esa relación no habría funcionado, pero estaría bien que no me lo restregaras por las narices. Todo esto es una broma para ti porque no quieres tener una relación con nadie.
–Te he hecho un enorme favor.
–Pues no me apetece darte las gracias.
Estaban a unos centímetros el uno del otro. Sakura no sabía cómo sus pies la habían llevado hasta él, pero al ver los puntitos blancos en sus ojos negros se quedó sin aliento.
– ¿Te sientes mejor ahora? Es lógico que te enfades, Sakura. Lo comprendo.
–No estoy enfadada.
–Si no te enfadas de vez en cuando, la gente te tomará el pelo. Si quieres, buscaré a Akiyama y le daré una paliza en tu nombre.
Ella parpadeó, sorprendida.
–No creo en la violencia.
–Siéntate. Voy a hacer un café.
– ¿Por qué estás siendo tan amable?
Sasuke esbozó una sonrisa que aceleró su corazón. Pero se había llevado un disgusto esa tarde y la idea de estar sola le parecía deprimente.
Además, aquélla era una faceta de Sasuke que no había visto antes... seguramente una faceta que atraería a las mujeres por hordas. Porque rico o pobre, Sasuke Uchiha siempre tendría un club de fans.
Cuando se puso en cuchillas a su lado para ofrecerle una taza de té, Sakura se sintió especial. Era ridículo y le gustaría luchar contra ese sentimiento, pero su desilusión con Sasori la hacía sentir particularmente vulnerable.
–Tenías razón –admitió por fin–. Mi sitio no está en Londres.
– ¿Porque un tipo te ha engañado? No puedes darte por vencida tan pronto –Sasuke se sentó frente a ella.
–Porque debería haberme dado cuenta de que quería engañarme.
Sasuke tomó su mano entonces y aunque Sakura estuvo a punto de apartarla, al final no lo hizo. Se daba cuenta de que era un gesto de consuelo, nada más.
–En fin... –no se atrevía a mirarlo por miedo a que el brillo de sus ojos y el contacto de su mano la empujaran a hacer algo realmente estúpido, de modo que respiró profundamente.
–No tiene sentido que siga trabajando para ti.
– ¿Por qué dices eso?
–Te estoy muy agradecida, pero la verdad es que no tengo suficiente experiencia de la vida. ¿Y si tú no hubieras reconocido a Sasori? ¿Y si hubiera hecho... lo que fuera que quería hacerte? Yo no me habría dado ni cuenta. Además, no tengo experiencia profesional, no te sirvo de mucho en la oficina.
Pensó entonces en las ilusiones que tenía cuando llegó a Londres. Vivir en un pueblo pequeño había sido estupendo hasta entonces, pero era una suerte tener un puesto en una compañía como la de Sasuke. Había pensado que iba a adquirir experiencia, que todo sería más fácil. Conocería a mucha gente, saldría con sus amigos y tendría novios...
Sí, había hecho amigos, pero el optimismo sobre su trabajo en la oficina había demostrado ser una ilusión. Le resultaba difícil acostumbrarse a las labores informáticas y se dedicaba a hacer lo que nadie más quería hacer en la oficina. ¿Cómo iba a competir con empleados que tenían un título universitario y varios idiomas?
¿Y dónde estaban esos novios que iban a hacerla olvidar su obsesión por Sasuke?
–Ahora me siento mucho mejor –dijo entonces, intentando sonreír–. Y no pienso volver a enfadarme.
– ¿Por qué no? Soy duro, puedo soportarlo.
–Tengo que ser realista, así que volveré a Yorkshire –afirmó Sakura–. No tiene sentido que busque otro trabajo en Londres. He estado en los jardines Kew para preguntar si había algún puesto libre, pero me han dicho que no. También había pensado hacer un curso de paisajismo... eso es lo que me gusta, Sasuke. Trabajar en una oficina no es para mí.
– ¿Por qué no me miras a los ojos? No voy a morderte.
Que no lo mirase a los ojos mientras hablaba empezaba a molestarlo de verdad. ¿Tanto miedo le tenía?
Pero su enfado lo había hecho ver que había una apasionada naturaleza bajo ese tierno exterior. ¿Entonces por qué no lo miraba? ¿Estaría intentando esconder algo?
Sakura intentó decir algo sensato, pero tenía la boca seca. Lo único que podía ver era ese atractivo rostro tan cerca del suyo y lo único que podía escuchar eran los latidos de su corazón.
–Ah, ya veo lo que intentabas esconder –dijo Sasuke entonces.
No lo había sospechado siquiera. Pasaba tan desapercibida en la oficina que no se había dado cuenta...
– ¿Qué quieres decir?
– ¿Es porque te he pillado en un momento particularmente vulnerable?
–No te entiendo.
–Claro que me entiendes –Sasuke alargó una mano para apartar un mechón de pelo de su cara y Sakura cerró los ojos sin darse cuenta.
Ésa fue la gota que colmó el vaso para Sasuke quien, dejando escapar un gemido ronco, tiró de ella con impaciencia. Su pelo era como la seda...
Sakura pasó de la fantasía a la realidad y se sintió perdida de repente.
Aquel momento había aparecido en todos sus sueños desde que era una cría. Le parecía irreal, pero el cosquilleo que sentía entre las piernas no lo era.
¿Estaba ocurriendo de verdad?
Pero el calor de sus labios era como un ciclón y se rindió por completo, dejando escapar un gemido de placer cuando la apretó contra el respaldo del sofá.
Siempre en control de cualquier situación con una mujer, Sasuke se encontró de repente sin control alguno.
–En este momento no te sientes segura de ti misma... –empezó a decir, intentando insertar un poco de racionalidad a la situación.
–No hables, por favor... no digas nada.
Mientras Sasuke metía una mano bajo la camisa para tocar su pecho, Sakura sentía como si no fuera ella misma. En su fantasía, siempre había sido suave como un sueño; la realidad era feroz, dramática y abrumadora. Era como si su cuerpo se hubiera separado de su mente y el sentido común hubiera desaparecido, empujado por una ola de deseo desconocida para ella.
Sasuke se movió y el roce de su erección contra su vientre provocó un río de lava entre sus piernas.
–Vamos al dormitorio –murmuró Sakura.
Si hubo un segundo de duda por parte de Sasuke, no se dio cuenta ya que se limitó a suspirar mientras la tomaba en brazos, riendo cuando ella le dijo que pesaba demasiado.
– ¿Crees que soy un flojo? –murmuró con voz ronca, dejándola sobre la cama y apartándose un momento para mirarla.
Pero no por mucho tiempo. No podía quitarle la ropa a velocidad suficiente y le volvía loco cómo lo miraba, sus ojos tímidos y sensuales a la vez. Era lo más excitante que había visto nunca.
Sin embargo, el mínimo sentido común le hizo preguntar:
– ¿Estás segura, Sakura?
Ella asintió con la cabeza y eso fue todo lo que necesitaba.
