Los personajes no me pertenecen
Si usted está aquí para leer el capítulo 38 pues es bienvenido.
Lo siento ocurrió un problema, por eso lo publiqué de nuevo
Encerrarme en mi cuarto siempre ha sido mi refugio contra el mundo. En un día he llorado lo de toda una vida. Estoy enojada con el hombre que causó el accidente, con la vida y conmigo misma. Pienso en la última vez que los vi, todo parecía normal y bien. Si tan solo los hubiera abrazado una última vez o si tan solo me hubiera quedado en casa y pedido que se queden conmigo. Pienso en las veces que fui grosera con ellos y en las ganas que me dan de abofetearme. Mientras mi mente siga procesando eso y siga viendo la imagen de mis padres, que temo que con el tiempo se conviertan en una nube negra, más voy a seguir llorando.
Los golpes en la puerta, que hacía rato no los escuchaba, causaron que mi cuerpo temblara. Me arden los ojos y no soy consciente de la hora que es. El estar todo este tiempo en la cama dejó todo mi cuerpo entumecido.
-¡Ya estoy cansada de decirles que me dejen sola!
Me sorprende que tenga la capacidad de hablar después de todo lo ocurrido.
Eché a todos una vez que me ayudaron a entrar al cuarto porque no tenía la capacidad de moverme por mi cuenta. Literalmente les dije a todos que se largaran y no me molesté en ser amable. No he comido, ni hablado con nadie. Me aseguré de trabar la puerta una vez que mi mente fue capaz de darse cuenta que podían entrar y le permitió a mi cuerpo moverse.
-Lárgate de aquí, Merida- ordené.
Ella y Mulan son las que más han insistido para que salga así que no me sorprendería si son ellas, creo que ni siquiera se han ido de la casa. Mi tía está preparando todo para el funeral, del cual no quiero saber nada, y por eso no está con ellas.
-No…no soy Merida- la tímida y entristecida voz del otro lado logró que levantara la cabeza de mi almohada-. Soy Kida.
Kida estaba aquí ¿pero cómo? Ella debería estar en la Universidad por su sesión de verano.
-Lamento llegar tarde amiga- Kida continuó-. Tuve que arreglar un montón de cosas para que me permitieran venir pero… bueno, al final estoy aquí y creo que la intención es lo que cuenta- rió de manera forzada y por más que no pude verlas presentí que se estaba mordiendo el labio.
De alguna manera sus palabras lograron que me pusiera de pie y aunque mis piernas tenían poca estabilidad conseguí caminar hacia la puerta.
-Escucha yo…yo sé muy bien por lo que estás pasando, a pesar de que las situaciones son diferentes- su voz se quebró-. Pasé por lo mismo cuando perdí a mi mama- se detuvo para mantener su voz firme- . Después de eso todo se volvió gris. Lloraba porque la extrañaba, porque no sabía cómo iba a ser capaz de vivir sin ella y porque estaba enojada con la vida porque me la había quitado. Todo el mundo me decía que iba a estar bien, que ella se encontraba en un lugar mejor y me estaría cuidando. Pero eso solo aumentaba mi enfado porque yo la quería conmigo, por más egoísta que suene.
Salí del cuarto y abracé a Kida con todas mis fuerzas, sin ponerme analizar todo lo que ocurría a mi alrededor.
-¿Aun puedes recordarla?- la pregunta había sido capaz de confesarle mi peor temor.
Sentí su débil sonrisa contra mi hombro. Sus brazos se enredaron en mi espalda.
-Las fotos siempre me permitieron tener su imagen presente.
No quise apartarme y ella tampoco lo hizo.
-Mi mama solía usar el mismo perfume todos los días. Era un olor cítrico y fuerte, adictivo. Cuando ya no estaba con nosotros pasaba horas encerrada en su armario para sentir esa exquisita fragancia que aun seguía en la ropa, de esa manera la imaginaba a mi lado. Ahora es el perfume que uso todos los días y siento que la llevo conmigo, no me importa si Mulan piensa que es de vieja.
Internamente me reí por el comentario, pero no dejé que lo supiera porque no lo consideraba un buen momento. Se separó de mí y pude ver la angustia reflejada en su rostro y me parece que en parte se debía a la tristeza que tenía el mío.
-¿El dolor desaparece?
Kida suspiró ante la pregunta.
-Es una herida muy grande- admitió- y probablemente la tuya sea inmensa porque no solo perdiste a tu madre, también a tu padre. El dolor puede durar días, meses, algunas veces es más fuerte que otras, pero con el tiempo se cicatriza y encuentras maneras de seguir adelante aunque cuesta. Si quieres mi concejo, encerrarte y llorar solo empeorará todo.
Seguí la vista de Kida hacia un costado del pasillo. A unos pocos pasos de donde estábamos, vimos a Merida y Mulan, que tenían sus brazos entrelazados y habían estado llorando. Las dos se acercaron cuando notaron que no iba a encerrarme de nuevo.
-No me opondré si nos alejas- dijo Merida- pero al menos no lo hagas con tu tía.
Nuevamente me siento la idiota más grande del universo. Los preparativos del funeral y saber que no quiero salir de mi cuarto la deben tener completamente angustiada.
-No quiero…no quiero que se vayan- respondí-. Por favor, quédense conmigo.
-Lo haremos- aceptó Merida por todas-. Solo vamos a pedirte que cooperes con nosotras, y lo que tienes que hacer es ducharte, comer algo y cambiar ese sucio piyama de una maldita vez- lo último lo dijo casi en tono de orden.
Acepté sin rechistar, sobre todo porque no tenía ni ganas ni fuerza para discutirle.
…
Al otro día era el funeral de mis padres. Había dormido solo cuatro horas, demasiado considerando que no pegué un ojo desde su fallecimiento, y mis tres amigas no se habían separado ni un segundo de mi lado, también Olaf. Me disculpé con mis tíos por la angustia que les hice pasar al encerrarme para ignorarlos. No se enfadaron, de hecho se alegraron de que diera señales de vida. Hablamos muy poco, los dos me dieron mi espacio para no agobiarme y yo se los agradecía porque no estaba lista para expresar como me sentía.
Les dije que al final iba a ir al funeral. Después de todo ¿Qué clase de hija sería si no lo hiciera?
Mi tía me comentó que iban a dar una misa en su honor. Ella, mi tío y algunos amigos de mis padres iban a dedicar unas palabras y que no era necesario que yo lo hiciera si no estaba lista. Con mi sola presencia era suficiente. No dije ni que si ni que no. Pero por algún extraño motivo, esa mañana, me había despertado con la intención de decir unas palabras y estaba firme con mi decisión. Ni siquiera lo estoy pensado o dudando, simplemente es algo que quiero hacer.
Miraba el reflejo de mi cuerpo en el espejo delante de mí para ver cómo me quedaba el vestido negro que tenía puesto. Me llagaba hasta antes de aproximarse a las rodillas y tenía solo un poco de escote, con tirantes. Mi cabello atado a la trenza de siempre.
Unos toques en el marco de la puerta hicieron que despegara la vista del espejo. Olaf estaba observándome desde el pasillo, vistiendo con un traje de color negro.
-Perdona la interrupción, venía a decirte que ya estamos listos. Salimos en cinco minutos- me informó.
Su voz no sonaba igual que otras veces, siempre estaba llena de ánimo y alegría. Esta vez estaba apagada y sería. Me disgustaba.
-De acuerdo, enseguida voy- contesté, dando una mirada rápida al espejo para peinar mi flequillo-. ¡Olaf!- lo llamé antes de que se marchara.
Él se volteó preocupado para saber que pasaba y lo abracé. Fue un abrazo largo, pasó su mano por mi espalda como si estuviera protegiéndome.
-Te quiero mucho- susurré con la cabeza apoyada en su pecho.
-Y yo a ti.
Nos quedamos abrazados los cinco minutos que tenía para bajar. Él siempre decía que sus abrazos lo curaban todo y yo nunca le creía, sin embargo, está vez me hizo muy bien.
Mis amigas y mis tíos nos esperaban en la sala, todos vestían de negro. Tía Ingrid rodeó con el brazo mis hombros, apegándome a ella, mientras los demás salían de la casa. Nosotras íbamos a un paso lento.
-Voy a hablar en la Iglesia- le avisé tomando su mano que colgaba en mi hombro.
No fue necesario que respondiera. Creo que en el fondo ella sabía que yo iba hacerlo.
Fui en el auto de mis tíos con mi primo y mis amigas fueron en el de Merida. En la iglesia había unas cuantas personas, pero no llegaba a multitud. Mejor para mí, porque apenas conozco a los que asistieron y otros son como desconocidos, o no sé su nombre. Algunos eran parientes lejanos de mi padre y de mi madre, que vivían en otra ciudad y habían venido para el funeral, ni siquiera recuerdo si se comunicaban entre ellos, incluso mi tía pensaba lo mismo. También había algunos amigos de mis padres y además estaban los padres de mis amigas para brindar sus condolencias.
Vi al Sr. Fa Zhou saludar inmediatamente a mi tía con tristeza. Se siente responsable por lo de mi madre pero yo no lo culpo. Él hizo todo lo que pudo. Un médico, por más brillante que sea y más experiencia que tenga, no realiza milagros.
La iglesia era mediana, las paredes de los costados tenían tres ventanales con vidrios de colores que formaban dibujos bíblicos y había uno en la pared del centro en forma de círculo del mismo estilo. Unas flores violetas y blancas adornaban el altar y debajo de él estaban los dos ataúdes con coronas de flores que compraron algunos presentes. Pedí por favor que los cajones estuvieran cerrados. No podía ser capaz de mirar los dos cuerpos sin vida de quienes me criaron, terminaría por destruirme.
Nos sentamos en el primer asiento, mis tíos, Olaf, mis amigas y yo. Merida se sentó junto a mí permitiendo que mi cabeza descansara en su hombro con los brazos entrelazados. Del otro lado estaba mi tía sosteniéndome la mano con fuerza.
Durante la misa solo unas pocas personas pasaron a hablar además de mi tía, eso era bueno porque esto sería más eterno de lo que ya parecía. El último en subir fue mi tío quien dio un discurso bastante animado para romper con ese ambiente tan triste, que logró arrebatarme algo que pareció a una pequeña sonrisa.
Muchos no lo sabían, pero la verdadera razón por la que mis padres se conocieran es gracias a mis tíos. Mi padre y mi tío eran grandes amigos en la universidad, cuando mi tío se puso de novio con mi tía mi papa conoció a mi mama. Según me dijeron, a pesar de mostrar una fachada de niño rudo, él era muy tímido y no se atrevía hablarle. Mi tío entonces le dijo a mi padre de ir a ver una película y en secreto llevó a mi tía, quien sabia del asunto, que fue con mi madre. Desde ese momento los dos fueron inseparables.
Mi tío se había inspirado demasiado en lo que decía y mi tía tuvo que hacerle seña para que se detuviera porque estaba hablando más de lo necesario y yo todavía no pasé al frente. Tio Andrew finalizó su discurso para darle lugar al sacerdote y este inclinó su cabeza como agradecimiento.
-Ahora, por favor recibamos a la hija de estas dos almas que se encuentran en el cielo, quien nos va a compartir unas palabras.
Suspiré profundamente antes de ponerme de pie. Subí al podio, sin miedo, y el sacerdote inclinó su cabeza, como hizo con mi tío antes, que correspondí de la misma forma, concediéndome el lugar.
Coloqué mis manos en ambos lados del podio y miré a todos los presentes de manera rápida. Bajé la cabeza porque no podía tenerla mucho tiempo levantada.
-Hola y…gracias a todos por venir- comencé. Volví a levantar la cabeza, presionando mis labios hasta formar una línea-. Soy lesbiana.
Un murmullo se formó automáticamente, estaban impresionados. Yo por otro lado vi a donde estaban mis más seres queridos, mi tía sonreía. Mi tío y Olaf también. Mis amigas movían la cabeza y sus manos en señal de apoyo como si estuviera en un concurso.
-Lo sé, es una forma extraña de comenzar un discurso y se preguntaran por qué estoy haciendo esto- continué-. Mis padres se enteraron unos días antes del accidente, de una manera no planeada, y…creo que de no ser por eso ellos se hubieran muerto sin saber la verdad.
La gente ya había dejado de hacer ruido y tenía toda su atención y curiosidad en mí.
-Supe de mi sexualidad a los quince años y no dejé que nadie lo descubriera porque tenía miedo de que la gente me rechazara y a que mis padres dejen de quererme. Pero ocultarlo me hacía daño y muchas veces eso causaba una discusión con ellos. Requirió llegar golpeada a casa, un accidente de coche y escuchar una conversación intima entre mi madre y mi tía para cambiar de actitud. Aunque mejoré mi relación con ellos todavía seguí ocultándoles mi sexualidad.
Lo que pasó luego ya lo sabían, así que ni lo repetí.
-Les cuento esto porque ya no quiero ocultarme más. Mis padres no querrían que lo hiciera, querrían que me sacará todo este peso de encima, que se lo gritara al mundo, y creo que esta es una manera de decirle al mundo lo que soy- hice una breve pausa-. Ahora que lo he dicho creo que es momento de que les de ese sermón de "valora a la persona que tienes al lado porque no sabes cuando puede irse". Si antes me hubieran dicho eso o leído en alguna página de internet lo consideraría estúpido. Es hasta que la vida te arroja una bomba que te das cuenta de que nada es estúpido. Supongo que las frases clichés también son importantes, porque de lo contrario nadie las repetiría. No solo tenemos que valorar a esa persona, tenemos que valorar lo que aprendemos con ella, y tiene que ser con cualquiera que nos rodea, no solo las más cercanas. También hay que apreciar, querer, aceptar, amar. Y cuando digo amar no me refiero a cuando dos personas se enamoran. Amar es mucho más que eso. Amo a mis amigas, amo a mis tíos, a mi primo, amo a mis padres aunque ya no pueda estar con ellos, amo el fútbol y amo…-me detuve porque sabía quién era la siguiente persona pero no estaba conmigo y no sabría cómo dar una explicación sin contar lo ocurrido- a una chica. Desafortunadamente no se encuentra aquí, pero si estuviera estoy segura de que llenaría ese vacío que tengo ahora mismo- suspiré juntando mis manos-. Creo que ya no hay nada más que decir y solo espero que lo que acabo de decirles les haya servido de algo porque…a mí me sirvió mucho. Gracias- incliné la cabeza.
No esperé a que aplaudieran pero lo hicieron. Fue breve, nada escandaloso, seguíamos en un funeral después de todo.
Mis amigas se levantaron para abrazarme cuando yo bajé del altar. Solté un par de lágrimas, gran parte de ellas se debían a los nervios que se mezclaron con mi tristeza.
Después de mi discurso, el sacerdote dijo unas palabras para finalizar la misa y con eso yo les dije un último adiós a mis padres.
Con mi tía decidimos que lo mejor era cremar los cuerpos. Yo me iba ir a la Universidad y ella vivía lejos, por lo que sería triste visitar sus tumbas solo pocas veces al año, sería como abandonarlos. Tal vez arroje las cenizas en algún lugar para que ronden en el viento como almas libres. O quizás las tenga hasta que viva en una casa, con un precioso y enorme jardín, y ahí las plante para que crezca un árbol. La segunda opción me gusta más. Por el momento yo iba a conservarlas.
Mi tía y yo volvimos a saludar a la salida. Muchas personas me felicitaron, hasta el sacerdote, lo cual me impresionó.
-Estoy orgullosa de ti- me dijo Tia Ingrid y me dio un beso en la cabeza, pasando su mano por mi espalda.
Sonreí en forma de agradecimiento.
-¿Y ahora vas a decirme que también mi madre estaría orgullosa?- pregunté levantando una ceja.
-No. No es necesario porque tú ya lo sabes.
Reí suavemente y ella en cierta manera se quedó tranquila porque había mostrado una emoción que no era tristeza.
-Siento mucho haberlas escuchado cuando hablaban en privado- de inmediato recordé que había revelado eso.
-Si esa conversación te fue de ayuda me alegra que lo hayas hecho.
Al mirar al frente capté una figura femenina muy familiar. No sabía cómo sentirme, pero estaba contenta de que estuviera aquí aunque mi expresión facial no lo demostraba. Ceny caminó hacia mí, de forma nerviosa, jugando con sus dedos.
-Hola- saludó, dedicándome una gran sonrisa.
-Hola- correspondí.
Ambas miramos a mi tía, una señal que decía "necesitamos hablar solas".
-Iré a ver a tu tío antes de que se inspiré con más anécdotas y retenga a otra persona- mi tía se retiró para darnos privacidad.
¿Sabe que terminamos, no? Tendré que mencionárselo en cuanto lleguemos a casa.
Ceny y yo nos abrazamos.
-Muchas gracias por estar aquí- dije.
-Oye- se retiró y tomó de mis manos para estar cara a cara- ¿Qué clase de amiga seria si no estoy aquí para apoyarte?
-¿Cómo lo supiste?
-Tus amigas me avisaron. Tu discurso fue impresionante, me alegra que hayas dicho lo que sentías.
-Gracias. Pudiste sentarte con nosotras.
-No- negó con la cabeza-. Aunque tú y yo estemos bien, era más importante que estuvieras con tus seres más cercanos.
Lo único que pude hacer fue sonreír. Ceny hasta el último momento ha demostrado ser una buena persona y significa mucho que después de todo sigamos siendo amigas.
-Señorita James- una voz fría y aguda, que sonaba detrás de mí y provocaba un aura de temor, nos interrumpió.
Ceny se sorprendió por escuchar su apellido proviniendo de esa mujer.
Ambas nos volteamos para ver a la Sra. Summers. La mujer venía con un saco de vestir negro acorde con su falda que le llagaba hasta las rodillas, el cabello recogido a un moño, y una cartera de mano del mismo color de Louis Vuitton y gafas de sol marca Gucci. Desde donde estaba podía oler su potente perfume de Chanel. Era una persona obsesiva por las marcas eso denlo por seguro.
-Vaya, no esperaba verla aquí- dijo algo impresionada, con la atención en la chica que me acompañaba.
-Yo tampoco, Sra. Summers. Elsa y yo…- no continuó por respeto a mi privacidad.
-Salimos un tiempo- respondí, poniendo una expresión seria.
La madre de Anna solo levantó una ceja, con sus gafas puestas era difícil saber cuál era su expresión. Si le molestaba o no, no era mi problema, yo no pensaba demostrarle temor una vez más. Y Ceny no tiene problema en mostrarse después de todo lo que pasó.
-Que sorpresa- habló con indiferencia.
Miré a Ceny antes de contestarle.
-¿Podrías esperar un minuto? Necesitamos hablar solas- le comenté.
-Claro- respondió asintiendo con la cabeza y apretando mi brazo para desearme suerte.
Volví mi vista hacia la Sra. Summers, con el ceño fruncido una vez que Ceny se apartó.
-¿Qué está haciendo aquí?- interrogué.
Sé que ella tiene sus formas de enterarse del accidente, además mi tía estuvo hablando con algunos vecinos. No es difícil de adivinar como lo supo.
-Vine a despedirme de una amiga.
-¿Amiga?... ¿Enserio consideró a mi madre una amiga?
Levantó sus lentes, enseñándome la hinchazón que consiguió por llorar tanto. Rápidamente volvió a colocárselos. A esa mujer no le gusta verse débil ante las personas, pero el que haya estado llorando por la muerte de mis padres es algo que me sorprende. Quiere decir, que a pesar de todo, ella valoraba y apreciaba la amistad que tenía con mi madre.
-Okey, le creo.
-Puedo ser honesta y no al mismo tiempo- comentó.
-Wauu, no sabe cuánto me alegra escuchar eso- dije irónica-. ¿Y qué? ¿También viene a decirme que le agradó mi discurso?
Soltó una carcajada que me pareció algo cínica pero no le di importancia.
-Realmente lo que dijiste no me importa- se cruzó de brazos-. Si estoy hablando contigo es por Anna.
Mi corazón se infló. Dudo que esto la haya hecho cambiar de opinión.
-¿Qué ocurre con ella?- la pregunta salió con miedo. Miedo de que algo le estuviera pasando a Anna.
-¿Cuánto quieres?
-¿Qué?- cuestioné sin entender.
-Te pagaré lo que quieras si tú te alejas de mi hija.
Una risa sin ninguna gracias salió de mi boca.
-¿Me está ofreciendo dinero para que la abandoné?... ¿Cree enserió que soy ese tipo de persona?- me ofende que tan siquiera lo esté intentando, y pensar que me conoce desde los cinco años.
-Todo el mundo tiene un precio, Elsa. Y tú ahora supongo que mal no te vendría.
-¡Pues no lo necesito!- espeté enfadad- Y aunque estuviera desesperada por eso jamás lo aceptaría. Si escuchó lo que dije ahí adentro, en frente de todos, sabrá que nada de lo que usted me ofrezca se compara con lo que siento por ella.
-Por favor- bufó-, eso del amor no es más que una estupidez y puras patrañas. Estás equivocada si realmente lo piensas.
-¡La única equivocada aquí, es usted!- respondí-. Guárdese su estúpido dinero, no lo quiero ni lo necesito. Me alejaré de Anna pero no le prometo que ella se aleje de mí.
Si estaba tan desesperada por llegar a ofrecerme dinero, quería decir que su control en Anna estaba disminuyendo cada vez más. El accidente de mis padres no cambió lo que pienso, no dejaré marchar a Anna si ella se acerca a mí.
Me di vuelta para dar por terminada la conversación pero me giré otra vez cuando recordé que tenía algo más que decirle.
-Le daré un concejo, y espero no se ofenda- volví a utilizar un tono irónico-. ¡Deje que su hija haga su vida y tome sus propias decisiones porque le aseguro que todo esto que usted hace le saldrá caro algún día y no habrá dinero que la salve!
Finalicé sin esperar respuesta.
Por desgracia, la tuve.
Ahora resulta que de ser buena autora pasé a ser una asesina serial.
BjornF Valmont : No es la primera vez que dejas una. Gracias por herir mis sentimientos al decirme asesina pero más que nada gracias por seguir apoyándome XP.
DRON261095: Lo siento, a vece mi inspiración me traiciona.
LaMafer: Puedo decir que a veces la vida a pesar de las malas cosas no sorprende.
Yomi Lovesyuri: Lo siento :c. Gracias por el apoyo de siempre.
Azu Rush: Cada vacío puede llenarse ;)
elle mtrebbec: Otra que lastima mis sentimientos llamándome asesina jaja… Aprecio que hayas dejado tu comentario, de verdad.
darkfantasy88: No comprendo bien cuál es tu duda. Osea, dije que murió el padre primero y la madre estaba en la sala de cirugías.
dokan616: Tus palabras son apreciables, es increíble que la leas más de una vez jaja. Mil gracias :)
Laura Banegas: Te diré que esa amenaza no es algo que dejaré en la nada, te lo a seguro. Suerte.
ALARZAM: Naa, este fic no cumple con la calidad de un libro.
Dos capítulos, chau me voy a llorar.
Mientras tanto agradecería sus comentarios para ponerme feliz.
