Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.
La Princesa y el Artista
Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.
Las elecciones no cambian
El repiqueteo de la puerta era muy insistente para ser las cuatro de la mañana. Juleka estaba sola en casa con su madre acompañando a su hermano mayor en otra ciudad, la chica gótica se había quedado sola. No le importaba demasiado y prefería por mucho estar en casa y evitar perder clases. Aunque tal vez hubiese sido buena idea aceptar la propuesta de Rose de pasar la noche en su casa. Juleka estaba decidida a no abrir pero tras varios minutos se dijo que debía ser algo muy urgente si golpeaban tan fuerte.
—Ya voy —contesto mientras quitaba el seguro del departamento y abría la puerta para dejar pasar a su invitado.
Sabrina entró sin importarle quien estaba adentro o si era bienvenida. Estaba realmente enojada y sin duda tenía todo el derecho. Cuando Chloe había marchado a Londres sin previo aviso la pelirroja no pudo evitar investigar. Nada encajaba en la historia de Chloe y su orgullo le impedía hablar con Nathaniel. Y si algo dejaban los planes como los de Diana eran pequeñas migajas que seguir. Sabrina era buena con eso.
La verdad se terminó sabiendo. Así que la pelirroja terminó en casa de Juleka el sábado del primer fin de semana después de las vacaciones de verano. No se sentía muy a gusto ahí al punto que su cólera era notoria. La chica gótica de repente se sintió acorralada. Como si la visita de Sabrina significaba que la enviarían a la cárcel o algo peor.
—Esto es tú culpa —gritó Sabrina encolerizada.
—No, no sé, no sé de qué ha-hablas —tartamudeó la chica. Juleka respiró con dificultad.
—Tú eres la causante de que Chloe y Nathaniel terminarán —acusó Sabrina señalado a la chica.
—Yo no tuve toda la culpa —se escudó Juleka, algo le decía que no tenía caso negarlo.
— ¡Oh! Claro que esperaba algo así de la señora Burgeois. Incluso Chloe se lo esperaba —empezó a contar Sabrina enojada—. Lo que no esperaba es que tú, de todas las personas que podían tener algo en contra de Chloe, fuese tan despiadada.
—Yo no... —pero Juleka no pudo terminar de hablar.
—Tú te quejabas de lo cruel que Chloe era —dijo Sabrina—. Yo la convencí de buscar una forma de compensarlo. Pero la verdadera razón por la que odias a Chloe es porque eres justo como ella.
—Yo no quise... —dijo Juleka.
—Ahórrate las excusas para tus amigos —cortó Sabrina —tienes hasta el viernes para decirle la verdad a Nathaniel o se la diré yo.
Sabrina ni siquiera espero a que Juleka le abriera la puerta. Salió de ahí dando un portazo y sintiendo que al fin podía hacer algo por su mejor amiga. Juleka no lo pudo soportar mucho mal. Tenía muy poca tolerancia al rechazo y la perspectiva de que tanto Sabrina como Chloe tuvieran razones legítimas para odiarla la ponía nerviosa. Salió corriendo detrás de la pelirroja y cuando la alcanzó no perdió tiempo para hablar.
—Lo siento, lo siento mucho —empezó a explicar entre jadeos—. Creí que hacia lo correcto porque no podía imaginar a Chloe distinta. Pero ella cambio y Nathaniel cambio, fue un cambio para bien que me dio miedo. Lo siento mucho, no lo hice porque odiara a Chloe. Lo hice porque me recordaba algo que no puedo soportar ¿podrías no odiarme?
—Si te recuerda a lo que creó que te recuerda, sé que Chloe no podría odiarte —contestó Sabrina—. Yo por mi parte, necesito más que una disculpa para perdonar a alguien que destruye lo que tengo tiempo tratando de componer.
Sabrina salió del edificio dejando a una confundida Juleka arriba. La chica gótica suspiro tratando de prepararse mentalmente para confesar algo que le haría perder a su mejor amigo. Sabrina se montó en el auto de Lila mientras esta arrancaba recordó que aún tenía un asunto que tratar. Uno que implica a cierta italiana y a cierto inglés. Y para ello necesitaba jugar una vez más con los retazos del corazón destrozado de su mejor amiga.
El verano había terminado y con él las cortas vacaciones que Adrien había tenido en su trabajo. Pero aun así Adrien podía disfrutar de algunos momentos de tranquilidad antes de retomar su trabajo como modelo. El chico sabía que debía ir a la universidad en algún momento, pero había decidido que era mejor esperar un año para decidir la carrera que quería estudiar. Su padre había estado de acuerdo, siendo que apenas tenía tiempo con los recientes ajustes de su vida, para Adrien estaba bien.
Durante su tiempo en el extranjero Adrien había encontrado con que distraerse de sus labores de héroe y de su trabajo. Y vaya que distracción fue. Aurore Beauréal fue su compañera durante el rodaje de los comerciales en los que participo. Una modelo divertida, fresca, con un sentido del humor que valía la pena conocer y una sonrisa encantadora. Su sensualidad fue descubierta por Natalie cuando revisaba a los aspirantes para nuevos modelos. Aurore con su belleza y encanto acabo atrayendo la atención de Adrien. Era algo totalmente nuevo para el chico. Una relación despreocupada, pasional, que nublaba sus sentidos y lo hacía disfrutar del momento. Claro que pensó en Marinette en ese tiempo. Pero mientras más pensaba en ella más creía haber hecho lo correcto.
El contraste entre Marinette y Aurore era muy notorio, no solo en el físico sino también en las actitudes. Con Marinette todo debía de ser discreción. Como Chat Noir no podía decirle nada sobre lo mucho que la quería, siempre tenían el tiempo medido porque un ataque podía aparecer en cualquier momento. Marinette era el tipo de chica que siempre quería hacer las cosas por su cuenta sin que nadie interviniera. Marinette era simple y complicada al mismo tiempo. Porque era dos personas en una: Marinette y Ladybug.
Aurore solo era Aurore. No le importaba demostrar amor frente a las personas o frente a las cámaras. Era ardiente en todo sentido y estaba decidida a vivir en el momento. Tenía todo el tiempo del mundo para permanecer junto a él en las mañanas. Aceptaba sus regalos y era tan simple ser feliz a su lado que lograba poner su mundo de cabeza. No diría que estaba enamorado de ella, pero era lo más cercano que alguna vez había estado de un estado de felicidad puro. Y Adrien no estaba dispuesto a renunciar a ello pronto.
Pero las cosas estaban por cambiar drásticamente. A diferencia de él, Aurore estaba decidida a echarse mil cosas encima. Comenzaba su primer semestre en la universidad de París en la carrera de química avanzada y era la primera vez que Adrien sentía que lo estaban superando. Aurore era mucho más lista de lo que se dejaba ver a simple vista. Y tras su primer día en la escuela el chico tenía que ir a verla. Arribo a la universidad en la limosina de su padre y no dejo de observar la puerta de la facultad. Pero su mundo se vino abajo.
Envuelta en un extraño aire de risas Marinette caminaba en su dirección. Su cabello había crecido algunos centímetros y ahora lo llevaba suelto en lugar de en dos coletas. Le acompañaba Alya que parecía salida de una mala película, desarreglada y sin ánimos. Un par de pasos más y ambos se quedaron viendo sin saber que decir. Era la primera vez en mucho tiempo que se veían. Sus corazones brincaron como si hubieran renacido sus sentimientos en un segundo.
—Hola —saludó Adrien.
—Hola Adrien —contestó Marinette con tartamudeó — ¿cómo has estado?
—Bien, gracias. Hace poco regrese del extranjero. Grabe algunos comerciales para mi padre estando por allá —dijo Adrien con una incomodidad muy notoria.
—Lo sé. Los vi —contestó Marinette rápidamente—. Escucha, quisiera saber...
— ¡Adrien! ¡¿Viniste por mí?! —la interrupción de Aurore llegó en el momento justo. Incluso Marinette pareció apreciarlo.
Marinette estuvo a un segundo de hablar sobre su trabajo como héroe. Estaba tan impresionada por ver a Adrien que se le había olvidado todo. La verdad era que solo quería abalanzarse sobre Adrien y envolverlo en sus brazos para besarlo. Pero aquel impulso murió cuando vio a la chica que acababa de interrumpirlos besar apasionadamente al modelo. Adrien abrazo a la chica y Marinette pudo sentir su corazón partirse lentamente. Cuando Aurore abandonó su faena se volteo en el momento exacto para ver a Marinette con una mueca difícil de explicar.
— ¡Oh! ¿Marinette? Es un gusto por fin conocerte —dijo Aurore con una sonrisa sincera.
— ¿Por fin? —preguntó la china-francesa extrañada. Le parecía extraño que alguien le dijera algo como eso.
—Sí. A pesar de que íbamos en la misma escuela nunca hablamos —empezó a contar Aurore. Aunque Marinette quería ver malicia en sus gestos no podía hacerlo —. Eras muy famosa, además salías con mi Adrien. Sabes ¿me parece grandioso que ustedes se lleven tan bien a pesar de haber terminado?
—Sí, es algo que no muchos logran —comento Alya.
La chica sentía que debía de hacer algo por aligerar la carga de su mejor amiga. Así que mientras Marinette recuperaba el aliento. Aurore conversaba con gran facilidad al punto que era imposible no notar que a pesar de aquella cáscara arrogante era realmente muy interesante. Fue Alya la que despidió a Adrien y jaló a su amiga lejos de ahí. Marinette se alejó aun observando de reojo a su ex novio y su nueva novia platicando amorosamente.
Nathaniel dejó el pincel en su estuche mientras acaba de escuchar las palabras de una de sus mejores amigas. Juleka fue la primera en aparecer por su casa apenas regreso de su tiempo fuera. Era lunes en la noche y la chica tenía unas gigantescas ojeras debajo de los ojos que incluso con maquillaje eran imposibles de ignorar. Pero esa no era la razón por la que Nathaniel se veía tan perdido.
—Juró que esa es la verdad —terminó de hablar Juleka con un hilo de voz.
— ¿Estás segura de que eso fue lo que pasó? —Preguntó Nathaniel. Sus ojos estaban aguados por unas ligeras lágrimas que amenazaban con salir muy pronto.
—Así es. La señora Burgeois y yo ideamos un plan para separarlos —concluyó la chica gótica con una clara culpabilidad impresa en su voz.
—Y ella no está en París por el momento —afirmó Nathaniel sin voltear a ver a la chica—. Creo que preferiría que te fueras ahora. Vete ya por favor.
Juleka asintió saliendo por la puerta de la habitación. Sabía que era lo correcto y también sabía que no había forma de que aquello terminara bien. Suspiro pues acababa de perder a un amigo y no estaba segura de sí su nueva buena acción iba a tener una buena resolución. Cuando Juleka llegó a la sala de estar donde la señora Kurtzberg leía un libro. La mujer bajo aquella joya de la literatura cuando vio el aura tan triste de la más antigua amiga de su hijo.
— ¿Quieres tomar un té y decirme que sucedió? —preguntó la señora con una gran sonrisa.
—De casualidad ¿no tiene vino? —preguntó Juleka mientras se sentaba en la barra del desayunador.
—No sé qué sucedió, pero te aseguró que una copa de vino no va a resolver los problemas —la señora Kurtzberg había sido puesta al tanto de la situación de Nathaniel con Chloe. No había estado feliz con la noticia pero creyó que no era su problema.
Durante los siguientes minutos Juleka volvió a contar la historia que le había comentado a Nathaniel antes. La señora Kurtzberg la escucho sin juzgar. No era su papel juzgar a la chica así que solo escuchó el relato. Ahora entendía todo y aunque ella había estado segura de que Chloe y Nathaniel debían estar juntos no podía odiar a Juleka. No cuando conocía todas las partes de la historia. La señora aún consolaba a Juleka cuando su hijo salió cogiendo del cuarto con una gran maleta a su espalda.
—Nath, espera ¿a dónde vas? —preguntó la señora sin soltarse del abrazo de Juleka.
—Lo siento, ella regresa mañana y yo tengo que recuperarla —Nathaniel salió corriendo de la casa sin darle oportunidad a ninguna de protestar.
No hizo falta más que una mirada para que Juleka siguiera a petición de la señora a Nathaniel por la calle. Lo encontró tratando de conseguir un taxi y se acercó a él.
—Déjame ir contigo —pidió apenas llegar a su lado.
—No te quieto cerca —contestó Nath claramente enojado.
—Te ayudaré a recuperarla —dijo Juleka tratando de contener las lágrimas —. Le explicaré todo y ustedes volverán a estar juntos. Asumiré la responsabilidad por lo que hice.
Nathaniel suspiro.
—Si Chloe me perdona, creo que podremos seguir siendo amigos —fue todo lo que dijo. Juleka sonrió mientras el chico le explica su plan y las razones por las que llevaba aquella bolsa. Era algo arriesgado pero Juleka sabía que no tenían muchas opciones.
Cuando Adrien recibió un mensaje de Marinette para verse esa noche sobre la torre Eiffel creyó que era una broma. Pero su corazón no podía esperar a ver a la heroína. Llegada la hora acordada salió de su casa como un relámpago y se sintió aliviado de ver a Ladybug observando París de noche. Se veía tal y como la recordaba. Quiso acercarse a ella y decir algo memorable. Pero las palabras murieron en su garganta.
—Debemos vencer a Hawkmoth pronto —dijo Ladybug. No parecía querer ver a Chat Noir a los ojos.
— ¿Qué? —preguntó Chat extrañado.
—Yo quiero seguir con mi vida, así como tu seguiste con la tuya —empezó a contar la chica sin dejar de observar el cielo parisino—. Pero no puedo hacerlo si tengo que verte por momentos.
— ¿Qué dices? ¿Esto es por Aurore? —Empezó a decir Adrien —yo...
—Si, esto es por Aurore —gritó Ladybug enojada —¿cómo pudiste hacerme esto? Te espere todo el verano para decirte que te perdonaba y que te amo. Y cuando regresas no hay ninguna llamada o un mensaje. Además de que vuelves con esa tipa a tus espaldas...
—No la llames así —interrumpió Adrien con el mismo tono enojado.
—Todavía la defiendes —dijo Ladybug.
—Tu terminaste conmigo, no yo. Tu dijiste que querías hacer todo sola, no yo. Así que es mi problema si quiero hacer mi vida lejos de tu drama y de tu insistencia en dejarme fuera —chilló el chico sacando toda rabia acumulado.
— ¿Yo te deje fuera? ¿Quién ocultó su identidad durante más de un año? ¿Quién me oculto cosas para hacer mi vida más fácil? ¿Quién me vio la cara de estúpida cuando se acercó a hablar conmigo la primera vez? —ambos chicos se quedaron en silencio tras el discurso de Ladybug tratando de contenerse. Ladybug fue la primera en hablar—. Ahora haremos las cosas a mi manera. Localicé la guarida de Hawkmoth en una fábrica abandonada. Mañana iremos, acabaremos con esto y nos despediremos para siempre.
—Me parece genial —contesto Chat Noir nada a gusto.
Después de eso y sin despedirse se escabulló de ahí. Cuando cayó en un callejón cercano a su casa no pudo más con lo que tenía guardado. Golpeó y pateó cada cosa posible, destruyó todo lo que se encontraba a su alcance. Odiaba todo en ese momento. Necesitaba nublar sus sentidos, no quería pensar. Sin pensarlo mucho se encamino a casa de Aurore donde unos brazos cálidos y una copa de vino lo esperaban. Tal vez tras algunos tragos las nubes de su vida amorosa se fueran, incluso si el sol de su vida, Marinette, era remplazada por aquella ardiente luna que era su Aurore.
El avión en el que venían Chloe y Jesse llegó a primera hora de la mañana. Chloe se veía totalmente distinta. Tal vez era el cambio de aires o el hecho de que pudo pensar mucho en sus sentimientos mientras estuvo fuera. No podía olvidar todo aquello que Nathaniel le hacía sentir. Y aunque trataba con todas sus fuerzas de encontrar una forma de odiarle no podía. No estaba preparada para verlo por eso le había suplicado a sus amigos que su llegada quedara en secreto.
Cuando ambos amigos bajaron del avión Chloe trataba de sonreír para cuando viera a sus amigos. Pero su llegada no fue la que trajo más sorpresas. Durante el verano Lila no dejó de hablar por Skype, mensaje o simple llamada con Jesse. Así que para nadie con un poco de cerebro le pareció extraño que la italiana se abalanzara despavorida a abrazar a Jesse. Tanto Sabrina como Chloe les parecía gracioso que ninguno de ellos dijera algo sobre su relación tan cercana.
Chloe estaba por subir al mismo automóvil con el que sus dos amigas habían llegado cuando Sabrina interrumpió. Sinceramente ninguna de ellas quería hacer mal terció (o cuarteto) con Lila y Jesse quienes tenían mucho que decir. Pero antes de que ambas pudieran tomar un taxi a la ciudad una fuerte rubia comenzó a caer sobre ellas.
— ¿Necesitan transporte? —el corazón de Chloe se detuvo al escuchar aquella voz.
Cuando giró se encontró con Nathaniel con un atuendo que parecía sacado de una película de mendigos. Y aun así portaba una gran sonrisa mientras se protegía de la lluvia gracias a una sombrilla naranja. Sabrina sonrió porque sabía que aquello debía pasar si quería que su amiga fuera feliz. No podía traerla de regreso sin al menos intentar arreglar su corazón.
—Yo creo que ustedes dos tienen mucho de qué hablar —dijo Sabrina. Tomo la maleta de su amiga y se alejó hacia una fila de espera de los autobuses que estaba cerca. Unos minutos después abordo con la esperanza de que su amiga y Nathaniel resolvieran todo.
Chloe no se movió. Una parte de ella le decía que era mejor salir corriendo y mojarse en la lluvia que esperar a un costado de Nathaniel debajo de aquella sombrilla. Pero como últimamente sus instintos estaban muy mal prefirió quedarse ahí. Se abrazó a sí misma y escondió sus manos en los bolsillos del abrigo que llevaba ese día. Nathaniel no dijo nada aunque le agradaba mucho la sensación de tener a la chica a un costado suyo. Era como si nada hubiera pasado.
—Escucha, hay algo que necesito mostrarte —dijo Nathaniel. Al ver que Chloe estaba por negarse siguió hablando—. Solo permite que te lo muestre y si quieres irte después de eso no te detendré.
—Bueno, iré. Pero te aseguró que lo nuestro se acabó —aunque aquello parecía sonar a ultimátum Nathaniel quiso pensar que solo necesitaba tiempo para que su opinión cambiara.
Ambos subieron a un taxi que esperaba al artista. Chloe suspiro antes de entrar en el mismo. Demasiadas emociones para un día. Y no tenía idea de las que faltaban. Llegaron al parque cercano a su antigua escuela donde el taxi los dejo y juntos caminaron bajo la lluvia al lugar menos esperado. En las paredes del restaurante de la amiga de su madre y en algunos lugares adjuntos colgaban carteles que llevaban todo el sello de Nathaniel. Cada uno llevaba arriba una fecha junto a un dibujo y debajo una frase que explicaba el dibujo. Cada evento importante estaba ahí puesto.
La primera vez que se vieron muchos años atrás. La primera vez que la vio llorar. La vez que le compro ropa y comió pizza. Cuando Chloe se desmayó. El regalo de cumpleaños que le hizo. Los celos que tuvo de Jesse. Incluso la muerte de su padre. El festival donde se declararon e incluso su pelea. Toda su historia repartida en una línea de tiempo que le saco lágrimas. Porque al final de la misma un simple "y vivieron felices por siempre culminaba su historia".
— ¿Porque me haces esto? —preguntó con lágrimas en los ojos. Eran lágrimas de rabia y tristeza.
— ¿De qué...? —dijo Nathaniel alarmado.
— ¿Porque tienes que ser tan lindo al punto que no me dejas odiarte? —dijo Chloe. En un momento como ese no le importaba mojarse así que salió de debajo de la sombrilla naranja y se paró frente al chico—. Sabes lo que sufrí tratando de odiarte. Me termine odiando a mí misma por no saber qué pasó ¿pretendes que te perdone solo por esto?
—Chloe, tengo mucho que decirte, explicarte más bien —dijo Nathaniel tratando de mantener la calma.
—Pues explica —chilló Chloe exigiendo que el chico hablara. Estaba enojada y al borde del llanto.
—Dime al menos que podemos ser amigos —dijo Nathaniel antes de comenzar el relato. Ahora estaban dentro de la pizzería.
— ¿Qué? —preguntó Chloe.
—Te amo, pero si después de que te explique todo ya no quieres volver conmigo, lo entenderé. Pero no pienso perder tu amistad —explicó Nathaniel. Parecía determinado y fue su determinación la que impulso Chloe a asentir y aceptar aquella idea.
La lluvia había acabado hace un rato lo que permitió que Juleka se acercara a la fuente del parque. Sabía que Nathaniel le había contado todo a Chloe. Ella le había dado permiso para darle toda esa información, pero eso no le hacía gracia. Y cuando llegó a la fuente y observó a Chloe sentada en el borde esperaba que alguien le tirara algo encima como venganza. Pero eso no llegó. Se sentó a su lado y suspiro.
—Cuando tenía seis años Diana me inscribió a una clase de esgrima. Ahí me presentó a un niño de cabello rubio y me dijo que sería mi esposo algún día —empezó a contar —yo no le dije nada porque solo me importaba verla feliz. Y ella nunca pudo estarlo. Créeme si hay alguien que sabe lo que es odiar y aun así querer complacer a un padre soy yo.
Juleka no contestó. Esperaba que Chloe se vengara de alguna forma, no que le contara que la comprendía. Pero de alguna forma tenía sentido. Al fin y al cabo fue la propia Diana Burgeois la mente maestra de aquel plan.
—Lo siento, nunca me disculpe ni contigo ni con Rose por todo lo que les hice —continuó Chloe.
—Sí que has cambiado —dijo Juleka.
— Tome mucha terapia, tengo buenos amigos y tuve un novio maravilloso —contestó Chloe sonriendo.
— ¿Tu y Nathaniel ya hicieron las paces? ¿Están juntos de nuevo? —preguntó Juleka. Estaba desesperada por saber si su esfuerzo de toda la noche había valido la pena.
—Acordamos ser amigos por un tiempo —contestó Chloe.
Aun necesitaba recuperarse de la muerte de su padre y el que Nathaniel terminara con ella había supuesto aún más depresión en su vida. Lo bueno era que al menos ya podía levantarse en las mañanas sin que la arrastraran fuera de su cama. Chloe suspiro melancólica y por primera vez Juleka vio más que a un recordatorio de su madre o una joven arrogante. Vio a una persona. Alguien que como ella tenía problemas en casa, alguien que sufría en ocasiones, alguien que necesitaba cambiar, alguien que valía la pena conocer. Y ni pudo evitar querer abrazarla. El pasado debía quedarse en el pasado. Y tal vez ellas podrían ser amigas a partir de ese momento. Cuando Juleka la soltó y Chloe río divertida por la situación una explosión se escuchó desde una fábrica abandonada al otro lado de la ciudad.
Las elecciones no cambian pero podemos tomar nuevas
Lamento la tardanza, pero tuve muchas cosas que hacer estos días. Espero que les haya gustado el capítulo. ¡Besos!
