Los personajes no me pertenecen

Lamento la demora, les dejo el capitulo ocho. Gócenlo.


Otro día de escuela había terminado. Después de despedirme de mis amigas me dirigí hacia el estacionamiento para buscar mi auto ya arreglado y regresar a mi casa.

-¡Elsa!- me llamo una voz masculina.

Levante la cabeza impresionada. Ningún varón me hablaba, siempre los evito, excepto por mi padre, mi tío y mi primo Olaf. Pero esa voz no era ni de mi primo y mucho menos la de mi papa o la de mi tío. Di la vuelta para ver quien me hablaba y no supe exactamente cómo reaccionar. Se trataba de Kristoff. Vestía su lujosa chaqueta roja con mangas negra del equipo del básquet. Tenía su mochila colgando de un hombro, con las manos metidas en los bolsillos.

-Hola- saludo amablemente.

-Hola- correspondí.

Era la primera vez que este chico se me acercaba, y era la primera vez que me hablaba, por lo general siempre estaba con sus amigos o con Anna. Tenía una amplia sonrisa en el rostro, la cual ya empezaba a incomodarme.

-¿Puedo ayudarte en algo?- me digne a preguntar.

El pateo el suelo como si intentara encontrar una respuesta a la pregunta.

-Me alegra que tu equipo haya ganado su partido.

¿Enserio amigo? ¿No tienes una mejor excusa que esa?

-Lo preguntare de otra manera ¿qué es lo que quieres?

-Bueno, para empezar...tengo ganas de charlar un rato contigo.

-¿Anna te pidió que hables conmigo, verdad?

-En parte sí y no. Hace tiempo que quiero tener una conversación contigo... ¿Oye, qué te parece si nos vemos esta tarde? ¿Conoces la cafetería de Tiana?

-Sí, pero yo no soy muy amante del café.

-Yo no dije que íbamos a tomar café. Estaré entrenando en la cancha de básquet que está a dos cuadras de ese lugar, cerca de las cuatro de la tarde, te espero ahí.

Se giró para marcharse.

-Oye- lo llame una vez que vi lo alejado que estaba, él volteo hacia mi sin detener su caminata-. No he dicho que sí.

-Entonces seguiré tratando hasta que podamos hablar solos.

¿Solos, él y yo? ¿Que acaso no quería que Anna estuviera con nosotros?

En todo el camino a casa pensé en si debía ir o no. Al principio decidí no ir pero cuando lo pensé mejor me di cuenta de que ese sujeto sabía dónde vivía, era capaz de caer en mi casa y quizás se plantaría en la puerta hasta que me dignara a hablarle. La verdad no estoy muy segura de sí Kristoff era capaz de llegar a ese extremo pero cualquier cosa era posible. Por una parte sentía curiosidad por lo que quería a decirme, por otra me sentía nerviosa y tenía algo de miedo.

Medite un largo rato antes de decidirme. Lo que menos quería era que, después de que habláramos nosotros dos solos, Anna me pida cientos de veces salir con ellos más sus otros amigos a quienes no soportaba. No sé qué clase de conversación quería tener, no creo que sepa de mis sentimientos por su novia...Tal vez me pida que trate mejor Anna, o tal vez me amenace para que no la siga lastimando. No iba a descubrir una respuesta de la nada así que decidí reunirme esa tarde con Kristoff.

Ya que íbamos a estar en una cancha de básquet decidí ponerme mi pantalón verde de los wallabies y la remera blanca con tonos celestes de los Snowking.

Llegue allí cerca de las cuatro y media, vi a Kristoff haciendo lanzamientos al aro de básquet. Quede sorprendida, se movía y encestaba como todo un profesional. Usaba una remera de básquet de los Milwaukee Bucks y un short adidas negro. Intento encestar una vez más pero el balón golpeo el aro y fue rebotando hacia mi dirección hasta que choco con mis piernas. Era una lástima, parecía ser un buen tiro. Pero bueno, nadie es perfecto, todos tenemos nuestros errores, incluso yo.

Me agache para recoger el balón y se lo devolví.

-Que bien, creí que no vendrías- dijo sonriendo entre dientes.

Por el sudor y lo agitado que estaba, se nota que llevaba horas, sin parar una sola vez, haciendo lanzamientos. Comprobé esa teoría cuando fue hacia la banquilla, que estaba pegada contra la pared llena de grafitis, para beber de su botella de agua y luego regreso hacia donde yo estaba. Algo lo tenía nervioso.

Mire una vez más el lugar y solo ahí caí en la cuenta de que Anna no estaba.

-¿Enserio seremos nosotros dos?- pregunte casi para mí.

Note a Kristoff moverse de forma incomoda, lo que aumento más la probabilidad de que estuviera nervioso. Acomodo su balón debajo de su hombro y se rasco la cabeza.

-Sí, yo...me sentiría incomodo si estuviéramos los tres, es decir, tú, yo y Anna.

¿Él incomodo? No entiendo porque, es a él a quien estaría abrazando y diciéndole que se calme.

De las veces que pensé en cómo sería el día en que conociera a este chico me veía en algún bar los tres juntos. Estaríamos sentados en una mesa, Kristoff y Anna con sus cuerpos pegados, riendo, mientras que yo estaría del otro lado, cayada, tratando de poner mi mejor cara, sin éxito, y deseando que las horas pasen rápido para regresar a mi casa. Luego de eso esperaba, en realidad tenía la esperanza, de que Anna no se me volviera acercar.

-¿Porque te sentirías incomodo?- cuestione intentando no sonar sorprendida.

-¿Y cómo no estarlo? Anna te aprecia mucho y me sentiría nervioso si hiciera algo que te moleste enfrente de ella. Además, no sabría qué hacer, solo puedo imaginarme a ustedes dos hablando y riendo mientras yo no sabría que decir o cómo actuar.

Esto no podía ser cierto ¿que acaso Anna le habla de mí todo el tiempo?

-Considere mejor la idea de hablar solos para mejor comodidad- continuo Kristoff-, espero no te moleste.

-Humm...no, para nada. Siéndote honesta, creo que también es más cómodo para mí si hablamos solo nosotros dos.

Ahora que lo pensaba mejor no estaba tan mal hablar a solas con él. Quizás con esto podríamos dejar algunas cosas en claro y yo podría seguir mi vida a mi manera.

-¿Qué te parece si hacemos unos lanzamientos?- me ofreció.

-¿Bromeas? Yo no sirvo para esto.

-¿Has jugado alguna vez?

-No.

-¿Y entonces como sabes que no sirves para esto si nunca has jugado?

Buen punto.

-De acuerdo, hagamos lanzamientos- acepte.

Nos posicionamos a un costado del aro, Kristoff a la derecha y yo en la izquierda. Él fue primero que yo. Lanzo el balón al aro y encesto de lo mejor. La pelota reboto en el piso y me apresure a atraparla. Lance y pegue al aro. Kristoff volvió a atraparla y la pico en el piso. Es curioso, pensé que se reiría por fallar pero mantuvo su postura seria. Después de que él volviera a encestar, me prepare para lanzar otra vez.

-Te daré un concejo- me dijo- dobla el codo un poco más hacia arriba.

Sin hacer comentario seguí su concejo y lance el balón, enceste. Sonreí, esto no era tan malo como pensé.

Pasamos un largo rato haciendo tiros al arco. Él me hablaba de alguno de sus partidos y yo de los míos. De vez en cuando nos reíamos de alguna anécdota de lo que nos había sucedido en los entrenamientos y en los partidos, o bien de lo que les había sucedido a alguno de nuestros compañeros. Me contó de sus amigos, sobre todo de uno en particular, Sven. Él también pertenecía al equipo de básquet pero no se juntaba mucho con el grupo de amigos con el que solía estar Kristoff y Anna. Kristoff me dio a entender que Sven era como Merida, siempre estaba para aconsejarle cuando lo necesitaba, era su hombro en el cual apoyarse, el que lo escuchaba y el que sabía todo acerca de él. Anna es su novia, pero no estoy segura de que tenga la misma confianza que tiene con su mejor amigo. No iba a preguntar acerca de la confianza que se tenían, no era asunto mío.

Yo le conté un poco acerca de mis únicas amigas. Él me dijo que las conocía y que le resultaban chicas simpáticas y que además Sven resulta ser muy amigo del novio de Mulan, Shang.

Después de encestar otra vez, Kristoff tomo el balón para prepararse para lanzar.

-Debo admitir que esto es divertido- comente.

-Qué bueno que te entretengas - empezó a picar la pelota contra el suelo- puedo estar horas haciendo esto y jamás cansarme.

-Sí, es como si al estar jugando de esta manera te sientes relajado y no piensas en todos tus problemas.

-Exactamente- volvió a lanzar y encesto.

Ambos reímos entre dientes. Nos mantuvimos en silencio, la pelota rebotando contra el suelo era el único sonido, y quietos, tratando de encontrar un tema del que pudiéramos hablar.

-Sabes, Anna te describe a la perfección.

Me sonroje por el comentario.

-¿Ella te habla de mí?

-Mucho, te tiene un pedestal.

Pero ella te ama a ti. Ese pensamiento hizo que me invadiera la tristeza. Kristoff es un buen chico, no es el imbécil que creí que era y Anna no fue ninguna tonta al escogerlo. Me parte el alma pero al menos estoy feliz de que haya encontrado a un hombre que se preocupe por ella.

-Oye- dije, rascándome un costado de la frente- no quiero ser descortés pero tengo que irme.

-Está bien, no hay problema. Solo espero que podamos volver a hablar en algún otro momento, cuando tú quieras, sin presiones.

-Por supuesto, pero la próxima vez hablaremos en una cancha de fútbol.

Él se encogió levemente de hombros, sin borrar su sonrisa.

-Nunca he jugado pero me gustaría intentarlo.

Tuve que sonreírle, Kristoff estaba siendo completamente honesto.

Me despedí de él y salí de la cancha. Tenía muy pocas ganas de regresar a casa, y tampoco quería estar sola. Mire mi reloj, iban a ser las seis de la tarde. Merida solía estar libre a esta hora. Tome mi teléfono y la llame.

-Hola- saludo ella- ¿todo en orden?

-Más o menos ¿Estas libre?

-Sip ¿dónde nos vemos?

-¿La plaza cerca de la escuela?

-De acuerdo, estaré ahí en unos minutos.


Llegue primero que Merida. Estaba sentada en el césped viendo como unos niños jugaban en la pequeña cancha de futból. Me recordaron a mi cuando era pequeña, con la diferencia de que jugaba sola, excepto cuando Anna me hacia compañía y practicaba conmigo.

Merida llago unos diez minutos después que yo y una vez que me saludo se sentó en el césped.

-¿Y qué es lo que quieres decirme?- pregunto.

-Yo...acabo de pasar un rato con Kristoff.

Merida quedo sorprendida.

Poco a poco le fui diciendo todo lo sucedido. Cuando me hablo esta mañana, lo que medite de si ir o no a verlo, de los lanzamientos que hicimos y de lo que habíamos conversado. Al terminar, me incline más hacia ella y apoye mi cabeza en su hombro, ocultando mi rostro en él.

-Él es un buen chico...- dije con lágrimas en los ojos- y lo odio por eso.

No supo que decirme, solo se quedó escuchando mis llantos.

No lo odiaba en realidad, le tenía envidia, mucha más envidia que la que le tenía antes porque ahora lo conozco mejor. Estoy segura de que Merida lo sabía pero no me lo diría.

-No quiero sentir esto...No quiero estar enamorada de ella si lo único que consigo es dolor y más dolor. Y lo peor...no quiero ocasionarle problemas a ella y a Kristoff, no después de lo que sucedió hoy.

Otro silencio se hizo, donde nuevamente se escucharon mis lágrimas.

Ahora me siento mucho menos capaz de decirle a Anna lo que siento. La culpa me comería viva si ellos dos llegan a discutir por ese tema. No me gustaría tampoco tener problemas con él. Quien sabe, tal vez hasta piense que solo me aproveche de él.

-Oye... ¿Co...Como te enamoraste de ella?- Pregunto.

Reí sin gracia. Merida llevaba mucho tiempo sabiendo que Anna me gustaba y jamás me había preguntado cómo fue que me enamore de ella.

-No tengo idea- respondí-, solo es algo que surgió...Aunque, no sé...de pronto ella creció, siempre lucia tan linda, solo quería estar abrazada a ella, constantemente la quería ver reír, me enojaba cuando algún chico se le acercaba...Pero nunca fui capaz de darme cuenta de esas señales hasta cierto día, cuando ella se enfermó.

FLASH BACK

Ambas teníamos quince años. Anna hacia cuatro días que estaba volando de fiebre y no podía moverse de la cama, así que me pidió que le llevara la tarea de la escuela. Fui a llevársela alrededor del mediodía, ella estaba recostada en su cama y, aunque se sentía débil y cansada, me había dedicado su mejor sonrisa.

-Hola- la salude mientras sacaba unas carpetas de la mochila que había traído.

-Hola- correspondió con voz ronca.

Me acerque a ella una vez que deje las cosas en su escritorio.

-¿Cómo te sientes?

-Un poco mejor- tosió-… Maldición, odio estar enferma.

Reí por el comentario.

-Relájate- le anime, colocando mi mano en el bolsillo de mi pantalón-, pronto te sentirás mejor.

Ella deslizo su brazo para tomar mi muñeca. Tiro de ella y caí a la cama a muy escasos centímetros de su lado.

-¿Qu...que...que estás haciendo?- pregunte nerviosa y empezándome a sonrojar.

Ella levanto una ceja extrañada.

-Nada que no hayamos hecho antes- contesto.

Ella y yo éramos amigas desde pequeñas. A veces pasaba que nos quedábamos dormidas en el mismo lugar, en un sillón, o en una cama, abrazadas como dos tiernas niñas. Pero éramos niñas, en ese momento teníamos quince años, no éramos inocentes, al menos no como antes.

No supe cómo reaccionar, Anna envolvió mi cintura con sus brazos y se acurruco más hacia mí. Yo estaba demasiado nerviosa para pensar, fue la primera vez que mi corazón se aceleró así de rápido. Comenzaba a asustarme, porque empezaba a comprender lo que sentía y sabía que no estaba bien, y al mismo tiempo deseaba que ese momento no terminara nunca.

-Yo...yo creo...que...tengo que irme- dije tratando de juntar coraje para levantarme a pesar de que no podía.

Pero eso solo hizo que Anna me abrazara con más fuerza, sus ojos estaban cerrados.

-Quédate un poco más- pidió con voz somnolienta.

-Pero...Anna...

Anna no alcanzo a escucharme, porque justo en ese momento se había quedado profundamente dormida.

FIN DEL FLASH BACK

-Lo siento- se disculpó Merida-, me gustaría saber qué hacer para ayudarte.

Levante la cabeza de su hombro para mirarla sorprendida. Rogué que mis ojos no estuvieran muy irritados de tanto llorar.

-Pero si ya haces suficiente-dije, limpiándome la cara-. Cada vez que me escuchas...ayudas. No es como si te estuviera pidiendo la solución en una botella.

Merida rió por el chiste.

-Sí, sería mucho más fácil si existiera eso- su expresión se volvió seria segundos después que dijo eso. Movió sus brazos hacia atrás, apoyando las manos contra el suelo, y levanto la cabeza hacia el cielo del atardecer-. Nunca te lo dije, supongo que es porque no me gusta hablar mucho del tema, pero sería egoísta de mi parte si no te lo digo considerando todo lo que me has contado. Hubo un chico que me gusto durante mucho tiempo pero...no resulto.

Me sorprendí por la confesión. Marida es una chica muy poco interesada en conseguir novio, pero no quiere decir que no se haya enamorado alguna vez. Quizás es por eso que no quiere saber nada con salir con chicos.

-¿Qué es lo que sucedió?- pregunte.

-Bueno, él y yo también éramos amigos desde pequeños, gracias a nuestros padres, e igual que tú y Anna, crecimos, en parte nuestros intereses cambiaron y nos distanciamos un poco, y yo lo veía tan atractivo pero...digamos que él no sintió lo mismo y se puso de novio con otra, fin de la historia. A diferencia de ti, él ni siquiera recuerda mi existencia, Anna por lo menos quiere ser tu amiga.

-Lo siento- ahora fui yo la que se disculpó, a lo que ella me miro sonriendo.

-Naa...tú no tienes la culpa.

-Pero debe ser agotador escuchar siempre mis problemas sabiendo lo que te paso.

-Pero ya lo supere...No fue fácil, pero lo hice.

La envidiaba a ella ahora, me encantaría tener la misma fuerza que ella tuvo para olvidarme de Anna. Pero bueno, como dijo ella antes, la solución no está en una botella, si en verdad quiero olvidarme de Anna tengo que encontrar la manera de hacerlo.


Con respecto a Merida y a Elsa, para aclarar algunos comentarios que he leído, los dos son solo ¡AMIGAS!. Les puedo asegurar que alguien más aparecerá para Elsa, pero todavía falta mucho para que aparezca.

Bueno, estoy bastante apurada y no puedo contestar todas las reviews. Pero voy a mandar saludos especiales a saililove-chan, driver master, Danny, caro y yara sosa por haberse tomado el tiempo de dejarme su opinión y por empezar a seguir la historia y lamento si los estoy desesperando pero, como ya dije antes, las cosas no están fáciles (nada fáciles).

Para el resto que me sigue acompañando desde hace bastante sepan que los adoro y sé que me deben odiar por la actitud de Elsa y mucho deben estar diciendo "QUE SE BESEN DE UNA VEZ" o bien "QUE LE DIGA SUS SENTIMIENTOS" pero falta. Saludos :D