Inuyasha es propiedad de la talentosa Rumiko Takashashi Sensei
Corte 3:
Miércoles Gris
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Mis pensamientos no pueden alcanzarte
Y nuestro lazo se esta destrozando.
Las nubes se alejan como si no hubiese nada.
Es un miércoles gris.
Haiiro no Souyubi (Gray Wednesday) Triple H
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El reloj marcaba las 8:00 am cuando la alarma comenzó a sonar. La tenue luz de los rayos del sol se colaba por la ventana y la comodidad del futón hacía difícil la tarea de levantarse.
Una mano se asomó entre los cobertores y busco perezosamente la causa del molesto sonido que interrumpía su sueño. Tanteo el tatami hasta llegar con el reloj, al tercer intento logro apagarlo.
Los parpados aun le pesaban así que volvió a acomodarse adormilada pensando en que si tuviera que elegir una de sus actividades favoritas, sin duda seria dormir.
Apenas sintió cuando una mano deslizó bruscamente la puerta de su habitación.
—¡Kagome! —escuchó una fuerte y masculina voz llamándola— Levántate.
—Solo cinco minutos mas…
—Ni hablar, ya son las 9:00 am —la voz al parecer también tenia manos porque le quitó el cobertor de encima, provocando que su cuerpo se estremeciera ante el frio repentino.
¿Por qué debían despertarla de una forma tan cruel? Solo necesitaba un par de minutos mas, solo eran las 8:00, aun tenia un par de… ¿Qué había dicho?
Se irguió rápidamente de pronto.
—¿9:00? —exclamó la despeinada joven— ¡Pero eran las 8:00 hace nada!
—Te quedaste dormida otra vez, arriba. — mandó Bankotsu, que ya estaba vestido y reluciente.
— Eres tan malo… —se quejó ella mientras se ponía de pie.
Las mañanas solían ser difíciles, no era buena levantándose temprano, especialmente desde que su nuevo ritmo de vida le estaba pesando.
A pesar de haber actuado siendo la doble de su hermana, nunca se había enfrentado a un rodaje real.
Los horarios podían ser realmente complicados a veces; comenzaban muy tarde o muy temprano para aprovechar la luz del día o la noche, la disposición de algún lugar, el horario de los actores, etc. Incluso un día habían comenzado a grabar a las 2 a.m porque Myoga había insistido que era el momento donde la luna destacaba mas.
A lo largo de su carrera como cantante las cosas no habían sido fáciles, pero definitivamente podía jactarse de tener un buen horario de sueño.
Aun medio dormida logro bañarse y ponerse algo de ropa para encontrarse con Bankotsu en el comedor de la posada, donde todo el equipo ya estaba reunido desayunando.
Se alegro al ver su contundente primera comida del día que consistía en arroz y pescado, incluso Bankotsu había pedido una porción extra de arroz para ella.
—Sera mejor que llenes bien ese estomago, no queremos que te desmayes otra vez —comento su agente con tono severo.
Kagome agradeció mentalmente que las escenas de traje de baño hubiesen quedado listas el día anterior, ya que eso significaba que su dieta había terminado oficialmente.
—¡Itadakimasu!— exclamó ella feliz, juntando sus manos para comenzar a llenar su boca de arroz.
Los palillos en sus manos buscaron hábilmente el contenido de los platillos que ofrecía el desayuno tradicional de la posada, atacando la porción de tamagoyaki que le correspondía a ella y también la de Bankotsu, no es que a él le importara, no le gustaban las cosas dulces después de todo.
Él estaba entretenido bebiendo su café amargo, revisando en su teléfono algún importante asunto de agentes que Kagome no comprendía del todo aún.
Estaba tan concentrada engullendo un trozo de pescado a la plancha que no puso atención a los murmullos alrededor, ni a las miradas del equipo sobre ella, ni mucho menos a lo que decía la televisión en la esquina de la sala, que pasaba un programa de variedades.
Solo notó una mueca molesta en el rostro de Bankotsu cuando dejo su taza de café a medio beber sobre la mesa.
—¿Pasa algo malo? —preguntó Kagome, algo preocupada.
—Depende de cómo lo veas —Bankotsu intento mantener su tono despreocupado habitual, pero ella lo conocía bastante bien para saber que estaba molesto.
Fue entonces que Kagome reparó en las miradas sobre ella y escuchó lo que la animadora del programa en la televisión venia repitiendo desde hace un rato.
—¿Realmente cree que esta vez Inuyasha si tendría una relación con una co-estrella? —habló la mujer rubia del programa.
—Bueno, se le ha relacionado muchas veces con sus co-estrellas —ahora hablaba un viejo calvo.
—Además de algunas modelos, incluso se dijo que podría estar con la reconocida actriz Kikyo —agregó una guapa pelirroja.
—Es cierto, pero nunca ha oficializado una relación públicamente.
—Por eso es uno de los solteros mas codiciados de Japón.
—Pero a mi me parece que las fotografías hablan por si solas.
Kagome tuvo que ahogar un gritito con su mano cuando vio con horror las fotografías que mostraron en la televisión.
Un muchacho de cabellos plateados sosteniendo a una chica semi desnuda entre sus brazos, una chica que casualmente pasaba a ser ella, por cierto.
¿Qué hacia Inuyasha abrazándola?, ¿Quién tomo esa fotografía?, ¿En que momento las prensa había comenzado a especular sobre una posible relación entre ellos? ¿Ese traje de baño la hacia ver gorda o solo era su impresión?
Su mente trabajó rápido en busca de respuestas; todo apuntaba a que ese debió ser el momento en que se había desmayado.
Un sudor frio se formo en su nuca y bajo por su espalda, esto era terrible.
—Nunca habíamos visto a Inuyasha en una actitud tan cercana y afectuosa con una joven. —continuo la rubia.
—Es cosa de ver la forma en que la sostiene entre sus brazos… tan protectoramente —la pelirroja dejó escapar un suspiro ensoñador.
Kagome sentía que todos los colores se le subían a la cara. Estaba avergonzada y sumamente enojada. Ya era suficientemente malo ser la hermana de Kikyo, como para que ahora la involucraran con ese idiota. Y así se lo hizo saber al que creía era el responsable.
—Ban-kot-su —deletreo cada silaba amenazadoramente.
—No es lo que piensas —se apresuro a defenderse— No tengo nada que ver con esto.
—¡Pero dejaste que pasara!
—Las publicaron antes de consultarme — ahora si se escuchaba molesto. Si algo le molestaba a Bankotsu, era que se le pasara a llevar y por el intenso azul oscuro de sus ojos podía leerse que no dejaría las cosas así.
—Pero esto es terrible… —la ansiedad la invadió— Que pasara si…
Los medios podían ser realmente un dolor de cabeza cuando se interesaban en una persona desconocida, como ella, especialmente cuando se trataba de fisgonear en la vida de esas personas.
—No te preocupes. Hemos sido muy cuidadosos con eso.
Kagome suspiro resignada, no tenia sentido enojarse con él, sabia que no la expondría a algo así voluntariamente.
—¿Qué se supone que haré?
—Dejarlo así. Por ahora, no hará daño —concluyo él.
—Por supuesto que si —intento hablar bajito, aunque estaban solos en una mesa, temía que alguien del equipo alrededor los escuchara. — Esta pasando lo que hemos estado evitando por años Bankotsu; que mi nombre se involucre con otras personas.
Había comprendido desde temprana edad, que intentar sobresalir sin ser opacada por su hermana, era algo sumamente difícil. Tuvo que trabajar duramente durante mucho tiempo en su vida artística y laboral para que no fuera así y ahora esto…
—Lo se —respondió él, algo resignado— Escucha, Kag, hemos hablado de esto muchas veces; sabes que así funciona este mundo, no podemos evitarlo. Debemos ser mas inteligentes y ver como podemos sacar provecho de esto.
Kagome miró los azules ojos de su agente, con la intención de replicarle, pero sabia que cualquier palabra que saliera de su boca sonaría como la rabieta de una niña caprichosa. Al notar la inquietud en esos bonitos ojos chocolates, Bankotsu le sonrió, con una de esas sonrisas confiadas que le indicaban que todo estaría bien y ella se tranquilizó un poco.
—Descuida, ya veremos como se dan las cosas. Todo saldrá bien.
Kagome quiso creerlo, aunque la inquietante sensación de estar perdiendo el control aun permanecía en su cuerpo. Sin poder evitarlo, poco a poco pasaba lo que tanto había temido desde que decidió dedicarse a cantar y como una prueba maliciosa de eso, la voz de la rubia de la televisión logro perturbarla de nuevo.
—¿Pero quien es esta chica?
—Bueno, no se sabe mucho de ella. ¡Es casi un misterio!
—Es la hermana gemela de nuestra querida y talentosa Kikyo. Al igual que su hermana también se esta abriendo paso en el mundo de la actuación.
—¡Y con un protagónico!
—Vaya forma de debutar, supongo que ser hermana de alguien tan famosa tiene sus beneficios.
—Dicen que actuó muchas veces en lugar de su hermana, ¡Pero son tan parecidas que nunca lo note!
—Definitivamente una muchacha afortunada. Hermana de una talentosa actriz y ahora la novia del soltero mas codiciado; Inuyasha.
Kagome dejó su cuenco de arroz sobre la mesa, había perdido el apetito. Las voces en la televisión continuaron en un murmullo lejano. Se mordió el labio con fuerza intentando retener la repentina necesidad de gritarle a la pantalla, sabia que no tendría sentido, seria inútil porque no habría forma de que la escucharan.
Pero quería hacerlo, quería decirles fuerte y claro que ella no era hermana, ni novia de nadie. Ella tenia un nombre y no se molestaron en mencionarlo en ningún momento.
¡Me llamo Kagome!
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El viejo hombre sentado frente a ella la veía fijamente, con una penetrante mirada grisácea. Su voz sonó profunda y densa cuando habló.
—Se que no quieres escuchar esto, pero has llegado muy lejos. —sus ojos brillaron severos— Debes detener esta obsesión por tu hermana.
—¿Qué…? —murmuro ella sorprendida— ¡Yo no estoy obsesionada! —exclamó al tiempo que se paraba y golpeaba la mesa con las manos, agitada.
—¡Corte!
El hombre frente a ella se llevo una mano a la calva cabeza, rascándola en un gesto agotado. Kagome sintió sus mejillas acaloradas y se disculpo tímidamente con el actor, que le respondió con un gentil asentimiento de cabeza diciéndole que no se preocupara.
Se maldijo mentalmente. Se había equivocado de nuevo.
—Tomaremos un descanso —anuncio Myoga, era la quinta toma que salía mal. Su actriz estaba desconcentrada y sus años de experiencia indicaban que continuar con lo mismo seria una perdida de tiempo.— Quince minutos y continuaremos con la escena siete.
El equipo asintió en respuesta y comenzó a prepararse.
Estaban en uno de los salones tradicionales de la posada. Los técnicos se movían preparando los focos y ajustando la iluminación con el fotógrafo, mientras Myoga repasaba la cantidad de escenas con su asistente, Satoshi. Kagome acudió a su libreto, debía prepararse para la siguiente toma.
Un joven de cabellos plateados golpeteaba el piso con su pie, rítmicamente, ansioso. Esa chiquilla lo estaba exasperando. Había estado arruinando las escenas, como siempre, y él quería terminar su trabajo rápido.
Si no lo hacia pronto, terminaría matando a alguien. Las noticias de la mañana no habían parado y las ridículas especulaciones de una posible relación con su co-protagonista lo estaban llevando al borde.
—Ten —la voz de Miroku atrajo su atención. Le estaba extendiendo un objeto con su mano.
—¿Qué es esto? —Inuyasha lo tomo viéndolo aburrido.
—Un cubo rubik
—Ya se lo que es —respondió impaciente— ¿Por qué me lo estás dando?
—Para que te entretengas antes de que hagas un agujero en el piso. —apuntó el agente.
—Como si esto fuera a distraerme… —masculló malhumorado mientras rodaba el cubo con sus dedos, sin mucho interés.
—Tu teléfono está sonando —informó Miroku.
—Ya lo se —murmuro Inuyasha, estaba girando la primera fila del cubo.
—Si no contestaras deberías apagarlo…
—Ten — Inuyasha le extendió su teléfono. Miroku lo conocía bastante bien para saber que eso significaba un "hazte cargo"
El profesional agente que era Miroku, entendió perfectamente y lo recibió dispuesto a hacer su trabajo.
—Diga —contesto gentilmente— Oh, no, yo soy Miroku, su agente. Así que ya viste las noticias… tranquila, no llores… solo respira profundo y… —Miroku miro pacientemente al cielo, escuchando— ¿Inuyasha? Bueno él esta… — el susodicho ya llevaba dos filas completas del color amarillo. Parecía concentrado— Esta ocupado en estos momentos. ¿Quisieras dejar algún mensaje para él?
Miroku cubrió el teléfono con su mano y hablo bajito a su amigo.
—¿Quién es Rose?
Inuyasha lo pensó, o eso parecía cuando sus cejas se juntaron en un ceño se fruncido, aunque también podría significar que tenia problemas para completar los cuadrados de la cara amarilla. A Miroku le estaba costando leerlo.
—Ahm… ¡Ah! Debe ser la modelo de ropa interior —concluyó Inuyasha, girando el ultimo cuadrado para completar la primera cara del cubo, sonrió satisfecho.
Las cejas de Miroku se elevaron con repentino interés.
— O quizás sea la chica de la pizza…—agrego pensativo.
—No te preocupes se lo diré —Miroku le hablo al teléfono— Lamento decirte esto, pero creo que lo de Inuyasha y la señorita Kagome va en serio —se percato de que su compañero no lo escuchaba— Por favor no llores… lo se, debes estar destrozada… ¿Sabes? Como su agente me veo en la obligación de hacerme cargo de esto, ¿Qué tal si voy por ti un día y hablamos?... genial, te llamare. Adiós.
Miroku colgó con una satisfecha sonrisa en los labios.
—¿Qué dijo? —preguntó Inuyasha sin mirarlo.
—Oh, no te preocupes por eso, lo superara…
El teléfono volvió a sonar.
—Diga —Miroku tuvo que alejar el teléfono de su oreja ante la ruidosa respuesta— Creo que esta enojada… —le comento a Inuyasha.
—¿Quién? — respondió él, sin importarle realmente. Ya estaba completando la cara roja.
—Él no esta, soy Miroku. Aja. ¿Quieres vengarte?... ¿Sacándole celos? —Miroku comenzó a interesarse de pronto— Veras, creo que puedo ayudarte… soy prácticamente su mejor amigo. Créeme; se volverá loco… ¿Ahora? —el profesional agente miro alrededor disimuladamente y se puso de pie— Si, estoy libre. Así que… ¿Qué traes puesto?...
—¡Lo hice! —exclamo Inuyasha. Había completo la cara roja del cubo— Mira, Miroku… —pero él ya se estaba alejando con el teléfono en su oreja.
—… ¿el uniforme de Pizza Hutt? —lo escuchó hablar— eso es… interesante…
Los dorados ojos se entrecerraron, maldito Miroku, ahora a quien le mostraría que había completado dos caras del cubo. ¡Era la primera vez que jugaba!
—Pareces ser bueno en eso —una familiar voz lo hizo voltear. ¿Dónde la había escuchado antes?
—Ah, eres tu —se escuchó la decepción en sus palabras.
—No pongas esa cara —se molestó Kagome— Tampoco me alegra verte.
—¿Qué quieres?
—Creí que debíamos hablar… —la verdad era que no podía concentrarse, no con toda esa sarta de patrañas que había escuchado en la mañana, rondando en su cabeza. Quizás si hablaba con él podrían solucionarlo— Prácticamente todos están hablando de nosotros y yo…
—No te preocupes por eso —cortó Inuyasha— Aclararemos las cosas pronto. No permitiré que me sigan involucrando contigo.
—¡Oye! —exclamó ofendida— ¿Cuál es tu problema? A mi tampoco me agrada que me involucren contigo, pero…
—¿Ves esto? —Inuyasha la interrumpió. Él ahueco su mano, como si sostuviera una pequeña manzana, incluso la ahueco aun mas, ahora parecía del tamaño de un limón — Es tu tamaño. Y no salgo con chicas copa A.
Kagome le entrecerró los ojos confundida.
— ¿Qué rayos…? —la comprensión le llego rápido, coloreando su rostro de un intenso rojo— ¡Eres un maldito pervertido! ¿De donde sacaste…? — otra idea ilumino sus ojos, explotó enojada— Me tocaste cuando me desmaye ¿verdad?
—¡Por supuesto que no! —se defendió— ¡Tu te caíste encima!
—¿Caí encima de tu mano? —grito incrédula.
—¡Si! de ninguna forma te tocaría por gusto. ¡Deberías agradecer que no te deje caer al piso!
—¡Preferiría haber caído! —la chica hizo como si se limpiara los brazos con asco.— Me alegra haber estado inconsciente o si no…
—¡Kagome!, ¡Inuyasha! —los llamó Myoga— Estamos listos para comenzar.
Ambos se sostuvieron la mirada, desafiantes, ninguno de los dos quería dejar las cosas así, pero el deber llamaba.
—¡Bien! —anunciaron al mismo tiempo, dirigiéndose al set.
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Cuando Kagome regresó a su habitación ya eran las 8:00 pm. Habían sido mas de ocho horas de extenuante trabajo y sentía que su cuerpo ya no podía mas.
Fue un día difícil; Inuyasha había estado mas irritable que de costumbre y ella desconcentrada. No fue una buena combinación. Aunque Myoga parecía contento, mencionó algo de que en pantalla se veía una especie de tensión especial y fascinante entre ellos.
Por su puesto que habría tensión, se dijo ella, era lo mas natural entre dos personas que querían arrancarse las cabezas mutuamente.
Suspiró cansada, cuanto daría por arrojarse al futón… pero aun no podía. Ese día habían terminado la filmación en la posada, lo que significaba que partirían al día siguiente temprano… y tendrían el día libre.
La exceptiva de regresar a su casa, dormir en su propia cama y tener un día para ella después de casi una semana de trabajo, la lleno de una repentina energía.
Con un sonriente rostro comenzó a preparar su bolso guardando las pocas cosas que había llevado al viaje; Un par de playeras, ropa interior… Buscó con la mirada por la habitación recordando que había dejado el cepillo de su cabello en la mesita de noche.
No había recibido regalos los últimos días. Sus fans no sabían que estaba en Miyajima, no podrían enviarlos. Después de todo, ellos solo conocían el nombre de la productora de su música y ahí era donde llegaban sus regalos. Y dado que su nuevo trabajo como actriz la hacia pasar la mayor parte de su tiempo en el estudio de grabación, Bankotsu pedía que la agencia los enviaran ahí de vez en cuando.
Por eso una inusual ansiedad agitó su corazón cuando su mirada encontró, junto a su cepillo, un pequeño paquete envuelto en papel rojo con un lindo listón.
Después de aquel día que encontró su camarín repleto de flores junto a esa nota, un secreto anhelo había nacido en ella, uno que la hizo precipitarse apresuradamente al pequeño paquete y encontrar una aterciopelada tarjeta blanca a un lado.
Se mordió los labios expectante mientras la leía.
"Todo lo que necesitas es amor, pero un poco de chocolate de vez en cuando no hace daño"
—Charlie Brown… —leyó la firma.
Al final de la tarjeta había una bonita ilustración de la conocida caricatura de aquel perro blanco y su amigo de playera amarilla.
Notó con algo de decepción que el paquete no contenía ninguna nueva flor, en su lugar, habían chocolates.
La puerta de su habitación se deslizo, haciéndola pegar un saltito del susto.
—Aquí estas —dijo Bankotsu entrando al cuarto.
—Deberías tocar, sabes —lo regañó ella.
—La vida es muy corta para eso —explicó despreocupadamente— ¿No dicen que es mejor pedir perdón, que permiso?
Ella le entorno los ojos.
—¿Dónde están mis disculpas entonces?
—Justo en tus manos —Bankotsu señaló con su dedo el paquete que Kagome sostenía.
Sonrió, sintiéndose algo tonta, debería haberlo sabido.
—Chico listo —concedió ella, con unas de esas sonrisas involuntarias que Bankotsu siempre lograba sacarle.
Charlie Brown; Era la marca de chocolates que había sacado la franquicia del popular comic.*
Ella los conocía mejor que nadie, solía comerlos por montones cuando era una niña mientras leía sus historietas a la sombra de los arboles junto a su hermana, aunque, como todas las cosa buenas de la infancia, un día habían desaparecido.
Hasta que hace un par de años Bankotsu se los había regalado.
No sabia de donde los había sacado, solo se los regalo casualmente aquella vez que publicó su primer disco. Por supuesto que ella había quedado mas que encantada con los bombones que tenían el sabor de su nostálgica niñez.
Por mas que había insistido a su agente que le revelara donde los compraba, este se había rehusado y lo convirtió en su secreto mejor guardado.
Ahora se había vuelto una clase de acuerdo cómplice entre ellos, una pequeña y preciosa recompensa con la que él la mimaba cuando creía que lo merecía.
Bankotsu se acerco a ella y saco uno de los bombones, llevándoselo a la boca.
—Hey, son míos —se quejó ella.
—Tienes como un montón en esa caja. Te estoy ayudando, si los comes todos; engordaras.
—Eso no es cierto —apretujo cariñosamente el paquete contra ella— Hasta que descubra tu gallina de los huevos de oro, debo cuidarlos y guardarlos para tiempos difíciles —era cierto, eran sus favoritos y los racionaba inteligentemente. Bankotsu era cruel por naturaleza y solían haber tiempos de escases.
Él soltó una carcajada.
—Vendrás mas, si te portas bien.
—Es todo lo que hago… —masculló ella jugueteando con la tarjeta— ¿Esto lo escribiste tu? —preguntó divertida.
—Claro que no —contradijo, también divertido— Cortesía de la chocolatería.
Una risilla escapo de los labios de la joven. Bankotsu jamás escribiría algo así, no era su estilo. Tampoco el de su misterioso admirador… pensó ella.
—Entonces… ¿Solo viniste a robarme chocolates?
—¡Ah! Es cierto —pareció recordar— Tengo buenas noticias para ti.
—¿Como que me darás una caja de estos a la semana en vez de una al año?
—Oye, no exageres, no te las doy una vez al año. —corrigió algo ofendido, mientras Kagome ponía los ojos en blanco— Hablé con Miroku.
—¿El agente de Inuyasha?
—Si. Al parecer ese idiota tampoco esta muy feliz con todo esto de las fotos…
—¿Cómo lo habrá notado? —pregunto ella sarcásticamente.
—Como sea, aclararemos esto cuando lleguemos a Tokyo.
Eso pareció aliviarla, porque Bankotsu notó como sus hombros se relajaban. Conocía a Kagome y sabia lo que quería y lo que no. Después de todo ese era el trabajo de un agente.
Desde que la conoció ella fue bastante clara; "Quiero ser solo Kagome" le había dicho. Y lo entendía perfectamente; Quería que la reconocieran por ser ella misma.
Supo desde el principio que seria difícil lograrlo, especialmente siendo hermana de alguien tan reconocida, pero le gustaban los retos y acepto ser su agente.
Tuvieron que idear un plan para lograrlo y aunque fue arriesgado, y para sorpresa de él mismo, había funcionado mejor de lo que hubiesen esperado.
Kagome era una chica talentosa.
Y aunque las cosas habían marchado bastante bien, ahora era momento de dar el gran paso.
—Bien, espero que podamos hacerlo rápido —comentó ella— la prensa olvida rápido y mi nombre estará limpio para cuando… —se detuvo, realmente hablar de eso la desanimaba.
Bankotsu puso una mano sobre su hombro.
—En cuanto la gente sepa que Megoka eres tu se olvidaran de todos los demás, no habrá Inuyasha, ni Kikyo que pueda opacarte. —la azulina mirada de Bankotsu brillo.
Me-go-ka. Era su nombre al revés.
Había sido idea de Bankotsu.
Ella quería cantar y que la escucharan solo a ella, que su voz llegara a los oídos de todos en su estado mas puro.
Así que comenzó su carrera musical bajo ese seudónimo, hace un par de años atrás. Era su secreto mejor guardado, solo lo sabían Bankotsu y Kikyo.
Fue difícil al inicio, llegar a las personas era mas complicado de lo que ella había creído, especialmente siendo una voz sin rostro, desconocida, una mas en un competitivo mundo.
Se había desanimado al principio. En un entorno donde el talento se mide a través de frivolidades como las cantidad de ventas, seguidores y caras bonitas, la presión de alcanzar el éxito para continuar cantando, la mantenía angustiada.
La competencia siempre había sido dura… todas esas chicas lindas y su música pegajosa, que invitaban a ser escuchadas solo con sus perfectas sonrisas.
Aun así se esforzó arduamente. Perfecciono su voz, estudio música y continuo cantando con la energía vibrante de una persona enamorada de lo que hace.
Dicen que el amor lo puede todo, que cuando es profundo y sincero no existe barrera que pueda interponerse ni persona que pueda resistirse a el.
Quizás fue por eso que sin darse cuenta, su música había comenzado a hacerse un espacio lentamente. Quizás fue eso, combinado con las inteligentes estrategias de Bankotsu. Por algún motivo ocultar su rostro resulto ser una de sus mejores armas. Sus seguidores comenzaron a aumentar poco a poco fascinados por su voz y completamente convencidos que tras sus dulces canciones se ocultaban los secretos para conocer su misteriosa identidad.
A medida que adquiría popularidad se habían formado innumerables teorías acerca de ella. La que mas les divertía era que Megoka podría ser alguna clase de robot.
Bankotsu aprovecho todas las especulaciones como publicidad para su artista, sugiriéndole a Kagome que alimentara estas fantasías en sus letras, en las portadas de sus discos y todo lo demás.
Había sido un juego divertido para ambos por años, pero ya era momento de dejarlo.
—No se si estoy realmente lista para esto —Kagome se entristeció un poco.
Bankotsu había decidido que tras tres años de su anónima carrera debía expandirse a otras áreas.
Cuando los seguidores de Megoka se enteraron que tendría un papel en una película, se volvieron locos. Por supuesto no revelaron que película era, ni que papel haría. Las producciones de películas japonesas eran amplias y las posibilidades eran muchas, así que salían nuevas especulaciones sobre su identidad a menudo.
Kagome debía reconocer que Bankotsu había tenido razón al decir que seria un debut grandioso; protagonizar una película y dar a conocer su identidad, seria un golpe tan impactante que ni siquiera Kikyo podría opacar.
Pero abandonar el nombre de Megoka era algo que la entristecía y asustaba al mismo tiempo.
—Claro que lo estas, Kag. Me encargare de que todo salga como planeamos. —lo dijo con su tono seguro. —¿Confías en mi?
Kagome sintió la gran mano de él sobre su hombro y lo miro a los ojos. Se veían azules, profundos, seguros y brillantes. Como él.
Y solo había una cosa que ella podía decir ante esa mirada.
—Si.
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Los rayos del sol se colaban por la ventana, molestando sus ojos. Quiso cerrar las cortinas, pero para su mala suerte los autos no las tenían. Abrió los ojos perezosamente y vio las calles, casas y arboles pasar rápidamente a través del cristal.
Era primavera y todo parecía radiante y colorido.
Se giro en el asiento en dirección contraria a la ventana, mirando al asiento del conductor que era ocupado por Bankotsu.
—Oye dormilona, ya casi llegamos. —informo él.
Kagome contesto con algo parecido a un gruñido. No podía entender como él podía estar tan fresco y despierto. Supuso que era alguna clase de superpoder de agentes o algo así, no recordaba haber visto alguna vez a un agente agotado.
Se habían despertado muy temprano para dejar la posada, después había venido un viaje en ferry para salir de la isla, un vuelo de tres horas y ahora un viaje en auto hasta su casa. No recordaba ni la mitad de esas partes del viaje, solo que su cuerpo se movió en alguna clase de trance y aun permanecía adormilada.
Kagome abrió los ojos con pereza al sentir el auto detenerse.
—¿Ya llegamos?
—No, pero necesito un café —así que eres humano Bankotsu, pensó ella. — ¿Quieres algo?
— Creo que si —se incorporo del asiento frotando sus ojos con las manos— ¿Dónde desayunaremos?
—Creo que por la hora ya deberíamos almorzar —se rio él.— ¿Te apetece un Brunch*?
— Solo si hay donas y hot cakes —después de dejar de comer hasta desmayarse y tras tres días de comida tradicional en la posada, estaba antojadísima de dulces occidentales— el tocino también suena bien.
—Dios, ¿Cómo puedes ser tan delgada? —inquirió Bankotsu incrédulo, Kagome a veces podía comer incluso mas que él.
Ella solo se limito a reír y tras algunas bromas mas terminaron por salir del auto. Bankotsu se había detenido en un lindo y pintoresco sector con cafés, restaurantes y pastelerías. Después de una discusión porque Bankotsu quería comer carne y Kagome pasteles, terminaron en una elegante cafetería.
Estaban en la fila de la tienda esperando su turno cuando Kagome vio a través del cristal de la puerta, la linda vitrina de una librería cruzando la calle.
—Bankotsu, recordé que debo comprar algo —dijo ella— Vuelvo en un momento.
—Bien, pero no tardes o me comeré tu parte —amenazó él.
—No te atrevas —advirtió con tono peligroso, obteniendo unas risitas como respuesta.
Salió de la cafetería y se apresuro a cruzar la calle. Tendría unos quince minutos antes de que Bankotsu cumpliera su promesa y se comiera su comida, seria suficiente.
Sonó una pequeña campanilla en cuanto abrió la puerta de la librería, anunciando su llegada, las vendedoras le dieron la bienvenida amablemente. Era pequeña y acogedora, las paredes eran de madera y había una decoración con flores y colores pintorescos con motivo primaveral. Se dirigió a la sección de botánica y hojeo algunos de los libros del estante. Todos parecían tan completos y bonitos que le fue difícil decidir.
Cuando llego a la caja para pagar la vendedora se quedo mirándola fijamente durante un rato hasta que decidió hablar.
—Ahm, disculpe —le sonrió tímidamente la chica cuando termino de envolver su libro— Usted es la señorita Kikyo ¿Verdad?... le molestaría darme su autógrafo, soy una gran admiradora.
Kagome no se sorprendió, estaba mas que acostumbrada. Para su desgracia, era algo completamente habitual en su día a día. Sonrío amigablemente de todas formas, no era su culpa.
—Seria un placer, pero yo no soy Kikyo. Lo siento —se disculpó, como siempre.
Algo dentro de ella se removió. Las palabras pesaron.
Si, a veces realmente lamentaba no ser Kikyo.
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En cuanto entró a su habitación se desplomo en su gran cama. Era una King y la había extrañado. Los plateados cabellos se desparramaron en las sabanas y enterró su rostro entre las almohadas. Estaba exhausto y algo mareado, los viajes en avión siempre le sentaban mal, además de que no comía hace varias horas.
Un familiar peso extra en la cama de un cuerpo acercándose a él, lo hizo sonreír. La respiración agitada cerca de su cara no tardo en llegar y una húmeda y cálida lengua lamio su mejilla una vez, luego dos, tres, hasta que perdió la cuenta.
—Colmillo —lo saludó acariciando el blanco pelaje de su perro— ¿Me extrañaste?
El perro respondió con mas lamidas, agitando su cola frenéticamente con emoción.
—Yo también te extrañe —respondió ante las muestras de afecto de su mascota— Pero no mas lamidas —intento regañarlo, incorporándose. Sentía toda la cara húmeda.
El animal gimió, triste, había estado solo y quería atención. Inuyasha acaricio su cabeza desordenando el esponjoso pelaje.
—¿Tienes hambre? —el perro se removió agitándose inquieto— Bien, creo que yo también.
Inuyasha se levanto perezosamente de su cama y caminó con sus pies descalzos sobre la suave alfombra hasta la cocina.
Se decepcionó cuando encontró su nevera vacía, se rasco la cabeza preguntándose porque no había comida ahí. Aunque si lo pensaba bien, tenia sentido, había olvidado la ultima vez que había ido de compras, pero se había acostumbrado a encontrar su nevera siempre llena…
Un momento.
Si intentaba recordar la ultima vez que fue a comprar… no, no lo recordaba, quizás había sido hace un par de años…
¿De donde salía la comida entonces?
Un escalofrió recorrió su espalda.
¡Él vivía solo!
Cerro lentamente la puerta de la nevera y se acercó a su perro con cautela, estarían seguros si no se separaban y mantenían la puerta de la cocina cerrada hasta que descubrieran que pasaba.
Él podía enfrentarse a muchas cosas, sabia pelear bastante bien, pero luchar contra misteriosos sucesos como ese, estaba fuera de su rango.
—Supongo que tendremos que pedir algo… —le comentó a su perro, cuando salieron de la cocina
—¿Qué tal pizza?
Colmillo ladeo su cabeza y luego ladró.
— Ahm, es cierto, las repartidoras no te agradan
El perro volvió a ladrar, mas fuerte esta vez
— ¡Hey! ¡No es mi culpa que entraras en la habitación! no tenias que ver eso…
El perro lloriqueo, algo que Inuyasha interpreto como un reclamo y comenzó a alejarse mientras hablaba, dejándolo solo.
—Oye, no puedes irte así —le exclamó a Colmillo— ¡Ya te dije que no paso nada!
El blanco perro volvió al rato, con una galleta en la boca, había ido a buscar una de su fuente de comida.
—Colmillo… —murmuró Inuyasha. Tragó duro— ¿Tu comida también aparece misteriosamente?
Dios, eso se estaba saliendo de control.
Tendría que tomar cartas en el asunto, pero decidió que lo haría una vez que comiera.
Se acerco al bolso de viaje que había dejado tirado en el sillón y rebusco en los bolsillos su teléfono.
—Supongo que podría pedir algo de ramen —le comento a su perro, se había acostado en la alfombra al lado del sillón y mordía alegremente su galleta.
Buscó en su teléfono y no tardo mucho en encontrar un local de ramen cercano que entregara a Domicilio.
—Quiero dos porciones de Ramen —le hablo al teléfono cuando llamó— Sin picante. —vio a Colmillo acercarse a su bolso mientras daba la dirección— Bien, pero que sea rápido —el perro le ladró— esta bien, y que el repartidor sea hombre —agrego.
El hocico de su perro se metió en su bolso buscando el origen de algún extraño y atrayente olor. Como su boca de perro no podía llegar hasta el fondo decidió utilizar sus patas provocando que el bolso cayera al piso, desparramando su contenido en la alfombra.
—¡Colmillo! —lo regañó Inuyasha. Se apresuro a su lado cuando el perro estaba a punto de comer uno de los omyage, con envoltorio y todo, que había recibido su dueño en la posada.
Inuyasha los quito del camino antes de que su perro terminara en el veterinario. Fue ahí cuando se encontró, junto al resto de objetos tirados en la alfombra, con la blanca cajita del CD que le había dado Miroku.
Una sonrisa se extendió por su rostro. Entre las grabaciones y aquellas desagradables noticias que lo involucraban con Kagome, casi lo había olvidado. Una ansiedad casi infantil lo lleno y sin poder esperar mas se acerco al mueble donde tenia un moderno equipo de música.
Con una expectación apenas contenida oprimió el botón de inicio y la música comenzó a sonar. Había esperado tanto por esto…
Se tumbó en la alfombra, con los brazos detrás de su nuca como apoyo, la melodía no tardo en embargarlo de una sensación indescifrable, algo como una deliciosa y triste placidez.
Su voz, dulce y familiar comenzó a cantar.
El sonido del despertador y la tierna voz de mamá
Hacen pedazos mi pacífico sueño
Es un lunes de suspiros.
Cerro sus ojos.
Vamos, recuerda cuando vivías en un sueño
Cuando vivías en un sueño mas hermoso que ahora
Era un arrullo dulce y melancólico. Uno que siempre lograba serenarlo.
Si intentaba recordar… creía que la primera vez que la había escuchado había sido un par de años atrás. Estaba de mal humor y hambriento, un estado de ánimo bastante habitual en él. Así que decidió pasar a un pequeño local de ramen que había encontrado en el camino. El día estaba frío, pero su cuerpo comenzó a entibiarse en cuanto comió su caliente plato. Recordaba que toda la tensión del día se esfumó lentamente y asumió que aquel ramen tenia alguna clase de ingrediente especial.
Tardo un rato en darse cuenta que el pequeño local parecía mucho mas agradable que cuando entro, el aroma a caldo y carne envolvía el ambiente, los bajos murmullos de las personas alrededor, podía verse por la ventana el esponjoso cielo que avecinaba una lluvia nocturna, la música de fondo, una voz dulce y encantadora vibrando en un canturreo alegre. Una sutil emoción anego su pecho, una calma que lo mantuvo entumecido unos momentos. Cuando miró alrededor se dio cuenta que no era el único embobado, se había formado un silencio natural y apreciativo en el ambiente.
Si, lo recordaba.
Un día frio, una comida caliente en un lugar pequeño y acogedor. Una canción dulzona en un día de invierno.
Vamos, recuerda cuando nos amábamos
Cuando nos mirábamos el uno al otro, con ojos sinceros
Tardo tiempo en descubrir a la dueña de la voz. Decidió que debía hacerlo cuando sintió pánico al darse cuenta que la melodía se disolvía en su memoria, haciéndola borrosa, un recuerdo lejano de algo que había sido sumamente agradable.
La risa del otro lado de la tristeza
Incluso el vacío que brota en mi,
Desaparecerá arrastrado por el viento.
Es un miércoles gris.
Megoka.
Miroku, algo molesto por la mala memoria y los torpes tarareos de su amigo , lo ayudo a encontrar la canción.
Inuyasha quedó mas que desconcertado cuando su agente le dijo que la cantante nunca había aparecido en público, que era una voz sin rostro y que nadie sabia mas de ella que su nombre.
Un inquietante interés lo llevo a adquirir cuanto material nuevo publicara, encantándose cada vez mas con su voz… con ella.
No lo admitiría jamás, pero era un fan dedicado. Y Miroku se aprovechaba cruelmente.
Colmillo se acerco a él y se acostó a su lado, apoyando su hocico en su pecho.
Inuyasha acaricio su cabeza.
Vamos, recuerda cuando nos amábamos
Cuando nos mirábamos el uno al otro, con ojos sinceros
—También te gusta, ¿verdad? —preguntó mirando al techo. El perro bostezo en respuesta, acomodándose mas contra él.— Ya queda poco…
Vamos, recuerda cuando vivías en un sueño
Cuando vivías en un sueño mas hermoso que ahora
Ella revelaría su identidad pronto. La sola idea de poder conocer el rostro de la voz que lo había llenado de tranquilidad durante los últimos años lo ponía ansioso y también muy nervioso.
—Seguramente debe ser hermosa…
Sus ojos dorados desaparecieron detrás de sus parpados y sonrió.
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Kagome entró a su habitación cerrando la puerta detrás suyo.
Ya casi estaba atardeciendo y el tibio sol de la tarde primaveral mantenía la casa cálida.
Dejo encima de su escritorio el paquete envuelto que había comprado en la librería y abrió el gran ventanal al lado de su cama.
Una cálida brisa arrastro algunos pétalos de flor de cerezo dentro de la habitación, venían del gran árbol del patio que estaba completamente florecido de un lindo tono rosado.
Definitivamente era una tarde perfecta para terminar su pequeño trabajo.
Se acerco a la mesita de noche, solo había una pequeña lámpara, una edición de "Cumbres Borrascosas" que su hermana le había regalado la pasada navidad y un álbum blanco tamaño grande, su secreto proyecto.
Lo abrió con cuidado sobre su escritorio, en la primera pagina. Habían cuatro sobres transparentes de plástico por página, los cuales ya había llenado con una flor distinta en cada uno.
Debajo de cada sobre, había un espacio para llenarlo con el nombre de la flor.
Como la aplicada chica que era, abrió su libro de botánica recién comprado.
Lo eligió por ser el que tenia mas variedad de especies y comenzó a buscar el nombre de la primera flor de su álbum, era rosa y con muchos pétalos.
Después de encontrar su camarín lleno de tantas flores simplemente había sentido pena al pensar que tendría que tirarlas una vez que se marchitaran.
¡Que desperdicio!, Había pensado, así que se le ocurrió conservarlas de alguna forma. Eran bastantes y después de escoger una de cada una terminó llenando su álbum con diecinueve especies distintas.
—Millarenga… —leyó una vez que la encontró. Era una Camelia Japónica.
Anotó el nombre debajo de ella y su lugar de origen.
No pudo evitar recordar los viejos tiempos cuando aun era una estudiante. Parecía una chiquilla con su proyecto escolar, la idea la hizo soltar unas risillas.
La siguiente era una pequeña y amarilla, sonrió emocionada, seria una tarde divertida.
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Vamos, recuerda cuando brillabas
Cuando vivías en un sueño,
cuando nos amábamos.
Haiiro no Souyubi (Gray Wednesday) Triple H
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Peanuts: el comic al que se refiere Kagome es esta tira cómica de Charles Schulz, que comenzó a publicarse en 1950, que tiene como protagonistas a Snoopy y su dueño/amigo Charlie Brown. En Japón Snoopy es muy popular (tiene su propio museo) y obviamente también tiene su propia línea de chocolates.
Brunch: es un termino que nació en USA, una combinación entre lunch y breakfast, para denominar una comida que se come justo en el horario en que ya es muy tarde para desayunar y muy temprano aún para comer. Es bastante popular y muchos locales cafes-restaurantes lo están adoptando.
La letra de la canción es de una de mis series favoritas, Mawaru Penguindrum, se llama Hai-iro no Suiyoubi (Gray Wednesday ) de Triple H
Por si quieren buscarla, cuesta pillar la versión original en youtube, en vimeo esta la versión larga y buena.
¡Vine a dejar otro cap! YEY
Bueno... a lo importante, tenemos a un Inuyasha fanboy de Kagome y no lo sabe... Y Kagome tiene un admirador secreto...
¿Quien creen que sea? chin, chin, chin
¿Será muy obvio? ¿O quizás no? ¿Que creen? jijiji
Aun me ronda por la cabeza que estilo de música cantara Kagome, tengo un par de cantantes medias alternativas que me gustan mucho, aunque aun no lo decido. ¿Que se imaginan que podría cantar ella?
Si hay alguna cosita por ahí que no quedo muy clara me pueden preguntar, (obviamente no voy a responder espoilers), pero igual pueden haber quedado un par de cosas que no puse porque se me escapo, espero que no.
Gracias por sus comentarios, me hacen muy muy muy feliz Danessa, ojala te siga gustando este fic, lo hago con amor y un poquito de maldad. Justalisse estuve toda la semana preguntándome que era chidori y aun no se que es :ccc jjajajja
En otras noticias, mis vacaciones terminaron, lo que significa que ahora tengo menos tiempo para escribir y por lo que la actualización de los viernes de When the summer is here quedara postergada, lo siento u.u. La buena noticia es que ya tengo varios capítulos escritos de esto por lo que iré subiéndolos semanalmente.
Eso es todo, gracias por leer.
Nos leemos
