Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug and Chat Noir no me pertenece. Solo me pertenece la idea de este fic.


La Princesa y el Artista

Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.


Nunca estarás solo

A Chloe nunca le había gustado viajar en automóvil. Usualmente, y gracias al dinero de sus padres, cualquier viaje que hiciera fuera de París era en un avión. Pero esta vez las cosas eran distintas. Viajaban a un hospital con un área de oncología muy buena. Su padre se había decidido por ese lugar para hacer que sus últimos días fueran lo menos dolorosos posibles. No es como que Chloe pudiera culparlo por eso. Por eso no lo culpaba, lo culpaba (y a ella misma) por no tomar un tratamiento que le salvara la vida a tiempo.

Suspiro. No quería pensar en eso. La mayor parte del camino Chloe lo paso durmiendo. Al menos así fue cuando después de entregar su carta de renuncia a la alcaldía, algo por lo que más de uno pareció festejar, su padre los subió a todos en una limosina. Se levantó cuando llevaban ya unas horas de viaje y al ver que el sueño no parecía querer regresar, Chloe se dedicó a observar por la ventana.

En esas circunstancias lo último en la que quería pensar era en lo demacrado que se veía su padre o en lo mucho que le extrañaría en el hotel o en cómo sería su habitación del hospital ¿podría ir lo a visitar cuando quisiera? ¿Sería una habitación privada? ¿Cómo sabría cuando llego el momento de despedirse? Chloe frunció el ceño al darse cuenta que estaba pensando justo en lo que no quería pensar.

Su celular se había quedado sin señal, así que no podía estar enviando mensajes a Sabrina durante el viaje. Quiso volver a dormir, justo cuando volteo a ver a su padre y madre inmiscuidos en unos papeles que a la rubia no le interesaban. Suspiro sabiendo que dentro de esos papeles estaban los esfuerzos de sus padres por asegurar su futuro.

— ¿Por qué decidieron que viniéramos aquí?—pregunto la rubia intrigada.

Su madre cerro los papeles un segundo volteando a ver a su ex esposo. Diana no había estado de acuerdo en muchas de las decisiones que André había tomado desde que le dio la noticia de su enfermedad. El hombre se había rendido con rapidez y pensaba dejar a su hija sola. Al menos había tenido la sensatez de aceptar su ayuda cuando se la ofreció.

—Son los deseos de tu padre—contesto Diana sin más.

— ¿Por qué?—pregunto Chloe sin lograr entender a su familia.

—Creo que sería mejor que te acostumbraras a mi ausencia—contesto André a su hija. Chloe no tenía nada con que refutar eso, pronto su padre ya no estaría con ella.

Horas después, la disfuncional familia arribaba a aquel lugar cuyo nombre Chloe no se había aprendido. El olor del refugio/hospital donde su padre pasaría varios días inundó sus fosas nasales y casi la hace irse de espaldas. Su madre se dio cuenta rápidamente de eso. Tampoco era como si quisiera meter a su hija en problemas de no le incumbían. Se giró en el momento exacto en que Chloe parecía muy abrumada por la situación.

—Porque no te adelantas al hotel donde nos vamos a quedar, cariño—comento Diana a su hija.

—Esta bien—Chloe prefirió no pelear, en realidad no se sentía cómoda ahí donde se encontraban—. Espera ¿cómo sé dónde está el hotel?

—No te preocupes—sonrió Diana—. Alguien te llevara.

Chloe suspiro cansada y se giró para fruncir el ceño ¿enserio? Su madre creía que iba a estar a gusto con él aquí. Camino hasta la entrada del lugar donde se encontraba cierto inglés que últimamente le estaba cayendo peor que nunca. Jesse rio al ver a la chica enojada caminar hacia él.

Chloe supo en ese momento cual era el plan de su madre. Claro, como a ella si le caía bien Jesse y su familia, quería que ella se relacionara con ellos. Por desgracia, Chloe ya tenía una historia como referencia, una en la que Jesse no era nada como su madre creía. Aunque el protagonista de su historia no fuese Jesse mismo, se parecía mucho.

—Vamos, Chloe, no puedes seguir enojada conmigo—rio el chico—al fin y al cabo, pasaremos cuatro días juntos.

— ¡¿Qué?! Ugh, ¡no!—dijo Chloe haciendo una mueca de asco.

Paso enfrente del chico sin tener idea de a donde debía de ir. Solo sabía que quería alejarse de él lo más rápido posible. Apenas salir fue muy consiente que no se encontraba en París, y que por tanto no sabía cómo moverse en esa ciudad desconocida. Jesse salió detrás de ella, sabiendo que ambos estaban atrapados uno con el otro.

Jesse guio a la chica hasta el hotel donde se hospedaría por cuatro días. Los últimos cuatro días que pasaría completamente con su padre, antes de que solo pudiera visitarlo los fines de semana o en su defecto, hasta que su padre pasara a la otra vida. Chloe sabía que ya había llorado mucho, pero eso no evitaba que cada vez que lo pensaba otra lágrima luchara por escapar de sus ojos.

Llegaron a la recepción donde ya los esperaba alguien. Su padre y madre en verdad se habían encargado de todo. Chloe se cambió de ropa, por algo que la calmara un poco. Prendió la tele un momento y se quedó viendo la película que estaba pasando. Recordaba que cuando era pequeña solía verla con su padre y su madre, cuando ellos aún se querían. Algunas lágrimas empezaron a salir cuando tocaron a la puerta. Las seco con rapidez antes de gritar un "adelante" ahogado.

—Tu madre me dijo que te llevara a comer algo—dijo Jesse apenas entrar en la habitación.

Chloe se levantó rápidamente de su lugar. Aún tenía muy a flote esas inmensas ganas de llorar como una pequeña niña. Cuando tenía unos seis años, su película favorita tenía una de sus canciones favoritas. Su madre siempre dijo que la traía harta de tanto cantarla, su padre siempre la cantaba con ella, antes de que se volviera el alcalde de la ciudad. Y recordar esos momentos que nunca se repetirían la ponina triste.

—Estoy bien—dijo fingiendo sentirse bien—prefiero quedarme en la habitación.

—Debes de comer algo, salieron desde muy temprano de París—dijo el chico.

—Dije que no—corto Chloe abrazándose con fuerza. En verdad necesitaba un abrazo en ese momento. Necesitaba que Sabrina o Nathaniel estuvieran ahí con ella.

—Si quieres te llevo a otro lado antes de regresar al hospital—ofreció Jesse al ver que la chica parecía muy afectada por algo—podríamos ver una comedia romántica. Él amor siempre ahoga penas.

Chloe rio. Eso no era cierto. Las penas no se ahogan, solo se esconden.

—Pues yo no lo creo—le contesto a la defensiva, como había estado desde que lo vio.

—Vamos, no me digas que nunca te has enamorado como para saberlo—Chloe no contesto haciendo que Jesse comenzara a reírse histérico—. En verdad ¿no sabes lo que se siente estar enamorado?—preguntó él completamente consternado por la nueva revelación mientras su risa menguaba.

Chloe frunció el ceño. No le gustaba estar en desventaja. Menos en una situación como esa. Dio la vuelta y se acercó al chico enojada. Estaban en medio de la habitación con Chloe sintiendo que debía echarlo a golpes. Por desgracia, no podía hacerlo.

—Claro que sé lo que se siente está enamorada—contestó haciendo un puchero.

— ¿Enserio?—dijo escéptico.

—Pues sí, sé lo que es enamorarse—contesto la rubia a la defensiva.

Jesse sonrió melancólico. No le creía, para nada. Además, porque habría de creerle, por lo que sabía Chloe haría lo que fuera porque él no estuviera cerca de ella en el momento justo. Pero Jesse no pensaba rendirse. No esta vez.

— ¿Que se siente?—cuestiono acercándose a ella quien lo observó con desafío.

—Pues, se siente, pues, verás—en verdad que estaba tratando de no parecer estúpida en ese momento.

—Yo te diré que se siente—dijo Jesse, entonces se alejó un poco de la chica y suspiro, eso era técnicamente una declaración de amor—. Cuando una persona se enamora, puede sentirlo todo. Hasta la brisa más tenue es maravillosa, todo el mundo está en armonía. Puedes sentir perfectamente cuando está cerca de ti porque no logras respirar bien y esa persona no sale de tu mente, casi puedes sentir tu corazón saliéndose de tu pecho, por eso muchos lo llaman enfermedad. Te importa su seguridad más que la tuya, y a veces duele saber que no pasara nada. Te preguntas siempre porque te quieres ver como la séptima maravilla del mundo cada vez que la ves, porque de otra forma no estarás a su altura. Lo único en lo que puedes pensar es en lo muy feliz que serias si te amaran como eres.

El corazón de Chloe estaba acelerado. Una sonrisa melancólica cruzo su rostro, se sentía increíblemente alegre y al mismo tiempo espantada. Porque, cuando lo analizaba, se daba cuenta de lo mucho que eso se parecía a lo que sentía por Nathaniel. Entonces, ¿estaba ella enamorada del artista? El simple pensamiento la lleno de dicha. Claro que lo estaba. Justo ahora se daba cuenta de lo mucho que lo amaba ¿cuándo había pasado eso? No tenía idea, y no le importaba.

Pero la felicidad traída por su recién descubierto sentimiento se esfumo con facilidad. Una ola de tristeza invadió su cuerpo y la hizo temblar ligeramente. Algo dentro de ella no tenía esperanza en que él se fijara en la chica rubia y caprichosa que siempre había sido. Por mucho que hubiese cambiado últimamente.

—Entonces, supongo que si he estado enamorada—suspiro sin saber la bomba de información que estaba por caer sobre ella.

—Yo estoy enamorado—dijo el joven inglés, Jesse estaba a punto de cambiar la extraña relación que llevaban—. Estoy enamorado de ti desde que te vi.

La rubia nunca había estado en una situación parecida. Estaba acostumbrada a amar sin ser correspondida. Con excepción de Sabrina y su padre, nunca nadie se le había declarado de manera tan abierta. Si, en ocasiones algún chico se acercaba y le decía que le gustaba, pero nunca nadie se declaró enamorado de ella.

En otra situación, en otro momento de su vida, probablemente hubiera aceptado para llenar su gran vacío de cariño. Pero, hoy, ya tenía una persona a la cual amar. Incluso si no tenía idea de si Nathaniel la iba a aceptar como algo más que una amiga. Se alejó del chico un segundo controlando su respiración. Mucha información para su corazón.

—Tienes que irte—le dijo empezando a empujarlo fuera de la habitación.

En verdad que no sabía cómo lidiar con esa situación. Ese día, Chloe no regreso al hospital. Paso la tarde en su celular, revisando redes sociales y mandándose mensajes con Sabrina, Lila y Nathaniel. Sabía que ellos estaban muy preocupados por como lo estaba pasando, pero en verdad que no quería preocuparlos. Aun si los necesitaba desesperadamente, ellos no estaban ahí para darle un abrazo.

A la mañana siguiente, Chloe se levantó muy temprano. Se vistió rápidamente, con su característico color amarillo y salió junto a su madre hacia el hospital. Sabía que su padre ya se estaba quedando en una habitación ahí. Sus últimos días no iba a ser dolorosos por lo que sabía. Verlo enfermo era una visión a la que Chloe nunca se iba a acostumbrar.

Diana sabía que su hija y André tenían mucho de qué hablar. Así que prefirió dejarlos solos. Salió de la habitación en dirección a buscar algo de comer y a llamar al hotel para ver si el gerente estaba logrando llevar todo como debía. Cuando Chloe se vio sola, no supo por dónde empezar. Por suerte, su padre si sabía que decir.

— ¿Sabes que siempre vas a ser mi princesa, verdad?—pregunto el ahora ex acalde.

Chloe asintió acercándose a la cama donde su padre descansaba. La visión en si misma le dolía más que nada. Y no podía evitar sentirse culpable. Aunque no tenía nada que le dijera que aquello era su culpa, la parte más remota de su consciencia le decía que lo era.

— ¿Cómo te sientes?—pregunto Chloe.

—Enfermo, pero pronto estaré mejor—dijo André sonriéndole a su hija. Había tantas cosas de las que se arrepentía en su vida, la gran parte de ellas tenían que ver con Chloe.

— ¿Por qué decidiste no tomar tratamiento?—pregunto la rubia, llevaba preguntarse lo mismo desde aquella cena donde le dijeron la verdad del cambio de actitud de su padre.

Ese día todo había tenido sentido. Porque su madre de repente había llegado a cambiar su vida, porque la habían enviado de repente a tomar terapia, porque la repentina necesidad de que ella cambiara de actitud, y aunque ahora lo agradecía, en su momento había sido una tortura.

—Ya era muy tarde para mí—contesto su padre con una sonrisa triste—. Mejor hablemos de otras cosas.

—Ayer vi un pedazo de 'La bella y la bestia'—comentó Chloe sentándose en una silla cerca de la cama de su padre.

—Tu adorabas esa película de pequeña—le dijo André haciendo sonreír a la chica.

—Recuerdo que cantaba la canción todo el tiempo, era mi favorita—comento Chloe entre risas sinceras—. Aunque deje de cantarla porque a mama le molestaba.

André tomo la mano de su hija con delicadeza, tanto para ella como para él. Chloe observo a su padre, aun con una sonrisa. Se sentía un ambiente melancólico en la habitación. Tal vez porque ambos sabían eran los últimos momentos padre e hija de podrían tener.

—Siempre querías complacerla—dijo André, Chloe solo escucho.

—Solía ponerme a tocar para ella cuando se enojaba conmigo—Chloe suspiro, aunque habían cosas de su infancia que adoraba muchísimo, la gran mayoría no eran así—. La verdad, la pasaba muy mal tratando de mantenerla feliz.

—Lo sé—le contesto su padre.

—Mama nunca ha sido una persona fácil de complacer—contesto la rubia.

—Cambiaste mucho el día en que se fue—André siempre se había sentido culpable por eso, y nunca había tenido el coraje de hablarlo con su hija.

—Bueno, ya no complacer a mama me dio la oportunidad de dedicarme a mí misma—contesto la chica con tono arrogante.

Y en cierta forma era cierto. Antes de que su madre y su padre se divorciaran lo que le importaba más que nada era complacer a Diana. Luego ella se había ido y Chloe se había quedado sola. Se dedicó a ella misma, de que otra forma iba a vivir si no pensaba en ella antes que en los demás. Desde ese momento, si la rubia iba a complacer a alguien, seria a Chloe Burgeois.

La estrategia le había funcionado durante mucho tiempo, solo pensando en ella misma todo el tiempo. Solo pensando en cómo se veía y en cómo debía de ser. De hecho, llego a un punto en que prefería hacerse odiar que amar (en especial porque hacerse amar es mucho más difícil). Pero, ahora parecía haber encontrado el punto medio.

André Burgeois observo a su hija con firmeza. En realidad, nunca había tenido la oportunidad de enseñarle que eso no era importante. Nunca había tenido mucha interacción con ella, aunque estaba seguro que ella sabía lo mucho que la quería. Sin duda los mayores errores que había cometido en su vida fueron con ella, y se lamentaba el no tener el tiempo de corregirlo.

— ¿Sabes?—llamo su atención—no se trata de complacer o no a alguien, se trata de encontrar a alguien con quien compartir eso.

— ¿A qué te refieres?—pregunto Chloe intrigada.

—Lo importante es encontrar alguien con quien compartir la felicidad que tienes—dijo su padre—. Siento no haber podido enseñarte eso.

Chloe sonrió triste. Pensaba en lo que su padre acababa de decirle ¿alguien con quien compartir su felicidad? Era difícil ser feliz para ella, por mucho tiempo su felicidad dependía de la tragedia de los demás. Pero, ahora, solo importaba estar con sus amigos. Si lo pensaba de esa forma, pues si había hallado la felicidad.

—Sabes, creo que puedo hacerlo—dijo la chica sonriendo—creo que he encontrado a alguien con quien compartir mi felicidad.

—Me alegró—le contesto su padre.

Chloe no sabía por cuanto tiempo aun lo tendría con ella. Sin duda lo iba a extrañar cuando se fuera. Sin pensárselo mucho se acercó a darle un abrazo. Su padre la abrazo de vuelta y la rubia se preguntó si estaba preparada para dejarlo morir.

Paso el resto de esa tarde escuchando anécdotas de su padre, contando algunas cosas que habían pasado en su vida. Incluso tocó el violín un rato para aligerar el ambiente. Pero, en situaciones como estas, ni la mejor de las bromas puede acabar con lo inevitable, que su padre había ido ahí a morir en cualquier momento. Y eso dolía demasiado.

En el tercer día, cuando la mañana arribo a París, descubrió a Nathaniel sin haber dormido nada. Tenía unas orejas bastante notorias. Había decidido entrar a uno de los concursos del día del arte. Fue el último evento organizado por André Burgeois, y al parecer la señora Diana se iba a hacer cargo de los últimos detalles.

No sabía que cosa presentar. Cada vez que dibujaba algo, terminaba por rechazarlo al no considerarlo suficiente para el concurso. Así que no había dormido bien en lo que llevaba de la semana. Se levantó con pereza y se dio baño de agua fría para levantarse. Cuando salió de su casa tenía la sensación de que no sería un bien día.

—Buenos días—saludo Juleka al verlo entrar desganado a la escuela.

—No has logrado dormir bien—afirmo Rose al verlo.

Nathaniel solo sonrió al entrar a la escuela. Camino por el patio con destino a su salón, deseando sentarse al final de la clase y dormir un poco. Rose y Juleka lo siguieron mientras la chica de vestido rosa hablaba sobre una serie que había comenzado a ver. Nathaniel solo quería caer dormido en su asiento. La suerte no estaba de su lado ese día, pues Kim y Alix no tardaron nada en acercarse al chico.

— ¿Ya terminaste tu dibujo para el concurso?—pregunto Alix al acercarse a Nathaniel.

—No, no se me ocurre nada bueno para dibujar—contesto Nath bostezando.

Kim y Alix lo observaron preocupados. Nunca lo habían visto así de cansado. Era cierto que muchas veces el pelirrojo se quedaba hasta tarde dibujando, pero nunca llegaba arrastrándose así a la escuela. Algo debía de estar preocupándolo.

—Sabes, si algo te molesta puedes contarnos—dijo Kim, tratando de sonar comprensivo, pero con su tono de voz no lo logro.

Nathaniel estuvo a punto de contestar cuando corrieron o cayeron frente a ellos Sabrina y Lila. Sabrina estaba totalmente sin aliento, la italiana no podía hablar pero al menos hacia símbolos extraños con sus manos. Ambas se notaban muy emocionadas que parecía habían descubierto el significado de la vida. Cuando Sabrina logro recuperar el aliento se paró derecha para comenzar a hablar.

—Ya sabemos porque no has podido dibujar algo que te guste para el concurso—comento Sabrina acomodándose los lentes.

— ¿Porque?—preguntó Rose quien junto a Juleka se había mantenido callada.

— ¡Duh!—bufo Lila, aunque a ellas también les había tomado su tiempo tarde cuenta, era muy obvio—. ¡Chloe no está aquí!

—Por eso no puedes dibujar—completo Sabrina orgullosa por su descubrimiento.

—Si sabes que Nathaniel dibuja desde antes de ser amigo de Chloe—comento Juleka.

Aunque aún estaba en contra de que uno de sus mejores amigos se hiciera llame amigo de la rubia, había decidido no pelar por eso. No iba a aceptar el llamado cambio de Chloe hasta verlo con sus propios ojos.

—Antes tenía inspiración cuando estaba enamorado de Marinette, y después solo dibujaba—explico Sabrina con aquel tono de sabiduría que tanto adoraba usar.

—Y como ahora está enamorado de Chloe, pues ella es su inspiración—dijo Lila poniéndose detrás del chico.

Nathaniel no pudo evitar ponerse rojo. Llevaban diciéndole eso desde hacía tanto tiempo, y sus bromas sobre Chloe consiguiéndose novio nunca le habían gustado. No le gustaba admitir que ambas chicas tenían razón, porque ni el mismo sabía. Además, si se tomara enserio sus insinuaciones, se daba cuenta de cuánta razón tenían.

Y eso dolía mucho más. Chloe nunca saldría con nadie que no fuera de su mismo estatus social, con la misma cantidad de dinero que ella poseía, que fuera la portada en una revista o que fuera famoso. A veces, cuando pensaba en lo superficial que la chica se podía poner se enojaba, porque él no era nada de eso, lo cual dolía. Así que por el momento se sentiría afortunado de llamarla amiga.

Por supuesto que Nathaniel no entendía que Chloe había cambiado mucho en ese aspecto. De otra forma nunca se hubiera acercado a Lila o a Nath. Después de mucho tiempo, al fin había entendido que una cosa es lo que se veía y otra lo que necesitaba y lo que Chloe necesitaba era alguien que la quisiera como fuera.

Y que feliz seria si Nathaniel la amara como es, lo cual hacía. Sólo que ninguno se había dado cuenta.

Juleka y Rose tuvieron reacciones muy parecidas a lo dicho por Lila y Sabrina. Estaban totalmente asustadas con la idea ¿Nathaniel y Chloe? ¿Juntos? No lograban concebirlo, era imposible. Tan diferentes eran que aquello sonaba a un cataclismo ciñéndose sobre París. Simplemente no permitirían que su amigo se enamorara de un esperpento de persona. Sin siquiera decir nada, ambas supieron que debían de actuar ponto.

Kim sonrió. Desde el día en que Chloe se había disculpado con él habían terminado por poner más atención a pequeños detalles. Y tanto el cómo Alix habían avistado algunas miradas furtivas entre los dos, una complicidad rara entre ellos, una cierta tensión que solo podía significar una cosa. Y aunque habían discutido sobre si una relación entre la princesa de París y el artista de su escuela era viable, habían acordado que mientras fueran felices los apoyarían. Así que la revelación de las chicas no les resulto extraña.

Lila empujo al artista a quien aún no se le quitaba del todo el sonrojo. Sabrina tenía una idea y ambas lo guiaron hasta un lado de las escaleras donde la señal de su celular era bastante buena. Ahí, Lila marco el número de la rubia y esperaron hasta el tercer timbrazo.

—Bueno—contesto Chloe y su voz se escuchó por el altavoz.

— ¡Chloe!—si su rostro y la felicidad con la que dijo su nombre no hablaba de los sentimientos que tenía hacia la rubia, ¡¿qué demonios lo hacía?!

—Hola chicos—saludo del otro lado Chloe.

— ¿Queríamos saber cómo estás?—pregunto Lila acercándose al teléfono.

—Lo mejor que se puede estar en estas circunstancias—dijo Chloe bufando fastidiada—. Ayer pase todo el día con mi papa.

—Y ¿cómo está él?—le toco preguntar a Sabrina.

—Bien, voy a llevarme el violín para tocar un rato—comento la rubia—seguro que eso lo anima.

Algo en la cabeza de Nath hizo contacto en ese momento. De repente, supo perfectamente que debía dibujar para el concurso. ¡Claro! ¿Cómo no se le había ocurrido antes? Sin duda era algo digno de un concurso. Su mente hizo todos los cálculos necesarios para comprar lo que necesitaba, el tiempo para bosquejar y pintar. Si iba a entrar en ese concurso debía irse ya.

— ¡Chloe!—llamo de repente—. Eres genial.

—Eso ya lo sé—se escuchó que le contestaba.

—Tengo que irme, pero—dijo el chico casi arrebatándole el celular a Lila—Chloe, yo...

Pero las palabras murieron en su garganta. Aún era demasiado tímido como para decirle por teléfono lo mucho que su simple voz le había ayudado. Un involuntario 'te quiero' estuvo a punto de salir de sus labios, por suerte lo detuvo a tiempo.

— ¿Qué pasa?—pregunto Chloe con un claro tono de esperanza en su voz.

—No, nada, te lo platicare cuando regreses—contesto Nathaniel. No pensaba decirle sus sentimientos ni en un millón de años—. ¿Cuándo vuelves?

—Mañana—le dijo la rubia—. Yo también me tengo que ir—suspiro— ¡adiós!

— ¡Adiós!—se despidieron los tres.

Con eso, Nathaniel colgó la llamada. De nuevo lo invadió un extraño sentimiento de vacío en su pecho. Mientras tanto, Lila y Sabrina chocaban las manos por lo bajo. Con un poco más de tiempo, ambos tortolos iban a estar juntos.

Chloe se quedó mirando su teléfono durante un rato más. En verdad que necesitaba hablar con ellos. Suspiro, darse cuenta de que estaba enamorada de Nathaniel hacia aún más pesados sus días lejos de París. Guardo el celular mientras tarareaba una canción y tomaba el violín. Su madre la había sacado del hospital a la fuerza la tarde anterior y le había pedido que volviera en la tarde del siguiente día, así que pasaría la mañana practicando en su habitación.

—No pareces el tipo de persona que se pone a practicar en vez de salir a comprar—dijo Jesse recordándole a la rubia que no estaba sola—. Al fin y al cabo, estas en una ciudad completamente nueva.

—No tiene sentido salir a comprar si no tengo a una amiga conmigo—dijo sin despejar la vista de sus partituras.

—No contestaste nada sobre lo que te dije—le comento Jesse.

Chloe se tensó, en verdad quería amargarle recordando eso. Se había contenido mucho para no volver a ser la antigua Chloe y rechazarlo cruelmente. Además que humillarlo traería terribles consecuencias para el hotel.

—Deberías sentirte honrado—comento volteando a verlo con fastidio—al menos no hay una foto humillante tuya circulando por las redes sociales.

Jesse rio. El había estado preparado para esa posibilidad.

—Te cuento algo curioso; tú y yo nos parecemos más de lo que crees—comento el inglés llevándose algo de comer a la boca.

—No me hagas reír—dijo la chica enojada.

Jesse la observo a los ojos y por un segundo Chloe diviso un destello de sufrimiento. El mismo tipo de sufrimiento que ella había tenido de pequeña. Bufo al tiempo que desechaba la idea. Cerró los ojos y sonrió al recordar a cierto artista pelirrojo del que se sabía enamorada. En ese momento empezó a tocar algunas notas en el violín.

Nunca estarás solo, el amor siempre regresa


Holiwis! ¿Cómo están gente bonita? ¿Qué les pareció el capitulo? ¿Les gusto? ¿Lo odiaron? Diganme en los comentarios. Como siempre les pido que si tienen alguna sugerencia no duden en hacerla y... bueno, si necesitan algo; estoy a sus ordenes (me siento como comentarista). En fin, Los amo a todo Miraculers. ¡Ya estoy de vacaciones! Y aunque no duerma, les voy a traer los siguientes capítulos lo más pronto posible (tanto de La Princesa y el Artista, como de Días Lluviosos y de Hierba Dorada). Ahora, a contestar algunos comentarios...

Yin-princesa-del-olvido: Muchas, muchisimas gracias por leer. Siempre es genial conocer a nuevos lectores, muchos besitos. A mi también me pone triste como se siente Marinette, pero aun le faltan cosas por sufrir, ¡hay que ir preparando los pañuelos! También para Chloe... pero amo a ambos personajes (más a Chloe) por eso los hago sufrir... si eso no es amor, entonces no sé que sea... o.O

sonrais777: no sé porque, tengo la tendencia de que incluso el más malo de los villanos tiene una historia que contar (malo con conciencia lo llaman algunos). Que bien que cambio poco a poco la imagen de Chloe, siempre he creído que nadie es bueno o malo, blanco o negro, así que todos tenemos una historia (por eso en mi novela original los humanos tenemos almas grises)... ¡Nathloe 4ever! Abrázame. Si, Marinette se siente un poco fuera de lugar, y eso va a repercutir más adelante... ¿tienes pañuelos? Tenlos cerca en los siguientes capítulos. Muchos besos y abrazos y sonrisas, y cosas así bien lindas...

AlbaSky: pobre Jesse, tal vez más adelante vas a tener que disculparte por los trancazos. Tengo un momento muy emotivo planeado para la relación de Chloe y Mari, estate pendiente. Por el momento, Chloe no se ha enterrado de quien le dijo a Jesse que ella y Nath no son novios, pero la que se va a armar cuando se enteren... muajajajajaja... Besos... muchos besos... y seguimos hablando por Chat...

Exxen: Lila siempre es un placer culpable. Sabes, nunca la entendí muy bien hasta que la empece a escribir, creo que ahora ya se como es, no entiendo porque la odian?tanto, si es un personaje maravilloso. El pastel ya salio, pero aun no cae, me pregunto sobre quien caerá? Marinette si estaba sobrando, pero ya verás en los siguientes capítulos lo que viene, le toca tomar una decisión importante. La muerte de su padre es algo que estoy tratando con mucho cuidado, y si quería que Nathaniel supiera lo que siente para que fueran mas cercanos. No me habia planteado volver a traer al Evillustrator (Demo ilustrador creo que es en latino américa), pero no es mala idea... me lo pensare. Ojala te haya gustado el capítulo... muchos besos...

Bueno, y eso es todo, no olviden dejar el comentario... les mando muchos besos y apapachos y que pasen un excelente fin de semana (yo ando requetete feliz porque salí super bien de la uni... no dormir valió la pena). Besos y l s miraculers dominaremos al mundo... y Nathloe dominara al fandom... Adiosito!