Capítulo 6
SAKURA estaba como hipnotizada por la convicción que había en su voz.
–Te equivocas... –protestó débilmente.
–Pero cuando hagamos el amor –siguió él, como si no la hubiera oído– quiero que estemos cómodos, así que iremos a mi casa.
– ¡Eso es absurdo!
–En mi casa hay una cama grande –Sasuke se dirigió al dormitorio y empezó a buscar una bolsa de viaje–. Y un cuarto de baño con todo lo que puedas necesitar. Las mejores alfombras, un frigorífico que funciona, una televisión de plasma... aunque no voy a dejar que te pases todo el día...
– ¿Qué estás haciendo? –Lo interrumpió Sakura cuando empezó a abrir cajones–. ¡Cierra ese cajón ahora mismo!
Sasuke sacó varias camisetas que, después de revisar, volvió a meter en el cajón.
– ¿Las usas para dormir? No importa, no te harán falta.
– ¡No puedes hacer eso!
– ¿Vas a decirme que no quieres hacer el amor conmigo durante horas? ¿No quieres que te toque donde te gusta que lo haga?
Sakura cerró los ojos, intentando no imaginar todas esas cosas.
–No, tal vez... ¡no lo sé!
–No importa, yo sí lo sé. Y deja de preocuparte –Sasuke tomó su cara entre las manos y luego, despacio, inclinó la cabeza. Al no encontrar resistencia, pensó que tal vez eso era lo que debería haber hecho desde el principio.
Sakura dejó que la besara, rindiéndose con una vergonzosa falta de decoro y echándole los brazos al cuello como si fuera a desaparecer de repente.
Todo lo que decía era cierto. Sasuke era su pasión irresistible. ¿Por qué no disfrutar mientras durase en lugar de convertirse en mártir de sus propios sentimientos? El sacrificio estaba bien y a veces hasta merecía la pena, pero nunca había sido un buen compañero de cama.
El viaje hasta su casa fue tremendamente emocionante. Incluso la conversación en el asiento trasero del taxi, en voz baja, avivaba las llamas de su pasión. Notaba el deseo en él y era tan poderoso como el suyo.
Cuando por fin llegaron al ático de Belgravia, Sakura estaba a punto de explotar.
El apartamento estaba decorado en tonos neutros, con suelos de madera clara y paredes pintadas de gris. Sí, se fijó en esas alfombras de las que había hablado y en unos cuadros abstractos que no había mencionado en absoluto pero que debían de valer una fortuna.
Sin saber cómo, Sasuke la había llevado al dormitorio. Estaba en la cama, viéndolo cerrar las cortinas antes de quitarse la ropa. Estaba tan excitada que tuvo que tocarse y cuando se colocó frente a la cama, desnudo, Sakura dejó que terminase lo que ella había empezado.
Sobre unas sábanas que parecían de satén, se abrió al placer de ser acariciada por un hombre. Y le parecía tan maravilloso...
Por primera vez, tuvo que enfrentarse con sus emociones con total sinceridad; lo que sentía por Sasuke no era simple deseo. Sí, tal vez lo había sido al principio, pero poco a poco había ido enamorándose.
Y mientras enredaba los dedos en su pelo se permitió el lujo de dejar que en sus ojos se reflejara ese amor porque él no podía verla.
Si Sasuke supiera lo que sentía por él, desaparecería de su vida para siempre, estaba segura.
Pero aun así... siempre podía soñar.
Cuando más tarde se volvió hacia ella y le dijo muy serio que debería reconsiderar su renuncia, Sakura pensó, con optimismo, que no podía soportar estar sin ella.
–La situación ha cambiado –siguió Sasuke, sorprendiéndose a sí mismo.
Que su amante trabajase para él no era precisamente la situación ideal. De hecho sería incómodo, pero no quería que trabajase en ningún otro sitio. ¿Cuánto tiempo pasaría antes de que alguno de sus compañeros intentase conquistarla? Sakura era una mujer sexy e inteligente...
Entonces tuvo que admitir que existía una posibilidad de que estuviera celoso.
–Lo sé –dijo ella, pasando las manos por sus anchos hombros–. Es peor.
–No me digas que sigues preocupada por el trabajo –murmuró Sasuke, acariciando sus pechos.
–Si haces eso, no puedo pensar –Sakura acarició suavemente la impresionante erección y experimentó una oleada de poder al sentirlo temblar.
–Lo mismo digo, bruja –Sasuke separó sus piernas con las manos.
–No hagas eso. Estamos... hablando –intentó protestar ella.
Pero la frase terminó en un jadeo de placer cuando Sasuke encontró su punto más sensible.
–Quiero demostrarte que lo que hay entre nosotros es bueno –Sasuke la colocó sobre él, los preciosos pechos colgando cerca de su boca. Chupó uno de sus pezones mientras Sakura se frotaba contra él, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no terminar hasta que ella llegó al clímax.
– ¿Decías? –bromeó después, besando la punta de su nariz.
Sakura sentía como si estuviera pegada a él por una fina capa de sudor y le gustaba.
–Pensé que tenías miedo de que no pudiera ocultar... lo que hay entre nosotros –dijo Sakura.
–Es un riesgo que estoy dispuesto a correr.
Y ésa era una manera de decir que confiaba en ella, al menos en lo que se refería a su relación. Sakura no era una cotilla, lo sabía bien. Pero no iba a decirle lo que sentía cuando la veía en la oficina haciendo fotocopias o inclinándose para recoger algo del suelo...
– ¿Qué va a pasar cuando vuelva Karin?
–No volverás a tu despachito, no te preocupes.
– ¿No?
– ¿Recuerdas esa empresa editorial en la que estabas interesada?
– ¿La que publica libros de jardinería?
–Hay que empujarlos en la dirección adecuada, pero tú tienes buenas ideas.
– ¿Cómo lo sabes?
–He hablado con ellos y se han deshecho en elogios sobre ti y tus ideas, así que no vas a irte. Te quiero donde pueda verte todos los días.
– ¿Has creado un puesto para mí? –preguntó Sakura.
En realidad, aceptar un puesto para el que no estaba cualificada sonaba a enchufe, pero decidió olvidar sus objeciones y concentrarse en lo importante: que iba a seguir trabajando con él.
Sasuke se encogió de hombros.
–No te subestimes, aprendes muy rápido.
–Gracias.
–Trabajarás con un grupo de tres personas, desarrollando estrategias para modernizar esa editorial. Yo no tengo tiempo para eso, pero seguro que tú harás un buen trabajo. Tengo fe en ti.
Sakura no podía creer lo que estaba oyendo pero se sentía tan feliz que apoyó la cabeza en su pecho y, a los cinco minutos, estaba dormida.
Sasuke sintió que se relajaba mientras acariciaba su pelo.
No sabía por qué había sugerido un meteórico ascenso para alguien sin experiencia, pero después de haberlo sugerido se sentía satisfecho.
La editorial era pequeña y de relativo valor, de modo que el daño que podría hacer era muy limitado, aunque de verdad tenía fe en su habilidad. Había demostrado ser trabajadora y con ideas, aunque no le gustase mucho el trabajo de oficina. Y le gustaba saber que la tendría cerca todos los días.
Casi sin darse cuenta de que, por primera vez, había infringido una de sus reglas al dejar que una mujer pernoctase en su casa, Sasuke cerró los ojos y se quedó dormido.
Cinco semanas después, Sakura seguía en las nubes, viviendo con la esperanza de que ocurriera lo impensable.
Había sido ascendida sin fanfarria, en un movimiento calculado para evitar habladurías. Su equipo había sido reclutado de otras empresas y los habían instalado en la primera planta. Sakura se sentía feliz. Aunque no estaba trabajando con plantas, aquello era lo más parecido que podía conseguir en una oficina.
A veces, Sasuke se asomaba para preguntar cómo iba todo y nunca daba la impresión de tener otro interés por ella que el puramente profesional, aunque rozaba su brazo cada vez que se inclinaba para mirar algo en su ordenador.
Una vez, sólo una vez, los dos se habían quedado a trabajar hasta muy tarde y, cuando no quedaba nadie en el edificio, Sasuke la había llevado a su despacho para hacerle el amor en el sofá.
Le había confesado que era la primera vez que lo hacía y eso, junto con otros detalles, la hizo pensar que su relación era importante para él.
Por el momento, había muchos detalles importantes: la primera vez que una mujer dormía en su casa... de hecho, estaba prácticamente viviendo allí. La primera vez que hacía el amor en la oficina, la primera vez que iba al supermercado porque hasta entonces le llevaban la comida de un restaurante cercano. De hecho, seguramente era la primera mujer que le hacía la cena para luego ver una comedia romántica en televisión.
Todo eso tenía que significar algo, Sakura estaba segura.
Pero esa noche sería especial. Sasuke se iba a Nueva York la semana siguiente y Sakura pensaba salir temprano de la oficina para hacerle una cena con velas, música y champán. Había comprado todos los ingredientes a la hora del almuerzo y, a las cinco, tomó el metro hasta la pensión, que le parecía horrible comparada con el ático de Sasuke.
Sasuke iría a buscarla a las siete para llevarla a un carísimo restaurante, pero ella había cancelado la reserva. En lugar de eso, tendría preparada una cena exquisita en su habitación.
A las ocho y media lo tenía todo listo. Se había puesto un vestido verde ajustado sin nada debajo, algo que unas semanas antes hubiera sido impensable. Y cuando sonó el timbre prácticamente se lanzó de cabeza hacia la puerta.
–Hola, Sasuke.
Él se quitó la gabardina y miró las velas con cara de sorpresa.
– ¿No íbamos a cenar fuera?
–He decidido que sería mejor pasar la última noche aquí antes de que te vayas a Nueva York.
Sasuke la miró, sorprendido. Aunque no era la primera vez que cocinaba para él, no había esperado aquello.
Lo maravillaba cómo se había infiltrado en su vida. Con otras mujeres jamás había sido capaz de hacer eso, pero con Sakura se había convertido en una rutina que lo complacía.
–No hacía falta, podríamos haber cenado fuera.
–Ya lo sé, pero he pensado que estaría bien. En serio, parece que me he molestado mucho pero en realidad es poca cosa.
Sakura intentaba disimular su decepción pero se sentía incómoda mientras servía el vino, intentando sonreír cuando Sasuke dijo que las velas eran un peligro.
–No eres nada romántico, ¿verdad?
–No –respondió él, con cierta brusquedad–. Así que no estropeemos la cena hablando de eso. No lleva a ningún sitio.
Atrapada en un incómodo silencio, Sakura empezó a explicar nerviosamente lo que había preparado de postre y Sasuke intentó relajarse. No iba a verla en una semana, tal vez más tiempo si las negociaciones no iban como él quería. Y había cosas más interesantes que un pastel de chocolate.
– ¿Por qué no pasamos del postre? –Sugirió, tirando de ella para sentarla en sus rodillas. – Tengo hambre de otra cosa...
–Sólo piensas en sexo –bromeó Sakura.
Pero no protestó cuando empezó a quitarle el vestido y tampoco cuando inclinó la cabeza para rozar delicadamente un pecho con su boca, sucumbiendo al placer que le ofrecían sus labios.
Sasuke la llevó en brazos a la cama. Disfrutaba al escuchar sus gemidos y jamás se cansaba de verla desnuda, el cabello extendido sobre la almohada, su voluptuoso cuerpo entregado.
Aunque sabía que era suya, tenerla no había disminuido su deseo por ella. A veces, en la oficina, bajaba a la primera planta con cualquier excusa para verla, para rozarla con un brazo.
Sabiendo que no se verían en unos días, quería que aquella noche durase todo lo posible y la acarició con los dedos y con la lengua hasta que Sakura le suplicó que la hiciera suya. Cuando por fin se enterró en ella estaba tan húmeda que no pudo aguantar más que unos minutos antes de dejarse ir. Se sentía como un adolescente, algo que no le había pasado nunca.
Sakura, con los ojos cerrados, apoyó la cara sobre su pecho mientras él acariciaba su pelo.
– ¿Vas a echarme de menos?
Sasuke contuvo el aliento durante un segundo porque esa pregunta contenía algo que sonaba a campanas de boda.
–Voy a estar muy ocupado –respondió.
– ¿Qué significa eso?
–Que probablemente no tendré tiempo para pensar en nada que no sea el trabajo.
Sakura sintió un escalofrío. Sabía que no debería seguir hablando del tema, pero no podía evitarlo.
– ¿Me llamarás por teléfono?
– ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Qué es lo que te preocupa?
Dos cosas empezaban a quedar claras para Sakura. La primera, que Sasuke no iba a comprometerse a llamarla y la segunda, que no se comprometía a llamarla porque ni siquiera iba a notar su ausencia. Tal vez notaría la ausencia de sexo, pero a ella no la echaría de menos.
Había querido creer que lo que había entre ellos era una relación de verdad, pero en realidad sólo era sexo para Sasuke. Ni siquiera había querido tomar el postre que había preparado con tanto mimo; tan ansioso estaba por meterse en la cama.
Sintiéndose dolida y avergonzada, Sakura se apartó de él.
–Dímelo tú –murmuró–. No sé cómo ha pasado, pero somos amantes.
– ¿No sabes cómo ha pasado? Ha pasado porque no podemos apartarnos el uno del otro –respondió él. –Muy bien, ¿qué quieres que diga, que voy a llamarte? De acuerdo, te llamaré.
Lo enfurecía que Sakura hubiera estropeado su última noche exigiendo unas respuestas que no estaba dispuesto a dar. No le gustaba que lo acorralasen, pero haría esa concesión. ¿Por qué no? La deseaba más de lo que había deseado a ninguna mujer en mucho tiempo y haría un esfuerzo para contener su natural deseo de levantar barreras.
– ¿Y ahora podemos seguir con lo nuestro? –murmuró luego, pasando un dedo por su espalda y sonriendo al notar cómo respondía. Sakura decía una cosa con la boca, pero su cuerpo le decía otra muy diferente–. Te llamaré todos los días si eso es lo que quieres.
– ¡No quiero que me llames! –Sakura parpadeó para contener las lágrimas. –No quiero que me llames sólo porque me he enfadado. No estoy tan desesperada.
–Yo nunca he dicho que lo estuvieras.
–Pero es lo que estás pensando y lo comprendo. Me acuesto contigo y hago todo lo que tú quieres...
–Cálmate, Sakura...
–Estoy calmada –lo interrumpió ella–. Pero quiero saber dónde va esto.
– ¿Por qué es tan importante? Lo estamos pasando bien, ¿no?
–En la vida hay cosas más importantes que pasarlo bien.
Sasuke respiró profundamente.
–No me apetece nada seguir con esta conversación. Lo que hay entre nosotros es bueno para los dos. ¿Por qué cuestionarlo?
–Porque yo necesito saber si estoy perdiendo el tiempo contigo.
La experiencia de Sasuke no lo había preparado para aquello. En el pasado, las mujeres habían intentado colarse en su vida pero nunca lo habían puesto en el apuro de tener que dar una respuesta directa.
Y durante unos segundos se quedó sin habla.
–Voy a ducharme –dijo luego, saltando de la cama.
Pero Sakura se levantó para ir tras él.
–Ésa no es una respuesta.
Sasuke abrió el grifo de la ducha y, unos segundos después, el cuarto de baño se llenaba de vapor. Sakura suspiró mientras lo miraba con una fascinación que no podía disimular. Sasuke Uchiha era su debilidad. Amaba a aquel hombre, pensó. Se había enamorado de él mientras Sasuke se limitaba a disfrutar con ella en la cama. Aunque de ninguna forma podía decir que la había engañado.
–Pensé que podía hacer esto... –le dijo después, cuando cerró el grifo y salió de la ducha. –Pensé que era una chica moderna, que podía tener una aventura contigo porque me sentía atraída por ti, pero no puedo.
Sasuke empezó a vestirse con aparente tranquilidad, pero sentía como si un cohete le hubiera estallado en la cara. ¿No sabía desde el principio que Sakura era una chica anticuada, la clase de chica que mantenía relaciones con la esperanza de que llevaran a algún sitio?
Se preguntó entonces cómo podía haberse dejado llevar por el deseo. Pero lo había hecho y se sentía asqueado por su debilidad.
–Siento mucho saber eso –dijo por fin–. Y me gustaría poder decir que esto acabará en el altar, pero no va a ser así –Sasuke se pasó una mano por el pelo–. No sé cómo va a terminar, pero no terminará en una iglesia, Sakura.
–No puedes segur siendo soltero toda tu vida.
–Cuando decida casarme, si lo hago algún día, será con una mujer que entienda mis prioridades. Nunca le he dicho esto a nadie, pero voy a decírtelo porque mereces que sea sincero: tenía una relación con una mujer cuando mi padre murió y tuve que volver a casa para solucionar la situación –Sasuke hizo una mueca de disgusto–. Tenía que solucionar un problema terrible y la única manera de hacerlo era trabajar sin descanso. Así que trabajé veinticuatro horas al día, siete días a la semana... y creo que no hará falta decirte que el amor de mi vida no lo entendió.
De modo que no me gustan los dramas románticos, ni ahora ni nunca.
Lo que no añadió fue que algún día se casaría con alguien tan ambicioso como él o alguien que le diese libertad para seguir viviendo como le gustaba. No quería una mujer que estuviera continuamente haciendo exigencias, diciéndole que debería trabajar menos, levantando los ojos al cielo cada vez que tenía que viajar al extranjero e intentando convertirlo en un hombre domesticado y obediente. Era algo que había tenido claro desde siempre, pero se preguntaba por qué ahora sonaba como un cliché.
–Sé que no entiendes lo que digo –Sasuke suspiró–, pero te aseguro que algún día me darás las gracias por haber sido sincero. Yo no soy el hombre que tú necesitas, Sakura.
–No, es verdad –admitió ella.
–Estás buscando alguien que tenga la cabeza en las nubes como tú, pero yo no soy así.
– ¿Te he importado alguna vez? –le preguntó ella entonces.
–Pues claro que sí –respondió Sasuke, incómodo.
–Quieres decir que te importaba acostarte conmigo.
–Yo no he dicho eso.
Sakura sacudió la cabeza.
–Tal vez he sido una idiota por pensar que podríamos significar algo el uno para el otro –replicó, parpadeando rápidamente para evitar las lágrimas. –Llevo tanto tiempo enamorada de ti...
–Yo no te he pedido que te enamorases –la interrumpió Sasuke, intentando contener la euforia que provocaba tal admisión.
Pero una mujer enamorada era una responsabilidad y, por genial que fuera el sexo, él nunca animaría a una mujer a hacerse ilusiones.
–No, ya lo sé.
–Podría fingir que eso es lo que quiero, pero no es verdad. ¿Cuándo... cuándo te diste cuenta de que te habías enamorado de mí?
–No quiero seguir hablando de eso. No sé por qué lo he dicho.
–No, claro, lo comprendo.
–No quería hacerlo. Sabía que tú no eras la clase de hombre que me convenía, pero había empezado a hacerme ilusiones...
Sasuke, hipnotizado por una lágrima que rodaba por su rostro, tomó un pañuelo de papel y lo puso en su mano.
–Debería haber seguido con lo de Internet. Tal vez eso me hubiera llevado a algún sitio.
Él no quería hablar de eso. Aunque estaba claro que su relación se había roto, no quería pensar en Sakura con otro hombre.
Y Sakura sabía lo que significaba ese silencio: sí, debería haber buscado pareja por Internet. Sasuke lo había pasado bien con ella, y ella con él, pero no había nada más.
–Es una pena que las cosas hayan terminado así, pero creo que es importante dejar una cosa bien clara: esto no afectará a tu trabajo y no quiero que te marches –dijo Sasuke, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón. –A partir de ahora, Naruto se encargará de supervisar los progresos de tu equipo. Imagino que sería difícil para ti hablar directamente conmigo.
Sakura respiró profundamente antes de levantar la mirada.
–Te lo agradezco. Estoy disfrutando mucho del proyecto y creo que podemos llegar a algún sitio –respondió, jugando con el pañuelo de papel que tenía en la mano.
–No sé cómo ha pasado, pero he dejado que las cosas llegaran demasiado lejos...
–Yo no soy Tayuya.
– ¿Cómo sabes su nombre?
–Lo sé, simplemente. Imagino que debió de hacerte mucho daño, pero...
¿Pero qué? Sakura se odiaba a sí misma por seguir con esa conversación.
–Me enseñó una lección muy valiosa –dijo Sasuke.
–Te enseñó a ser una isla.
Muy bien, había cierta verdad en esa afirmación, tuvo que reconocer él. ¿Pero qué había de malo en ser una isla? Era mucho más seguro que depender de los demás. Sin embargo, sentía como si unos cristales estuvieran desgarrando sus entrañas y tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para recuperar el sentido común.
Estaba inquieto porque Sakura había puesto las cartas sobre la mesa, pero también porque parecía cansada; algo notable cuando en las últimas semanas la había visto llena de energía.
Se había acostumbrado a ella y se sentía culpable por hacerla sufrir. Por eso tenía un nudo en el estómago.
–Me marcho porque me importas de verdad, Sakura. Yo no puedo darte el amor que tú quieres.
Cada palabra le sabía a veneno. ¿Había sentido aquello cuando Tayuya lo dejó? No lo recordaba. Pero había sido un momento crucial en su vida, ¿por qué no lo recordaba?
–Me marcho –repitió–. ¿Quieres llamar a alguien para que venga a quedarse contigo?
Sakura lo miró, sin poder disimular su hostilidad. Eso era llevar la compasión demasiado lejos.
–Soy yo quien está rompiendo la relación, no tú. Y no es el fin del mundo. Estas cosas pasan todos los días... y seguramente me hará más fuerte. Así que no, no necesito llamar a nadie para que me haga compañía. Puede que haya sido una ingenua, pero no soy tan patética como tú pareces creer.
No lo culpaba por el final de la relación, se culpaba a sí misma. Pero se levantaría como fuerza.
–Y sí, te agradecería que no fueras a mi despacho... aunque si tienes que hacerlo tampoco pasa nada.
Había tenido que hacer acopio de fuerzas para decir esa última frase, pero al menos Sasuke ya no estaba mirándola con esa expresión ridículamente condescendiente. Le había dado la excusa que necesitaba para marcharse y la miraba con cierta reserva.
Sakura respiró profundamente. La recuperación tenía que empezar en algún momento y podía lidiar con reserva mejor que con compasión.
