Los personajes no me pertenecen

Ahora seguimos con el capitulo 18


Todo ocurrió tan rápido como una bala.

Mi mamá sacaba la comida que se quemaba del horno y mi papá discutía con uno de sus compañeros de trabajo por teléfono. Mientras tanto, en mi estado, fui a abrir la puerta donde había alguien que tocaba el timbre con insistencia.

—¡Primita!

Sin darme cualquier oportunidad de reaccionar, Olaf me abrazó con fuerza y me levantó. Mi cara expresaba más miedo que felicidad y solo pensaba en aferrarme con fuerza a las muletas de bajo de mis hombros para no perderlas.

—Aah... Olaf, no puedo respirar.

Con los músculos que tenía, su abrazo era tan fuerte como el de un oso.

Él me dejó en el suelo con cuidado y me pasó la mano por la cabeza para molestarme, sabía que odiaba eso.

Olaf es dos años más grande que yo. Es estudiante Universitario, donde sigue la carrera de contabilidad. Es amable, inteligente y bromista. No lo veo desde mi cumpleaños y no está tan diferente desde la última vez que lo vi. Su cabello es del mismo color que el mío, cortó y tiene un pequeño mechón en la punta de la cabeza, peinado hacia arriba. Es más alto que yo, y un poco más que mi papá, y su aspecto físico es similar al de Kristoff.

—¿Podrías ser menos bruto? —escuché a mi tía Ingrid regañarlo detrás de él—. ¿No te das cuenta de que está delicada?

Olaf recibe un golpe en un costado del hombro. Apenas si se quejó por eso.

A diferencia de mi madre, mi tía Íngrid tenía el cabello rubio y era bastante más alta que ella. Sus ojos azules era un rasgo que compartía con mi madre y su cabello rubio estaba atado a una cola de caballo. A veces suele llevarlo suelto.

—Toma —mi tía le arrojó las valijas que cargaban en su brazo— lleva esto adentro y avisa a tus tíos que ya estamos aquí.

—Sí, mama —obedeció un poco fastidiado mientras ella regresaba al auto.

Dejé pasar a Olaf y me quedé en la puerta esperando, sin salir de mi sorpresa.

—¿Tía Ingrid, que hacen aquí? —pregunté una vez que vino con otra valija desde el auto.

—Creo que un simple hola sería la forma más adecuada de saludar.

—Lo siento, hola. ¿Qué hacen aquí?... Pensé que no los vería hasta mi graduación.

—Cuando tu madre llama siete veces al día, diciendo lo desesperada que está porque su hija tuvo un accidente, es señal de que debo venir lo antes posible.

Tiene razón. Normalmente, una persona lo vería como la típica tía entrometida de la familia, pero no es así. Mi tía no estaría aquí si su hermana no la necesitara. Mi madre no suele decir las cosas directamente, supongo que es porque tiene miedo de molestar.

Ya sé, no hay duda de que soy su hija.

—Ven aquí y dame un abrazo —pidió.

No dudé en dárselo. Por más que no me guste esta clase de afecto, aprecio a mi tía por muchas razones. A veces siento que ella me entiende más que mi madre.

—Me da gusto verte —dije sonriendo.

—A mí también, cariño.

Se separó para rodearme la espalda con su brazo y pegarme contra su cuerpo. No quería decírmelo, pero estaba preocupada por lo que me sucedió. Si fuera por ella, habría venido antes. Aprovechamos a entrar y vimos a Olaf hablando con mis padres y había dejado las valijas en el suelo. Mis padres vieron a mi tía con la misma sorpresa que yo, aunque mi madre parecía más aliviada.

—¡Ingrid!... Oh, que... agradable sorpresa —fue todo lo que mi madre pudo decir y su voz sonaba a una mezcla de sorpresa y alivio. Eso se significa "gracias por venir a apoyarme esto."

—Bueno hermana, pensé que necesitarías mi ayuda y vine —respondió. Lo que quería decir "de nada."

Ellas dos suelen manejarse con esa clase de códigos. Con los años aprendí a descifrarlos y también mi padre. Él no está molesto con la llegada de mi tía, al contrario, sabe que si está aquí es porque la mujer que ama y respeta la necesita, y haría cualquier cosa por ella.

—Me da pena decir que la lasaña se quemó un poco —continúo diciendo mi madre, limpiándose las manos en el delantal que traía puesto.

—Tal vez podemos pedir una pizza —sugirió mi padre, encogiéndose de hombros.

—¡Suena genial para mí! —aceptó Olaf emocionado, él ama la pizza.

—Nada de eso —se apresuró a intervenir mi tía—. Una lasaña casi quemada no es nada comparado con otras cosas que he comido en el pasado. Así que si hiciste lasaña, comeremos lasaña.

Otra cosa que tiene mi tía. Si vio que mi madre se esforzó por hacer la comida, sea lo que sea, está dispuesta a comerla. No importa si destruye las ilusiones de su hijo como lo hizo en ese momento.

Una vez que los dos se instalaron, nos acomodamos en la mesa para cenar. Debo decir que la lasaña no era un manjar, pero era dentro de todo comible. Los adultos hablaban mientras Olaf me hacía algunas bromas en la mesa como pellizcarme, tocarme un costado del hombro con el dedo constantemente y jalar un mechón de mi cabello. Para que me dejara en paz, pisé con fuerza su pie con una de mis muletas, lo que casi lo dejó llorando. Me pasé un poco y tuve que disculparme. Mis padres y mi tía nunca se enteraron, claro. Esa es la forma de expresar el cariño que nos tenemos el uno al otro.

—¿Por qué Andrew no vino con ustedes? —mi madre hace la pregunta que yo vengo formulándome desde hace rato.

Mi tío Andrew. De cariño, Olaf y yo, le decimos Marshmallow. Eso se debe al pelo blanco tiene. Es así desde que tenemos uso de razón y un día, siendo niños, le dijimos que su cabello es del color del malvavisco y le quedó el apodo.

—No podíamos dejar de atender el negocio por mucho tiempo y decidió quedarse en casa para ocuparse de él. Vendrá para la graduación de Elsa.

Mis tíos tienen un mini mercado y todos sus ingresos lo consiguen de él. Si dejan de atenderlo mucho tiempo sería malo para ellos.

—Ya veo —mi madre no sonaba muy cómoda con todo esto. Distinguí sus gestos nerviosos al mirar hacia otro lado mientras jugaba con un colgante que traía puesto—... Ingrid, espero que esto no sea demasiada molestia.

—Quieres estar tranquila, si estoy aquí es porque está todo bajo control —insistió mi tía.

Si siguen así van a terminar discutiendo. Créanme, ya lo han hecho y no es para nada agradable verlas en esa circunstancia. Son hermanas después de todo.

—Y dime, Olaf ¿Qué tal te va en la Universidad?

Aparentemente, mi padre pensaba lo mismo que yo porque de lo contrario no habría hecho la pregunta.

—Excelente —contestó mi primo, que terminaba de llevarse un trozo de lasaña a la boca —, soy el mejor en todas las clases y hasta ahora mis notas más bajas son de ocho. Un profesor me dijo que si continúo así me voy a graduar rápido.

Él estudia gracias a una beca que obtuvo con sus altas notas y que debe mantener si quiere conservarla. Lo veo muy satisfecho por su desempeño y no lo culpo, ya que siempre se esfuerza al máximo para no decaer. Me siento feliz por él.

La conversación de volvió más pacifica, volviendo la cena más amena.

Después de la comida, Olaf y yo subimos a mi habitación a jugar al Mortal Kombat. Yo me senté en la cama y él en la silla de mi computadora.

No hay diferencia entre nuestro modo de jugar, él es tan bueno como yo. Teníamos la misma cantidad de vida y nos cuidamos de no ser acorralados contra la pared porque sabíamos que en ese lugar tendríamos desventaja. Como suele suceder cada vez que los dos nos enfrentamos en este juego, estamos muy tensos y conversar no es algo habitual a menos que sean frases como: te ganaré. Ya verás cómo te va. Eso estuvo cerca, entre otras cosas. Insultos, nunca. No venía con nosotros.

—¿Oye Olaf, que pasó con la chica que salías? — pregunté para que no haya tanto silencio.

No es que me interese la vida amorosa de mi primo. Es que él, al igual que yo, no es de estar saliendo con chicas. En mi caso serían chicos, pero no me siento atraída por ellos como sabrán. Cuando vino para mi cumpleaños me dijo que una muchacha se le había insinuado y desde que se conocieron estaban todo el día hablándose. Tuvieron un par de citas hasta que en uno de esos encuentros se besaron. Me sorprendí mucho en verdad. No que una chica se le acercara, Olaf tiene toda la contextura de ser un chico apuesto, y no lo digo por ser su prima. Lo que me sorprende que me lo haya contado, detalle por detalle, sin ningún problema.

Él no sabe nada de lo que me pasa y no tengo la confianza para decírselo, aunque he pensado varias veces en hacerlo.

Olaf recargó su espalda contra la silla y suspiró como si estuviera exhausto.

—Sabes, no es fácil mantener una relación.

Por lo que he visto y me han contado, sé que tiene razón.

—¿Eso quiere decir que terminaste con ella?

—No, tuvimos una discusión hace unos días. Dice que pasó más tiempo estudiando en vez de estar con ella.

Oh por favor, no puede molestarse por eso. Si fuera porque pasa tiempo con sus amigos comprendería su histeria; aunque igual lo consideraría ridículo. Pero no. Está estudiando.

—¿Y qué le dijiste?

—Que invierto mi tiempo tanto en ella como en el estudio. No voy a dejar de hacer una cosa por la otra.

—¿Y luego?

—Me respondió que no era así y le dije que no iba a seguir con una discusión tan patética y si aún quería algo conmigo que me llamara.

El personaje que manejaba en el juego golpeó al mío con la rabia que provenía del interior de Olaf. Bajó casi la mitad de la vida que tenía.

—Heii cálmate —su comportamiento me alarmó, Olaf no era un chico que se enojara con facilidad—. Es una idiota si no sabe valorar lo que haces por ella.

"Wouww Elsa ¿Y dime desde cuando eres experta en el amor si nunca lo has vivido?"

Mordí mi lengua.

—Discúlpame, es que quiero ayudarte —dije volviendo al juego para darle una paliza.

Olaf rio, lo que fue un descuido porque me dio algo de ventaja en la pelea.

—Está bien, sé que te preocupas. A propósito ¿No has conocido a alguien que llame tu atención?

Me puse roja y sentí un nudo en mi garganta. Realmente no fue prudente de mi parte sacar este tema de conversación cuando acabo de decir que no estoy lista para decir lo de Anna.

—En la fiesta donde tuve el accidente, antes de que sucediera, besé a un chico— se me ocurrió decir.

—¡¿Qué?

La temperatura de mi cuerpo empezó a subir y el joystick se me resbalaba de las manos.

—Fue un accidente, ni siquiera estaba en mis planes —expliqué de manera inmediata para salir del tema lo antes posible.

—Pausa el juego —ordenó.

—¿Qué?... No voy a hacer eso.

—Hazlo o tendré que hacerlo yo por la fuerza.

Suspiré resignada y obedecí. Dejé el control sobre la cama, a un costado de mi pierna sana.

—¿Qué es lo que quieres saber? No hay nada entre ese chico y yo.

Si somos amigos, un poco. John suele hablar muy seguido conmigo en las horas de descanso y en el almuerzo. Actuamos como si el beso nunca hubiera sucedido.

—Solo explícame como fue todo.

—No recuerdo bien, estábamos bailando y alguien me empujó cuando nos despedíamos y nos besamos. Pero fue corto y no sentí nada. Sus labios apenas tocaron los míos.

Olaf me torturó un buen rato con su silencio antes de hablar.

—Que susto —comentó aliviado—, por un minuto creí que habían sustituido a mi prima que le gustan las chicas por una que le gustan los hombres.

—¡¿QUÉ?!

La frase llegó tan rápido a mi cerebro que logró alterarme y ponerme más roja, a tal punto de parecer un tomate. La reacción de Olaf fue reírse y eso me molestó mucho.

—¿Qué te da tanta gracia? — quise saber enfadada.

—Vamos Elsa, soy tu primo y te observo muy bien. Hace tiempo me di cuenta de que te gustan las mujeres.

—No es verdad —negué profundamente, para evitar darle la razón.

Estaba siendo más infantil que de costumbre.

—Sí, lo es. Lo sé desde hace un año y medio y no he dicho ni una sola palabra.

Cerré los ojos y un aire inconsciente salió de mi boca. Era en vano seguir contradiciéndolo.

—¿Cómo te diste cuenta?

—¿Esa pregunta quiere decir que tengo razón?

—Demonios, sí. Ahora dime.

—En esa fiesta que hicieron mis vecinos. Babeabas por una chica que, luego de coquetearte, no hubo forma de separarte de ella.

—¡Yo no recuerdo nada de eso!

—Por supuesto que no, estabas tan borracha que apenas te dabas cuenta de lo que hacías— Olaf inclinó más su espalda hacia donde estaba, para tener un enfrentamiento de miradas—. Te lamió la oreja... ¡La oreja! —repitió con exasperación.

¿Por qué siempre que tomo más de lo debido me pasan estas cosas?

—Oooh vamos, no puede ser que me suceda otra vez.

—¿El qué?

Solo hasta que Olaf hizo la pregunta me di cuenta de que dije eso en voz alta.

—¿Qué pasó? —insistió.

Mejor voy al grano y no le oculto más nada.

—Salí con mis amigas una noche y estaba algo molesta. No se me ocurrió mejor remedio que cometer la tontería de embriagarme y bajo los efectos del alcohole sentí que una chica me besaba como un animal.

Olaf abrió la boca sin poder creerlo.

—¿Y luego que ocurrió?

—Nada, creo que fue todo una ilusión.

—Elsa, no estoy seguro si puedes imaginarte algo como eso.

—Pues sucedió, Mérida me dijo que estuvo observándome toda la noche.

Sabe quién es Mérida, siempre le hablo de ella y ya se conocen.

—¿Y qué te hace pensar que no fue ella?

Varias dudas y preguntas se me vinieron a la cabeza en ese momento.

—No, Olaf, es... conozco a Mérida demasiado tiempo, sé que ella no sería capaz.

—¿Cómo estás tan segura?

—Sabe demasiadas cosas de mí. Cosas que nadie sabe.

—Elsa, con eso que dices no es suficiente, tienes que ser un poco más clara.

Deslicé mis manos desde mi frente hacia atrás de mi cabeza, suspirando profundamente. Solté todo en un instante, desde el principio. Le dije que estaba enamorada de Anna desde los 15 años y que llevo ignorándola desde ese momento.

Si conoce a Mérida, también conoce a Anna, y desde pequeño. Siempre que él y mis tíos venían de visitas pasaba tiempo con nosotras. Hasta Rapunzel nos acompañaba.

Le conté que Anna hace lo posible por acercarse, sin tener resultado. Que la noche que me embriagué mis padres habían invitado a los suyos a cenar y ella se molestó conmigo porque olvidé su torneo. Le dije que al otro día, con la resaca, desperté en su habitación. Seguí hablándole de todo lo demás. De Kristoff, mi pelea con Helga, como fue el accidente y de la prueba de fútbol que tuvieron que hacerle porque sugerí que entrara en el equipo. Relaté todo tal cual había sucedido.

—Vaya, eso... es mucho más complicado que lo mío.

—No sé si es más complicado o no, a mí se me hace que cualquier relación es compleja a su estilo. Anna quiere que le diga por qué me comporto así una vez que pase el torneo y no sé cómo voy a hacerlo.

Olaf me observó unos minutos, buscando una respuesta.

—En mi experiencia, si ella no te quiere, quiere decir que hay alguien mejor para ti.

Oh si, si tan solo fuera así de fácil como sonaba. Anna es más especial que cualquier chica que me guste. Es como decirle a Romeo que supere a Julieta. Sé que suena ridículo, pero no encuentro otro modo de explicarlo.

A este punto, Olaf dedujo que ya no quería seguir hablando del tema porque pronto me pidió que continuáramos con el juego.


A veces suelo tener algunos antojos por la noche. En este caso, desperté con ganas de tomar un vaso de leche fría. Eran aproximadamente las tres de la mañana, todos en la casa dormían profundamente. Odio tener que bajar las escaleras con ayuda de alguien, sobre todo si mis padres están dormidos, pero era riesgoso con una pierna rota. Olaf duerme en la habitación de huéspedes, que está a continuación de la mía. Puedo pedirle ayuda a él.

Busqué las muletas que estaban a un lado de mi cama y avancé hacia la puerta de mi cuarto. Antes de ir hacia la habitación de Olaf, noté una luz que venía de las dos lámparas de la sala de estar. ¿Quién estaría despierto a estas horas de la noche? Pues mejor, no tendría que despertar a nadie. Pero cuando estuve por asomarme al barandal de las escaleras, escuché las voz de mi madre y la de mi tía. La primera parecía estar llorando. No estaba bien entrometerme, debería regresar a mi habitación, pero la curiosidad me ganó. Me senté sobre el suelo, apoyé mi espalda contra la pared y me quedé a escucharlas.

Desde donde estaba no podía ver que es lo que hacían y si mi intuición no me falla creo que estaban sentadas en el sillón. Traté de hacerme ideas mentales de cuáles eran sus gestos y expresiones a medida que seguía la conversación.

—No es para ponerse así, hermana. Yo también tengo problemas con Olaf — mi tía parece querer calmar a mi mamá.

—Es que ya no sé qué más hacer, Ingrid. Tengo miedo por ella. Unos días antes de que la atropellara el auto, llegó a casa toda golpeada y a punto de perder la conciencia. No sé que es lo que le sucedió, me preocupa que se esté metiendo en cosas raras.

Me di cuenta de que estaban hablando de mí.

—Si, es preocupante, pero no creo que haya que exagerar si fue solo una vez. Seguro hay una buena explicación ¿Le preguntaste a Elsa que le pasó?

—¡Por supuesto que sí!... Su padre y yo lo hicimos y nos dijo que necesitaba tiempo para contárnoslo. No sé por cuánto más tengo que fingir que nada está pasando.

—Elsa es una adolescente. A esa altura muchos chicos se comportan igual que ella —no tan igual, en mi opinión—. Tú también te comportabas así.

"Genial, me parezco a mi mamá."

—Discúlpame pero yo no te alejaba, ni ti, ni a nuestros padres.

Auch... eso dolió.

—Tal vez no de la misma forma que Elsa, pero si hacías tus cosas en privado y no querías que nadie se entrometiera.

—Es que no se trata solo de sí se aleja o no, sé perfectamente que ya no es una niña. Pero a veces me pregunto si hice algo mal o si soy demasiado exigente a la hora de educarla.

Sentí una punzada de dolor, tan fuerte que hasta me dio ganas de llorar.

—No puedo dormir bien cuando discuto fuerte con ella y tengo que bajar de la habitación para no despertar a mi esposo porque estoy llorando. Hasta suelo quedarme dormida en la mesa de la cocina sin darme cuenta.

Las imágenes donde bajo a la cocina a la mañana temprano y encuentro a mi madre dormida sobre la mesa con una taza de café en la mano, medio vacía y frío, invaden mi mente. Cuando la veo no le presto atención y no soy capaz de preguntarle si todo está bien.

—Al día siguiente de que peleamos me despierto con la esperanza de que todo va a estar bien pero, de alguna forma u otra, la situación empeora. Siento que como madre le he fallado.

Cubrí mi boca con mi mano para ahogar un gemido. ¿Cómo pude permitir que las cosas llegaran a este extremo? Es imposible dejar de repetir esa pregunta. Mi madre pensaba que tenía la culpa de lo que me sucedía.

"No, no has fallado. Tú hiciste todo bien, la responsable soy yo por nunca preguntarme como tú o papá se sentían cada vez que peleaba con ustedes. Lamento ser tan distraída. Lamento ser tan torpe. Lamento ser tan necia. La única que falló aquí fui yo."

Con mi mano libre golpeé el piso silenciosamente. Mi rostro ya era un mar de lágrimas.

—Tú no le has fallado —dice mi tía suavemente—. No existe la madre perfecta en este mundo. No es un trabajo fácil, no hay un manual que diga que tenemos que hacer. Entendemos a nuestros hijos con la experiencia y con el tiempo. Elsa tiene buenas notas, la aceptaron en una de las mejores universidades, no te llaman de su escuela diciendo que tuvo alguna pelea o que le causa problemas a los maestros. Tampoco es como si te hubieran llamado de una comisaria —no, pero casi estuve a punto de ir a una—. Necesitas tenerle un poco más de fe.

Fe. Y yo debería empezar a compensarla a ella y a mi padre por todo lo que les hice pasar, sobre todo el último tiempo.

Sequé mis lágrimas con las puntas de mis dedos, tratando de relajarme. Si me quedo a escuchar todo lo que dicen van a descubrirme porque no tendré tiempo de correr a mi cuarto cuando terminen de hablar. La situación me había sacado las ganas del vaso con leche.


Ansiaba este capitulo, sobre todo lo dos siguientes y más el capitulo 20. Me gustaría saber que piensan de él.

rorro: Puedes estar tranquila, todo esta bien :). Gracias por tu apoyo

Eri: Lamento no haberlo hecho antes pero realmente tengo que darte las gracias. Soy cociente de que me precipite un poco. Lo que menos quiero es perjudicarlos a todos ustedes. Saludos.

Sofiadaniel93: No hay problema, todo esta en orden.

yara sosa: Saco ideas de todos lados para escribir eso XD, es posible que haya sacado algo de Oliver.

Esta tipa: Jeje gracias, estaré con el siguiente capitulo ta pronto pueda n_n

kiki cai 94: Gracias por notarlo…

Moniii: Las cosas ya se han aclarado, no hay necesidad de generar tanta polémica.

Recuerden, su comentario siempre es apreciado.