Capítulo 3
Como impulsados por un resorte, Yoshiro, Hidetoshi, Ayaka y Genzo salieron corriendo hacia la habitación de su abuela, seguidos por Kenji que reaccionó más lentamente ya que se atoró al intentar tragar uno de los pedazos de pan que Touya le había arrojado. Por su parte, Paola y Touya no se movieron de sus lugares.
-¿No piensas ir? –le preguntó Paola
-No, supongo que con tantos ahí ya es suficiente –contestó su primo con indiferencia, agregándole sal a su comida
-¿Y a ti qué te hizo la abuela para que te importe tanto? –inquirió la chica con sarcasmo, dejando su tenedor sobre el plato
-Nada más recalcarme cada vez lo bueno que era Genzo, cuánto se parecía a mi padre y a mi abuelo y todo lo que yo debía esforzarme para que él no tome mi lugar como sucesor de la familia –explicó su primo, comenzando a comer- ¿Y a ti?
-¿Recogerme como a un animal de la calle y luego abandonarme en un internado te parece poco?
-Cierto, fue ella la que te dejó botada ahí –dijo Touya, en un tono que parecía estar comentando una vieja y divertida anécdota
-Ajá…
-Pues nada, supongo entonces que nosotros dos no tenemos nada que hacer ahí arriba, simplemente quedarnos aquí a esperar a ver qué pasa
-Supongo… -murmuró Paola, encogiéndose de hombros, mirando de reojo hacia las gradas, sintiendo una punzada de culpa en el pecho
Cuando entraron en la habitación grande fue la sorpresa para todos al ver que la abuela Wakabayashi tenía los ojos abiertos, con la mirada clavada en el techo. Ayaka ahogó un grito de emoción, mientras que sus hijos y nietos sonreían contentos.
-Mamá, ¿puedes escucharme? –dijo Yoshiro, sentándose junto a ella
Sin embargo la mujer no se movió ni dijo nada.
-Mamá, ¿puedes entender lo que te estoy diciendo? –repitió su hijo, pero nuevamente no hubo respuesta
-Hay que llamar al médico –dijo Hidetoshi desanimado- Debemos decirle que abrió los ojos, aunque aparentemente no es más que eso
-Es un signo de mejoría –opinó Genzo tratando de ser optimista
-¿Y si no fuera así? –dudó Kenji, mirando a su hermano
-No digas eso –lo regañó éste- Mejor ve a llamar al médico
-Sí, aniki –contestó Kenji, saliendo rápidamente de la habitación
Mientras sus tíos, su padre y sus primos se encontraban en la habitación de su abuela, Paola había dejado de comer. Se encontraba apoyada sobre el dorso de sus manos, con la mente lejos de ahí.
-Qué te pasa –le preguntó Touya, sacándola de sus pensamientos
-Eh…nada –murmuró ella, acomodándose en la silla- Ya terminé de comer, me voy a mi habitación –agregó, marchándose seguida por la mirada extrañada de su primo
Estaba por entrar en su habitación, pero se detuvo. Puso la mano en el picaporte, pero no abrió la puerta. Miró de reojo hacia la última puerta del pasillo. Apretó el agarrador de la puerta, exhaló fastidiada diciendo una palabrota por lo bajo, luego soltó el agarrador y se dirigió hacia la puerta del final del pasillo.
No tocó, simplemente empujó con cuidado la puerta, que estaba entreabierta, y se asomó. Todos los que ahí estaban ni se percataron de su presencia y le daban la espalda. Se aproximó en silencio y sintió que el corazón le dio un vuelco cuando notó que su abuela se encontraba con los ojos abiertos. Genzo le dijo a su padre que iba a ver por qué Kenji estaba tardando, cuando volteó y se dio cuenta que su prima estaba ahí.
-¿Estás bien? –le preguntó al notar que ella tenía lágrimas en los ojos, llamando la atención de todos los demás que no sabían a quién le estaba hablando
-Sí, obvio –respondió Paola tratando de fingir naturalidad, limpiándose bruscamente los ojos
-Abrió los ojos, pero no responde –comentó Genzo, pensando que si su prima estaba ahí era porque después de todo, y aunque quisiera aparentar que no era así, la condición de su abuela le preocupaba
-El Dr. Friedman está en camino –anunció Kenji, entrando súbitamente en la habitación- Fue difícil localizarlo porque me dijeron que estaba en cirugía –añadió, adelantándose al seguro reclamo de su hermano mayor acerca de su retraso
-Entonces vamos a esperarlo aquí –dijo Yoshiro, que no se había movido del lado de su madre
Esperaron por alrededor de cuarenta minutos, cuando la sirvienta tocó a la puerta indicando que el médico estaba ahí. Paola seguía ahí, parada, mirando como hipnotizada hacia el lecho donde se encontraba su abuela. Muchos pensamientos daban vuelta su cabeza hasta casi marearla por la confusión que le creaban. Recordaba vagamente la primera vez que había visto a su abuela, una mujer elegante, fuerte, estricta y decidida. Nunca había sido realmente cariñosa con ella, aunque en realidad no lo era con nadie, ni siquiera con Genzo y sus hermanos. Sin embargo, en un par de ocasiones mientras vivía con ella, su abuela solía hablarle con cierto afecto, aunque la mayoría de las veces la corregía o criticaba todas las cosas malas que hacía.
Para Paola, la imagen de su abuela le resultaba demasiado ambigua. No era algo tan definido como con su abuelo, quien siempre la vio con malos ojos y casi ni le permitía acercarse a él. Si bien al principio su abuela era muy indiferente hacia la muchacha, aún así trataba de darle las mismas cosas que les daba a sus primos, sin hacer diferencias. Y cuando se hizo cargo de ella trató de darle las comodidades que necesitaba, aunque la chica sentía que la había acogido más por no sentirse sola cuando quedó viuda, como quien adopta un animal de compañía. Por todo eso, Paola jamás entendió qué sentía en realidad su abuela con respecto a ella, lo que no sólo confundía sus pensamientos, sino también sus emociones.
Por algo, se decía a sí misma Paola, al poco tiempo de su llegada al Toho había intentado ser "una buena niña", porque en el fondo quería la aprobación de su abuela, no sólo para que la saque de ahí, sino porque realmente quería ser aceptada por ella, quería que la quisiera. Para Paola, el haber sido dejada en un internado era un castigo que tenía que cumplir sin saber por qué, y aunque jamás lo entendiera, pensaba que si se portaba bien un día su abuela iría por ella. Pero el tiempo pasó y su abuela jamás volvió para llevarla de regreso con ella, por lo que la chica decidió que estaba gastando energías en vano y que era mejor comportarse como le viniera en gana, ya que de ahí en adelante estaría sola y debía salir adelante como sea.
Si bien para ella estaba claro que el mutuo rechazo con su abuelo la había llevado a odiarlo, a su abuela nunca la odió realmente. Sí le había dolido el hecho de que la dejara en un internado siendo tan pequeña, pese a sus ruegos porque no lo hiciera. Pero a más de eso ella no podía reprocharle nada más grave. Después de todo, gracias a su abuela había aprendido a vivir lejos de la familia que tanto la lastimaba y a formar una pseudo familia con sus amigos. ¿Será que ésa era la intención de su abuela desde el principio? ¿será que ella sabía que la chica nunca sería feliz estando con su familia de sangre y por eso decidió alejarla de ellos como una forma de protegerla? Cómo saberlo. No sólo porque su abuela ya no estaba en condiciones de responder a esa pregunta, sino porque tal vez Paola jamás tendría el valor de querer saber la respuesta.
El médico entró, pidiendo a los familiares que se retiren mientras examinaba a la mujer. Luego de varios minutos les permitió el ingreso nuevamente.
-Si bien es un buen signo que haya abierto los ojos, el pronóstico sigue siendo malo –dijo el médico con seriedad- Aún no presenta respuesta a estímulos, así que su condición no ha variado mucho
-¿Qué recomienda doctor? –preguntó Hidetoshi
-Como les había dicho anteriormente, pueden llevarla a Múnich para que la vea el Dr. Metzger, que es el mejor neurocirujano del país –respondió el Dr. Friedman- Pero moverla y llevarla hasta allí quedaría bajo responsabilidad suya. Como su médico, yo no recomiendo que la muevan, después de todo el pronóstico no es bueno
-¿Entonces dice que sí y luego que no? O es que definitivamente ya no entiendo nada de alemán –dijo Paola de repente, en tono molesto, sorprendiendo a todos los presentes- ¿No se supone que como su médico usted debería ayudarnos a decidir y no por el contrario confundirnos más?
-Paola… -dijo su tío en tono de regaño
-Ella tiene razón –la apoyó Genzo- Sus palabras resultan confusas, doctor. Nos habla de la posibilidad de llevarla a Múnich, posibilidad de la que usted mismo nos habló, pero enseguida nos dice que usted no apoya la idea. ¿Cómo procedemos entonces?
-Entiendo la situación por la que están pasando –alegó el médico, mirando de soslayo a Paola como preguntándose quién rayos era ella- Pero debo ser honesto con ustedes. Aún siendo tratada por el Dr. Metzger, no creo que la Sra. Wakabayashi vaya a mostrar mejoría alguna. Su edad es un factor que le juega en contra, y las complicaciones que ha estado presentando aún más
-¿Está diciendo que aunque haya abierto los ojos ella jamás despertará? –inquirió Ayaka, con lágrimas en los ojos
-Estoy diciendo que es muy probable que ella quede en ese estado hasta que su corazón se canse y deje de latir –explicó el Dr. Friedman, causando un impacto doloroso en los familiares de la mujer
-¿Y entonces por qué abrió los ojos? –inquirió Yoshiro aún con cierta esperanza
-No lo sé, puede ser una mera respuesta del sistema nervioso, como un reflejo. Tendríamos que hacerle más exámenes para darle una respuesta más clara –contestó el médico- De todos modos, la decisión de que ella se quede o vaya hasta Múnich es de ustedes
-Gracias por venir doctor, nosotros le informaremos de nuestra decisión en cuanto la tengamos... –dijo Hidetoshi
-Nos la llevaremos a Múnich –dijo Genzo decidido, sorprendiendo a sus padres, a su tío y al propio médico- Agradezco su honestidad, doctor, pero como familia nosotros no podemos perder la esperanza de que mi abuela pueda mejorar, aunque eso no pase pronto. Y si el mejor neurocirujano está en Múnich y él no puede venir hasta aquí, nosotros la llevaremos hasta él para que él la evalúe y nos dé su opinión
-Sí, yo también creo que eso será lo mejor –opinó Kenji seriamente
-Mi abuela siempre decía que en otoño le gustaba más el clima de Múnich porque aquí en Hamburgo llueve más y hace más frío –comentó Paola en tono neutral- Así que por qué no llevarla hasta allí. Quién dice y sintiéndose en un mejor ambiente para ella hasta puede reaccionar. Ella siempre ha sido así, demuestra claramente cuando algo no le agrada, y tal vez se puso terca para despertar sólo porque no quiere estar más aquí –sugirió esbozando una media sonrisa sarcástica
-A mí también me gusta más Múnich que Hamburgo –comentó Touya fingiendo indiferencia. Desde hace varios minutos escuchaba atento apoyado en el umbral de la puerta- Además, no es que mi abuela confiara demasiado en usted, doctor. Si lo llamaba era porque no le quedaba de otra –añadió en tono burlón, lo que ofendió al médico quien se limitó a aclarar la garganta y ponerse rojo
-Supongo que no necesita esperar por nuestra respuesta, doctor. Nos llevaremos a mi abuela a Múnich –anunció Genzo
-Nosotros aún no opinamos –se quejó Hidetoshi
-Somos cuatro contra tres –alegó Kenji
-Sí, y que Touya haya estado aquí para votar cuenta por tres más –acotó Paola en tono divertido, mientras su primo la miraba de reojo
-Pero… -intentó decir su padre, sin embargo, Yoshiro lo interrumpió
-Nosotros nos encargaremos de todos los trámites para el traslado de mi madre a Múnich –dijo Yoshiro, poniéndose de pie, ya que se encontraba nuevamente sentado junto a su madre- Le pido que usted nos entregue los documentos médicos necesarios que el neurocirujano necesitará ver allá
-Pero Yoshiro… -murmuró su hermano, nada convencido por la decisión
-Agradecemos todo lo que hizo por mi suegra hasta ahora, doctor –intervino Ayaka, inclinándose con respeto- Pero como usted dijo, la responsabilidad recaerá sobre nosotros a partir de ahora
-Si ya lo han decidido, no me queda más que desearles buena suerte y que encuentren un apoyo a la esperanza a la que se aferran –respondió el Dr. Friedman, extendiendo una mano que Yoshiro estrechó, mientras éste se inclinaba respetuosamente- Le pediré a mi secretaria que mañana mismo les entregue los documentos que necesitarán
-Entonces yo me comunicaré con los encargados del servicio del helicóptero ambulancia para llevarla a Múnich mañana temprano –dijo Kenji, sacando su celular
-Yo le confirmaré a los del hospital Deutsches Herzzentrum que mi abuela llegará mañana –dijo Touya, mientras los demás lo miraban sorprendidos- Qué, no me gusta dejar nada para más tarde, así que ya hice una pre-reserva –explicó, como si lo que había hecho no fuera algo del otro mundo
-Así que ella no te importaba –pensó Paola divertida y a la vez conmovida al escuchar al mayor de sus primos
-Gracias por todo doctor –dijo Genzo, mientras él, sus padres, su tío y Kenji se inclinaban ante el médico a manera de agradecimiento
-No tienen nada que agradecer. Manténganme al tanto de cualquier novedad, por favor –pidió el Dr. Friedman, para luego marcharse acompañado por Hidetoshi
-Le pediré a Elke que alquile una casa en Múnich, y que mientras tanto reserve habitaciones en un hotel –anunció Ayaka, saliendo de la habitación
-Quién es Elke –quiso saber Paola
-La asistente de mi madre aquí en Alemania –respondió Genzo con indiferencia
-Pues vaya nombre más feo –opinó la chica con sinceridad
-Y la de nombres más feos que hay en este país, algunos parecen marcas de embutidos –comentó Touya con burla
-O de electrodomésticos –dijo su prima, esbozando una sonrisa
-Dejen de estar diciendo tonterías y mejor vayan a empacar, saldremos mañana temprano –dijo Yoshiro, algo entretenido por los comentarios sin sentido de su sobrina y su hijo mayor, que en aquél momento caían como suavizante a la difícil situación por la que estaban pasando
-¿Empacar otra vez? –protestó Paola- Para eso dejaba mis maletas hechas
-Pídele a Tomiko que lo haga por ti –sugirió Touya, mientras ambos se dirigían a la puerta
-¡Buena idea! Pero dónde se metió mi nana que no la vi por aquí cuando el matasanos ése estaba hablando –dijo la chica
-Se quedó abajo, no quería venir. Me dijo que no era adecuado –contó su primo
-Cuándo entenderá que ya es parte de este desastre llamado familia Wakabayashi… –suspiró Paola con cierta resignación, desapareciendo por la puerta junto con Touya
-A veces pienso que ambos tienen la misma edad mental –comentó Yoshiro cuando ésos dos se fueron
-No sé si la misma edad mental, pero sí la misma mente retorcida –opinó Genzo con sinceridad, que se había quedado con él, ya que incluso Kenji se había ido a hablar por teléfono
-Je, probablemente –bufó su padre cansinamente- Por cierto, gracias hijo
-Por qué me agradeces
-Por habernos ayudado a tomar la decisión de llevar a mi madre a Múnich
-No tienes que agradecerme eso. Yo no perderé la esperanza hasta el último momento –anunció el portero- Nunca me he dado por vencido, y menos me daré por vencido por alguien a quien quiero
-Lo sé –dijo su padre, dándole unas palmaditas en el hombro- Pero ni yo mismo sé si tener esperanza nos causará más dolor en el futuro
-Tenemos que hacer todo lo posible
-Eso también lo sé –admitió Yoshiro, con una débil sonrisa- Por cierto, no es necesario que vayas con nosotros. Sé que tienes que entrenar y no es fácil para ti irte así como si nada a Múnich
-No creo que haya problema si hablo con el entrenador y le explico para qué necesito ir a Múnich –explicó Genzo- Además no perdería muchos días si ya casi es fin de semana. Puedo volver el lunes
-Haz lo que debas, pero no dejes de cumplir tus responsabilidades con tu equipo –aconsejó su papá
-Siempre he cumplido papá, no te preocupes –contestó su hijo en tono tranquilizador- Iré por algunas cosas a mi departamento y le preguntaré a Karl si puede ayudarnos estando en Múnich
-¿Pero él no estaba aquí hoy?
-Sí, pero se iba a ir en su coche hoy mismo, así que para mañana seguro ya estará de vuelta allá
-Entonces habla con él y, antes que nada, que disculpe por tener que molestarlo tanto
-No te preocupes papá, se lo diré…
-Y Genzo…por favor ten paciencia con Paola. Esto no está siendo fácil para ella –le pidió su padre, mirándolo como en súplica
-Esto no es fácil para nadie –respondió Genzo, sintiendo que de alguna manera su padre lo estaba regañando
-Sabes a qué me refiero
-Supongo…
-Y será más difícil para ella –comentó Yoshiro más para sí- Sabrina está en Múnich
-¿Qué? –murmuró su hijo, frunciendo el ceño- ¿Cómo que Sabrina está allá?
-Llegó hace unos meses y nos hizo saber que había vuelto a Alemania –contó Yoshiro- Mi madre lo sabía, y nos pidió que si llegara a ponerse mal le pidiéramos a Sabrina que venga
-¿Y para qué? –inquirió Genzo, imaginando el coraje que le causaría a su prima saber aquello- Papá, Paola no puede ni ver a su madre
-¿Por qué crees que te digo que le será más difícil? –confesó su padre, bajando la mirada con tristeza- Por eso trata de ser paciente con ella. Sé que no se llevan muy bien, pero por favor, trata de apoyarla…
-Lo haré hasta donde ella me deje, porque eso no depende sólo de mí –respondió Genzo, sintiendo pena por Paola- Ahora, si me disculpas, iré a hablar con el entrenador, aún puedo encontrarlo
-Está bien, ve. Mañana nos vemos aquí
-Sí. Hasta mañana papá –dijo el portero japonés, marchándose
Yoshiro lo vio marcharse. Luego volteó para contemplar a su madre.
-Vamos a salvarte mamá, entre todos lo vamos a conseguir, ya lo verás –murmuró el hombre, sintiendo un nudo en la garganta
Aquella noche fue pésima para la germano-japonesa. Soñaba lo mismo una y otra vez, como una sombra que no la dejaba por más que ella intentara correr. Estaba de nuevo parada frente a la puerta del Toho, su abuela nuevamente junto a ella diciéndole que debía quedarse ahí. La vio dar media vuelta y marcharse, y no importaba cuánto gritara por ella porque su voz no salía, y su abuela simplemente seguía caminando hasta desaparecer. Caía de rodillas, exhausta de gritar y llorar, y se cubría el rostro con las manos.
De pronto sentía una mano en su hombro, y al bajar las manos y levantar la mirada, Kazuki, Ken, Kojiro, Takeshi, Shimano, Furuta, Naoko…todos sus amigos estaban frente a ella, sonriéndole. Kazuki le extendía una mano para ayudarla a levantarse. Entonces sentía dos pares de manos agarrándola de los brazos para pararse, y al mirar descubría que eran Becky y Ayumi que, sonriéndole, le ayudaban también a ponerse de pie. Ella sonreía y sentía una sensación de calidez en el pecho. Pero a continuación todo se ponía oscuro, sus amigos alrededor desaparecían y lo único que veía era gente desconocida, caminando de aquí para allá apresuradamente, y entonces se daba cuenta que estaba de regreso en el aeropuerto de Moscú. Su celular sonaba y ella contestaba extrañada. Al otro lado del teléfono una voz desconocida le decía que llamaba de parte de sus tíos, comunicándole que los trámites de renuncia al Toho se habían iniciado, así que ya no volvería. El mundo se abría bajo sus pies, y ella caía en un abismo sin fin, sintiendo una mezcla de emociones queriendo estallar en su pecho, y entre ellas imperaban el sentimiento de soledad y despedida que tanto odiaba. De pronto Paola despertó respirando agitada, sentada sobre su cama, con sudor en la frente. Vio alrededor y sólo la tenue luz de la luna atravesaba sus cortinas. Otra vez ese sueño, o mejor dicho, esa pesadilla. Cuándo dejaría de tenerla…
Al día siguiente cada quien hizo lo pactado, y alrededor de las once unos paramédicos acompañados de dos enfermeras subían con sumo cuidado a la señora Wakabayashi a una camilla de la ambulancia que luego la llevaría hasta el helipuerto del hospital más cercano. Yoshiro y Genzo acompañarían a la mujer durante el vuelo hasta Múnich, mientras Ayaka, sus hijos, Hidetoshi y Paola se dirigían al aeropuerto de Hamburgo para tomar un avión hasta aquella ciudad. Por decisión de sus tíos, Tomiko se uniría más tarde a la familia en Múnich.
Al llegar al aeropuerto de Múnich se encontraron con que Karl los esperaba para acompañarlos al hotel donde se alojarían por unos días hasta conseguir una casa para todos. No hace falta decir la cara de fuchi que puso Paola al verlo, ni la cara de "respira profundo" que Karl puso al verla a ella.
-Definitivamente los alemanes son todos iguales –comentó Paola en tono burlón, mientras Karl saludaba a Hidetoshi y Ayaka- Yo vi uno igualito a este allá en Hamburgo –añadió, señalando y mirando al alemán de pies a cabeza
-Es el mismo –dijo Touya divertido
-Si Alemania fuera un álbum de figuritas, habrían muchas repetidas –añadió la chica, pasando de largo a Karl que rodaba los ojos fastidiado
-Ya la debes conocer –dijo Kenji esbozando una sonrisa, mientras le daba la mano al alemán
-Lastimosamente sí –respondió Karl haciendo una mueca de hastío
-Discúlpala, Paola simplemente no sabe medir lo que dice –intervino Ayaka al escuchar aquella respuesta
-No se preocupe Sra. Wakabayashi, trataré de encontrar la forma de tolerar a su sobrina –dijo el jugador, con una sonrisa forzada
-Ojalá ella encuentre la forma de tolerarte a ti –comentó Touya en tono sarcástico, mirando de reojo a Karl, quien prefirió no responder al ya conocido hermano hostil de Genzo
Karl los condujo hasta el estacionamiento del aeropuerto, donde le entregó a Touya un juego de llaves de un automóvil que había alquilado.
-Vaya, qué buen asistente eres –se mofó Paola- Tienes todo listo y calculado
-Puedes introducir la dirección en el GPS si no sabes cómo llegar –dijo Karl, ignorando a la chica, aunque ganas no le faltaron de responderle- Genzo me dijo que los llevara primero al hotel y que de ahí irían al hospital
-Qué buena coordinación tienes con mi hermano –lo "halagó" Touya- ¿Eres su novio o algo? –inquirió en tono burlón
-¡Touya! No digas cosas como ésa –lo regañó su madre
-Pero cuál es el problema mamá, éste es un país libre y poco conservador –se excusó su hijo, encogiéndose de hombros- Tienes que tener la mente más abierta ante la posibilidad de que tu hijo perfecto le lance balones a su mismo equipo –sugirió en evidente burla
Ante la gracia Paola fue la única que se echó a reír. Kenji tuvo que disimular la risa tosiendo. Hidetoshi sólo negó con la cabeza ante la falta de delicadeza de su sobrino. Mientras Ayaka hacía un gesto de estar sumamente avergonzada. Karl no respondió, ya que no era la primera vez que Touya lo atacaba o se burlaba de él o de Genzo, así que simplemente esbozó una sonrisa y dio media vuelta para abrirle la puerta de su auto a Ayaka.
-No te vayas a perder por la ciudad, Touya –dijo el alemán, mirándolo con sorna- Aunque me daría mucho gusto que eso pase –añadió, sonriéndole con sarcasmo
-Sé que sí Schneider –contestó Touya en el mismo tono, subiéndose al automóvil que el alemán había rentado- Aunque si, irónicamente dado que estamos en Alemania, este automóvil es japonés, dudo que eso pase –agregó, hablándole después de bajar la ventanilla del copiloto, asiento que iba a ser ocupado por Paola
Karl negó con la cabeza, algo divertido por la respuesta, y se subió a su automóvil. Ayaka se disculpó por las cosas que su hijo y su sobrina le dijeron. Cuando todos estuvieron dentro de los automóviles, ambos partieron con rumbo al hotel donde se alojarían.
Gracias a fbzmmx y kuroidono2 por sus reviews :)
"Aniki" es una forma de decir "hermano mayor".
Touya y Kenji Wakabayashi son nombres dados por Lily de Wakabayashi a los personajes originales.
Paola Wakabayashi, Hidetoshi Wakabayashi y Tomiko son personajes creados por Tsuki_W.
Los personajes de Captain Tsubasa le pertenecen a Yoichi Takahashi y Shueisha.
