Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.


La Princesa y el Artista

Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.


El miedo vino para quedarse

Marinette nunca había visto sangre en vivo. Ni siquiera la suya, a menos que fuese su visitante del mes, pero ese no contaba. De pequeña solía ser muy cuidadosa con lo que hacía, al punto de que nunca se raspó o saco una herida. Cuando cosía tenía mucho cuidado de no lastimarse y las pocas veces que se lastimaba corría a buscar a su madre y su equipo de primeros auxilios. De hecho, le tenía cierto pavor a la sangre, por eso no había decidido estudiar nada que tuviera que ver con sangre o piel o vísceras o algo parecido.

Así que cualquiera que le conociera entendería el gran susto que se llevó cuando puso la mano en su boca y observó como la sangre manchaba sus dedos. Era la primera vez que sangraba en esa magnitud y en general sería la primera vez desde que se convirtió en heroína que se sentía en peligro. Algunos encontrarían irónica la situación, pero su sentido del humor no estaba al día, en especial porque era difícil reír cuando sentía que una de sus costillas estaba a poco de romperse.

Chat también lo pasaba mal, en su mayoría porque pelear contra una versión más rápida e increíblemente violenta de Ladybug no era fácil. No quería hacerle daño a la chica que solo estaba bajo un terrible hechizo. Además, Aurore era su novia. En realidad ¿cómo habían acabado así de lastimados y en aquellas terribles circunstancias? La respuesta llegó a ellos en un recuerdo que se sentía lejano.

Adrien se levantó aquella mañana envuelto en las sábanas azul cielo del apartamento de su novia. Estaba cansado de forma física y mental. Aquella pelea que tuvo con Ladybug esa noche le dejó molido de manera sentimental. Aurore supo cómo quitarle esa resaca sentimental, aunque ahora tuviera una verdadera resaca. Trató de levantarse de la cama, pero el dolor intenso lo regreso a la misma en un instante. La puerta se abrió con un sonido demasiado fuerte. Aurore entró a la habitación tratando de hacer el menor ruido posible. Depósito una bandeja en el buró de su habitación y paseo sus manos entre los dorados cabellos de su novio.

—Hice desayuno —dijo susurrando, aunque para Adrien sonó como si un tractor pasará frente a la habitación—. Ojalá esto te quite la resaca.

Adrien sonrió a su novia antes de sentarse sobre la cama. Observó alrededor dándose cuenta que el cuarto se encontraba en penumbras, cortesía de la amabilidad de Aurore. Su novia puso con delicadeza la bandeja de comida frente a él y Adrien comenzó a comer con lentitud. Su cabeza punzaba y aunque tenía la garganta seca disfruto del desayuno que su adorable novia le ofrecía.

—Come bien, hoy tienes que derrotar a un villano —comentó Aurore antes de salir de la habitación para bañarse e iniciar el día.

Adrien se quedó de piedra. Así que Aurore sabia sobre su identidad secreta. Le hubiese gustado decir que aquello le sorprendía, pero Aurore era en definitiva muy inteligente así que no tardó en unir las piezas. Cuando Adrien término de desayunar dejo la bandeja en la cocina de ella y se dispuso a ponerse la ropa que llevaba el día anterior. Entonces notó que algo faltaba. Giró varias veces y empezó a buscar con lentitud, aunque eufórico su anillo y a su pequeño amigo. Encontró ambos escondidos en la alacena de Aurore con un plato de queso camembert a medio comer.

—Plagg, ¿qué haces ahí? —preguntó Adrien poniéndose otra vez su anillo.

—Desayuno, Aurore me dio de comer —contestó el kwami con la boca llena —. Deberías aprender de ella.

Adrien lo observo con el ceño fruncido del enojo por su atrevimiento. Pero Plagg ni siquiera lo notó. Aurore en verdad le caía bien, lo suficiente bien como para no quejarse de que supiera el secreto de Adrien. En ese momento Adrien que no sé sentía con ánimos se recostó en el sillón de la estancia a esperar a su novia. Aun sentía los estragos de la resaca y aun quería quedarse durmiendo. Pero las palabras de Ladybug arribaban a su memoria haciéndole recordar que aun tenia responsabilidades.

Unos minutos después vio llegar a Aurore con un vestido puesto y secándose el cabello con una toalla pequeña. La chica se acercó a un espejo sin hablar con Adrien y sacó una bolsa con maquillaje de un cajón cercano. Los minutos que le siguieron fueron largos, Adrien solo la veía maquillarse esperando el momento para hablar. Pero ni siquiera sabía que decir.

— ¿Quieres ir por un café antes de ir a la universidad? —preguntó Adrien con cortesía.

—Deberías ir a tu casa para cambiarte de ropa —dijo Aurore con una sonrisa.

Volteo a verle viéndose más hermosa de lo que Adrien podía imaginar. Aurore entró rápidamente a su cuarto por un cepillo para su cabello y una máquina para hacer rizos que Adrien siempre había encontrado monstruosa. Ella no dijo nada más haciendo que Adrien se preguntara cómo habían alcanzado esa incomodidad.

— ¿Ayer sólo bebimos? —preguntó Adrien creyendo que ese tema era menos incomodo que el de su identidad secreta.

—Exacto, no hicimos nada más —contestó Aurore sonando distante y triste.

Adrien estaba apuntó de replicar cuando su celular comenzó a sonar. La portada tenía una de las imágenes que le había tomado a Marinette en una de sus citas. Se sintió un poco nostálgico al ver la pantalla, pero rechazo la llamada y lo disimuló muy bien, al menos eso era lo que él pensaba.

—Debes ir a salvar París —comentó Aurore con un tono que daba pie a la tristeza.

—Hace cuánto lo sabes —cuestionó Adrien intrigado por la respuesta. Era la segunda vez que Aurore lo mencionaba, ya no podían andarse con rodeos.

—No es difícil juntar las piezas de ese rompecabezas —dijo Aurore dirigiéndose a su cocina y comenzando a hacerse su propio desayuno. Adrien presentía que no quería hablar más del tema por lo que se calló.

—Te veré más tarde —comentó Adrien tomando por la cintura a la chica y dando un beso en su mejilla.

Cuando Adrien salió de la casa de Aurore tenía la sensación de que todo había cambiado. No solo por el hecho de que Aurore era una ardiente chica con la que le gustaba pasar el tiempo, sino porque ella también parecía algo incómoda por su secreto. Tal vez ser Chat Noir era más una maldición que una bendición. Trató de pensar en otras alternativas del porque Aurore podría parecer tan incómoda, pero todo en lo que pensaba era en Marinette y el hecho de que terminara con él por querer ayudarle. ¿Acaso Aurore pensaba de la misma manera?

Llegó a casa y se cambió la ropa de manera automática. Salió de casa con una facilidad que se le antojaba extraña pues la mayor parte de su vida la había pasado con su padre controlándola. Pero ahora que había decidido dedicarse un año en exclusiva a su carrera de modelo, su padre parecía haber aligerado un poco la carga. Tal vez ahora ya lo creyera los suficientemente maduro para hacer cosas por su cuenta. Adrien no sabía que debía hacer con su recién ganada libertad. Días atrás descubrió las consecuencias de su fama cuando unas chicas trataron de romper su chamarra para tener algo de él. Aunque es verdad que hacía mucho que conocía de su fama, y lo que ello podía hacer. De repente, se sintió mal por todo lo que había sucedido en su relación con Marinette. Aun así, sacudió la cabeza y siguió caminando.

No supo cómo llegó a la casa de su ex novia. Marinette debía estar dentro trabajando en algún diseño propio, o quizás estaba afuera rehaciendo su vida. Decidió, con el mayor pesar de su corazón, en abandonar aquello y embarcarse solo en la búsqueda de Hawkmoth, aquel terrible villano que los había unido. Pero se detuvo antes de dar un paso más. Había algo que tenía que hacer antes de seguir adelante, una última cosa que su mente necesitaba ¿cómo lo llamaba su terapeuta? Cierto, un cierre.

Así que se armó de valor y abrió la puerta de la panadería.

Lila tragó saliva cuando observó a la que esperaba fuese su cuñada algún día. Su relación con Jesse no era del todo clara, pero no podía ignorar el calor que subía por su pecho cada vez que pensaba en el inglés. Jesse le mencionó en alguna ocasión que no tenía permitido tener parejas formales a no ser que fuese la persona con la que compartiría su vida. Aquello asusto a la italiana, ella no estaba preparada para nada como eso. Por ello habían quedado en dar pequeños pasos hacia una nueva relación. El primero de ellos fue recoger a la hermana de este del aeropuerto. Curiosos que tomase el avión del día siguiente a la llegada de Chloe y Jesse a París.

Jane Tamez era una versión muy distinta de Jesse. Aunque compartían el mismo color de cabello, de piel y de ojos, había algo en su figura femenina que ninguno de los que la conocían podían definir bien. Jane tenía una figura y personalidad mucho más critica que el resto de las personas normales. Además, Jane vestía de manera más prolija con unos lentes de marca muy caros debido a su poca visión. Por desgracia, a pesar de tener una apariencia dulce, era mucho más arrogante que el propio Jesse.

—Vaya, me agradaba más Chloe —Jane ni siquiera saludó a Jesse y Lila cuando salió a su encuentro.

—Por desgracia para ti, Chloe no está disponible —contestó Jesse con burla en la voz.

Lila podía decir que era una chica con una autoestima muy alta y que no se dejaba amedrentar por las burlas de otros. Haber cambiado de colegio constantemente había hecho maravillas con su confianza. Por ello se sintió tan confundida cuando unas pocas palabras rudas por parte de Jane lastimarán su orgullo de manera tan profunda. Aunque trató de mantener una sonrisa lo más sincera posible antes de hablar. Jane no le permitió decir ni una sola palabra antes de poner su maleta de mano entre los brazos de la italiana. Se quedó en total shock y no fue hasta que Jesse la jaló que fue capaz de mover un solo musculo.

Jane se adelantó a los chicos esperando encontrar un taxi que les llevará al Grand Hotel de París. Lila empezó a caminar mecánicamente hasta que su mente hizo conexión. Jane podía ser la hermana de Jesse, pero no tenía derecho a tratarla de esa manera. Chloe era su amiga, una muy buena amiga y por ello nunca la había considerado una rival. Las palabras de Jane calaron hondo, ella era Lila Rossi ¿qué podría faltarle ante los ojos de la chica?

—¿Qué fue eso? —preguntó Lila con un puchero.

—¿De qué hablas? —preguntó Jesse fingiendo que no entendí la pregunta de la chica.

Ninguno de ellos sabía, en realidad, como definir su relación. Jesse no sentía por Lila lo mismo que por Chloe. Sin embargo, había pasado mucho tiempo pensando en la italiana incluso con la presencia de la rubia en su misma ciudad. Aunque su amistad con la joven rubia se había vuelto más cercana, Jesse ya había decidido rendirse con ella, incluso si Chloe estaba soltera en ese momento. Inclusive estando lejos le había enviado muchos regalos a Lila, sin saber muy bien por qué. En parte se debía a su creciente interés por la chica. No había comentado a su familia nada sobre su interesante amiga italiana. Su madre y su padre estaban seguros que el amor surge con el tiempo y que tener una compañera más o menos soportable con la que vivir.

La visita de Jane no era una coincidencia. Lila había decidido iniciar una carrera en dirección de cine antes que en actuación en el EICAR. Serían solo un par de años de trabajo duro antes de tener que empezar a preocuparse por un trabajo. Antes de que eso pasará, Jesse quería que Lila obtuviera la aprobación de su familia. Tener a Jane de su parte sería buena idea, aunque por lo que veía sería muy difícil.

—Jane me acaba de despreciar ¿y tú no le dices nada? —se quejó Lila deteniendo su andar.

Jesse giró a verla extrañado por su comportamiento.

—Debes entenderla, ya se había acostumbrado a la idea de que me casaría con Chloe algún día —Lila sintió una opresión en el pecho, pero recordó que las palabras de Jesse no habían sido dichas para lastimarla. Cuando Jesse se dio cuenta supo que debía decir algo para calmarla—. No te preocupes, aunque Jane este algo confundida, yo no lo estoy sobre mis sentimientos.

Pero Lila no sabía si creerle. Tal vez Jesse no estuviera confundido sobre sus sentimientos, el problema es que Lila no sabía bien cuáles eran sus sentimientos. Jane les hizo una señal para que se subieran al taxi que había escogido. El camino hacia el hotel y hacia una reunión entre amigos que definiría su futuro se hizo muy pesado. Ninguno esperó que en el camino tuvieran aquellos acontecimientos.

En la universidad de París, mientras tanto, se gestaban eventos que marcarían las vidas de los habitantes de la ciudad más romántica del mundo. La gente iba y venía entre las facultades, felices de bromear, relajarse o estudiar. En los salones de ingenierías Aurore observaba sin interés la pizarra donde su profesor explicaba algo sobre termodinámica. Aunque estaba segura que aquello era muy importante para su formación profesional, además de que probablemente vendría en algún examen, su mente no podía concentrarse. Divagaba muy lejos de ahí preguntándose donde estaba el joven que robaba su aliento.

Aun no podía creer que Adrien fuese su novio. El modelo siempre le había parecido inalcanzable. Era guapo y aparecía en revistas internacionales, si bien iban en la misma escuela nunca se había visto de frente. Él era de otro mundo, una dimensión desconocida y diferente que nunca convergería con la propia. Quien hubiese creído que muchos años atrás al participar en aquel concurso para ser presentadora del clima algo de ella se perdería. Perdió algo y no lo supo hasta que tuvo a Adrien Agreste frente a ella preguntando si se encontraba bien. Había perdido su razón para luchar y había encontrado una nueva en Adrien. Se sentía muy bien tener de nuevo las energías para vivir feliz.

Él le había pedido que fueran parte del mismo mundo. Le había ayudado cuando peor se sentía, le había dado un abrazo y un beso cuando más lo necesito. Y en ese momento Aurore supo que lo que sentía por él no era como el amor que sientes por un ídolo. Era, en todo el sentido de la palabra, un amor verdadero y profundo. El tipo de amor que sientes por tu alma gemela, por la persona con la que esperas compartir toda la vida. Aurore creía que esa persona no era otra que su amado Adrien. Y había tratado con todas sus fuerzas ser ella el amor de su vida.

Cuando descubrió que él era Chat Noir se sintió especial. Cómo si él mismo se lo hubiese dicho, porque fue el propio Adrien quien le explicó cosas que su vida que nadie más sabía, fue él quien le dio las piezas del rompecabezas. Cuando Aurore los junto y lo supo se sintió más querida que nunca. Compartía un secreto con él. Ni siquiera pensó en decírselo, esperaba que él viniera a ella y en ese momento le demostraría que era la única persona que lo conocía bien en el mundo. La única que guardó su secreto porque sabía que eso era lo que él deseaba.

Pero ese día nunca llegó.

Adrien apareció en su apartamento la noche anterior embargado de tristeza. Supuso en ese momento que se trataba de una pelea con su padre, del recuerdo de su madre que le atormentaba, de las incertidumbres que tenía sobre su futuro. Lo que nunca se espero es que llegara hablando de ella. De Ladybug. De lo mucho que aun la amaba, de lo mucho que suplicaba su perdón, de cómo sus labios eran dulces, de cuanto deseaba volver junto a ella. Un poco de alcohol le aflojó la lengua. Entonces Aurore supo que todos los sentimientos que decía tener por ella no eran más de mentiras blancas, para evitar romper su corazón. Y eso dolía más que el que Adrien aun amara a su ex-novia. Adrien le había confesado en alguna ocasión que su antigua pareja no era otra que la misma Ladybug. Aurore tampoco había tenido problema con resolver ese misterio.

Aunque Aurore intentó hacer de todo porque las cosas salieran bien, esperando que los sentidos de Adrien estuvieran dormidos por la noche no lo había logrado. Adrien no dejó de hablar de ella y Aurore se vio en la necesidad de silenciarlo a su más puro estilo seductor. Le supo muy mal hacer aquello sabiendo que él no sentía lo mismo que ella, tal vez por eso se negó a comentarlo en la mañana. Ahora se sentía realmente patética. La resignación la invadió entera. Nunca tendría el corazón de Adrien y nunca debería haber aspirado a el mismo. Ella no era una heroína, no era valiente, no tenía nada que ver con Ladybug. Era solo una estudiante de Química, una modelo ocasional, una chica rencorosa. Suspiro melancólico sintiendo como su respiración y sus lágrimas comenzaban a disiparse. Unos segundos después una voz sonó en su cabeza.

—BrokenHeart ¿estás dispuesta a hacer lo que sea necesario para quedarte con ese chico? —Aurore reconoció la voz, la había escuchado antes.

La chica sintió unos nuevos sentimientos aflorar dentro de ella. El odio, el rencor, la venganza, la sensación de que la habían engañado de la peor manera. Se sentía usada y rota. Una sonrisa cruzó su rostro, si solo pudiera deshacerse de Ladybug, de Marinette, Adrien podría olvidarla y ser feliz con ella. Si solo pudiera quitar a la tercera en discordia podría ser feliz.

—Si —contestó una parte de ella convencida de su nuevo plan.

—Entonces haz todo lo que te diga —dijo la voz.

—Sí, Hawkmoth —Aurore se levantó de su asiento llamando la atención de todos.

Su ropa cambio en ese momento de un vestido floreado de primavera a un traje de colores rojizos. Un nuevo villano acababa de surgir. BrokenHeart comenzó a reír sin mesura asustando a toda persona que se encontraba en el lugar. Cuando señaló a una de las chicas esta perdió todo el color de su rostro y se desmayó en un segundo. Aunque su corazón latía poco su rostro mostraba una profunda tristeza. Rápidamente la chica atacada se convirtió en un cubo de hielo. BrokenHeart notó que sus poderes eran extraños, pero le agradó la idea tanto que salió por una de las ventanas en busca de su presa: Ladybug.

Marinette se quedó sin aliento cuando vio a Adrien entrar por la puerta de la panadería tan temprano. Ella no había ido ese día a la universidad por la necesidad de su madre por ayuda. Sabine estaba por encima de su capacidad, además Tom estaba fuera de la ciudad ese fin de semana y no podría ayudarla. Marinette casi dejó caer la tanda de panes que debía poner en su lugar. Tuvo que recordarse no armar un escándalo en ese momento, aun si su corazón y su cabeza le gritaban de la manera más estúpida que le reclamará por aparecerse ahí sin anunciar.

— ¡Adrien! —llamó Marinette solo para reprocharse el tono alegre con que dijo su nombre.

Sabine, que estaba en la parte de atrás de la panadería, no pudo evitar salir corriendo al escuchar el nombre. Ella no sabía toda la historia de su rompimiento más allá de haber sucedido antes de las vacaciones de verano. Con certeza, lo único que sabía es que Adrien había pasado las mismas fuera del país. Sonrió al pensar que su hija podría haber arreglado las cosas con su ex novio y que este estuviese ahí por ella. Sabine sentía que su reconciliación era inminente y necesaria. Nunca había visto a Marinette tan triste como cuando estaban separados.

—Buenos días, Marinette —saludó Adrien sin dejar de observarla—. Buenos días, señora Cheng.

—Por favor, Adrien, llámame Sabine —corrigió la madre de Marinette con presura.

La chica aun no salía de su estupor por lo que fue necesario un golpe a su espalda para hacerla cerrar la boca por la impresión.

—Hola, Adrien —saludo de vuelta. Se sintió muy estúpida pues, aunque quisiera estar enojada con él un sonrojo cruzó su rostro.

—Hola, Marinette —contestó Adrien, más por inercia que por convicción.

— ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó Marinette tratando de que su voz sonará fría y distante.

—Necesito hablar contigo —La verdad es que Adrien no tenía ni la más mínima idea de que estaba haciendo ahí.

—Estoy trabajando con mi mamá —se excusó Marinette.

Aunque le había pedido a Adrien verse temprano para poner acabar con Hawkmoth, no se había levantado con ánimos de hacer lo dicho.

—Por mí no hay ningún problema —dijo Sabine. A pesar de estar cargada de trabajo pensaba dejarlo un rato si con eso su hija llegaba a ser feliz—. Puedo arreglarme sola.

Marinette solo sintió como su madre le quitaba la bandeja de panes de las manos y la empujaba hacia Adrien. El chico la tomó de la mano casi por inercia y una sensación familiar y cálida le invadió. Se sentía bien volver a tener esa cercanía con Marinette. Por su parte, ella trataba de ocultar su sonrojo. Salieron de la panadería con un portazo después de ellos y la sensación de que no tenían escapatoria. Durante una cuadra ambos caminaron sin tener idea de a donde se dirigían en realidad.

Adrien se atrevió a comprar algo para ella mientras caminaban por los campos elíseos y entre risas y platicas sin sentido se vieron en una zona muy alejada de lo que conocían. Sabían que no podían alargar más el momento y fue Marinette la que tomo el valor de hablar.

—Adrien, ¿porque fuiste a buscarme? —preguntó con un susurro.

Adrien sonrió para sí mismo, había tejido suficiente tiempo para pensar una respuesta coherente.

—Escucha —dijo Adrien llamando su atención —. No quiero ser de esas típicas parejas que cuando terminan pelean hasta por saber quién se queda con el perro. Quiero que seamos amigos y hagamos las paces.

Marinette le observó sin saber que pensar. Una parte de ella si quería seguir siendo amigos, pero también deseaba abrazarle y besarle como nunca había hecho. Sabía que fue ella quien termino la relación, pero, aunque le amaba no sabía si podía volver a confiar en alguien que no creía en ella. Suspiro dándose cuenta que solo podía ofrecerle su amistad hasta que su propio corazón sanará.

—Creo que estoy de acuerdo con eso —dijo Marinette, en ese instante una idea loca apareció en su cabeza y sin pensarlo la puso en acción —. Pero, primero, necesitó que cierres los ojos y confíes en mí.

Adrien sabía que era mala idea. Lo sabía con toda el alma. Y a pesar de ellos, prefirió ignorarlo para confiar en ella. Cerró los ojos con la expectativa a flor de piel y rezando porque aquello aclarará sus sentimientos de una vez por todas. Marinette también se cuestionó la razón por la que pedía aquello. Antes de que la moral y la razón despejaran su mente Marinette se abalanzó a los labios de Adrien en un beso apasionado. ¡Al diablo con sus identidades secretas! ¡Al diablo con su novia! ¡Al diablo con lo que había hecho! Lo único que necesitaba era un beso más. Pero fue ese beso el que desató el desastre.

BrokenHeart golpeó a un chico antes de que este mismo viera toda la felicidad abandonar su cuerpo. Se encontraba en la salida de la universidad con la misión muy clara en su cabeza. Todas las personas corrían lejos para ponerse a salvo, con excepción de una que parecía decidida a seguirle. El villano salió del lugar acarreando la sensación de tristeza detrás. Su visión borrosa en blanco y negro distinguió un pequeño punto verde en la distancia. Algo le decía que se trataba de Adrien así que saltó por entre las casas hasta aterrizar en el lugar.

Todo comenzó a congelarse.

Marinette apenas pudo esquivar el rayo de energía que pasó entre ellos gracias al empujón que le propinó Adrien. Al principio, Marinette se sintió ofendida de que Adrien se separará de ella de forma tan brusca. Aunque entendió la situación cuando vio a Aurore convertida en akuma flotando varios metros sobre ella. Portaba el rostro más enojado que se podía imaginar. Marinette la observó y supuso que ella también había sido testigo de la infidelidad de Adrien. La rabia de Aurore/BrokenHeart era mucha y pronto se extendió por varias calles de la ciudad.

Ni Adrien ni Marinette esperaban ese desenlace. No esperaron a estar en un lugar más privado para transformarse. No tenían tiempo. Si querían evitar sus muertes a manos de una novia muy celosa, debían de dar todo de sí. Las personas alrededor se sorprendieron cuando dos jóvenes que parecían demasiado comunes se trasformaron en los grandes héroes de París. Ambos sabían que no había marcha atrás. Aunque la verdad, ya estaban cansados de fingir.

BrokenHeart envió un rayo directo al corazón de Ladybug, aunque esta logró esquivarlo. El rayo alcanzó a una madre que pasaba por ahí junto a sus dos hijos. Los ojos de la mujer se llenaron de tristeza y melancolía, como si su corazón se congelará. Rápidamente sucedió lo mismo con su cuerpo. Los niños tocaron los dedos fríos de su madre solo para verse contagiados por su tristeza y su corazón que se había vuelto frío.

—Si tú no vas a estar conmigo —dijo BrokenHeart señalando a Chat Noir—me asegurare de que no estés con nadie en esta ciudad, del mundo si es necesario. Congelaré cada corazón que tenga la capacidad de amar. Empezando por el de ella.

Aurore akumatizada intento golpear a la heroína con su mano. Aunque Chat Noir se interpuso evitándolo. Por poco fue él quien se quedó con el corazón congelado. Ninguno de ellos lograba distinguir donde se hallaba el akuma. La realización de su posición llegó unos segundos después al ver como recargaba su poder. Su corazón. Adrien sintió que el corazón se le salía del cuerpo ¿cómo iban ellos a romper su corazón para permitirle al akuma salir? ¿cómo había logrado Hawkmoth atacar ese lugar en específico?

Ladybug vio una oportunidad de distraerla cuando BrokenHeart se posiciono a un costado de un poste de luz. La chica utilizó su yoyo para derribar dicho poste y cuando este cayo y rompió el piso de hielo que Aurore hacia crecer, pequeños pedazos salieron volando hacia su rostro.

—No le hagas daño —dijo Chat Noir claramente enojado.

—No lo hago —contestó Ladybug con una sonrisa—. Debemos sacarla de la ciudad. Creó que si vencemos a Hawkmoth ella se recuperará sin que tengamos que hacerle daño.

Adrien se sintió aliviado al ver que su compañera ya había pensado en algo. Quizás ella también se había dado cuenta de lo difícil que debía ser romper el corazón de alguien. Sin duda, era una acción que nadie debería de realizar. Cuando Aurore se recuperó había una pequeña cortada en su mejilla que casi hace a Chat Noir correr a ayudarla. Sin embargo, se recuperó a tiempo para llevar a cabo el plan acordado. Dieron saltos por sobre los tejados hasta llegar a la fábrica de libretas que había ido a la quiebra varios años antes.

Aunque el edificio había estado a punto de ser vendido y derribado en muchas ocasiones, algunos problemas lo mantenían intacto. Ahora sabían que, de alguna manera, Hawkmoth había mantenido su guarida ahí. La puerta estaba cerrada por dentro así que no pudieron abrir. La destrucción que BrokenHeart estaba causando en esa parte de la ciudad se acercaba peligrosamente a ellos. Para cuando ambos lograron abrir la puerta, la onda expansiva de una explosión los envió varios metros hacia atrás. Las llamas alcanzaron a Ladybug cuyo traje se quemó un poco y la sangre empezó a salir. Chat Noir no estaba mejor, había quedado inconsciente debido al golpe. Ambos comenzaron a preguntarse si ese sería su fin. Una figura conocida se acercó a Adrien y tomo su rostro con una extraña mezcla de amenaza y cariño.

La onda expansiva de la explosión no llegó demasiado lejos. Aunque si lo suficiente como para que un fuerte viento moviera la ropa de Chloe y Juleka llamando su atención. Ellas que habían estado todas tranquilas platicando y sincerándose con un abrazo, se vieron de repente separadas por un terrible ruido y viento. Tardaron un momento, durante el cual sus sonrisas se disiparon lentamente al darse cuenta de lo que pasaba.

Chloe se levantó de golpe cuando vio el lugar del cual provenía la explosión. Aunque no estaba segura del origen podía reconocer la zona. Sabrina no tenía mucho dinero por lo que vivía un poco alejada de Chloe y toda la zona comercial. Aquello era usualmente bueno para la salud mental de Sabrina. Pero en este momento era terrible para la salud psicológica de Chloe. Su mejor amiga podía estar en peligro. Pensó en cuales eran las ultimas noticias que tuvo de la chica. Sabrina tenia clases esa mañana. A diferencia de Chloe, quien comenzaría a estudiar el siguiente año, la pelirroja había comenzado una carrera en la universidad de París. Chloe no estaba segura de saber cuál era, solo sabía que estaba muy orgullosa de su mejor amiga.

Nathaniel también vivía en esa zona de la ciudad. El corazón se le aceleró de golpe, como si perdiera todo el color de su rostro. Y si algo les pasaba. Antes de que Chloe marchará a pasar las vacaciones con Jesse en Londres sabía perfectamente cuál era la rutina de Nathaniel. Pero su regreso fue mucho después de haber iniciado la universidad y con solo un día de convivencia no estaba segura de que sucedía. Habían quedado como amigos, al fin y al cabo.

Chloe llegó a su auto nuevo corriendo con Juleka detrás de ella. De un grito hizo que la chica abordará el vehículo y arrancó del lugar armada de tanto valor como temor. Juleka sintió un retortijón en el estómago cuando al acercarse al centro de la ciudad las calles se congelaban. Ambas pensaron, casi al mismo tiempo, que aquello debía ser obra del villano de la ciudad. Una llamada inesperada llegó al celular de la rubia quien conectó con las bocinas del automóvil enseguida. La voz de Nathaniel dio un vuelco a su corazón.

—Chloe, ¿escuchaste eso? —saludó Nathaniel con preocupación.

—¡Nath! ¿Estás bien? ¿Qué sucede? —preguntó Chloe sin dejarle contestar siquiera—. ¿Dónde estás?

—Tranquila Chloe, solo respira con calma —dijo Nathaniel intentando calmar a la chica. Aun se preocupaba por ella, como si todavía fuese su novia.

Chloe comenzó a respirar rápidamente y con dificultad. Ni siquiera estaban en el mismo salón, pero se comunicaban de una manera muy fluida. Juleka observó y escuchó sin hacer el más mínimo intento por intervenir. Aunque había aceptado las disculpas de Chloe y había ayudado a Nathaniel con su sorpresa, aun no se sentía segura sobre si ellos hacían buena pareja. Ahora lo veía mucho más claro que el agua y le hizo sentir estúpida.

—¿Ya estás más tranquila, Chloe? —preguntó Nath. Al fondo de su voz se escuchaba una alarma de auto.

La verdad era que Nathaniel no estaba en las mejores circunstancias posibles. Aunque se encontraba aún lejos de su casa, también se encontraba considerablemente cerca de la acción. Había visto pasar a los héroes cerca de él seguidos por aquel villano que congelaba todo. A penas le había dado tiempo de esconderse detrás de un automóvil cuando la explosión tomó lugar en las cercanías. Inmediatamente había llamado a su madre para saber cómo se encontraba y se alivió por saberla fuera del radio de la explosión y onda expansiva. Después de esa llamada lo siguiente que cruzó por su cabeza fue Chloe. La verdad es que tuvo suerte de poder llamar antes de que las líneas comenzarán a saturarse. Chloe susurró una afirmación antes de que Nathaniel la escuchará gritar. Fue como si el corazón se le saliera del pecho.

El automóvil nuevo de Chloe giró en una calle que tenía el pavimento hecho hielo. El automóvil se dejó ir sin que los frenos pudieran hacer nada haciendo que ambas chicas gritaran. La vuelta que dieron fue tan monstruosa que estuvieron seguras de morir en ese momento. El movimiento se detuvo cuando la reja de contención de una construcción se interpuso en su camino. La llamada aún estaba conectada así que en cuanto recuperaron un poco la mesura ambas respondieron a las llamadas de Nathaniel.

—¡Estamos bien! —respondieron ambas al mismo tiempo.

—Qué alivio. Mamá está muy preocupada por ustedes —dijo Nathaniel con un suspiro—. Deberías regresar al hotel Chloe.

Chloe asintió para sí misma, como si el artista pudiese observarla desde el otro lado de la línea. En otras circunstancias hubiese sido posible, pero aquella era una llamada de voz amplificada por el intercomunicador de su automóvil nuevo. La rubia giró para ver a su nueva amiga y vio debajo de su rostro irascible y cabello negro alborotado que incluso ella tenía un poco de miedo. No pensaba abandonarla. En otro tiempo lo hubiese hecho, y Juleka sabía eso, pero ahora Chloe pensaba primero en que ambas debían de buscar un lugar seguro.

—Eso haré. Me llevaré a Juleka conmigo —contestó Chloe. La chica gótica le observó sin creerse las palabras de la rubia—. No me has dicho dónde estás.

—Fui al Louvre está mañana —comentó tranquilo—. Voy de regresó a mi casa.

—¡No! —gritó Chloe asustada—. La explosión viene de esa parte de la ciudad...

—Lo sé —interrumpió Nathaniel sabiendo que Chloe no pararía de hablar—. Solo cálmate. Ya tengo un plan. Entraré y saldré de mi casa. Solo necesitó...

Durante muchos años, Chloe describiría ese momento como si el tiempo se hubiese detenido. La llamada se cortó de pronto a la mitad de la oración y la rubia lo hubiese atribuido a que las líneas se estaban saturando con llamadas de personas preocupadas por sus seres queridos. Pero en esta ocasión fue capaz de escuchar el dolor que interrumpió la voz de Nathaniel a media oración. Todo quedó en blanco para la rubia. Juleka también se sentía fuera de sí misma.

Lo siguiente que sucedió dejó a Juleka pensando en que su nueva amiga era más interesante de lo que parecía. Chloe quitó los seguros del automóvil y susurro algo que Juleka no alcanzó a comprender.

—¿Qué? —preguntó extrañada por el rostro carente de expresividad de Chloe.

—Por favor, baja —la voz gélida de Chloe causó un terror indescriptible en las venas de Juleka.

Juleka abandonó el vehículo y vio como Chloe marchaba de ahí a pesar de que su auto ya no tenía frenos. Siguió su camino con destino al lugar de la explosión. A Chloe le agradó ver que las personas se estaban retirando y escondiendo acompañados por la policía de la ciudad. Sabía que su padre iba a querer que la ciudad siempre estuviera segura. La persona que ahora era el alcalde sin duda estaba haciendo un muy buen trabajo. Los policías, sin embargo, no impidieron que ella atravesará la vaya de contención con dirección a un destino incierto.

Mientras tanto, Nathaniel trataba de poner a salvo a una querida amiga. La pelirroja de lentes que cargaba en sus brazos susurraba con dificultad un nombre sin que se logrará escuchar debido a la recién reanudada pelea. Estaba justo en el camino de la explosión cuando esta sucedió, se veía muy sucia y lastimada. De sus labios escurría una delgada línea de sangre y manchas moradas se extendían por su torso y brazo derecho. Nathaniel se alejó con ella lo más que pudo y cuando al fin estuvo lejos del bullicio causado por los héroes, logro escuchar lo que Sabrina susurraba: "Gabriel Agreste".

El miedo vino para quedarse siempre que la muerte lo acompañe.