Los personajes no me pertenecen
Como lo prometí, les traigo el cap 17
Antes que nada, disculpen mi reacción de la otra vez. Creo que me precipite. Les prometo traer cuando pueda todos los capítulos restantes pero ya saben que puedo tardarme dependiendo de cómo me organice o de como estén mis cosas. Este es un lugar donde yo me entretengo y me divierto.
Pero enserio, si por casualidad alguno les interesa la historia y quieren adaptarla a otra fandom solo pídanme permiso y recuerden mencionar en los capítulos o en el resumen que la historia no es suya y el autor al que le pertenece. Las cosas ya se solucionaron así que pueden estar tranquilos
Era una tarde soleada con una leve ventisca fría que resultaba ser bastante refrescante. El perfecto clima para practicar, o por lo menos para mis compañeras, porque yo no podía hacerlo. Estaba sentada en un banquillo cerca de la línea que marcaba el límite de la cancha, y adelante de las gradas, viendo como entrenaban. Mérida y Meg se pasaban el balón, otras chicas también hacían lo mismo, Kida estiraba las piernas y los brazos. Mulán, por su parte, atajaba en el arco.
El entrenador Aoken sonó el silbato para darles un descanso y luego se apartó para hacer una llamada telefónica. Mérida, Mulán, Kida y Megara aprovecharon el momento para acercarse a mí, con la misma pregunta que yo tenía en la cabeza.
—¿Tu amiga terminó acobardándose? —la pregunta la hizo Meg, acomodando la mano derecha en su cadera.
—Oye, les expliqué que vendría tan pronto terminara su última clase— respondí un tanto preocupada.
Durante el horario de clase, Anna me encontró en el pasillo y aprovechó a decirme eso. Estaba tranquila, pero era ese tipo de tranquilidad que decía que en el fondo estaba aterrada.
—Seamos honestas, había muchas posibilidades de que se acobarde— comentó Kida, jugando con una pelota de futbol que subía y bajaba de su pierna.
—Heem... no estoy tan segura— Mérida señala hacia el otro lado de la cancha.
Vimos a Anna aproximarse al campo corriendo. Traía puesto su uniforme de gimnasia, ya que no tenía nuestro equipo.
Kida se encargó de darle la bienvenida, pero no una muy buena. Dejó caer la pelota al suelo y la pateó violentamente hacia ella. Anna se detuvo y, como cualquier persona normal que no está acostumbrada a algo así, utilizo sus brazos como escudo volteando la cabeza hacia un lado. La pelota la golpeó a un costado del hombro y cayó al suelo.
Meg se echó a reír. Kida también lo hizo pero dejó de hacerlo cuando Mulán le dio un golpe detrás de la cabeza.
—Ya dejen de reírse —les ordenó.
El golpe solo fue para Kida porque ella fue quien lanzó la pelota hacia Anna.
—Esto es serio y no es momento para comportarse como niñas tontas.
Al menos ella se estaba tomando las cosas con seriedad.
—Ja, por favor, solo fue una broma —salió a defenderse Meg, cruzándose de brazos.
Anna se acercó a nosotras tímidamente, masajeándose el brazo que había sido golpeado. A juzgar por su expresión, no tenía idea de que hacer y da la impresión de que no viene con un discurso preparado.
—Saben, podríamos comenzar explicándole todo al entrenador Aoken y al resto del equipo— sugerí.
Asintieron por la idea. Mulán corrió hacia el entrenador, donde también estaban los otros miembros del equipo y se detuvo a hablarles. Noté a todos sorprenderse y mientras Mulán seguía hablándoles levantaron la cabeza hacia Anna y me dieron una mirada rápida.
El entrenador se abrió paso y se aproximó hacia nosotras. Fue mi señal para tomar mis muletas y ponerme de pie, con ayuda de Mérida que me sostuvo con fuerza el brazo para que no me lastimara.
—Gracias —le sonreí.
—De nada.
—Elsa —me llamó— ¿Podrías explicarme que es lo que está sucediendo con esta jovencita?— preguntó sorprendido, mirando a Anna con algo de seriedad.
Me acerqué a Anna, empezando a explicarle lo que les dije a las chicas esa mañana. Él no pareció muy convencido una vez que terminé de contar todo.
—Elsa, aunque logre pasar la prueba no estoy completamente de acuerdo —respondió muy severamente—. Tienes compañeras en el banco de suplentes que desean jugar ese partido, no sería justo si permito esto.
—Lo sé, entrenador, y sé que todas han trabajado muy duro, pero...—me detuve para que todas me vieran— Escuchen, sé que lo importante es divertirnos y que ganar no lo es todo, pero este torneo es importante para muchas de nosotras por ser nuestro último año. Nuestra formación se rompió a causa de que no puedo jugar, y con Anna presente mi ausencia no se sentirá. Sé que podemos dar más. No haría esto de saber que no es lo correcto, por favor, confíen en mí.
El entrenador soltó un suspiro por la boca.
—Solo aceptaré si tus compañeras están de acuerdo.
—Ronda —ordenó la ahora capitana del equipo, levantando la mano con el puño cerrado, eso incluía a todo el equipo menos a Anna y a mí.
Las chicas formaron la ronda como se les pidió. El entrenador esperó a distancia por una respuesta. Anna aprovechó a dejar la botella de agua que traía consigo sobre el banquillo y luego volvió a mi dirección.
—No estoy muy segura de sí debamos continuar con esto.
—Anna, solamente aguarda un poco, Mulán está tratando de convencerlas.
Refunfuñó llevándose las manos a la altura de la cabeza y bajándolas.
—Espero en serio que cumplas con tu parte del trato.
—Yo no te prometí nada — me apresuré a decir como para salvarme, sabiendo que un color rojo se asomaba por mi cara.
Vi enfado en sus ojos y me apuntó con el dedo en señal de advertencia.
—Prométemelo ahora o renuncio, no me importa si tus compañeras me hacen la vida miserable lo que queda del resto del año, que no es mucho por cierto.
—Ya, ya, está bien, prometo explicártelo todo una vez que termine el partido.
—Eso espero.
—Entrenador—escuchamos a Mulán—, queremos que Anna haga la prueba.
—Muy bien, que así sea si todas están de acuerdo. Anna, has algo de calentamiento. Cuando termines te haremos la prueba. Mientras tanto, las demás, sigan entrenando.
—Sí, entrenador— respondieron a coro.
Y, por otro lado, yo iba a estar viendo todo hasta el final sentada en mi lugar.
Anna dio un par de vueltas a la cancha e hizo varios otros ejercicios, como abdominales, flexiones de brazos, saltos, entre otras cosas. Las del equipo le prestaban más atención a lo que ella hacía que a su práctica. Todavía tenían sus dudas con respecto al tema de dejarla en el equipo.
Poco antes de terminar, Mulán se acercó a tomar su botella de agua, pero eso lo usó como pretexto para hablar conmigo.
—Confían en ti, relájate —me hizo saber.
—¿Cómo hiciste para convencerlas?
—Diciéndoles que yo creo en ti.
Bebió de su agua y la dejó en su lugar.
Un rato después ya todo estaba listo, Anna iba a jugar contra Mérida, Meg, Kida y Mulán. Las demás jugadoras decidieron permanecer sentadas en el césped, fuera del campo, para mirar el juego. Yo estaba aterrada, me imaginé en el lugar de Anna y me daba miedo de que saliera lastimada. Por algún, motivo mi miedo se desvanece al verla con más claridad. No estaba nerviosa, tenía una mirada seria y determinada, con los puños tensos. Uno con el tiempo aprende a leer los rasgos de las personas más cercanas, incluso la de nuestros peores enemigos. Esa actitud en ella me quería decir que no estaba dispuesta a perder y no iba a dejarse intimidar tan fácilmente, aun sabiendo que sus contrincantes eran unos toros.
Anna siempre fue así, siempre mostrándose valiente y peleando por lo que quiere. El reflexionar sobre eso hizo que mis mejillas se tiñeran de color rojo... ¡¿Qué rayos?! No es momento de pensar en esto. Concéntrate Elsa.
Por suerte el silbato del entrenador hizo que volviera pronto a la realidad.
Por suerte el silbato del entrenador hizo que volviera pronto a la realidad.
Anna empezó a correr en dirección hacia la portería, llevando la pelota. No lo hacía mal, tenía una buena gambeta que le faltaba práctica, algo que es natural en cualquiera que no haya hecho esto antes. Megara le hizo frente y le arrebató la pelota, cuando Anna quiso recuperarlo se la pasó a Mérida y entonces fue tras ella. Sucedió algo típico, Megara y Mérida se pasaban la pelota de una a la otra, era forma de burla para que Anna solo corriera de una dirección a otra hasta que se cansara. Anna se dio cuenta de su estrategia así que, cuando la pelota fue dada a Mérida, hizo un amague engañoso con el cuerpo para que ella pateara y ahí lo recuperó. A partir de ahí comete su primer error. Se puso en posición de ataque y se apresuró a disparar al arco y Kida lo detuvo fácilmente con el pecho.
Aquella falta es frecuente en muchos jugadores, incluyéndome. Se debe a la tomadura de pelo que le hicieron las chicas anteriormente y porque debe querer terminar con esto pronto.
Vi a Kida reírse y le pasó la pelota a Mérida. Anna esta vez fue más ruda y estrelló su cuerpo contra ella para quitársela a toda costa. Mérida le dio una buena pelea y comenzó a molestarse. Y eso es algo muy difícil de hacer. Ya dije que Mérida es una persona paciente y se mantiene alejada de los problemas, pero todo tiene su límite y Anna lo estaba sobrepasando. Se sostuvieron de la remera para empujar a la otra y para no caerse. Parece que esto ya no era solo una prueba. Maldije a las muletas, como lo hice varias veces en el día, porque quería detenerlas. Afortunadamente, Meg se dio cuenta de lo que ocurría y las separó de forma brusca, recuperando la pelota en el proceso. Parecía enfadada, y a mí me daba curiosidad saber que les decía. Se acomodaron todas en sus posiciones y Meg, siguiendo órdenes de Mulán, le entregó la pelota a Anna.
El juego siguió bastante parejo, Anna hacia todo lo posible para llegar a la portería. Cayó muchas veces al suelo, tengo la sensación de que esta noche iba a estar muy adolorida. Cuando llegó cerca del punto penal, pateó al arco, pero Mulán lo atajó sin ningún tipo de esfuerzo. Mulán sonrió con tranquilidad y Anna quedó agitada con una expresión que quería decir que esto le resultaba imposible.
Noté que mis compañeras, sentadas el césped, murmuraban entre ellas varias cosas que observaron en el desarrollo del juego. El entrenador permanecía en silencio, con los brazos cruzados.
—Tomen un descanso de diez minutos —escuché a la arquera.
Esto era malo, si Anna no lograba anotar un gol en la siguiente ronda iba a fallar la prueba. Ella se dejó caer al suelo, soltando un pesado suspiro, llevándose una mano a la cabeza y la otra a la altura de su estómago. Las demás chicas vinieron a donde yo estaba.
—Debo ser honesta, no lo hace nada mal —admitió Kida, bebiendo de su botella de agua.
—Tal vez, pero no logrará nada si no pasa la prueba —Mulán dijo.
¿Las estoy viendo bien? ¿Las escuchó bien? Actuaban como si yo no estuviera entre ellas mientras miraban a mi amiga de la infancia recostada. Ya les agrada, eso es buena señal. Me vi obligada a sonreír.
Meg tomó la botella que era de Anna.
—Heyy, Summers —le gritó.
Anna se sentó de golpe, como si estuviera siguiendo órdenes.
—Hidrátate, o te desmallarás en lo que queda del partido.
Lanzó la botella con tanta fuerza, que Anna se apresuró a levantarse para atraparla. El impacto de la misma contra ella hizo que cayera sentada de nuevo al suelo. Eso ocasionó que se pusieran a reír como cuando Kida la golpeó con la pelota al llegar. La diferencia fue que estaba vez no lo hicieron con mala intención.
Anna no dice, ni hace, nada más que beber de la botella, estoy segura de que en el fondo se lo agradece. Debe sentirse temerosa de acercarse a mis compañeras y Meg y las demás se dan cuenta de eso.
—Saben, creo que serviría más para arquera —Meg siguió con sus burlas, pero esta vez iba dirigida a Mulán.
Eso fue bastante ofensivo para ella. Muchas veces se piensa que el arquero tiene el trabajo más aburrido y más fácil, y no, en realidad no es así. El trabajo del arquero es complicado. Siempre hay tensión cada vez que ve la pelota acercándose al arco y tiene que reaccionar rápido para atajar. A él le queda el remordimiento más que a todos los otros si el otro equipo llega anotar un gol y tiene que estar atento a cada lado de la cancha para ver por donde irá la pelota. El que Meg diga que cualquiera pueda ocupar su puesto es un insulto para Mulán.
—O mejor olvidemos el tema de la prueba y que ella tome tu puesto para que otra tome el lugar de Elsa mientras tú te quedas observando en el banquillo.
—Ya, ya —la calmó levantando y bajando sus manos— solo estoy jugando. Sabes que no lo digo en serio.
—Eso creí.
Esto. Todo esto. Tal y como lo estoy viendo, únicamente me confirma lo que ya sé. Anna les cae bien.
Minutos luego, se reincorporaron en sus posiciones. Continuaron el partido. Si bien Anna ya les caía mejor, las chicas siguieron siendo igual de rudas, pienso que hasta peor. Sí, debí decirles en el descanso que sean un poco más amables, pero ellas me habrían contestado que las del otro equipo no lo serian y harían cosas mucho peores.
Eso no impidió que Anna siguiera dando su mayor esfuerzo. Cae y se vuelve a levantar con la misma rapidez. La pelota casi entra a la portería varias veces. El problema era que se desviaba, le daba al palo, o Mulán la atajaba, o bien las otras tres la detenían antes de prepararse.
Están otra vez en sus posiciones. Anna avanza, llevando la pelota y Meg va tras ella. Anna se mueve trazando un círculo sobre el suelo y le pasa por al lado. Corre. Corre tan rápido que Meg no logra alcanzarla. Mérida se le acerca, pero Anna avanza a mayor velocidad y no logra pararla y solo consigue que sus cuerpos se rocen. Kida se desliza por el suelo, estirando su pierna con la esperanza de desviar la pelota de una patada. Lo que hace que Anna piense rápido y salte con la pelota entre sus pies. Sigue corriendo, consciente de que tiene tres jugadoras persiguiéndola.
Mis ojos se abren de par en par. Puede hacerlo. Puede hacerlo. Puede hacerlo. Me quiero parar y recuerdo que no puedo.
Mulán se prepara. Anna llega al área sin darse el tiempo necesario para acomodarse correctamente. Solo deja que la pelota avance mientras estira la pierna hacia atrás. Dos segundos después patea con toda la fuerza y adrenalina recorriéndole por el cuerpo. La arquera ni siquiera notó que la pelota pasó por al lado de la cabeza. Anotó, superó la prueba.
Escuché varios gritos de afición de todo el equipo.
Anna cayó de rodillas al suelo sin poder creer lo que acababa de suceder, recuperando el aliento. El entrenador Aoken y el equipo entero se aproximan hacia ella para felicitarla justo en ese momento.
Decidí dejar orgullo de lado y me levanté pero, como es de esperarse, la suerte no suele estar de mi lado. Kristoff apareció de la nada corriendo hacia Anna. No esperaba verlo aquí, tampoco que sabía de la prueba. Aunque debí suponerlo, después de todo es su novio. Hasta parece una indirecta de él hacia mí para decirme: aléjate de mi novia.
Estoy divagando demasiado con respecto al tema. Si hasta ahora no me metió en un contenedor de basura, no creo que algo me suceda a estas alturas y ya pasó más de un mes desde que le dije que me gusta. De todas formas, no es buena idea acercarme Anna con él a su lado.
Para mi sorpresa Anna le dice algo a Kristoff, a las demás, y viene corriendo hacia mí. Siento que mi cuerpo entra en pánico y quiero escapar pero no lo hago. Está contenta y eso me pone feliz. Sin embargo, no pasa nada de lo que yo habría esperado. Se detiene abruptamente, borrando cualquier alegría cuando ya no hay distancia entre nosotras.
Me observa sin decir nada.
Me observa sin decir nada.
—Yo... solo vengo por mi botella.
No, en realidad no vienes por tu botella.
¿Qué sentido tiene hacerle saber lo que pienso? Si tampoco soy sincera con ella.
Me hice a un lado para que pudiera pasar. Siguió mirándome, esta vez con duda. Me estaba incomodando ¿Qué quería lograr actuando de esa manera?
—Te felicito por pasar la prueba —se me ocurrió decir como para acabar con toda la tensión.
—Oohh —logró salir del trance en el que se encontraba—... gracias.
Anna fue por su botella y después... No hace falta mencionarlo, pero en fin. Después simplemente regresó con Kristoff y se marchó del campo.
Pasada la hora de la práctica, me quedé esperando a que mi padre me recogiera en los escalones de la entrada de la escuela. Salí de la cancha cuando las chicas entraron al vestuario.
—¿Quieres que te lleve?
Miré por detrás, Mérida salía de la escuela con su bolso del equipo colgando en su hombro.
—Gracias, pero mi papá viene por mí —sonreí.
—Aah, pues entonces esperaré contigo— bajó las escaleras y se sentó a mi lado.
Se nota que está agotada. El entrenamiento y la prueba de Anna debió ser demasiado para ella, pero es algo que puede manejar. No hay nada como una ducha caliente y un buen descanso en la cama para recuperarse.
Acabo de recordar que ella es la única que no me dijo nada acerca de la prueba de Anna, la aceptó sin ninguna duda. Su opinión me importa y su desacuerdo en el campo de juego me tiene intrigada.
—¿Crees que he tomado una buena decisión al decirle a todas que Anna esté en el equipo?
—Sí. No deberías preguntármelo— responde, concentrándose en limpiar con el dedo una pequeña mancha de tierra que el agua de la ducha no logró despegar de su piel.
—No lo sé, casi se matan hace rato. A veces eres impredecible ¿sabes?
Luego de quitarse la mancha, me puso más atención con tranquilidad.
—Elsa, el que tenga problemas con ella no quiere decir que no confié en ti. Sé que no pondrías en riesgo al equipo, sabía que si la habías elegido era por una buena razón. Incluso la habría aceptado sin hacerle algún tipo de prueba que lo confirme.
—Me sorprende tu confianza.
—No entiendo por qué, ya sabes como soy. Deberías preocuparte más en lo que piensa Anna.
Mi rostro debió de darle alguna señal porque se sorprende al notar algo.
—¿Qué sucedió? —preguntó.
—Nada —me costó decirle la verdad directamente—... Me hizo prometerle que le diría todo cuando pase el partido.
—¿Y lo harás? —se expresó como si no fuera algo nuevo lo de contarle a Anna mis sentimientos.
—Ya no tengo más opciones.
—Es lógico sabiendo que llevas esta carga hace bastante tiempo.
—Sí... Aunque he pensado en unirme al ejército como último recurso.
Fue una idea que se me ocurrió en clases mientras el profesor de ciencias políticas nos mostraba un documental sobre la segunda guerra mundial. Me estaba durmiendo y el pensamiento surgió como un chiste, hasta llegué a reírme. Pero la idea me carcomió tanto la cabeza que, duran un escaso lapso de tiempo, me lo creí.
—¡Elsa, por favor! —Mérida quedó horrorizada— ¡Eso suena... demencial y es de cobarde!
—No me afecta, ya más de una vez demostré lo cobarde que soy.
—A veces me pregunto si hablas en serio o solo te haces la estúpida.
Resoplé un momento.
—Claro que no es en serio, Mer. Lo hago porque estoy nerviosa.
—Al menos vele el lado positivo, te quitarás todo el peso de encima.
Es verdad, pero ¿Qué pasará cuando lo haga?
Gracias por seguir apoyándome y nos veremos en el próximo capitulo. Saludos especiales a todas :)
