Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.


La Princesa y el Artista

Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.


Amable, dulce y tierna

Marinette pataleo una vez más mientras Chat Noir entraba por la ventana a su gigantesco cuarto en la mansión Agreste. Ya dentro, el felino héroe bajo a la chica y la sentó en su sillón. Marinette se notaba tan enojada que no puso atención al momento en que Chat Noir se convirtió en Adrien Agreste. Se cruzó de brazos y evito la mirada de su novio.

—Se puede saber de dónde vino esa escena—pregunto Adrien tratando de llamar la atención de la chica chino-francesa.

Indignada, Marinette se levantó del asiento y se acercó al modelo que tenía por novio ¿en verdad no sabía porque estaba enojada? Había estado enojada con él una semana como para que ya se hubiera enterado.

—Chloe nunca me ha agradado—comento la chica.

—No es razón para querer matarla—respondió Adrien.

—Ella se lo busca siendo tan, tan, tan Chloe—contesto Marinette.

—Esa chica fue la única persona que me acompaño cuando mi madre desapareció—respondió Adrien claramente enojado—no me gusta que hables así de una amiga.

—Ahora resulta que la rubia oxigenada si es tu amiga—se burló la china-francesa.

—Cálmate Marinette—pidió el modelo con mirada seria.

— ¿Porque fuiste a verla?—pregunto Marinette acercándose al modelo amenazante.

—Ya te dije que no puedo decirte—le contestó Adrien ya fastidiado por el tema—. Si te lo conté fue para que no pensaras algo equivocado.

— ¡Pues no funciono!—grito encolerizada la chica.

— ¿Porque estás tan enojada?—pregunto el chico con un claro tono lastimero.

Marinette no escucho y empezó a golpear su pecho con fuerza. Adrien resistió los primeros golpes hasta que la chica dejó de hacerlo al tiempo que unas lágrimas se escapaban de sus ojos. En ese momento, el modelo abrazo a su novia con fuerza mientras esta le rogaba que la soltara.

Marinette se quedó quieta un momento. Su cabeza solo pensaba en la revelación que Adrien le había hecho y el por qué eso la había enfadado tanto. Al final y después de pensarlo por unos momentos supo la respuesta. Eso no hizo que sus lágrimas dejaran de fluir.

—Yo confiaba en Chat—grito entre sollozos—. Yo confiaba en Chat y en ti, y ahora siento que no puedo confiar en ninguno.

Adrien la abrazo con fuerza. No quería que Marinette se sintiera mal al revelarle su secreto, ni que s enojara con él. Pero justo eso había pasado. Esto no era para nada lindo. Espero a que las lágrimas de su novia menguaran antes de decir otra cosa.

— ¿Confiabas en mí antes?—pregunto, Marinette asintió contra su pecho—. Entonces sigue confiando, como Chat o como Adrien yo te amo y siempre podrás confiar en mí.

A pesar de sus palabras de aliento, Adrien se sentía algo culpable. Aun no le decía que ya sabía su secreto. Si así había reaccionado al secreto de otra persona, ¿cómo reaccionaría a su propio secreto revelado? Ni siquiera lo quería imaginar.

Marinette sollozo unos segundos hasta que ligeras carcajadas comenzaron a salir por su boca. Se sentía muy tonta con esta situación, desde que empezaron a salir, sus celos habían disminuido considerablemente y estaba segura de que le confiaría su vida a Chat de ser necesario. Ambos rieron durante unos minutos más, recuperando el aura de confianza que solían tener.

—Aun así me dirás que hacías en casa de Chloe—pidió la chica francesa-china.

—Deberíamos irnos, ya se nos hizo tarde para la escuela—comento Adrien cambiando el tema y tomando de la mano a su novia para salir de la mansión.

Marinette se le quedo viendo con la mirada sospechosa. Aun así siguió a su novia ciegamente hasta el colegio. Al final, simple y sencillamente era la persona que había escogido para toda la vida (por mucho que a algunos les parecía una exageración).

Ese día pasó sin demasiados contratiempos. Todos estaban felices que la pareja estrella de la clases se hubiera reconciliado y gracias a la insistencia de Adrien, Marinette se había disculpado con Chloe por armar un gran problema por ir a verla. La rubia acepto las disculpas renuente, y acabo diciendo que esperaba Adrien hubiera cumplido su promesa. Fue a la mañana siguiente que todos se sintieron en una mala copia de una de las más famosas obras de Shakespeare. Y aquel sueño (o pesadilla) inicio apenas la princesa de París entro al salón de clases.

Chloe había cambiado de maquillaje. Ninguna persona en el salón creyó que se tomaría tan enserio las palabras de Marinette. Pero al salir del Gran Hotel de París y para cuando entro al salón de clases, la rubia se veía completamente distinta. Iniciando por sus ahora inexistentes gafas de sol, siguiendo por las sombras café oscuros y el labial rojo cereza que resaltaba su bronceada piel.

Su ropa también había cambiado a tal punto que incluso Sabrina se encontraba sorprendida. Un vestido azul ceñido a la cintura y con vuelo que le daba un aire tierno y dulce. No se parecía en nada a la Chloe Burgeois que todos conocían e incluso Nathaniel se dio cuenta de eso.

Llego tarde por lo que tuvo que pedir permiso en la puerta para que Miss Bustier le dejara pasar. Se paró justo en frente y sonrió mientras juntaba sus manos en la agarradera de la nueva bolsa que combinaba con su ropa. Junto los pies y dejo que su cabello suelto le cayera libre por la espalda.

—Llega tarde señorita Burgeois—comento la profesora sonriéndole comprensiva.

—Disculpe—dijo Chloe haciendo que todos la voltearan a ver—no volverá a suceder.

Dicho eso, la profesora le hizo un gesto para que entrara al salón y Chloe se inclinó un poco para darle las gracias antes de entrar. La chica se sentó en su lugar de siempre con lentitud y delicadeza. Su voz, durante toda la jornada de clases se mantuvo casi en un susurro que, con sinceridad ponía de nervios a Sabrina y Nathaniel, así como a la mitad del salón.

Pero en lo que el artista más se fijó, fue en los labios cereza que le ponían incómodo. ¡Demonios! ¿A quién trataba de engañar? La manera en como sus labios se movían al hablar y ese labial no eran buena combinación, porque un extraño calor había comenzado a subir por su cuerpo y lo hacían querer acercarse a comprobar si el color correspondía con el sabor de sus labios. Sacudió su cabeza y se obligó a concentrarse, ¡demonios! Que al fin y al cabo era hombre y artista cuya debilidad eran las chicas lindas, como la Chloe que se estaba mostrando en ese momento.

—Hola Nathaniel—saludo la rubia acercándose a él durante un descanso.

—Hola Chloe—respondió de vuelta el chico tragando con dureza.

— ¿Quieres ir a comer algo?—pregunto con voz tierna la rubia.

Nathaniel la observo un buen rato sin entender porque se portaba así de extraña. La chica al ver su duda se sentó junto a él en el mismo asiento y sonrió ampliamente. A pesar de lo bonita que se veía, esa no era la Chloe que él conocía. La verdadera Chloe ni siquiera le hubiera preguntado si quería ir o no, solo lo hubiera arrastrado hasta el restaurante del hotel. Esa era la Chloe que él conocía.

—Supongo que si—dijo el chico.

En ese momento, Chloe tomo por el brazo al joven y se levantó junto a él.

Mientras caminaban fuera del salón, Chloe cargaba su mochila y Sabrina parecía perdida sin nada que llevar en las manos. Sabrina estaba tan acostumbrada a ser como la asistente personal de su mejor amiga que el que esta no la necesitara la hacía sentir completamente inútil. Por supuesto que no le gustaba esa sensación, pero era lo único en lo que podía pensar en esos momentos.

Mientras caminaban hacia la salida, la cabeza de Sabrina le daba mil y un vueltas a la situación. Estaba preocupada por todo y su amiga con su nueva actitud de niña buena no le ayudaban ni un poco.

— ¡Chloe!—escucho que alguien la llamaba.

Chloe sonrió forzadamente, como había estado haciendo todo el día. No quería comportarse como una niña buena, y mientras Alix y Mylene se acercaban corriendo a ella, Chloe trato de pensar en tres buenas formas para evitarlas amablemente. No se le ocurrió ni una. Ser agradable y buena con la gente no era lo suyo; pero cono que su nombre era Chloe Burgeois les demostraría a todos lo dulce que podía ser si se lo proponía.

— ¿Que sucede?—pregunto Chloe amablemente.

El grito de Mylene al escucharla bien pudo despertar a un ejército andante. Y es que Mylene no creía que Chloe se estuviera portando amable con todo el mundo. Alix, junto a Kim, eran los únicos que no se notaban tan extrañados por el repentino cambio de Chloe. Aunque eso no quitaba que la Chloe amable y dulce fuese algo raro y digno de verse.

Alix y Mylene le armaron plática durante un rato, tiempo en el que sorpresivamente Chloe se comportó amable y cordial. Ambas chicas estaban extasiadas con el cambio, aunque Mylene estaba algo tensa por la situación, no lograba decidir que era más bizarro, Chloe siendo amable o ella disfrutando de la compañía de la Queen Bee escolar. Alix también se sentía extraña, pero pensaba darle una oportunidad a Chloe después de que se disculpara con ella dos días antes. Nathaniel la observó paciente tratando de descifrar a la rubia y su cambio de imagen y conducta.

Por supuesto que Nathaniel no recordaba que la tarde anterior, después de la escuela mientras había terminado caminando junto a Chloe a su casa habían tenido una plática que afecto a la rubia. Y es que después de su pelea con Marinette, Chloe no habían dejado de pensar en las palabras de la chica francesa-china.

El día anterior estaban por llegar a la entrada del hotel, cuando Sabrina noto algo distraída a su mejor amiga.

— ¿Te pasa algo Chloe?—pregunto Sabrina.

—No—se apresuró a contestar la rubia—estoy perfectamente bien, alguien tan maravillosa como yo siempre está bien.

Por supuesto que no lo estaba. Su mirada de fastidio había desaparecido después de ese comentario, aunque Sabrina se dio cuenta de que algo no andaba bien prefirió no decir nada y seguir caminando junto a la señorita Burgeois. Como cualquier día normal, Sabrina cargaba la mochila de Chloe, Lila iba muy metida en su celular hablando con un amigo italiano que vendría a visitarla muy pronto. Pero Chloe, bueno, ella en verdad estaba demasiado metida en sus pensamientos mucho más que cualquier día normal.

Nathaniel vio a Chloe fruncir el ceño unos segundos mientras miraba al frente. Después hizo una extraña mueca de confusión y bufo. Nathaniel, siendo todo un caballero, trató de evitar reír. No lo logro del todo.

— ¿En qué tanto piensas?—pregunto Nathaniel.

—En algo de suma importancia—dijo la rubia con tono de superioridad—. Al fin y al cabo, lo estoy pensando yo.

Nath dejo salir una pequeña risa.

—Y ¿qué es?—se atrevió a cuestionar.

—Primero, dime, ¿cómo es una chica buena? Ya sabes esas que dicen que son tiernas y amables con la gente.

A Nathaniel por supuesto que le tomó por sorpresa la pregunta. Pero él no tenía ningún impedimento por contestar así que no opuso resistencia a hablar.

—Creo que sería alguien que salude a todos, que sea dulce para hablar—empezó a enumerar—alguien con carisma y que le caiga bien a todos. Tal vez incluso alguien a quien se tenga que proteger.

Chloe lo escucho sin mover un solo musculo de su rostro. No estaba segura porque, pero no le agradaba que Nathaniel se expresara de forma tan agradable de alguien que tenía esas características, en especial porque sabía quién cumplía la mayoría de ellas. Además, ¿que tenían esas chicas que la asombrosa Chloe Burgeois no pudiera imitar?

Nathaniel se olvidó por completo de aquella plática. Pero Chloe le había dado mil vueltas al asunto. Ella, siendo amable, dulce y tierna, sonaba a una mala película de Hollywood. Pero eso no evitaba que una parte de ella quisiera callar las palabras de Marinette y hacer que Nathaniel se tragara su tono enamorado al describir a ese tipo de chica. O tal vez solo eran sus inseguridades surgidas de no saber si estaba cambiando en realidad o no. Así que tomo una decisión, que era la razón por la que ahora se encontraba platicando tan calmadamente con Alix y Mylene.

Nathaniel espero que la plática terminara pacientemente. Era ese tipo de persona que no le importa esperar a un amigo si este está ocupado. Sabrina se paró a un lado de él con su celular en la mano enviando mensajes a quien sabe que persona. Cinco minutos después, Chloe se libraba de Alix y Mylene, quienes parecían satisfechas por la nueva actitud de la chica. Aunque tanto Nathaniel como Sabrina esperaban que fueran las únicas.

Caminaron juntos hacia la salida, Lila los alcanzaría en el hotel. Chloe saludo al guardia de la puerta del hotel, haciendo que este se diera un golpe en la cara esperando estar en medio de un sueño y que eso no fuera el final del mundo. En el lobby los esperaba nada más y nada menos que Diana Burgeois junto a un joven que Nathaniel reconoció rápidamente como el inglés Jesse Tamez. Eso no le agrado para nada.

—Chloe, me alegra que al fin estés aceptando los cambios—dijo su madre—esta nueva actitud te siente espectacular.

Chloe sonrió forzadamente. A ella no le agradaba tener que comportarse así, pero al parecer esto ponía feliz a su madre lo que le quitaría un peso de encina a su padre. Ahí estaba otra razón para seguir fingiendo. Se acercó a su madre y Chloe la abrazo como lo haría una hija amorosa. Cosa que Chloe nunca había sido.

—Creo que esto será magnifico Chloe—dijo Diana algo incomoda—. Por cierto el hijo de un amigo mío viene a visitarte ¿ya conoces a Jesse? Te lo presente el último día que estuvimos en Londres.

—Si, ya lo había visto antes por París—contestó Chloe tratando de sonar amable.

—Los dejare solos—dijo Diana sin importarle que los amigos de su hija estuvieran presentes y se marchó con rapidez.

Jesse observo a Nathaniel que parecía algo enojado y a Sabrina que se notaba perdida de repente. Sabrina no le importaba mucho, era fácil convencer a la mejor amiga de que era mejor para Chloe. Nathaniel nunca había representado amenaza. Además, Diana tenía razón, a Chloe le sentaba mejor esa actitud de no romper un plato, al menos durante un rato más. Le seguía gustando más la chica rica que se presentó la primera vez frente a él. Esa chica sí que era un reto.

—Un gusto volver a verte Nathaniel—saludo Jesse sacando al artista de sus fantasías.

Nathaniel solo asintió con la cabeza, sin saber porque la presencia de ese joven ingles le causaba incomodidad. O tal vez era que desde donde se encontraba se podían ver bastante bien las piernas bronceadas de la hija del alcalde ¡estúpidas hormonas de la adolescencia!

Jesse observó de pies a cabeza a la chica rubia y mientras más la veía más linda le parecía para que fuera su esposa en un futuro. Además, cuanto se llevaban, unos cinco años. No era mucho.

— ¿Quieres ir a comer algo?—pregunto Chloe. Era lo único que se le ocurría para mantener su faceta de niña buena y dulce.

—Seguro—contesto el chico—mientras me siente al lado de la chica más hermosa del lugar.

Un "ese es mi lugar" quiso escapar de los labios de Nathaniel. Tal vez porque esa era una de las cosas que un novio falso dicen ¿cierto? ¿A quién engañaba? Siempre que comía con Chloe se sentaba junto a ella, se había vuelto una costumbre que no pensaba romper por nadie. Ya le había agarrado cariño, a la costumbre por supuesto.

—Me encantaría—dijo Chloe y después tomo por el brazo a Nathaniel apretándolo con fuerza—pero siempre me siento junto a mi novio.

La Chloe normal hubiera dicho simplemente que no. Pero estas eran circunstancias extremas, no solo por el hecho de estar fingiendo ser amable, dulce y tierna; sino porque Jesse Tamez era un cliente que había que mantener satisfecho, pero a la vez era una persona con la que Chloe no tenía nada que ver. Ya había tenido una experiencia con un chico parecido a él hace dos años (aunque ese chico no tenía el dinero que Jesse), sabía como eran. Por eso en el pasado había preferido enamorarse de Adrien. Aunque, en estos momentos, su corazón estuviera tan confundido.

Se sentaron en una de las mesas del restaurante del hotel y esperaron entre pláticas sin sentido, risas forzadas y una enervante actitud adorable por parte de Chloe que llegara Lila. La italiana arribo unos minutos antes de la una de la tarde, para descanso mental de Sabrina.

— ¿De qué me perdí?—preguntó la italiana sentándose entre Sabrina y Jesse, acercando sin querer un poco a la rubia con el inglés.

—Estamos por almorzar—contesto Nathaniel tomando otro sorbo de su tercera limonada.

Lila lo noto algo enojado pero después de comprender la situación, prefirió no hablar hasta haber amenazado apropiadamente a aquel chico que no conocía pero que se estaba metiendo entre su pareja favorita. Lila le sonrió al chico cínicamente, con una sonrisa muy parecida a la de cierto tipo de chica de la animación japonesa. Si las cosas no salían como ella quería, seguro que iba a correr sangre. Metafóricamente hablando, por supuesto.

Lila había tenido una rivalidad arcaica con Chloe durante todo el año pasado. Durante ese tiempo, Lila veía a Chloe como la persona más horrible del mundo y Chloe veía a Lila como la mayor amenaza a su vida perfecta. Irónico que ahora fueran grandes amigas. Pero bien dicen que el amor y el odio se encuentran de la mano. Y no era la única persona a la que se aplicaba.

Lila había escuchado los rumores sobre el cambio de actitud de Chloe toda la mañana. No le había creído a ninguno de sus compañeros que afirmaban haber sido saludados por la hija del alcalde esa mañana con cordialidad. Pero ahora no le parecían tan fantasiosas las historias de sus compañeros. Era como ver una película de terror.

Después de escuchar a Chloe hablarle de manera linda y tierna a Jesse, Nathaniel sentía un nudo muy grande en la garganta. Ni siquiera a él lo trataba tan bien. Y justo después de pensar eso, se quedó pensando en la verdadera relación que tenían esos dos. Sería que Chloe había cambiado para que Jesse se fijara en ella. Por alguna razón aquello lo enojo aún más.

Pero no era el único no a gusto con la situación. Todos en la escuela parecían fascinados con que Chloe de repente fuera buena con todo el mundo, que de repente mostrara un lado tierno, Sabrina se sentía la única que sabía lo incorrecto que sonaba eso. Chloe no era tierna, pero no necesitaba serlo para ayudar a un amigo, no era adorable, eso se lo dejaba a quienes no tenían sus habilidades verbales. Además, solo Sabrina conocía esa parte de ella.

Terminaron de comer y Chloe se despidió de Jesse en la entrada del hotel. En su interior, Chloe rogaba que ese chico se marchara muy lejos y que lo atropellara un camión. ¿En verdad ese era el tipo de chica que su madre quería por hija? ¿Alguien que sonriera ante todo? ¿Alguien que terminara guardándose todos sus comentarios? Si era así, prefería seguir peleando con Diana.

Pero Chloe no sentía lista para dejar el papel de niña buena. Había algo en aquel experimento que aun la perturbaba, pero ¿qué?

— ¡Basta!—grito Sabrina de repente mientras Chloe saludaba a todo mundo de camino a los campos elíseos.

Ya no lo soportaba. Esa Chloe, la Chloe que estaba en el interior de la rubia hija rica del alcalde solo la podían ver las personas especiales. Ninguno de esos mortales se merecía las atenciones que su mejor amiga les prestaba en esos momentos. Y no lograba entender porque Chloe seguía esforzándose por parecer dulce, tierna y ser amable.

— ¿Qué cosa?—pregunto Chloe, aunque en su interior suponía de qué hablaba.

—Basta de este teatro que muestras—sonrió Sabrina demostrando el alivio que le daba decir lo que pensaba—. No tienes que ser algo que no quieres.

Chloe soltó una carcajada. Sabrina era la única que sabía perfectamente que el color que más odiaba era el azul y que odiaba guardarse sus comentarios. Tal vez era eso lo que necesitaba para en verdad creer que aquello de ser dulce y tierna no era lo suyo. Una parte de ella no lo creía del todo.

—Vamos a comprar algo amarillo—dijo Chloe dándole su bolsa a su mejor amiga y sorprendiendo al trio.

Sin duda, Chloe era una chica rara.

Nathaniel trato de rehusarse a ir. No, no, no, no, no. No las iba a acompañar a una tarde de compras. No lo logro, las tres chicas juntas tenían más fuerza que él. Además, la voz autoritaria de Chloe era demasiado aterradora como para retarla. Caminaron hacia la tienda favorita de Chloe, con Lila y Nathaniel peleando sobre si él ultimo necesitaba un cambio en su peinado. De repente, Sabrina que iba junto a Chloe paro de repente.

Los ojos de Sabrina se volvieron cristalinos, como si de dos posas de agua habláramos. Su labio inferior tembló en impotencia hasta que se mordió para evitar un sollozo. Estaba estática, congelada como si del más frío invierno se tratara, la sonrisa con la que hizo entrar en razón a su mejor amiga se había evaporado por completo.

Chloe siguió su vista para tratar de entenderla. Al enfocarla, descubrió tristemente lo que temía. Porque ella conocía mejor que nadie a su mejor amiga y sabía que Sabrina no aguantaría tener el corazón roto. Chloe detuvo la risa de sus acompañantes con un gesto de su mano y entonces observaron la situación.

Frente a ellos se encontraba la segunda pareja más popular del salón. Bueno, quizá la tercera si contabas que Mylene e Iván eran un amor estando junta. Sabrina era alguien más dada a enamorarse por los sentimientos que por lo superficial. Aquel chico era la única persona que, después de un único trabajo juntos, había despertado en ella el enamoramiento más profundo que había sentido a sus diecisiete años de edad. Sabrina lo había mantenido oculto, segura de que no sería correspondida pero albergando pequeñas esperanzas que se habían desmoronado cual mazapán en su pecho. Una vez, en alguna de sus novelas románticas, Sabrina había leído que el corazón de las mujeres estaba hecho de mazapán. En ese momento esperaba que fuera verdad.

— ¿Esa no es?—pregunto Lila.

—Si—interrumpió Sabrina con la voz temblorosa—. Son Nino y Alya en una cita.

Chloe puso su mano sobre el hombro de Sabrina llamando su atención. La pelirroja trataba de no ponerse a llorar en medio de la calle. El afecto que Chloe le tenía a su mejor amiga surgió por su pecho rápidamente. Puso una gigantesca sonrisa, de esas que eran reales y amables. De las que solo dedicaba a las personas especiales en su vida.

—Oye, ¿y si mejor vamos al karaoke?—dijo la rubia.

Sabrina sonrió. Le encantaba cantar. En especial porque Chloe odiaba cantar en público. Sabrina tomo la mano de su amiga y comenzó a tararear una canción que sabía la rubia odiaba cantar, pero que Sabrina consideraba su canción. Eran una amistad rara, extraña, una amistad que no necesitaba de que Chloe fuera buena y que Sabrina fuera agresiva. Era el tipo de amistad donde te aceptan tal cual son. Y al saber eso, Chloe supo que nunca más volvería a ser esa chica tierna, dulce y amable que su madre quería o que Nathaniel describía. Si alguien la iba a querer, que la quisiera como era. Además, ahora ya no era tan mala.

Detrás de ellos, Lila soñaba en tener una amistad como la de ellas y Nathaniel pensaba que era a esa Chloe a la que le gustaba ver. Esa era la Chloe que quería. Aunque el conscientemente nunca lo diría. Y Chloe tampoco aceptaría que había querido volverse una chica tierna para que Nathaniel hablara con voz de enamorado de ella. Porque simplemente, ninguno lograba entender a sus corazones.

Amable, dulce y tierna no es tu combinación.


Espero que les guste! Hoy no tengo mucho tiempo, así que contestare a los comentarios después pero AlbaSky, tu comentario me hizo el día cuando lo recibí! BESOS