Capítulo 4

Después de registrarse y dejar sus cosas en sus habitaciones, todos partieron rápidamente hacia el hospital Deutsches Herzzentrum, uno de los más reconocidos en Alemania. Cuando llegaron averiguaron si la abuela Wakabayashi había llegado y dónde se encontraba. Una enfermera les dijo que, evidentemente, la mujer había sido trasladada hace ya más de una hora a una habitación privada. Al llegar a la habitación indicada se encontraron con que Genzo y Yoshiro esperaban en el pasillo.

-Qué pasó, cómo llegaron –quiso saber Ayaka, agitada debido a la rapidez con la que había caminado hasta allí

-La presión le bajó un poco en medio vuelo, pero los paramédicos supieron estabilizarla –contó Yoshiro en tono preocupado

-¿Y por qué no están adentro? –preguntó Hidetoshi

-El Dr. Metzger ya está con ella y comenzaron con las primeras evaluaciones –explicó Genzo

-El apellido del hombre ése no me inspira confianza –murmuró Paola a Touya, y éste simplemente esbozó una sonrisa

-Ah Karl, gracias por traerlos –dijo el portero japonés al ver a su amigo, parado detrás de Touya y Paola

-No te preocupes, no fue ningún problema –contestó Karl

-Se hablan tan bonito que me dan ganas de llorar –le susurró Touya a Paola en tono burlón, y esta tuvo que aguantar la risa- Creo que ya tengo cuñado –agregó, disimulando la risa

-Si me gustaran los hombres, probablemente preferiría al hermano mayor de mi amigo –intervino Karl en tono sarcástico, susurrando a aquellos dos, ya que había escuchado los comentarios de Touya

-Yo paso, gracias –contestó el aludido tranquilamente, mientras su prima se cubría la boca evitando reír

Esperaron allí parados por varios minutos. De repente vieron aparecer al médico, un hombre maduro, rubio, de bigotes, con aire arrogante.

-En quince minutos van a llevarla a que le realicen una tomografía craneal actualizada –comentó el médico, dirigiéndose a Yoshiro- Cuando tenga los resultados, y una vez que lea la historia clínica y el informe que me enviaron de Hamburgo, les diré qué tipo de conducta llevaremos a cabo con su madre

-Sea sincero doctor. Ya que la revisó, ¿cuál es su pronóstico? –inquirió Yoshiro

-No les voy a mentir ni tampoco los voy a ilusionar. Las condiciones de la señora Wakabayashi son malas. Sin embargo, necesito conocer los resultados de esa tomografía para darles una respuesta más objetiva –explicó el Dr. Metzger, dándole luego algunas indicaciones a una enfermera- ¿Alguna otra pregunta? –añadió, mirando a los familiares

-No, ninguna –dijo el padre de Genzo algo abatido, y los demás también negaron con la cabeza

-Esperaremos por los resultados que dice –comentó Genzo

-Bueno, entonces con su permiso –dijo el médico, marchándose

-¿Qué todos los alemanes tienen cara de estar oliendo mi****? –preguntó Paola, viendo con fastidio al médico que se iba

-Paola, cuida tu lenguaje –la regañó su tía al escuchar la palabrota- Aunque lo digas en japonés y ellos no te entiendan, está feo que digas las cosas de esa manera

-Okay tía, repito y arreglo, ¿qué todos los alemanes tienen cara de estar oliendo popó? –repitió la chica cínicamente

-Aparentemente… -contestó Touya, viendo descaradamente la cara de Karl, que lo miró con fastidio

-Déjense de tonterías –intervino Yoshiro molesto- Mil disculpas Karl, estos dos no piensan antes de hablar –se disculpó en alemán

-No se preocupe señor, ya sé que no piensan –alegó Karl en tono burlón, y los aludidos lo miraron ofendidos

-¿Qué acaso entiende japonés? –preguntó Paola a Touya en un susurro

-¿Recién te diste cuenta? El novio parece que le enseñó –respondió su primo divertido

-Ya podemos entrar, supongo –dijo Hidetoshi, ignorando las groserías de su hija y los comentarios fuera de lugar de su sobrino, abriendo la puerta e ingresando en la habitación

-No creo que todos podamos estar al mismo tiempo en la habitación con ella –hizo notar Ayaka

-Entren ustedes, con mi tío y Genzo –propuso Touya, dejando la broma- Nosotros estaremos aquí en el pasillo

-Yo iré por algo de comer, ya me dio hambre –dijo Kenji, marchándose hacia la cafetería

Hicieron como sugirió Touya, y a él y a Paola les tocó quedarse sentados en una banca en el pasillo, con cara de aburrimiento. De pronto se percataron que Karl también seguía ahí, apoyado contra la pared frente a ellos, sumido en sus pensamientos.

-A eso le llamo fidelidad –le susurró Touya a Paola en tono burlón

-Lo debe querer mucho –respondió la otra en el mismo tono, dizque conmovida, mientras ambos miraban con descarado interés al alemán

-Ya los oí, si disimulados no son –gruñó el chico, mirándolos molesto- Y para que se lo sepan, no me quedo sólo porque Genzo es mi amigo, sino porque conozco a su abuela y la aprecio

-¿Aprecias a mi abuela? –preguntó Paola con incredulidad- ¿Me estás hablando en serio?

-Claro, por qué bromearía con algo así –alegó Karl

-Cómo puedes apreciarla si ella no es lo que se dice una persona apreciable –dijo la chica

-He tratado con ella varias veces y siempre me habló con respeto –explicó el Káiser seriamente- Además sé que se preocupa por su familia

-Ahora resulta que la conoces mejor que nosotros –bufó Touya burlón

-Sé que no todos ustedes tienen un buen concepto de ella, pero no creo que no la quieran, sino no estarían aquí –dijo Karl, dando en el clavo con sus palabras, ya que ambos primos intercambiaron miradas de desconcierto y no dijeron nada

Pasado el tiempo indicado por el médico, vieron a un par de enfermeros entrar en la habitación y luego sacar a su abuela en una camilla. Nuevamente, Yoshiro, Genzo, Hidetoshi y Ayaka decidieron ir con ella, mientras los demás, excepto por Kenji que aún no volvía, se quedaban a esperar en el pasillo.

Luego de algunos minutos de espera, Touya estiró los brazos desperezándose, y se levantó de su asiento.

-Voy por algo de comer –anunció en tono aburrido- ¿Quieres algo? –le preguntó a su prima

-No, yo estoy bien –contestó ella

-¿Y tú? –inquirió, mirando a Karl, que se sorprendió ante la pregunta

-Eh…no, yo tampoco quiero nada, gracias –contestó el Káiser con educación

-Bien, entonces ya vengo. Aprovecharé para ver si el flojo de Kenji sigue ahí o ya se fue a dormir a alguna parte –dijo Touya, marchándose

Ambos muchachos lo vieron irse, para luego volver a la misma posición en la que estaban, cada uno mirando en dirección opuesta al otro.

-Cuántas veces has estado en Alemania –inquirió Karl de pronto, intentando iniciar una conversación con Paola después de varios segundos en silencio

-Las suficientes como para saber que prefiero Japón –contestó ella sin mirarlo, con la cabeza apoyada contra la pared

-Entonces no has visto lo realmente bueno de mi país –alegó el chico, mirándola con sorna

-Tampoco me interesa. En cuanto pueda me iré de aquí –dijo Paola, viéndolo con aburrimiento

-¿Y a dónde? Si tu familia está aquí

-Estás muy equivocado –aclaró la chica, separando la cabeza de la pared- Toda mi familia está en Japón

-Ya veo…Genzo me había comentado que tú crees que tu verdadera familia son los amigos que hiciste allá –comentó Karl, con una media sonrisa

-No sé por qué te comentó nada de mí, pero es cierto, ellos son mi familia –dijo Paola tajante

-¿Y sólo por ellos quieres volver? –inquirió el Káiser con curiosidad

-¿Por qué de repente tienes curiosidad sobre mí? –quiso saber Paola, enarcando una ceja

-No sé, no es que tenga particular interés en ti, pero al menos conversando de algo podemos pasar el tiempo –explicó el alemán tranquilamente

-Por qué, ¿cuánto más piensas quedarte aquí? ¿no estás aburrido? –preguntó la germano-japonesa

-Me quedaré hasta saber qué dice el médico de los resultados de la tomografía –respondió el chico, sentándose junto a ella

-Que bien, ¿no? ¡lucky me! –comentó Paola, en claro tono sarcástico

-Tú aún no sabes quién soy yo, ¿verdad? –quiso saber Karl, apoyando la cabeza contra la pared, y girándola un poco para ver a Paola con una media sonrisa divertida

-Eres el amigo-asistente, tal vez novio, de Genzo –respondió Paola cínicamente- Un alemán rubito con cara de antipático y tintes racistas. ¿Algo más?

-Je, no soy nada de eso –alegó Karl ni un poco ofendido- Y si intentas ofenderme deberías tratar de ser un poquito más original –sugirió en tono burlón

-Mmmm…pues entonces, eres un alemán rubito con cara de antipático que me recuerda por qué no me gusta Alemania –dijo Paola

-Alemania no te gusta porque crees que aquí no está tu familia –dedujo Karl, y por la cara que puso Paola supuso que nuevamente había dado en el clavo- O qué, me vas decir que no es cierto

-No te voy a negar que es medio cierto, pero no es sólo por eso –contestó la chica, desviando la mirada

-Mmm…no te gusta Alemania porque no está tu novio –dijo el Káiser a modo de broma, pero al notar que Paola lo miraba con cara de sorpresa se dio cuenta que sin querer había atinado otra vez- ¿En serio tienes novio? –preguntó incrédulo

-Qué, no puedo o qué –se quejó Paola ofendida

-¿En verdad existe un ser con tanta mala suerte y tan mal gusto? –inquirió el alemán en tono burlón- Deberían hacerle un monumento…

-¡Mala suerte y mal gusto por qué! –exclamó la chica indignada- Ni que tu novia estuviera bendecida por los cielos al tener que aguantar a un patán como tú, que además es medio feíto –añadió con crueldad

-¿Medio feíto? ¿en verdad piensas que soy feo? –preguntó Karl ofendido

-¿Y no lo eres?

-Para que sepas tengo hasta un club de fans –se jactó el alemán- Y varias revistas juveniles me eligieron como uno de los hombres más atractivos de Alemania

-Eso demuestra lo mal que están aquí del gusto –bufó Paola- La cerveza les ha afectado el sentido común…

-Pff, cómo se nota que la que no sabe nada de buen gusto eres tú –bufó esta vez él, desviando la mirada

Nuevamente se quedaron en silencio, rayándosela mentalmente el uno al otro.

-¿En serio tienes novio? –volvió a preguntar Karl sin poderlo creer

-Y por qué la sorpresa –inquirió Paola con fastidio

-Digamos que tienes un carácter de los mil demonios, boca de camionero, eres una engreída, caprichosa y berrinchuda... Por eso, ¿en serio tienes novio?

-Sí, sí tengo –respondió ella ofendida- Y todo eso que dices él no lo ve…

-Con razón… -murmuró Karl enarcando ambas cejas

-¡Digo que no lo ve porque él ve las cosas buenas que hay en mí! –aclaró Paola indignada

-Ay, por favor, ni que lo bueno fuera tan evidente…

-Y tú qué, siendo así medio feíto, engreído, racista, insoportable, y de orientación sexual dudosa, ¿aún así tienes novia? –preguntó Paola frunciendo el ceño

-Ja, y a ti quién te dijo que tengo novia –respondió Karl en tono triunfal- Además no soy nada de eso, y mi orientación sexual no es dudosa, a mí me gustan sólo las mujeres

-Las mujeres y Genzo –aclaró Paola con sarcasmo

-Las mujeres y sólo las mujeres –repitió el Káiser

-Y Genzo dónde queda –fingió indignarse la chica

-Genzo es uno de mis mejores amigos desde que somos niños, sólo eso –explicó Karl con paciencia

-¿Mejores amigos desde niños? -murmuró Paola pensativa, de pronto la imagen de Kazuki se le vino a la mente

-Qué, ¿tú no tienes mejores amigos? –inquirió el alemán, al notar que la chica dejaba la actitud hostil

-Claro que sí –respondió ella en tono más neutral- Y los extraño… -añadió suspirando, por lo que el chico no supo qué más decirle

-Ya me cansé de esperar, iré por algo de tomar, ¿quieres algo? –preguntó Karl luego de algunos minutos en silencio

-No gracias –respondió Paola con indiferencia

-Bueno, tú te lo pierdes –dijo el chico, poniéndose de pie

Paola lo miró de reojo, luego miró hacia el otro lado del pasillo y vio que una enfermera venía en esa dirección. El muchacho dio unos pasos, la chica sonrió con malicia y estiró el pie. Karl no se dio cuenta de la repentina aparición del pie de Paola, por lo que tropezó con él y fue a dar contra la enfermera, quedando abrazado de ella y con su rostro a sólo centímetros. Al ver la cercanía del muchacho la mujer se puso completamente roja.

-Yo…eh…lo siento –se disculpó Karl avergonzado, separándose rápidamente- Me tropecé…

-No…no se preocupe –balbuceó la mujer mirándolo encantada, mientras Paola disimulaba la risa

-Espero no haberla lastimado –dijo el chico apenado

-No, estoy bien –aclaró la enfermera bastante emocionada, marchándose luego a toda prisa

-Es la segunda que me haces, pero me las vas a pagar –amenazó Karl en voz baja, mirando furioso a Paola

-¿Yo? Yo qué hice, no tengo la culpa de tu torpeza –respondió ella cínicamente, dizque molesta por la "falsa" acusación

Karl iba a continuar la discusión, pero entonces vieron aparecer a Touya y Kenji.

-Como supuse, éste se fue a meter a la habitación de unos médicos residentes a dormir la mona –dijo Touya molesto, que venía jalando del cuello de la camisa a su hermano menor

-Es que tengo sueño, aniki –se lamentó Kenji, bostezando

-Todos tuvimos que levantarnos temprano, pero no por eso andamos por ahí ocupando camas ajenas –lo regañó su hermano

-No entré sin avisar, unas médicas muy amables me dijeron que podía quedarme ahí –alegó Kenji con fingida inocencia

-No viniste aquí a coquetear, Kenji, así que no vuelvas a hacerlo –advirtió Touya seriamente

-Aish, qué aburrido eres a veces –se quejó Kenji, rodando los ojos- Y ustedes qué, por qué traen esas caras –inquirió, al ver el ceño fruncido con el que Karl y Paola los veían

-Nada –negaron ambos al unísono, evitando mirarse

-Anda, me cae que interrumpimos una linda escena de amor –se burló Kenji

-¿Escena de qué? –exclamó Paola ofendida

-Ninguna escena de nada –alegó Karl igualmente ofendido

-No se hagan, que no les queda –continuó el menor de los Wakabayashi- Dirán que se detestan, pero se nota que algo se traen –añadió divertido

-Yo no me traigo nada con éste –aclaró Paola haciendo un gesto desdeñoso con la cabeza hacia Karl- Además ya les dije que tengo novio

-Un novio que no sabemos si existe –dijo Kenji burlón

-Ja, ahora resulta que hasta inventa novios –se burló el alemán

-¡Yo no invento nada! –exclamó la chica molesta- ¡Tengo novio!

-Y cómo se llama –preguntó Touya casualmente

-Mi novio es Wak… -iba a decir Paola, pero la repentina presencia de Genzo la hizo callar

-Qué, cómo se llama, Wak qué –insistió Kenji sin dejar la sorna

-La tomografía tardará un poco más, así que mamá me mandó a decirles que vayan a almorzar si quieren –dijo el portero japonés, notando de inmediato el incómodo ambiente entre los otros- Qué, qué pasa

-¡Paola estaba por decirnos el nombre del supuesto novio y nos interrumpiste! –se exasperó Kenji

-Que no es supuesto –gruñó ella

-Entonces cómo se llama –insistió Touya divertido

-No les pienso decir –determinó Paola, haciendo un puchero y cruzándose de brazos

-Porque no existe –dedujo Karl con crueldad- Si ya decía yo que semejante santo no podía existir

-¡Que sí existe! –exclamó la chica con fastidio

-Ya dejen de hablar tonterías y díganme si irán o no a comer –los interrumpió Genzo, impaciente

-Ya que no pude comer por andar buscando al vago del Cuatro ojos, yo iré a comer –respondió Touya, mirando de reojo a Kenji que fingía demencia

-¿Y ustedes? –quiso saber el portero, viendo a su hermano menor y a su prima

-No tengo hambre, pero iré con Touya –contestó Paola de mala gana

-Yo también iré –anunció Kenji sonriendo

-¿Y tú, Karl? ¿quieres ir con ellos o…?

-¡No! –exclamaron al unísono Karl y Paola, sorprendiendo a Genzo

-Quiero decir, no. Me quedaré un rato más hasta saber qué dice el médico, pero si toma mucho tiempo me iré a entrenar –dijo el alemán

-Bien, entonces cuando terminen vuelvan aquí. Espero que para entonces tengamos a la abuela de regreso en su habitación –comentó Genzo, que no quiso indagar más acerca de la reacción de su amigo y su prima

-Eso espero… –murmuró Touya, marchándose seguido de Kenji y Paola, que infantilmente le sacó la lengua al alemán antes de irse

-Tu prima es una joya… -comentó Karl de malas pulgas

-Je, lo sé –bufó Genzo esbozando una sonrisa

Después de comer en un restaurante cercano, Touya, Kenji y Paola volvieron a la habitación de la abuela Wakabayashi, quien estaba de vuelta allí. Karl ya se había ido. Genzo y Yoshiro se encontraban dentro, mientras que Hidetoshi había ido por algunas bebidas para ellos. Cuando los tres se disponían a entrar, se toparon con Ayaka, que iba de salida.

-Paola, quédate, necesito hablar contigo –dijo la mujer, mientras Touya se encogía de hombros y miraba a su prima con cara de "qué habrás hecho esta vez", entrando luego junto a Kenji

-Qué pasa, tía –quiso saber Paola de mala gana

-Mañana partiré hacia Japón –anunció Ayaka- Así que te pido que te comportes como debes en la situación por la que estamos pasando

-No sé a qué te refieres –alegó la chica con descaro

-Claro que sabes. Los comentarios de burla con Touya están fuera de lugar, así como las respuestas groseras a Karl –explicó su tía seriamente- Sé que estás habituada a hacer o decir lo que quieres, pero ya no eres una niña y debes pensar antes de actuar

-Ya lo sé, tía –respondió Paola en tono aburrido

-Escúchame. No podemos estar atentos a lo que haces o dices todo el tiempo, porque tenemos que estar pendientes de lo que pase con la abuela Natsuki –dijo Ayaka, tomando a su sobrina por los brazos- Sé que no estás a gusto aquí, pero te pido que por favor cambies de actitud

-Y cambiar por qué, si técnicamente estoy obligada a quedarme –reclamó Paola

-Porque si no cambias no sólo vas a hacerle la vida imposible a los demás, sino que también te la harás a ti misma –explicó su tía con cierta pena- Así que considéralo, por favor…

-Déjame ir a Japón contigo, por favor –dijo de repente la chica, zafándose y tomando esta vez ella a su tía por los hombros

-No puedes, debes quedarte

-Volveré contigo cuando tú lo hagas, lo prometo –suplicó Paola

-No. Tienes que quedarte –dijo Ayaka con seguridad- Mientras nos acomodamos veremos también qué profesores particulares contrataremos para que puedas dar tus exámenes finales de Instituto aquí en Alemania. Además, mi viaje a Japón será breve, y si vas conmigo sé por seguro que ya no querrás volver

-Pero tía…

-Pero nada. Realmente me duele que no entiendas la situación en la que estamos, pero confío en que te darás cuenta muy pronto –dijo Ayaka, quitando delicadamente las manos de su sobrina- Ahora me iré al hotel para arreglar mis cosas para viajar mañana. Nos vemos más tarde –agregó, marchándose seguida por la mirada impotente de su sobrina

Los días pasaron. El Dr. Metzger les había dicho que debido a la lesión que había causado el derrame cerebral no había nada que una cirugía pudiera hacer por la señora Wakabayashi. Sin embargo, ella seguiría en observación y bajo tratamiento, al menos hasta que, como había dicho el Dr. Friedman, su cuerpo se cansara de estar en esas condiciones.

Genzo había tenido que volver a Hamburgo, y sólo iba a Múnich los fines de semana que no tuviera partido o algún día se semana con autorización de su entrenador. Karl iba a visitar a la abuela de los Wakabayashi casi a diario, aunque sea para preguntar si había alguna novedad. Ya que su amigo no podía estar ahí, no quería dejar a su familia sola, aunque eso le costara tener que aguantar las burlas y sarcasmos de Touya y Paola. Sin embargo, para suerte del alemán, Touya no pudo quedarse mucho tiempo y tuvo que irse a Taiwán por negocios.

Mientras tanto, Ayaka ya había regresado de Japón con las cosas de Paola, y finalmente habían podido mudarse a una linda casa en Múnich. Cuando no estaba en casa, Paola estaba en el hospital matando el tiempo. Consideraba que no tenía sentido quedarse todo el día ahí si su abuela no tenía signos de mejoría, pero ya que se aburría más estando en su casa, al menos en el hospital encontraba a Kenji o a alguna otra persona a quien exasperar.

Aquél día Genzo había ido a Múnich con Kaltz. Sus padres necesitaban arreglar algunos asuntos de su empresa, así que el portero decidió que él los reemplazaría quedándose con su abuela. Ya que Touya no estaba ya ahí, y sus mejores amigos habían llegado, Karl fue a acompañarlos. A Paola no le quedó de otra que ir al hospital, ya que solía turnarse con Kenji cuando el otro estaba ocupado o necesitaba hacer algo. El detalle era que más de una persona tenía que estar ahí en caso de que se presente cualquier necesidad, así uno saldría y el otro se quedaba. Como Hidetoshi también estaba ocupado trabajando, los nietos de la mujer tenían que ayudar a sus padres.

A Kaltz le había dado pena que la chica esté sentada sola en el pasillo, ya que en ese punto ella y Karl no podían estar en un mismo lugar al mismo tiempo porque ardía troya; por lo que fue a hacerle compañía. Así que, aprovechando que los padres de Genzo ni el tío de este estaban ahí, Karl decidió que era hora de hacer pagar a la Wakabayashi todas las que le debía, que ya eran varias.

-Necesito que me hagas un favor –le dijo Karl a Genzo, y éste lo miró de reojo

-Qué favor –quiso saber el japonés algo extrañado, ya que el Káiser no era de los que pedían favores

-Dile a Paola que por alguna razón en media hora tiene que ir a donar sangre para tu abuela –pidió el alemán

-¿Que le diga qué? ¿para qué? –preguntó Genzo confundido

-Tú sólo hazme el favor de decirle eso –dijo Karl, esbozando una media sonrisa

-¿Qué estás planeando?

-No es nada malo, sólo quiero gastarle una broma

-No puedo hacer eso, después de todo es mi prima… -alegó Genzo, responsablemente

-Sigue diciendo que tú y yo somos novios –le recordó su amigo en tono casual

-Ahora vengo –contestó el portero inmediatamente convencido, poniéndose de pie y dirigiéndose hacia la puerta

Afuera, Paola le mostraba a Hermann las fotos que tenía en su celular, hablando orgullosa de las cosas que había pasado con sus amigos en Japón. El muchacho simplemente se limitaba a escucharla, porque nunca antes la había visto hablar tan emocionada, al punto que los ojos le brillaban cuando hablaba de ellos.

-Y éstos son los amigos con los que tenía que graduarme –dijo ella, con una pequeña sonrisa nostálgica, mostrándole una fotografía donde aparecían Ayumi sonriendo tímidamente, Becky en pose diplomática, y Takeshi con una tierna sonrisa

-¿Éste es el novio que dices tener? –se atrevió a preguntar Hermann, mirando detenidamente a Takeshi- Parece menor que tú

-A ver, para empezar no es "un novio que digo tener", sino que lo tengo –aclaró Paola con indignación- Y sí, Takeshi parece menor, pero de hecho es mayor que yo por unos cuantos meses. Y no, él no es mi novio, él es novio de ella, de la monja –aclaró, señalando en la imagen a Becky

-¿Una monja y tiene novio? –se alarmó el alemán, enarcando las cejas, viendo a Becky y pensando que con esa cara no parecía una mujer tan fresca

-Jajaja, no es monja de verdad, yo le digo así porque es bien mojigata –explicó Paola divertida

-Ahhhhh…

-¿Y éstos quiénes son? Se me hacen conocidos –inquirió Kaltz, cuando la imagen cambió, apareciendo una donde estaban Ken y Kazuki con ella parada en medio de ambos

-Ellos…ellos son los que más extraño –murmuró ella, viéndolos con tristeza

Hermann iba a preguntar si alguno de ellos era su novio, ya que por la actitud de la chica éso era obvio, pero la repentina presencia de Genzo los interrumpió, por lo que la chica apagó la pantalla rápidamente.

-Paola, en media hora tienes que ir a donar sangre –anunció su primo sin mayores preámbulos

-¿Donar sangre? ¿para qué? ¿y por qué yo? –preguntó Paola frunciendo el ceño

-Porque debido al golpe que sufrí en la rodilla durante el último partido estoy tomando analgésicos y no puedo donar yo –respondió Genzo seriamente- Y no, por si lo quieres sugerir, ni Karl ni Kaltz pueden donar sangre –añadió, robándole la idea a su prima

-Aish, en mala hora suplí a Kenji –refunfuñó Paola, mientras su primo se reía por dentro, esperando a la vez que lo que sea que haya planeado Karl no sea demasiado pasado

Genzo volvió a entrar y cuando se volvió a sentar, Karl se puso de pie y le dedicó una sonrisa de complicidad. El Káiser salió, ignorando a Paola que lo veía con el ceño fruncido, y se fue hacia la enfermería, que quedaba a unos metros de la puerta de la habitación de la señora Wabakayashi. Una vez allí, buscó a la enfermera con la que había chocado aquella vez que Paola le había metido zancadilla, ya que desde entonces la mujer solía saludarlo con timidez.

-Hola Gretchen –saludó Karl sonriendo de par en par

-Je, cómo está –respondió ella con la cara sonrojada al ver al atractivo muchacho hablándole

-Necesito que me hagas un favor –dijo el chico, verificando que no hubiera nadie más ahí que oyera su petición

-Claro, si lo puedo hacer, seguro

-¿Será que puedes conseguirme una orden para un examen diagnóstico?

-¿Para usted? –inquirió la enfermera con curiosidad

-No, para mi hermanastra –inventó el alemán- ¿Recuerdas a la chica de cabello negro que a veces está conmigo? Ella y yo somos amigos de la familia de la señora de la habitación 615

-Su…¿su hermanastra? –repitió la enfermera sorprendida, ya que ambos no se parecían ni en el blanco de los ojos, y como ella no entendía japonés nunca se enteró que Paola era uno de los nietos de la señora Wakabayashi

-Sí, mi padre se casó con su madre…Pero bueno, el asunto es que ya que estamos aquí quiero aprovechar de que se haga unos exámenes que necesita –explicó Karl haciéndose el acongojado- Su madre murió de cáncer hace años y…pues desde que llegó a mi familia yo la he estado cuidando –añadió teatralmente

-Oh, lo siento…

-Por eso necesito tu ayuda, ¿lo harás? –inquirió el chico, mirándola coqueto- Claro que, por obvios motivos, nadie debe saber de esto ni que ella es mi hermanastra –aclaró, con fingida inocencia

-No se preocupe, su secreto está seguro conmigo –aseguró la mujer, mirándolo seriamente- Yo ahora mismo le consigo la orden que necesite –ofreció, poniéndose a buscar entre varios papeles, sin percatarse de la sonrisa maliciosa del alemán

Después de conseguir lo que necesitaba, tan tranquilo como salió, Karl volvió a la habitación y le dio a Genzo un sobre con el papel adentro. Cuando el japonés leyó lo que ahí decía tuvo que aguantar la risa.

-Ella no va a caer –le aseguró sonriendo divertido

-Claro que sí, porque le dirás que no debe abrir el sobre, que sólo el médico encargado lo hará –explicó su amigo en tono triunfal

-No sé cómo conseguiste esto, de paso tan pronto, pero si Paola se entera que fuiste tú…

-Ya me debe varias, y el cómo lo conseguí no importa. Dáselo y finge demencia

-Me va a querer matar –advirtió Genzo sin poder evitar sonreír

-Una vez hecho, aunque nos mate, nadie nos quitará lo reído –respondió Karl divertido

Genzo suspiró y, tal como le dijo su amigo, fue a darle el sobre a Paola, diciéndole que debía ir a cierto lugar del hospital, entregar el sobre y seguir las indicaciones que allí le dieran. No fue mucho lo que le dijo, pero igualmente tuvo que aguantar la risa, más cuando Paola le creyó todo y luego de disculparse con Hermann, se fue.

-Qué hicieron –inquirió Hermann mirando a sus amigos con desconfianza, cuando entró después de quedarse solo ante la ausencia de Paola

-Nada –dijeron ambos al unísono, con una sonrisota tal en la cara que ponía en evidencia su mentira

Refunfuñando aún por su mala suerte, Paola llegó hasta el lugar donde le había dicho que le sacarían la sangre.

-¿Imagenología? –murmuró extrañada, leyendo el cuadro que había en la entrada

Estaba por ir a preguntarle a alguna enfermera si no se habían equivocado al indicarle la puerta, cuando un enfermero abrió la puerta del lugar, y la vio parada enfrente.

-Eh…yo… -quiso explicar la chica

-Pasa –dijo simplemente el hombre, permitiendo que Paola entre

Algo confundida, Paola entró y vio que era una pequeña sala con un par de sillas, junto a otra puerta que estaba cerrada.

-Eh…me dijeron que venga para esto –dijo Paola, entregándole el sobre al enfermero

El hombre tomó el sobre, lo abrió y leyó lo que decía el papel. Cuando leyó el diagnóstico presuntivo que allí figuraba miró a Paola con cara de asombro, enarcando ambas cejas, pero no le dijo nada.

-Entrarás en un minuto –dijo el enfermero, y desapareció tras la puerta cerrada

Paola se sentó y mientras esperaba se puso a mirar alrededor. No había mucho interesante que leer, sólo algunos panfletos que mencionaban la prevención de algunas enfermedades, y otros que indicaban los preparativos para otros tantos exámenes. Entonces la puerta se abrió, y el enfermero volvió a aparecer.

-Entra –le dijo

Al entrar, la chica miró confundida la sala que allí había, porque había una camilla y unas pantallas como de televisor apagadas. Alrededor no vio nada como refrigeradores o algo donde haya sangre a la vista.

-¿Cumpliste con la preparación? ¿no comiste? –dijo el enfermero, yendo por unas hojas

-Eh…sólo tomé algo de jugo en el desayuno –respondió Paola extrañada por la pregunta

-¿Tomaste los laxantes? –inquirió el hombre

-¿Cuáles laxantes? –quiso saber la chica, más confundida aún

-¿No los tomaste? –dijo el enfermero, ceñudo

-Eh…no –murmuró Paola sin terminar de entender para qué necesitaba tomar laxantes si sólo iba a donar sangre, aunque como nunca antes había pasado por el procedimiento no tenía idea alguna de lo que se hacía o no

-Jovencitos, siempre desobedeciendo… -murmuró él de mala gana, dirigiéndose hacia una vitrina de donde sacó un pequeño frasco de color blanco y se lo dio a Paola- Tómate esto y espera media hora. El baño está afuera, puedes usarlo –indicó, volviendo a salir

Paola recibió el frasco con cara de desconcierto. La verdad es que no quería ni preguntarle al enfermero por qué tenía que tomarse eso, o qué era, ya que el hombre tenía cara de pocos amigos. Volvió a salir a sentarse afuera de aquella sala y tomó el contenido del frasco, que dicho sea de paso sabía horrible. Cuando terminó tenía ganas de vomitar, pero se aguantó. Minutos después parecía que se había tragado maíz de palomitas y que éstas estaban reventando en sus intestinos. Desesperada, buscó el mentado baño y allá fue. Al salir vio que el enfermero la esperaba.

-El doctor ya está aquí, entra –dijo el hombre en tono nada amable, y la chica obedeció ya que no le quedaba de otra. Si tenían que sacarle sangre por ayudar a su abuela lo iba a hacer, aunque no le gustara la idea

Entró y vio a un hombre ya mayor, que se ponía un delantal de plástico, gafas y guantes. Los monitores ya estaban encendidos.

-Ahí puedes cambiarte, quítate todo lo de abajo y te pones la bata que está colgada –le dijo el enfermero, señalándole un pequeño espacio con puerta de cortina

-¿Cómo que todo? –preguntó Paola confundida

-Todo, pantalón, ropa interior, todo –repitió el hombre con impaciencia

Paola se rascó la cabeza sin entender y fue al espacio aquél. Resignada, porque no sabía para qué le pedían hacer tantas cosas extrañas, comenzó a desvestirse y luego se puso la bata como le habían dicho.

-Ojalá esto termine pronto porque ya me fastidié –pensó molesta, saliendo, asegurándose que la apertura trasera de la bata esté bien cerrada

-Ven por aquí –le dijo el médico amablemente, dando unas palmaditas sobre la camilla

Subió a la camilla y se echó, estirando bien el brazo. El médico le hizo varias preguntas sobre sus datos generales.

-¿Tienes familiares afuera? –inquirió el médico

-Eh…sí –balbuceó ella, pensando que Genzo estaría pisos más arriba en la habitación con su abuela

-Qué bueno, porque a veces uno sale con algunas molestias después del examen –explicó el galeno, que alistaba una aguja conectada a un tubo delgado que iba hacia un frasco de suero- Supongo que como es examen de solicitud externa, tu historia clínica la debe tener tu médico –comentó

-¿Mi médico? Supongo –contestó ella, encogiéndose de hombros

-Te pondré esto, será sólo un pinchazo –dijo el médico, colocándole la aguja en vena para que el líquido pase

-La anestesia está lista –dijo el enfermero, acercándose con un pequeño vial y una jeringa

-¿Anestesia? –preguntó Paola asustada

-No te preocupes, estarás bien –trató de tranquilizarla el médico, que levantó de una fuente un tubo largo y grueso…

Mucho rato después, y aún medio mareada, Paola salió de aquél lugar. Caminaba con las piernas separadas como si fuera un pingüino. Su cara estaba roja por el coraje que sentía. Apretaba los dientes mientras murmuraba cosas ininteligibles. Llegó hasta la habitación de su abuela, justo cuando Genzo salía para despedir a Karl que se iba.

-¡TÚUUUUUUUUU! –gritó Paola señalando acusadoramente a su primo

-Oh oh… –murmuró él preocupado, mientras Karl sonreía divertido al ver el caminar de la chica- Ah, ya volviste. Te tardaste –añadió cínicamente, tratando de parecer neutral

-¡Cómo no iba a tardar, maldito animal! –exclamó Paola furiosa, acercándose. Caminaba como si al juntar las piernas algo le doliera- ¡Eres un grandísimo hijo de p***, Wakabayashi Genzo!

-Qué te pasa, por qué me insultas –se hizo el ofendido su primo, fingiendo no entender

-¡Por qué cara** me mandaste a realizarme una colonoscopia! –reclamó su prima, que ardía de rabia, más aún por el dolor que le causaba el lugar por donde le habían insertado el colonoscopio


Paola dice que el apellido del médico no le inspira confianza porque en alemán "metzger" significa carnicero.

"Lucky me" es una frase en inglés que, básicamente, significa "qué afortunada soy".

La colonoscopia es un examen que se realiza con un tubo elástico y flexible que lleva una cámara y luz (el colonoscopio), y que se introduce a través del ano (jajaja).

Touya y Kenji Wakabayashi son nombres dados por Lily de Wakabayashi a los personajes originales.

Paola Wakabayashi, Hidetoshi Wakabayashi y Tomiko son personajes creados por Tsuki_W.

Los personajes de Captain Tsubasa le pertenecen a Yoichi Takahashi y Shueisha.