Law se apresuró a quitarle el abrigo. Mira que vestirse cuando no tardaría en volver a desnudarle.

—No… —balbuceó entre beso y beso.

—Yo creo que si. —contestó el moreno. Tiró el abrigo al suelo y sus diestros dedos le desabotonó el pantalón.

—¿Qué me has echo? —a este punto estaba cien por cien seguro de que estaba siendo preso de un embrujo o hechizo ¿se trataba de su akuma no mi? ¿Podía hacer que las personas se sintieran terriblemente excitadas hasta el punto de no poder escapar de su propia lujuria?

—Yo debería preguntarte lo mismo. Gime, gime otra vez para que se me ponga dura. —desplazó la lengua hasta la oreja de Bartolomeo y le lamió el lóbulo. Un pequeño mordisco consiguió arrancarle un pequeño gemido.

—Vas a comer mierda. —amenazó con un tono tan bajo que se vio ridículo.

Una gutural risa burlona consiguió enfurecer a Bartolomeo. Se estaba burlando de él, quería darle un puñetazo en los morros, pero si lo hacía… ¿cómo seguiría besándole?

Bartolomeo estiró el cuello en dirección contraria a los incansables labios de Law. De alguna forma, tenía que quitárselo de encima. Pero no podría si le dejaba campar a sus anchas. Seguro que se estaba haciendo una idea completamente equivocada de el ¿cómo se atrevía?

—Me pone… sigue así. —incitó Law al tiempo que bajaba al torso.

Chupó un pezón por encima del vendaje y Bartolomeo no pudo contener un gemido de sorpresa y gusto.

—Te voy a joder vivo… ups. —si no fuera porque Law estaba sosteniendo sus muñecas con ímpetu, se habría llevado las manos a la boca con gesto de culpabilidad.

Trafalgar se relamió los labios y elevó la comisura de su labio adquiriendo su característica sonrisa ladeada.

—No, quien va ser jodido, pero a base de bien, vas a ser tu.

—Imbécil, si alguien tuviera que joder a alguien hasta sangrar, ese sería yo.

—Pues que bien…

Un minuto después:

Metidos en la cama, Bartolomeo estaba encaramado sobre la pelvis de Law, cabalgándolo. Ambos se movían al compás, pero quien estaba sintiéndose demasiado bien como para sentirse culpable era Bartolomeo. Nunca pensó en llegar al punto de dejarse penetrar por un varón que no formara parte de la tripulación de los Mugiwaras. Pero al menos, estaba encima.

—Ah… ah… hah… —gemía Law de puro placer. Estaba debajo, si, pero las vistas no defraudaban: contemplar un torso atlético que se contoneaba con sensualidad para disfrute de su polla.

—AH… AH… SI…. —Bartolomeo gemía en positivo mientras movía sus caderas de lado a lado—. Más… más…

A Law se le ocurrió parar un momento de moverse para observar la mala reacción de su amante y de paso, descansar un poco. Obtuvo una rápida protesta en cuando cesó el movimiento por su parte.

—Matasanos asqueroso… pedazo de mierda andante, haz algo útil y sigue moviéndote hasta que diga que pare. —protestó. Las mejillas sonrosadas le conferían un aspecto adorable a su apariencia usualmente intimidante.

—¿Tanto deseas el éxtasis? Entonces, ruégamelo. —sonrió, complacido.

Esa actitud suya le tocaba la moral, bastante. Pensó que podía moverse por su cuenta. No es como que ese cirujano tuviera el poder de desempalmarse cuando le viniera en gana. Podía notar en su interior lo dura y caliente que estaba, y sus pequeños espasmos avecinaban una pronta corrida que no soltaría sin sacudirse dentro de el. No, desde luego no permitiría no continuar con su gran diversión. No se trataba de solo fastidiarle a el.

—Si tu paras, yo paro… —contestó con un tono más amenazador.

Law chasqueó la lengua, visiblemente disgustado.

—No vas a parar. —le agarró las caderas y tiró de él, obligándolo a moverse.

—Ah… Ah… —ahora Law estaba monopolizando la relación. No era nada justo. No estaba dispuesto dejarse hacer todo lo que al señor Trafalgar le viniera en gana.

Entonces Bartoloemo tuvo una idea: agarró el abdomen del moreno y lo levantó. Si él iba a estar manejado su cuerpo, entonces era momento de hacer lo mismo pero a la inversa.

Law estaba gratamente sorprendido. Fue inesperado, pero realmente le agradó.

Cada uno contoneaba al otro. Un trabajo más pesado de lo que aparentaba, pero igual de estimulante y gratificante. Bartolomeo le hacía moverse como el quería, pero no podía agitar sus caderas con la misma violencia que Law lograba embestirle por su cuenta. Law lo tenía un poco más fácil, pero cuando ya llevabas un rato haciendo lo mismo, socavaba rápidamente las fuerzas de uno.

Separando el cansancio, se venía una oleada de orgasmo implacable. Bartolomeo estaba a punto y Law no tardaría en llegar.

—AHHH AH AH… —Gimió Bartolomeó segundos antes de correrse en el torso tatuado del moreno.

—AH… JODER… —creía que le iba a salpicar en la cara.

A Bartolomeo no le quedaban fuerzas, pero a Trafalgar si.

Se incorporó y tumbó a Bartomlomeo sobre la cama. Le disgustara o no, no estaba en disposición de detenerlo. Y dejó que lo montara.

Para el era humillante, y sin embargo, detrás de la vergüenza que acaloraba su rostro, un indescriptible placer palpitaba tanto en sus genitales como en su estómago. Acercó su rostro al moreno y lo besó. Después de ese pequeño pero importante gesto, Law también se corrió tras unas sofocantes y duras embestidas. Y cayó exhausto sobre el cuerpo de Bartolomeo.

Bartolomeo cerró sus brazos en torno a la ancha espalda de Trafalgar, caliente y sudada. Los dos resollaban de puro agotamiento

Para Law la experiencia fue increíble, hacía tiempo que no echaba un polvo así. Se tomó unos segundos de descanso y se retiró despacio para no agobiar tanto a su amante. Bartolomeo se sintió extrañamente vacío cuando Law sacó su pene de su interior, y un frívolo sentimiento de añoranza le dejó un resabio en el paladar. No le gustaba, y no por los motivos que creía.

Bartolomeo se giró y abrazó a su acompañante y se dejó embriagar por el olor a sudor y el aliento del moreno.

—¿Te ha dolido? —preguntó apoyando la mejilla en su plexo.

—Un poco —barbotó—. ¿Y a ti?

—Apenas lo he notado. —confesó. Estaba tan excitado que ni se dio cuenta que estaba herido.

Al ver el rostro pálido de Law en su piel color aceituna le indicó lo agotado y dolido que estaba ahora. La adrenalina había paliado el dolor hasta hacerse casi invisible, pero una vez pasado el momento, ahora le dolía horrores por el esfuerzo. Como buen médico, sabía que había echo mal al tener sexo (que el mismo buscó) teniendo una herida así de grave, pero… la oportunidad de tener un hombre como Bartolomeo en la cama solo pasaba una vez en la vida.

—Seguro que tus compañeros intentan matan cuando salga de aquí.

—¡MEJOR! ESO ESPERO. Gritó más complacido que enfadado.

Mira que dejarse llevar por ese hombre. Como es la lujuria que no entiende ni de géneros ni momentos ni lugares.


Poseo la Muri muri no mi, y puedo crear parejas imposibles JA JA JA JA!

espero que os haya gustado.