Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.
La Princesa y el Artista
Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.
La musa de mi corazón
Nathaniel había logrado terminar su pintura la tarde anterior de que fuera el día del arte. Esa noche, se durmió muy tarde después de pasar mucho rato trabajando en un pequeño proyecto que necesitaba tener listo pronto. Cuando la mañana sorprendido a París con un día de lo más soleado, Nathaniel lo último que quería era levantarse de la cama. Se giró en las sabanas y decidido seguir durmiendo, al fin y al cabo el concurso de dibujo en el que participaría iniciaba hasta las once de la mañana.
Cerca de las ocho de la mañana, la puerta rechino mientras la abrían. Nathaniel estaba durmiendo así que no sintió cuando una delicada mano lo pinchaba tratando de despertarlo. Después de unos minutos en que al fin sintió que alguien lo llamaba, Nathaniel salió de entre las sabanas. Sentado en la cama y cuando al fin pudo enfocar bien no pudo evitar ponerse rojo, igual que la persona frente a él.
— ¡Ah!—grito Chloe cubriéndose la cara toda sonrojada.
— ¿Qué haces en mi cuarto?—pregunto Nathaniel recordando que solía dormir en ropa interior.
Tomo sus sabanas para cubrirse el sonrojo y el torso. Estaba muy avergonzado por la situación. No es como si quisiera que la chica de la que estaba enamorado lo viera en una situación tan comprometedora. Su rostro completamente rojo competía con el de Chloe, quien parecía totalmente avergonzada por lo que estaba sucediendo.
—Tu madre me dejo entrar—contesto Chloe volteando completamente hacia la puerta—. Te espero afuera.
Cuando la rubia salió del cuarto azotando la puerta. Se abrazó a las sabanas con fuerza. Pero ¿qué demonios? Esto no era su culpa. Chloe se recargo en la puerta del chico mientras pensaba en una forma de que su corazón dejara de bombear tan rápido. El calor de su rostro no disminuía. Y la verdad es que no lograba entenderlo del todo; ya había visto a un chico desnudo antes, y aquello no se comparaba en nada a esto. Y aun así, se sentía más avergonzada ahora que antes. Tal vez, porque se trataba de la persona de la que estaba enamorada.
Habiéndose relajado, Chloe camino hacia la cocina donde la madre de Nathaniel parecía muy divertida por algo. La rubia se acercó y la señora trato de detener su risa mientras depositaba un par de huevos estrellados en un plato y lo ponía en el desayunador. Chloe sonrió esperando que sus cachetes tomaran su color usual.
—Te ves muy bonita hoy, Chloe—comento la señora acercándole el desayuno que acababa de hacer.
Chloe había llegado muy temprano a París. Su madre estaba muy emocionada porque participara en el día del arte, la rubia solo quería ver a sus amigos y quitarse la sensación de tristeza que la había invadido durante esos cuatro días fuera de París. La noche anterior se había enterado de que Nathaniel entro al concurso del día del arte. Eso la puso muy feliz, y no podía esperar a ver la pintura que el artista había hecho para dicho evento.
Por eso estaba en su casa tan temprano antes de la escuela. Mentiría si dijera que no estaba emocionada por los distintos eventos que se llevarían a cabo ese día. Su profesora de violín le había suplicado por teléfono que hiciera una presentación, pero la chica no estaba segura de hacerlo. Al fin y al cabo, tenía poco tiempo de volver a tocar.
—Muchas gracias, señora—contesto a la madre de Nathaniel.
— ¡Vamos, cariño! No seas modesta, no eres así—dijo la señora con una amplia sonrisa—seguro que mi hijo te lo dice todo el tiempo.
Ante la mención del pelirrojo, Chloe se atraganto con el jugo que le habían regalado, su mente aun no desechaba por completa las tortuosas imágenes del chico sin camisa. El chico no era modelo, se notaba, pero no lo necesitaba; sin duda era lindo, atractivo y por lo que había visto podrían divertirse juntos un buen rato. Sacudió su cabeza olvidando eso y concentrándose en platicar con la señora.
—No suelo escuchar cumplidos muy seguido—contesto Chloe sincerándose— A menos que vengan de Sabrina.
—No te creo cariño—dijo la señora—. Sin duda eres muy bonita.
Chloe estaba totalmente consciente de su atractivo. Y aunque lo usara muchas veces para conseguir algunas cosas, en especial desde que se había dado cuenta de lo efectivo que era con algunas personas, era difícil que alguien le hiciera cumplidos. Sabrina era la única que tenía esa costumbre, y eso fue porque después de mucho pedírselo empezó a hacerlo sola.
—Gracias señora—contesto la chica no queriendo entrar en detalles.
La madre de Nathaniel y Chloe se llevaban bien. Su extraña amistad no se parecía en nada a las anteriores. La señora notaba el enamoramiento de su hijo hacia la rubia, y nunca había visto a Nathaniel tan enamorado. Era diferente a las muchas chicas que le habían gustado antes, y eso que la señora había visto todos los dibujos de Marinette que el pelirrojo había hecho.
Alguna vez había leído de palabras de un escritor latinoamericano que todos pueden amar una puesta de sol pero solo algunos son capaces de amar el caos y la decadencia. Marinette había sido para una puesta de sol para Nathaniel, siempre hablaba de ella con ojos soñadores, como si fuera el arquetipo de perfección que el buscaba pero nunca parecían más que espejismos de un amor que no sería. La forma en que hablaba de Chloe era distinta. Parecía fascinado por la chica, y era la primera vez en que hablaba de la belleza del caos.
Si, este era el tipo de amor que siempre había pedido para su hijo, por eso estaba tan esperanzada porque pronto confesaran sus sentimientos.
—Buenos días—saludo Nathaniel llegando al lugar.
El chico traía uno de los sacos casuales que Chloe le había regalado. Los pantalones de mezclilla estaban algo arrugados y sin duda su camisa roja de ese día era totalmente nueva. No parecía muy preocupado por su atuendo, a pesar de que en pocas horas estaría frente a un jurado calificador. Aunque por dentro, estaba que no cabía en nerviosismo. Por todo en realidad.
Se sentó al lado de Chloe y comió el desayuno que su madre había preparado en total y completo silencio. Con excepción de los comentarios y plática que formaba su madre con la rubia, el apartamento se hubiera sumido en un silencio vacío. Después de un rato, Chloe pareció entrar en suficiente confianza como para hablar con su usual tono de voz y Nathaniel dejo de sentir los cachetes al rojo fuego.
—Supongo que ya deben de irse—dijo la madre de Nathaniel.
El artista se levantó del asiento y tomo un portaplano donde seguramente llevaba el dibujo que había hecho para el concurso. Chloe también se levantó y ambos caminaron a la puerta.
—Adiós mama—se despidió Nathaniel en la puerta.
—Hasta luego—dijo Chloe siguiendo al pelirrojo.
Ya en la calle, parecía ser un día cualquiera. El sol estaba en su máximo esplendor y ninguna mísera nube amenazaba con arruinar el buen clima. Nathaniel parecía bastante calmado con la competencia, no significaba que pensara fuera a ganar el concurso; participaban más de quince alumnos de siete preparatorias en París, seguro que alguno de ellos tenía más talento. Aun así, pasar un rato con Chloe como que le alegraba el día.
La rubia también parecía muy tranquila, estaba bastante emocionada por el día y feliz de desintoxicarse de los tristes pensamientos que la acosaban cada que pensaba en su padre. La primera parte del camino la hicieron casi en silencio, con excepción de los ruidos que de por si la ciudad producía. Cuando cruzaron el parque hacia la escuela a Chloe se le ocurrió algo.
—Me vas a mostrar tu dibujo—aseguro la chica.
Nathaniel volteo a verla, y en ese momento la observó bien. Chloe no iba vestida con su típica ropa de siempre, que seguramente ya era un sello para ella. Había cambiado su pantalón blanco por una falda corta del mismo color y una blusa amarilla bastante simple para ella. Además, no traía sus lentes si no un sombrero negro y una diadema. Sin duda se veía muy bonita y Nathaniel no pudo evitar sonrojarse al verla tan linda. Regreso su vista al frente para seguir caminando junto a la chica.
—No te lo voy a mostrar—dijo firme.
— ¡¿Qué?!—grito confundida la chica llamando la atención de algunas personas que pasaban por ahí, pero los paso de largo y siguió hablando—. ¿Porque? Yo quiero verlo antes de que lo entregues.
Nathaniel tenía algo planeado ese día. No iba arruinarlo aunque Chloe lo mirara de aquella forma con la que miraba a las personas especiales. No.
—No creo que te gusten—dijo sin más al momento en que llegaban a la escuela.
—Yo soy la que decide si le gusta o no —respondió Chloe enojada.
¿Cómo podría no mostrarle sus dibujos a ella?
Antes de que Nathaniel pudiera contestar algo, Sabrina apareció como bala para abrazar a su amiga. De los tres amigos, Sabrina había sido la que más extraño a la rubia. A pesar de tener a Lila durante los recesos y a Nath en las clases, sin Chloe se sentía algo perdida. Se había acostumbrado mucho a la presencia de su mejor amiga, así que no era fácil no tenerla cerca.
— ¡Qué bien que ya regresaste!—comento al soltarla.
—Lo sé—contesto Chloe sonriendo con suficiencia—. Mi presencia siempre es adorable.
Nathaniel y Sabrina rieron de buena gana. Con algo de tiempo, era fácil acostumbrarse a la increíble confianza que tenía la chica en sí misma, cuando estaba en su usual modo. Chloe soltó una ligera risa un segundo después.
— ¿Donde esta Lila?—pregunto Chloe cuando se acabó la risa.
—Su grupo se encarga de los arreglos del escenario—contesto Sabrina señalando la tarima montada en medio de la plaza del Françoise Dupont. El día del arte lo había organizado su padre como director del hotel y el señor Damocles, director de escuela. Habían enviado una convocatoria a siete de las más prestigiadas preparatorias de París, quienes habían aceptado gustosos. La sede era en la escuela Françoise Dupont, por lo que era notorio que todos los estudiantes estuviesen trabajando en eso. Al fin y al cabo, las presentaciones de música, las obras de teatro de compañías de estudiantes, los recitales y el anuncio de los ganadores de concurso de pintura, escultura y maquetas no se anunciaban solos.
—Y ¿qué hace nuestro grupo?—pregunto Nathaniel intrigado.
—Nos tocó limpiar los salones donde algunos profesionales darán talleres o conferencias—sonrió Sabrina sabiendo que a cierta rubia no le iba a gustar.
— ¿Qué?—se quejó Chloe.
Por nada del mundo iba a tocar un trapeador o una escoba. ¡Demonios! Su ropa era demasiado cara para mancharla. Sabrina la jalo mientras le platicaba los últimos chismes de la escuela, mientras que Nathaniel veía todo a su alrededor buscando a una persona en particular. De otra forma no iba poder llevar a cabo su plan.
Para cuando los tres chicos llegaron al salón, Marinette se encargaba de repartir los salones a limpiar. Había dividido al grupo en equipos de cuatro para llevar a cabo la actividad. Aunque no tenía idea que ese día si iba a estar la hija del ahora ex alcalde. Marinette suspiro al saber que tendría que meter a la rubia en algún equipo. Aunque en realidad no tuvo que preocuparse mucho de eso, puesto que Sabrina no tardó en pedir que estuviera con ella.
Marinette asigno los salones a los equipos dejando al último el suyo. Era sencillo saber que se pondría a sí misma en un equipo junto a su novio y su mejor amiga. Alya y Nino habían empezado su relación hacia tan poco, que aún se les hacía raro tomarse de la mano en ocasiones. Y Marinette pensaba hacer que se acostumbraran como ella estaba acostumbrada a estar con Adrien. Por supuesto que Marinette no sabía que se le venía encima.
En el salón que le habían asignado a Sabrina, Chloe, Juleka y Rose las cosas no andaban muy bien. Juleka y Rose se habían visto de repente envueltas en las instrucciones de la rubia, quien seguía negándose rotundamente a tomar la escoba o un trapo para limpiar cualquier cosa. No iba a hacer eso. Ni en sueños.
Mientras Rose limpiaba las mesas con un trapo, Juleka limpiaba las ventanas con un atomizador y un trapo más pequeño y Sabrina barría el lugar, la rubia mandaba mensajes en su celular con Lila y Nathaniel. Sabrina procuraba no hablar, sabia lo mucho que le enojaba a Chloe que la gente se enterrara de los problemas. La segunda escoba que les habían entregado descansaba a un costado de la mesa.
— ¿Estás segura de esto, Juleka?—pregunto Rose acercándose a su mejor amiga.
—Más que nunca—contesto la chica decidida, como nunca lo había estado en su vida—. Nathaniel no puede ser novio de una chica como ella.
En otro salón, Nathaniel trataba de no mirar mucho su celular, aunque estaba desesperado por contestar los mensajes que la rubia le enviaba, sabía que a Alix, Kim y Mylene no les iba a agradar que se pusiera como obseso enamorado a revisar su celular. Eso no le impidió que al terminar su labor saliera corriendo al salón que les habían asignado a Sabrina y Chloe.
Al llegar las vio salir de ahí, tres de ellas algo cansadas. Chloe, se veía tan fresca como una rosa. Era obvio, no limpio nada, su trabajo lo hizo Sabrina. Nathaniel no se sorprendió de eso. La rubia podía haber cambiado, pero nunca limpiaría algo por su cuenta. No estaba en su naturaleza. Las saludo y desde donde estaban pudieron ver a Lila siendo apoyado por uno de sus muchos admiradores a mover una bocina de lugar.
—Ya son las once de la mañana—comento Sabrina.
El artista recordó de repente la hora límite para entregar su dibujo para el concurso. Se puso muy nervioso, sabiendo que aún tenía que encontrar a Miss Bustier para dárselo. Se volteo a ver a las chicas, quienes parecían haberse dado cuenta de su repentino nerviosismo.
—Ve, nos vemos después—comento Chloe.
El artista asintió y corrió a su salón sin saber que cierta chica lo veía con ojos soñadores. Sabrina se preguntó cuánto tiempo más podrían aguantar sin decir lo que sin duda explotaba en sus corazones.
—Suerte—grito la pelirroja no muy segura de que él la oyera.
—Sabrina, tengo que contarte algo—llamo la rubia suspirando, cerró los ojos en un suspiro y cuando los abrió se quedó mirando algún punto fijo en el horizonte—creo, creo que estoy enamorada de Nathaniel.
Sabrina sabía que Chloe siempre había tenido problemas con el aspecto emocional de su vida. Le tomo varios meses de la relación de Marinette y Adrien darse cuenta que lo quería más como un hermano que como un novio. Por tanto, el que se diera cuenta de lo que significaba el acelerado palpitar de su corazón era increíble.
—Díselo—casi grito la pelirroja. Tomo la mano de su amiga y comenzó a jalarla por el lugar.
—Espera, ¡no!—dijo Chloe zafando la mano de su amiga.
— ¡Vamos! ¿Qué es lo peor que puede pasar?—pregunto Sabrina, sabiendo que no podía pasar nada malo.
— ¡Da! ¡Que me rechace!—contesto Chloe cruzando los brazos.
—No lo hará—aseguro Sabrina—eres bonita, como una obra de arte, y él es un artista. Te aseguro que le gustas.
Aquello era de lo más raro. Usualmente era Chloe la que le daba ánimos a Sabrina. De repente, aquello se había volteado por completo. Tal vez porque Sabrina no era la que estaba por confesar sus sentimientos, porque esta vez no era Sabrina la que tenía miedo, no era Sabrina la que necesitaba de su amiga. Sino al revés. Y por alguna razón, aquel cambio fue revitalizante.
Chloe asintió recuperando su usual seguridad. Su mejor amiga la tomo de la mano y juntas bajaron las escaleras. Sin embargo, al llegar abajo, por donde había ido Nathaniel a buscar a Miss Bustier se perdieron entre la multitud. Ya habían comenzado a llegar los estudiantes de las otras siete preparatorias.
Sabrina y Chloe suspiraron algo frustradas. De repente, el celular de Chloe empezó a sonar pero antes de contestar sintió que alguien la tomaba del hombro. La chica volteo rápidamente para encontrarse con Lila quien tenía su celular en la mano. Apenas verse, ambas chicas se abrazaron con euforia. En verdad se habían vuelto buenas amigas. Por mucho que difieran en muchos aspectos.
— ¡Dios! Chloe, te extrañe—comento Lila.
La rubia solo sonrió. Le encantaba saber que la querían, aunque no lo diría en voz alta.
Las tres chicas empezaron a caminar por entre la multitud perdiéndose. Aunque no eran las únicas entre el montón de personas que buscaban que hacer en el evento del día del arte. Marinette y Alya junto a sus novios buscaban algún taller, conferencia, o algo que ver en los stands que otros salones habían puesto alrededor de la plaza principal.
Adrien parecía decidido a pasar totalmente desapercibido. Lo único que quería en ese momento era pasar un buen momento con su novia. Pero resultaba un poco raro que estuviera vestido con una chamarra con gorra para que nadie se diera cuenta de que era un famoso modelo. Muchas de las chicas que habían ido ahí ese día tenían la ilusión de ver al modelo de sus sueños.
Marinette no entendía del todo porque su novio parecía tan determinado a esconderse cada que un grupo de chicos de otras escuela pasaba al lado de ellos. Así que cuando se acercó a besar a su novio, aprovecho para quitarle la capucha de esa horrible chamarra que no iba con él.
Los gritos no tardaron en llegar. Antes de que cualquiera de los dos se diera cuenta, estaban rodeados de chicas demasiado emocionadas de al fin conocer al fabuloso modelo Adrien Agreste. Sus amigos fueron desplazados por las fanáticas que buscaban una foto con el chico. La verdad es que Adrien estaba muy acostumbrado a este tipo de situaciones, puso una sonrisa sabiendo que su tranquilidad se había acabado.
—Oye, ¿te tomarías una foto conmigo y mi amiga?—preguntaron un par de chicas.
—Me firmarías mi chelo—pidió otra.
— ¿Cásate conmigo?—gritaron unas cuantas.
Adrien solo rio amable, poniendo esa sonrisa de comercial que tan bien le salía. Pocos segundos después, Marinette no podía ver a su novio entre la multitud de gente, se le había perdido y además de eso, estaba totalmente sola. Se acercó a uno de los stands cercanos, donde se encontraba una tienda especialista en fotografías antiguas. Pidió que le prestaran un banco y se sentó a esperar.
Ahora si entendía porque su novio estaba tan desesperado por pasar desapercibido.
Chloe estaba bastante aburrida. A pesar de que Sabrina y Lila parecían fascinadas con el chico de camisa blanca que les explicaba lo importante que era el contraste cuando se tomaba una fotografía. La rubia solo podía pensar en su confesión. Se había decidido, se lo diría. Le diría a Nathaniel que se había enamorado de él. Y si la respuesta no era la que esperaba, ya vería lo que haría en el transcurso.
Giro un segundo para ver a Nathaniel y a otra chica entrar en un salón. Mientras su sangre empezaba a hervir, no tardo nada en llegar donde estaban ellos. Se paró en la puerta del lugar para ver dentro de ella a su madre junto a uno de los profesores que le había tratado de enseñar acrílico de pequeña. La pintura no había sido lo suyo.
Ni su madre ni el profesor le hicieron caso. Así que la chica entro y se abrió paso entre los otros trece jóvenes que estaban ahí. Eran los participantes del concurso de pintura y dibujo. Llego hasta Nathaniel quien al parecer trataba de ignorar a la chica a su lado. Chloe no tardó en hacer notar su presencia con un saludo lleno de energía.
—Hola Nathaniel—saludo la rubia logrando que la chica al lado de Nathaniel también volteara a verla.
Nathaniel se apresuró a tapar su dibujo que al fin había montado en un marco prestado.
— ¡Chloe! ¿Qué haces por aquí?—comento el chico nervioso—creí que no podía entrar nadie hasta que vinieran los jueces.
—Soy Chloe, puedo entrar a donde quiera—contesto la chica con aquel tono de superioridad que tanto la caracterizaba—. ¿Quién es ella?
Chloe fue directo al punto. En verdad que de solo verla ya le caía mal, y no podía pensar en una razón por la que esa chica estuviera cerca de Nathaniel. Así que no la quería cerca de Nathaniel ¡qué pusiera una distancia de diez metros si quería seguir viva y cuerda!
—Soy Annie—contesto la chica con una sonrisa inmensa en el rostro—soy la prima de Juleka. Ella me conto que Nathaniel es un gran artista y quería que compartiéramos técnicas porque yo también entre al concurso.
En ese momento el celular de Annie sonó y la chica se disculpó con una sonrisa de Nathaniel y Chloe. La rubia no movió un solo musculo al verla irse, y Nathaniel trato de parecer amable, aunque él también podía sentir cierta tensión en ese lugar. Unos segundos después estaba platicando animadamente con Chloe sobre algún tema del que solo ellos entendían, de repente se acababan de encerrar en su propia burbuja.
—Bueno—contesto Annie la llamada.
— ¿Lograste hablar con Nathaniel?—pregunto la voz al otro lado.
—Dijiste que era tímido, Juleka—reclamo en un suspiro—pero no creí que fuera tanto ¿estás segura de que me va a hacer caso? Está hablando más con la chica que llego a interrumpirnos que conmigo.
— ¿Qué chica?—se escuchó la voz de Rose.
—Una rubia bastante linda, aunque se ve que es rica—dijo Annie.
— ¡Aléjalo de ella!—gritaron al mismo tiempo ambas amigas.
— ¿Por qué? Se nota que se gustan—pregunto Annie intrigada, ella era una romántica, nunca trataría que separar a dos personas que se aman tanto.
—Solo hazlo, por favor—pidió Juleka.
—Está bien—y con eso dicho Annie colgó la llamada.
Volteo a ver a la pareja que platicaba animadamente. No se sentía bien interrumpiendo aquella burbuja de romanticismo, pero le había hecho una promesa a su prima. Para su suerte, no tuvo que separarlos pues Diana Burgeois se encargó de sacar a su hija del salón en cuanto llegaron los jueces. Afuera, Chloe camino unos metros con el ceño fruncido. Pronto sintió a sus dos amigas a los lados.
—Pareces enojada Chloe—comento Sabrina sonriendo maliciosa.
La rubia bufo cruzando los brazos. La falda blanca que llevaba ese día no le permitía hacer muchos movimientos bruscos. Así que no podía hacer rabietas para quitarse esa terrible sensación en su garganta. Volteo a ver hacia otro lado pero de ese lado Lila parecía emocionada por algo.
—Ya sé que tienes, Chloe—dijo la italiana con tono de sabelotodo—. ¡Estas celosa de que Nathaniel no pase tiempo contigo!
—Pero que tontería—contesto la rubia dando la vuelta.
Estaba totalmente sonrojada. No lo admitiría, bajo ninguna circunstancia admitiría que se sentía algo intimidada por la chica de cabello oscuro que había acaparado a Nathaniel desde la presentación de los cuadros del concurso. No lo admitiría, no aunque uno de los villanos contra los que peleaban Ladybug y Chat Noir estuviese apuntándole con un arma. Chloe siempre había sido una chica muy celosa y en ocasiones como estas lo último que quería era que él o cualquier otro se diera cuenta. Así que camino entre la multitud de estudiantes de varias escuelas que se habían reunido ahí para el día del arte. Dio la vuelta alrededor del escenario solo para toparse con un grupo de personas que no conocía.
Eran pocos los institutos donde se llevaba un uniforme tan feo como el de las chicas que parecían cuchichear frente a ella. Necesitaba con que distraerse así que mientras observaba la presentación de ballet de una chica en el escenario, se propuso a escuchar al grupito de amigas que parecían entretenidas comiéndose habla gente con la mirada.
—Escuche que Adrien Agreste está aquí—dijo una de ellas mientras saltaba en su lugar
— ¿Estas segura?—pregunto otra.
—Obvio, estudia en el Françoise Dupont, debe estar por aquí—contesto otra joven sonriendo como enamorada.
—También estudia aquí la hija del alcalde ¿no?—cuestiono la primera chica.
—Dirás del ex alcalde—corrigió la tercera con tono elocuente—. ¿Ella que importa?
—Exacto, apuesto a que no tiene ningún talento, está aquí solo por su dinero—comento la cuarta.
Chloe tuvo ganas de voltear a verlas y darle una cachetada a cada una. Pero se contuvo. Eso sería algo que la antigua Chloe haría. La nueva Chloe les callaría la boca sin hacer tanto escándalo. Ahora ¿dónde estaba su profesora de violín ahora que la necesitaba? ¡¿Que no tenía talento?! Ya les iba a demostrar que tan talentosa podía llegar a ser.
— ¿Por qué parece que estás a punto de saltar sobre esas chicas?—pregunto Alya cuando vio a su mejor amiga mirar tan enojada la bolita de admiradoras donde aún estaba Adrien tomándose fotos y firmando autógrafos.
—Yo soy su novia, se supone que pase el tiempo conmigo—confeso Marinette molesta.
—Bueno, tienes que entenderlas, probablemente es la primera vez que ven a alguien famoso—confeso Alya viendo a las chicas.
—Supongo que sí—contesto Marinette resignada.
—Apuesto a que si Ladybug apareciera de repente dejarían a Adrien en paz y se irían contra ella, solo es la fama—comento Nino al lado de Alya.
—Tienen razón—contesto Marinette en automático. De repente, tuvo una idea ¡Dios! En verdad tenían razón— ¡son unos genios!
Dicho eso, la china-francesa salió corriendo hacia los baños de las chicas. Entro y se metió al primer cubículo vacío que había. Ya dentro abrió su bolsa y dejo salir a Tikki quien se veía muy enojada.
—Tikki, transfórmame—pidió Marinette.
—Los Miraculous no se usan para eso—regaño el kwami.
—Solo será por esta vez—suplico la chica.
Tikki suspiro. Asintió y transformo a su portador en la heroína. A pesar, estaba segura de que era mala idea. Ladybug se las ingenió para salir desapercibida de los baños. Logro llegar a la puerta principal y de dejo caer. En ese momento, una gran cantidad de fanáticas se acercaron a la heroína. Y en poco rato, Marinette pudo ver en la distancia como dejaban en paz a su novio. ¡Sí! Lo había logrado.
Chloe tomo su violín y empezó a afinar mientras escuchaba a su profesora darle instrucciones. No era la primera vez en su vida que tocaba en público, pero solo tenía escasos dos meses volviendo a practicar, así que aunque no lo pareciera en verdad estaba nerviosa. Subió las escaleras del escenario y sonrió con superioridad como solo ella sabía hacer.
—Hola, yo soy Chloe Burgeois—se presentó y pudo ver al pequeño grupo de chicas que habían hablado mal de ella quedársela viendo—voy a interpretar para ustedes My Heart Will Go On, de Celine Dion ¡disfrútenla!
Había escogido una canción muy difícil, y aunque no tuvo mucha práctica, estaba confiada. Por alguna razón, su padre adoraba que interpretara cualquier canción en violín, y los últimos cuatro días había tocado mucho violín. Se sabía bien la canción y estaba segura que deslumbraría al público.
Chloe no se equivocó en eso. Mientras más tocaba, más sentía en su corazón las notas calentándole. De repente, ya no tocaba para el público o para demostrar que podía ser la mejor en lo que hacía. Tocaba para ella misma, para su corazón, para el amor. Cuando termino de tocar, el público aplaudió y Chloe suspiro ¿así se sentía ser querida? Le gustaba la sensación.
Cuando bajo del escenario fue sorprendida por quien menos esperaba. Lila y Sabrina estuvieron ahí detrás de él. Pero Nathaniel parecía muy emocionado por verla. Al lado de él estaba Annie y una parte de ella volvió a hervir en rabia.
—Tocas muy hermoso—felicito Annie.
—Lo sé, pero gracias—contesto Chloe poniendo las manos en las caderas.
Annie hizo algo que nadie que conociera a Chloe haría. Pero, a ella la habían enviado en una misión destinada a fracasar desde el inicio. Así que abrazo a la rubia con fuerza y susurro en su odio unas palabras que dejaron a la rubia algo helada.
—Yo nunca podría competir contigo—Annie se separó de Chloe y con una reverencia se alejó.
¿Qué demonios había sido eso?
— ¡Chloe!—llamo Nathaniel, escondiendo un sonrojo—hay algo que quiero mostrarte.
Marinette sabía que en realidad había sido mala idea. Si bien había logrado alejar a las fanáticas de Adrien de su novio, solo había logrado que no pudieran estar juntos. Aunque había intentado escapar de sus fanáticos, que para su desgracia eran más, solo había logrado que se juntaran aún más. De repente se había visto haciendo promoción a los distintos stands de tiendas que habían por ahí.
Lo único que quería era pasar un buen momento con su novio. Pero, aunque él la visitara todo el tiempo como Chat Noir, ¿cómo podía ella lograr que tuvieran más tiempo juntos? No se le ocurría nada, así que después de un rato, suspiro al ver que era lo que tenía que hacer. Tenía que dar a conocer su mayor secreto. Eso no le quitaba el miedo, que demonios iba a hacer ahora.
Chloe iba con los ojos tapados entrando en un salón. Al parecer era su salón de clases, el cual ningún profesor o ponente había tomado para hacer ahí alguna actividad del día del arte. El silencio era muy intenso y aunque había oído a sus amigas detener un pequeño grito, no se imaginaba que había ahí.
Nathaniel dejo de tapar sus ojos y la rubia los abrió despacio. Frente a ella estaba el cuadro que Nathaniel había pintado. Se trataba de la mismísima Chloe vestida con traje blanco, estaba al parecer recostada en su cama con el violín abrazado y un montón de hermosas rosas rojas alrededor. Como si el cuadro no fuera suficiente para hacerla llorar, el cartel que estaba arriba le forma un nudo en la garganta.
—Estos cuatro días que estuviste lejos me di cuenta que estuve muy solo sin ti, mi madre me dijo que así se sentía ella cuando mi padre se iba. Y me di cuenta de que me gustas mucho, Lila y Sabrina dicen que no tengo nada que perder y por una vez en mi vida voy a hacerle caso a alguien que no es mi conciencia así que—Nathaniel suspiro hondo—¿quieres ser mi novia?
—Tonto—suspiro Chloe recuperando el aliento—tú también me gustas mucho.
Chloe estaba con los sentimientos a flor de piel. Pero nunca en su vida se había sentido tan feliz. Sin perder ni un segundo se acercó al chico y tomo su rostro entre sus manos, lo acerco al suyo para juntar sus labios. Y se besaron. Nathaniel la apretó contra él con fuerza, disfrutando que su figura delicada. Chloe no solo sintió mil mariposas revolotear, estaba segura de que su piel podía sentir las olas del mar.
Y en ese momento mágico para ambos, se dieron cuenta que habían encontrado algo importante. La musa de sus corazones, su razón de vivir. La única cosa que les daría felicidad en los momentos tristes. Cuando sus labios se separaron juntaron sus frentes sabiendo que no había nada que los hiciera abandonar esa fabulosa felicidad. Al menos, por ahora, se sentían capaces de vencer todo.
La musa de mi corazón son tus labios y tus cabellos rubios
YA SE DECLARARON! AH! QUE BONITO! Pero esto aun no termina. ¿Qué les pareció el capítulo? Dejen sus comentarios, sugerencias, tomatazos... etc. Bueno, dejenme preguntarles ¿alguno de ustedes creyó que Chloe iba a limpiar? Pudo haber cambiado, pero my Queen sigue siendo una diva. Ahora a contestar comentarios:
AlbaSky: lo sé, Chloe esta sufriendo mucho, pero ya está feliz, ves! Que bonito! No te disculpes por los trancazos, la verdad se los merecía. ¡Maldito jesse! Yo creo que Rose y Juleka ya lo intentaron, pero no les salió... creo que Lila y Sabrina encontraron con que entretenerse a pesar de sus vidas amorosas, ya pronto tendran algo ellas... no te preocupes cariño. Y las intenciones de Diana... bueno, pronto las descubriras.
MadamePansha: No te preocupes! Sé lo que se siente! La universidad a veces es una maldita... No te preocupes, que ese viaje de Chloe aun no acaba, pero un poco de felicidad no viene mal de vez en cuando. Gracias por el comentario, super largo, pero me alegro el día. ¡besos!
sonrais777: aun no usamos los pañuelos, pero muy pronto. Dime que te gusto... ¡besos!
Yin-princesa-del-olvido: amor masoquista! jajajajaja, muchas gracias por el comentario, es muy bonito.
GwenMcbain: yo llore mientras escribia, y cada vez que lo leo igual... ¡besos! y gracias por leer..,
En fin, los amo a todos los que deja comentarios y también a ti lector fantasma, tambien te amo! Besos! y que viva el Nathloe... ok no... pero que viva! Bye!
