Capítulo 7

SASUKE LEVANTÓ la cabeza para mirar a la pelirroja que le había sonreído coquetamente durante toda la cena. Sabía que, aunque se mostrase tan comunicativo como un ladrillo, ella seguiría intentando flirtear con él. Atractivo, rico y sin compromiso, era uno de los solteros más cotizados de la ciudad.

Estaban terminando de cenar en uno de los mejores restaurantes de Londres y lo lógico era ir a su apartamento, donde la pelirroja le mostraría todos los talentos que habían estado casi a la vista durante la larga y aburrida cena.

Pero eso no iba a pasar. Durante las últimas tres semanas, su libido había estado alarmantemente apagada. De hecho, no existía en absoluto. Era la primera vez que había tenido que hacer un esfuerzo para cenar con una mujer guapa. Debería estar disfrutando del ensayado juego de seducción que, sin la menor duda, los llevaría al dormitorio. En lugar de eso, había mirado su reloj cinco veces y estaba esperando pacientemente que ella terminara el café para pedir la cuenta y volver a su casa. Solo.

Todo en aquella situación lo ponía nervioso. Desde su falta de interés por las mujeres a su obsesión por una a la que ya debería haber olvidado. Había sabido desde el principio que él no era la clase de hombre que se lanzaba de cabeza a un compromiso como un kamikaze. Él tenía sus reglas, pero Sakura había decidido infringirlas todas.

Debería suspirar aliviado por haberse librado de ella. Él no estaba interesado en casarse por el momento y cuando conociese a la mujer adecuada no sería alguien como Sakura, una cría esperando un cuento de hadas.

Pero no podía dejar de pensar en ella. Era como una de esas insistentes melodías que uno no podía quitarse de la cabeza.

Ni siquiera el trabajo lo ayudaba. Había trabajado como nunca y había estado fuera del país más que en él, pero no era capaz de concentrarse por completo y se había encontrado más de una vez con el ceño fruncido en una reunión, a muchos kilómetros de distancia...

Y ahora aquello: una pelirroja de metro setenta y ocho que podría parar el tráfico y no le interesaba en absoluto. Podría haber estado cenando con un monstruo.

– ¿Me estás escuchando? –Hana se inclinó hacia delante, regalándole una panorámica de su escote.

–Perdona, estaba distraído –Sasuke le hizo un gesto al camarero para que le llevase la cuenta, sintiéndose culpable al ver que Hana perdía la sonrisa–. Tengo mucho trabajo ahora mismo y no puedo concentrarme en nada. Mal momento para cenar con una mujer.

Sasuke no tenía por costumbre dar tantos detalles, pero se sentía en la obligación de hacerlo.

–Pues es una pena –dijo Hana.

–Eres una chica muy atractiva, pero en este momento no tengo tiempo para una relación.

– ¿Por el trabajo?

La pregunta quedó colgada en el aire hasta que Sasuke asintió con la cabeza.

–No sabes lo que te pierdes –Hana se levantó, tomando su bolsito azul de la mesa–. Pero gracias por ser sincero conmigo. Aunque seguramente no habría funcionado de todas formas... no me gustan los hombres aburridos.

¿Hana pensaba que era aburrido? Mientras Sora, su chófer, lo llevaba de vuelta al ático de Belgravia, Sasuke pensaba que eso había sido lo más entretenido de la noche. Por lo menos, la única vez que había sentido la inclinación de soltar una carcajada.

Por fin en su apartamento, se dirigía al bar para tomar un whisky antes de irse a dormir cuando le pareció escuchar la voz de Sakura...

Estaba seguro de que era cosa de su imaginación pero cuando se volvió, la vio sentada en el sofá, mirándolo con sus enormes ojos jades.

Debería haberla visto en cuanto entró porque había encendido la lámpara del salón y ella no hacía el menor esfuerzo por esconderse, pero su cabeza estaba en otro sitio.

–Lo siento, he entrado con mi llave –se disculpó Sakura–. Iba a esperarte fuera... de hecho, te esperé fuera durante un rato, pero hacía frío y todo estaba tan silencioso que empecé a tener miedo.

– ¿Qué haces aquí?

–Se me olvidó devolverte la llave... –Sakura no sabía qué decir y se limitó a mirarlo, en silencio.

Como le había prometido, no había vuelto a pisar su despacho desde que rompieron. De hecho, Sasuke había estado fuera del país casi todo ese tiempo. Lo había descubierto preguntando en la oficina, aunque sabía que era absurdo interesarse.

Ahora, después de tres semanas sin verlo, se lo comía con la mirada como una adicta necesitada de una dosis.

– ¿Por qué no le has dejado la llave al conserje?

Sasuke estaba tenso pero, al mismo tiempo, experimentaba una perversa satisfacción porque sólo podía haber una razón para que Sakura estuviera allí. Se había puesto muy romántica sobre el matrimonio y el final feliz, pero después de tres semanas no podía estar sin él y sin la pasión que había entre los dos.

Había subestimado el poder del deseo y eso no lo sorprendió. Y tampoco que no le hubiera devuelto la llave del apartamento. Seguramente la habría guardado como un recordatorio de lo que anhelaba, quisiera admitirlo o no.

–La verdad es que quería dártela personalmente.

–No puedo echarte a la calle pero, por si no lo recuerdas, hemos roto. De hecho, tienes suerte de que tuviera trabajo esta noche o seguramente no habría vuelto solo a casa.

Sakura enrojeció. No había sabido nada sobre las conquistas de Sasuke en esas semanas y tampoco había leído nada sobre él en las revistas de cotilleos que había devorado con vergonzante entusiasmo.

Intentaba mostrarse calmada y segura de sí misma, pero no la ayudaba nada que Sasuke estuviera de pie, mirándola como si fuera una ladrona que se había colado en su apartamento.

Él había seguido adelante con su vida como si no hubiera pasado nada y no era ninguna sorpresa. Sasuke Uchiha no pensaba dos veces en las mujeres que dejaba atrás.

¿Le dolía? Desesperadamente. Pero intentó disimular porque había tenido que hacer un gran esfuerzo para ir allí.

–Ya me lo imagino. Pero es que tengo que contarte algo.

–No creo que tengas nada más que decirme. Si es algo que se refiere al trabajo, puedes contármelo en la oficina –Sasuke tomó un vaso para servirse el whisky que se había prometido a sí mismo y que necesitaba más que nunca, aunque debía reconocer que la noche se había animado mucho.

Sakura se levantó del sofá, pero enseguida volvió a sentarse. No podía haber dejado más claro que quería que se fuera cuanto antes. ¿Por qué? ¿Creía que si estaba con ella cinco minutos le pondría unas esposas?

Entonces tragó saliva, observándolo mientras se servía el whisky. Porque sería whisky, seguro. Solía tomar uno antes de irse a dormir, pero tal vez aquella noche necesitaría más.

–Sasuke...

Él se dio la vuelta, apoyándose en el bar.

–Di lo que tengas que decir –la urgió, antes de tomar un trago. Parecía tan nerviosa como un gatito e igualmente vulnerable.

El silencio se alargó hasta que, por fin, Sasuke se acercó al sofá. Sakura no podía ser más diferente a Hana, que era el paradigma de la mujer serena, impecable, elegante y segura de sí misma...

Hana no era la clase de mujer que soñaba con cuentos de hadas ni con un marido domesticado que estaba deseando volver a casa cada noche. Sasuke se agarró a ese pensamiento porque, incluso con ese aspecto perdido, Sakura conseguía excitarlo como nadie.

– ¿Es por dinero? –le preguntó–. Porque si es eso, no hay ningún problema.

– ¿De qué estás hablando?

–Dudo mucho que hayas venido sólo para hablar de los viejos tiempos.

De inmediato, la imaginó desnuda bajo el abrigo y tuvo que apartar la mirada, frustrado.

–Pero no nací ayer y conozco bien a las mujeres –siguió, tomando un sorbo de whisky antes de sentarse a su lado–. Estuvimos saliendo juntos y tal vez has pensado que cortamos antes de que pudieras obtener algún beneficio económico.

Sakura lo miró, perpleja.

– ¿Pero qué estás diciendo?

–Tienes un trabajo muy bien pagado que se te hizo a medida, pero sabes cómo trato a las mujeres cuando me despido de ellas y tal vez has decidido que mereces un regalo.

Sakura no podía creer lo que estaba escuchando.

–Pero...

–Y no tengo ningún problema, no te preocupes –la interrumpió Sasuke, sintiéndose magnánimo–. Lo justo es lo justo y tú tienes que salir de ese agujero de pensión.

–Ya me he ido de la pensión, con mi propio dinero –dijo ella por fin.

– ¿Cuándo?

No sabía que se hubiera ido y esa inesperada independencia lo sorprendió.

–Hace una semana y media. Encontré un sitio mejor y más cerca de la oficina.

– ¿Otra pensión con un propietario que cree que el moho de las paredes equivale a un papel pintado?

–No, ahora puedo pagar un apartamento. Y no estoy aquí para pedirte nada... ¿cómo puedes pensar eso de mí? Es ridículo, yo nunca te he pedido nada.

–La mayoría de las mujeres se mueven por dinero.

–Serán las mujeres con las que tú sales –replicó Sakura, con expresión acusadora. –Y es horrible que me hables así, como si no me conocieras en absoluto.

Sasuke hizo una mueca.

–Muy bien, tienes razón. No has venido aquí para eso. ¿Para qué entonces?

–Como sé que no te gusta darle vueltas a las cosas, voy a ir al grano: estoy embarazada.

Por un segundo, Sasuke tuvo la extraña sensación de que el tiempo se había detenido. Y luego se preguntó si había oído bien.

–Eso es imposible –dijo por fin, levantándose para pasear por el salón–. Me dijiste que tomabas la píldora y confié en ti. ¿Estabas mintiendo?

–No te dije que tomase la píldora, dije que no creía que fuera un problema...

Él se pasó una mano por el pelo.

–No puedes estar embarazada.

–Me he hecho cuatro pruebas –dijo Sakura. –No hay ninguna duda, estoy embarazada.

–Esto no puede estar pasando –Sasuke se dejó caer sobre el sofá, mirándola con tal expresión de incredulidad que Sakura olvidó el discurso que había ensayado.

–Sé que es una sorpresa. También ha sido una sorpresa para mí.

Había ido al médico porque estaba cansada y le dolía la espalda, esperando que le recetase un analgésico y tal vez un masaje... y había salido con las piernas temblorosas cuando le dijo que estaba embarazada de dos meses.

–Estaba tomando la píldora –siguió–, pero no la primera vez. La primera vez no estaba tomando nada. No pensé que pudiera ocurrir...

–No pensaste...

–Tampoco tú –se apresuró a interrumpirlo Sakura.

Sasuke asintió con la cabeza. Tenía razón, tampoco él había pensado en nada esa noche.

Su vida iba a cambiar por completo porque ninguno de los dos había pensado en las consecuencias. Él siempre tomaba precauciones, pero no lo había hecho con Sakura. Todo había sido tan rápido que no se había parado a pensar...

–Lo siento –dijo ella.

Debía de ser un golpe tremendo para Sasuke volver de una cita para descubrir que iba a tener un hijo con una mujer a la que ya no quería en su vida. También lo había sido para ella, pero había tenido un día entero para acostumbrarse a la idea.

–Dijiste que no había ninguna posibilidad.

–Hice un cálculo mental y pensé que no había ninguna posibilidad pero, por lo visto, estaba equivocada. No sabía si debía contártelo o no... Y tal vez debería irme para que intentes acostumbrarte a la idea.

Sakura iba a levantarse, pero Sasuke sujetó su brazo.

– ¿Y ahora qué?

–No he venido a pedirte nada. Sólo pensé que debías saberlo. No espero que cambies tu vida por mí ni nada parecido.

– ¿Estás loca? ¿Cómo no va a cambiar mi vida?

–No necesito que cuides de mí, Sasuke. Soy más que capaz de cuidar de mi hijo sola.

– ¿Eso lo dice la chica que sueña con el amor y el matrimonio?

–Digamos que he madurado.

– ¿Y qué se supone que debo hacer yo ahora?

–Seguir trabajando, como siempre –respondió Sakura–. Y cuando nazca el niño hablaremos de derechos de visita, si eso es lo que quieres.

– ¿Vives en el mismo planeta que yo?

–Estoy intentando ponértelo fácil.

– ¿Qué piensas decirle a tu madre, por ejemplo? ¿Crees que se va a creer lo de la cigüeña?

–Aún no he pensado en eso –Sakura se encogió de hombros–. Estoy intentando hacerme a la idea todavía y mi madre... bueno, mi madre es muy anticuada. Antes de hablar con ella tendré que armarme de valor.

–Sugiero que lo hagas. Y también sugiero que le digas quién es el padre porque tarde o temprano lo descubrirá. Me gustaría dar marcha atrás, pero como eso no puede ser, te aseguro que me haré responsable de mi hijo.

– ¿Qué quieres decir?

–No te preocupes, no tendrás ningún problema económico. Y mi hijo tampoco.

Su hijo.

Sasuke miró el abdomen de Sakura, atónito. Ni en un millón de años hubiera imaginado que su vida iba a ponerse patas arriba, pero debía admitir que había algo muy sexy en saber que llevaba a su hijo dentro.

– ¿Dónde vives ahora? Tu idea de lo que es un alojamiento apropiado no suele coincidir con la mía.

–No vas a hacerte cargo de mi vida, Sasuke.

–Yo soy la otra parte de la ecuación en estas circunstancias. Y eso, por cierto, nos lleva a otra cosa: nuestra relación.

–Nosotros no tenemos una relación –dijo Sakura. De repente, todo parecía moverse a una velocidad vertiginosa.

–Te guste o no, ahora la tenemos y algo me dice que tu sueño podría estar a punto de hacerse realidad.

Sakura no tuvo que pedir que le aclarase esa última frase. Sabía muy bien de qué estaba hablando. Habían roto su relación porque ella quería algo más que una aventura temporal y ahora, contra su voluntad, se veía acorralado por una situación que no deseaba. Le había dicho que su vida no tenía por qué cambiar, ¿pero cómo podía haber creído eso de verdad? Sasuke no era la clase de hombre que evitaba responsabilidades, aunque fueran responsabilidades que no quería.

–No voy a casarme contigo –le dijo–. No es por eso por lo que estoy aquí. No es por eso por lo que te he dicho que estoy embarazada.

–No pienso quedarme a un lado y te aseguro que un hijo mío no será ilegítimo. Yo soy un hombre de honor –replicó Sasuke–. Dices que no debería dudar de ti, pero tampoco tú deberías dudar de mí.

–Eres tú quien me ha acusado de querer dinero –le recordó Sakura–. Y ya sé que eres un hombre de palabra, no tienes que decirlo.

–Entonces, estarás conmigo en que debemos hacer lo mejor para todos. Y lo mejor es casarnos, es la única solución al dilema.

–Esto no es un dilema y tampoco es un problema.

–Muy bien, de acuerdo. ¿Cómo quieres que lo llamemos, situación? ¿Una ocurrencia del destino? ¿Una oportunidad inesperada? Elige lo que quieras, la solución será la misma.

Sakura se levantó, abrumada de repente por las emociones que la atacaban por todos lados. Pero el suelo, que debería ser firme bajo sus pies, pareció ceder... era como estar en un bote en medio del océano, experimentaba la misma sensación de mareo.

–No me encuentro muy bien... el médico me ha dicho que podría tener anemia... –Sakura no recordaba lo que ocurrió después, pero tuvo la sensación de que alguien la tomaba en brazos.

Al verla pálida como un cadáver, Sasuke se había puesto en acción inmediatamente, sujetándola antes de que cayera al suelo.

Apenas había tenido tiempo de asimilar la noticia pero, de repente, se preguntó si estaba lidiando con la situación de manera adecuada. Había sido culpa suya que Sakura se marease y, en su condición, era lo último que necesitaba.

Sasuke la llevó al dormitorio y la dejó suavemente sobre la cama.

– ¿Estás mejor? –le preguntó al verla parpadear.

– ¿Me he desmayado? –murmuró Sakura, llevándose una mano al cuello de la camisa. Se sentía débil y asustada y, aunque no quisiera reconocerlo, la presencia de Sasuke era reconfortante.

– ¿Es la primera vez que te pasa?

Ella asintió con la cabeza.

– ¿No comes bien? Estás muy delgada.

–Claro que como bien. Y no finjas que te importa, esto es algo que no esperabas y que va a interrumpir tu vida... –los ojos de Sakura se llenaron de lágrimas.

–Voy a llamar al médico.

Sasuke parecía tan preocupado que Sakura hizo un esfuerzo para no llorar más. Sasuke Uchiha podía ser aterrador y enfurecerla como no se había enfurecido nunca con nadie, pero también podía ser considerado y humano. ¿Cómo había olvidado eso?

–No sabía que los médicos siguieran haciendo visitas a domicilio –le dijo, cuando volvió a la habitación. –Pero no es necesario, de verdad.

–Sí es necesario. Y yo tengo en nómina al mejor médico de Londres.

– ¿Porque te pones enfermo a menudo? –Sakura empezaba a tener sueño, algo que le ocurría muy a menudo últimamente.

–No, yo nunca me pongo enfermo.

–No voy a casarme contigo, Sasuke.

–Y yo no pienso pelearme contigo por el momento. Tienes que cuidarte y que nos peleemos no ayuda nada.

–No tengo intención de pelearme contigo.

– ¿Lo ves? Ya lo estás haciendo.

Sakura tuvo que disimular una sonrisa y seguía sintiéndose ridículamente contenta cuando sonó el timbre. Unos segundos después, en la habitación entraba un hombre de pelo gris e inteligentes ojos negros. Mientras la examinaba, le contó que conocía a la familia de Sasuke de toda la vida y que era su médico desde que se mudó a Londres.

–Aunque no nos vemos a menudo –siguió, guardando el estetoscopio en el maletín para dirigirse a la puerta, donde Sasuke esperaba con gesto impaciente.

– ¿Cuál es el diagnostico, Hiruzen?

El médico miró hacia la cama.

–Necesitas descansar, Sakura. Tienes la tensión alta y eso puede dar lugar a todo tipo de problemas. Aunque el latido del niño es fuerte, no me gustan nada esas ojeras que tienes. Estás estresada y seguramente no tomas los nutrientes necesarios. Por supuesto, no hay necesidad de comer para dos como hacían antes, pero necesitas comer bien. Voy a darte una receta de ácido fólico, pero sobre todo debes descansar. Al menos durante un mes. Y es una orden.

Sonreía al decir eso, pero Sakura no pudo devolverle la sonrisa. ¿Cómo podía haber recorrido una distancia tan grande en tan poco tiempo? De la confusión total al pánico y de ahí a la angustia por la posible pérdida de aquel ser diminuto que crecía dentro de ella.

Sasuke salió de la habitación con el médico y cuando volvió unos minutos después su expresión era implacable.

–Estaba mintiendo, ¿verdad? –Murmuró Sakura. –No quería asustarme, pero es más serio de lo que dice. Lo he visto en su cara.

– ¿Ah, sí? Entonces tendremos que llevarte al oculista –Sasuke se sentó a su lado en la cama.

Tres semanas sin ella habían sido un infierno. Aunque no había anticipado aquella situación, estaba absolutamente decidido a hacer lo que tenía que hacer.

Bajo ninguna circunstancia, le había dicho Hiruzen, debía estresarla en ese momento. De modo que intentar convencerla para que se casaran tendría que esperar. Pero cuidaría de ella porque la idea de tener un hijo con Sakura empezaba a resultarle increíblemente atractiva. Tal vez porque la presencia del médico había hecho que algo abstracto se convirtiera en algo real. En cualquier caso, su misión era protegerla, le gustase a Sakura o no.

–Puede que haya dicho cosas que te hayan disgustado –empezó a decir. –Y te pido disculpas por ello.

– ¿Perdona? –exclamó ella, incrédula.

–No se me da bien pedir disculpas y tú lo sabes.

–No –asintió Sakura, fascinada por un Sasuke que había dejado a un lado su eterna arrogancia, aunque fuese temporalmente. –Imagino que no tienes mucha práctica.

–No me hace falta porque suelo tener razón.

Era un comentario tan típico de Sasuke que Sakura tuvo que sonreír. Cuánto lo había echado de menos. Había echado de menos su cara, su calor, sus caricias... y estar a su lado en la cama era suficiente para marearla.

–No voy a darle más vueltas al asunto. Hiruzen dice que tienes que descansar y eso es lo que vas a hacer. De modo que, por el momento, estás en excedencia –Sasuke levantó una mano para silenciar sus protestas. –Y no discutas. Si siguieras trabajando, pondrías en peligro al niño. Es tan sencillo como eso.

Mientras hablaba, estaba intentando trazar un plan de acción.

– ¿De acuerdo? –le preguntó. Ella negó con la cabeza–. No, ya me lo imaginaba. Y también imagino que no estás preparada para volver con tu madre por el momento.

–Ya conoces a mi madre –Sakura se mordió los labios. –Necesito un poco de tiempo. Acabo de descubrir que estoy embarazada...

–Lo entiendo. Y ya que hablamos de la familia... sé que he reaccionado como un cavernícola cuando me has dicho que estabas embarazada –Sasuke tomó su mano, mirándola con gesto de disculpa. –Sí, el honor es importante, pero acepto que ya no vivimos en la Edad Media, así que olvidemos esa proposición mía y concentrémonos en ponerte fuerte otra vez.

Nunca había sido más contemporizador con alguien del sexo opuesto. Claro que nunca había estado a punto de provocar un daño irreparable por su irreflexivo comportamiento. Ese día había aprendido una valiosa lección, pensó. No tenía intención de sentar la cabeza, pero su vida acababa de dar un giro de ciento ochenta grados. Tarde o temprano, Sakura buscaría al hombre de sus sueños. ¿No había empezado a considerar la idea de buscarlo por Internet? Y Sasuke no pensaba dejar que otro hombre cuidara de su hijo.

Tres semanas antes, Sakura empezó a hablar de matrimonios y romances de cuento de hadas y él había decidido apartarse. Pero le había hecho daño y su misión era recuperar su confianza.

Sakura no entendía el repentino cambio de opinión. Olvidar esa absurda idea de casarse era lo mejor, se dijo a sí misma. Pero le dolía que de repente hubiera decidido que sería absurdo casarse con una mujer de la que no estaba enamorado.

–Tienes que descansar, –insistió Sasuke –y Londres no es un buen sitio para hacerlo. Pero tengo una casa muy tranquila en el campo... está lo bastante cerca de Londres como para ir y volver en el mismo día pero lo bastante lejos como para olvidar el ruido y la polución.

– ¿Tienes una casa en el campo? ¿Por qué no me lo habías dicho?

Sasuke decidió no responder a la segunda pregunta.

–Es un sitio muy tranquilo, con un jardín precioso. Creo que allí estarás muy a gusto.

Luego sonrió, preguntándose cuánto tardaría en encontrar una casa así. No mucho, esperaba. El dinero hacía maravillas cuando se trataba de adquirir posesiones.