Los personajes no me pertenecen

Si, si, vieron bien, es el capitulo 16


-Noventa y ocho, noventa y nueve y cien- Anna se puso de pie para aplaudirme mientras yo acomodaba el balón en el suelo.

La miré sonriente, caminando hacia ella y pateando el balón.

-¿Te has dado cuenta de que cada vez te salen más seguido?...Si sigues así romperás un récord.

-Será mejor que comience enseguida, entonces- elevé la pelota una vez más para seguir jugando con las piernas.

Anna cerró los ojos, soltando una risa.

Suspiré, apartando ese recuerdo de mi cabeza. Luego aparté mi brazo que tapaba mi vista para ver hacia el techo.

Ha pasado una semana desde que salí del hospital y en todo ese tiempo permanecí encerrada en mi habitación, sola, escuchando música como lo estoy haciendo ahora. Tampoco he pronunciado una palabra desde entonces. No sé por qué, las frases simplemente no salen de mi boca.

Mis padres están preocupados pero no quieren presionarme. Ellos entran y salen para darme de comer o para ver si necesito algo. Mi habitación esta oscura y desordenada, pero eso ya es algo habitual.

Me estremezco un poco por escuchar la puerta de mi cuarto abrirse.

-Vengo del mundo exterior a salvarte de esta cueva a la que te has encerrado por ti sola, no temas amiga.

Merida fue hasta las cortinas de mi balcón y las abrió, dejando entrar la luz del sol. Eso me incomodó y escondí mi rostro debajo de la almohada. Sentí el peso de su pierna contra el colcho, en la punta de mi cama.

-Vamos ¿Hasta cuando piensas estar así?

Mi respuesta fue un quejido.

Merida apartó las sabanas de mi cuerpo y también arrojó mi almohada, dejando al descubierto mi sucio piyama, mi pierna enyesada, mi cabello descuidado atado a mi trenza y mi rostro de moribunda.

-Lo siento pero tú me obligaste hacer esto- se defendió con tono serio y de brazos cruzados.

Quité mis auriculares y me incliné un poco hacia adelante, manteniendo mis codos apoyados sobre el colchón.

-¿Qué es lo que quieres?- se sintió raro volver a hablar, pero no lo demostré.

-¡Ayudarte!... ¿Que no te das cuenta?

-¿Y por qué?...

Nunca, en todo el tiempo que nos conocemos, pensé en ver a Merida golpear a alguien, y mucho menos a mí. La cachetada fue tan fuerte que me dejó marca y quedé en shock, sin saber que decir o cómo reaccionar.

-Porque eres mi mejor amiga, y me preocupo por ti.

No dije nada, solo vi cuando ella se sentó en la cama y sus brazos me rodearon para acercarme a su cuerpo, permitiéndome apoyar mi cabeza a un costado de su hombro. Las lágrimas caían de mis ojos de forma inconsciente, sin saber bien el motivo por el que lo hacían.

-Deja de encerrarte, si sabes que me tienes para darte una mano no sufras tu sola.

Mi llanto se intensifico, al mismo tiempo que mis manos se aferraron a su remera.


Merida se tomó la molestia de hacer dos tazas de té una vez que me ayudó a salir de mi habitación y a bajar las escaleras. Como ya había venido cientos de veces ya era como parte de la familia, no era necesario que me pidiera permiso para buscar lo que necesitaba y hacer este tipo de cosas.

Dejo una taza de té sobre la mesa. Yo dirigí mi vista hacia el objeto, con los ojos apagados, mientras ella tomaba asiento en frente de mí y bebía de su taza. Mis padres no estaban, habrán salido para dejarnos solas y no molestar. Ya lo han hecho en otras ocasiones, incluso con Anna.

Escuché la taza apoyarse contra la mesa.

-Hice eso para que lo bebieras ¿Sabias?

-No tengo sed-respondí sin levantar la cabeza.

Merida suspiró antes de contestar.

-Elsa, por favor, sé que te sientes mal pero...No hay motivo para ponerse así.

Entrecerré los ojos y tardé en contestar, lo cual estaba incomodando a Merida.

-Sé que no debería estarlo pero...es que...ese partido era muy importante para mí- otro silencio se hizo después de eso-. Todos los partidos son importantes, en la cancha es en el único lugar donde no me siento invisible. Sé que digo que no me importa lo que piensen los demás de mí y que la mayoría de las veces prefiero estar sola, pero se siente bien saber que de vez en cuando la gente cuenta contigo y no eres un estorbo. Esta iba a ser la última vez que iba a sentirme así y quería disfrutarlo, por eso me esforcé al máximo en los entrenamientos.

Merida parecía meditar lo que le decía, creo que una parte de ella sabía que me sentía así en cada partido. No me di cuenta del momento en que se acomodó en la silla que estaba a un lado de la mía. Levantó mi cabeza para que mirara a su dirección.

-Mira, cambia de actitud ahora mismo. Hay algo que tienes que saber.

La forma en que me habló, llamó mi atención. Me puse firme al igual que ella.

-Eres importante para el equipo, Elsa. Demasiado diría yo- colocó una mano detrás de su cabeza y desvió la mirada- Para ellas eres esencial en cada partido y saben que estamos en la final gracias a ti...

Noté que Mérida no me decía eso para alentarme.

-¿Merida, a donde quieres llegar?

-Bueno, digamos que nadie sabe muy bien como fue el tema de tu accidente, solo que estabas con Anna. Algunos chicos las vieron desde los balcones de la casa y no vieron con exactitud lo que ocurrió, lo que ocasionó rumores. No voy a decirte todos porque no recuerdo muy bien como son y tampoco les di demasiada importancia porque sé que no son ciertos, y me encargué de decírselos a casi todos pero nadie escuchó, y de todos los rumores el que más se destaca es el de que Anna te empujó a la calle porque te estaba molestando.

No es de sorprenderse, se sabe que soy uno de los fracasados de la escuela, el objetivo de burla de muchas personas, y Anna está en el rango de los más sociables y más conocidos. La mayoría de ese rango suelen molestar a gente como yo y por eso deben pensar ese rumor. A muchos les debe parecer terrible así como les debe importar un bledo, pero a gente como mis compañeras de equipo...

-Todas, incluso Mulan y Kida, le han estado haciendo la vida imposible toda la semana-concluyó Med.

-¿Y no las has detenido?- pregunté con preocupación.

-Te acabo de decir que nadie quiere escucharme- respondió casi con ofensa.

Me sonroje avergonzada y sacudí la cabeza para luego mirar hacia otro lado. Anna es incapaz de hacer algo así, se notaba a simple vista. La gente debería darse cuenta. Si me lo pongo a pensar mejor, al tener ese aspecto de niña buena, es difícil sospechar de ella y los compañeros de nuestra escuela, sobre todo las que practican conmigo, creen que Anna los puede tomar como idiotas.

Kida y Mulan... ellas deben estar convencidas de que Anna ocasionó mi accidente. Yo no he sido capaz de responder sus mensajes o sus llamadas, las mantuve desinformadas en todo este tiempo. Deben sentirse tan mal que descargan su furia en Anna. Cuando estuve en el hospital solo dejé que mis padres, aparte del Sr. Fa Zhou, entraran a mi cuarto. Las únicas noticias que tenían sobre mí la conseguían de ellos.

-Elsa, regresa a la escuela mañana. Sé que quieres alejarte de Anna pero no merece sufrir por algo que no hizo.

Lo sé, y no necesitaba que me lo dijera. De haberlo sabido antes habría parado esto.

-Tranquila, arreglaré esto. Además, si sigo faltando a clases solo lograré perjudicarme.

-Así se habla amiga- sonrió con orgullo.


Al otro día mi padre me llevó a la escuela. No suele hacerlo porque llega tarde al trabajo pero le explicó a su jefe mi condición y se lo permitió por unos días.

El viaje en el auto fue silencioso. Normalmente él pone música pero evitó hacerlo esta vez. No es que yo no quisiere hablar, no sabía que decirle. Mi mente estaba más ocupada en saber que iba a pasar cuando llegara a la escuela. No hemos hablado mucho desde ayer, solo unas pocas palabras acerca de volver a la escuela, si estaba bien o si necesitaba algo. Lo mismo con mi mama.

Papa estacionó el auto en la puerta de la escuela y esperé a que me ayudara a salir , pero tardó un buen rato en hacerlo. Lo miré expectativa, él estaba pensante con la vista dirigida hacia al frente. Se aclaró la garganta luego de unos segundos.

-Espero que tengas un buen día.

No supe que decir, el comentario me tomó por sorpresa.

-Gracias.

Me sonrió ampliamente.

-Oye, estaba pensando...-sonaba nervioso- Cuando venga por ti ¿quieres ir por un helado? Recuerdo que a ti gustaba hacer eso.

-Sí, cuando tenía diez años.

Mi padre tosió nervioso y miró al frente otra vez, avergonzado.

"Él intenta acercarse a ti, tarada."

Rápidamente me di un golpe en la frente con la mano sin que se diera cuenta.

-Eeh...creo que un helado después de la escuela estará bien.

Volvió su vista hacia mí, agradecido.

-¿De verdad?

-Si- asentí con la cabeza.

-Bueno, estaré por ti a la salida- desabrochó su cinturón de seguridad y yo hice lo mismo-. Si te sientes mal o quieres volver a casa, llámame.

Le sonreí. Estaba segura de que no quería que perdiera más clases, hacia eso para tratar de que me sintiera mejor.

-Está bien, papa, pero creo que no será necesario.

Asintió con la cabeza antes de salir del auto, caminó hacia la puerta de atrás para sacar mis muletas y después abrió la puerta que daba a mi asiento. Me entregó las muletas y luego me ayudó a levantarme. Merida estaba sentada en los escalones de la escuela y se puso de pie al verme. Varios chicos que ingresaban a la escuela y otros que estaban conversando en la entrada clavaron su vista en mí con asombro y curiosidad. Evité mirarlos y esperé a que Merida se acercara a mí. Las dos nos despedimos de mi padre y caminé con ella a la entrada.

-¿Cómo lo llevas hasta ahora?- preguntó.

-Bien, aunque tanta gente observándome me pone de mal humor.

-Siempre estás de mal humor- me recordó soltando una carcajada.

-Pero esta vez tengo un buen motivo para estarlo.

Volvió a soltar otra carcajada. Caminamos hasta mi casillero, tratando de evitar todas la miradas y murmullos de las personas que me pasaban por al lado, donde Mulan y Kida me estaban esperando. Apenas me vieron, una mirada de alivio y felicidad se aparecieron en sus rostros.

-Hola chicas- saludé una vez que llegué.

Su respuesta fue abrazarme, lo que me hizo sonrojar. Nunca me habían abrazado de ese modo. Unos minutos después se separaron para verme.

-Nos alegra verte, amiga- dijo Kida.

-También me alegra verlas, muchachas.

Su preocupación era bastante grande. Tomaron mi mochila, sin pedírmela, abrieron mi casillero y colocaron las cosas que necesitaba adentro, Mulan se ofreció llevarla. Intenté decirles que nada de eso era necesario pero me obligaron a cerrar la boca. No voy a ponerme a discutir con ellas por eso, así que dejé que hicieran lo que quisieran. Los buenos momentos no duran para siempre, y en mi caso duró cinco minutos.

Iba distraída hablando con Merida y las demás y cuando doblé hacia una esquina del pasillo choqué bruscamente con una persona y caigo al suelo, perdiendo mis muletas. Levanté la vista y me sonrojé, también me preocupé, sintiéndome culpable. Anna había tropezado conmigo y creo que no se había dado cuenta. Ella cayó sentada en el suelo, sacudió lentamente la cabeza con la mano en la frente, su mochila colgaba en el hombro. Una expresión de horror se cruzó por su rostro tan pronto me vio. Se puso de pie al mismo tiempo que Mulan y Kida me ayudaban a levantarme, sosteniéndome de los hombros, mientras Merida recogía mis muletas.

Mulan le dedicó a Anna una mirada de fastidio.

-¿Por qué no te fijas por dónde vas?- gruñó, haciendo que ella se sintiera intimidada.

-¿Siempre estás causando problemas, verdad?- preguntó con desdén Kida.

No. No. No fue su culpa, fue mía, yo iba distraída.

-Chicas...-intenté frenarlas pero alguien me interrumpió.

-¿Otra vez causando problemas, niña?

Si hay una persona con un temperamento peor que el mío, esa de seguro es Megara. No somos amigas, creo que solo habremos intercambiado unas pocas palabras en el entrenamiento y nos saludamos, pero tampoco me cae mal y, de hecho, creo que es una de las pocas personas en la escuela que me cae bien. Lo que sé muy bien de ella, y todo el mundo lo sabe, es que es mejor no estar a cerca cuando se enoja.

Meg acorraló a Anna contra la pared.

-¿Que has hecho ahora?... ¿Que no te quedó claro lo que te dijimos la última vez?

No quiero ni pensar en que es lo que le dijeron y en la forma en que lo hicieron

-¡Ya basta!- dije.

Anna me miró sorprendida y Meg con fastidio. Noté también como Kida y Mulan intercambiaban miradas.

-Ya es suficiente, el auto iba hacia ella pero la empujé antes de que lo hiciera y terminé lastimada. Ella no hizo nada malo- bueno, no fue así exactamente pero tampoco podía decirles lo otro porque seguirían diciendo que la culpa estuvo en Anna.

Meg no era tan tonta como para creerse eso y, por su mirada, no quedó muy convencida de lo que dije.

-¿Estaba ebria?- preguntó.

-No- mentí.

-Si- respondió Anna casi avergonzada.

La miré con preocupación y tristeza ¿por qué hacía eso? Debería darse cuenta de que quiero que la dejen en paz. Quería buscar una respuesta con su mirada pero evitaba que lo hiciera permaneciendo con la cabeza agachada.

-Ya deja de defenderla, aunque no haya sido como dicen que pasó sigue siendo responsable del accidente y todo por lo que hemos trabajado los últimos días en el entrenamiento se fue por la basura.

-Meg, entiendo tus razones para estar enojada pero las cosas se dieron así- suspiré, porque recordé como había reaccionado cuando vi a Anna en el hospital-. Escucha, ella ya sufrió mucho los últimos días y sobre todo cuando intentó disculparse conmigo por lo que hizo- todas, excepto Merida, me miraron sorprendidas-. Terminen con esto, no vale la pena.

Megara fue la única que no cambió su expresión de enojo.

-Aún así, por culpa de ella necesitamos encontrar a alguien lo suficientemente capaz de ocupar tu lugar y ninguna de las suplentes tiene la habilidad necesaria para hacerlo.

-Después de mí, tú y Merida son las mejores, cualquiera de las dos puede ocupar mi puesto.

-¿Si, pero quienes ocupan nuestros lugares? Ninguna sabe seguir nuestro ritmo de juego.

Es verdad, nosotras tres teníamos una coordinación ya armada y la usábamos en todos los partidos y ningunas de las suplentes podía con eso. Una idea, como si un foco se me hubiera encendido de repente, se cruzó por mi cabeza. Es una locura, la más grande que he tenido en toda mi vida.

-Anna puede hacerlo- dije.

Las impacté a todas, Anna incluso levantó la cabeza.

-¡¿Acaso también perdiste la cordura en el accidente?!...

Es posible.

-No, yo... Anna es mi vecina y de niñas solía practicar conmigo.

-Elsa- Mulan interrumpió a Meg cuando ella abrió la boca- no puedes comparar una práctica infantil con una profesional.

-Ya sé, pero también sé que Anna tiene la destreza y la habilidad. Falta una semana para el partido, si se pone en forma en los entrenamientos sé que lo conseguiremos.

Mis compañeras se miraron por un largo rato, reflexionando lo que dije.

-¿Que dices capitana?- preguntó Kida, pero no me lo preguntaba a mi sino a Mulan. Como yo no podía jugar, ella estaba al mando.

Era la primera vez que Mulan me miraba con tanta seriedad, era como decirme que confiaba en mí pero no estaba convencida.

-Quiero verla en el campo esta tarde, si logra pasar sobre todas y meterme un gol la aceptaré en el equipo y entrenará el doble toda la semana. ¿Están de acuerdo?- la pregunta fue para todas pero aún seguía mirándome con la misma expresión.

-Si- respondieron.

Suena duro pero es lo justo.

-Pero yo no- se escuchó decir a Anna después de todo el tiempo que permaneció muda, sonaba exasperada- ¿Que les hace pensar que voy a hacer esto?

Inmediatamente Megara la sostiene de la remera y la acercó a ella. La golpearía de no ser por las infernales muletas a las que estoy encadenada.

-Escucha, niña, es por tu culpa que nuestra mejor jugadora se rompiera la pierna. No estás en posición de elegir lo que quieres e iras a la cancha esta tarde así tenga que llevarte de una patada ¿Has entendido bien?

-Ss-si-contestó con miedo asintiendo con la cabeza.

-Eso pensé- la soltó empujándola hacia atrás y continúo su camino.

Kida fue la siguiente en mirarla y en el proceso se sonó los dedos.

-Voy a disfrutar esto.

Después le siguió Mulan, dedicándole una mirada helada.

-No llegues tarde- dijo, aunque sonó más a una amenaza.

Con eso, ella se fue, llevándose mi mochila. Se dio cuenta, me la dará una vez que entre al salón de clases.

Por ultimo le siguió Merida, quien la miraba con una sonrisa muy bien fingida.

-Considero que he sido una persona demasiado tolerante contigo el último tiempo y te aseguro que no te la haré nada fácil.

Vi enojo en Anna, estoy segura de que Merida también lo noto pero no le dio importancia. Antes de irse, Merida me dirigió su atención.

-Te veo en clases- fue una indirecta que me decía: háblale ya que la metiste en esto.

Me costaba mirarla, ella tampoco lo hacía.

-Espero que sepas el lió en el que me metiste- dijo unos minutos después.

Eso hizo que la viese pero ella no hizo lo mismo.

-Bueno, eres responsable de esto en parte- me defendí y enseguida me sentí una estúpida ¿Qué acaso no puedo medir lo que digo?

Anna suspiró y agachó la cabeza, entonces su mirada se cruzo con la mía.

-No quiero pelear ahora.

-Yo tampoco- confesé-, lo siento.

-Tienes que parar esto- medio me suplicó-. No puedo contra todo tu equipo, van a matarme.

-En realidad solo te enfrentaras a ellas.

-Igual van a matarme.

-Anna, no te digo que sea fácil, pero sé que lo conseguirás. Recuerda cuando me encontraste practicando sola en la cancha y me quitaste el balón.

-Estabas distraída.

-Pero generalmente me veo venir esas cosas, reconozco cuando alguien tiene habilidad y sé que tú la tienes.

Anna se tomó unos segundos antes de hablarme.

-Aun así, no puedo jugar. Si mi madre se entera va a matarme.

No lo había pensado hasta el momento. Me sonaría exagerado de no ser por lo que me dijo antes.

-Encontraremos la forma para que no se dé cuenta.

-Por más que pase la prueba de tus amigas, que vaya a las prácticas y que juegue sin que ella se dé cuenta, si alguien me ve y sabe quién soy me meteré en problemas. Créeme, nada pasa desapercibido para ella.

Humedecí mis labios, buscando una respuesta. Estaba más asustada que de costumbre y no tenía escapatoria, aunque logre hablar con mis compañeras no creo posible hacerla zafar de esto. Increíble, incluso cuando trato de hacer las cosas bien la meto en apuros.

-Oye, nadie va a vernos en las prácticas y no hay muchas personas en los partidos. Mulan viene de una familia igual que la tuya y lleva haciendo esto a escondidas demasiado tiempo. Si ella puede hacerlo sé que tú también lo harás.

No fue suficiente para convencerla, su familia y la de Mulan podían tener eso en común pero eran totalmente diferentes.

-Lo haré solo con una condición-dijo luego de vacilar un rato.

Algo en eso no me gusta, ya sabía lo que quería. No creo que desee otra cosa de mí.

-¿Volverás a ser la Elsa que conozco?

Eso... no es lo que me esperaba. Creí que me pediría ser su amiga otra vez.

-No te entiendo, sabes- empezó a explicarme-. Ya no sé quién eres, te veo a los ojos y siento que estás en otro mundo. Me tratas mal y te preocupas por mí... Simplemente no logro comprenderte. Solías tener un brillo en los ojos y ahora nada. Ni siquiera te he visto feliz. La Elsa que conozco, mi amiga de casi toda la vida, siempre se mostraba alegre y segura...-me miró a los ojos como si no se atreviese a decirme lo siguiente-. Quiero volver a ver a esa Elsa. Quiero que me expliques porque eres así todo el tiempo.

Está bien que me he comportado mal con ella y me puse cruel pero...¿tanto he cambiado el último tiempo?

-El problema es que... no es tan simple- ¿No puedo decir algo más inteligente?

-Tienes una semana para pensar las cosas, hasta entonces espero una explicación.

Acomodó la mochila en su hombro y se fue sin despedirse.

Realmente no creo encontrar una salida de esto.


Los dejo hasta el próximo capitulo. Tengo algo de tiempo libre ahora así que espero no tardarme tanto. Igual descuiden, les dije que la historia sigue a flote.

yara sosa: Tal vez si, tal vez no...¿quien sabe?

KarlaKym: Oooh muchas gracias n_n. Espero que pienses lo mismo de este capitulo.

analux. gutierrez: Gracias por ser mi nueva seguidora. Me esforzare por actualizar seguido y que la termines disfrutando.

rorro: Lamento la tardanza pero...mi vida es bastante agitada.

gaby247: Wiii...otra nueva lectora. Gracias por ser paciente y continuare, aunque me tarde lo haré :)

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