Disclaimer: Miraculous: Tales of Ladybug y Chat Noir no me pertenece. Es de Thomas Astruc (Hawkdaddy) y de Zagtoon Animation. La trama de está historia si es mía.


La Princesa y el Artista

Chloe es la princesa del "YO" y del drama. Eso nadie lo podía negar, incluso tratando de mejorar su actitud, Chloe nunca dejaría de ser una Queen Bee. Y todos estaban seguros de eso. El problema es que la chica rubia está decidida a que puede ser más de lo que ellos creen. Y cierto artista pelirrojo no puede esperar a comprobarlo. Al fin y al cabo, a él le gustan las cosas bellas y debía de aceptar que Chloe era muy bonita. Las princesas y los artistas no deben estar juntos, ¿cierto? Bueno, ni Nathaniel ni Chloe se piensan rendir.


Vivimos, morimos y amamos

—De acuerdo a los informes publicados por la policía, Gabriel Agreste podría enfrentarse a una multa de 40 millones de euros en indemnización por los afectados del atentado del pasado 24 de enero —se escuchaba por la televisión a una presentadora quien mantenía un semblante serio—recordemos que al día de hoy suman 12 las víctimas mortales del atentado de bomba y 36 heridos de gravedad de los cuáles los hospitales no han dado informes públicos. Además, la multa por daños a la ciudad, a la moral y maltrato psicológico ejercido sobre las múltiples victimas de akumatización podría sumar un total de 16 a 48 años de cárcel, llegando incluso a la cadena perpetua si se le liga a los victimas mortales de este terrible incidente. Una noticia terrible para los familiares de los Agreste y de los afectados, así como para los analistas del mercado, quienes han comenzado a cuestionar la estabilidad económica de Modas Agreste. Recordemos que los abogados del imperio de moda Agreste han dado un comunicado explicando que, debido a la decisión de la junta directiva para destituir al CEO de la compañía, el hasta el momento modelo y estudiante, Adrien Agreste tomara al papel de CEO provisional de la compañía. Los economistas se preguntan cómo podrá afectar esta decisión a las acciones de la compañía puesto que a raíz del incidente...

La señora Cheng observó la televisión con el ceño fruncido antes de tomar el control a distancia y apagarla. Parecía que las noticias seguirían hablando de aquel incidente como si hubiese sucedido aquella mañana. Había pasado ya un mes desde aquel incidente y las consecuencias de todo aquello comenzaban a acumularse lentamente en los hombros de todos. Incluso de aquellos que tenían poca relación directa con lo sucedido.

Durante unos segundos, la estancia quedó en silencio mientras Sabine Cheng bebía lento pero constante el té de jazmín que se había preparado hacia unos minutos. Estaba tan cansada que decidió alejarse de la tienda y despejar su mente con un poco de televisión, pero nadie podía conseguir un poco de tranquilidad con las noticias hablando de aquello. Un sonido en la ventana la alerto y en solo unos segundos, la señora Cheng se encontraba observando por la ventana.

Una mujer alta y delgada con su cabello ondulado moviéndose con el viento sostenía un micrófono junto a las pequeñas piedras a sus pies que le dijeron a Sabine de donde vino el sonido. La mujer le sonrió de una manera tan falsa, que la señora Cheng quiso vomitar. Pero, ella era una dama, así que simplemente cerro la ventada y corrió las recién instaladas cortinas negras que dejaron la habitación a oscuras.

Si el señor Bourgeois siguiese siendo el alcalde, seguramente habría mucha más seguridad a fuera de su casa, sin embargo, el hombre ya no se encontraba en ese mundo. El nuevo alcalde estaba más preocupado por llevar al señor Agreste frente a la justicia que a proteger la integridad de los héroes que los protegieron durante tantos años. Marinette se había vuelto la sensación durante los primeros días tras su liberación, sus fotos estaban en todas partes, aun cuando nadie conocía su nombre. Pero no tardaron nada en averiguarlo, luego comenzaron a preguntas sobre su vida, sobre su familia, su vida amorosa, sus amistades.

Marinette no había podido abandonar la casa desde aquella mañana en que los reporteros la bombardearon de preguntas sobre quien era Chat Noir, cuya identidad aún era desconocida, y ella se desmayó por la presión. Sabine observó la trampilla que llevaba a la habitación de su hija, preguntándose si ella se encontraba bien.

Por supuesto, Marinette no estaba bien.

Nada bien.

Aun cuando su madre le había advertido sobre ver las noticias en la computadora de su cuarto, la joven no lo pudo evitar. Había intentado mantenerse alejada del mundo exterior desde hacía dos semanas, cuando decidió que no podía más con aquello y se encerró en su habitación. Marinette suspiro recordando lo sofocante que fueros las dos semanas que decidió seguir yendo a la universidad; las miradas de sus compañeros que la admiraban y juzgaban a partes iguales. Tras la captura de Gabriel Agreste como Hawkmoth, todos tenían opiniones y todos creían que lo podrían haber hecho mejor.

La joven china-francesa observó la pantalla de su computadora donde la presentadora volvía a pasar imágenes del arresto realizado a Gabriel Agreste. No era una imagen que a Marinette le gustará recordar. El calendario colgado arriba de su computadora le recordó el día que era y comenzó a cuestionarse si podría salir de casa, aunque fuera por obligación. Realmente no se sentía capaz de ir a un funeral en ese momento, en especial sabiendo que todo esto era su culpa; pensando que, si ella hubiese sido un poco más fuerte, un poco más rápida, que, si no le hubiese dado tanta importancia a su estúpida historia de amor, habría atrapado a Hawkmoth antes de aquel desastre.

A veces olvidaba que no estaba sola en todo eso. Marinette pensó en que Adrien quizá lo estaba pasando peor que ella; Chloe había mantenido su promesa de no decirle nunca a nadie sobre su identidad, así que, aunque no lidiara con las cámaras y reporteros por su identidad de superhéroe, tenía todas las personas sobre él por el tema de Hawkmoth como su padre.

Marinette tomo su celular cuando vio una fotografía de Adrien en la última sesión de fotos que apareció en una revista colgada en su pared. Comenzó a sentirse un poco dolida y avergonzada por aun tener colgados posters de su exnovio por toda su habitación. Junto todo el valor que aún tenía en el cuerpo antes de marcar el número de Adrien, quería preguntarle cómo se encontraba.

—El número que usted marcó se encuentra apagado o fuera del área de servicio—Marinette apagó el celular antes de girar en la silla hacia la ventana.

El día estaba brillante con el sol en su punto más alto y el calor más sofocante del año, durante unos segundos deseo que el cielo se nublara para que callera una tormenta. Algo que estaría más acorde con el estado de animo de toda la ciudad. Tikki, en la esquina del escritorio observó la melancolía en el rostro de su dueña sintiendo la culpa crecer en su interior.

Adrien acababa de ponerse aquel saco y al observarse en el espejo no pudo evitar ver a su padre en el reflejo. Sin duda ya no era aquel adolescente que se había lanzado a la aventura al recibir un anillo. Se notaba que no estaba preparado para aquel trabajo que de repente había caído sobre él. La junta directiva lo había convertido en CEO sin pensarlo mucho, solo lo necesitaban para mantener a los inversionistas tranquilos. Pero él no podía ni sabía hacer nada.

Un golpe en la puerta le hizo dejar la corbata que estaba por intentar amarrar en el sillón. Mientras se dirigía a la puerta los golpes se volvieron más fuertes e irregulares, casi demandantes. Natalie se veía muy enojada, a decir verdad, quizá demasiado para su propio bien.

—¿Qué sucede Natalie? —preguntó Adrien al observar a la asistente observarle con tanta ira contenida.

—No debería ir a ese funeral —comentó —los abogados de su padre se volverán locos si saben que asistió a los ritos fúnebres de una de las familias que lo están demandando. La repercusión mediática será aun peor. Cuando los medios se enteren de esto pueden crear cientos de rumores que dañaran el caso de su padre.

—Creo que, si eso sucede, se lo merece —dijo Adrien sin tono en la voz.

Nunca había odiado a su padre. Y no creía que eso fuere lo que sintiera ahora, pero tampoco podía definir sus sentimientos.

—Sabe bien porque lo hizo —replicó Natalie con tristeza y apenas alzando la voz—. Su madre...

—Mi madre merecía una muerte digna, no que la encerraran en un maldito congelador para realizar algún plan estúpido —grito el joven Agreste con lágrimas de rabia en las comisuras de sus ojos.

—Aurore está en la misma posición que estuvo su madre —puntualizó la asistente —y usted no la está dejando ir.

Adrien había perdido el rumbo de su vida y de aquello que creía correcto con el descubrimiento de su padre como el gran villano de su identidad de superhéroe. En cualquier otra circunstancia, las motivaciones de su padre podrían haber sido loables e incluso generarle empatía. Pero no cuando se había perdido tanto sin haberse ganado nada. Aurore era una de las razones por las que no podía aceptar las acciones de su padre, por las que no quería protegerlo. Si Aurore no despertaba de aquel sueño mágico en el que había caído, Adrien no sabía cómo seguiría viviendo.

Ni siquiera se preocupó por responderle a la mujer. Entendía poco a nada de lo que había sucedido con su padre y aunque estaba seguro de que Natalie entendía mucho más, no estaba dispuesto a preguntarle. Tenía muchos años creyendo que la asistente había dejado de ser imparcial, dejándose llevar por los sentimientos que su padre le provocaba. Así que, aunque la quería de cierta forma, no podía decir que confiara en ella.

Abandono la habitación sin pensar en decir nada más a la secretaria de su padre, a quien aparentemente no podía despedir por alguna razón que no acababa de entender. La mujer podría haber manejado su vida cuando él era más joven e inexperto, pero si Adrien podía tener el control de algo dentro del desastre que se había convertido su vida, era en no permitirle a Natalie tomar las decisiones dentro de esa casa. Al salir de la mansión, Adrien sonrió falsamente, intentando mantener la fachada de ejecutivo frío y calculador que la junta directiva le había pedido. No estaba feliz con ello, pues fingir durante tanto tiempo hacia mella en su buen humor. Un grupo de reporteros esperaban detrás de la reja. El joven los saludo, pensando por dentro en que esto sería tomado por la prensa como una burla, antes de subirse a su limusina y partir. No fue hasta que estuvo frente al cementerio que recordó había dejado la corbata olvidada.

A pesar de lo cansado y abrumado que Adrien se sentía, había una persona cuyos sentimientos tenía en mente. Alguien, que sin duda alguna lo estaba pasando peor que él. Aunque costará creerlo. Sus pensamientos viajaron hacia su amiga rubia mientras observaba a la distancia la pequeña ceremonia a la que había asistido. Había presentes al menos un par de personas que lo matarían de verlo por ahí.

Aquel día para Chloe, sería uno de los más difíciles de su vida.

Se despertó en medio de una pesadilla; estaba ella sentada sobre una amplia roca en medio de un gran parque mientras un mar de papeles la envolvía poco a poco. Chloe no tenía la más mínima idea de que significaban sus sueños. Ello no quitaba que la sensación de ahogarse la hiciera levantarse de golpe entre sudor y lágrimas.

Se quedó despierta desde muy temprano, mucho antes de que el sol se alzará dando inicio a un nuevo día. Por una parte, su insomnio era el resultado del miedo que su pesadilla le había provocado, y por otro, resultado de darse cuenta de lo que aquel día sucedería. Chloe seguía en negación, sin saber si aquello era real o no. La mañana la sorprendió con las mejillas totalmente empapadas de lágrimas y los ojos hinchados por el llanto.

Se puso a trabajar en cuanto pudo levantarse de su cama. Al igual que en la última semana, se vistió con el mismo vestido gris de mangas cortas y las zapatillas de tacón que rápidamente se quitaban del día anterior. No se sentía con ánimos de buscar crear un atuendo adecuado para el día. Pensaba cambiarse en cuanto fuera el momento de marchar hacia otra experiencia traumática. No pudo evitar darse cuenta que era la segunda ocasión en menos de un año que acudía al cementerio. Una risa irónica salió de sus labios cuando se observó en el espejo y apenas vio un resquicio de la antigua Chloe; la que parecía tener el mundo en sus manos, la que hacía de menos a todos porque ella era rica y bonita, la que tuvo que cambiar para entender al mundo, la que había amado y se sentía amada. En solo un par de meses, todo se había acabado.

Los problemas del hotel se sentían minúsculos comparados con el dolor de su corazón, aun así, trabajo diligentemente en solucionar cada uno de ellos. La verdad es que se sentía un poco culpable por los últimos meses que pasó con Jesse en Londres. Su madre quedó a cargo del hotel durante ese tiempo, y aunque no podía quejarse por cómo lo había administrado puesto que era medianamente buena. Pero Chloe apenas estaba comenzando a entender cómo manejar el hotel cuando se marchó y a su regresó tuvo que aprender sobre la marcha. Con todos los problemas que eso acarreaba. Necesitaba de un maestro para guiarla.

Y justo ahora, no tenía a nadie para hacerlo, ni siquiera a su madre.

La secretaria, quién también había estado trabajando con su madre durante su tiempo fuera, se había convertido en una aliada. Lo cuál era una gran ventaja.

—Señorita —llamó la muchacha mientras Chloe reflexionaba sobre la hora que era y si valía la pena salir de su pequeña oficina —le busca su madre.

Chloe movió la mano para que la mujer entrará a la oficina.

Diana observó a su hija con cierta suficiencia en el rostro. Sabía bien que Chloe estaba destruida y que faltaba muy poco para que se derrumbará. Sus planes aun no estaban acabados, aun podía ganar.

—¿Qué quieres, Diana? — preguntó Chloe manteniendo la compostura.

—Solo venía a ver cómo te encuentras —dijo la mujer sonriendo falsamente — al fin y al cabo, hoy es el funeral.

Un pequeño silencio se instaló en la habitación. Chloe ya estaba harta de su madre, las amenazas y esperanzas vanas con las que Diana se había mantenido presente en su vida durante ese último mes se desvanecieron en ese instante. Como si siempre hubiesen sido un mero espejismo. Se sentía francamente cansada con todo lo que había sucedido en su vida, pero era la primera vez donde se sentía con la suficiente fuerza de voluntad para frenar a su madre. Y eso iba a hacer.

—No estás aquí por eso — estableció Chloe alzándose en su asiento — estás aquí para restregarme en la cara que me siento miserable.

Diana perdió la sonrisa en un segundo.

—Estás aquí porque aun tienes esperanzas de quedarte con una parte del hotel —continuo Chloe — cuando sabes muy bien que mi padre me lo heredo solo a mí, puede que no sepa lo más mínimo para llevarlo, pero soy la dueña; y yo decido a quien dejo entrar. Estas aquí porque aun tienes la esperanza de que me case con Jesse, cuando sabes muy bien que él ya tiene a alguien con quién quiere estar y esa NO SOY YO. No te voy a dar el gusto de verme mal, nunca más, encontraré la mejor manera de continuar si con eso no te vuelvo a ver.

Diana cruzó los brazos pensando en la pequeña declaración de guerra que le estaba haciendo su hija. No podía evitar sentirse un poco decepcionada por ello. Chloe pudo haber sido una copia perfecta de ella, una mujer fuerte y descarada con la mejor posición social que el dinero podía comprar. Pero Diana había fracasado en su misión.

—Bien, entonces si no me quieres dar lo que debes, lo tomaré. Espera las noticias de mis abogados —dijo Diana cuando Chloe termino de hablar. Quizá era momento de que ella tomará lo que le pertenecía, aun si su hija se quedaba sin nada.

La mujer giró sobre sus talones, un poco de enojo reflejado en el rostro, pero con una seguridad que en esos instantes se le antojaba lejana a la rubia. Quería enfrentarse al mundo con la seguridad y fortaleza que en algún momento tuvo. Y aunque su primer instinto había sido acorazarse detrás de una apariencia de Queen Bee fría, egocéntrica y dramática, sabía que esa ya no era ella.

Cuando Diana abandonó la oficina, Chloe supo que era momento de partir, de dar un último adiós. Aun si la rubia no sabía cómo podía enfrentarse a una hazaña como esa. Se dirigió rápidamente a su habitación donde se cambió la ropa de varios días por un vestido negro y el sombrero que combinaba. Durante unos momentos se sintió un poco más cómo ella y pensó en que podía sonreír en algún momento. Observó los mensajes y llamadas pérdidas en su teléfono dándose cuenta que una persona importante la estaba buscando.

La ceremonia era pequeña, algo acorde al ánimo de los presentes y a las creencias de la familia. Ser el centro de atención nunca le había resultado tan fastidioso. Mientras observaba a las personas del funeral, la rubia se preguntó si estaba siendo demasiado dramática. Sus mejillas se habían llenado de lágrimas hipando para tratar de consolarse ¿era normal? Por segunda ocasión en menos de un año se sentía vacía.

Le tomó varios minutos darse cuenta que se había quedado sola frente a la lápida. Quizá no era muy responsable quedarse ahí, pero ella no lo podía evitar.

—Te ves demasiado triste —dijo una persona detrás de ella.

—¿Hay alguna otra manera de estar? —preguntó Chloe, reconociendo de inmediato la voz.

—No lo sé —contestó.

—¿Cómo te sentiste cuando tu madre desapareció? —cuestionó mientras su amigo de la infancia tomaba el lugar a su lado y se sentaba lentamente—. Creo que sentimos algo parecido.

—Creí que nunca la volvería a ver —confesó Adrien, nadie sabía que su madre había aparecido y a él le había tocado decidir si mantenerla viva o no.

—Me siento muy sola —dijo Chloe. Aún tenía el ramo de flores en sus manos.

—¿Me culpas por su muerte? —inquirió Adrien, porque él sin duda se culpaba por todo lo que había pasado.

—Ni siquiera sé si debo de culpar a alguien —explicó Chloe levantándose para dejar sus flores en la tumba—. He estado pensando mucho en la muerte, mi terapeuta dice que es común.

Adrien no pudo evitar preocuparse un poco.

—Todavía tienes a alguien que te quiere — puntualizó Adrien.

Chloe, sin embargo, no lo escuchó.

—También he pensado en otras cosas. Hace un año odiaba a Marinette, te odiaba a ti por elegirla a ella, odiaba a mi madre y me enojaba porque Sabrina no me pusiera atención —Chloe ahora observaba las palabras grabadas en aquella piedra — pero, ahora, que quiero odiarte a ti y a Marinette no puedo hacerlo, quiero enojarme por todo esto, pero...

—Todos decían que tu cambio era superficial, creo que realmente algo cambio muy dentro de ti —trato de consolar Adrien.

Chloe tocó lentamente las letras, una por una, recordando la sensación de tocar las manos de su mejor amiga, de su padre. Las palabras, no las había escogido ella, sino un padre destrozado a quién la rubia había apoyado manteniéndose fuerte. Estuvo tranquila frente a los Raincomprix hasta ese día, cuando al ver la lápida entendió que todo aquello era real:

SABRINA RAINCOMPRIX: ADORADA HIJA Y LA MEJOR AMIGA.

—¿Crees qué si no hubiera cambiado, Sabrina seguiría conmigo? —preguntó sintiendo como comenzaba a llorar.

—Creo que, si no hubieras cambiado, serías infeliz haciendo lo que tu madre quisiera —dijo Adrien, realmente no sabía que decir, pero hablar desde el corazón parecía lo mejor —y no tendrías alguien que te amará.

—A veces no estoy segura de que lo que siento por Nathaniel sea suficiente —dijo Chloe.

—¿Quieres rendirte? —la voz que interrumpió aquella pequeña conversación fue inesperada.

Chloe se quedó estática. No esperaba ver a Nathaniel en el funeral, aun cuando sabía que él también era un buen amigo de Sabrina. Pero realmente no creyó que se aparecería por ahí cuando aún no estaba del todo sano. Observó a quien consideraba el amor de su vida preguntándose qué tanto de aquella conversación había escuchado y qué tanto aquello podría preocuparlo. Eso era lo que más le preocupaba.

Adrien supo inmediatamente que no debía estar presente durante aquella conversación. Así que dejó una simple rosa sobre la tumba de la pelirroja, agradeciéndole en su mente por cuidar de su amiga de la infancia cuando él no lo hizo. Y partió, pensando en qué él tampoco tenía todo resuelto como le gustaba pensar.

Chloe observó a Nathaniel y la manera lenta en como caminaba. Para su suerte, las heridas que había tenido eran menores, siendo la más notoria el hecho de que perdiese la escucha en el oído izquierdo. Aun no se acostumbraba a la sensación y ello había tenido una pequeña consecuencia en su equilibrio. Chloe había intentado apoyarlo todo lo posible, en especial después de aceptar que aún lo amaba. Nathaniel no había dejado de repetírselo, aquel parecía el momento adecuado para apoyarse en su amor mutuo.

—No me voy a rendir, ¿lo sabes, Chloe? —preguntó el artista pelirrojo.

Sus manos se dirigieron hacia las mejillas de la mujer que amaba. Chloe sintió la calidez de su toque reconfortarla mientras él intentaba quitar los rastros de maquillaje corrido y lágrimas.

—Yo tampoco me quiero rendir —admitió Chloe—pero, no sé si estoy lista para continuar.

Nathaniel no entendía del todo las preocupaciones de Chloe, pero podía entender que las tuviera.

—¿Sabes? Podemos descubrirlos juntos —contestó acercándola su pecho para abrazarla. Chloe se sintió pequeña, pero protegida —al fin y al cabo, todas las princesas necesitan a un artista que les recuerde cuando eran felices.

Chloe sonrió ampliamente y Nathaniel sintió que sortear aquellos obstáculos sería más fácil estando juntos.

Vivimos, morimos y amamos un poco todos los días


EL FIN


¡HOLA!

Estoy muy sentimental ahora mismo con el final de esta historia. Sé que fue un viaje largo y lleno de muchisimas emociones. Me duele un poco llegar hasta el final, creo que es una de las razones por las que acabe tardando tanto en terminar. Les tengo mucho cariño a todos los que le dieron la oportunidad a leer esto.

¿Qué les pareció el final?

¿Qué creen que sucedió después?

¡Muchas, pero lo que se dice, MUCHISIMAS GRACIAS! No saben la felicidad que me da sabe que tantas personas disfrutaron de algo que yo escribí. Gracias por seguir la historia y dejar reviews. Sobre todo gracias por apoyarme y por acompañarme en esta aventura. Es un honor haber podido conocer a tan maravillosas personas y compartir con ustedes un gusto como este.