Los personajes no me pertenecen
Les dejo el cuarto capitulo, espero que lo disfruten. Les estoy agradecida por sus comentarios :), son sensacionales chicos.
El silbato del entrenador Oaken sonó justo cuando le estaba dando un pase a Merida, eso quería decir que la práctica había acabado. Oaken nos indicó con el brazo levantado que nos arrimáramos a él. Todas las que usábamos el uniforme de fútbol, que consistía en una remera dividida en dos colores, rojo y negro, con el escudo de nuestra escuela bordado en nuestro pecho y también el número, en mi caso el diez, de color blanco en nuestra espalda y un short negro con rayas rojas en los costados, también con nuestro numero en color blanco bordado a un costado en la parte delantera, nos acercamos al entrenador.
-Bien muchachas, es todo por hoy, creo que si seguimos así el próximo partido será pan comido.
-Si, además, cuando vean el toro que resulta ser Elsa, posiblemente se rindan enseguida- bromeo Kida dándome un golpecito con el codo.
Yo me sonroje y me pase la mano por detrás de la cabeza. Normalmente prefiero no llamar la atención, pero, si el equipo necesita de mi apoyo o algún concejo, estoy para ayudarlas. Todas tenían plena fe en mí, este era nuestro último torneo y luego iríamos a la Universidad. Lo lindo seria ganar el campeonato antes de irnos, así seriamos historia en la escuela. Aunque creo que no importa hacer historia o tener la copa, creo que lo importante es dar lo mejor y poner todo nuestro esfuerzo.
-Las veo en el próximo entrenamiento, recuerden estar en perfecto estado.
Reímos por aquel comentario. Mientras mis compañeras se dispersaban para ir por sus cosas y marcharse, yo fui donde estaba el entrenador, que estaba de espalda en ese momento.
-Entrenador Oaken.
Él se dio vuelta al escuchar el sonido de mi voz.
-¿Si, Elsa?
-Quisiera quedarme un poco más si no es mucha molestia.
-Oh, bien, si así lo quieres no hay problema, solo recuerda guardar la balón en el gimnasio. No entrenes demasiado, no quiero que te descompongas.
-Descuide, solo quiero patear un rato al arco.
Oaken solo asintió con la cabeza y luego se giró para seguir con los suyo antes de marcharse. Merida se acercó a mí con su bolso colgando en el hombro.
-¿Quieres que me quede?
-No- conteste al mismo tiempo que recogía el balón de fútbol con mi pie-, es que solo quiero estar unos minutos a solas para despejarme mientras practico mi deporte favorito.
-Está bien- me sonrió a medias-. Por favor, llámame si necesitas hablar.
-Descuida- solté una leve risa-, posiblemente lo haga.
Ella asintió conforme con la cabeza, se marchó.
Pase el balón a mi otro pie y con él lo eleve al aire para luego golpearlo con la rodilla y pasarlo a la otra, así sucesivamente. De vez en cuando elevaba el balón más alto y lo recibía con la cabeza, o con el pecho. Disfrutaba como el viento chocaba contra mi cuerpo mientras hacía esto. Sonara tonto, pero cada vez que jugaba con el balón de esta manera me sentía menos estresada, podría decirse que hasta libre. Mi mente se centraba en golpear el balón con mis piernas, no pensaba en lo que pasaba con mi vida en general. Estuve así por un breve momento hasta que deje que el balón rebotara en el suelo para luego patearlo justo al arco. El balón choco contra la red y cayó al suelo, rebotando unas pocas veces y luego se quedó quieto.
Sonreí con satisfacción, era imposible cansarme de esto. Corrí hacía el arco para recoger el balón con mi píe y empecé a repetir el mismo juego. Mi concentración se rompió al escuchar unos aplausos, el balón cayó al suelo y yo voltee hacia la tribuna. Mis mejillas se tornaron de color rojo al ver a cierta pecosa de ojos turquesa sonriéndome ampliamente. Eche mi cabeza abajo y me pase la mano por el cuello ¿Hace cuánto llevaba ahí?
Anna tenía puesto su uniforme de gimnasia. A diferencia del mío, su uniforme consistía en una remera roja con bordes negros y un short negro con rayas blancas en los costados. Ella bajo los escalones de la tribuna lo más rápido que pudo y corrió hacia donde yo estaba.
-Eso fue increíble- me alago colocando sus manos detrás de su espalda.
-Hum...gracias.
-Recuerdo que de pequeña te enfadabas porque ese truco no te salía, pero veo que ahora lo manejas como toda una profesional.
Mi rostro se fue tornando más rojo. Me había olvidado eso, el balón solía irse para otro lado cada vez que intentaba recibirlo con la pierna o el pie. A veces me encaprichaba y dejaba todo a un lado, convenciéndome de que jamás lograría ser una gran jugadora. Reí, porque cuando creía que estaba todo perdido Anna llegaba en ese momento para darme palabras de ánimo. Me decía que nada estaba perdido, que solo necesitaba un poco más de practica...Que tiempos, en verdad era una niña caprichosa.
-¿Qué haces aquí?- me atreví a preguntar, con mi atención en el balón que pasaba de un pie a otro.
-Yo, eh...quería verte...Es que salía justo de gimnasia y vine corriendo porque creí que tu practica había terminado, y vi que si...pero luego me di cuenta de que aun estabas aquí y te vi tan entretenida con el juego que pensé que quizás no debía molestarte, así que preferí dejarte y solo mirar. Entonces metiste el gol y, bueno, no pude evitar aplaudir- se rasco la rodilla con el empeine del pie, encogiéndose levemente de hombros.
Yo hacía fuerza para no reírme.
-¿Y porque querías verme?- seguí cuestionando, suponiendo que quería hablar por la pequeña confrontación que tuvimos.
-Hemm yo...vi lo que intentaste hacer esta mañana.
Nuevamente se rompió mi concentración y casi pierdo el balón de fútbol. Me detuve, pero aun así mantuve la mirada baja.
FLASH BACK
Estaba conversando con mis amigas esa mañana en la escuela, hablábamos sobre el entrenamiento y lo que teníamos que mejorar. Me perdí en mis pensamientos cuando Mulan saco el tema de la Universidad. Yo ya sabía en donde quería estudiar, y dentro de poco tendría que hacer los trámites para que me aceptaran. No tenía miedo a que me rechacen, le tenía miedo al cambio. La Universidad quedaba en otra ciudad, lejos de mi hogar, y, aunque a veces eran un dolor de cabeza, admito que iba a extrañar a mis padres. No solo eso, a pesar de que la quería lejos de mí, iba echar mucho de menos a Anna. Me considero una hipócrita por eso. Pero bueno, el corazón actúa por razones que la razón no entiende.
Anna... hacia dos días que no hablaba con ella por la ridícula pelea que tuvimos. Ella, como era de costumbre, me enviaba mensajes a mi teléfono para tratar de solucionar las cosas y yo como siempre no le respondía, y la evitaba cada vez que quería acercarse a mí para hablar. Vaya, yo sí que se complicarme la existencia.
Moví la cabeza en dirección a las escaleras y justo la vi. Anna estaba bajando con una enorme caja en sus manos que tapaba todo su rostro. Mi corazón casi estalla, ella había perdido el equilibrio, y estaba cayendo por las escaleras. Sentí la adrenalina recorrer mis venas, había perdido la cordura y me consumió la desesperación.
-¡Anna!- grite, sobresaltando a mis amigas y llamando la atención de algunos estudiantes.
Corrí hacia las escaleras con la idea de que iba atrapar a Anna antes de que cayera pero antes de poder agarrarla Kristoff ya la había tomado del brazo y había tirado de él para atraerla hacia su cuerpo.
-¿Estas bien?- le pregunto el chico preocupado.
-Sí, muchas gracias Kristoff- contesto Anna sonriéndole, y luego le dio un beso en los labios.
Eso me rompió el corazón. Mis ojos querían humedecerse, pero me resistí. Esta no fue la peor parte. No, claro no.
-¿Que intentabas hacer Elsa?- se burló un chico tratando de contener la risa.
No pasó mucho tiempo hasta que todos en el pasillo comenzaron a reírse, a excepción de mis amigas que se quedaron preocupadas. No tolere más las risas y huí de ahí tan rápido como pude, seguida por Mérida y las demás.
FIN DEL FLASH BACK
-Quería agradecerte por intentar ayudarme- me dijo dando un paso hacia adelante-. No debieron reírse de esa manera, sé que tratas de ser buena amiga.
Amiga, solo eso Elsa. Ella te ve como su amiga y nada más.
-Sé que siempre te estoy molestando y que te hago enojar muy seguido.
¿Molestarme? Oh Anna, deja de torturarte de esta manera.
-Sí, solo intenta ser más cuidadosa para la próxima.
Una vez que dije eso di media vuelta para seguir con mi juego. Sorprendentemente, en un rápido y ágil movimiento, Anna me arrebata el balón y se quedó delante de mí. Parecía que me estuviera desafiando con la mirada que tenía.
-Genial- comente en un estado de shock.
Anna elevo el balón y lo recibió con la pierna, luego lo paso a la otra y al final lo dejo caer al suelo para pararlo con el pie.
-Gracias, es que solía entrenar con la que ahora es capitana del equipo de fútbol cuando era pequeña- bromeo.
No pude evitar reírme. También había olvidado que Anna se la pasaba ayudándome a entrenar, no imagine que ella había mejorado y tampoco la veía muy apasionada por el deporte. Trate de recuperar el balón pero Anna me esquivo antes de que pudiera quitárselo. Ella esbozo una sonrisa desafiante y yo también. Cuando trate de recuperarlo otra vez, nuestras piernas se enredaron. Ambas reímos mientras luchábamos por el dominio del balón.
-Dame el balón- le pedí entre risas.
-No quiero- dijo Anna arrastrando las palabras.
Mientras seguíamos bromeando, Anna coloco sus manos en mi hombro y yo en sus brazos. Por accidente resbalo y caigo al suelo con Anna arriba de mí. Ella se echó a reír, pero yo fui otra historia. Me puse muy nerviosa, ella estaba muy cerca de mí, sentía su respiración en el cuello, sus piernas se habían enredad con las mías y mi temperatura comenzaba a subir.
Abruptamente la empuje hacia delante, Anna cayo sentada a la vez que yo apoyaba mis rodillas contra suelo y evitaba mirarla. Mi corazón, latía tan fuerte. Inhalaba y exhalaba por la boca, me temblaban las manos, mis dedos se habían entrelazado con el césped de la cancha y estaba a punto de enloquecer. Quería lanzarme a ella para quedar encima y después besarla desesperadamente. Me contuve, con dificultad, pero me contuve.
- Perdón...
-¡No vuelvas a hacer eso!- la interrumpí levantando la voz.
-S-si yo...no lo volveré hacer...-dejo escapar un suspiro- perdóname.
Me puse de pie, las piernas me temblaban, rogué porque no se notara tanto. Ella también lo hizo.
Con algo de valor logre mirarla.
-Solo...intenta no hacerlo de nuevo ¿de acuerdo?- le dije aun con enojo.
-Sí, de acuerdo.
Recogí el balón con mis manos, que aun temblaban, y me dispuse a marcharme.
-Espera- pidió Anna.
Me detuve pero no voltee para verla.
-Además de agradecerte, quería pedirte algo.
-¿Qué es?
-Me...me gustaría que tú y Kristoff hablaran en algún momento. Él es mi novio desde hace tiempo y tú eres muy especial para mí...
-Lo pensare- intervine tratando de que no se diera cuenta del nudo que tenía en la garganta.
Seguí mi camino sin comentar otra cosa. ¿Hablar con Kristoff?...Eso ni soñarlo. Ella y ese niño rubio llevaban de novios hace poco más de un año. Cuando empezaron a salir, Anna me pidió en más de una ocasión que lo conociera pero yo siempre me las ingeniaba para no hacerlo. No podría soportar la idea de estar con ellos dos a solas mientras se besaban, se abrazaban y se decían cosas cursis.
Cielos, ahora si no veía la hora de irme a la universidad.
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