Capítulo 2
Cuando Genzo despertó fue directamente a la habitación de su abuela, en donde encontró a su padre y a su tío. Luego de saludar a este último con respeto, aunque siempre tuvo un mal concepto de él por haber abandonado a Paola y permitir que fuera llevada a un internado, pidió a sus padres hablar sobre lo dicho por los médicos.
Dado que aquella habitación no era el mejor lugar para hablar del asunto, decidieron que sería mejor bajar a la biblioteca que había en la casa, que también fungía de oficina de la abuela Wakabayashi, en donde trataba todos los asuntos referidos con las empresas de la familia. Cuando bajaron notaron que Paola estaba sentada sola en la mesa del gran comedor de la casa, frente a un vaso de jugo y un plato de galletas a medio comer, riendo bajito atenta a su celular.
-Paola, ¿puedes venir? –dijo su tío, llamando la atención de la chica, que de inmediato guardó su celular- Lo que hablaremos también te interesa
-¿Y a mí por qué? –quiso saber ella nada convencida, mientras su primo la veía con una mirada de reproche
-Porque hablaremos sobre la condición actual de la abuela –intervino su tía
-Bueno, enseguida voy –contestó Paola de mala gana
Sus tíos, su padre y Genzo se dirigieron a la biblioteca, mientras ella los seguía con la mirada. Luego sacó rápidamente su celular y comenzó a escribir.
-Tengo que ir a saber qué dijeron los médicos sobre mi abuela –escribió en su celular, añadiendo un emoticón de aburrimiento
-Ve, es importante que estés con tu familia para saber sobre tu abuela –recibió de contestación
-Y tú ve a dormir de una vez
-No tengo ganas, ¿no te dije que sufro de insomnio?
-Pues estarás como yo –respondió Paola, poniéndose triste- Te extraño mucho T_T
-¿Y crees que yo no a ti? Pero apenas pasaron un par de días, así que tendremos que habituarnos mejor a la distancia o nos irá mal aguantando los meses que faltan
-Lo sé, pero qué quieres que haga U_U
-Paola, vienes o no –escuchó decir a Genzo, que había entreabierto la puerta y la miraba impaciente
-Aish, dije que ya voy –contestó ella con fastidio, volviendo a mirar su celular- Ya me voy. A.S.K.K. –escribió rápidamente
-I.L.D.C.O. –leyó en la pantalla y sonrió tímidamente- Mata ne!
-Oyasumi! –escribió la chica, luego guardó su celular en el bolsillo y nada motivada fue a donde esperaban los demás
Tocó la puerta y entró en la biblioteca. Como vio que su tío, su padre y Genzo estaban de pie, y sólo su tía estaba sentada, decidió sentarse junto a ella.
-…Como decía, Ayaka volverá a Japón pasado mañana para concluir algunos negocios que teníamos pendientes –comentó su tío seriamente- Yo me quedaré aquí para lo que los médicos requieran hablar o decidir
-¿Y Genzo? –inquirió Hidetoshi, mirando al muchacho
-Yo también me quedaré –contestó el chico
-¿Pero y tus entrenamientos? –insistió su tío, sorprendiendo a Paola ante su preocupación por el chico
-Hablé con el entrenador y puedo elegir entre ir a la sesión de entrenamiento de la mañana o la tarde por algunos días –explicó Genzo- Le expliqué sobre la delicada condición de mi abuela, así que comprendió
-Kenji también estará aquí –dijo Yoshiro- Sólo Touya me pidió que hiciera una reservación en un hotel ya que prefiere quedarse ahí mientras esté en la ciudad
-Tenía que ser… -murmuró su hijo con cierto fastidio
-Genzo, Touya al menos aceptó venir –alegó su madre
-Era su obligación –defendió el portero japonés
-Claro, obligación –bufó Paola, cruzándose de brazos
-Mejor tú ni digas nada porque continúo frente a todos la discusión que paramos hace rato –amenazó Genzo, mirando ceñudo a su prima
-No empiecen a discutir –intervino Yoshiro, evitando que Paola respondiera
-¿Y por cuánto tiempo Paola se quedará aquí? –inquirió Hidetoshi, tratando así de retomar la conversación
-Como no lo sabemos con seguridad ya mandamos solicitar su salida del Instituto –respondió su hermano, mientras la chica sentía que el corazón se le encogía al escuchar esas palabras- Así que terminará la secundaria alta aquí
-Paola, necesito que hables con alguien en Japón para que manden a embalar tus cosas del dormitorio y las envíen a la casa en Nankatsu –dijo su tía- ¿Me estás escuchando? –le preguntó al notar que se había quedado como colgada
-¿Eh? Sí, sí tía –murmuró Paola sintiendo ganas de llorar- Ahora mismo hablaré con mi mejor amigo para preguntarle si puede ir a Tokio a hacer eso por mí
-Ya que no pudiste traer muchas cosas, y como yo estaré allá en unos días, dime qué necesitas y te mandaré lo que veas por conveniente –continuó Ayaka- Sólo asegúrate de que la persona que te haga el favor de ir por tus cosas al Toho lo haga máximo hasta inicios de la próxima semana, porque yo tengo que volver y necesitaré tiempo para organizar eso
-Él vive en Kobe, así que le preguntaré si puede apresurarse lo más que pueda –alegó la chica con desánimo
-Ocúpate de eso ahora mismo, por favor –le pidió su tío con cariño, viendo cuánto la afectaba hablar del tema
-¿Ahora? ¿no iban a hablar sobre lo que dijeron los médicos de mi abuela? –preguntó Paola confundida
-Luego te lo comentaremos –respondió Yoshiro, con una pequeña sonrisa de consolación- Ve a llamar a Japón –le pidió, sabiendo que de alguna manera eso la animaría, aunque sea un poco
-Está bien. Con permiso –dijo ella, saliendo de la biblioteca sintiéndose mareada
Subió a su habitación y se encerró ahí. Se sentó sobre su cama y marcó un número, mientras la mano le temblaba sin saber por qué.
-Paola… -escuchó decir al otro lado del teléfono, e inevitablemente ella se puso a llorar
-Kazuki, no quiero estar aquí… –dijo ella sollozando, apretando con fuerza el teléfono
-Escúchame, sé que no quieres estar ahí, pero debes hacerlo –respondió su mejor amigo, haciendo un gran esfuerzo para no ponerse a llorar también- Aunque no quieras admitirlo, tu abuela es parte de tu familia de sangre y de uno u otro modo ha estado cuidando de ti desde que eres una niña. Si no fuera por ella jamás habrías llegado al Toho y nunca nos hubiéramos conocido, no lo olvides –añadió, tratando de consolarla con sus palabras
-Lo sé… -murmuró Paola sin dejar de llorar
-Ya envié las cosas que tenías aquí, así que ya deben estar en tu dormitorio. Wakashimazu también me dijo que mandó el maletín que estaba en su departamento –continuó Kazuki, evitando preguntar el por qué el maletín de la chica estaba en el departamento de su amigo y no en un hotel, pero sintió que no era el momento adecuado para tal conversación
-Esas cosas no me importan –dijo la chica, limpiándose las lágrimas- Además, el maletín contenía sólo zapatos que la estúpida de tu novia empacó –añadió, sin perder oportunidad de atacar a Tsubaki
-Je, ay Tsubaki. Pero bueno, el caso es que tú debes enfocarte en lo que pasa ahí, y esperar de todo corazón que tu abuela mejore…
-Kazuki, no voy a regresar al Toho –confesó Paola, dejando a su amigo helado
-¿Qué?
-No pude decirte antes, apenas Ken lo sabe. Me enteré mientras estaba en Moscú esperando el vuelo de conexión –explicó ella descorazonada- Como no saben cuándo mi abuela se pondrá bien decidieron que lo mejor será que me quede aquí hasta que eso pase, así que terminaré el Instituto en Alemania
-¿Pero y tus amigos en el Instituto? ¿y nosotros? –preguntó Kazuki, sin poder disimular más su tristeza
-No puedo hacer nada –contestó su amiga, sintiendo nuevamente las lágrimas deslizarse por su rostro- Por eso necesito pedirte un favor
-¿Cuál?
-Necesito que en cuanto puedas vayas al Toho y embales todas mis cosas –le dijo la chica, sintiendo su corazón estremecerse- Luego debes enviarlas a la casa de mis tíos en Nankatsu. Mi tía estará la próxima semana en Japón y me mandará desde allí lo que yo necesite. ¿Podrías hacer eso por mí?
-No tienes ni que preguntarlo –respondió su mejor amigo- Más tarde pediré permiso y veré cuándo puedo ir a Tokio…
-¡Mi**da! –exclamó Paola de pronto, al ver su reloj y darse cuenta de la hora que sería en Japón
-Qué, qué pasa –inquirió Kazuki preocupado
-Me acabo de dar cuenta de qué hora es aquí y qué hora debe ser allá –explicó la chica, sintiéndose tonta por haber despertado a su amigo en plena madrugada- Lo siento Eirinita, no me di cuenta…
-No seas tonta, eso no importa. No sabes cuánto estaba esperando que me llames –confesó Kazuki, conmoviendo a su amiga con sus palabras- Lo importante es que tú estés bien, y que no importa lo que pase, no dejes de estar en contacto con nosotros
-Eso por supuesto –aseguró Paola- Ustedes son lo único que realmente me importa y lo único que puede animarme a seguir aquí
-No digas eso, no somos lo único, tu familia también está ahí contigo –alegó Kazuki
-Sabes lo que opino de mi familia –devolvió su amiga- Pero bueno, no vamos a hablar de eso ahora que de memoria ya debes de saber mi retórica al respecto. Por favor avísame cuándo puedes mandar todo a casa de mi tía
-Lo haré
-Y Kazuki…por favor dile a Takeshi, a Becky y Ayumi que no volveré –pidió la chica, sintiendo una fuerte y dolorosa punzada en el pecho al pensar en sus amigos- Yo no podría decírselos, no sabría cómo
-Pero eventualmente tendrás que hablar con ellos…
-Y lo haré, pero sólo esta conversación contigo se me hace muy difícil, y ya no creo poder soportar hablar con alguno de ustedes sin querer salir de aquí e irme de regreso a Japón –confesó Paola- No puedo decirles que no me graduaré con ellos –añadió, sollozando
-Está bien, no te preocupes, yo les diré –aceptó Kazuki, sintiendo pena por su amiga
-Gracias Eirinita –dijo ella con cariño- Ahora mejor cuelgo porque debes dormir
-Ya te extraño Paola, y esperaré a que regreses –dijo Kazuki, sintiendo un nudo en la garganta- Recuerda que no estás sola, yo estoy ahí contigo como he estado contigo siempre. Sé fuerte, sé paciente y no dejes que las circunstancias pasadas afecten la relación con tu familia ahora
-Con mi familia de sangre, porque ustedes son mi verdadera familia –aclaró su amiga
-Lo sé. Te diría que saludes a Genzo de mi parte, pero no puedo ser tan hipócrita –dijo él en tono burlón- De todos modos, trata de no sacarlo demasiado de sus casillas
-No prometo nada
-Y pórtate bien, no estés de mirona por ahí –advirtió Kazuki
-Por quién me tomas –se indignó ella- Además yo ya tengo alguien que me gusta y es a quien quiero, no necesito ver a nadie más –añadió jactanciosa
-Y también por él debes ser fuerte –pidió su mejor amigo- Cuídate, ¿sí? Te quiero mucho
-Y yo a ti –respondió Paola, mordiéndose el labio para no llorar ya
-Ja ne
-Ja ne –dijo ella, colgando, para luego apretar contra su pecho el celular, sintiendo un terrible dolor que le oprimía el corazón
Después de unos minutos, habiendo tenido que lavarse la cara para que no se note que había estado llorando, y ya más tranquila; Paola bajó nuevamente hacia la biblioteca para comunicarle a su tía lo que había hablado con Kazuki. Al entrar notó que allí ya sólo estaban su tío y su padre, que hablaban de algo y se callaron al verla aparecer.
-¿Y mi tía? –preguntó la chica, sospechando por la forma en la que la miraban que no querían que se entere de lo que habían estado conversando
-Fue a la cocina con Genzo a ver qué podían preparar para la cena –respondió su tío
-Entonces iré a buscarla allí –respondió la chica, dando media vuelta para irse
-Espera –la detuvo su padre, y ella volteó nuevamente de mala gana
-¿Sí? Qué pasa
-Es bueno que estés aquí porque queremos decirte algo –anunció su padre, y ella sintió una punzada de mal presentimiento
-Hidetoshi, creo que no es apropiado… -trató de intervenir su hermano mayor, pero el otro lo calló con un gesto de la mano
-Paola, he hablado con mi hermano y creo que lo mejor será que te quedes aquí por un buen tiempo –comentó su padre con seriedad
-¿Un buen tiempo? –repitió ella confundida, mirando a su tío esperando que él interviniera a su favor- ¿Cómo que un buen tiempo?
-No sé, unos años tal vez
-¿Unos años? Cómo que unos años –musitó Paola comenzando a desesperarse
-No puedes volver a Japón si tu tutora legal no está allí –explicó el padre de Genzo, mirándola con pena
-¿Y qué con eso? Yo no me quedaré aquí por más que unos cuantos meses –alegó la chica, exasperada ante la tranquilidad de los otros dos - ¡Yo tengo que volver!
-No volverás –sentenció su padre- No hasta que mi madre esté bien y pueda volver contigo a Japón. Además, en Alemania estarás mejor que en Japón
-¿Y tú qué sabes de lo que es mejor o no para mí? –musitó Paola con lágrimas en los ojos
-Lo sé porque soy tu padre –determinó Hidetoshi sin mirarla
-Lo siento –murmuró apenado Yoshiro
-No pueden hacerme esto… -balbuceó Paola mirándolos con angustia
-Aquí vas a estar bien, no importa el tiempo que te quedes. Aquí también puedes hacer amigos –intentó consolarla su tío
-¿Amigos? ¡yo no quiero más amigos! –gritó su sobrina con enojo- ¡No tienen ni idea de lo que me están forzando a dejar…! -añadió indignada, saliendo rápidamente hacia su habitación
Una vez allí se arrojó sobre su cama, llorando de rabia, sintiendo ganas de agarrar sus cosas e irse de regreso a Japón, aunque sabía bien que no podía hacerlo. Así estuvo un buen rato, llorando, renegando e ideando las formas de escapar de allí, hasta que el cansancio del viaje y del día pudo más que ella y finalmente se durmió.
Cuando despertó ya era de mañana. Notó que alguien había entrado y la había cubierto con una manta y ella ni cuenta se había dado. Sintiendo hambre bajó al comedor a ver qué podía conseguir de desayunar, y se encontró con que sólo su tía estaba sentada a la mesa, comiendo sin muchas ganas.
-Qué bueno que despertaste, ¿dormiste bien? –preguntó Ayaka, viéndola aparecer
-Sí, buenos días tía –respondió Paola con poco ánimo- ¿Y los demás?
-Yoshiro está con tu abuela y tu padre aún no vino, debe seguir en el hotel –explicó su tía- Genzo fue a entrenar temprano. Volverá en la tarde
-Ah… -musitó la chica nada interesada en la explicación
-¿Quieres algo especial? Puedo pedirle a Helga que te prepare lo que tú quieras desayunar
-No, comeré lo que haya, gracias –respondió Paola, sentándose en otra silla
-Paola, lamento lo que está pasando –dijo Ayaka mirándola con tristeza, luego que le dio algunas indicaciones a la sirvienta que se había aproximado a ella- Sé que no podemos entender el dolor que te causa el tener que alejarte del lugar y la gente que tienes en Japón, pero es necesario que estés aquí. De veras lo siento
-Tú no tienes la culpa, tía –mintió la chica, evitando mirar a la mujer, ya que sentía que todos en esa casa eran culpables de su tristeza y de la separación con sus amigos
-Queremos lo mejor para ti, e intentaremos que aquí en Alemania lo consigas
-No, no es necesario –la interrumpió Paola, mirándola ceñuda- Yo tengo todo lo que necesito en Japón, y una vez que la abuela mejore me iré de regreso para allá
-Pero Paola…
-Pero nada tía. Lamento tener que decir esto, pero no quiero hablar más acerca de este tema –dijo la chica, mientras la sirvienta la saludaba en alemán y ponía frente a ella un plato con panecillos, embutidos, miel, y queso, además de una taza de café, que causaron que la germano-japonesa haga un mohín de disgusto
Ayaka no dijo nada más. Se limitó a ver cómo Paola comía con desgano, tomando ingentes cantidades de jugo para tragar lo que se metía a la boca, ya que nunca le había hallado demasiado gusto a la comida alemana y a veces incluso le sentaba mal al estómago.
-Antes de que se pusiera así hablé con tu abuela –dijo Ayaka después de varios minutos en un incómodo silencio
-Ah… -musitó Paola mirándola brevemente, para luego volver a masticar lentamente un pedazo de pan
-Y me pidió que si su condición empeoraba…llamara a tu madre –añadió con duda, notando que Paola dejaba de comer y la miraba frunciendo el ceño
-¿Que llames a quién? –preguntó la chica en un tono que daba miedo
-A…a tu madre –repitió Ayaka
-¿A la mujer que me parió? ¿no que estaba en Francia? –bufó Paola con burla, tomando un poco de jugo- ¿Y para qué la llamarías? Ni mi abuela ni mi abuelo, ni siquiera ustedes, tuvieron una buena relación con ella jamás, ¿qué demonios haría esa mujer aquí?
-Aparentemente hace unos meses volvió a Alemania con su esposo y ambos están trabajando aquí –contó Ayaka- Y como tu abuela dejó su testamento hecho, pidió que si su condición empeorara llamemos a tu madre ante cualquier eventualidad
-¿Acaso no esperan que ella mejore? –inquirió su sobrina, en tono neutral- Y en todo caso sigo sin entender, ¿qué haría Sabrina aquí en esta "situación familiar"? –añadió con cierta burla
-No lo sé. Pero quería que lo sepas para que estés preparada y no te topes con ella sin saberlo –explicó su tía pacientemente
-No te preocupes, que evitaré por todos los medios tener que toparme con esa mujer, que a saber para qué se mudó de regreso a Alemania –dijo Paola, dejando la servilleta que tenía sobre el regazo encima de la mesa- Gracias por avisarme, tía. Ahora, si me disculpas, el jet-lag me tiene un poco indispuesta, así que volveré a mi habitación
-Sí, sigue –contestó la mujer, viéndola irse
Al llegar a su habitación, Paola cerró con seguro la puerta tras de sí y agarró lo primero que halló a mano para arrojarlo con furia contra la pared. Como si las cosas no estuvieran suficientemente mal para ella, tenía que enterarse que su despreciada madre también estaría por allí, tratando de seguro de aparentar preocupación por ella, y ella ya estaba harta de la falsedad de sus padres.
Quería llamar a Ken, llamar a Kazuki, llamarles y contarles de sus desventuras, pero se detuvo. No quería que ellos se preocupen por ella al saber lo mal que la estaba pasando. No quería amargarlos a ellos también. Prefería que creyeran que las cosas se aliviarían con el tiempo y que ella estaría bien, aunque ella sintiera que eso nunca pasaría, menos sabiendo que poco a poco se estaba rodeando de la gente que más despreciaba.
En la tarde, como Ayaka había anunciado, Genzo volvió a casa de su abuela y se dirigió hacia la habitación de esta para ver cómo estaba. Pero no fue solo, sus mejores amigos lo habían acompañado ya que veían que el japonés no se encontraba emocionalmente bien, de modo que esperaban poder animarlo un poco o al menos estar con él en esos momentos tan complicados. Karl entró, y luego de saludar al padre de Genzo se quedó por unos minutos en la habitación. Sin embargo, se sintió algo incómodo y prefirió esperar a su amigo en la sala. Kaltz, que era el otro amigo que había ido con él, decidió quedarse ahí un rato más ya que quería enterarse cuál era el pronóstico de la abuela de su amigo.
Aburrida de estar encerrada en su habitación mirando al techo, Paola decidió que iría por algo de comer, después de todo la hora del almuerzo había pasado y deliberadamente evitó tener que almorzar con su familia. Bajó tranquilamente las gradas, calculando mentalmente a qué hora podría llamar a Ken, considerando que él tendría que estar terminando de entrenar y cenar. Cuando pasaba por la sala, camino a la cocina, una voz la detuvo.
-Nos volvemos a ver –dijo Karl de no muy buena gana al ver a Paola
-Y tú quién eres –respondió ella, mirándolo totalmente confundida
-¿Cómo que quién soy? –se indignó el chico
-Sí, quién eres –repitió Paola con cierto fastidio
-¿Esto te dice algo? –inquirió el alemán, poniéndose de pie y sacando de su billetera un arrugado billete de 5 euros para mostrárselo a la chica
-¿Eres un tarado que mete el pantalón a la lavadora con la billetera adentro? –se burló Paola viendo el arrugado billete
-¡Esta es la propina que me diste ayer! –gruñó el chico
-¿Propina? ¿yo? –repitió Paola sin entender, cuando de pronto puso cara de reconocer al alemán- Ahhh…no me digas que tú…
-Sí –dijo él entre dientes
-Pues no te había reconocido sin la gorra y las gafas –reconoció la chica, mirándolo de pies a cabeza- Así que después de todo tienes un rostro decente que mostrar al mundo
-Claro que lo tengo –protestó Karl sintiéndose ofendido
-Hola de nuevo, amigo-asistente de Genzo –dijo Paola sonriendo con burla
-Ya te dije que no soy el asistente de nadie –aclaró el muchacho, apretando los puños para no reaccionar
-¿Que tú eres el asistente de Gen? –dijo un chico más bajo que el otro, de corte militar y ojos pequeños, que mordía un mondadientes, y que venía bajando del piso de arriba y había escuchado lo que Paola acababa de decir- No lo sabía, jajaja
-No te reías, Hermann, esta mujer está loca y confundida –protestó su amigo
-No estoy ni loca ni confundida –alegó Paola sintiéndose insultada
-¿Entonces cómo le puedes decir a una mujer que se la pasa diciéndome que soy el asistente de Genzo, cuando mil veces le expliqué que soy su amigo y sólo le estaba haciendo un favor al recogerte del aeropuerto?
-¿Tú eres la prima de Genzo? –inquirió el otro chico, ignorando el reclamo de Karl
-Sí, y tú quién eres, ¿otro asistente de mi primo? –preguntó Paola en tono burlón, mirando al otro chico
-Jeje, no, soy Hermann Kaltz, un viejo amigo de tu primo –aclaró el muchacho, extendiendo la mano- Gusto en conocerte
-Vaya, creo que tú sí me vas a agradar, Hermann Kaltz. No como éste –respondió Paola, tomando la mano que le extendía el chico, haciendo un gesto despectivo con la cabeza hacia Karl que ponía cara de indignación
-Agradece que eres mujer para no responderte como mereces, ¡y al menos habla bien el alemán! –gruñó Karl, mirando furioso a la chica, sin saber qué más decir en contra de ella para vengarse
-Yo hablo como se me da la gana –devolvió ella frunciendo el ceño- Ningún engreído alemancito de pacotilla me va a venir a criticar mi acento
-¿"Alemancito de pacotilla"? –repitió el Káiser incrédulo, mientras Hermann disimulaba la risa- ¿Cómo te atreves?
-¿Cómo me atrevo? ¡más bien cómo te atreves tú! –exclamó Paola enojada, señalándolo con un dedo- Mira, maldito racista arrogante, no me importa qué tan amigo o no seas de Genzo, ése no es mi problema. No me agradas, entiéndelo bien, así que te digo y te diré lo que a mí se me pegue la regalada gana de decirte. Y si no quieres oír lo que tengo que decir de ti, ¡no te me acerques! –lo amenazó clavándole los ojos, para luego mirar a Hermann que había quedado boquiabierto ante la actitud retadora de la chica para con el Káiser, inclinó brevemente la cabeza a modo de despedida y se fue hacia la cocina
-Ahora entiendo por qué Genzo se quejaba tanto de la tal prima –contó Karl, apretando los dientes, reaccionando recién ante la sarta de cosas que le había dicho Paola
-Por qué –inquirió Hermann curioso
-La chica ésa es realmente insoportable –dijo su amigo bastante malhumorado, frotándose la sien con los dedos como si le doliera mucho la cabeza, sentándose nuevamente
-Qué, ¿te cae mal? –inquirió el pequeño jugador alemán en tono divertido, después de todo se dio cuenta que Paola había sido de las pocas personas (en especial mujeres) que no quedaban admiradas al ver al Káiser y aparentemente eso había ofendido el orgullo del chico
-Más que mal, pésimo –escupió Karl con fastidio
-Vaya, pues a mí me agrada, es bastante graciosa –opinó Hermann con sinceridad
-Graciosa como un mono amarillo –comentó su amigo con crueldad
-Un mono amarillo que si no tienes cuidado se te puede subir a la cabeza –vaticinó el otro chico sonriendo socarronamente, mientras volteaba para ir a buscar algo de comer
-¿De qué hablas? ¡Oye, respóndeme! –gruñó el Káiser, viendo que Kaltz se iba
Al día siguiente, a la hora del almuerzo, Paola comía en la mesa junto a su tía, su padre y su tío. Sobra decir la mala cara que tenía la chica, quien había sido prácticamente obligada por Tomiko para compartir el almuerzo con su familia. De nada sirvieron las mentiras de la chica acerca de un supuesto dolor de estómago o del malestar causado por el jet-lag, ya que la anciana la conocía de sobra y no se dejó convencer por nada. Su padre y Yoshiro hablaban de llevarse a su madre a Múnich, donde les habían dicho que podrían hallar a los mejores médicos del país, pero que para eso tendrían que coordinar con médicos y paramédicos para transportarla en helicóptero hasta allí. La chica no quiso ni preguntar si sería necesario que todos, incluida ella, fueran hasta allá, porque ya podía imaginar la respuesta.
De pronto escucharon unas voces y cuando volteó Paola se topó con la imagen de sus dos primos, los hermanos de Genzo, que se aproximaban.
-Miren a quién traje –anunció Kenji, un muchacho alto, de gafas, que pese a ser menor parecía de la edad de Genzo; sonriendo orgulloso
-Touya-kun –murmuró su madre conmovida al ver a su hijo mayor, un atractivo y alto chico que no se parecía mucho físicamente a su famoso hermano, ya que más bien él era parecido a su madre, y Genzo era casi una copia de su padre
-Buenas tardes a todos –saludó Touya con educación, inclinando brevemente la cabeza
-Qué bueno que ya llegaste, finalmente estamos todos –dijo Yoshiro, sonriendo complacido
-¿Todos? Pero y… -intentó decir el muchacho, pero al ver a su prima se interrumpió- Vaya, así que a ti también te arrastraron hasta aquí –añadió con burla, hablando como si sólo él y Paola estuvieran ahí
-Hola Regente del infierno, qué tal el viaje –dijo Paola en el mismo tono, sin dejar de jugar con su comida
-Hasta que te veo –intervino Kenji, al darse cuenta de la presencia de su prima- Pensé que jamás saldrías de tu encierro
-Honestamente no lo hice por voluntad propia –admitió Paola- Y si no me ves, ve a que te midan otros lentes –añadió con burla, y Kenji, lejos de ofenderse, simplemente sonrió ante la ocurrencia
-Vayan a lavarse las manos y vengan a comer –dijo Ayaka, negando con la cabeza ante el trato poco cordial que Paola y sus primos solían tener desde siempre
Ambos chicos asintieron con la cabeza y se fueron, para volver luego a sentarse a la mesa con los demás.
-Y dónde está el "hijo ejemplar" –inquirió Touya con sorna, mirando a Paola que estaba sentada frente a él, mientras la sirvienta le servía un plato con guiso
-Seguramente ya vendrá. Se fue a entrenar, supongo –contestó su prima, entendiendo que el único que "hablaba su idioma", por decirlo de alguna forma, era Touya- Aunque no sé si realmente entrena, porque se supone que con el ejercicio físico uno va bajando de peso, no aumentando, y Genzo cada vez se ve más llenito, jajaja –añadió con burla, y el mayor de sus primos se unió a la risa
-Ejem, eviten ese tipo de comentarios, estamos comiendo –le pidió Yoshiro, aclarando la garganta
-Pero cuál es el problema, papá, si sólo es una charla amistosa entre mi prima y yo –alegó Touya cínicamente
-Sí, pero habemos otras personas en esta mesa –reclamó su madre
-Perdón –dijeron ambos al unísono, sin sentirlo realmente, intercambiando miradas divertidas de complicidad
-Por cierto, ¿qué has estado haciendo desde la última vez que nos vimos? –preguntó Touya, comenzando a comer
-No demasiado, ¿por? –respondió Paola, recordando que hace apenas unas semanas había visto a su primo
-¿Cómo te fue en ese viaje con tu novio? –insistió su primo sonriendo burlonamente, logrando que su prima se atragante con el jugo que estaba tomando
-¿Tienes novio? –quiso saber Hidetoshi, mirándola seriamente
-Si hablas de Mamoru, no es mi novio, ya te lo dije –aclaró la chica, ignorando a su padre
-Más le vale haberse comportado –advirtió Touya sin dejar la burla
-Claro que lo hizo –aclaró Paola, sin poder evitar sonrojarse al recordar las cosas que había pasado con Mamoru, incluyendo el beso que se habían dado y del cual nadie en su familia debía enterarse
-¿Y por qué te pones roja entonces? –secundó Kenji, sonriendo divertido
-¡Porque la comida está picante! –inventó la chica, poniéndose más roja aún
-No, no lo está –aclaró el menor de sus primos
-¿Cómo es eso de que te fuiste de viaje con tu novio? –preguntó Yoshiro seriamente
-A ver, no me fui de viaje con mi novio, sino con unos amigos –aclaró Paola, comenzando a fastidiarse, mientras Touya la veía divertido al haberla metido en semejante problema
-¿Amigos? Supongo que con amigos hablas de mujeres y hombres, ¿verdad? –quiso saber su tía, algo alarmada ante la noticia
-Eh…sí, claro que había mujeres ahí –dijo Paola, pensando que no era una total mentira, después de todo Becky y Ayumi también habían estado en Miyakojima, aunque no hubiera viajado precisamente con ellas- Y antes que lo pregunten, sí, nosotras nos quedamos en habitaciones completamente separadas de las de los demás –inventó con cinismo
-¿Entonces tu novio también estaba ahí? –preguntó Kenji
-Eh…ya les dije que Mamoru no es mi novio –volvió a decir Paola, cuando en realidad la imagen de Ken había aparecido en su mente
-Qué, ¿Izawa es tu novio? –escuchó decir a Genzo, que acababa de entrar
-¡Que no! –repitió ella, bastante fastidiada
-¿Entonces quién es? –insistió el portero japonés
-Pues estábamos tratando de develar su identidad –dijo Kenji en tono divertido
-¿Ah sí? ¿Y nos dirás quién es? ¿acaso lo conozco? –insistió Genzo, mientras Paola quería pararse e irse inmediatamente de allí- Porque si es así será mejor que no me lo cruce –advirtió, en un tono que no se sabía si bromeaba o lo decía en serio
-Paola no puede tener novio, ella debe preocuparse en otras cosas –sentenció su padre
-No necesito preocuparme en nada, y sí, sí tengo novio –confesó la chica desafiante, sobre todo por darle la contra a su papá
-¿Y quién es? –quiso saber Touya con interés
-¿Creen que se los diré? Ni de broma –les dijo Paola con seguridad- No quiero que ninguno de ustedes vaya a investigarlo, buscarlo y/o fastidiarlo. Si ya éste vino con la amenaza sin venir a qué –agregó, señalando con el tenedor a Genzo
-¿Es algún jugador de fútbol del Toho? –preguntó Genzo con curiosidad
-No, y ya dije que no diré quién es –respondió Paola, a sabiendas que eso de que no era un jugador del Toho no era del todo mentira, ya que Ken hacía más de un año que ya no lo era
-Espero que podamos conocerlo alguna vez –dijo Ayaka
-No lo sé, tía, con eso de que me quedaré aquí hasta quién sabe cuándo, no sé si quiera seguir con una relación a larga distancia –inventó su sobrina con sarcasmo, creyendo que así dejarían de fastidiarla con el tema
-Me parece bien, después de todo tienes cosas más importantes en las que ocuparte –opinó Hidetoshi y nadie pareció hacerle caso, porque al menos sus primos no le quitaron la mirada de encima a la chica
-¿Podemos cambiar de tema? –pidió Paola, incómoda, dando un respingo cuando sintió las manos de Genzo sobre sus hombros
-Será mejor que no me entere que es alguien que conozco, porque nadie que conozco y que tú conoces en Japón me agradaría como novio tuyo –susurró Genzo al oído de su prima, inclinándose junto a ella- Y sabes que cuando me pongo fastidioso, lo soy en extremo
-Ya lo sé –masculló ella mirándolo de reojo molesta
-Vaya, no te había visto, ni sabía que llegabas hoy –comentó Genzo al ver a Touya, incorporándose- Hola Regente del infierno
-Hola, hijo perfecto –contestó su hermano con sarcasmo- ¿Cansado de ser el ejemplo para todos los demás?
-Touya… -dijo su madre en tono de reproche
-No, es más, lo disfruto –contestó su hermano en el mismo tono, tomando asiento junto a Kenji
-Qué es eso de "Regente del infierno". Dejen de llamarlo así, ya no son unos niños –se quejó Yoshiro
-Pero si lo es y nunca dejará de serlo –intervino Kenji- Regente del infierno –repitió divertido, siendo secundado por Paola
-Regente del infierno, regente del infierno –seguían diciendo los dos una y otra vez, y Genzo se sumó a la burla- Regente del infierno, regente del infierno…
-Cállense –pidió Ayaka nada divertida, pero como si fueran niños chiquitos, ni sus hijos ni su sobrina le hicieron caso, mientras Touya esbozaba una media sonrisa
-Hijo perfecto, cuatro ojos, adoptada… -les dijo Touya, arrojándole a cada uno, respectivamente, un pedazo de pan
-Oigan, compórtense –pidió Yoshiro, mientras los muchachos se hacían muecas, gestos obscenos o se arrojaban con pan
-¡Yoshiro-san, Yoshiro-san! –escucharon de pronto gritar a Tomiko, que bajaba las gradas rápidamente- ¡La señora, la señora!
Gracias a Becky y a Irina por sus reviews. Ojalá Irina pudiera tener una cuenta de registro en FF para responder a sus preguntas n_n
"A.S.K.K." y "I.L.D.C.O." son mensajes en código que se mandan Paola y Ken (para mayor referencia está la primera parte de "En lo más profundo de tus miedos"). El primero significa "Ai shiteru Karate keeper" y el segundo "Ich liebe dich chiisana onna".
"Eirina" es el apodo –oficial- de Kazuki.
Touya y Kenji Wakabayashi son nombres dados por Lily de Wakabayashi a los personajes originales.
Paola Wakabayashi, Hidetoshi Wakabayashi y Tomiko son personajes creados por Tsuki_W.
Los personajes de Captain Tsubasa le pertenecen a Yoichi Takahashi y Shueisha.
