Se removió entre las sábanas y abrazó su almohada. Había algo extraño; ¿desde cuando su almohada estaba tan dura y caliente? Igualmente era cómoda. Frotó la mejilla contra la superficie suave y cálida. De repente, notó unos extraños bultos. No quería abrir los ojos, tenía sueño aún y quería seguir durmiendo un poco más. Pero la incertidumbre acabó por desvelarlo.
Abrió los ojos y palpó con las manos: un torso masculino desnudo con un tatuaje en el pecho.
—¡AAAHHHH! —gritó.
Al levantarse de golpe, le dio mareo. Una mano firme le agarró por la espalda y evitó que cayera de la cama.
—¡Pero bueno! —espetó, indignado.
—Si te levantas así de golpe, te desmayaras. —aclaró la voz profunda de Law.
—¿Pero que haces aquí? —Se apartó de él, avergonzado. Las sábanas tapaban la cintura y las piernas de Trafalgar, pero seguro estaba completamente desnudo… como el.
—Dormí aquí. —dijo con la misma parsimonia de quien da la hora.
—No… ¡VIOLADOR BASTARDO! —le quitó la almohada que estaba usando Law y le golpeó con saña.
—¡Para! ¿en serio crees que te violaría? —se cubrió la cara con la mano.
—¡has violado mi intimidad! —continuó resentido.
—Te recuerdo que me dejaste dormir aquí.
—Mentira, yo no recuerdo eso.
—Será porque estabas borracho.
Bartolomeo paró de sacudir la reventada almohada y observó a Law con una mirada de desdén.
Se paró un momento a pensar: Anoche hubo fiesta y corrió el alcohol. Una dinámica que estaban siguiendo desde hace dos días atrás desde que los Mugiwaras se unieron como invitados VIP. Pero esta era la primera vez que acabó en la cama con otro hombre desnudo.
—Oye, no lo habremos… —su tez se volvió roja como los pétalos de una amapola.
Law esbozó una media sonrisa.
—¡DIME QUE NO! —terminó irritándose.
—Pues no llegamos hasta el final.
—¿Entonces hicimos algo? —desvió la mirada, avergonzado. Tenía el flequillo caído y no paraba de apartarse los pelos de la frente.
—¿Qué consideras algo?
—A mi no me vengas con esas o te… —mostró un puño amenazante.
—Me voy a vestir. —dejándole con la palabra en la boca, salió de la cama y Bartolomeo descubrió que solo tenía la ropa interior puesta.
Junto a la cama, estaba la ropa de ambos tirada y revuelta. Law chasqueó la lengua, disgustado. No le gustaba ver su ropa tirada en el suelo de cualquier manera. Se la acercó a la nariz y percibió un olor que lo dejó dudoso.
—¿Me puedes dejar otra ropa mientras lavo esta?
—¿Quien te has creído que eres, imbécil? Solo Luffy-senpai puede exigir esa clase de cosas. No voy a prestarte ropa, y si tu camisa está sucia lánzala al mar para que la laven las olas. —dijo mientras lanzaba aspavientos y ponía expresiones tan aterradoras que deformaban su cara asemejandose a un demonio.
—Entonces le preguntaré a él si puedo usar tu jabón. Como cuando le dije que si le parecía bien que durmiera en tu cama.
Bartolomeo compuso una expresión de horror que reflejaba varios estados de ánimo: incredulidad, decepción, espanto, ira, etc.
Si Law juraba en ese instante que lo que había dicho era mentira y se arrodillaba ante Luffy-senpai y se disculpaba por haber puesto palabras en su boca que nunca dijo, igual le perdonaba la vida. Pero no se libraría de pagar su ofensa cortándole le lengua.
—Preguntale. —le animó sin miedo.
—No necesito preguntarle, estás mintiendo. Puto mentiroso, te voy a cortar esa mierda que tienes por lengua. —dio dos pasos y sintió un tirón que le recorrió el costado. No se había dado cuenta hasta ahora, pero tenía el torso vendado.
Se presionó el costado, dolorido.
—Te hiciste daño anoche y te curé.
—Menuda falacia. Tu no harías algo así por mi, no hace falta… —le temblaba la voz.
—Soy médico, claro que lo haría.
—¿Y donde está la factura?
—Pagada.
—¿Qué? —Bartolomeo le dirigió una mirada incrédula
—Te lleve a tu cama, te recosté y te curé. Te gustaba que te untaran crema, hasta gemiste. Luego te pregunté si te gustaría más un beso y dijiste…
—¡Basta ya! —interrumpió. Obvio, todo eso era mentira; menos la herida.
Law terminó de recoger su ropa y se levantó.
—Pues no te cuento nada si no quieres, pero… Me tienes que prestar algo de ropa, no puedo salir solo con ropa interior. —desde luego no pensaba pasearse por la cubierta así. Además de que había una mujer en el banda de los Mugiwaras que estaba ahí.
—Coge algo de mi armario y lárgate de aquí, pedazo de mierda.
Law no quiso discutir y agarró algunas de las prendas del armario del capitán. Un pantalón vaquero le llamó a atención, desdobló el cinto y supo que le estaría algo grande, pero mejor ancho que pequeño, así que se enfundó el pantalón vaquero anodino y se puso una camisa azul marino con volantes en las mangas. No era su estilo, pero no se la llevaría a casa. Recogió su katana que descansaba en una esquina y levantó la vaina por encima del hombro, agarró su gorra y se la encajó en su cabeza.
Trafalgar Law salió con sus prendas para lavar y Bartolomeo se metió en la cama y se acurrucó apoyando el hombro en la pared. De repente se encontraba terriblemente cansado y la autoestima por los suelos. Law solo era un provocador mentiroso. Si pensaba que iba a caer en su juego pérfido iba listo. Él era el rey de las bromas pesadas. Quien hacía sentir mal a la gente era él. y no ese supernova de pacotilla.
