Los personajes no me pertenecen
Entrega del capitulo 14 para ustedes.
Todo lo que pensaba mientras peleaba con Helga se reproducía en mi cabeza como una película. Anna. Anna de pequeña. Anna sonriendo. Anna besando a Kristoff. Anna en el baño. Anna peleando con Helga. Anna golpeada. Anna teniendo miedo. Anna inconsciente. Anna de nuevo sonriendo. Anna de nuevo golpeada. Helga riendo. Yo golpeando Helga. Anna llorando. Anna pidiendo auxilio en el baño mientras era golpeada. Anna. Anna. Anna. Anna.
Abrí los ojos de golpe, ahogando un gemido. Me dolía todo y no sé cuánto tiempo llevaba recostada en la cama. ¿Por qué Anna demoraba tanto? Bueno, si se estaba despidiendo de Kristoff puedo darme una idea de por qué se está tomando tanto tiempo.
Jamás en mi vida había llegado tan lejos. He tenido otras peleas antes, en la escuela o bien con jugadoras de fútbol de otro equipo, pero era la primera vez que perdía el control de esa manera. No sé qué le voy a decir a mis padres cuando vean mi estado.
Traté de no pararme y salir corriendo al escuchar la puerta del cuarto abrirse. Lo habría hecho de no ser porque estaba toda adolorida. Anna vino hacia mí con un botiquín en sus manos. Se sentó a mi lado y me levanté para moverme hacia la punta y quedarme sentada ahí así no estaba tan cerca de mí. Anna suspiro exhausta y decidió no hacer comentario e ignorar mi reacción. Buscó en el botiquín para sacar algodón, unas gasas, una botella de yodo y cinta. Destapó la botella de Yodo y vertió un poco en el algodón.
—Puedo hacerlo sola —dije.
Quise agarrar las cosas pero ella apartó sus brazos para que no las consiguiera, llevándose los elementos.
—Te dije que quiero ayudarte.
—No necesito ayuda para esto.
—Pero yo quiero hacerlo —acercó el algodón hacia mi herida, pero se lo impedí moviendo mi cabeza a un costado—. ¡Elsa! —se quejó bajando el brazo.
—Te comportas como una niña —dije molesta.
—¡No es cierto!
—Si lo es.
—¡Bueno! —aceptó enfadada, cerró los ojos, llevando sus manos apretadas a la altura de su cabeza— Soy una estúpida infantil por preocuparme por mi amiga, quien fue golpeada por una persona a quien yo provoqué —bajo las manos y abrió los ojos aun furiosa—. Ya lo acepté, ahora déjame ayudarte o te juro que no saldrás de este cuarto —su rostro se acercó al mío, la punta de su nariz casi rozaba la mía, y sus labios se veían demasiado tentadores.
Desvié la mirada antes de que me viera sonrojarme. Fue en ese instante que sentí el algodón en mi mejilla, donde Helga me había rasguñado. Me quejé levemente por el dolor.
—Lo siento —dijo nerviosa, porque pensó que me había hecho daño.
Me puso la gasa delicadamente sobre el rasguño y luego puso una cinta sobre ella. Prosiguió a limpiarme la otra herida que estaba a un costado de mi ceja y ahí puso un apósito. Guardó todo dentro del botiquín una vez que terminó con el resto.
—No lo hice por ti —dije antes de que guardara la botella de yodo.
Anna levantó la cabeza buscando una respuesta a lo que acababa de decir.
—Choqué con Helga por accidente y empezó a molestarme. Me enfadé y nos pusimos a pelear, tú no tienes nada que ver en esto —usé un tono tan frio que hasta yo me sorprendí.
Nos miramos sin decir nada, yo estaba seria, demasiado. Anna bajó la cabeza no sé bien porqué y al rato la sacudió. Terminó de guardar todo y se levantó de la cama. No estoy segura pero creo que lo hizo para alejarse de mí, ya que no necesitaba hacerlo para colocar el botiquín en la mesita de noche, como lo estaba haciendo en ese momento. Apoyó sus manos sobre ella y se quedó mirando hacia abajo. Un largo silencio se hizo entonces.
—Si vas a mentir al menos podrías dar una mejor excusa —suelta, aun sin mirarme.
Blanqueé los ojos, suspirando.
—¿Qué te hace pensar que estoy mintiendo?
Soltó una risa que carecía de humor y esta vez sí me miró.
—Helga me lo dijo.
En el momento en que Helga la tomó de la remera mientras Kristoff intentaba controlarme, ahí tuvo que darle una pista del porqué me puse así.
—Vete, no vaya a ser que de la casualidad de que mi madre llegue.
—Supongo que ella no sabe aún que Helga fue la que te golpeó.
—Desde que se enteró de que me atacaron ha intentado averiguar quien fue y todavía no lo descubre y prefiero dejarlo así.
—Sabiendo que Helga es capaz de golpearte otra vez.
—No lo hará.
—¿Cómo estás tan segura?
—Solo lo sé y ya. Lo que pasa entre nosotras no es asunto tuyo.
Resoplé, no entiendo por qué insisto con esto. No tengo ninguna clase de derecho a preguntárselo. Y a pesar de todo sigo insistiendo.
—¿Por qué te preocupa tanto lo que pueda pensar tu madre? —me levanté de la cama, quise aproximarme a ella, pero decidí quedarme inmóvil.
Anna giró su cuerpo y lo recargó contra la mesita de noche, cruzándose de brazos. Ocultaba su enfado.
—Sé que te exige mucho, sé que no es del todo amable en algunas ocasiones, pero eso no quiere decir que no se preocupe por ti.
—Ahí es donde te equivocas, para ella soy solo una carga que tiene que mantener.
Eso definitivamente me dejó completamente sorprendida. No esperé algo como eso, la Sra. Summers me daba todo tipo de sensaciones pero nunca algo como lo que Anna decía. Pienso en cuando hablaba con mi madre, reían o hacía comentarios. Se ayudaban y hasta salían de compras juntas, eso antes de distanciarme de Anna. A mí nunca me trató mal, pero puedo darme una idea de cómo se pondría si se llegaba a enterar de mis sentimientos. Si he escuchado salir de su boca que las relaciones con parejas del mismo sexo no está bien.
—¿No crees que estás exagerando? —fue una pregunta inconsciente.
Anna resopló.
—¡Por supuesto que no! —dijo en voz alta y molesta— ¡Lo que ves a puertas abiertas no es lo mismo que hay a puertas cerradas!
Creo que la saqué de sus canales. Se apartó de la mesa y se pasó la mano por su cabello, juntando sus dos trenzas. Miraba a todas partes menos a donde yo estaba.
—Anna deberías cambiar tu temperamento...¿Anna, por qué no tienes mejores notas como tu hermana?...Que bien Anna, pero no te alegres tanto, no es algo de lo que tenga que enorgullecerme... Si esa persona tiene un problema contigo es porque de seguro tú le hiciste algo que lo molestó... Bien hecho Anna, aunque creo que pudiste haberte esforzado un poco más... Tu hermana lo habría hecho mejor, aprende a ser como ella. Todo lo que hago, nada es suficiente para ella y solo es conmigo. Rapunzel es la única hija de la que está orgullosa. En frente de todos solo finge querernos a las dos para demostrar que somos una familia perfecta cuando no es así.
Quería decir algo pero no sabía que, estaba aún más confundida que antes. Aún es difícil de creer, no puedo entender como una persona puede ser así con su propia hija ¿Y qué pensaba su padre de todo esto? ¿Y su hermana? Anna siempre demostró ser la persona más feliz del mundo y todo esto pasaba incluso desde antes de que yo me alejara. ¿Cómo no me di cuenta antes?
—¿Crees en serio que recordaba mi torneo de equitación? Lo sabía porque se lo dije minutos antes de ir a tu casa —siguió hablando para seguir convenciéndome— ¿Es necesario que te diga más?
—No.
No estaba bien preguntarle todas las dudas que tenía, eso ya no me correspondía. Además, no estoy muy segura de que Anna quiera seguir contándome más, lo veía en sus ojos.
—Tengo que irme —dije.
Anna solo hizo un ademan con la mano y desvió la mirada.
¿Qué sentido tenía seguir ahí? Sí, debería hacer lo que cualquier verdadera amiga haría. Ir por ella, abrazarla y dejar que ella hiciera lo mismo para que llorara en mi hombro, y buscar la manera de que se sintiera mejor. Pero hicimos un trato y no quiero que nada de eso cambie.
Mientras caminaba para la salida sentí que todo a mí alrededor se movía lento. Lo que me dijo Anna resonaba en mi cabeza como un eco. Pienso en las veces en que me juntaba con Anna en su casa y siempre veía a la Sra. Summers sonreírme y de cómo tal vez después esa sonrisa se convertía en una mueca de fastidio. Pienso en cuando por accidente rompí un jarrón dentro de esta casa por estar jugando al fútbol con Anna cuando éramos más pequeñas. No dijo mucho en mi presencia ¿Pero qué pasó con Anna después, en cuanto me fui? Recuerdo otra cena en mi casa cuando éramos pequeñas, Anna me pedía insistentemente que nos fuéramos, no para hacer lo que hacíamos siempre sino porque quería estar lejos de su familia, más precisamente lejos de su madre. Anna, tal vez, solo va a estudiar leyes no solo porque su familia se lo diga, sino para conseguir lo que todo hijo quiere de su madre, o padre, una sonrisa que le demostraba que estaba orgullosa de ella.
Con tantas hipótesis que planteaba en mi cabeza, me sorprendí al darme cuenta de que estaba parada en la puerta de mi casa. Bajé la cabeza, suspirando cabizbaja. Hora de la parte donde yo decepciono a mis padres. Fue todo más rápido de lo que esperaba. Atravesé la puerta, caminé por la sala y el grito de mi madre sonó por toda la casa. Su expresión de horror me rompió el corazón. Mi papa vino corriendo de otra habitación y se me quedó mirando con pánico. Los dos corrieron a abrazarme y yo no hice algo mejor que quejarme del dolor.
—Auuh, auuh, auuh.
Se separaron al darse cuenta de que sus abrazos me estaban lastimando. Me sentía mal, pude haber caído al suelo pero mi papa me sostuvo y me cargó en sus brazos, como lo hizo con mi madre cuando se casaron.
—Cuidado, cariño —dijo mi madre, preocupada. No sé si me lo decía a mí o a mi padre. Ella usa cariño para casi todo.
Me llevó hasta el sillón y gentilmente hizo que me sentara ahí. Él, junto con mi madre, se acomodó a mi lado y se mantuvieron abrazados a mí. No recuerdo cuando fue la última vez que estuvimos acurrucados de esta manera.
—¿Elsa, pero... qué es lo que pasó? ¿No estabas con tus amigas? ¿Adónde fuiste?- empezó a interrogar mi madre, preocupada.
Mi papa me acarició con ternura por detrás de la cabeza. Quería transmitirme tranquila, que él y mi mama estaban ahí para cuidarme.
—Encontré a una compañera de mi escuela y... me molesté por unas cosas que dijo. Reaccioné mal, lo siento. La golpeé y ella también a mí —bajé la cabeza, con el cuerpo temblando, abrazándome con fuerza-. Casi cometo una locura- dije entre lágrima, tratando de afligir un gemido.
No los vi pero sé que mis padres intercambiaron miradas.
—Cariño —comenzó mi madre hablándome con tranquilidad—, no está bien lo que hiciste y no me gusta que pelees. Sé que lo sabes... Pero ya no importa ahora. Lo importante es que las cosas no pasaron a peores. Lo que me gustaría saber, de una buena vez por todas, a mí y a tu padre, qué es lo que te está pasando.
La miré, sin saber cómo decirles lo que me sucedía.
—Siempre fuiste una chica feliz —mi padre comenta al notar que se me dificultaba responder. Me costaba cree eso—. Salías de la casa siempre con una sonrisa, mirábamos los partidos de futbol juntos y siempre hacíamos algo que le molestaba tu madre —eso último me robó una sonrisa.
Mi madre lo regañó con la mirada, sonriendo. Lo que causó que yo riera con fuerza y ellos se pusieran contentos. Tampoco recuerdo cuando fue la última vez que causé eso en ellos.
—Denme algo de tiempo —dije de repente, con voz ligera. Unas nuevas lágrimas aparecían en mis ojos, y las risas se apagaron como si nunca hubieran estado—. Prometo que se los diré pero quiero que me den tiempo para buscar la forma explicárselo.
—Shh... Está bien, toma el tiempo que necesites —me tranquilizó mi padre.
Toda la noche se ocuparon de mí. Cenamos normalmente, ellos me preguntaron si estaba bien o si me dolía algo, o si quería otra cosa. No me preguntaron más acerca de la pelea y tampoco quien me auxilió con las heridas. Me ayudaron a subir a la habitación porque con el dolor se me dificultó un poco y se quedaron hasta que me quedé dormida. Yo no quise apartarlos en ningún momento, los necesitaba a mi lado.
Pasaron los días y Anna mantuvo su promesa, lo que en parte me dejó más tranquila. Solo me preocupaba por el entrenamiento, la escuela, mi familia, y mis amigas. La relación con mis padres estaba un poco mejor, aunque mi madre me seguía regañando, pero solo por cosas tontas. Kristoff no me ha dicho nada y tampoco vino a pedirme algún tipo de explicación. Su única reacción fue cuando me vio una vez en el pasillo de la escuela y me saludó con la mano dándome una sonrisa amistosa, sincera. Preferí no preguntar por qué lo hizo, pero le correspondí de forma amable. A Helga la cruzaba, solo me dirigía miradas asesinas, pero no me preocupaba, con la paliza que le di dudaba que quisiera enfrentarme de nuevo. La única persona que sabía acerca de nuestra lucha, además de Anna y de Kritoff, era Mérida. Obviamente también le conté del trato que hice con mi amiga de la infancia. Mérida me dijo que fui una estúpida, que si me hubiera visto no habría tenido la paciencia que tuvo Anna y me habría golpeado en la cabeza para que me desmayara y luego irnos lejos para decirme cientos y cientos de veces que me comporté como una idiota mientras me ayudaba a curar mis heridas. No le respondí, pero si me ofendí y me aseguré de que no se diera cuenta porque sabía que tenía razón.
Así como pasaron los días también comenzaron a llegar las cartas de la universidad. Varios compañeros, que escuchaba mientras estábamos en clase, ya la recibieron. Todas decían que eran buenas noticias, que ingresaron.
Un día como cualquier otro en la escuela, estaba hablando tranquilamente con Mulán y con Kida y de repente Mérida viene corriendo hacia nosotras con su cara estallando de pura felicidad y directamente salta hacia mis brazos. Solo retrocedí unos pasos atrás, manteniendo el equilibrio para no caerme.
—¡¿Qué paso?! —pregunté confusa.
Mérida se apartó para mirarnos a las tres. Antes de hablar apretó su mandíbula para reprimir un grito de emoción.
—Ya dinos lo que pasa, mujer —pidió Kida desesperada, llevándose la mano a un costado de la frente, enredando sus dedos con los mechones de su flequillo.
—¡Me aceptaron en la Universidad! —reveló entre risas y con pequeñas lágrimas de felicidad, apenas visibles, peinando su cabello hacia atrás con las dos manos.
—¡¿De verdad!? —nos asombramos Kida y yo al mismo tiempo.
—Si —siguió riendo.
—Mérida, eso es genial —Kida la abrazó y luego dejó que me abrazara.
En el abrazo levantó un poco la cabeza y veo a Mulán, parece deprimida, y mi sonrisa desaparece.
—¿Mulán, que pasa? —pregunté.
Mérida se apartó para colocarse a mi lado y en el de nuestra otra amiga, con la intención de poder ver a Mulán. Mulán no levantó la cabeza, lo que nos preocupó e hizo que nos mirásemos.
-¿A caso... no ingresaste a ninguna de las dos Universidades?- Kida se atrevió a preguntar, no muy segura.
Mulán negó con la cabeza y nos miró.
—Me aceptaron en ambas.
Las tres nos quedamos sorprendidas, en parte estábamos felices pero no podíamos demostrarlo con Mulán en ese estado. Estábamos seguras de que iba a quedar en cualquiera Universidad donde se postulara, sabiendo que era una mente brillante. Pero eso no es lo que parece preocuparle.
—Una carta llegó hace tres días y la otra ayer, mis padres no están enterados porque vi las cartas antes que ellos y no sé qué voy a hacer. Oh bueno... si sé lo que quiero. Quiero hacer deportes, es lo que me gusta. No me interesa ser contadora, abogada o doctora. Algún día me gustaría ser entrenadora profesional de algún deporte, tal vez de atletismo —se encogió de hombros, cruzó sus brazos—. No tengo idea de cómo se los voy a decir.
Soy la menos indicada para dar un concejo en esto. Mis papas no insistieron, pero estoy segura de que todavía quieren una respuesta acerca de lo que me pasa y tampoco tengo idea de cómo voy a decirlo.
—Bueno —como de costumbre, la primera en intentar dar una respuesta es Mérida—, al menos piensa que ya te aceptaron, lo que es bueno —colocó su mano en el hombro de Mulán y nos miró a todas—. Si necesitas ayuda podemos estar contigo cuando quieras decírselos, tal vez si le decimos lo buena que eres en los deportes logramos convencerlos.
Mulán suspiró.
—Sí, quizás eso sea de ayuda pero... no estoy segura de hacerlo ahora.
—No digo que sea ahora pero piensa que tendrás que hacerlo antes de la graduación. Y hablando de la graduación... aún no tengo pareja para el baile —recordó de repente, acomodando su mano en su cadera.
"Oh no, por favor díganme que no empezaran con esa ridiculez del baile".
—Somos dos —dijo Kida levantado la mano con orgullo.
—Tres —agregué.
—Vamos, no se pongan así, aún tienen tiempo para conseguir pareja —dijo Mulán para animarnos—. Estoy segura de que encontrarán a la persona indicada antes de que sea tarde.
—Sí, y el que quiero que sea mi pareja está tan cerca de mí —Kida tenía razón. Literalmente, Milo estaba a unos pocos metros de nosotras, guardando los útiles que sacaba del casillero en la mochila.
—¿Por qué no vas y se lo pides? —sugirió Mérida.
Kida, que perdió su vista en el chico que le gustaba, se sobresaltó por el comentario.
—¿Estás loca?
—O lo haces tú, o vas sola —contestó Mérida—. El chico es demasiado tímido para pedírtelo y hasta a veces creo que tiene miedo de su propia sombra.
Sonaba exagerado pero creo que Mérida tiene razón, Milo es demasiado tímido para pedirle a Kida que salga al baile con él. A mí me parece que es la única chica que le importa y tal vez no quiera lastimarla o hacer algo que la moleste.
—Ve y pídeselo —insistió Mérida.
Colocó su mano detrás de la espalda de Kida y le dio un empujón hacia delante. Kida nos miró y tomando un profundo suspiro se dirigió hacia Milo. La admiro, si fuera ella no sería tan valiente.
Kida saludó a Milo con una sonrisa. Los dos ríen y creo que hablan otra cosa que no es el baile. Vemos a kida bajar la cabeza, pasándose la mano por el brazo, y vuelve a levantarla para decir algo. Milo se sorprende y le responde tranquilamente. Al final se despide de Kida y ella vuelve hacia nosotros con una amplia sonrisa.
—¡¿Lo invitaste?! —preguntó Mulán sorprendida y feliz.
La sonrisa de Kida desapareció y se dio la cabeza contra su casillero.
—Auuuhh... —murmuré.
—¿Qué pasó? —quiso saber Mérida extrañada.
Kida miró hacia el suelo, manteniendo la frente apoyada contra el casillero.
—Estaba por pedírselo, pero en vez de eso le dije si no podía prestarme un lápiz cuando entremos a clases.
Mérida y Mulán intentaron reprimir una risa, pero no lo consiguieron. Yo por otra parte la compadecía, me habría sucedido lo mismo.
—Bueno, mejor nos apuramos a entrar al salón, así consigues ese lápiz enseguida —bromeó Mulán tomándola del brazo—. Nos vemos chicas —nos saludó.
Mérida y yo las saludamos con la mano.
—Oye quiero preguntarte algo —me volteé a mirarla.
—Dime.
—Estaba pensando en... si, por si acaso no llegamos a conseguir pareja para el baile creí... que tal vez... —no pude terminar la frase.
Sus labios se curvaron en una sonrisa divertida y se cruzó de brazos.
—¿Elsa Cold, está intentando invitarme al baile de graduación?
—¿Estas intentando imitar a Dustin Hoffman en la película The Graduate?
Mérida resopló, frustrada.
—Pff ¿Cómo lo supiste?
—Lo deduje por tu tono de voz y por tu forma de expresarte.
—Que aguafiestas.
—¿Vendrías conmigo en caso de que no consigamos pareja, o no?
—Claro —se encogió levemente de hombros—, además habrá muchos que irán con un grupo de amigos y creo que será divertido.
Negué con la cabeza, sonriendo. No duró mucho, dejé de hacerlo en cuanto vi a Anna y a Kristoff besándose, él estaba a punto de entrar al salón. Mérida no volteó, pero se dio cuenta de lo que me pasaba y me dio un golpe en el brazo de manera amistosa.
—Mejor vamos a clases y hablamos de lo que podemos llegar a hacer en el baile.
Me vi obligada a sonreír de vuelta. Acomodé la mochila en mi hombro y fuimos al salón.
Cuando llegué casa, cerré la puerta y en cuanto me giré vi a mis padres mirándome con seriedad, de brazos cruzados. Me quedé inmóvil, asustada por lo que pasaba. Lo único que se movió fue la mochila que cayó de mi hombro hacia el brazo.
—¿Sucede algo?- pregunté con un poco de miedo.
—Tenemos algo serio de que hablar —respondió mi padre, molesto.
Ahora si estaba aterrada ¿Qué hice?...lo único que se me ocurrió fue que se hayan dado cuenta de mis sentimientos por Anna o algo acerca de la pelea con Helga. Tal vez la madre de Anna se enteró de lo que pasó y dijo algo y ahora estoy en problemas.
—¿A-acerca de qué?
Los dos se me acercaron, de forma intimidante.
—Jovencita... —mi papa no terminó la frase y estalló en carcajada, lo que me dejó perpleja.
—Oooh, ya arruinaste la broma —le regañó mi madre dándole un pequeño golpe en el brazo con el torso de la mano.
—Lo siento —se disculpó todavía riendo—, es que no pude evitarlo con la cara que puso.
—¿Podrían decirme que está sucediendo? —pedí, confundida.
Intercambiaron una mirada, asintiendo con la cabeza. Mi papa sacó algo que estaba en el bolsillo de su pantalón, se trataba de un sobre blanco. Extendió su mano para entregármelo.
Adiviné de que se trataba, mis ojos se abrieron de la impresión al reconocer el sello de Universidad. Tardé mucho en conseguir el coraje suficiente para tomarlo.
—No te quedes solo mirándolo, ábrelo de una vez —mi madre estaba más desesperada que yo.
Acepté el sobre y lo miré de un lado y del otro. En la parte frontal estaba mis datos personales con una estampilla y en la parte dorsal solo estaba el escudo de la Universidad de la ciudad de Arendelle. Si decía lo que quería, este sería mi pasaje para salir de este pueblo e ir a la gran ciudad. Coloqué mis dedos en el logo de la universidad que mantenía el sobre cerrado, pero no conseguí abrirlo, ya que mi madre me interrumpe.
—Cariño, no importa lo que suceda. Tu padre y yo te apoyaremos en todo lo que podamos.
Asentí con la cabeza y vuelvo a mirar el sobre. Lo abrí y saqué la carta que hay dentro, desdoblándola, y me pongo a leer lo que dice.
Termino aquí el capítulo, los espero en el siguiente.
Gracias por sus comentarios como siempre. Sigan haciéndolo.
Saludos :)
