Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.
La Princesa y el Artista
Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.
Amarte no es sano
Chloe se despojó de las sabanas solo porque ese día tenía compromisos. No tuvo fuerzas para ponerse maquillaje. Su cabello estaba suelto y desarreglado. Tomo lo primero que vio en su armario para vestir, sin importarle si combinaba. A decir verdad no combinaba.
— ¡Chloe!—llamo una voz del otro lado de la puerta.
La rubia se dirigió a abrirla, aunque no se preocupó por saludar a su inesperado visitante. Sabrina entro a la suite preguntándose si Chloe se sentía aunque fuera un poquito mejor. Las orejas y los ojos rojos de la rubia partieron por la mitad el corazón de su mejor amiga. Ojalá pudiera hacer algo por ella. Sin embargo, su mente estaba totalmente en blanco, ni siquiera lograba imaginar cómo se sentía su amiga.
— ¿Quieres ir de compras?—pregunto Sabrina. Chloe negó—. ¿Vas a salir?
—Hay un evento en el salón del hotel esta tarde—contesto con simpleza Chloe.
Sabrina se sentó junto a la chica en el sillón más grande de la suite. Chloe se recostó en el hombro de su mejor amiga y suspiro con melancolía. Aún tenía un rato antes de tener que bajar y comenzar a trabajar. Al menos todavía tenía el legado de su padre. Varias lágrimas bajaron por sus mejillas. Ahora le toco a Sabrina consolarla.
Nathaniel esperaba que su madre acabara de hacer lo que estuviera haciendo antes de salir de la casa. Cuando la señora Kurtzberg se enterró de la desgracia que azotaba a su linda nuera no pudo evitar sentir simpatía por lo que le pasaba. Había arreglado un regalo para la chica que le ayudara a pasar por esa etapa. Y Nathaniel la iba a visitar esa mañana de sábado para dárselo y pasar el día con ella.
El teléfono de la casa sonó. Nathaniel estaba solo en la estancia así que se dirigió rápido a contestar.
—Bueno—dijo al alzar el teléfono.
—Hola, busco a Emma Kurtzberg—dijo la persona del otro lado de la línea.
— ¿Quién quiere hablar con ella?—pregunto Nath.
—Su hermano—contestaron del otro lado.
— ¿Tío Harry?—pregunto Nathaniel un tanto emocionado.
Su tío Harry era restaurador de varias pinturas en el museo de Louvre. De hecho, era la principal razón por la cual el propio Nath podía dibujar libremente en el museo y la razón por la que era su lugar favorito en el mundo. Fue él quien le regalo su primer juego de acrílicos para pintar. En definitiva era su familiar favorito.
—Hola sobrino ¿cómo estás?—saludo lleno de entusiasmo del otro lado.
—Bien
—Ya estás en tu último año de preparatoria—dijo él. Parecía estar guardando algo.
—El próximo año espero estar en Bellas Artes—comento Nathaniel.
—En ese caso, tengo una propuesta muy interesante para ti—Harry río un poco. Parecía que no estaba en el museo en ese momento—. Hablo contigo después de con tu mamá ¿tienes tiempo?
Nathaniel se lo pensó un segundo. Pero no tardo nada en decidir que no se quedaría. Chloe le preocupaba mucho y la idea no solo de pesar tiempo con ella sino de además apoyarla en un momento difícil podía más con él. Estaba mucho más emocionado por ver a su novia que por cualquier mensaje que su tío favorito quisiera darle. En verdad la quería mucho.
—Estoy por salir—contesto Nathaniel feliz—. Hablamos después.
Nathaniel paso el teléfono a su madre quién le preguntó con la mirada quien era. Nathaniel contesto que se trataba de su tío y tomo el regalo de su madre antes de salir. Estaba seguro que aquello haría feliz a su novia. Nathaniel llego al cuarto de Chloe casi dos horas después de que Sabrina tuviera que irse. Cuando abrió la puerta casi no pudo reconocer el lugar.
Al parecer, la reina del drama acababa de pasar por un mal momento. Su espejo favorito estaba roto junto a una gran cantidad de marcos de fotos. La cama estaba desarreglada con la ropa regada desde el ropero hasta afuera y muchas de las prendas estaban rasgadas o rotas por la mitad. El olor de varios perfumes rotos y de talcos inundaba el ambiente. Si Nathaniel no supiera que el hotel tenia máxima seguridad, le hubiese preocupado que alguien asaltara a su novia.
Encontró a Chloe recargada de espaldas sobre el barandal de su terraza. Estaba vestida con un vestido blanco adornado con una línea amarilla y una naranja, sus zapatos eran azul eléctrico mientras que el cabello lo tenía aún más desarreglado que aquella mañana. Su mirada se dirigía al cielo y una parte de ella parecía querer saltar por la terraza. Nathaniel se preparó para correr a ayudarla por si se ponía como loca, pero no necesito de hacerlo pues la misma chica volteo a verlo y sonrió melancólica. No llevaba nada de maquillaje.
—No creí que te vería hoy—comento Chloé alejándose del barandal y sentándose en uno de los asientos de la terraza.
Nathaniel se acercó a ella y se sentó a su lado en el pequeño espacio. A Chloé no parecía importarle pues se acercó aún más al chico buscando refugio. Nathaniel sabía que debía decir algo, pero no sabía cómo proceder y sabía que algo muy difícil estaba pasando con su chica. Lo mejor era empezar por lo obvio, que era preguntarle que había pasado.
—Parece que un tornado pasó por aquí—comento el chico.
—Algo así—contesto Chloé cortante.
—Me quieres contar qué paso—pregunto Nathaniel. Tenía la sensación de que ella quería hablar de eso. O tal vez solo era su imaginación.
—Mi mente me jugo una mala pasada—dijo Chloe suspirando—. Creí oír que papá me llamaba.
Nathaniel trato de entender aquello. Aunque en realidad no había nada que entender. Chloe regreso del compromiso que tenía en la mañana para recostarse en su cama a dormir. Su mente apenas había comenzaba a dejarse entrar en el mundo de los sueños cuando una voz gruesa susurro su nombre. Chloe se levantó de golpe. La tristeza de saberse engañada por su mente fue rápidamente remplazada por ira.
Mucha, mucha ira.
Se levantó con rapidez y tomo todo aquello que le recordará a su padre. Cada memoria o retrato del lugar fue masacrado por la chica en su esfuerzo por dejar de sentirse mal. Y cuando hubo acabado y vio su obra, las gigantescas ganas que sintió de aventarse desde ahí y acabar con su sufrimiento se vieron opacadas por algo que no supo definir. Así que se quedó quieta en el mismo lugar tratando de evitar odiar a todo el mundo, a su padre, a los médicos, y a cualquiera que estuviera cerca de ella. Para cuando Nathaniel llego su ira fue remplazada por la tristeza otra vez.
Nathaniel le abrazo con fuerza y Chloe suspiro. El pelirrojo la tomo de la mano y la jalo con fuerza fuera de la habitación. Sin que ella supiera que estaba sucediendo, el pelirrojo le pidió a una mucama que recogiera la recamara de Chloe mientras ella saliera. Sin saber si estaba haciendo lo correcto o hacia donde iba a llevar a la chica, la jalo hacia un parque cercano donde esperaba poder levantarle el ánimo.
Sin embargo, no era el único que parecía buscar una manera de levantar un ánimo. Nino toco la puerta de la habitación de su mejor amigo. Sabía que el chico estaba muy afectado por su ruptura con Marinette, aunque el moreno no lograba entender porque. Vale, había salido con la chica por diez largos meses, eso era mucho tiempo. Quizás era por eso que no lo entendía. Su relación más larga había durado solo tres semanas. Así que no tenía idea de que hacer en esos casos. Nino entro en la habitación no queriendo decir nada más.
—No pareces muy feliz de verme —comento Nino tratando de sacar una sonrisa de su mejor amigo.
Adrien estaba recargado en su cama con la televisión prendida en uno de esos canales de películas baratas que solía ver con Marinette en las tardes lluviosas. No se veía nada feliz por su presencia. De hecho, cualquiera que lo viera diría que estaba por lanzarle el objeto más pesado de su cuarto a su mejor amigo. Una gran cantidad de dulces estaba esparcida en recipientes a través de la habitación y al parecer el chico ya había utilizado todo lo que había a su alcance para distraerse.
— ¿Qué haces aquí? —pregunto Adrien enojado.
—Nada en realidad —contesto el chico tomando un dulce del recipiente más cercano.
Adrien no se había visto de buen ánimo durante los últimos días. Todo el tiempo parecía querer acercarse aunque fuera un poco a Marinette, pero la chica no le hacia el más mínimo caso. Al final había terminado por contarle toda su historia a su mejor amigo. Incluyendo su pequeño secreto cosa que Plagg no vio de buena manera pero que permitió dadas las circunstancias. Era fin de semana y cualquiera pensaría que un chico de la edad de Adrien soltero debería estar preparándose para una noche de alcohol y sexo. Pero el chico no era así y todos sus momentos solos los pasaba lamentándose ser tan estúpido.
Aunque también había espiado a Marinette en un par de ocasiones. La primera fue para verla trabajar en su nuevo proyecto. La china-francesa no estaba afectada por su ruptura (al menos eso parecía) y ponía todos sus esfuerzos en demostrarle a sus compañeros del curso de la compañía Agreste que se había ganado su lugar. A Adrien le fascinaba verla, era esa misma determinación y fortaleza lo que le había llamado la atención en primer lugar.
—Lo que necesitas —dijo Nino interrumpiendo el tren de pensamiento de Adrien —es conseguirte una nueva novia. Demuestra que esa no te afecta. ¡Ni dejes que Marinette te venza!
Antes de que el modelo pudiera siquiera contestar su mejor amigo le arrastro fuera del lugar. Recordaba vagamente a muchas de las chicas que se morían por una cita con el guapo Adrien Agreste. Cualquiera de ellas estaría dispuesta a hacerle olvidar al modelo a su última novia. Para cuando llegaron al parque más cercano de la escuela, Nino vio a una pareja al final de una fila de helados y tuvo una magnífica idea.
Lila tenía entre sus manos un paquete que no dejaba de apretar. Sabrina a su lado estaba desesperada porque le contara las últimas noticias. Cuando Chloe tuvo que ir a atender sus deberes esa mañana, la pelirroja no tuvo que hacer. Vago por las calles de París en busca de algo entretenido y cuando se disponía a regresar a casa recibió una llamada de la joven italiana. Lila estaba llena de emoción, suficiente emoción como para correr a verla al parque. Apenas llego llevaba entre sus manos un paquete llegado por correo que le hizo brincar. Sabrina se ofreció a que se compraran unos helados para platicar pero Lila no parecía poder contenerse más.
—Me ha enviado un regalo —dijo de repente asustando a Sabrina.
—Enserio ¿quién? —pregunto Sabrina mientras avanzaban en la fila.
— ¡Jesse! —Grito Lila—. Lo envió Jesse desde Inglaterra.
— ¡Wow! Siquiera sabes que es —pregunto Sabrina sintiendo una extraña corazonada.
—Tengo una idea —contesto Lila—. Le conté a Jesse que en una de nuestras tantas mudanzas perdí mi copia de Animales Fantásticos y donde encontrarlos. Sospecho que compro una copia y me la envió.
—Espera ¿estás emocionada por el regalo o por quién te lo regalo? —cuestiono Sabrina picara.
Lila se puso roja pero no llegó a contestar cuando llegaron con ellas Adrien y Nino. Sabrina aún se ponía un poco nerviosa en la cercanía de Nino, pero lo estaba controlando. Además, había un geek tecnológico en su salón que le acabo llamando la atención. Nino les pregunto si tenían algo planeado para esa tarde y cuando Lila respondió entre tartamudeos que no, los chicos se ofrecieron a acompañarlas un rato.
Nathaniel había decidido llevar a su novia a un parque, pero después lo pensó bien y creyó que era mejor llevarla a cualquier otro lugar. Y así ambos acabaron pagando (con la tarjeta de crédito de Chloe, obviamente) una cena en una lancha privada a través del Sena. En un principio la rubia se reusaba a poder sentir un poco de alegría. Pero después de paseos por el parque y de que Nathaniel jugar con ella y su humor de perros se permitió sonreír un rato. Nath supo que su novia se sentía un poco mejor cuando comenzó a observar con interés las tiendas hasta que dio la hora de cenar.
Nathaniel solo había recorrido el Sena en una excursión escolar a los siete años de edad. Y no había sido una experiencia agradable. La profesora nunca estaba atenta a las cosas que sus compañeros hacían así que más de uno acabo muy mal después de aquella tarde. Tal vez por eso, o tal vez porque era la primera cena romántica que tendría con su novia. Y ni siquiera había tenido tiempo de prepararlo bien.
Chloe parecía estar en su zona de confort y solo se preocupó por enviar un mensaje a su madre para que no preguntara por ella. Aunque eso solo lo hizo porque su celular no dejaba de sonar. Cuando ambos se sentaron a la mesa, Nathaniel tuvo la sensación de que debía decir algo importante, pero su mente estaba en blanco. Chloe tampoco parecía querer decir algo. Pero cuando encontró que cosa decir ella hablo.
—Soy una persona horrible ¿verdad? —pregunto de golpe.
Nathaniel no supo que contestar. La pregunta le tomo desprevenido por lo que apenas se pudo recuperar pudo ver en los lindos ojos de su novia cierta nostalgia y enojo. No pudo decir nada más que negar con la cabeza.
—Entonces, ¿porque tengo tan mala suerte? —preguntó enojada.
—No tienes mala suerte —aseguro Nathaniel.
Estaba seguro de que Chloe era una de las muchachas más afortunadas que había visto en su vida. Porque Chloe es bonita, inteligente, tiene mucho dinero. Vivirá toda su vida de la mejor manera. Era muy, pero muy afortunada. Pero la chica se veía más marchita que cualquier persona que hubiese visto Nathaniel.
—Algún día te vas a ir, como todos —comento Chloe al tiempo que le traían su primer plato de cena.
—Si te refieres a que vamos a morir, creo que es muy obvio —contesto Nathaniel no entendió a qué se refería su novia.
Chloe río irónicamente antes de comenzar a comer. Fue hasta ese momento que Nathaniel noto aquello era una broma muy cruel. Pero estaba muy nervioso y no sabía que contestar. Chloe parecía tan triste y al mismo tiempo tan enojada que sus cambios de humor y la forma en como hablaba era muy rara, incluso para ella.
—No eres horrible —comento tratando de hacerla sentir mejor —de hecho eres muy bonita.
Ella río fuerte y volteo a verlo. Chloe estaba insegura de muchas cosas sobre su vida, pero si de una estaba totalmente segura en ese momento era de que quería mucho a Nathaniel. Tal vez incluso se atrevería a decir que estaba enamorada. Pero en esos momentos sentía una fuerte necesidad de salir corriendo de ahí. Decir que odiaba todo era poco, la última semana la había pasado recluida en su cuarto si estaba triste o deprimida y destrozando cosas o gritándole a todo el que pudiera en dado caso. Estaba enojada con todo, con su padre por morirse, con su madre por parecer tan calmada, con el jodido mundo, con todos los estúpidos dioses del universo e incluso con ella misma por ser tan horrible persona.
—No hablo de no ser bonita —explico Chloe —hablo de no ser una buena persona. Siempre, desde que tengo memoria recuerdo haber pensado que esto —dijo señalándose a ella misma —está mal. Pero, nunca me importo tanto como hasta ahora.
Chloe había dejado su tenedor en la mesa y suspiro con fuerza. A eso le tenía miedo, le tenía miedo a que las personas que más quería notaran la horrible persona que era. Que se fueran, pero aunque tratara de cambiar no lograba conseguirlo. Seguía siendo egoísta (no quería que nadie se acercara a Nathaniel), egocéntrica (tenía la sensación de que todo lo malo que estaba pasando era su culpa) y una drama Queen que lloraba al recordar lo perdido en sus arranques de ira, tanto lo material como lo espiritual.
Nathaniel tomo la mano de su novia y la apretó con fuerzas. Chloe lo miro a los ojos preguntándose cómo es que el chico más tierno del mundo le había pedido ser su novia.
—La Chloe de hace un año, la Chloe de hace cuatro meses no se parece en nada a la de hoy o a la de mañana —comenzó Nathaniel —me alegro de conocerte y puedes creerme cuando te digo que no me voy a ir. Nunca.
Chloe rio.
—Estás seguro de eso —declaro Chloe.
Sin más la chica le abrazo con fuerza. Tal vez, solo tal vez, no tenía mucho de qué preocuparse. Por supuesto eso no le quitaría la tristeza que le atacó durante muchas semanas más.
Amarte no es sano pero no deja de ser perfecto.
Lamento la tardanza, pero tuve muchas cosas que hacer estos días. Espero que les haya gustado el capítulo. ¡Besos!
