Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug and Chat Noir no me pertenece. Solo me pertenece la idea de este fic.


La Princesa y el Artista

Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.


Las princesas posan

Chloe empujo la puerta enojada y entro en la recepción del edificio. Tal vez no era bueno que corriera después de haber comido tanto como comió. Pero es que una cosa era llevarse bien con la señora Kurtzberg, y otra era que su novio le hiciera lo que le acababa de hacer. Sentía un nudo en la garganta y el estómago arder en cólera. Se acercó a la puerta principal con el artista detrás de ella.

— ¿Puedes dejar de huir?—pidió Nathaniel.

—Yo no estoy huyendo—grito Chloe saliendo del edificio del chico.

Nathaniel tomo a su novia del brazo y la jalo en el momento exacto en que un automóvil pasaba por ahí. Aquello era como una escena de película, pero la verdad es que Nathaniel estaba más preocupado por el daño que la rubia podría causarse a sí misma que por su enojo mal justificado. Chloe nunca había visto todas sus pinturas pero aunque sabía que Nathaniel estuvo enamorado de Marinette, eso no la preparo para la cantidad de dibujos que tenía su novio de su gran enemiga.

Aunque tal vez no era por eso que la rubia estaba tan enojada. Esa mañana, apenas despertar, Chloe recibió una noticia que la dejo helada. Su padre había solicitado su presencia al siguiente día. Su corazón se aceleró al saber las razones, y saberlas no había hecho menos dolorosa la idea de ir a verlo. Así que en general la rubia estaba enojada. Y lo descargaba con cualquier cosa.

— ¿Porque sigues guardando todas esas pinturas de la panadera esa?—grito enojada la rubia.

—Porque no hay forma de que tire el trabajo de años a la basura—contesto Nathaniel tomándola de los brazos.

—Esa no es justificación para guardar todas las cosas de la Maricucha esa—contesto Chloe—. Creí que las tirarías. Seguro aun sientes algo por ella.

— ¡Que no!—grito Nathaniel.

—Sabes que, no quiero saber nada sobre eso—dijo Chloe antes de dar media vuelta hacia el otro lado de la calle.

Nathaniel se acomodó el cabello frustrado mientras veía a su novia cruzar la calle enojada. El día que le pidió que fuera su novia sabía perfectamente bien que Chloe es una chica complicada; pero últimamente las cosas estaban más difíciles que antes. Chloe parecía una bomba a punto de explotar y Nathaniel estaba enojado por no lograr entenderla.

La rubia llego al hotel. Llevaba toda la tarde intentando no pensar en lo que iba a ser el siguiente miércoles que fuera a ver a su padre. No sabía cómo hacer las cosas. No sabía que pensar sobre aquello. Por eso prefería no pensar en ello. Por eso prefería no recordar que su padre estaba a cuatro días de morir.

Apenas entrar a su habitación, la rubia sintió su celular vibrar. No tenía tiempo ni ganas de contestar las llamadas. Tenía que empacar sus maletas. Se giró hacia su closet para sacar la ropa que llevaría para ver a su papá. Parecía que todo lo hiciera en automático.

Desde ese día hasta el miércoles su celular estuvo apagado y no salió de la habitación. Sabrina y Nathaniel se preocuparon mucho por ella pero no pudieron entrar al hotel. Lila solo sabía que saldría fuera de la ciudad porque Jesse le había informado. El trayecto hasta el hospital pasó como un parpadeo. Parecía que el mundo iba más rápido con cada kilómetro pero se detuvo cuando se vio frente a la habitación 3654, ahí se encontraba su padre.

El sonido de los aparatos desconcertó totalmente a la rubia. Chloe casi se desmaya y si no hubiera tenido a Jesse atrás para detenerla, alguna enfermera habría tenido que ayudarla. El cáncer de su padre había hecho metástasis en otras partes del cuerpo y pronto había hecho fallar sus pulmones. Su muerte parecía lenta en la opinión de la rubia quien aún no entendía porque no tomo un tratamiento.

Cuando tuvo que ser entubado y los doctores le administraron sedantes para evitar su dolor, los doctores mandaron llamar a Diana. Y Diana llamo a Chloe para que fuera para ver a su padre, Jesse por alguna razón también le acompañaba.

—Ven cariño siéntate conmigo—pidió Diana.

Chloe se acercó un asiento al lado de su padre. André Burgeois estaba más demacrado y delgado. No se parecía en nada al padre, político y esposo que había sido en algún momento. Se decía que su corazón colapsaría en cualquier momento. Chloe se sentó al lado de la cama de su padre, dispuesta a mantener aun su esperanza de que su padre se recuperara. Sabía que era imposible.

Ladybug corrió hacia el akuma de turno. Saco el yo-yo y lo lanzo para atrapar las piernas del villano. El akuma comenzó a tambalearse hacia la derecha y Chat Noir destruyo su arma cuando la soltó. Ladybug apenas tuvo tiempo de tomar la carrera y romperla por la mitad. La mariposa comenzó a volar pero Ladybug la purifico antes de que tuviera oportunidad de hacer más daño. Así si se sentía libre e independiente.

Chat Noir miro a la heroína. No se sentía muy bien a su lado sabiendo que había terminado con él apenas una semana antes. Suspiro. Tenía la sensación de que ambos estaban destinados a estar juntos siempre ¡ambos eran héroes! No podía haber mejor prueba de que debían de estar juntos. Tal vez no era ese el momento, pero algún día lo seria. O tal vez solo necesitaba abrirse con ella.

—Ladybug, crees que pueda verte más tarde—empezó Chat—. Necesitó decirte algo.

Ladybug no quería. Saber que detrás de esa mascara se encontraba su ahora ex-novio la ponía de malas. Ya ni siquiera podía confiar en el para desahogarse. Pero, Chat Noir seguía siendo, y seguiría siendo durante muchos siglos más el mejor amigo y compañero de Ladybug.

—Claro, aunque creo que será mañana—contesto Ladybug antes de correr sobre los tejados hasta su casa.

Chat Noir probablemente tenía la idea más estúpida de su vida. Aunque estaba bastante seguro de esa afirmación, estaba más desesperado por obtener el perdón de Marinette que por ser coherente. En otras circunstancias habría buscado ayuda con alguien: Nino o Alya eran la mejor opción (aunque ellos tenían sus propios problemas). No, tendría que arreglar ese problema él solo.

El día paso y con el comienzo de otra soleada mañana, algunas personas se encontraban muy amargadas. Nathaniel se sentó al fondo del salón con una mirada que podría asesinar. No solo llevaba casi cinco días peleado con su novia, sino que además esta no estaría en la ciudad un tiempo. Incluso Juleka y Rose se preguntaron cómo podrían ayudarle. Por supuesto que estas últimas le echaban la culpa a Chloe, en parte tenían razón.

—Pareces un león enjaulado—comento en un descanso Max.

—No tengo nada—contesto Nathaniel regresando su vista a la libreta donde no podía evitar dibujar de memoria a su novia.

—Seguro que Chloe hizo una de las suyas y por eso estas así—dijo Juleka bufando.

—Eso tiene sentido—secundo Rose con una sonrisa.

— ¿Porque no la dejas de una vez?—pregunto Juleka.

A la chica gótica no le gustaba para nada la chica rubia. Cuando Nathaniel les contó que Chloe era ahora su novia, Juleka no tardo en ponerse mal. Odiaba a Chloe por todo lo que les había hecho con anterioridad. Así que no acepto (y aun no la aceptaba) a la novia de su amigo. No desaprovecharía oportunidad para separarlos. Lástima que su prima no pudo hacer mucho para ayudarla.

— ¡Oye, yo no me quejo de tu pseudonovio y su obsesión con la fotografía!—se defendió Nathaniel, en verdad estaba sensible.

— ¡No te metas con Justin!—pidió Juleka.

Sabrina había estado escuchando la conversación de los chicos. La verdad es que sin su amiga estaba muy sola, pero eso le permitía observar a su alrededor y darse cuenta de pequeños detalles. Como que Nino y Alya parecían algo distanciados y al parecer tenía algo que ver con Marinette y Adrien. Pero, tal vez lo que más le preocupo fue escuchar a Nathaniel tan enojado con Chloe. Al parecer el artista no estaba al tanto de la situación.

Los amigos del pelirrojo lo vieron tan enojado que prefirieron dejarlo solo un rato. Sabrina sabía que debía hablar con él, pero de nuevo Chloe debió haber tenido sus razones para no decirle. Ni siquiera sabía qué hacer. Y Lila no era de mucha ayuda con su nueva y reciente amistad con el tal Jesse. Aunque este no estuviera en la ciudad en ese momento.

A la hora de la salida, Lila apareció en la puerta del salón de Sabrina y Nathaniel. La italiana no quería llegar a casa y cuando Sabrina le llamo para ayudarla con algo acerca de Nathaniel no dudo en ir. Sabrina ya hablaba con el pelirrojo cuando llego.

—No deberían de enojarse así—comento Sabrina tratando de ser de ayuda.

—No sé qué haya pasado, pero seguro que Chloe tiene la culpa—Nathaniel ni siquiera se molestó por saber quién hacia esa afirmación. Era demasiado obvio.

—Creo que no tienes derecho a hablar—dijo Lila al acercarse a los chicos—. No conocen ni merecen conocer a Chloe como para criticarla.

—Y ella ¿si tiene derecho a decirnos y hacernos las groserías que siempre nos hace?—tal vez ninguna de las dos chicas que discutían tenían la razón del todo, pero si debían de calmarse un poco antes de armar un escándalo.

El pelirrojo agarro todas sus cosas para salir de ahí. Juleka, Lila, Rose y Sabrina parecían estar en una gigantesca pelea verbal que no parecía terminar. El artista no estaba de humor para aquello, solo quería estar seguro que Chloe estaba bien. Así que giro a ver a las dos amigas de su novia.

— ¿Alguna de ustedes sabe algo sobre Chloe?—interrumpió Nathaniel.

—Jesse dice que está bien—contesto Lila tal vez haciendo la tontería más grande de ese día.

— ¡Serás tonta!—dijo Sabrina al darse cuenta de la cara de incredulidad de Nathaniel.

A Sabrina no le interesaba en ese momento continuar con la pelea a favor de su mejor amiga. La pelirroja salió por la puerta jalando al novio de su amiga y a la italiana. Chloe le había contado todo sobre los celos de Nathaniel hacia Jesse. Así que supuso las razones por las que el artista no se creía las palabras de Lila.

— ¿Se fue con Jesse?—grito el chico.

— ¡Ay! Tampoco es como si él hubiese querido ir—dijo Lila cruzando los brazos.

— ¿Sabes dónde está Chloe?—pregunto Nathaniel, sin hacerle mucho caso a lo que decía Lila—. No lo sé y estoy desesperado.

—Fue a ver a su padre—contesto Sabrina por Lila.

Nathaniel no supo porque sentía una fuerte opresión en el pecho. Algo grande y terrible estaba por pasar. Tenía la sensación de que aquello traería una terrible tormenta a su vida. Pero el que Chloe se enfrentara a aquello sin decirle le dolía demasiado.

Apenas había logrado hacer que Chloe bajara a comer algo cuando Diana recibió una llamada. En una mesa apartada de la cafetería del hospital, Chloe trataba de negarse todo aquello. El doctor acababa de informarle sobre la situación de su padre. Sinceramente, había hecho oídos sordos a toda la situación. Algo sobre el cáncer expandiéndose a algún lugar. La verdad es que prefirió no escuchar.

—Aun no entiendo que haces aquí—comento Chloe a Jesse.

—Tu madre me pidió venir—contesto el inglés.

—Y tú porque le haces caso—cuestiono la rubia.

—Tu madre no te ha contado—aseguro Jesse con cara de incredulidad ante un detalle tan importante.

—No—contesto Chloe enojada por el misterio.

—Mi padre no me entregara el control total de su empresa hasta que me case. En su opinión un chico soltero no puede hacerse con un negocio y hacerlo prosperar—comenzó a explicar.

En ese momento apareció la enfermera de su padre en la cafetería. Venia buscando a Diana pero al no verla se giró hacia la siguiente persona conocida, Chloe Burgeois. La enfermera observo a Chloe y tuvo la sensación de que era una jovencita demasiado fácil para lo que estaba por decirle.

—El doctor la está buscando—dijo la enfermera—. Por favor sígame.

— ¿Pasa algo malo?—pregunto Chloe estando ya detrás de la enfermera y siguiéndole hasta el ala de cuidados intensivos.

El cuerpo de André Burgeois se había deteriorado con rapidez desde hacía varias semanas. Llevaba en coma tres días con un neurólogo revisándolo constantemente. Chloe sabía todo aquello solo por encima, su método para defenderse de aquella situación era ignorándolo todo. Chloe arribo al cuarto donde estaba su padre junto a dos doctores, uno era el oncólogo y otro era un neurólogo que Chloe nunca había visto.

— ¿Es usted el familiar de André Burgeois?—pregunto el neurólogo. Chloe asintió—. Lamento informarle que acabo de declarar la muerte cerebral de su padre. Su padre dejo instrucciones de que se le desconectara un día después de la declaración de muerte cerebral.

— ¡¿Qué?!—Pregunto Chloe con un nudo en la garganta que le impedía habar—. No puede ser cierto.

—Señorita…—empezó a decir el oncólogo.

—No es cierto—grito Chloe al borde de las lágrimas. La rubia se acercó a su padre y le abrazo—. ¡Tú no me puedes dejar!

Jesse no pudo hacer más que observarla llorar desconsolada. Debía de hacer algo para ayudarla. Pero no sabía que. Tal vez sería buena idea llamar a sus amigas y a su novio. Tal vez ellos supieran como arreglar el corazón de su amiga. Aunque, por experiencia propia, sabía que aquello era una misión imposible.

Ladybug se sentó a la orilla de la torre Eiffel en su parte más alta. Ahí había quedado de ver a su compañero. Quería creer que el chico no iba a pedirle consejo sobre chicas, aunque era una buena oportunidad para decirle que debía hacer exactamente para obtener su perdón. Su compañero apareció frente a ella un segundo después de tener ese pensamiento.

—Necesito tu consejo—pidió Chat Noir.

—Claro, que sucede—Ladybug trataba de parecer neutral.

—Crees que en una relación de pareja no deben existir secretos y que si quiero ayudar al otro debo de decirle la verdad—pregunto, más bien, aseguro el héroe.

—Claro—contesto Ladybug.

—Perfecto—Chat Noir se sentó junto a la chica y suspiro—. En ese caso, lamento haber hecho lo que hice, sé que estuvo mal meterme en tu carrera de diseñadora ¿me perdonas, Marinette?

Ladybug se levantó de golpe de la orilla de la torre Eiffel y se llevó las manos a la boca. Adrien, Chat Noir sabía su secreto: Marinette y Ladybug eran la misma persona. Pero ¿hace cuánto que lo sabía?

— ¿Cuánto tiempo tiene que sabes quién soy?—pregunto la chica.

Con franqueza, Adrien esperaba que la chica no pusiera mucha atención en ese detalle. ¡Vamos! Acaso no podía darle el beneficio de la duda. Él se había hecho su amigo en ambos aspectos, le había revelado su secreto y le había dejado entrar en su vida más oculta. Al menos que le concediera el perdón que le había pedido.

—Un año, año y medio más o menos—contesto sin verla.

— ¡¿Qué?!—Contesto histérica la chica—. Tú y yo no tenemos más de ocho meses juntos. No se te ocurrió contarme en algún momento que sabias quien era, tal vez en nuestra primera cita.

—No, ¿cómo se supone que te iba a decir algo así?—contesto Adrien indignado—"oye Marinette te vez muy bonita. Por cierto, ya sé que tú eres Ladybug ¿qué crees yo soy Chat Noir".

— ¿Cómo puedes ser tan cínico?—grito Marinette enojada—. Sabes que, no quiero saber nada más.

Ladybug saco su yo-yo y salió saltando por sobre los edificios. Más de una persona la vio pasar con rapidez, incluyendo a un artista que parecía totalmente derrotado. Nathaniel se encontraba en medio de un arque tratando de dibujar en un ambiente de paz, pero no podía. Aquella mala sensación no se iba.

—Tal vez deberías de pensar en otra cosa para dibujar—dijo Lila detrás de él.

—No sé mucho de arte, pero no se ve muy bien—confirmo Sabrina sonriendo

—A lo mejor es una especie rara de surrealismo—comento Lila.

Nathaniel suspiro y giro hacia su mochila. Estaba por sacar sus audífonos y su reproductor de música cuando vio su celular vibrar. Lo tomo entre sus manos y contesto la llamada de un número desconocido. Apenas pegárselo a la oreja reconoció la voz y se arrepintió de contestar.

—Hola, busco a Nathaniel Kurtzberg—preguntó Jesse al otro lado de la línea.

—Soy yo—contesto el artista.

—Solo llamo para comunicarte que Chloe no se encuentra bien. Creo que va a necesitar que vayas a verla al hotel apenas regrese—dicho eso y sin despedirse Jesse colgó la llamada.

Nathaniel se quedó observando el celular un segundo. Al parecer sus presentimientos eran correctos. Algo muy malo le estaba pasando a su bella novia. Debía de encontrar la forma de ayudarle. Pero, no podía hacer nada desde donde estaba.

Jesse apago el teléfono dispuesto a regresar a la cafetería donde había dejado a Chloe. Sin embargo al llegar a la misma solo se encontró a la señora Diana hablando con una enfermera y con el oncólogo. Al parecer estaba tratando de conseguir más tiempo para aplazar la desconexión de su ex esposo. Aunque ya no estuvieran juntos, seguía siendo una parte importante de su vida y de la de su hija. Jesse la dejo y camino por el pasillo buscando a la chica.

La encontró frente a una pequeña cruz en una pequeñísima capilla cercana.

—Nunca le he rezado a ningún Dios—comento Chloe cuando tuvo a Jesse al lado.

—No es difícil. Solo tienes que hablar—contesto Jesse. Entonces dio dos pasos hacia atrás.

—Ok. Escucha, yo no suelo hacer esto así que si lo hago mal perdóname—comento la rubia viendo la cruz y cruzando los brazos—. No quiero que papa me deje. Sé que no soy una buena chica, sé que usualmente soy la persona más horrible sobre el planeta, sé que no merezco el perdón de nadie y todo lo que me dicen los que se atreven a decirlo. Pero, hoy te pido que olvides todas mis faltas y me regreses a mi papa. Los doctores no pueden hacer nada, pero supongo que tú sí. No soy la mejor hija, pero lo quiero como no tienes idea.

Los ojos de Chloe estaban repletos de lágrimas. Su mirada era borrosa. Pero al menos había hecho lo único que estaba a su alcance. En verdad que estaba desesperada. No podía con eso, la superaba. No quería que su padre se fuera. Quería se lo regresaran sano y salvo. Hasta ese momento no había caído en total cuenta de que ya nunca lo tendría con ella.

—Debo verme muy estúpida haciendo esto—comento Chloe al inglés.

—Para nada. Yo también lo hice—contesto Jesse.

—Y ¿funciono?—pregunto la rubia sin poder hablar del todo bien.

—No, pero a veces es mejor que no funcione—contesto Jesse sabiendo que con eso iba a romperle más el corazón a la chica.

Chloe no pudo evitar llorar aún más fuerte. No podía con eso. Sus dientes rechinaron al tratar de contener las lágrimas mientras susurraba que no lo creía, aquello no podía estar pasando. No le gustaba la perspectiva de su vida sin su padre. No le gustaba para nada. Contrario a lo que todo el mundo pensaba, su padre nunca fue un banco, era mucho más que eso. Era la única persona que la quería por cómo era.

Jesse quiso acercarse a abrazarla. Pero estaba muy nervioso y no quería arruinar el momento con alguno de sus estúpidos movimientos de casanova. Debía dejarla llorar sola. Pero, no poder abrazarla para consolarla no significaba que no podría darle palabras de aliento.

—Apuesto a que hay muchas cosas que nunca pudiste decirle—comento tratando de distraerla.

—Sí. Quería decirle muchas cosas—chillo Chloe.

—Se las dirás algún día—dijo Jesse.

— ¿Cómo?—grito Chloe apretándose ella sola.

—Cuando lo sigas a donde fue, cuando le vuelvas a ver. Mientras tanto guarda todos los recuerdos de tu vida. Y tendrás todo una vida que contarle—aconsejo el inglés. Eso era lo que él hacía, lo que le hacía salir adelante sin su madre.

En ese instante Chloe cayó al piso, con el maquillaje corrido y abrazándose a sí misma. Trato de detener el hipo y las lágrimas con mucho esfuerzo. Lo único que quería era que aquello fuese un mal sueño, quería despertar en su cama mullida con su adre aun como alcalde de la ciudad ¡quería que alguien la abrazara! ¡Quería a Nathaniel ahí con ella!

Veinticuatro horas después, el oncólogo les explicaba cómo se llevaba a cabo la desconexión de un cuerpo. Cuatro horas después su padre daba el último aliento y Chloe se sentía desfallecer. Tal vez fue la más afectada por todo eso. Al fin y al cabo era su padre, la persona con la que había vivido toda su vida. Merecía que la dejaran llorar todo lo que quisiera. Su familia la había abandonado, y eso que era lo más importante.

Cuando Chloe bajo de la limusina frente al hotel, no había probado bocado ni abierto la boca en más de diez horas. No tenía ánimos para comer, no tenía ánimos para hablar. Había sido un largo día, un largo viaje. Se sentía agotada y lo único que quería era recostarse y no levantarse nunca. Quedarse ahí el resto de su vida.

— ¡Chloe! ¡Chloe!—escucho que la llamaban, pero no tenía las agallas para voltear la cabeza y encarar a esa persona.

Por fin llegaron a su lado Sabrina, Lila y Nathaniel. Sabrina tomo rápidamente su bolsa, librando a Chloe de una carga que no se dio cuenta traía. Lila trato de acercarse a la rubia, pero se retractó al verla tan demacrada y con la vista perdida. Chloe nunca se veía así de triste o desamparada. Sin duda ella no podía imaginar por lo que ella estaba pasando.

—Chloe—volvió a llamar Nathaniel.

Esta vez, Chloe si levanto la vista. Sus ojos azules chocaron con los verdes del artista. No había superioridad o enojo o burla en aquellos pozos azules. Solo una inmensa tristeza. Nathaniel extendió sus brazos para abrazarla y esta se dejó envolver sin mayor problema. Chloe comenzó a gimotear por otro set de lágrimas.

—Vamos princesa no llores—animo Nathaniel.

El pelirrojo tenia, por supuesto, magnificas intensiones. Pero aquel apodo que el apenas y usaba y que escogió para ese preciso momento era el mismo que su padre solía decirle. Chloe apretó la chaqueta de Nathaniel con fuerza, dejándose llevar por la tristeza una vez más.

—Tranquila. Princesa, ¿por qué no sonríes para mí?—dijo Nathaniel no se le ocurría ninguna otra frase así que siguió repitiéndola una y otra vez.

Con un poco de tiempo, las lágrimas de Chloe fueron acabándose. Cuando apenas tuvo un pequeño hipo casi imperceptible, Nath se permitió soltarla un poco. La tomo por los hombros y observo su rostro rojo y sin maquillaje.

— ¿Estarás bien, Chloe?—pregunto Sabrina.

La rubia asintió levemente.

—Vamos Chloe. Te ves más bonita cuando sonríes—comento Lila tratando de animarla.

Chloe sonrió apenas perceptible. No podía sonreír más que eso. La rubia cruzo sus brazos bajo sus pechos e inclino su cadera un poco a la derecha. Aquella era una pose que cualquiera que la conociera de vista diría era muy típica de ella. Ellos, sus amigos, habían aprendido su significado.

Sin más que decir, Nathaniel la jalo con delicadeza como si fuera de porcelana. La abrazo con suavidad, esperando que ella no lo alejara. Entre el calor de sus brazos, una extraña seguridad surgió. Chloe se permitió sonreír solo un poquito más. Ahora estaba en casa, aunque su familia ahora estuviera incompleta. Tal vez, algún día, podría volver a sonreír de verdad.

Las princesas posan para esconder sus lágrimas


Holiwis! ¿Cómo están gente bonita? ¿Qué les pareció el capitulo? ¿Les gusto? ¿Lo odiaron? Me quiero disculpar si no he podido hacerle el debido y merecido trato a situaciones tan difíciles como lo son la muerte de un familiar por enfermedad. No soy experta en estos temas y aunque he investigado un poco, siento que no está tan bien como me gustaría. Aún así quiero que sepan reconozco que estás son situaciones difíciles que deben tomarse con la mayor seriedad posible. ¡Besos! Gracias por leer. Adiosito!