Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.


La Princesa y el Artista

Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.


Hubo una tormenta

Diana les sonrió a sus empleados tras terminar con su discurso de aquella mañana. Para los planes que tenía ese día estaba de muy buen humor. Se levantó de su asiento en la oficina y salió para ver esa bella mañana. Chloe por otro lado llevaba dos semanas de vacaciones, acostada en su cama oyendo música triste. En general apenas había hablado con Sabrina en contadas ocasiones y casi no había querido salir a comprar con sus amigas. Diana quiso darle espacio, la muerte de su padre aún era muy reciente y su único rayo de luz había desaparecido. Pero ahora mismo era el momento correcto para llevar a cabo el plan que venía arreglando desde su llegada. Cuando llegó al cuarto de su hija la encontró viendo una película romántica muy famosa.

Diana entró al cuarto con la espalda recta y en la postura más imponente que se le pudo ocurrir en ese momento. Pero sus esfuerzos no fueron recompensados de la forma en que ella quería. Chloe ni siquiera se inmutó al verla. Simplemente se giró sobre la cama y se recostó a seguir viendo su película. A un costado suyo había una caja de chocolates y a su derecha una malteada de fresa. Diana tuvo que reprimir un grito para no ponerse a pelear con su deprimida hija en ese momento.

— ¿Estás así por tu padre o por el artista ese que es tu novio? —preguntó Diana tras un momento de silencio. Chloe no volteó a verla.

—Mi padre murió hace menos de seis meses, creo que tengo derecho de querer quedarme en cama y morir de hambre si lo prefiero —Chloe se acomodó las sabanas entre las piernas y se recostó sobre mullidas almohadas de plumas en su espalda—. Por Nathaniel no te preocupes, llamó anoche y está bien.

A Diana no le importaba aquel supuesto chico y su estúpido sueño de ser artista. Necesitaba que su hija se levantara en ese momento de la cama y estaba dispuesta a hacer lo necesario para lograrlo. Apagó la amplia televisión del otro lado de la suite y eso hizo que Chloe dejará la comodidad de su cama. Se levantó de golpe en el mismo momento en que su madre sacaba un bonito conjunto de su armario. Chloe le miró sin entender nada.

— ¿Qué haces madre? —preguntó enojada la rubia.

—Eres la heredera de la fortuna de los Burgeois, ¡compórtate como tal! —Regaño Diana—. Los Burgeois somos gente importante y si debemos de hacer sacrificios o poner una sonrisa incluso si no la sentimos, ¡lo hacemos! —Chloe se quedó con la boca cerrada, nunca había visto a su madre hablar de esa manera—. En una hora va a haber una junta para una inversión que quiero hacer y tienes que estar ahí.

—No lo voy a hacer —dijo Chloe sentándose en su cama y cruzando los brazos.

— ¡Vamos! Cariño, creí que ya te llevabas bien con Jesse —confeso Diana. Chloe tuvo que sincerarse con si misma pues a pesar de lo insufrible que Jesse podía ser, había aprendido a quererlo como un amigo.

—Está bien —contesto Chloe, tal vez lo que necesitaba era despejarse y hacer otra cosa.

Diana dio una palmada en la espalda de su hija antes de salir por la puerta. Chloe se vistió con una amplia falda amarilla con flores blancas, una blusa blanca con encajes y un suéter amarillo. Sus zapatillas sonaban mientras caminaba hacia la recepción, aun mandando mensajes con su celular. Y en su distracción no noto que acaba de llegar a la sala de reuniones y que un joven le esperaba en la puerta. Jesse se paró frente a la chica esperando que esta le hiciera algún caso. Pero sus esfuerzos no rindieron frutos cuando fue la propia Chloe quien perdió su celular al chocar con el chico.

— ¿Es enserio? No pueden fijarse donde van —gruñó la rubia.

Chloe alzó la vista cuando vio a la persona contra la que choco recoger su celular. La rubia no pudo evitar sonreír con cansancio al ver a otro más de sus amigos ahí. Sentía que cada persona que llegaba a verla lo hacía para pedirle algo o para intentar levantarle el ánimo. Pero en esos momentos lo único que podía hacerla feliz sería un mísero mensaje de Nathaniel. Sin embargo Jesse no estaba en el hotel por ella, sino por la reunión a la que debían de asistir ambos.

Jesse explico con calma aquello. Chloe pudo notar lo mucho que había cambiado desde hacía tiempo cuando se sintió mal por creerse el centro del mundo. Por supuesto, aquello que decía Jesse era muy lógico. Su padre lo estaba entrenando para hacerse cargo del negocio familiar en cuanto se casara con alguna mujer de buena familia. De cierta forma le envidiaba un poco. Él tenía su vida lista.

—Piensas entrar ya o los harás esperar otra media hora —pregunto Jesse con todo burlón.

— ¿Qué? Creí que mamá iba a dirigir la junta —comentó Chloe algo desesperada.

—Pues, ella le dijo al resto que tú los dirigirías —dijo Jesse un poco divertido por la situación.

Chloe comenzó a hiperventilar. No estaba segura de que iba a poder con eso. Una cosa era dirigir el hotel desde la oficina de su madre y casi no hablando con la gente. Jesse noto su desesperación. Él no creía que Chloe no fuera capaz de hacer ese trabajo. Le sonrió y le paso un vaso de agua para que se calmara. Dos minutos después Chloe estaba lista para entrar en la junta. Ahora recordaba porque le asustaba tanto su futuro.

Hablar con personas que no la consideraban digna o la crearían muy pequeña fue más difícil de lo que creía. La rubia tuvo que hacer gala de sus mejores artimañas, logrando darle un uso a su mala actitud anterior. Ni siquiera supo cómo logro venderles la idea para abrir un nuevo hotel, pero apenas hacerlo una sonrisa se instaló en su rostro. Cuando la joven salió de dicha junta lo primero que hizo fue revisar su celular. Nathaniel aun no contestaba sus mensajes.

—Al final creo que sorprendiste a todos —dijo Jesse sacando a Chloe de sus pensamientos. Chloe giro a verlo llena de sorpresa—. ¿Quieres ir a comer algo?

—Preferiría regresar a mi cuarto —dijo Chloe. Aunque debía admitir que aquello fue de hecho divertido.

—Podría apostar a que Nathaniel no estaría feliz si te viera así —comentó Jesse.

Chloe bufo. Si, ella también tenía esa sospecha. Pero es que se sentía tan sola. Y vale, se estaba victimizándose aunque eso no significará que se recostaría en su cama todas las vacaciones. Suspiro dándose cuenta que era eso lo que precisamente llevaba tiempo haciendo. Tal vez en verdad necesitaba salir un rato a despejarse. Y así fue como termino por aceptar salir por un helado al parque. Además tenía mucha curiosidad por saber cuál era la relación de Jesse y Lila. No tenía idea de que su madre estaba por poner un plan terrible en su contra.

El celular vibro con fuerza. Nathaniel trabajaba en una pintura para su nuevo maestro quien parecía no querer dejarlo a sol o sombra. Para este hombre la pintura seguía siendo un arte altamente valorado que solo los mejores podían llevar a cabo. Así que había provisto a Nathaniel de mucha práctica y de una nueva visión del mundo. El chico no quería contestar así que lo dejo pasar. Tras un rato no fue su celular el que sonó sino una llamada por Skype lo que lo distrajo. La distracción siguió durante un rato más haciendo que el chico se resignara y aceptara la llamada en el computador. En ese instante apareció el preocupado rostro de Juleka en la pantalla. Nathaniel hizo un gran esfuerzo por no poner su peor mueca.

—Si esto es sobre mi relación con Chloe —empezó a decir Nathaniel sin dejar de pintar.

—Juro que esto es importante —comento Juleka. Su tono no dejo duda de que se trataba de algo de suma importancia.

—Bueno, si es tan importante, dilo —Nathaniel ya se estaba cansando de los teatros que armaba Juleka acerca de su relación con Chloe. Si no supiera ya la razón estaría mucho más enojado.

—Tu mamá llamó hace una hora, dijo que te llego un paquete del Grand Hotel de Paris a la casa y quiso que te lo enviara por fax —empezó a explicar Juleka con tono nervioso. En ese momento mostro un sobre amarillo que rezaba el nombre del chico en una etiqueta.

— ¡¿Lo abriste?! —preguntó Nathaniel enojado.

—Eso no importa —contestó Juleka. En ese momento abrió el sobre y saco lo que parecía ser una invitación impresa en papel color crema—. Solo mira esto.

La dichosa invitación era rebuscada con adornos de laureles y guirnaldas alrededor. La letra cursiva estaba impresa en color dorado. Al principio con letras pequeñas y al final dos nombres con letras grandes. Nathaniel solo observo la invitación en un principio sin preocuparse mucho por su contenido. Tenía ya suficiente trabajo con su propia obra de arte. Juleka carraspeo para llamar su atención y tras un momento logro que Nathaniel dirigiera la vista a la pantalla. En ese momento el chico comenzó a leer la inscripción de aquella invitación.

Las familias Burgeois y Tamez se alegran de invitarle a usted y su familia a la unión de nuestros herederos. La ceremonia y la fiesta se llevaran a cabo el día 30 de agosto del presente año. Únete a nosotros para ofrecer nuestros mejores deseos a

CHLOE BURGEOIS y JESSE TAMEZ en su matrimonio.

Los ojos de Nathaniel se desorbitaron. Aquella era sin duda una de las peores bromas o intentos que Juleka había hecho por separarlos. Observo a la chica del otro lado de la pantalla de Skype quien parecía genuinamente preocupada. El chico dio pasó a una pequeña lucha interna. Sabía que debía de tener total confianza en Chloe y en que ella no era la autora de la invitación, porque era irreal. Pero llevaba toda la vida conociendo a Juleka y aunque sabía que ella estaba en contra de su relación con la rubia, no la creía capaz de arriesgarse a algo como eso. Ente ambas opciones solo una era la aceptable. La ira lo invadió con rapidez.

—No es algo divertido —dijo Nathaniel dejando sus cosas en una mesa y acercándose a la pantalla—. Estás llevando esto demasiado lejos.

—Lo digo enserio, Chloe… —empezó a explicar Juleka pero un golpe de Nathaniel en la mesa se calló.

—No, cállate Juleka, escucha —grito Nathaniel muy enojado—. No me interesa lo que Chloe te haga recordar, pero tu madre no es como mi novia.

En ese momento Nathaniel cerró la video-llamada. Juleka sintió un nudo atorarse en su garganta. El artista pelirrojo había sido junto a Rose la única persona que conocía su historia. Era uno de los pocos que sabían sobre su madre y su relación. Hace mucho tiempo en algún lado había escuchado que muchas de las cosas con las que vivimos el resto de nuestras vidas, nuestra personalidad, lo que hacemos y como nos relacionamos con el resto está determinado por esos primeros años de vida. Juleka no lo quería creer, pero muy en el fondo debía de aceptar que mucho de aquello no era más que un arrinconado y mal dirigido odio.

Pero nunca espero que fuese precisamente Nathaniel quien se lo recordara. Suspiro recordando que aquello solo le afirmaba que estaba haciendo lo correcto. Ya era bastante malo lo que estaba haciendo. No podía dejarse amedrentar por los comentarios crueles de un amigo que estaba harto de ella. Juleka se limpió un par de lágrimas antes de tomar su celular y enviar un largo mensaje a la mente maestra de aquel plan.

Chloe debía aceptar que lo estaba pasando muy bien con Jesse y Sabrina. Apenas salir del hotel la rubia logró que su mejor amiga se presentara en la cafetería a la que ellos fueron. Y la verdad es que no paso ni un segundo hasta que ambas chicas empezaron a interrogar a Jesse sobre su relación con Lila. El muchacho era realmente muy bueno evadiendo el tema, especialmente tomando en cuenta que Sabrina lograba distraerse con rapidez. Pero Chloe seguía riendo por la situación. Después de más de quince días deprimida le venía bien un rato de comodidad y diversión. Pero la diversión estaba por terminar.

Un celular sonó entre las bolsas de las chicas y el maletín de Jesse. Sabrina estaba ocupada platicando sobre su viaje con sus padres de las vacaciones anteriores; el señor Raincomprix había ganado un viaje a la nieve y cayó sobre un monte de nieve junto a su esposa. Jesse estaba realmente interesado en la plática, había acabado por agarrarle un extremo cariño a Chloe y sus amigos. Así que la rubia se tomó la libertad de encontrar el teléfono que sonaba en ese momento. Pero al abrir el maletín lo que encontró le causo una mueca de sorpresa gigantesca. Lo tomó entre sus manos y giró a ver a Jesse.

—Jesse ¿es lo que creo que es? —preguntó mostrando la pequeña caja de terciopelo negro.

El rostro de Sabrina era de absoluta sorpresa, el de Jesse era terror puro. Chloe abrió la caja y mostró un pequeño anillo de plata con tres diamantes incrustados y un rubí. Era una hermosa joya que Sabrina no tardó en notar. Jesse empezaba a sudar frio y quiso quitarle la caja a Chloe, pero no lo logró. La chica comenzó a ponerle más atención a la joya en ese momento, como si acabara de notar algo extraño.

—Le vas a pedir matrimonio a Lila, ¡que romántico! —dijo Sabrina sonriendo embobada—. Será como si estuvieran en una novela de Austen.

—No, no le voy a pedir matrimonio a Lila —contestó rápidamente el chico.

—Entonces ¿para qué es? —preguntó Sabrina algo extrañada por la reacción exagerada de Jesse y la obvia incomodidad del chico.

—Es… —empezó a buscar una explicación el inglés.

—Es de mi mamá —interrumpió Chloe. No le preocupo quien la viera en ese momento. Se puso de frente al chico y le mostró el anillo de frente a los ojos del joven—. ¿Por qué demonios tienes el anillo de compromiso de mi madre?

Jesse suspiro. Sabía que tratar con Diana Burgeois no era nada agradable, ni bueno. Pero hace un año estaba tan desesperado que no lo pensó. La verdad es que solo necesitaba algo de tiempo y compañía para darse cuenta que lo que tenía Diana por ofrecerle no era nada en comparación. Aunque ya era momento de contarle las razones reales por las que venía tan seguido a París.

—Me lo dio Diana —empezó a explicar Jesse. Sabiendo que lo primero que quería preguntar eran las razones para dársela, Jesse prosiguió con su historia—. Hace un año Diana llegó a la oficina de mi padre con una inversión importante y arriesgada. Pero mi padre la rechazo a pesar de que le pedí que lo aceptara. Diana se dio cuenta que yo estaba de su parte y al enterarse que no tengo poder en la empresa, me hizo una oferta interesante. Dijo que había una joven muy bonita que estaba buscando un esposo y a la que no le importaba no conocer a su prometido.

Chloe suspiro. De repente todas las piezas encajaban. La gigantesca necesidad de su madre por entrar de nuevo a su vida, sus esfuerzos por convertirla en una persona justo como ella, la atención recibida por Jesse, incluso las palabras de su madre esa mañana. Chloe nunca había querido a su madre lo suficiente como para sacrificarse por ella. Su relación era demasiado hostil y convenenciera como para ser buena. Pero ni en sus peores pesadillas pudo la chica pensar que su madre dispondría de ella de esa manera ¿ofrecerla en matrimonio para que ella pudiera tener su estúpido contrato?

Chloe ni siquiera espero a escuchar el resto de la historia. No le importaban las excusas de Jesse ni que tratara de explicar porque ahora todo era diferente. No escucho como explico que sus sentimientos habían cambiado ni su relato sobre como Diana le dio el anillo. La rubia solo se levantó y salió de la cafetería. Llegó al Grand Hotel de París y veinte minutos después irrumpía en la oficina de su madre con un sonoro golpe en la puerta. Estaba sinceramente enojada y ofendida.

—Tú ¿me ofreciste en matrimonio? Todo por un estúpido contrato de una estúpida inversión —las lágrimas de Chloe no eran de tristeza sino de rabia e impotencia. Se sentía terriblemente mal por esto.

Diana se notó sorprendida en un principio, pero recupero la compostura a tiempo para que Chloe no empezara a gritar. Se acomodó el traje sastre y salió de atrás de su escritorio con la mirada más fría que Chloe le había visto tener. Ella ya sabía que Diana era terrible si se lo proponía. Pero nunca la creyó capaz de venderla de esa forma. La verdad es que Chloe deseaba quererla con todo su corazón. Pero no la quería ni una pizca. Nunca lo había hecho y nunca lo haría.

—Estoy buscando lo mejor para ti —fue la respuesta de Diana.

—Y ¿casarme con Jesse es lo mejor para mí o es lo mejor para ti? —preguntó Chloe escéptica mientras se alejaba de su madre. Esta vez en su rostro solo había decepción.

—Todo lo que sé es que Jesse es un pretendiente mucho mejor que ese pseudo-artista con el que sales —contestó Diana. Se veía firme y serena, como la mujer de hierro que era. No parecía arrepentida y no pensaba negar lo que había estado haciendo.

—No te voy a dejar manejar mi vida —grito Chloe con determinación. En ese momento se giró para salir por la puerta y dejar aquella discusión.

—Ese artista solo quiere dinero —Chloe se detuvo. Cuando volteo a ver a su madre esta tenía en sus manos lo que parecía un gran bonche de hojas abrochadas por un broche especial—. Si no fuera así estoy segura de que no tendrá ningún reparo en firmar un contrato como este.

—No voy a hacer a mi novio firmar esa cosa —gritó enojada Chloe quitando el contrato de las manos de su madre.

—No será necesario —dijo Diana evitando que Chloe tirara la hojas a la basura—. Envié una copia a su casa.

Chloe se quedó boquiabierta. No sabía que decir o hacer en ese momento. Diana (ya nunca más pensaba llamarla madre) era mucho más retorcida de lo que recordaba. Y vaya que Chloe recordaba muy bien los tratos que tenía para con ella de pequeña. Abrazo el contrato, segura de que debía leerlo para saber los planes extraños de Diana. Se giró de nuevo para ver una última vez a la mujer que le dio vida antes de salir azotando la puerta.

Paso las siguientes horas leyendo aquel montón de hojas sin saber del todo que buscaba. Sabía que entre nombres de lugares, reglas y artículos descifraría las verdaderas intenciones de su madre. Poco a poco comenzó a sentirse asqueada. El contrato establecía cada aspecto de su relación de pareja, incluido aquellos que debían ser solo personales. Sin embargo el tema económico era el que más espacio ocupaba. Todo el contrato era para mantener a Nathaniel lejos de la fortuna Burgeois y que su tiempo con Chloe fuese monitoreado. La rubia estaba decidida a no dejar que Nathaniel o sus padres acordaran estar de acuerdo con el mismo. Estaba entretenida sintiéndose ofendida por un largo párrafo sobre horarios de salida cuando su celular sonó.

—Necesitamos hablar. Hoy a las 8 en Skype. Nath —leyó Chloe extrañada por el tono frio del mensaje. No le tomo importancia hasta que dio la hora de la cita acordada.

Abrió la computadora y entro a su sesión esperando la video llamada. Cinco minutos después Chloe sonreía al ver a su novio del otro lado. Pero en ese momento la sonrisa se desvaneció. Nathaniel se veía cansado, enojado y en cierta forma muy confiado de que aquello saldría mal. Aunque no tenía idea de cuánto. Chloe no sabía cómo empezar, pero Nathaniel sabía a la perfección que decir.

—Tu mamá envió un sobre a mi casa —dijo Nathaniel. Chloe suspiro quedándose sin aliento por un momento.

—Imagino que no te gusto el contenido —comentó Chloe muy despacio.

—Como podría gustarme algo como eso —gritó histérico Nathaniel, Chloe se asustó con el grito—. ¿Es acaso una maldita broma de algún enemigo? ¿Es real? ¡Habla Chloe!

Chloe entendía porque estaba enojado y por ello prefería no contradecirlo. Pero con todo lo que había leído sobre el contrato y lo que sabía de su madre, sabía que no tendrían una escapatoria fácil. Y tenía que decirlo.

—Es cierto. Mi mamá lo preparó todo, pero… —y Chloe ya no pudo terminar aquella frase. En las siguientes semanas Chloe pasaría mucho tiempo tratando de descifrar como se llevó a cabo esa conversación.

—En verdad piensas que puedo estar tranquilo con esto —gritó Nathaniel. Sus palabras no pasaban por un filtro en su cerebro—. ¿Sabas qué? Es muy obvio que lo nuestro se terminó.

—Espera ¿qué? —Interrumpió Chloe—. En verdad te importa tanto.

—Sí, me importa. Y por eso es que ya se acabó todo —la video llamada terminó y Chloe sintió como unas pequeñas lagrimas se deslizaban por sus mejillas. No lograba entender nada. Solo sabía que quería salir de la ciudad lo más pronto posible. Se sentía derrotada.

Juleka estaba distrayendo su mente con un maratón de su serie favorita cuando alguien toco a su puerta. Tembló pensando que se trataba de alguien más pero suspiró cuando vio que no se trataba más que de su mejor amiga y de su casi novio. Rose estaba muy preocupada por la chica. En la última semana Juleka parecía más ansiosa, como si esperara que alguien llegara a acusarla de algún delito en cualquier momento. Rose venia acompañada del casi novio de Juleka, un joven que no dejo de preocuparse por ella en aquella semana. Y vaya que tenía razones para preocuparse.

Juleka por fin le estaba haciendo honor a su estilo de vestimenta. Pasó una semana desde que Juleka había hecho esa llamada a su mejor amigo. La chica no había comido casi nada, no había dormido, ni siquiera quiso salir de su recamara. Y es que el remordimiento por sus mentiras era demasiado.

—Tu mamá nos dio esto. Dice que llegó hoy en la tarde —dijo Justin poniendo un sobre en las manos de Juleka. La chica observó el remitente y gruesas lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas.

— ¿Qué tienes Juleka? —preguntó Rose al verla tan triste.

El chico la abrazó con fuerza dándose cuenta que era momento de darle apoyo. Juleka pasó mucho tiempo tratando de no llorar pero no lo logró. Se sentía tan tonta, tan fría, tan triste, tan culpable.

—Soy la persona más horrible del mundo —fue todo lo que dijo.

Necesitaría de varias horas para contar aquel plan en que había participado. Juleka cayó en la trampa de Diana Burgeois tan hondo que un par de billetes no la harían salir. Traiciono la confianza de su mejor amigo solo por un rencor viejo que ni siquiera debió de haberle importado. Sabía muy bien que no debió de mostrarle esa invitación falsa, ni de seguir el juego y decir que Chloe lo había enviado a su casa. Sabía que no debió de reenviar aquellas fotos de Chloe y Jesse con un anillo, sabía que se podían mal interpretar. Pero creyó que lo hacía por proteger a un amigo. La verdad es que lo hacía por querer lastimar a una persona que aunque ella creyera, no era nadie para decidirlo.

—Yo hice que Nathaniel terminara con Chloe —dijo Juleka llorando—. Yo le dije una mentira horrible y destruí la única relación que lo hizo mejor persona.

Rose la abrazó. Sabía que sus amigos estaban pasando por un mal momento. Incluso con Nathaniel lejos se notaba ausente de todas sus redes y en una semana no había podido hablar con él. Las indirectas de Sabrina sobre su amiga yéndose a Londres le parecieron muy extrañas. Pero ahora todo tenía sentido. Y lo peor es que tenía la sensación de que Nathaniel nunca iba a perdonar eso.

Diana sonrió ampliamente mientras veía a su hija subir a su avión. A decir verdad no creyó que su plan saliera tan bien. Había estudiado al novio de su hija con atención notando que si se enojaba, las pocas veces que lo hacía, no parecía escuchar. También noto que tenía una mejor amiga a la que le creía todo lo que decía. Y cuando comprendió que esta misma chica parecía odiar a Chloe supo que tendría una cómplice fácil. Así que hizo lo necesario. Estaba feliz por lo que estaba pasando en ese momento. Chloe se iba a olvidar de ese chico a como dé lugar. Y al final se iba a casar con la persona que ella quería. Porque así funcionaba su mundo y Chloe no tenía ninguna otra opción. Diana estaba realmente feliz.

Hubo una tormenta que dejo mucha destrucción


Lamento la tardanza, pero tuve muchas cosas que hacer estos días. Espero que les haya gustado el capítulo. ¡Besos!