Desde ya, gracias a quienes siguieron la primera parte de "En lo más profundo de tus miedos", y continúan apoyándome con sus lecturas. Muchas gracias en verdad n_n
En lo más profundo de tus miedos
Segunda parte
Capítulo 1
Cuando Paola llegó al aeropuerto de Hamburgo buscó con la mirada a alguien de su familia que haya ido a buscarla. Miraba entre la gente, pero ninguna cara se le hacía familiar, o más específicamente, no había nadie que pareciera japonés que le indicara que estaba esperando por ella.
-¿Wakabayashi? –escuchó decir de repente, en un extraño acento
Volteó contenta, ya que había empezado a creer que se habían olvidado de ella, y entonces vio enfrente a un chico rubio, alto, con gafas negras y una gorra del mismo color.
-¿Eh? –musitó confundida al ver al chico- Debí haberme imaginado escuchar mi apellido –pensó, y volteó nuevamente para ponerse a caminar buscando a quien haya ido a recogerla
-¿Tú no eres Paola Wakabayashi? –escuchó ella preguntar, volteó y vio nuevamente al chico, que la había seguido
-¿Tú quién eres? –inquirió Paola con desconfianza. Después de todo, al chico apenas se le reconocía la cara
-¿Qué dijiste? –preguntó él con una media sonrisa
Entonces Paola se dio cuenta que acababa de hablarle al chico en japonés, y también se percató recién que él le había estado hablando en alemán, por lo que por eso podía entenderlo.
-Que quién eres –repitió en alemán la chica, un poco incómoda ya que hacía mucho tiempo que no hablaba en alemán con un nativo de aquél país y tenía cierta vergüenza de sonar rara
-Gen…tu primo me mandó a recogerte –contestó el chico, bajándose un poco más la visera de la gorra cuando notó que un par de mujeres lo miraban de reojo y parecía que lo habían reconocido
-Qué primo –indagó Paola sin dejar la desconfianza
-Genzo. Así que apúrate de una vez –exigió el chico, tomándola del brazo y obligándola a avanzar, mientras ella jalaba su maleta bastante desconcertada ante la extraña actitud del chico
Caminaron por varios minutos hasta llegar a un parqueo descubierto. Durante el camino hasta allá el chico no dijo nada y Paola tampoco, ya que al considerar que el chico era un amigo de su primo pues poco le interesaba entablar ninguna charla con él, aunque sí le llamaba la atención saber que hubiera accedido a ir a recogerla cuando ni siquiera se conocían.
-Sube –dijo el chico, presionando un botón de un llavero que había sacado de su bolsillo, y las luces de un Ferrari negro parpadearon
Luego, sin más ni más, el chico tomó la maleta que llevaba la chica y la metió en la cajuela del elegante auto.
-Qué, ¿no vas a subir? –inquirió el chico, dirigiéndose a abrir la puerta del conductor, notando que la chica se había quedado parada mirando el automóvil
-¿Eres la versión alemana de Batman o qué? –se burló Paola- O es que quieres compensar la falta de "ciertas cosas" exhibiéndote en un carro así –añadió esbozando una sonrisa
El chico respiró profundamente y apoyó una de sus manos en el techo del automóvil. Genzo le había comentado que Paola era "algo molesta en ocasiones", pero nunca se había imaginado que tan pronto estuviera a punto de sacarlo de sus casillas al lanzar semejante comentario pasado de tono.
-Me gustan los autos. Así que sube –respondió él apretando los dientes, entrando luego en el auto
-Pfff, qué poco sentido del humor –bufó Paola, subiéndose al auto y viendo detenidamente el interior
-Ponte el cinturón –dijo el chico, encendiendo el motor
-Si no fuera porque estaba aburrida de esperar y cansada por el viaje ni te habría seguido –dijo la chica, abrochándose el cinturón de seguridad- Porque todavía no estoy muy segura de si eres una especie de secuestrador express o un pervertido –añadió con sinceridad
-Ni lo uno ni lo otro –intentó no impacientarse el muchacho, arrancando a tal velocidad que las llantas chirriaron
-¡Hey, cuidado! –exclamó Paola, agarrándose del asiento- ¿Qué no sabes manejar o qué?
-Deja de estar replicando o te dejo en media autopista –amenazó el otro de pocas pulgas
-Pfff, qué carácter. ¿Al menos tienes un nombre, secuestrador? –preguntó Paola mirando al chico
-Ya te dije que no soy ningún secuestrador –aclaró el muchacho con fastidio, viéndola de soslayo- Soy un amigo de tu primo Genzo
-O sea que Genzo me mandó a secuestrar –dedujo ella, dirigiendo la mirada hacia la ventana del costado
-En este momento Genzo está con su abuela y no pudo venir por ti personalmente –explicó él, tratando de ignorar el comentario
-Ahhh, por eso me mandó a su asistente…
-¡¿A su qué?! –exclamó el chico ofendido, mirándola con el ceño fruncido
-¡Mira al frente, no te distraigas! –gritó Paola asustada al notar la temeraria forma de conducción del muchacho
-Yo no soy su asistente, soy un amigo de Genzo –aclaró él volviendo a mirar al frente, con evidente molestia
-Su amigo-asistente –insistió Paola, sin saber por qué le parecía divertido molestar al chico
-Mira, mejor quédate callada hasta que lleguemos –pidió el alemán a punto de exasperarse
-¿Y cómo te llamas, amigo-asistente de Genzo? –preguntó ella ignorando la petición
-No necesitas saberlo, prima-acento-gracioso de Genzo –contestó él mordazmente
-¿Acento gracioso? –se ofendió Paola- ¿Te parece que mi acento es gracioso?
-¿Y no lo es?
-¡Mi acento es como es y punto! No tiene nada de gracioso –se quejó la chica, cruzándose de brazos
-Hablas como una extranjera –bufó él
-Es que lo soy, soy japonesa –aclaró la chica con orgullo
-Pff, un mono amarillo con ojos verdes, qué fenómeno –comentó el chico con sarcasmo
-¡¿Mono?! ¡¿a quién cara** le estás diciendo mono?! –exclamó Paola ofendida, atinando simplemente a darle al chico un fuerte pellizco en el brazo a modo de venganza, lo que provocó que ante su reacción de dolor él girara peligrosamente el carro- ¡Cuidado!
-¡Ouch! ¡qué mi**da te pasa! ¡cómo te atreves a pellizcarme! ¡¿No sabes quién soy?! –se alteró el chico, recobrando el control del automóvil luego que varios autos alrededor le dieran de bocinazos ante la imprudente maniobra
-¡Sí que sé! Eres un maldito racista engreído que encima de todo es el amigo-asistente de Genzo –respondió Paola enojada
-Ra…¿racista? ¡Yo no soy racista! –se indignó el chico
-¡Y lo de mono qué!
-Yo…
-¡Ni digas nada, no te quiero oír más! –exclamó Paola, tapándose los oídos infantilmente- Mejor llévame a donde está el tarado de mi primo. Hablaré con él y le diré que te despida
El chico trató de decir algo, pero Paola simplemente lo ignoró sin dejar de taparse los oídos y empezando a canturrear lo que sea que se le ocurría cuando el chico trataba de aclarar lo dicho.
Cuando llegaron a su destino, una bonita y elegante casa en las afueras de Hamburgo, Paola salió del auto y se detuvo frente a la casa. Era evidente la poca emoción que le provocaba estar ahí. Así que exhaló profundamente, como resignada, y se dirigió hacia la puerta.
-Hey, tu maleta –oyó decir al muchacho, quien había ido a abrir la cajuela del auto y sacó la maleta de la chica
-Ah sí, puedes traerla por aquí, gracias –respondió la chica cínicamente, entrando en la casa
El chico no tuvo más que apretar los dientes, respirar profundo, rayársela mentalmente, cerrar la cajuela del auto con brusquedad y luego seguir a Paola jalando la maleta. Una vez que Paola cruzó la puerta volvió a quedarse parada mirando a su alrededor. Había estado allí en algunas ocasiones, pero esa casa nunca había significado para ella un hogar ni mucho menos.
-Huele a ella –murmuró con cierto desagrado
-Genzo debe estar arriba –escuchó decir al alemán, lo que la hizo reaccionar
-Supongo –contestó Paola de mala gana, dirigiéndose a las gradas- Ah, sí, toma –dijo de pronto, sacando de su billetera un billete de 5 euros, y entregándoselos al chico
-Para qué me das esto –quiso saber el chico confundido, agarrando el billete
-Para que te compres un refresquito o lo que quieras. Es tu propina –aclaró ella como si fuera obvio- Gracias por traerme amigo-asistente, aunque eso no quita que le diré a Genzo que te despida –añadió sonriendo socarronamente, para luego subir rápidamente las gradas
-Cuenta hasta diez, cuenta hasta diez… -murmuró para sí el muchacho notablemente enojado, apretando en su puño el billete- Si vuelvo a verla me las va a pagar –añadió amenazante, dando media vuelta y marchándose del lugar
Paola subió hasta el segundo piso de la casa. Una vez allí se topó con una sirvienta que al verla simplemente inclinó ligeramente la cabeza y la pasó de largo, llevando apresurada una jarra de cristal vacía en una charola. Lentamente fue caminando hacia la última puerta de aquél pasillo, misma que se encontraba cerrada. Miró la puerta y respiró profundamente. De repente pensó en Ken y sintió un nudo en la garganta, pero se dijo a sí misma que pronto sería capaz de volver a verlo, así que al mal paso había que darle prisa. Iba a tocar la puerta, pero alguien se le adelantó y la abrió, topándose cara a cara con ella.
-Paola, mi niña, al fin llegaste –dijo Tomiko, muy conmovida, abrazando repentinamente a la chica
-Nana… -murmuró Paola sorprendida de ver a la mujer y más aún ante aquél cariñoso gesto
-¿Cómo estuvo el viaje? ¿llegaste bien? ¿estás cansada? –preguntó insistentemente Tomiko, viendo a Paola de pies a cabeza- Pero mira cuánto has crecido, ya eres prácticamente una adulta
-Je, supongo que lo dices porque hace mucho que no nos vemos –dijo la chica, tratando en vano de que sus palabras no sonaran a reclamo
-Lo sé, es que han pasado tantas cosas –contestó la mujer con amargura, bajando la mirada apenada- Pero pasa, Genzo está adentro con tu abuela –añadió, abriendo más la puerta
Desde donde estaba parada Paola podía ver un extremo de la cama de su abuela, además de escuchar el repetitivo sonido del equipo de monitoreo de actividad cardiaca y respiratoria al que seguro estaba conectada la mujer. De pronto comenzó a sentirse nerviosa y quiso dar media vuelta e irse, pero sabía que no podía hacer eso. Así que le dirigió una tímida y rápida sonrisa a Tomiko y entró en la habitación.
Cuando apareció, Genzo, que estaba sentado en una silla junto a la cama de su abuela, volteó a verla y la saludó con un gesto de la cabeza, para luego volver a ver a la mujer que yacía inconsciente en la cama. Tenía varios cables saliendo de su cuerpo hacia dos monitores que controlaban sus signos vitales, además de una mascarilla de oxígeno. El rostro de su abuela estaba apacible, como si sólo estuviera durmiendo. Aún en ese estado su cabello se encontraba bien arreglado, con una trenza de plateados cabellos que se apoyaba sobre uno de sus hombros, trenza que seguramente Tomiko se había dedicado a realizar. Paola pensó que ni estando en coma su abuela perdía su elegancia.
Giró la cabeza y, como nunca antes, Paola vio el rostro cansado y ojeroso de su primo, por lo que supuso que no había estado durmiendo bien por varios días, lo que instantáneamente le quitó las ganas de molestarlo en cuanto tuviera oportunidad como era su costumbre.
-¿Cómo está? –preguntó ella en voz baja, acercándose al muchacho
-En coma, como puedes ver –respondió él con indiferencia, en tono cansado
-¿Y por qué no está en un hospital? –insistió su prima
-Ella dejó bien claro que si algo malo le pasaba no debíamos llevarla a ningún hospital –explicó Genzo sin mirarla
-¿Y dónde están los demás? Me dijiste que tu familia ya estaba de camino así que debieron llegar ya –inquirió Paola luego de unos segundos, tras los cuales pensó que semejante petición era muy al estilo de su abuela
-Papá y mamá fueron a hablar con algunos médicos al hospital –contó Genzo, tomando un trozo de algodón que había sobre la mesa de noche y mojándolo en un plato hondo con agua tibia, para luego inclinarse y pasar suavemente el algodón sobre la boca de su abuela, de modo que así se aseguraba que los labios de la mujer no se resequen- Se supone que Touya llegará a más tardar mañana y Kenji fue a conseguir algunas medicinas e insumos que los médicos pidieron
-¿Y por cuántos días tú has estado haciendo esto? –inquirió Paola conmovida al ver la preocupación y entrega de su primo
-Eso no importa –murmuró él, frotándose los cansados ojos con una mano- ¿Y Karl? ¿Te dejó y se fue? –preguntó, mirándola
-Quién es Karl –preguntó su prima confundida
-Cómo que quién es Karl. El amigo mío que fue a buscarte al aeropuerto –respondió Genzo, como si fuera obvio
-Ahhh, así que así se llama tu amigo-asistente…
-¿Mi amigo qué? –repitió Genzo desconcertado
-Tu amigo-asistente, el rubio racista que me trajo –explicó Paola tranquilamente, sentándose en la cama- No te preocupes, le di su propinita y se fue –añadió, viendo con curiosidad una de las pantallas de los monitores que controlaban los signos vitales de su abuela
-¿Que tú le diste qué? –quiso saber el chico incrédulo
-Propina, o es que en este país no se acostumbra -inquirió la chica- Conduce como bestia, pero al menos llegué. Por cierto, deberías despedirlo
-¿Le diste una propina a Karl por traerte? –preguntó Genzo, aún incrédulo a lo que escuchaba de su prima, esbozando una sonrisa divertida
-Claro. No se la merecía, pero se la di…
Dadas las circunstancias en las que estaba, Genzo tuvo que taparse la boca con ambas manos para que no se escuchara su risa, mientras se inclinaba hacia adelante, ya que no podía siquiera imaginar la cara de enojo de su orgulloso amigo cuando su prima le diera la mentada propina. Mientras él reía Paola lo veía con cierta indignación.
-¿De qué te estás riendo? –le reclamó ella, ya que hasta ese momento había tratado de llevar la fiesta en paz con él y él de pronto se había echado a reír en su cara
Genzo no pudo responder. Hizo un gesto con la mano para decirle que lo espere un momento. Luego se levantó de la silla y fue caminando aprisa hacia la puerta, salió, cerró la puerta nuevamente y allí se echó a reír a sus anchas.
-¿Qué ca**** le pasa a éste? –murmuró Paola indignada- Míralo bien, abuela. Tú aquí toda tiesa y él muerto de risa por quién sabe qué ahí afuera. Y luego dices que yo soy la desubicada…-añadió, mirando a la inconsciente mujer
Segundos después, con el rostro acalambrado de tanto reír, Genzo volvió a entrar y retomó su lugar junto a su abuela.
-¿De qué demonios te estabas riendo? –reclamó su prima
-No sabes quién fue a recogerte, ¿verdad? –preguntó Genzo en tono divertido
-Tu amigo-asistente…
-Sí claro, mi "amigo-asistente"–repitió él con burla
-Mira, no me importa quién haya sido –gruñó Paola- Lo que importa es que vine porque prácticamente me obligaron y quiero saber cuándo podré irme
-Tienes que estar bromeando –dijo Genzo, tornándose de pronto muy serio- ¿No ves las condiciones en las que está nuestra abuela y tú quieres irte? ¿Qué no tienes corazón? –le reclamó molesto
-¿Si no tengo corazón? Claro que lo tengo –lo enfrentó Paola- Por eso dejé que me convencieran de venir, aún cuando sigo sin entender para qué estoy aquí
-Ya te lo dije por teléfono, porque también eres parte de la familia –le recordó él con enfado
-¿Y según quién? ¿según tú? –alegó Paola con sarcasmo- Porque en mis dieciocho años de vida he estado bastante confundida acerca de ese tema, ¿tu familia es realmente mi familia?
-¿Cómo puedes decir eso? –reclamó Genzo, frunciendo el ceño
-No discutan aquí, por favor –escucharon decir en voz baja a Tomiko, que había vuelto con una jarra de jugo y un par de vasos
-No creí que podías crecer tanto físicamente pero tu cerebro quedarse igual de chiquito –murmuró Genzo enojado, poniéndose de pie para ayudar a Tomiko a poner todo en una mesa redonda que estaba en medio de un par de sillones frente a la cama
-¿Me estás diciendo estúpida? –reclamó Paola elevando un poco la voz, pero con un gesto Tomiko le llamó la atención para que bajara el tono
-Dedúcelo –contestó él, sirviéndose un vaso de jugo y luego bebiéndolo todo de un sorbo
-Cómo te atreves… -se enojó Paola, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia donde estaba él
-Ve a dormir un poco –le pidió Tomiko al chico, ignorando el berrinche que quería hacer la chica, notando el cansancio de Genzo- Yo me quedaré con ella
-No, que al menos regresen mis padres y me digan qué les dijeron los doctores –resolvió Genzo, desperezándose
-Genzo, no sacarás nada quedándote a esperar. Apenas hace una hora que se fueron y no sabemos cuánto tardarán –alegó Tomiko, viendo con cariño al muchacho- Lo que tienen que hablar con los médicos no será algo breve, así que ve a descansar un poco, yo te avisaré cuando ellos hayan vuelto. Además, Paola ya está aquí
-Pff, como si fuera a ser de ayuda –bufó él con enojo, indignando a su prima
-Si no soy de ayuda, menos sé qué hago aquí –reclamó ella haciendo un puchero
-Por favor ve –insistió Tomiko
Genzo miró a la mujer y luego, nada convencido, asintió con la cabeza y salió de la habitación, mientras Paola le sacaba la lengua cuando lo vio irse.
-¿Puedes creer lo que me dijo? Claro que no soy estúpida –se quejó Paola, sentándose en uno de los sillones de mala gana
-Paola, Genzo está cansado –alegó Tomiko
-Eso no le da derecho a insultarme
-Tú tampoco debiste decirle que no eres parte de su familia –defendió la mujer, mirándola con reproche
-¿Ahora resulta que yo soy la mala de la película? –reclamó la chica bastante indignada
-Ni esto es una película, ni hay buenos ni malos –aclaró Tomiko con paciencia, sentándose junto a ella- Paola, tu abuela te necesita, por eso estás aquí –añadió, tomando una de las manos de la chica entre las suyas
-Aún no sé para qué me necesitaría si está en coma –dijo Paola con honesta crueldad- Si consciente no me necesita, así como está menos aún
-No digas eso –pidió Tomiko dolida- Tu abuela te quiere mucho…
-Pfff, sí claro. Mira nana, no voy a hablar de ese tema contigo, menos aquí –dijo la chica- Sólo quiero saber cuándo podré irme
-Paola, tienes que quedarte hasta que tu abuela esté mejor y tal vez eso tome varios meses –le pidió su nana mirándola con ojos de súplica, estrechando más aún la mano que sostenía
-Yo no puedo quedarme indefinidamente –respondió la chica sorprendida ante tal petición- Yo necesito volver –añadió con cierta angustia, pensando en Ken y sus amigos
-Por favor Paola…Antes de caer en coma tu abuela preguntó insistentemente por ti. Tienes que quedarte hasta que despierte –insistió Tomiko- Por favor…
-Pero nana, no sabemos cuánto realmente vaya a tardar en despertar –alegó Paola sintiéndose desesperada ante la situación- No habrá ninguna diferencia si me quedo o me voy
-Por favor…
-No, yo necesito saber cuándo volveré. Con la delicadeza y sensibilidad que los caracteriza, ya me notificaron camino hacia aquí que no podré volver al Toho. Ya renuncié a graduarme del Instituto con mis amigos, así que no me pidas quedarme por mucho más que eso, no puedo hacerlo –se negó la chica, sintiendo que se abría un hueco en su pecho que se hacía cada vez más grande, recordando la llamada que había recibido mientras esperaba el vuelo en Moscú, que la había dejado atónita y llorando en silencio en medio de tanta gente desconocida
-No puedes ser tan egoísta –la regañó Genzo mirándola con enojo, ya que había vuelto por su celular, que había dejado en la mesa de noche de su abuela, y había estado escuchando- No te estamos pidiendo que te quedes porque queremos fastidiarte. ¡Te estamos pidiendo que hagas un acto de piedad!
-¡Y piedad por qué! –exclamó Paola molesta, poniéndose de pie- ¡¿Quién de ustedes tuvo piedad de mí alguna vez?!
-¡Siempre con lo mismo! –devolvió su primo impaciente- ¿No te cansas de victimizarte?
-Yo no me victimizo… -trató de alegar ella
-Basta. Hablaremos de esto en otro momento –dijo Tomiko, mirando a Paola con decepción- Genzo, ve a dormir de una vez, yo me quedaré con la señora
-Está bien Tomiko, estaré en la habitación de al lado –respondió Genzo, sin ver a Paola, marchándose, mientras su prima se sentía como la villana sin entender aún por qué
Más tarde, aburrida de tener que estar sentada frente a su inconsciente abuela, Paola decidió salir a buscar algo de comer a la cocina, sólo como excusa para librarse del tedio de estar allí y la mirada constante de Tomiko, quien parecía tratar de entrar en su mente para saber qué estaba pensando. Abrió la puerta y grande su sorpresa al toparse frente a frente con su tío Yoshiro, quien iba seguido de su esposa y de Hidetoshi, su padre.
-Paola, qué gusto verte aquí –dijo Yoshiro con una sincera sonrisa, mirando a la chica- Mira cuánto has crecido
-Hola onkel –saludó Paola con una pequeña inclinación de la cabeza, esbozando una sonrisa- Cómo has estado
-Me alegra saber que ya llegaste –comentó la madre de Genzo, sonriéndole
-Gracias tía –respondió la chica, inclinando nuevamente la cabeza, ignorando a su padre deliberadamente
-¿A mí no vas a saludarme? –preguntó su padre en tono dolido
-Hola…padre –murmuró Paola mirándolo de reojo sin interés
-¿Genzo aún está adentro? –preguntó su tío notando el ambiente incómodo
-No, hace un buen rato que se fue a descansar un poco –contestó la chica- Pidió que cuando ustedes llegaran lo despertaran
-Dejémoslo descansar un poco más, ha estado desvelándose desde hace días –pidió Ayaka mirando con ojos de súplica a su esposo
-Sí, me parece lo mejor –concordó su esposo- ¿Tú también vas a descansar? Supe que el vuelo tuvo demoras y las escalas fueron largas, así que el viaje debió ser cansador –comentó, mirando a Paola
-Digamos que no estuvo tan mal como la noticia que recibí tan atentamente acerca de mi no retorno al Toho –respondió Paola en tono sarcástico- Pero bueno, como ustedes ya saben de eso no necesito hablar más al respecto. Tengo un poco de hambre, así que voy por algo de comida a la cocina –añadió, tratando de evitar mayor discusión sin sentido acerca de algo que ya estaba decidido y ella no podía cambiar
-Pídele a la sirvienta que te prepare lo que tú quieras –dijo su tía en tono maternal
-Eso si consigue entenderme –bromeó Paola- Hubiera sido más cómodo para mí si mi abuela se conseguía personal que hablara japonés, pero no, así que veré cómo le hago para que la rubiecita me entienda
-Nosotros estaremos aquí –dijo su tío, poniendo una mano en uno de los hombros de la chica, para luego entrar en la habitación seguido por su esposa
-Espera –dijo Hidetoshi cuando Paola estaba dispuesta a continuar su camino por el pasillo
-Qué necesitas –dijo la chica con impaciencia, sin mirarlo
-Qué te pasa, hace tanto que no nos vemos y te comportas así conmigo –le reclamó su padre, cerrando la puerta y quedándose en el pasillo con su hija
-Y qué esperabas, ¿que salte a tus brazos y te diga que te extrañé? –bufó Paola mirándolo con burla- ¿En serio te importa no habernos visto durante tanto tiempo?
-No seas grosera. Sabes que me importas, eres mi hija
-Sí, se nota, PADRE –puntualizó Paola con sorna- Lo puedo leer en todas las cartas y correos electrónicos que me mandas, que dicho sea de paso, han sido como uno o dos en los últimos tres años, ¿no?
-He estado ocupado, lo sabes
-Sí, padre, sé que andas muy ocupado con el trabajo, tus viajes, tus novias…Tan ocupado que no tienes tiempo ni para llamar a tu única hija
-Mira Paola…
-No necesitas explicar nada –lo interrumpió ella- No quiero escuchar tus excusas de siempre. Ya estoy acostumbrada a vivir sin ti, así que no te preocupes, que falta no me has hecho
-No digas eso…
-Lo digo porque es verdad, al menos eso he aprendido, por cierto no de ustedes mis padres, a ser honesta y decir la verdad por más dura que sea
-Veo que has madurado mucho…
-Si madurar es darse cuenta de la cruda realidad sin sorprenderse o reclamar, pues sí, lo he hecho –dijo Paola, mirando a su padre con severidad- Cuando era niña esperaba volver a verte parada frente a la puerta. Y ahí me quedaba, esperando y esperando por ti. Pero ya no más, padre, ya no más. Desde hace muchos años que ya no espero por ti, así que asumo que tú tampoco esperabas verme a mí. Y dado que ninguno de los dos esperaba por el otro, pues no tiene sentido fingir que nos extrañamos cuando no es así…
-Paola… -murmuró Hidetoshi con amargura
-Así que, si me disculpas, tengo mucha hambre y me voy por algo de comer. Con tu permiso –dijo la chica, marchándose sin mirar atrás, mientras sentía un nudo en la garganta y apretaba los puños por la rabia contenida que tenía
"Onkel" significa "tío" en alemán.
Paola Wakabayashi, Hidetoshi Wakabayashi y Tomiko son personajes creados por Tsuki_W.
Los personajes de Captain Tsubasa le pertenecen a Yoichi Takahashi y Shueisha.
