Inuyasha es propiedad de la talentosa Rumiko Takashashi Sensei


Corte 2:

Daifuku

000

Cuando me di cuenta de que ya no volverías
Estaba completamente sola
Me embarqué en un viaje para encontrarte
Los recuerdos comienzan a despertar en mi interior una vez más
Y comienzo a caminar hacia ti de nuevo

Shiki no uta MINMI

000

—¿Un Thriller policial? —inquirió, algo confundida.

—Así es —asintió su compañero, con una sonrisa satisfecha— Y es un protagónico, preciosa. ¡Es tu gran oportunidad!

—Bankotsu… —no sabia que decir, solo que una angustiosa presión comenzó a doler en su estomago— Yo no se actuar, ¿Cómo quieres que haga un protagónico?

—Claro que sabes —lo dijo con tanta seguridad que hasta ella se lo creyó— Lo has hecho muchas veces, Kag.

Recordaba que había sido uno de esos agradables días soleados de primavera y la luz se filtraba por los grandes ventanales de la salita de reuniones de la Agencia Shichinintai. A Kagome siempre le había agradado ese lugar; bastante sencillo, solo una mesa de centro, unas cuatro sillas y un bonito florero de cristal con flores frescas. Ellos estaban sentados frente a frente en unos cómodos sillones amarillos ubicados a un costado de la sala.

—Si lo dices por las veces que he reemplazado a Kikiyo, definitivamente no cuentan.

—Si cuentan —la contradijo, pacientemente— Ellos mismos te propusieron. Ya lo revise, es un gran papel, te encantara —sacó un cuadernillo de su bolso y se lo extendió a la muchacha.

Síndrome Floral…—leyó el nombre del titulo, se le hacia familiar de algún lado.

Bankotsu llevaba insistiendo desde hace un tiempo, tras las muchas veces que había reemplazado a su hermana, que seria una buena idea entrar al mundo de la actuación. Después de todo ya tenia la experiencia.

—Interpretaras a Kazuki —Bankotsu jugueteaba con su larga trenza con sus dedos— Es una chica extremadamente inteligente, ya sabes del tipo genio; estudiante modelo, destacada deportista, popular en la escuela...

— Es como si estuvieras describiendo a Kikyo. —comento ella, sus labios se curvaron en una mueca sarcástica

Bankotsu la ignoró y continuo.

—Como sea; es perfecta. Tras la misteriosa muerte de su hermana, se obsesiona por descubrir al asesino y comienza a investigar por su cuenta, es ahí donde termina uniendo fuerzas, con tu co-estrella, el Detective Rei Shimura* para resolver el crimen. —terminó con una sonrisa, parecía encantado con la idea.— Es bastante bueno ¿No crees?

—Ahm… supongo… —Kagome asintió, no muy convencida mientras ojeaba el libreto.

De ninguna manera la entusiasmaba la idea de interpretar un papel tan… tan Kikyo…

—Espera un momento —exclamó la chica de pronto, volvió a la portada para leer algo que se le había escapado— Sindrome Floral… de Okamoto Muso… —levanto la mirada acusatoriamente— ¡Bankotsu! Esta era la película en la que saldría Kikyo.

Él se encogió de hombros con inocencia.

—Tu misma lo dijiste, saldría, pasado. Ósea que ya no…

—Entiendo lo que significa, no bromees conmigo —estaba comenzando a enojarse— ¿Quieres que acepte un papel que Kikyo rechazo?

—¿Importa realmente? Pasa todo el tiempo, Kag, no es la gran cosa. Incluso Kikyo a recibido papeles que otras han rechazado.

—No me refiero a eso —Kagome le mostro el cuadernillo a Bankotsu— Este libreto fue escrito para ella. Muso-Sensei baso a la protagonista en mi hermana.

Ahora lo recordaba, el guionista había quedado encantado con el papel que Kikiyo había interpretado en su ultima película y tras conocerla, se había inspirado lo suficiente para escribir un papel especialmente para ella. No la culpaba, era el efecto Kikyo.

—Pero Kikyo recibió una mejor oferta y ahora esta grabando en Europa. — Bankotsu seguía con su tono despreocupado— Bien por ella, bien por ti. Fin de la historia.

— ¡Pero Bankotsu! —dijo casi suplicante— ¿No lo entiendes? No pueden tener a la verdadera, así que van por lo mas parecido —sentía que estaba en una de sus pesadillas— ¡Y prácticamente me estas pidiendo que sea Kikyo!

El pelinegro hizo una mueca, bien, eso se estaba saliendo un poco de control. Conocía lo suficiente a Kagome para saber que tipo de complejos tenia y el asunto de ser la hermana gemela era algo complicado para ella. Arrojo su larga trenza tras su hombro con un ágil movimiento. Por suerte también era bueno lidiando con ella en estos casos.

—Kagome…—comenzó con ese tonito que ella conocía bastante bien, era el tono de sermón— Nadie te esta pidiendo que seas como ella, es solo un papel ¿entiendes? Y un protagónico. Lo cual es bastante bueno para nosotros y tu carrera. ¿Sabes cuantas actrices matarían por un papel así?, no puedo imaginar un mejor debut para ti.

Kagome miro fijamente sus ojos, siempre había sentido curiosidad por ellos, eran de un intenso azul oscuro, pero a veces se tornaban grisáceos, como ahora. Solían ser burlones y confiados, pero ahora la miraban con… cariño. Confiaba en él mas que en nadie. Había sido su primer y único agente desde que comenzó su carrera como cantante.

Sabia como y qué hacer para moverse dentro de ese mundo y triunfar, gracias a él había podido llegar hasta donde estaba ahora. Sus decisiones siempre eran certeras y nunca le había fallado.

Suspiro resignada, sabia que solo quería lo mejor para ella.

—Pero no se actuar, Bankotsu…—utilizó su ultimo recurso, aunque sabia que no funcionaria. — ¿Qué pasara si lo arruino?

—Eso no pasara, preciosa —Bankotsu se acerco a ella y acomodo unos mechones de cabello detrás de su oreja— Se que lo harás bien.

La chica dejo escapar otro suspiro.

—De acuerdo…— si iba a hacerlo, al menos debería saber a que se enfrentaría. — ¿Y con quien actuare?

—Ah, es cierto, tu co- estrella es Inuyasha.

—¿Inuyasha? —exclamo sorprendida.

—Si —la miró curioso— ¿Algún problema?

—N-no, no es nada. —la chica bajo la mirada y volvió a la revisión del guión.

Inuyasha… era un actor bastante conocido, a pesar de ser muy joven ya había participado en varias películas y algunos dramas.

La primera vez que lo había visto en pantalla fue en una película protagonizada por su hermana, donde el popular actor era su pareja. Tenían buena química en pantalla. Incluso habían surgido algunos rumores acerca de una posible relación entre ellos. Aunque nunca se confirmó nada.

No podía evitar sentirse nerviosa, era un buen actor y mentiría si dijera que no le gustaba, era muy guapo y popular, y tenia ese extraño color de cabello, pero…

Oh, así que tu eres el reemplazo de Kikyo.

Habían sido las primera palabras que Inuyasha le dirigió cuando los presentaron formalmente, el día uno de la grabación.

Dicen que las primeras impresiones son las que quedan, aunque para Kagome, que era de naturaleza amable, nunca había estado de acuerdo con eso. Hasta ahora.

Inuyasha no era lo que ella habría esperado de un amable Senpai, ni siquiera lo que se podría esperar de un buen colega de trabajo, así que, para el final del día, se había convertida en su persona menos favorita en el mundo. Y al parecer, era mutuo.

—¡Kagome! —la llamó Satoshi, al parecer ya habían terminado de arreglar las luces y estaban listos para grabar.

—¡Voy enseguida! —gritó de vuelta, terminando de acomodarse el traje de baño.

Le quedaba un poco grande en la parte del busto.

Había bajado unos tres kilos gracias a su autoimpuesta dieta. No es que la necesitara realmente, era delgada por genética, pero para satisfacer su propia vanidad femenina decidió que seria necesario hacerlo.

Especialmente si vas a lucir un traje de baño de dos piezas enfrente de los cientos de personas que verían esa película. Ahora sospechaba que había bajado una copa en la talla de su sujetador.

También recordó lo hambrienta que estaba, el almuerzo de los últimos días había consistido en prácticamente nada.

Una de las maquilladoras retocó el brillo de sus labios y acomodo el moño alto en el que se sostenía su cabello.

—Estas lista —dictaminó satisfecha— Te ves muy linda.

—Gracias — no pudo evitar el sonrojo en sus mejillas.

Salió del resguardo del toldo que tan bien las protegía de los rayos del sol y que servía cómo cuartito de maquillaje y vestuario.

La brisa marina meció sus cabellos, el sol golpeaba fuerte y el aire se sentía un poco pesado. Sus pies caminaron por la arena dejando marcadas sus huellas. Estaba caliente.

El equipo de filmación había viajado hasta Miyajima, una pequeña isla cercana a Hiroshima, para grabar unas escenas en la playa y en una de las tradicionales posadas.

Era del tipo de personas que se divertía nadando y partiendo sandias con un bate en la arena, así que normalmente estaría feliz disfrutando un día en el mar, pero ahora el aire salino la estaba mareando y su estomago rugía por alimento.

Se encontró con el equipo unos metros mas allá; el camarógrafo, dos jóvenes sosteniendo unos reflectores de luz, a Satoshi que conversaba con el sonidista y a Myoga con él.

Los cabellos plateados resplandecían como nunca, supuso que era producto del elaborado juego de luces que producían los reflectores. Su piel ligeramente bronceada y aquellos ojos dorados complementaban perfectamente aquel paisaje; arena y mar.

Kagome no pudo evitar hacer un puchero con los labios, pero que injusticia, pensó.

Inuyasha también estaba vestido con ropas de día de playa, aunque las de él eran unos pantalones cortos, una playera blanca y una camisa abierta de mangas cortas color rojo.

Se mordió el labio. ¿Por qué ella no podía usar un vestido o una playera? en lugar de eso tenia un innecesario bikini.

—Kagome, que linda te ves —comentó Myoga en cuanto la vio— Te queda muy bien esa clase de ropa.

La mirada del director vago indiscretamente por su menudo cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Se estremeció. No estaba acostumbrada a las miradas y mucho menos cuando estaba casi desnuda. Para su suerte se les acerco un muchacho con una cámara, Kagome nunca lo había visto antes, pero se sintió agradecida por desviar la atención.

—Señor Myoga, ¿Esta bien si grabamos ahora?

—Ah, es cierto, Inuyasha, Kagome, el es Ajiru. Se encargara de filmar y fotografiar la filmación, además de la difusión y publicidad.

Ajiru hizo una servicial reverencia. Luego se alejaron para que Myoga le indicara las zonas seguras donde podría grabar sin interrumpir la grabación ni colarse en la cámara.

El calor estaba provocando las reacciones naturales en el cuerpo de Kagome, humedeciendo su frente y nuca, o al menos eso quería pensar ella. La verdad es que estaba sintiendo algunos nervios, Inuyasha estaba bastante cerca y a pesar de que había mas gente alrededor, sentía como si los hubiesen dejado solos. Esto empeoro cuando noto sus penetrantes ojos dorados sobre ella.

—¿Qué? —preguntó, algo brusca.

Él no pareció verse afectado, tenia una sonrisa burlona. Esa que ponía cuando quería molestarla.

—No es nada —se encogió de hombros, parecía decepcionado— Es solo que… pensé que serian un poco mas grandes.

Kagome noto claramente el tono sugerente de esas palabras, al igual como esos divertidos ojos dorados se posaban en cierta parte de su cuerpo. Su sonrisa pareció agrandarse cuando ella reacciono cubriéndose con los brazos, casi por instinto.

—¿Qué crees que estas mirando? —le exclamó enojada— ¡Pervertido!

—¡Feh!, como si me interesara ver a una chica plana.

—¡Pues eso es lo que estabas haciendo!

—No porque quisiera, llevas puesto un bikini, cualquiera podría notarlo.

Kagome estuvo a punto de contraatacar, pero la voz de Myoga indicándoles que estaban listos para comenzar a grabar la interrumpió. Se tragó sus palabras y se preparo para lo que venia.

—¡Corre cámara!

Había estudiado mucho, tanto que perdió la cuenta de cuantas veces memorizó el guión y lo ensayo frente a su espejo.

—¡Corre sonido!

Lo haría bien, estaba lista.

—Escena 8, plano 1, toma 1. —la claqueta sonó.

—¡Acción!

El mar era apacible, el día soleado y cálido. La brisa marina mecía los cabellos; plateados y azabaches. Pero a pesar del pintoresco paisaje no lucían felices, al contrario, estaban tensos. Ambos perdidos en sus propios pensamientos, con la vista fija en el mar frente a ellos.

La razón; la joven estudiante había compartido una información que podría ser crucial para resolver el caso.

—¿Desde hace cuanto? —él fue el primero en romper el silencio.

Ella pareció considerarlo.

—No lo se, no sabría poner una fecha exacta —contesto finalmente.—No le tomé importancia. Los chicos suelen dejar esa clase de cosas, solo eran regalos que aparecían en el casillero de mi escuela.

—¿Qué clase de regalos?

—Cartas, tontos poemas, chocolates, algunos animales de felpa. Lo normal, supongo.

—¿Por qué piensas que el autor de esos regalos podría estar involucrado en la muerte de tu hermana?

Ella se giro para quedar frente a él. Sus dedos juguetearon con la diminuta perla rosada que sostenía la delicada cadena de plata alrededor de su cuello. Su bello rostro estaba serio y sus ojos reflejaban una dolora nostalgia

—¿Ves este collar? Se lo di yo para su cumpleaños. Lo llevaba puesto el día de su muerte. —los ojos castaños se encontraron con los dorados— Estaba desaparecido. Hasta que apareció en mi casillero, hace unos días. Junto a una carta.

La ambarina mirada pareció cobrar intensidad. Su cuerpo se tenso.

—¿Qué decía esa carta? —preguntó, expectante.

"Te mandaré las flores más bonitas de este mundo…"

La mirada chocolate pareció nublarse, pero no dijo nada.

—¿Kazuki? —insistió él, ante su silencio.

—…yo que nací con el deseo de tumbarte en un lecho de flores" —la voz de la muchacha sonó tan baja como un susurro.

Pero fue suficiente para que todos pudiesen escucharlo.

—¿Qué? — soltó Inuyasha, confundido.

—¡Corte! —Gritó Myoga.

Como si hubiese despertado de alguna clase de sueño, Kagome abrió ampliamente sus ojos. ¿Qué había dicho…?

—Oye, eso no estaba en el guión. —le reclamó Inuyasha.

—Yo… lo siento —se disculpó ella.

Se llevo una mano a la frente, repentinamente le había comenzado a doler la cabeza. Su vacío estomago también se estaba ensañando con ella y el calor y la humedad salina del aire no ayudaba a mejorar su estado. Quería abofetearse.

¿Como se había equivocado? había estudiado y memorizado el guión, incluso lo había ensayado…

—Kagome… —llamó la voz de Myoga— ¡Tu interpretación fue maravillosa! —la felicitó, parecía realmente complacido— Solo di el guión correcto esta vez, ¿De acuerdo?

—¡Si! —contesto tras una leve inclinación de disculpa.

Myoga dio las instrucciones al equipo y todos volvieron a sus posiciones. Inuyasha se preparo a su lado, cerrando sus ojos, concentrándose.

Ella hizo lo mismo.

Debía concentrarse. No pensar en el abrasador calor, en el sudor en su frente, que su bikini se mantuviera en su posición, su estomago pidiendo comida, aquellas punzadas de dolor en su sien…

Esas palabras vinieron a su mente otra vez. Como alguna clase de misterioso mantra que la reconfortaba. Y eso era lo que necesitaba en esos momentos.

Al escuchar la palabra Acción, abrió los ojos. El abrupto cambio de la oscuridad al luminoso día afecto su visión, por lo que tuvo que entrecerrar los ojos para acostumbrarse. Los jóvenes a los costados inclinaron los reflectores para redireccionar los rayos de luz hacia ella, encontrándose directamente con sus ojos, cegándola.

—¿Desde hace cuanto? —escuchó la voz de Inuyasha a su lado, era su primera línea.

Su mente le trajo las palabras que debía decir, pero cuando abrió la boca, estas no salieron.

El piso se movió a sus pies y de pronto sintió sus piernas fallarle.

—¡Oye!

La voz de Inuyasha resonó en el silencio del equipo en cuanto vio el cuerpo de Kagome desvanecerse. Tenia reflejos rápidos y reacciono sujetándola entre sus brazos. La cabeza de la chica aterrizó en su pecho, con los ojos cerrados, inconsciente.

000

Cuando abrió los ojos se sintió un poco desorientada. Estaba un poco adormilada y el ambiente estaba frio. Se incorporo en el cómodo asiento donde estaba acostada y se restregó los ojos con las manos.

Se dio cuenta que estaba recostada en el asiento trasero de un auto, la reconoció como la camioneta de Bankotsu. El aire acondicionado mantenía el interior fresco, quizás demasiado considerando que estaba solo en traje de baño. Se abrazo a si misma para darse calor, intentado recordar como había llegado ahí.

Los recuerdos del calor, el hambre y los mareos llegaron.

Al parecer me desmaye, pensó.

Una ola de culpa y vergüenza la invadió. Lo había arruinado nuevamente.

Realmente había estudiado y aun así había fallado en decir sus líneas. ¿Por qué había recordado esa nota justamente en ese momento?

Se había enfrascado en estudiar el guión y ensayar sus líneas, además de cumplir el ajetreado horario de los rodajes, no había tenido tiempo para pensar en eso y aun así…

Se sentía tonta, no podía negar que esas palabras la llenaban de una calidez especial, aunque después de eso, no habían llegado mas flores, ni notas, ni regalos.

Era infantil y difícil de admitir, pero la verdad era que; se sentía un poco abandonaba.

Unos nudillos en el cristal de la ventana la hicieron voltear su rostro.

—Bankotsu... —él le sonrió en respuesta.

El hombre de la larga trenza negra, abrió la puerta de la camioneta, Kagome se hizo a un lado y le dejo un espacio para que se sentara.

—Así que ya despertaste, bella durmiente —comento divertido—¿Cómo te sientes?

Kagome sonrió al percatarse que debajo de su habitual ton, había preocupación.

—Estoy bien, solo tengo un poco de frío —Froto sus brazos con las manos— ¿Qué paso?

—Te desmayaste de repente —informó él. Se quitó la camisa que llevaba y la poso sobre los desnudos hombros de Kagome.— Te trajimos al auto para que descansaras.

—¿Y la grabación?

—Están adelantando algunas escenas de Inuyasha con el resto del elenco. Cuando te sientas mejor podrán retomar las tuyas.

—Lo siento —no podía evitar sentirse mal.

—No es tu culpa —la consoló Bankotsu— Lo importante es que te sientas mejor.

Kagome se relajó un poco, el buen humor de aquel hombre y sus palabras siempre lograban tranquilizarla un poco. Quizás por eso hacían tan buen equipo.

Bankotsu extendió una mano y la poso sobre la frente de ella.

—No parece que tengas fiebre… —examinó, luego su tono se volvió un poco mas estricto— ¿Te desmayaste por no comer?

—Por su puesto que no…—se defendió ella, con aire inocente— Debe haber sido el calor.

Bankotsu la escrutó con la mirada. Sabia que mentía, pero decidió no regañarla, podría hacerlo después.

—Ten — le dijo él cuando extendió la palma de su mano hacia ella, había un pequeño y bonito envoltorio.

—¿Qué es esto?

Omyage*, Necesitas algo de azúcar.

El estomago de Kagome rugió reclamando comida.

—¡Daifuku*! —exclamo encantada cuando desenvolvió el papel y encontró los familiares pasteles de arroz. Le gustaba la pasta de porotos rojos. —Creo que también necesito algo de suerte* —sugirió divertida— Gracias.

Bankotsu se encogió de hombros en respuesta, satisfecho.

—No es nada, me lo dio una de las señoras de la posada. Debería servir hasta el almuerzo.

La joven lo comió gustosa. El sabor dulce y pastoso remeció en su paladar.

—Ya me siento mejor, creo que debería volver.

—¿Estas segura? —aún estaba preocupado por su desmayo, Kagome podía exigirse mucho algunas veces. Ella asintió en respuesta, el color había vuelto a sus mejillas.— Bien, entonces iré a avisar al resto. Toma algo de agua.

Kagome agitó su cabeza en asentimiento con una radiante sonrisa. Bankotsu le sonrió y palmeo su cabeza.

—Buena chica — le dijo antes de marcharse cerrando la puerta tras él.

Ella lo vio alejarse a través de la ventana del auto. Su silueta comenzó a perder definición a medida que sus pies caminaban por la arena, hasta que se junto con otras formas lejanas y borrosas. Noto que la camioneta estaba estacionada cerca del lugar de la filmación.

La sonrisa se borro de su rostro. Aun quedaba mas de media jornada de grabación y ya quería irse a descansar a la posada. Dejo escapar un largo suspiro, seria un largo día.

000

Un cuerpo se dejo caer, con un ruido seco, sobre el futón pulcramente extendido en el tatami.

Estaba en la amplia habitación de la posada tradicional donde se estaban hospedando.

Habían llegado el día anterior y se quedarían un par mas.

A pesar de ser el segundo día ya sentía su cuerpo cansado, especialmente después de ese largo y necesario baño caliente en las termas del lugar. Ahora sentía sus músculos completamente relajados.

Los mojados mechones plateados se extendían por el futón, saliéndose de él y extendiéndose por el tatami.

—Inuyasha, deberías secar tu cabello o te enfermaras —la voz irrumpió en el silencio de la habitación.

El peliplateado soltó un gruñido en respuesta.

—No molestes, Miroku —respondió mientras su cuerpo buscaba una posición mas cómoda para dormir— Estoy cansado.

—No me hare cargo de ti si enfermas —advirtió mientras revisaba su Ipad sentado en su propio futón.

—Nadie te lo esta pidiendo.

—Pero que niño malcriado eres —ahora había adoptado ese dramático tono paterno que Inuyasha no soportaba.— Seguramente quieres enfermarte para recibir los mimos de alguna de tus noviecillas ¿no? —mencionó sugerente.

—¡Feh!, no necesito usar tus sucios trucos para eso —se jacto él.

—Bueno, quizás ahora si los necesites… —dejo las palabras flotando en el aire.

Inuyasha acomodo sus brazos tras su cabeza, mirando al techo. Su voz sonó perezosa, pero la curiosidad era una sus principales debilidades.

—¿A que te refieres?

—¿No has visto las redes? —hablo Miroku, aunque su voz sonó monótona, estaba concentrado enviando algunos mensajes.

—¿Debería? —la verdad no lo había hecho, no era muy amigo de la tecnología y dejaba su teléfono en manos de Miroku o guardado cuando actuaba. Sentía que los parpados le pesaban.

—Ahm… —la voz de Miroku sonó como si realmente lo considerara— Quizás sea mejor que no lo hagas.

Como a los niños que hacían absolutamente todo lo contrario a lo que les decían, Inuyasha abrió los ojos repentinamente interesado. La sicología inversa funcionaba bastante bien en él, para mala suerte de Miroku.

El peliplateado se levanto ágilmente, como un resorte y se acerco al futón de Miroku.

Extendió su mano con la exigencia implícita.

—Pensé que estabas cansado… —intento retrasar el momento. Estaba agotado y no quería una de las rabietas de Inuyasha.

—Mi teléfono.

—Sabes, podrías aprovechar este momento para secar tu cabello…

Miroku —siseo amenazador.

—Bien —accedió. Tarde o temprano lo sabría.

Dejó el celular en la palma de su amigo, quien se alejo y se dejo caer perezosamente en su futón otra vez.

Miroku comenzó a calcular mentalmente cuanto le tomaría salir de la habitación antes de que lo notara…

—¡MIROKU!

Ah, demasiado tarde.

Unos pesado y rabiosos pasos se aceraron a él, no tenia que levantar la cabeza para saber que esos ojos dorados lo estarían fulminando.

—¿Qué significa esto? —exigió el peliplata mostrando la pantalla de su teléfono como prueba máxima de un crimen.

—¿Sabes cuantas veces me han preguntado eso? —las mujeres a veces podían ser muy escandalosas, en especial si eras Miroku— Es gracioso escucharlo viniendo de ti…

—¡No te hagas el tonto! —exclamó enojado— ¿Qué rayos es esto?

Miroku sabia muy bien a lo que se refería. Aun así miro la pantalla y tuvo la decencia –o quizás el descaro- de espantarse al ver lo que había ahí.

—Me parece que eres tu llevándote muy bien con la señorita Kagome —concluyo tras una mirada critica.

Habían subido material del rodaje a las redes, lo habitual para comenzar a generar publicidad antes del estreno. Las seguidoras de Inuyasha estaban mas que entusiasmadas y felices por ver a su estrella favorita en pantalla y cualquier fotografía o video de él se volvía rápidamente difundido y comentado. Así que no fue de extrañar que las fotografías que habían subido se volvieran virales y ya se estuviera especulando enormemente en torno a eso.

Las fotografías en cuestión mostraban a Inuyasha y Kagome en un acaramelado abrazo, en la que ella reposaba su cabeza relajadamente contra su pecho, con los ojos cerrados. Además de que su delgado cuerpo estaba apenas cubierto por ese pequeño traje de baño de dos piezas.

Piel expuesta y demasiada cercanía entre dos personas.

Material suficiente para que los titulares de las fotografías fueran; "Nuevo Romance tras pantalla", "De la ficción a la realidad; ¿la nueva pareja del momento?", "¿Inuyasha confirmara oficialmente una novia esta vez?" y los comentarios seguían y seguían.

—¡Argh! ¡Pero no es así! Esa tonta solo se desmayo y la sujete antes de que cayera—soltó el peliplata exasperado— ¿Cómo rayos paso?

—Bueno, imagino que el chico de la difusión las tomo y luego…

—¡Miroku! ¿Cómo dejaste que esto pasara? —había perdido la paciencia y quería que rodaran cabezas— Eres mi agente, maldita sea.

—Estas exagerando, Inuyasha —comentó Miroku con su habitual tono calmado.— Son solo unas fotografías.

—¿Crees que estoy exagerando? ¡Piensan que soy su estúpido novio!

—Y deberías sentirte afortunado, es muy guapa.

—Debes estar bromeando... —masajeo su frente, sentía una vena palpitar por ahí en algún lado— ¡Jamás me involucraría con ella! ¡Y no dejare que la relacionen conmigo!

Ahora fue el turno de Miroku de masajear su frente.

—No entiendo por qué la detestas tanto, no te ha hecho nada malo.

—¿Cómo que no? Gracias a ella nos demoramos el doble de tiempo en cada escena.

—Es nueva en esto, quizás si fueras mas amable…

Inuyasha no lo escucho.

—Nunca esta concentrada, se equivoca en estupideces, es poco profesional, además de ser una consentida. A una chica normal no le darían tantas oportunidades como a ella, la habrían reemplazado hace mucho. —continuo quejándose, enfadado, ante la aburrida mirada de Miroku— ¿Cómo alguien que nunca ha actuado en su vida tiene un protagónico? Esta claro que esta aquí solo por ser la hermana de Kikyo. —si algo le desagradaba a Inuyasha, eran las personas que utilizaban sus influencias o a terceros para sobresalir.

Auch —su tono fue de fingido dolor— Oye, creo que estás siendo muy duro.

—¡Feh! —se cruzo de brazos, malhumorado— Solo digo la verdad.

—No por que a ti te haya tomado mas trabajo llegar hasta aquí, significa que todos deban seguir el mismo camino, algunas personas tienen mas suerte o facilidades, es todo. No deberías juzgarla por eso.

—¿Estas de su lado? —lo acuso él, sintiéndose levemente traicionado— Quizás deberías ser su agente.

—Eso no suena tan mal… —la muchacha era definitivamente muy guapa. Por la misma razón su regla personal le impedía trabajar con mujeres. No se debía mezclar trabajo con placer— Aunque su agente parece bastante celoso, dudo que quiera cedérmela.

—Como sea, mañana harás que las quiten —exigió Inuyasha, decidido.

Pero Miroku era inteligente, no por nada la carrera del chico había llegado tan lejos. Aunque fuera talentoso, su explosivo carácter lo hacia una persona difícil de tratar, por lo que ser su agente era un doble trabajo. Debía ser amable por los dos, interceder antes de que su cliente hiciera o dijera alguna barbaridad además de tratar con el mismo Inuyasha.

Aunque trabajar durante tantos años con él le habían enseñado algunos trucos.

—Tengo un mejor trato para ti —comenzó Miroku— puedo pedir que las quiten o… puedes quedarte con lo que tengo en el bolsillo.

—¿Qué? —exclamo él incrédulo.

—Te daré una pista, quédate con lo del bolsillo, te gustara.

—¡No intentes sobornarme, Miroku! —como odiaba que hiciera eso, como si pudiera ceder por alguno de sus tontos tratos. Aunque casi siempre lo hacia, rayos.

—¡Pero este realmente es bueno! —insistió su agente, con un fingido tono suplicante e infantil.

—No lo quiero.

—¿Estas seguro?

—Si.

—¿Ni si quiera quieres echarle un vistazo? —ahora había sacado un delgado y rectangular paquete, un poco mas grueso que un sobre. Lo agito frente a la cara de Inuyasha.

—No vas a convencerme —el chico desvió su mirada, ceder a la curiosidad era peligroso.

—Ni aunque tenga que ver con Megoka… —sus palabras fueron bajas, pero eficientes.

Inuyasha lo miro de inmediato, con unos poco disimulados abiertos y brillantes ojos.

—¿Q-qué tiene que ver con esto…? —inquirió con un interés apenas contenido.

Miroku extendió el paquete a Inuyasha. Pudo ver la lucha en los dorados ojos de su amigo. Era tan predecible…

No podría resistirse.

Como una confirmación a sus pensamientos el peliplateado arrancó bruscamente el paquete de sus manos.

Emocionado como un niño en navidad, no tardo en abrirlo.

—¿Qué es esto? —era una cajita en blanco con un CD dentro. No tenia nombre.

—Es el ultimo disco de Megoka.

—Ya tengo su ultimo disco.

—No. Este es el ultimo, aun no sale al mercado. Serias el primero en tenerlo.

—¿Estas hablando en…? ¿Cómo lo conseguiste?

—Es una larga historia y si te la contara dejarías de prestar atención al minuto—dijo bastante seguro de sus palabras— Además, un mago no revela sus secretos.

Inuyasha le entorno los ojos, con sospecha, Miroku a veces lo intrigaba.

—¿Qué quieres a cambio? —preguntó con recelo.

Miroku tomo aire.

—Solo se un buen chico, ¿Quieres? —Inuyasha entrecerró mas los ojos— Dejaremos las fotos tal como están y no dirás nada al respecto.

—¡No fingiré ser novio de esa niña!

—No estoy pidiendo que lo hagas. Solo no lo aceptes o lo niegues.

—¡Es lo mismo! ¡No quiero!

—Inuyasha… —uso un tono amenazador mientras extendía la mano— Si no quieres, no puedo obligarte, pero tendrás que devolverlo.

Por reflejo el chico apretó el pequeño paquete protectoramente contra su pecho y le frunció el ceño.

Miroku tuvo que contener la risa, su amigo parecía un perro a la defensiva, gruñéndole.

—Esta bien —acepto tras unos momentos, resignado.

—Muy bien —zanjó Miroku— Y ya que estamos en esto, tampoco te haría mal ser un poco mas amable con la señorita Kagome.

—Hey, no puedes agregar condiciones después de cerrar un trato. —se quejó Inuyasha.

—Es solo un consejo como amigo.

Inuyasha camino hasta su futón acomodándose en el para dormir. Realmente estaba cansado.

—Te pediré consejos cuando los necesite, hasta entonces, ahórratelos.

Dichas esas palabras se tapo con las cobijas hasta la cabeza.

—Bien, como quieras — escucho un bostezo ahogado de Miroku— Buenas noches.

Pero Inuyasha no respondió, no es como si su amigo esperara una respuesta de todas formas. Dejo que sus parpados se cerraran y una sonrisa involuntaria curvó sus labios mientras estrechaba el paquete contra su pecho, afectuosamente.

000


Rei Shimura: Es un personaje de ficción, protagonista de una serie de novelas de detectives de la autora Sujata Massey (no tiene nada que ver con la historia de este fic, fue un nombre robado descaradamente porque no se me ocurría ninguno jeje)

Omyage: Es un regalo, souvenir que compras para llevar de recuerdo a un familiar, amigo, novio, después de un viaje. Casi siempre se trata de comida. Los japoneses se lo toman muy en serio, casi como una tradición y hay un AMPLIO mercado de esto en todos los lugares turísticos.

Daifuku: literalmente significa "gran suerte" (por eso Kagome dice que la necesitara) también es el nombre de un dulce tradicional japonés que consiste en un mochi (paste de arroz) con un relleno dulce. El relleno casi siempre es anko, que es una pasta de porotos dulces. (Para el publico chileno) El anko vendría a ser como el equivalente del manjar, casi todos los dulces tradicionales lo tienen.

¡Capitulo nuevo!

Bueno, había pensado esta historia como un one-shot, pero me siguió rondando mucho por la cabeza y cuando me di cuenta ya llevaba escrito varios capítulos jejeje (momento de inspiración)

Dedico este capitulo a Danessa, gracias por tu mensajito, me animó mucho a subirlo y continuarlo. Espero que te siga gustando esta historia, se viene mucha trama, misterios y giros inesperados (y romance obvio.) Cariños infinitos para ti.

P.D: Recomiendo leer este Fic con MUCHA atención.

P.D2; para los que siguen When the summer is here, se viene cap nuevo en la noche.

Eso es todoo

¡Gracias por leer!

Y no olviden dejar sus mensajitooos