Muchas gracias por el apoyo que esta recibiendo este triste intento de historia.

Como siempre los personajes no me pertenecen, yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo II. Consecuencias.

Sin saber a donde dirigirse, la maga de cabellera cobre caminaba por el bosque, la nieve cubría sus pasos, y comenzaba a cuestionarse el por que no tomo un caballo del castillo, pues en aquel momento le pareció buena idea conectarse nuevamente con la naturaleza, pero con el pasar de las horas, debía admitir que no fue lo mejor que pudo decidir.

Aunque agradecía no traer consigo mucho equipaje, solo una mochila con lo suficiente como para sobrevivir un par de años en lo que decidía que hacer en adelante.

Sus pies comenzaban a dolerle, no recordaba que fuera tan complicado caminar por el bosque, aunque sabia que ya no era aquella bruja inexperta que solía correr por los bosques en busca de aventuras, con mas de un milenio sobre sus hombros cada paso era un martirio, de pronto el poco ruido en el ambiente se vio silenciado, solo escudándose el acorde de un violín, como si el instrumento clamara su destino, un vacío y cruel destino, llegando al punto que incluso la nieve a su alrededor se detuvo en el aire, y frente a sus ojos estaba un copo de nieve, igual a aquel que solía manifestar Elsa.

Su corazón se detuvo unos segundos por la creación frente a ella, su mano se alzo tocando una de las puntas, antes de que este estallara en miles de pedazos.

- ¿Siempre debes hacer tu entrada triunfal? - pregunto al aire, mientras se quitaba la mochila de su hombro y terminaba por recargarse en un árbol.

- No siempre, pero me pareció una buena idea en el momento. - la voz de una mujer hizo eco en el bosque haciendo imposible poder saber de dónde provenía.

Por encima de la inmaculada nieve que cubría el bosque se alzo una niebla negra, pero Anna no se afecto por aquel acto que inclusive hizo a la naturaleza callar.

- Supongo que debería sentirme honrada que alguien como tu venga por mi. - se sentó entre las raíces del árbol y de su mochila tomo una vieja pipa, de boquilla de plata, y cuerpo de madera, aquel regalo de su padre antes de morir.

Con la boquilla entre sus labios se preparo para dar las que supuso serían las últimas fumadas de su larga vida. En sus dedos bailo una pequeña llama, pero esta se apago con el soplido de la que parecía una pequeña niña, sus facciones finas podrían hacerle creer a cualquiera que la pequeña era la encarnación de un ángel, pero la bruja sabia no había algo mas alejado de la verdad.

- Permiteme. - los pequeños dedos de la niña apareció una flama de color negro como sus cabellos que figuraban el mas profundo de los abismos.

La pelicobre inhalo sintiendo el poder de la criatura entrar en sus pulmones.

- Supongo que no es coincidencia encontrarte en este bosque. - dijo Anna mientras que el humo salía de su boca.

- No lo se...- la niña de pronto desapareció de enfrente suyo, para después sentir un peso en su espalda y ver sus piernas sobre sus hombros. -Yo habito en todos los bosques del continente, incluso antes de que tus antepasados supieran que hacer con sus manos.

Anna sintió las manos de la niña sobre su cabello jugando entre las hebras de cobre. Por un momento pensó en quitársela de encima, pero sabia que no era del todo una buena idea, dejando que su cabello fuera peinado por los dedos de la "niña".

- Dime, ¿Por qué alguien de la corté del que se dice es el reino más rico del continente, escapa?

- Mmm... - sentir como en su conciencia comenzaba a formarse una nebulosa de que le impedía pensar con claridad, sintió incluso como al querer hablar las palabras salían como balbuceos. - La... princesa.

- ¿Elsa, verdad?

- Es... hermosa...

- Es lo que he oído, heredera legítima de la casa Arendelle, que incluso se rumorea que fue bendecida con el don de la reina de las nieves.

- Incluso... su... magia... es... hermosa. - En un punto de si misma quería despertar del hechizo que le hacia decir las cosas tal las sabía, pero le era imposible.

- Dime Anna, última descendiente de la casa Mänen, hija de Reko y Sigurd... Si la amas tanto, ¿por qué irte de su lado?

- Ví los posibles futuros posibles... Si permanecía a su lado, en todos y cada uno de ellos ella sufriría.

- Las ruedas del destino no se van a detener por no tenerte a su lado...

De pronto su conciencia volvió, sin sentir al ser sobre sus hombros, se levantó de sobresalto.

- ¡¿Que quieres decir con eso?!

Los ruidos del bosque volvieron de pronto, lográndose escuchar a un lobo a la lejanía.

Y supo estaba de nuevo sola.

Pero ahora las dudas inundaban su mente.

Metiendo su pipa en su bolsa, estaba dispuesta a regresar a Arendelle cuánto antes, sin embargo un pergamino que no le pertenecía la detuvo por completo.

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El dolor en su cuerpo, le hacia recuperar la conciencia por breves lapsos de tiempo.

Y en ellos solo podía pensar en el porque seguía con vida, sabía que como bruja su tiempo de vida era tan extenso que podría vivir cientos de vidas y aún parecer una mujer en su plena juventud, pero eso no quitaba el hecho de que seguía siendo mortal.

Sus gritos eran tan fuertes que incluso pensó que terminaría por reventar sus cuerdas vocales.

No supo cuánto tiempo estuvo entre la conciencia y la inconsciencia.

Solo de pronto en un punto, despertó por completo.

Su primer impulso fue tocar su rostro y brazos, y para su sorpresa sentir piel, no carne y huesos, la sangre no manchaba sus dedos, solo piel, suave y tersa piel, como si no fuera la propia, por lo único que sabía era suya, era por qué podía sentir la presión de sus manos.

- No la toques demasiado. - Victoria alzo la mirada, viendo a una niña sentada a su lado, en lo que parecía una cama. - Aún estas delicada.

- ¿Como... - Sentía su garganta tan seca que las palabras parecían arena al pasar por su garganta.

- ¿Como te encontré? - Dijo la niña de cabellos negros ofreciéndole un vaso de lo que esperaba fuera agua.

Sintiendo de pronto pesadas sus manos, se las arregló para tomar el vaso.

- En realidad fue una coincidencia. - escucho mientras tomaba desesperada el líquido que tanta falta le hacia, dejando caer ríos de agua entre sus labios. - Quien sea que te allá hecho eso, no tuvo la decencia de matarte, te dejaron en agonía en el bosque, supongo que esperaban que cualquier animal se encargará de terminar su trabajo.

- Gracias. - Dijo sentándose tratando de ver mejor dónde se encontraba.

- Dime, ¿Que fue lo que hiciste para merecer tal castigo?

- Fui acusada de traición al reino de West.

- Esos humanos... - escucho decir a la pequeña a su lado. - Se creen que están por encima de todos.

- No todos son tan malos. - Apenas dijo aquello, sintió la pesada mirada sobre de ella.

- Cualquiera en tu posición pensaría todo lo contrario.

- La princesa Elizabeth, ella es especial.

- ¿En que sentido?

Aun en la penumbra los ojos de Victoria brillaron en anhelo.

- Es la niña más hermosa que jamás puedas imaginar, es bondadosa y cálida aunque no deja que nadie vea esa parte de ella, cada que hace algo por alguien no le gusta que nadie lo sepa, y tiene los ojos más bellos del continente.