Capítulo 4
SASUKE MIRÓ a la mujer que estaba a su lado en la cama, cálida, deseosa y sexy. Su deseo era tan potente como un tren en marcha. No recordaba la última vez que una mujer había provocado algo así.
¿Sería verdad que la variedad era la salsa de la vida? ¿Se habría hartado de esa idea occidental que dictaba que las mujeres sólo eran bellas cuando eran delgadísimas como palillos? No lo sabía y no se detuvo a analizarlo mientras se quitaba la ropa, tomándose su tiempo, disfrutando al verla absorbiendo los detalles de su desnudez.
Cuando se tumbó a su lado en la cama la sintió temblar.
–Eres preciosa –murmuró, con un tono ronco e insoportablemente erótico.
–Eso no es lo que decías antes.
–La ropa no te hace justicia.
–Porque no soy delgada –dijo Sakura, exultante al estar viviendo un sueño que siempre había considerado fuera de su alcance.
–Estoy empezando a pensar que la delgadez está sobrevalorada –Sasuke le quitó la camiseta y pasó un dedo sobre el sujetador, fascinado al ver que el pezón se endurecía ante la caricia.
Sin quitarle el sujetador, inclinó la cabeza para pasar la lengua sobre el encaje y cuando la notó temblar tuvo que hacer acopio de todo su autocontrol para no tomarla en ese mismo instante, como un adolescente alocado en su primera cita.
Sus pechos eran grandes, más grandes de lo que su ropa ancha lo había hecho creer hasta entonces. Y le gustaban mucho, tanto que lo volvían loco.
Tomarse su tiempo estaba muy bien en teoría, pero en la práctica era casi imposible.
Un experto desnudando a las mujeres, Sasuke encontró serias dificultades para quitarle el sujetador y se lo habría arrancado si ella no hubiera echado las manos hacia atrás para desabrocharlo.
–Creo que he perdido práctica... –empezó a decir Sasuke.
Pero al ver los rosados discos con las puntas erectas que parecían llamarlo, suplicando su atención, no pudo terminar la frase.
¿Y quién era él para negarles ese placer?
Masajeó sus pechos con las dos manos, rozando los pezones con el pulgar antes de inclinarse para meterlos en su boca. Pero mientras chupaba uno y luego otro no sabía cuál de los dos estaba recibiendo más placer.
Cuando puso la mano en la cinturilla de sus vaqueros, Sakura tuvo que contener un grito.
–Por favor... –murmuró, enterrando los dedos en su pelo.
– ¿Por favor qué?
–Te deseo... –admitió ella, una admisión que le habría parecido inconcebible sólo horas antes.
– ¿Cuánto? –preguntó Sasuke.
¿Desde cuándo le hacía esa pregunta a una mujer?
Sakura abrió los ojos, dejando escapar una risita nerviosa.
–Sé que esto es una locura, pero te deseo tanto... –murmuró, pasando una mano por su torso, maravillándose al sentirse como una seductora–. Y no quiero seguir hablando.
–A veces hablar es sexy...
Y mientras la tocaba, alabando su cuerpo a medida que la desnudaba, Sakura descubrió que era verdad. Era muy, muy sexy.
Pero estaba deseando que le quitara los pantalones y ella misma lo ayudó, moviendo las piernas hasta que acabaron en el suelo, junto con el resto de la ropa.
– ¿Estás húmeda por mí? –susurró Sasuke.
–No digas eso, me da vergüenza –Sakura apenas se reconocía a sí misma.
–Nunca pensé que tú y yo... –empezó a decir él, acariciando un pezón con los dedos–. ¿Te gusta?
Sasuke no solía hablar demasiado en la cama y estaba sorprendido consigo mismo.
–Más de lo que puedas imaginar –respondió Sakura.
El efecto de esas palabras fue electrizante. Después de quitarle las braguitas deslizó dos dedos en su interior, acariciándola hasta que se arqueó contra su mano, pero cuando se inclinó para besar su estómago Sakura abrió los ojos.
–No hagas eso –protestó.
Sasuke se detuvo para mirarla con cara de sorpresa pero luego, sonriendo, se colocó entre sus piernas.
Sin dejar de mirarla, imaginando el rubor que cubriría su rostro porque estaba demasiado oscuro como para verlo en realidad, inclinó la cabeza para rozarla con la lengua.
El instinto hizo que Sakura se arquease hacia él... la boca de Sasuke explorando su parte más íntima provocaba un placer totalmente desconocido para ella.
Nunca la habían tocado así en toda su vida y nada podría haberla preparado para lo que sentía. Cuando pensaba que era la boca de Sasuke acariciándola ahí, quería desmayarse.
–No puedo esperar más –musitó él. Pero cuando la penetró, Sakura dio un respingo–. Estás muy tensa.
–Por favor, no pares.
Al ver un brillo de deseo en sus ojos, Sasuke empezó a moverse rítmicamente y cuando Sakura levantó las caderas la penetró hasta el fondo, incapaz de controlar su deseo de gratificación.
Sentir que Sasuke se derramaba en ella mientras experimentaba un orgasmo que la dejó agotada, fue la experiencia más liberadora de su vida.
Después, increíblemente cansada e increíblemente saciada, apoyó la cabeza en el pecho de Sasuke para escuchar los latidos de su corazón, pero su silencio la hacía sentir incómoda.
Y pensó que aquélla era la definición de realidad, aquella sensación de frío después de la euforia.
–Ha sido un error –murmuró–. No tienes que decírmelo, ya lo sé.
Era mejor ser la primera en decirlo. Porque después de hacer el amor empezaba a notar que Sasuke se apartaba un poco. ¿Se habría acostado con ella por compasión? Tal vez al verla tan dolida y humillada después de romper con Sasori, había sentido pena por ella.
En realidad, desde que empezó a trabajar para él había empezado a verlo como algo más que una fantasía. El despacho de Sasuke no estaba en su planta y la mayoría de los días ni siquiera lo veía, pero en las raras ocasiones en las que la había llamado a su despacho, sus sentimientos por él se habían acrecentado. Aunque esa interacción profesional debería haberlo puesto todo en perspectiva, había sido al contrario, agigantando su juvenil enamoramiento.
Y ahora...
Sakura no podía mirarlo, lo cual era ridículo considerando que estaban en la cama, desnudos.
¿Qué estaría pensando? Había ido allí para consolarla y ella se había echado en sus brazos con total abandono...
¿Qué hombre de sangre caliente la habría rechazado?
Era comprensible que hubiera respondido a la invitación y debía aceptar que la culpa era suya.
Pero era importante rescatar algo de su dignidad en esa extraña situación.
Cubriéndose el pecho con la colcha, le dijo:
–Deberías irte.
–Tenemos que hablar de lo que ha pasado.
–No, es mejor que no lo hagamos –dijo Sakura–. De verdad, no quiero hablar de ello –añadió, volviéndose para mirarlo.
Sasuke estaba apoyado en un codo y, sin darse cuenta, miró el fabuloso torso cubierto de un suave vello oscuro que había acariciado febrilmente unos segundos antes...
–Eras virgen. ¿Por qué no me lo habías dicho?
–Te dije que no tenía experiencia –Sakura se encogió de hombros–. ¿Eso tiene alguna importancia?
La tenía, lo veía en sus ojos. Sus padres nunca habían sido excesivamente estrictos, pero Sakura había crecido con unos valores morales. No había sido su intención llegar virgen al matrimonio, pero sí estaba esperando a alguien que le importase de verdad.
Era mala suerte que hubiera elegido a un hombre a quien no le importaba en absoluto. De hecho, su virginidad era una molestia para Sasuke.
– ¡Pues claro que tiene importancia! –Dijo él entonces, confirmando sus sospechas–. ¿No vas a decir nada? Ni siquiera hemos usado preservativo.
Sakura apretó los labios. Ni siquiera se había acordado de eso. Estaba tan enfebrecida de pasión que no se le había ocurrido pensar en las consecuencias.
–No te preocupes.
¿Qué no se preocupase? ¿Cómo no iba a preocuparse? Se había acostado con ella porque la había pillado en un momento vulnerable...
–Siempre uso preservativo, pero la verdad es que esto me ha pillado por sorpresa.
–No hay ningún riesgo de que quede embarazada –después de un rápido cálculo mental, Sakura decidió que no había ninguna posibilidad–. Así que no debes preocuparte por eso, pero me gustaría que te fueras.
Debería levantarse de la cama, pero su ropa estaba en el suelo y mostrarse desnuda en aquel momento era más de lo que podía soportar.
–No te creo.
– ¿Cómo?
– ¿Por qué has decidido entregarme tu virginidad?
– ¡Yo no había decidido nada! Ha ocurrido, sencillamente. Estaba muy disgustada por lo de Sasori y la verdad... no sé cómo ha pasado –nada la había preparado para lidiar con una situación así y su honesta naturaleza le pedía que dijese la verdad, pero el instinto de supervivencia era más fuerte–. Me he acostado contigo porque... porque estabas aquí y necesitaba consuelo.
– ¿Quieres decir que te has acostado conmigo porque estaba a mano, sencillamente?
–Pues... la verdad es que no lo sé.
–O sea, que me has utilizado.
– ¡Claro que no! ¿Por qué dices eso? –exclamó Sakura, horrorizada–. La gente no piensa con claridad cuando está disgustada y yo estaba disgustada.
– ¡Pero si apenas conocías a Akiyama! –protestó Sasuke.
Después de las sensaciones que había experimentado haciendo el amor con ella, Sasuke estaba volviendo a la tierra a más velocidad de la deseada ¿Desde cuándo era el equivalente a una botella de alcohol en la que ahogar las penas? Si Sakura se tapaba un poco más con la maldita colcha, estaría en peligro inminente de que la estrangulase.
–Eso es verdad –tuvo que asentir ella con voz temblorosa–. Pero aun así... no sé cómo ha pasado. Yo no soy la clase de chica que se acuesta con cualquier hombre.
– ¿Tan disgustada estabas por una relación rota con un imbécil al que habías visto tres veces que decidiste lanzarte de cabeza? –se burló él–. Bueno, al menos no tendremos que preocuparnos por las consecuencias.
El corazón de Sakura dio un vuelco cuando se levantó de la cama y empezó a buscar su ropa en el suelo. No dejaba de mirarlo mientras se movía por la habitación, admirando su magnífico cuerpo desnudo e intentando contener el remordimiento que empezaba a comerse sus buenas intenciones.
Lo más importante en aquel momento era no dejarse llevar por aquel absurdo encandilamiento juvenil porque eso podría ser su perdición. No podía enamorarse de él. Aunque no lo haría porque no tenían nada que ver el uno con el otro y porque Sasuke era la clase de hombre sobre el que prevenían las madres.
Salvo su madre, claro, que lo adoraba por su devoción a Mikoto y por lo trabajador que era.
Sasuke, en calzoncillos, se colocó delante de la cama y plantó las manos a cada lado de su cara. No era así como debería haber terminado la noche y lo molestaba sobremanera que Sakura siguiera echándose la culpa mientras, perversamente, lograba parecer la parte herida.
Y tampoco le gustaba nada que su cuerpo le estuviera diciendo que lo que quería de verdad era volver a la cama con ella. ¿Qué estaba pasando allí?
–Lo siento –se disculpó Sakura.
–Ahórrate las disculpas. Estábamos hablando de las consecuencias... pero al menos, no las habrá –Sasuke miró sus labios y el nacimiento de sus pechos, que no había logrado ocultar con la colcha. A punto de perder el control de nuevo, tuvo que apartar la mirada de tan cautivadora imagen. –Lo último que necesitaría ahora mismo es que quedases embarazada por un simple encuentro casual.
–Es horrible que digas eso –se quejó Sakura, con lágrimas en los ojos.
– ¿Por qué?
–Porque hace que me sienta... fatal.
–Acabas de decir que me has utilizado para ahogar las penas, así que deja de hacerte la víctima.
–Lo siento mucho si te has sentido insultado. No quería hacerte daño.
– ¿Hacerme daño? ¿Por qué crees que puedes hacérmelo?
Aunque el sentido común le decía que era hora de marcharse, marcharse no parecía tan fácil.
–Y no estaba usándote para ahogar las penas, no soy esa clase de persona. Además, no entiendo por qué te preocupa cuál haya sido la razón. No es que tú tengas precisamente grandes prejuicios cuando se trata de acostarte con una mujer.
Enfadado, Sasuke la miró mientras se ponía el pantalón.
–No puedo creer que esté escuchando esto.
Sakura se sentó en la cama, sujetando la colcha con las dos manos.
–Tú dices lo que piensas y yo también.
– ¿Quieres explicarme qué has querido decir con eso?
Ella no quería explicar nada. De hecho, no le apetecía seguir hablando. Sólo quería pensar en la horrible verdad: que Sasuke la veía como un encuentro casual que, afortunadamente, no tendría consecuencias.
–Yo me encargo de comprar los regalos para las chicas que ya no te interesan –le espetó–. Así que no pareces tener ningún problema en utilizar a las mujeres.
–Entre esas mujeres y yo hay un entendimiento mutuo.
–Muy bien, como quieras. No me apetece seguir discutiendo.
–Desde el principio les dejo claro que no quiero una relación seria –siguió él.
–Pues no entiendo cómo puedes hacer eso.
–No todas las mujeres mantienen relaciones sexuales con el único objetivo de casarse –replicó Sasuke, con los dientes apretados.
–No, ya lo sé –asintió Sakura. Aunque le gustaría decirle que estaba equivocado.
–Eres la mujer más frustrante que he conocido nunca.
–Porque no estás acostumbrado a que las mujeres tengan una opinión.
– ¿Cómo qué no? En mi empresa hay montones de mujeres en puestos importantes. Ya no vivimos en la Edad Media, Sakura. Las mujeres tienen opiniones y yo las valoro como valoro las de los hombres.
– ¡Pero no las de las mujeres con las que te acuestas! –replicó ella.
¿Era su imaginación o había un brillo de compasión en sus ojos jades? ¿Sentía compasión por él? ¿No debería ser al contrario?
–No lo entiendo –siguió ella–. Tú lo tienes todo... tienes éxito, la vida te va bien. Sé que lo pasaste mal cuando perdisteis vuestra fortuna pero, al final, conseguiste recuperarla. Hiciste lo que tenías que hacer y Mikoto ha recuperado la casa en la que había vivido siempre...
– ¿Qué tiene eso que ver?
–Que si todo te va bien, no entiendo por qué nunca has querido sentar la cabeza. Sé que tu madre está preocupada por ti.
Sasuke se quedó sin habla. Aquella mujer era de otro planeta. En una hora, no sólo había metido el pie en un terreno que nadie se había atrevido a pisar antes, sino que se había lanzado de cabeza.
–No me apetece casarme –dijo Sasuke, intentando recuperar el control de una conversación que lo sacaba de quicio–. Así que ya puedes ir contándoselo a mi madre.
No estaba enfadado, estaba perplejo.
–Yo no voy a contarle nada –dijo Sakura.
–Mira, creo que es el momento de marcharme. Tienes razón, esto ha sido un error y es hora de seguir adelante.
–Sé que éste no es el mejor momento para sacar el tema... –empezó a decir ella– pero mañana no iré a la oficina.
– ¿Qué?
–En vista de lo que ha pasado, he decidido dejar mi puesto. Puedo enviarte una carta de renuncia, si quieres.
Lamentaba profundamente no volver a verlo, ¿pero qué otra cosa podía hacer? Había tantas posibilidades de que su relación cambiara por completo después de aquella noche... que aquella bonita experiencia se convirtiera en algo lamentable para él, que su papel en la vida de Sasuke quedase reducido a un simple revolcón de una noche, que se viera obligada a ver como otras mujeres entraban y salían de su vida, que Sasuke sólo pudiese mirarla con desdén o con compasión... cada una de esas posibilidades le parecía peor que la anterior.
–No voy a dejar que te vayas –dijo Sasuke.
No pensaba tener problemas en su vida privada. Sí, salía con muchas mujeres y entendía que su madre estuviera alarmada, pero esas chicas no lo estresaban. Aquella situación sí lo estresaba.
Sakura no tenía que decir en voz alta que había sido un error. Ella no era la clase de chica que se metía en la cama con cualquiera, eso estaba claro. Y referirse a ella como un simple encuentro casual había sido una grosería por su parte, tuvo que admitir, pero no iba a pedirle perdón.
Y tampoco iba a dejar que tomase el camino más fácil.
–No creo que tú tengas nada que decir –protestó Sakura.
–Tienes que avisar con quince días de antelación. Y lo que ha pasado esta noche no tiene nada que ver con el trabajo.
–Pero...
–No se puede despedir a nadie sin tener una buena razón y lo que ha ocurrido entre nosotros no entra en el terreno de lo laboral.
–Pero va a ser muy incómodo –insistió ella. Estaba sudando bajo la colcha y sentía como si su cuerpo fuera empujado hacia él por una fuerza invisible.
–Pensé que lo que ha ocurrido esta noche era un simple error que íbamos a olvidar.
–Sí, claro –asintió Sakura.
Él ya se había olvidado del asunto y lo estaba tratando como el hombre de mundo que era. Mientras ella se agarraba a la colcha con un nudo en el estómago, recordando eso del «encuentro casual». ¿Cómo iba a seguir trabajando para él? Era absurdo, imposible. Pero tal vez en dos semanas estaría comprando algún regalo para otra de sus amigas...
– ¿Entonces cuál es el problema?
–Ningún problema.
–No creas que yo voy a quedar como el malo si decides dejar la empresa. Cuando te marches, tendrás que explicarle a tu madre que has dejado el trabajo porque era demasiado para ti. Volverás a Yorkshire sin dinero y no será mi problema. No pienso aceptar la responsabilidad de una decisión que has tomado tú sola.
–No, claro que tú –asintió Sakura.
Su madre se llevaría un disgusto. En Yorkshire no había trabajo para ella y que no se hubiera quedado en la empresa de Sasuke durante al menos un año sería para ella una muestra de ingratitud. Podría decirle que no le gustaba el trabajo o que Sasuke era un tirano... pero Mebuki no lo creería porque lo había elevado a la categoría de santo por cómo había cuidado de su madre durante el escándalo de la estafa. No, pensaría que ella había dejado pasar una buena oportunidad por no esforzarse.
–Podría buscar otro trabajo en Londres.
– ¿Haciendo qué? No puedo darte buenas referencias porque apenas llevas unos meses en la compañía. Además, has demostrado que no tienes motivación ni entusiasmo por el trabajo y que no te gusta la oficina –dijo Sasuke, sorprendido consigo mismo. ¿No debería alegrarse de que se fuera?
–En otras palabras, que no piensas ayudarme a buscar trabajo porque nos hemos acostado juntos y porque no soy una de esas mujeres a las que les parece normal acostarse con alguien sólo por diversión.
– ¿De verdad crees que soy tan mezquino como para eso?
Un hombre como Sasuke, un predador que tomaba lo que quería de la vida, no iba a tener paciencia con sus inseguridades y sus dudas, pensó Sakura. A saber con cuántas mujeres se habría acostado... y no tenía el menor escrúpulo en despedirse cuando se cansaba de ellas.
¿Cómo podía haber olvidado sus valores y sus principios para acostarse con él cuando sabía cómo trataba a las mujeres? ¿Cómo podía haber sido tan tonta como para pensar que sus sueños se convertirían en realidad?
Había hecho muchos castillos en la arena y la culpa era suya por ser tan ingenua.
–Tienes que empezar a hacerte preguntas, Sakura –dijo Sasuke entonces–. Puede que creas que te has acostado conmigo en un momento de locura temporal, pero cuando me miras yo veo algo muy diferente.
–No te entiendo –murmuró ella.
–Me deseabas. ¿Por qué no eres sincera contigo misma y lo admites de una vez? No nos hemos acostado juntos por error, nos hemos acostado juntos porque tú querías hacerlo. Y yo también, eso está claro.
Sakura lo miró, en silencio, preguntándose si creería que estaba jugando con él.
–Verás...
–Ninguna mujer se lanza sobre un hombre como lo has hecho tú sólo porque esté triste y necesite un poco de compañía –siguió Sasuke.
– ¡Yo no me he lanzado sobre ti!
–Puede que tú quieras darle mil vueltas a esto, pero al menos yo soy sincero. Si sólo hubieras querido una palmadita en la espalda y un hombro sobre el que llorar, me habrías dado una bofetada cuando te besé. Pero no lo hiciste, de hecho...
– ¡No! –lo interrumpió ella, angustiada.
Sasuke se encogió de hombros.
– ¿No sabes que tienes deseos y necesidades como todos los seres humanos?
Estaba obligándola a enfrentarse con su sexualidad, echándole en cara todos sus gemidos, sus suspiros de placer.
Qué tediosa debía haberla encontrado, acostumbrado como estaba a mujeres que sabían lo que hacían en la cama.
–Sé que tengo necesidades –admitió Sakura. Y la asustaba lo poderosas que eran.
–Ah, por fin llegamos a algún sitio –dijo él, sarcástico.
–Y es maravilloso, además. Tienes razón, es absurdo buscar excusas. Me he acostado contigo porque quería hacerlo.
Muchas mujeres le habían dicho que lo deseaban. Y lo había excitado que, en el calor de la pasión, lo dijese Sakura. Pero le gustaba más escucharlo en aquel momento.
Había algo increíblemente sexy en saber que le había entregado su virginidad. Era como si Sakura y sólo Sakura fuera capaz de sacar de él un instinto primitivo que ni siquiera creía poseer.
Y aunque no estaba acostumbrado a esperar por una mujer, podría hacer una excepción en su caso porque cuando pensaba en sus pechos, en sus rosados pezones y en las voluptuosas curvas de su cuerpo, perdía el control por completo.
– ¿Lo ves? No ha sido tan difícil. Me alegro de que por fin te enfrentes a la realidad.
Sakura sintió una oleada de resentimiento que no pudo contener.
–Si puedo sentir lo que he sentido contigo, no me imagino cómo será el día que haga el amor con un hombre que signifique algo para mí. Así que tú ganas, Sasuke, no lamento haber hecho el amor contigo. Y tampoco me siento avergonzada. Sé que mi virginidad ha debido de ser un aburrimiento para ti y sé que a los hombres les gustan las mujeres con experiencia. Pero tiene que haber un hombre para mí en alguna parte y ahora estoy segura de que algún día lo encontraré.
