Los personajes no me pertenecen

Cap siete chicos

por favor ¡RECUERDEN!: el Rated puede cambiar.


Era sábado por la mañana, una semana había pasado desde que desperté en la habitación de Anna después de haber bebido en exceso, juro por lo que más quiero que no volveré a hacerlo... Bueno, es fácil decirlo, no sé que me depare el futuro. El equipo y yo estábamos en la cancha de fútbol de mi escuela alrededor del entrenador Oaken, que tomaba asistencia. Nos estábamos preparando para el partido contra la otra escuela.

-Kida- mencionó el hombre.

No hubo respuesta. Miré a su dirección, ella estaba totalmente distraída, veía a la tribuna buscando a su padre. Me sentí mal por ella cuando soltó un suspiro de decepción, él no había venido como de costumbre. A pesar de que nunca la vio jugar, Kida aún tenía la esperanza de que en algún momento su padre se presente. Mis padres no estaban, pero ellos me vieron jugar varias veces y sé que no se perderían un partido a menos que tengan algún compromiso que no hayan podido dejar.

-¡Kida!- volvió a llamar el entrenador.

Kida despertó de su trance sacudiendo la cabeza y se apresuró a levantar la mano.

-Aquí.

Oaken asintió e hizo una marca en su anotador con el bolígrafo que tenía en la mano.

-Mérida.

-Aquí- respondió ella levantando la mano.

El entrenador volvió a asentir y nuevamente hizo una marca en su anotador.

-Mulán- no hubo respuesta- ¡Mulán!- Oaken levantó la cabeza con el ceño levemente fruncido para buscar a la jugadora con la mirada.

Mulán era la más importante de todas, era la arquera, una de las mejores y la sub capitana. Las del equipo empezaban a desesperarse, siempre se ponían así cuando uno de nuestros jugadores no estaba presente.

-¡ENTRENADOR!

Mulán venia brincando, intentaba ponerse su botín y llevaba su gorra entre sus dientes. Tan pronto logró acomodarse su calzado, ella corrió hacia nosotras, colocándose la gorra negra en la cabeza. A diferencia del resto del equipo, el uniforme de ella era una remera gris de mangas largas con rayas de una gris más oscuro bordada en ellas y un short con rayas, pero blancas, también bordadas al costado.

-Presente- dijo una vez que estuvo a nuestro lado-. Mérida, estamos estudiando en la biblioteca.

-De acuerdo- comentó ella.

Para ser más clara, Mulán le dijo a sus padres que iría con Mérida a la biblioteca para estudiar, era una excusa suficiente para convencerlos. Mulán no solía traerle problemas a sus padres, es por eso que confiaban en ella y no dudaban en que iba a la biblioteca un sábado a la mañana.

Una vez que todas dimos el presente fuimos a la cancha en nuestros respectivos lugares. Los de la otra escuela llevaban un espantoso uniforme de color amarillo. No es que tenga problemas con el color amarillo, solo que era demasiado molesto para mis ojos.

Ahora era momento de decidir quién sacaba primero. El árbitro se colocó en entre medio de la otra capitana y de mí. El hombre nos mostró una moneda plateada, elegí cara y la otra capitana se quedó con cruz. Lanzó la moneda al aire, la atrapó con una mano y luego la golpeó contra el dorso de la otra. Salió cara, lo que significaba que yo sacaba primero.

El árbitro se apartó y tocó el silbato. Tomé la pelota para darle un pase a Mérida, que era la otra delantera. Ella corrió hacia delante, yo le seguí el paso con el resto del equipo y por supuesto las jugadoras del otro amenazaron con quitárnoslo.

Flashback

Había tres cosas que amaba con locura. El fútbol en primer lugar, el chocolate y por ultimo andar en motocicleta. Mi madre se alteraba cada vez que me subía a mi moto. Mi padre también pero no podía decir nada porque el también hacía los mismo cuando tenía mi edad y digamos que la dejó cuando conoció a mi madre. De hecho, la motocicleta que uso era la de él y con algo de dinero que logré recaudar trabajando y vendiendo algunas cosas que ya no usaba hice que la reparara un mecánico. Quedó como nueva y juraría haber visto lágrimas en los ojos de mi padre cuando la vio. Ellos y yo acordamos que usaría la moto si iba con la protección indicada, manejaba con cuidado y si llegaba a tener un solo accidente o una sola multa me la quitarían. Tampoco podía llevarla a la escuela, eso era por una mala experiencia que mi padre había tenido con sus compañeros, nunca entendí bien que fue lo que sucedió. Menos mal que no le dije lo de la bicicleta en el árbol.

Después de nuestra conversación telefónica Mérida llegó a mi casa con su motocicleta. Entendí de inmediato que ella quería que diéramos un paseo para despejarnos un poco y luego podríamos tener una larga conversación. Nuestro plan era ir al lago, siempre íbamos allí. Era un lugar muy tranquilo, relajante y no había mucha gente. Para llegar fuimos por una ruta asfaltada alrededor de un bosque. Íbamos por el mismo carril, yo adelante de Mérida.

Estacionamos las motocicletas cerca del río. El suelo estaba cubierto de piedras y, aunque eran duras, era bastante cómodo para sentarse. Mérida sacó dos botellas de agua de su mochila y arrojó una a mi dirección. Hubo alivio en mi garganta al sentir como el líquido bajaba sobre ella.

-Bueno- dijo Mérida una vez que se sentó junto a mí- ¿Qué sucedió con ustedes dos?

Le dije lo que ocurrió una vez que desperté en la habitación de Anna, detalle por detalle, cada frase, cada expresión, no salteé ningún momento.

-Estoy pensando seriamente en... decirle lo que siento.

Mérida me miró sorprendida.

Fin del Flashback.

Veinte minutos del primer tiempo, íbamos cero a cero. Una jugadora del otro equipo ya estaba acomodada en nuestra área y pateó al arco pero no llegó a entrar porque Mulán la atrapó justo a tiempo, cayó al piso en consecuencia de eso. Ella logró ponerse de pie y miró a cada una de nuestro equipo. Yo estoy libre, así que arroja el balón a mi dirección. Lo recibo con el pecho y cae a mis piernas, empiezo a correr de nuevo a toda velocidad. Veo a una de mi equipo libre, cerca del arco, y le doy un pase para que luego corra hacia la portería del otro equipo.

Flashback

-¿Estas segura?- me preguntó.

Recogí una piedra del suelo y la arrojé al agua.

-No- respondí envolviendo mis piernas con los brazos.

-¿Y entonces por qué quieres decírselo?

-Tampoco lo sé... ¿Sabes? Ella me confunde a veces. No entiendo por qué se acerca a mí, no entiendo porque insiste en ser mi amiga.

-¿Y qué harás si ella no siente nada?

-No me cabe ninguna duda que me romperá el corazón.

Fin del Flashback.

Me acorralaron tres jugadoras del otro equipo, tenía que encontrar a alguien de mis compañeras que estuviera libre mientras me las ingeniaba para que no me arrebataran la pelota. Logré captar a una de ellas, Meg. Me corrí a un lado y se la pasé. Al recibirla, Meg marchó hacia delante, corriendo. Dos del otro equipo la perseguían para quitarle la pelota pero ella estaba a una distancia difícil del alcanzar. Vio a Mérida a un costado de ella, entonces le dio un pase seguro. Apenas atrapó la pelota, Mérida lo pateó al arco, anotando.

Gol.

Se escucharon los gritos del publico presente y los de mi equipo, que fueron a abrazarla, yo incluida entre ellas.

El silbato del árbitro sonó para indicarnos que el primer tiempo había acabado. Salimos de la cancha, felices porque el partido iba a nuestro favor por el momento. Me senté en el banco con las demás, tomé mi botella de agua y bebí de ella. Mérida se acercó, cansada por correr demasiado.

-Espero que aún tengas fuerzas para el segundo tiempo- bromeé riendo.

-Por supuesto que lo estoy, soy de acero amiga- tomó su botella de agua para beber de ella.

Casi se ahoga cuando Mulán la abraza por detrás. Kida no tardó en unirse a nosotras.

-Amiga eso fue brillante, ya estamos en las finales.

-Momentito chicas- aclaró Mérida sin molestarse en distanciar a Mulán-, esto no termina hasta que se termina y todavía queda el segundo tiempo, cualquier cosa puede pasar.

-Ooohh- se quejó Mulán- se positiva, vamos a ganarles.

-¡Mulán!- escuchamos una voz masculina llamándola.

Mulán se separó de Mérida para abrazar a su novio y luego plantarle un beso en los labios. Su nombre es Shang, es un chico simpático que me cae bastante bien, pero hablé muy pocas veces con él, eso era por mi falta de sociabilidad y porque Mulán tenía una serie de reglas. Una de ellas era "el momento con sus amigas es con sus amigas y el momento con su novio es con su novio."

Ahora que los veía así recordé a Anna. No sabía si había venido, no me atreví a mirar a la tribuna. Mérida se aproximó a mí, sabiendo lo que pasaba por mi mente.

-¿Ella está aquí?- le pregunté.

-Sí, y hasta hace un rato estaba mirando a nuestra dirección.

-¿Está sola?

-Creo, no veo a su novio por aquí. Pudo haberse levantado o no vino.

Mi corazón empezó a latir de los nervios. No estaba segura de que iba decirle, tampoco sabía cómo comenzar. Vamos Elsa, se valiente por una vez en tu vida, ve con ella después del partido y díselo. Mérida apretó con fuerzas mis brazos, seguro ya se dio cuenta de lo nerviosa que estaba. El silbato del árbitro sonó, otro motivo por el cual ponerme más nerviosa, solo quedaba el segundo tiempo y después tendría que hablar con Anna, sin importar el resultado hablaría con ella.

Flashback

Las dos decidimos caminar a orillas del río. Estaba pensando en qué sería lo más correcto, si decirle a Anna mis sentimientos primero o contarle a mis padres lo que estaba pasando. No es algo que pueda decir tan fácilmente.

Está bien, Merida sabe que me gusta Anna y que por lo tanto me gustan las mujeres. Pero no es que un día decidí levantarme y dije "hey, voy a decirle a Mérida que me gustan las mujeres". No, la verdad es que no fue así de fácil.

Cuando me enteré que Anna se puso de novia con Kristoff quedé devastada. Solo lloraba, estaba deprimida y me enojaba por cualquier estupidez. Mérida estaba muy preocupada por mí y quiso ayudarme. Empezaba hacerme amiga de Kida y ella me invitó a su cumpleaños que hizo en su casa. Yo fui porque las cuatro paredes de mi habitación me arrastraban hacia un agujero negro que no ayudaba para nada a mi estado emocional. No era de esas fiestas ruidosas, donde la gente se amontonaba, sino más bien una pequeña reunión donde solo estábamos las del equipo de fútbol. En un momento de distracción de todas, salí al jardín de la casa porque no podía dejar de llorar y no quería que nadie me viera. Mérida me siguió y decidió preguntar que me estaba pasando, casi de manera frustrada porque no podía soportar verme en ese estado. En ese momento yo necesitaba hablar, expresarme, decir lo que me pasaba para quitarme el peso que tenía encima, así que exploté y se lo dije. Ella, como era su costumbre, me escuchó sin interrupción. Pensé que se alejaría, que me diría que lo que yo sentía estaba mal, pero no fue así, solo me propuso una abrazo amistoso. Y vaya, lo necesitaba demasiado.

-¿Tu qué piensas? ¿A quién debería decirle primero acerca de mis sentimientos, a Anna o a mis padres?- pregunté.

Ella no respondió enseguida, lo meditó un buen rato hasta que soltó un suspiro.

-Mira, sé que soy yo la que te dice siempre que debes confesarle tus sentimientos pero... pero tampoco quiero que salgas herida de alguna manera.

Ella no quería verme sufrir si Anna me rechazaba. Sonreí con ternura ¿Cómo es posible que no me haya hecho amiga de esta chica antes?

-Aaiiih eres tan dulce cuando te lo propones- dije en tono burlón.

-Cierra la boca- rugió entre dientes.

Me reí y pasé mi brazo alrededor de su cuello para atraerla hacia a mí. Para aumentar más su enojo pellizqué sus mejillas.

-Increíblemente dulce- seguí burlándome.

Ella me empujó y solté una carcajada aún más fuerte. Creo que eso era lo que necesitaba a pesar de todo, quería reírme un poco después de lo que paso.

-Depende de ti saber a quien vas a decírselo primero...- decidió contestarme- pero tienes que preguntarte si estás segura de hacerlo.

¿Por qué tenía que terminar mi diversión tan pronto?

-Por el momento, creo que estoy decidida a decírselo, después del partido de fútbol. Pero... si por una de esas casualidades algo me lo impide, seguiré esperando hasta estar realmente lista.

Mérida volvió a soltar otro suspiro.

-Muy bien, soy tu amiga, por lo tanto mi deber es apoyarte, hagas lo que hagas.

Fin del Flashback.

Treinta minutos del segundo tiempo, ya nos habían anotado un gol e íbamos empatadas uno a uno. Aún podíamos ganar, no iba a darme por vencida tan fácilmente, tampoco mis compañeras y por supuesto nuestras oponentes no pensaban en quedarse con los brazos cruzados. Corrí hacia su portería pateando la pelota, tres jugadoras de remera amarilla estaban pegadas a mí y tuve que darle un pase a la primera jugadora de mi equipo que vi. Sabía que no tendría oportunidad para anotar, las defensoras se acercaban a ella y tenía otras jugadoras detrás, así que tuve que adelantarme para pedirle que me devolviera la pelota.

Mi compañera pateó a mi dirección. Como la pelota iba alta, tuve que saltar para recibirla con la cabeza. Me sorprendí por ver a una jugadora de remera amarilla delante y de repente siento su codo chocando contra mi estómago. Ella recibió la pelota mientras yo caí al suelo retorciéndome de dolor.

Me quedé sin aire, todo me daba vueltas, mis parpados se sentían pesados y tosí violentamente. Apenas me daba cuenta de lo que estaba sucediendo. Noté los pies de dos o tres jugadoras a mi alrededor y que Mérida estaba discutiendo con las del otro equipo.

"Vamos Elsa, no te rindas, tu equipo te necesita." Con dificultad logré ponerme de rodillas, una de mis manos estaba en mi estómago y la otra apretaba con fuerza el césped de la cancha.

Sentí unos dedos aferrarse a mi cabello e involuntariamente mi cabeza se levantó hacia arriba. Me encontré con unos ojos turquesas llenos de preocupación. Traté de hablar pero la tos me gano de ante mano.

-Reacciona- me dijo queriendo ocultar su preocupación-. Por favor, no te rindas ahora.

-A... Anna.

Ella me sonrió débilmente pero aún estaba preocupada. Empiezo a respirar normalmente y el dolor se desvanecía, trayendo consigo el alivio.

-Heyy... ¿Te sientes bien?

-Es... me duele un poco- me esforcé por sonreír-, pero no te preocupes, estaré bien.

-¡Se acabó, si no sales en dos minutos tendré que echarlas a ambas de la cancha!- exclamó el árbitro enfadado.

Ya me parecía muy raro que estuviéramos tan tranquilas. Anna apartó sus manos para que las dos pudiéramos ponernos de pie. Sentía algo de dolor pero podía continuar, un buen jugador no se rinde así de fácil.

-Ya me siento bien, mejor ve a sentarte.

Anna asintió no muy convencida, pero comprendiendo que estando ahí el partido no podía seguir. Con ella ya lejos, el árbitro vino a mí.

-¿Puedes continuar?

-Si- respondí.

Él árbitro levantó la mano y tocó el silbato.

Me dieron la pelota para que pudiera dar un saque. Quedaba poco tiempo para que el partido terminara así que tenía que pensar rápido para armar una estrategia o iríamos al alargue para ver quién gana y eso es lo que menos quiero. Mérida y Meg estaba en una buena posición. Podía darle un pase a Megara para que se lo diera a Mérida, si yo corría hacia la portería ella me daría otro pase y así podría anotar sin problema.

Solo tengo una oportunidad, así que no puedo fallar y mucho menos con Anna observándome. El silbato sonó, indicándome que debía dar el pase ahora. Sin perder tiempo pateé la pelota hacia Meg, tal y como lo supuse ella se lo pasó a Mérida y yo ya me había adelantado. Tan pronto Mérida me devolvió la pelota, como lo supuse, corrí hacia la portería. Una de las rivales me perseguía, la misma que me golpeó antes, pero no iba a dejar que me alcanzara esta vez y mucho menos iba a dejar que me hiciera daño. Iba a anotar... iba a anotar por Anna. Incluso ya con las piernas cansadas no pensaba detenerme.

Me acomodé, dirigí mi pierna hacia atrás y luego pateé hacia adelante. La pelota voló a la portería, esquivó a la arquera y golpeó la red.

-¡Gol!- gritaron mis compañeras.

Sonreí ampliamente con el corazón acelerado de felicidad. Ganamos, habíamos pasado a la final. Mérida me abrazó por detrás y pasó su mano por mi cabello. Seguido de eso el resto del equipo se lanzó hacia a mí, arrojándome directamente al piso.

El entrenador se acercó a nosotras riendo con fuerza, festejando con los brazos levantados, las lágrimas de alegría caían de sus ojos. Por eso las chicas se levantaron para animarlo a él, de paso me dejaban respirar.

Miré a la tribuna con una sola idea en la cabeza, pero entonces mi corazón, que hasta ese momento estallaba de alegría, se rompió en dos. En realidad, sentí como si me hubieran apuñalado por la espalda. Ahí estaba, Anna, besando a su novio con una sonrisa mientras sus suaves manos acariciaban sus mejillas.

No pude soportarlo, los gritos de felicidad más esa escena que mis ojos captaron me estaban alterando, y salí corriendo. No me di cuenta si alguien me vio o no, tampoco le di importancia.

Llegué al vestuario, exhausta. Me rasqué la cabeza con violencia solo para tratar de quitarme esa escena que quemaba tanto ahí como en el corazón.

"¿Enserio crees que ella siente algo por ti? Solo te quiere como su amiga, y si hace lo que hace es solo porque quiere de vuelta tu amistad. Si ella está aquí con Kristoff es porque quiere que lo conozcas así como te lo ha pedido cientos de veces... ¿POR QUÉ NO PUEDES METERTE ESO EN LA CABEZA?"

Solté un grito de frustración y golpeé una y otra y otra y otra y otra vez uno de los casilleros del vestuario para descargar toda la rabia que tenía en ese momento, llorando como la perdedora que era.

-¡Elsa!

Paré, solo para ver que la que me habló fue Mérida con el rostro lleno de preocupación y detrás de ella estaban Mulán y Kida con la misma expresión. Sacudí la cabeza, como si eso me ayudara secar las lágrimas, y después volví a dar otro golpe al casillero. Gotas de sangre que provenían de mi puño pegado al armario de metal cayeron al suelo. Caí de rodillas sintiéndome agotada. Mis amigas se agacharon para ayudarme. Sentí pasar su mano por mi espalda pero no podía sentir el calor que transmitía.

Después de un largo rato ya todos se habían ido. Mis otras compañeras de equipo sintieron curiosidad porque me fui sin decirles nada y porque mi mano estaba lastimada pero como sabían que yo era alguien a la que no le gustaba hablar de su vida personal decidieron no preguntar. Mérida tuvo que hablar con el entrenador para que no se preocupara, mintiéndole cuando le decía que todo estaba bien.

Solo quedamos Mérida, yo y Kida. Mulán quería quedarse pero le dije que se fuera porque sabía que ella le dijo a sus padres que regresaría en tal horario y si no lo hacía tendría que responder a varias incomodas preguntas.

Mérida y yo estábamos sentadas en una banca del vestuario. Ella se tomó la molestia de vendarme la mano mientras yo la observaba hacer su trabajo con el rostro inexpresivo. Kida por otro lado estaba apoyada contra uno de los casilleros mirando su pie que se movía de un lado al otro, seguro se estaba preguntando qué fue lo que me ocurrió.

-Ya está- informó Mérida apoyando mi mano en mi pierna-. Sanará pronto.

La herida de mi mano tal vez sane pronto, pero dudo que la herida de mi corazón lo haga.

-Sé que no es el mejor momento pero- habló Kida que ahora me estaba mirando-... ¿Qué les parece si vamos a celebrar nuestro triunfo? No tiene que ser algo grande, creo que una sodas estarían bien, o puede ser unos helados...-inmediatamente se mordió el labio, arrepintiéndose por la idea.

"Ella solo trata de ayudarte ¿Cómo pretendes que te entienda si tú no le dices lo que sucede?"

-Creo... creo que una sodas y unos helados no estarán mal- respondí con voz apagada.

Tanto ella como Mérida sonrieron ampliamente.

-¡Elsa!- se escuchó desde la puerta de entrada del vestuario.

Miré hacia el frente y mis amigas se voltearon para ver a la persona que menos podía mirar en estos momentos. Anna estaba con una mano levemente cerrada cerca de su rostro y parecía algo tímida ante nuestras miradas.

-Mejor las dejamos solas, te esperamos afuera- dijo Mérida poniéndose de pie y caminando hacia delante, evitando todo contacto visual con la recién llegada.

Me puse de pie una vez que quedamos solo nosotras dos.

-Eeh... yo... yo quería saber si podíamos hablar y me quedé esperándote pero no llegabas y...- puso cara de horror al darse cuenta de mi herida- ¿Elsa, que... te ocurrió en la mano?

Hice un amagué con el brazo cuando vi que quería tomarla. Ella hundió su cabeza en sus hombros llegando a la altura de sus orejas.

-Lo siento, olvidé que no puedo tocarte. Es que... bueno quería saber si...

-Lo que me haya pasado es cosa mía y no es de tu incumbencia- le interrumpí.

-Pe-perdón.

"¿Por qué te disculpas? deja de disculparte, no tienes que seguir disculpándote."

-¿Qué es lo que quieres?-pregunté.

-Yo... solo pensé que quizás podríamos hablar.

-Lo lamento, pero quedé en hacer otra cosa.

-¿Y crees que puedes venir a mi casa después de que te desocupes?

-No... No estoy segura. Ya vete de aquí, solo pueden entrar las jugadoras y casi haces que me expulsen de la cancha lo que me hubiera costado el partido y no quiero que ahora me regañen por eso... ¿Está bien?

-Si- asintió con un ligero movimiento en la cabeza-, su... supongo que te veré en otro momento.

Abrazó su estómago y luego giró para retirarse. Yo levanté la cabeza, peinando mi cabello hacia atrás.

No puedo decírselo, aún no estoy lista y por lo que acabo de ver aún no es el momento.


Para ser honesta chicos, aún falta para que Elsa le diga sus sentimientos y no crean que las cosas estarán fáciles.

Otra cosa, no esperen que regrese enseguida. Apenas me empece con los trabajo y ya me siento agotada, así que les pediré que esperen un poco.

LalalainLalaLand: ¡¿QUE?!...No pienso hacer nada de eso, lo anterior lo hice para lo que viene después. Pero desde ya te digo que posiblemente Elsa se comporte como una idiota en más de una ocasión.

ElsannaRulz: Eeeeeeeee muchas gracias :D. Perdona la tardanza, pero tratare de actualizar lo más rápido que pueda.

.94 y ChrisMth: A su tiempo iré respondiendo sus preguntas, se que la actitud de Elsa molesta pero deben entender que en parte ella también esta sufriendo. saludos a las dos :D

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