Muchas gracias por el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo III. El recuerdo.
Con pasos lentos la futura reina de Arendelle caminaba por los pasillos del castillo, su mente era tan confusa que no podía concentrase en nada en absoluto, llegando al punto en el que su tutor le dio el dia libre al verla tan indiferente a su lección.
Era como si de pronto quisiera recordar algo, pero simplemente su mente se rehusara a cooperar con ella. Por infortunio no sabia desde cuando se sentía de esa manera, trataba de pensar en que seria tan importante como causarle tal incomodidad, solía asociarla con el hecho de que su coronación se acercaba tan inminente como el amanecer, pero lo descarto cuando esta estaba ya a un par de días y la molesta sensación no se intensificaba.
Con un sonoro suspiro entro al salón en el que solía practicar sus poderes, era el único lugar en el que su mente encontraba un poco de paz, pues aunque era el lugar en el que sentía mas la falta de algo, también era el mismo donde sentía había pasado algo importante, sin poder recordar que en efecto, el que era ahora un salón vacío, hacia casi cinco años que este era el estudio de una bruja que le había robado el corazón, y aquellas paredes se rehusaban a olvidar la bella historia de amor que habían presenciado.
Sus manos dejaron correr el hielo de ellas, decenas de figuras se formaron mientras que ella permanecía parada en medio de todo, viendo su creación. La gran mayoría eran simples muñecos de nieve sin figura ni rostro, como regularmente eran, pero a diferencia de otras veces, hubo una figura mas detallada.
El hecho le sorprendió, no porque no supiera que era capaz de hacer tal cosa, sino que en ese momento no quiso hacerlo.
Sus pies la acercaron a la figura, aun a la distancia podía ver como la nieve figuraban tan detalladamente a la persona misteriosa, como sus ropas tenían el emblema de su familia, pero al tenerla de espaldas solo era capaz de ver su cabello viendo cada hebra de cabello, cuando estaba a punto de dar la vuelta a la figura y ver su rostro, las trompetas de alerta sonaron, y un escolta de la guardia imperial entro jadeante a la habitación, casi tirando la puerta.
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El reino de West estaba en una situación critica.
Desde la seguridad del castillo, la realeza veía como los aldeanos morían de hambre y de enfermedad.
Las calles estaban repletas de carretas con los cuerpos de aquellos que perecían.
El aire era espeso y fétido, las ratas abundaban comiendo los restos de las personas, y más de uno en su desesperación las cazaba con tal de sobrevivir un día más, aunque sabían que al siguiente el sufrimiento por la falta de alimento solo sería peor.
Los médicos hacían lo que podían para tratar de curar a los aldeanos para trabajar una tierra seca sin nada que ofrecer.
Los que tenían mayor fuerza, vendían las pocas pertenencias que poseían o usaban estas para sobornar a los guardias, y que estos los dejaran salir del reino, buscando un poco de suerte en otro lugar.
Lo que decían los mensajeros del rey eran las mismas palabras, tratando que el enojo de la gente no fuera hacia la corona.
"Las brujas maldijeron esta tierra y a aquellos que viven en ella, nuestro benévolo rey trato de detenerlas, pero era demasiado tarde"
La princesa Elizabeth sabía que todo era una mentira, y no sólo ella, sino que más de uno comenzaba a dudar de las palabras del rey.
La razón de la falta de alimentos, era que la bruja de la corte era la encargada de hacer la tierra fértil, incluso no sólo ella sino que la mayoría de las que habitaban en el reino solían ayudar a la tarea. La enfermedad era una historia parecida, los curanderos que el rey quiso cazar, eran los que solían tratar con las pestes y con las enfermedades, más por el hecho que cobraban menos que los médicos e incluso solían regalar su trabajo. Y justamente por ello el rey les temía, pues comenzaban a hacerse más renombre que el, ganaban popularidad dejando a la corona en segundo plano, sabía que tarde o temprano, los brujos se darían cuenta de su poder y atacarían. Por ello el rey tomo la decisión de cortar de tajo el problema antes de que este sucediera, pensado que podría solventar las necesidades del pueblo.
Elizabeth veía el enojo de la gente, pues mientras que ellos morían de hambre, el castillo abundaba de comida, las reservas eran utilizadas para servir a la corte real.
Fue una noche, cuando sucedió, estaba recostada en su cama, en su pecho descansaba el recuerdo de la única mujer que le comprendía. Un mal presentimiento le impidió poder dormir, como si le advirtiera sobre algo.
Sabía que en cualquier momento la luz del sol iluminaría el reino, y sabría que aquel sentimiento había sido solo una estupidez.
Y por un momento pensó que estaba sucediendo, cuando por la ventana de su habitación se veía una pequeña estela de luz, sin embargo está era acompañada por los gritos de furia de la gente.
Su ventana fue rota por una antorcha que hizo que el fuego comenzará a consumir todo a su paso.
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El camino era traicionero. Pero Anna no se detendría, debía llegar lo antes posible para saber a qué se había referido Azrael con aquellas palabras.
En su camino se atravesaron varias criaturas, pensado que ella era una humana que se había perdido en aquel bosque maldito y serviría para saciar la hambre que tenían. Al tener que defenderse, sus ropas estaban cubiertas de sangre.
- Juro que si empieza con sus acertijos...
Llegando al punto marcado se encontró con las faldas de una montaña, viendo de nueva cuenta el mapa, y verificando era el lugar correcto, casi grita de frustración cuando de causalidad vio a la niña acostada sobre una rama de un árbol cercano.
Su mano creo una pequeña bola de fuego, dispuesta a llamar su atención.
- ¿Estas segura que quieres hacer eso?
- Me la debes, ¿por qué hacerme venir hasta aquí? - Replicó Anna enojada, dejando que el fuego se extinguiera en su mano.
- No pensé que tuvieras tanto rencor a lo que alguna vez fue tu hogar. - La niña bajo del árbol caminado sobre este como si fuera el piso.
- Mi hogar lo deje atrás hace poco. - La vio caminar a la montaña, y en vez de chocar en contra de ella la atravesó.
Al seguirla vio como por dentro era como cualquier estudio de alguna bruja, libros por doquier, y los instrumentos necesarios para cualquier cosa que la imaginación y poder le diera la oportunidad de hacer.
- Dime, ¿Que significa lo que me dijiste?
La vio sentada frente a una fogata, apreciando el crujir de la madera sobre el fuego.
- Viste los posibles futuros que había si te quedabas junto a ella, ¿Verdad?
Asintió, y aunque no la miraba sabía la había visto.
- Todo estaba previsto. - Dijo la niña.
Mientras que el fuego de la fogata comenzó a cubrir todo el lugar, y en medio de todo ello, Anna vio la silueta del castillo de Arendelle siendo atacado, las criaturas que antes temían a los humanos alzándose en contra de ellos.
Viendo aquello estaba dispuesta a regresar cuanto antes a Arendelle, pero antes de hacerlo, la voz de Azrael la detuvo.
- El camino que el destino nos forja en ocasiones es difícil, pero es necesaria la obscuridad para saber lo que es la luz. - el fuego se apaciguó, dejando ver solo dos pares de siluetas. - Dos princesas deben encontrarse, y cuando eso suceda, dos brujas les servirán, pero hasta entonces tú debes dejarle seguir sola su camino por lo menos hasta que esté preparada.
