Inuyasha es propiedad de la talentosa Rumiko Takashashi Sensei


Corte 4:

Roce sutil

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Cuando amanezca, nos despediremos de nuevo
Los sueños quedarán muy lejos, como una ilusión
Cada vez que me envuelve la luz que te persigue
Confío en la cálida brisa

Shiki no Uta MINMI

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—Querida, lo primero que debes comprender es que esta, no es una historia de amor; es un Thriller policial.

Recordaba que eso era lo que le había dicho Myoga esa mañana, antes de aproximarse haciendo que su rostro y su divertido bigote quedaran frente a ella.

—¿Entiendes, Kag?

Por supuesto que entendía. Lo que no entendía era porque se lo estaba diciendo con aquel tono meloso, ni porque estaba tan cerca de ella, ni mucho menos porque de pronto una de sus arrugadas manos se había ido a acomodar a su cintura.

¡Se suponía que hablarían del guión de la película!

A lo largo de los días que llevaban de rodaje, los peores temores de Kagome se estaban haciendo realidad; ella no era actriz. Y se notaba

Interpretar a un personaje era mucho mas complejo que hacer un simple remplazo y necesitaba ayuda. ¿Y quién mejor para orientarla que el mismo Director de la película?

Aunque no imaginó que cuando el anciano la citó amablemente a su oficina, para hablar, a solas, tuviera otras intenciones.

Sintió un sudor frio cuando la mano en su cintura había comenzado a descender distraídamente de su posición. Su instinto de supervivencia femenino no funciono y se quedo estática presa del pánico.

Por suerte para ella, -o quizás para su desgracia- la puerta se abrió justo en ese momento, dejando ver unos cabellos plateados asomarse en la oficina.

—Oye, viejo, necesito que… — era Inuyasha, quien los observó un momento, algo confundido. —¿Están ocupados?

Por supuesto, ella había aprovechado la oportuna interrupción para soltar unas rápidas excusas y salir de ahí.

Respiró.

Tensó la cuerda y visualizo el centro de la diana* ubicado unos metros mas allá.

Aun sentía su desagradable tacto. Se regocijó imaginando la arrugada cara del viejo hombre en el anillo del centro.

Exhaló.

Disparo.

Mantuvo la posición recta de su cuerpo mientras la flecha se enterraba en su objetivo.

—Eso estuvo bastante cerca — comento la muchacha de cabello castaño atado en una cola alta, al lado de ella

Kagome dejó escapar un suspiro derrotado. La flecha yacía clavada unos tres círculos lejanos al centro.

—Pero no logro darle al blanco aun…

—Eso es normal, aun eres principiante —la muchacha le sonrió.

Estaban en una amplia y luminosa sala del edificio del estudio, era un espacio común que se utilizaba como salón de entrenamientos para el personal que quisiera ejercitarse o practicar algún deporte, por lo que habían diversas maquinas de ejercicios y equipos de entrenamiento como el suelo de tatami, los arcos e incluso un muro de Escalada. Pero principalmente lo utilizaban para enseñarle a los actores alguna que otra acrobacia necesaria para su actuación, lo cual era el caso de Kagome.

La chica a su lado se llamaba Sango y seria su entrenadora.

Era una experta en distintas formas de combate y sabia manejar casi todo tipo armas. Según le había contado, su familia tenia un dojo propio y tanto sus hermanos como ella habían sido entrenados desde pequeños.

—¿Habías usado un arco alguna vez? —preguntó Sango.

—Ahm… solo un par de veces, pero nunca fui muy buena, así que lo deje.

Fue la escueta respuesta de Kagome, aunque claro, esa no era toda la historia. La versión completa, como muchas cosas en su vida, incluían a su hermana.

Kikyo era la arquera estrella del equipo Kyudo*. Se había ganado el titulo cuando le dio los primeros lugares a la escuela por cuatro años seguidos. Kagome había querido intentarlo, pero la presión de estar haciendo exactamente lo mismo que su hermana, en el mismo lugar, con la diferencia de que ella no lo hacia tan bien, fue suficiente para abandonarlo en poco tiempo.

—¿Bromeas?, creo que tienes talento.

—El equipo de Voleibol era mas divertido —explicó Kagome encogiéndose de hombros.

—Habrías llegado lejos si no lo hubieras dejado… —Sango se llevo una mano a la barbilla, considerándolo seriamente. — Si practicas un poco mas creo que incluso podrías darle al centro en poco tiempo.

Kagome asintió despreocupada, no estaba realmente interesada en ser una experta, no era necesario.

El personaje que interpretaba; Kazuki como buena estudiante modelo, era parte del equipo de arquería de la escuela, por lo que infelizmente para ella, tendría que aprender a usar uno para grabar algunas escenas.

Tenia sentido, después de todo, el guionista había basado al personaje en su hermana. Aunque a veces no podía evitar sentir algunos escalofríos al pensar que su personaje y Kikyo tuvieran tantas similitudes. ¿De donde había sacado toda esa información aquel escritor? ¿Qué tanto conocía a su hermana?

—Creo que estas exagerando —soltó Kagome algo avergonzada.

—Claro que no, ¿Sabes cuantas personas atinan a la diana la primera vez? — La entrenadora se ubico detrás de ella para tomar sus brazos.— cuando tenses la cuerda, tu dedo índice debe quedar bajo tu mentón y la cuerda debe rozar tus labios, justo así, muy bien… recuerda tensar la espalda con la cuerda…

Kagome soltó unas risitas cuando las manos de Sango se posaron cerca de sus costillas.

—Cosquillosa ¿eh?

—Solo un poco — Sango le sonrió divertida. Kagome pensó en lo bonita que era desde que las presentaron unas horas atrás. — ¿Cómo es que terminaste haciendo esto? —pregunto curiosa.

La chica le parpadeo algo descolocada por la pregunta.

— Ahm, veamos…fue cuando tenia mas o menos quince o dieciséis… …— La castaña pareció rebuscar distraídamente en sus recuerdos, caminando hasta la diana. Quito las flechas para regresarlas a Kagome— Estaba buscando un empleo de medio tiempo y me tope con esta agencia. Buscaban dobles de acción, extras y esa clase de cosas… —Sango dejo las flechas en el carcaj* de Kagome. — Como yo ya entrenaba bastante para entonces, me dejaron como doble un tiempo y luego comencé a darle clases a los actores, entre otras cosas.

Kagome se volteo a mirar su entrenadora.

—¡Desde los quince!—Sango ahora se veía como alguna clase de heroína de acción a sus ojos. — ¡Eso es realmente genial! ¡Y emocionante!

Ella rio nerviosa.

—No es para tanto, solo era un trabajo a medio tiempo como todos.

—¡Claro que no!, un trabajo a medio tiempo son cosas aburridas, como ser mesera o vendedora de helados— respondió Kagome recordando los trabajos que tuvo que tomar de adolecente cuando el dinero comenzó a escasear en su casa. — ¿De quien fuiste doble? ¿Hiciste algún salto arriesgado desde un puente? ¿Manejaste un auto en llamas? Oh, oh ¿Alguna vez te dispararon de un cañón? O quizás manejaste a algún león salvaje…

—Espera, espera —La contuvo Sango con las palmas enfrente, sonriendo algo nerviosa ante la repentina emoción de la azabache — Creo que estas confundiendo el trabajo de un doble con el de una persona de circo… Nunca hice cosas tan arriesgadas… la gran mayoría de la acción en las películas japonesas son por parte de personajes masculino. Así que normalmente la diversión se la llevaban mis compañeros, especialmente Inuyasha… disfrutaba hacer todas esas cosas suicidas

La entusiasmada alumna elevo las cejas sorprendida.

—¿Inuyasha?

—Si, éramos compañeros. Antes de ser actor y todo eso.

—¿Eh? —parpadeo la azabache incrédula— No me digas que él también era….

—No pongas esa cara, ¿No lo sabias? — Sango dejo escapar unas risillas— Entró a la agencia un poco después de mi… —la castaña se encogió de hombros y sacudió con la cabeza divertida. Parecía recordar alguna clase de anécdota— Aunque fue hace varios años. ¡El tiempo vuela! Jamás imagine que se volvería actor.

—No lo sabia…

—Creo que te has perdido bastantes entrevistas — le sonrió burlona.

Kagome estuvo a punto de contestar que no veía mucha televisión, cuando una fuerte y conocida voz la interrumpió.

—Hey, Kag —la llamó Bankotsu entrando al salón. — ¿Ya terminaste? Es hora de almorzar.

—¿Ya es tan tarde? —exclamó la azabache.

Sango y el agente compartieron un asentimiento de cabeza como saludo cuando él se acerco. Realmente se le había pasado muy rápido el tiempo que llevaba practicando.

—Aun no hemos terminado…—el estomago de Kagome rugió en ese momento, recordándole que su desayuno había consistido solo en unos cuantos bombones Charlie Brown.

—Esta bien —concedió Sango guiñándole un ojo — Continuaremos cuando vuelvas.

La joven asintió agradecida y dejo su equipo sobre el mesón para ir al lado de su agente. Estaba hambrienta.

—¿Qué comeremos? —le pregunto esperanzada.

—Lo que quieras, hoy escoges tu.

—¿En serio? — su voz sonó varios tonos mas chillones que de costumbre. La expectativa de tener menú abierto la hizo colgarse del brazo de Bankotsu animosamente. — Eres tan bueno…—dramatizó ella

—Solo te daré comida, Kag, no voy a comprarte un poni… — se burlo él ante la efusiva muestra de afecto.

—¡Eres tan modesto, Banky!

—Creí que habíamos dicho que dejarías de llamarme así. — ella no pareció reaccionar, porque se aferro con mas fuerza a su brazo, apoyando la cabeza en su hombro y sonriendo bobamente. Bankotsu rodo los ojos— No tienes remedio…

Sango los observo macharse y desaparecer tras la puerta. Sonrió para si, pensando en que hacían una linda pareja.

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—¿Podrías saltar? — escuchó que le decía la mujer frente a él mientras lo enfocaba con la cámara. Ese día había hecho muchas peticiones, pero que mas daba. Salto desde la baranda de la escalera de emergencia aterrizando en la base de un contenedor metálico.

—Eso es, muy bien, ahora ¿Podrías dar un giro en el aire?

¿Qué si podía?

Sonrió con suficiencia antes de brincar, los cabellos plateados se agitaron en el aire cuando completo un perfecto giro aterrizando en sus pies sobre el asfalto. A veces pensaba que podría haberse dedicado a ser gimnasta olímpico o algo así.

—¡Asombroso!

La fotógrafa debía estar cerca de los cuarenta años, pero se movía de un lado a otro con la energía de una colegiala, en busca de los mejores ángulos de su modelo, completamente fascinada. Cada toma le parecía mejor que la otra.

Habían escogido un complejo que unía varias azoteas de edificios a través de escaleras, puentes, y vigas de concreto. Todo metal y cemento, con el esplendor de la arquitectura de Tokyo como fondo.

—Ahora; has lo mismo, pero cuando aterrices mira a la cámara.—dijo a través del lente disparando incansablemente.— Genial, ahora; has lo mismo, pero agrega una patada en el aire, luego gira y cuando aterrices sonríe a cámara. Ah, y no olvides enseñar las zapatillas.

Inuyasha se quedo en su lugar, mirándola sin expresión en el rostro.

—Lo siento, creo que deje de escucharte después de asombroso — dijo él, sarcástico.

—Oh, vamos Inuyasha. Hazlo de una vez — lo regañó Miroku, impaciente desde su lugar cerca de las bonitas vestuaristas y asistentes. Recibió unos ambarinos ojos entornados en respuesta — ¡Y sonríe!

Escucho a Inuyasha soltar un Feh antes de continuar, pero Miroku sabia que en el fondo él disfrutaba hacer esas cosas, era algo así como un mono que le gustaba saltar entre los arboles por naturaleza.

Era hábil. Ya hacia varias acrobacias como doble en algunas grabaciones cuando lo conoció. Pudo ver de inmediato que tenia potencial y con su ayuda, no tardo en obtener pequeños papeles secundarios en algunas series. Ganó popularidad increíblemente rápido. Miroku no se sorprendió realmente, Inuyasha tenia todos los elementos necesarios; era atractivo, joven y tenia ese extraño y llamativo color de cabello que volvía locas a las chicas.

De un momento a otro los directores se disputaban por usarlo en sus películas y es que Inuyasha, inesperadamente –incluso para el mismo Miroku- resulto ser mas que un acróbata hábil o una cara bonita; el chico tenia talento. En serio.

En tan solo cinco años logró consolidar una exitosa carrera como actor de acción, en los cuales había sido ampliamente reconocido con premios, numerosas ofertas de empleo y varias marcas queriendo usar su rostro como imagen.

Inuyasha había llegado lejos y Miroku no podía evitar sentir orgullo por él.

La camarógrafa abrió ampliamente los ojos ante la ultima pirueta de su modelo, soltando un silbido.

—Eres realmente increíble chico.

—Diría que exageras, pero… tienes razón; lo soy. —se jacto Inuyasha, sonriendo socarronamente.

Miroku rolo los ojos. Bien, quizás orgulloso no era la palabra adecuada.

Observo su reloj, la sesión de fotos debería terminar pronto, lo que le recordaba que… rayos, no le pagaban lo suficiente para soportar a Inuyasha y no quería pensar en la rabieta que vendría después de que le soltara ciertas noticias. Aunque claro, siempre podía huir en su convertible, con una bolsa de dinero, directo al atardecer…

Ah, soñar no era tan malo.

Pero era un hombre de responsabilidades y habían llegado a ciertos términos en la reunión que había tenido hace un par de horas atrás.

Entonces, ¿De que quería hablar con nosotros, señor Myoga? —había preguntado él, una vez que entraron a una de las oficinas del edificio del estudio.

—En realidad yo los cite aquí — dijo uno de los hombres en la habitación, aunque sus facciones, demasiado finas y sus labios de un rojo carmesí lo hacia del tipo de personas que debías mirar un par de veces para asegurarte si era o no una mujer.

—¿Qué sucede, Byakuga? —preguntó Bankotsu, impaciente.

—Bueno, es respecto a las fotos que han estado rondando por ahí… han tenido un muy buen recibimiento. Mucho mejor de lo esperado. — parecía complacido.

—Oh, así que tu fuiste el que las filtro — el tono de Bankotsu no fue nada amigable.

—Por supuesto, soy el productor de esta película, es mi trabajo que esto se venda bien.

—Sabes, creo que podrías habernos consultado… — el peligroso tono de voz del agente contrastaba con la cortesía de sus palabras.

— Byakuga —interrumpió Miroku, mucho mas calmado que el otro agente.— La imagen de nuestros clientes es nuestra mayor prioridad. La próxima vez que quieras hacer algo como eso, deberías avisarnos, estoy seguro que podríamos llegar a algún acuerdo mas amigable.

—Fue algo bastante espontaneo, no lo pensamos mucho —intento excusarse Myoga con su blanco bigote vibrando al hablar.

—Lo tendré en consideración —sonrió con una mueca que intento ser amable—Aunque para ser justos, funcionó —continuo el productor, no parecía nada arrepentido— Desde que se filtraron, las especulaciones de la relación de Inuyasha y Kagome nos han beneficiado enormemente. Hemos salido en casi todos los programas, es una buena publicidad para la película…

—Se muy bien cuanto se ha especulado —interrumpió Bankotsu, no le gustaba a donde estaba yendo esto. — ¿Nos citaste solo para nombrar en cuantos programas han hablado de ellos?

—Queremos que hagan oficial su relación públicamente — soltó el productor secamente.

—Creí que habíamos acordado que las cosas se aclararían cuando volviéramos a Tokyo —intento razonar Miroku.

—Ese era el plan, pero creo que eso no seria tan bueno.

—Byakuga, seré claro; no permitiré que mi clienta participe de esto.

—Tampoco creo que Inuyasha este muy de acuerdo.

—Señores, nadie esta pidiendo que tengan una relación real —intercedió Byakuga, tenia una postura muy confiada—Solo tendrán que actuar un poco mas. Digamos que harán algunas horas extras ¿Entienden?

—Entiendo bastante bien —el tono amenazador de Bankotsu logró estremecer a Myoga y quizás un poco a Miroku— Y mi respuesta es no.

—Escucha, chico guapo. —la voz del productor comenzaba a sonar aburrida— Es parte del contrato de tu clienta que deba colaborar en la difusión y publicidad de esta película, eso incluye; conferencias, fotos, viajes, invitaciones a programas y otras solicitudes de la empresa. ¿Debo leerlo de nuevo para ti?

El agente le entrecerró los ojos peligrosamente.

—Entonces sugieres que finjan ser pareja, salgan por ahí para exhibirse a los medios y muestren lo felices que son juntos — concluyo Miroku.

—Captas rápido, me agradas.

—Estoy seguro que esa clase de clausulas en los contratos no son tan legales—rebatió muy serio, había revisado ese contrato, sin duda era un punto bastante debatible.

—No tengo problemas en que nuestros abogados discutan los términos de los contratos… ¡Oh!, esperen un momento, ¡Nosotros tres lo somos! —recordó el productor con fingido entusiasmo— Mi consejo como colega, es que no perdamos nuestro tiempo en algo así, estoy seguro que todos tenemos mejores asuntos que atender.

—Pues afortunadamente, hoy tengo bastante tiempo libre, chico lindo— Bankotsu arrastro ruidosamente una silla para sentarse en la mesa.

Los labios de Miroku hicieron una mueca molesta antes de imitar a su colega y tomar asiento. No quería morir a manos de Inuyasha.

—Esto va a ser largo… —pronosticó.

Y si, había sido largo. Byakuya era listo y muy profesional, fue cuidadoso en no dejar cabos sueltos que pudieran utilizarse para que los actores se negaran a sus pedidos.

Ni él ni Bankotsu habían podido evitarlo. No por nada era un productor de las grandes ligas de los estudios de cine.

Ahora solo quedaba dar las malas noticias…

—Creo que con esto terminamos, Inuyasha —informó la camarógrafa.

—¿Esta segura? —inquirió Miroku acercándose a la fotógrafa— Podría hacer algunas repeticiones, no lo vi muy concentrado ¿Sabe? … aun tenemos un poco de tiempo, si quiere puede pedirle…

—Oye, Miroku ¿Qué rayos estas diciendo? —lo increpó Inuyasha quitándose la sudadera que había usado y entregándosela a la vestuarista que disimuladamente la recibió como el mas grande tesoro de su vida.

—Ser un agente profesional y velar por que hagas bien tu trabajo.

Otra asistente se acerco tímidamente a Inuyasha para entregarle una botella de agua y una pequeña toalla húmeda, bajo la mirada envidiosa de sus demás compañeras.

—No será necesario — habló la mujer, revisando el material de su cámara— Han quedado bastante bien. Le enviare unas copia cuando estén listas. Gracias por su arduo trabajo— hizo una cordial reverencia.

La fotógrafa se retiro y llamo a su equipo de trabajo para que desmantelara las luces y los difusores que habían en la azotea.

Cuando quedaron solos, Miroku se topo con la molesta mirada de su amigo.

—Sabes, te arrugaras mas fácilmente si pasas todo el tiempo con el ceño fruncido—Miroku llevo su dedo al punto en medio de las cejas de Inuyasha intentando cambiar su posición, sin mucho resultado.

—¿Y de quien crees que es la culpa? Solo quieres darme trabajo extra. —se quejo él, refrescando su nuca con la toalla húmeda. La actividad física lo había acalorado.

—Pero era cierto, lucias algo distraído, ¿Sucedió algo?

Miroku pareció dar en el clavo porque Inuyasha se atraganto mientras bebía el agua de su botella.

—No es nada — se limpio la boca con la manga— es… solo… Olvídalo.

El agente se preocupó, Inuyasha parecía turbado, cosa que no pasaba con mucha frecuencia.

—Anda, dilo, sabes que puedes confiar en mi— le dijo seriamente.

El ojidorado lo observo unos momentos, considerándolo.

—Algo extraño ha estado pasando en mi casa… —dijo finalmente.

—¿A que te refieres… con extraño?

—Es mi nevera… —Inuyasha desvió la mirada, intrigado.

—¿Tu nevera?

— Me di cuenta que siempre esta llena… ¡Y yo no hago esas compras! después de regresar de Miyajima estaba vacía, pero ayer, cuando volví a casa, ¡Estaba llena otra vez!

Miroku parpadeo incrédulo, mientras iba comprendiendo poco a poco.

Estaba divido entre dos emociones igualmente intensas, que debatían entre sí por salir.

La primera; era preocupación. Una muy grande, sabia que Inuyasha era bastante ingenuo, a veces casi tanto como un niño, pero había limites…

La segunda… la segunda era romper en una estrepitosa risa ahí mismo.

—Temo… que alguien este entrando en mi casa, Miroku. O peor aun. Crees… ¿crees en los fantasmas? —los ambarinos ojos lo miraron seriamente.

Miroku llevo sus dedos directo al puente de su nariz, concentrándose para intentar contener las carcajadas que tanto deseaba dejar salir su cuerpo. Por un momento su buen sentido común estuvo tentado a confesar quien era la persona responsable de llenar esa nevera semanalmente, durante los últimos dos años. Nunca había creído necesario mencionarlo antes, él nunca pregunto y Miroku asumió que estaba de acuerdo.

Un acuerdo implícito.

Sin embargo… la visión de Inuyasha todo angustiado inventando alocadas teorías, era demasiado bueno para él. ¿Qué clase de persona arruinaría una diversión así?

Miroku poso una mano en el hombro de su amigo, su voz sonó conciliadora cuando hablo.

—Descuida. Si se encarga de llenar tu nevera, debe ser un buen fantasma ¿no crees?

—Oh — dijo él. Por alguna extraña razón, eso pareció hacerle mucho sentido, porque la tensión en su frente y sus hombros desapareció súbitamente.

—Déjalo en mi manos, me ocupare de eso —el peliplata asintió en acuerdo— Y ya que estamos hablando de cosas extrañas, ¿Sabes que hoy día tuve una extraña reunión?

—¿Así? —Inuyasha lo miro desinteresado. Solo escuchar la palabra "reunión" lo aburría.

—Si, bueno… ¿Has visto últimamente a la señorita Kagome? —debía preparar terreno.

—¿Por qué debería verla? No hemos grabado estos últimos días… —comento distraído volviendo a beber de su botella— Aunque ahora que lo pienso… la vi hoy… en la mañana.

—¿En serio? —Miroku mantuvo una pequeña esperanza— ¿Ya se llevan mejor? Deberías invitarla a salir, ya sabes, para afianzar lazos entre colegas —juntos sus manos cerrando los dedos de una sobre la otra, para ilustrar su punto.

—De ninguna manera haría eso, no quiero relacionarme con esa clase de mujeres.

—¿Esa clase? —a Miroku no le gusto el tono que uso su amigo.

Inuyasha quito bruscamente la toalla de su nuca, algo hastiado por el rumbo de la conversación.

—De la clase que se encierra con los directores en sus oficinas. A solas.

—¿De que estas hablando, Inuyasha? — la voz de Miroku se volvió seria por primera vez en esa conversación — No estarás insinuando…

—No estoy insinuando nada, solo digo lo que vi. Estaba encerrada en la oficina con ese viejo y los vi… bastante cerca, … incluso creo que vi una mano… —Inuyasha arrugó su nariz, asqueado— como sea, no es mi asunto. ¿Por qué de pronto tienes tanto interés en ella, Miroku?

—Ah, veras… —el agente comenzó a sentir una incomoda picazón detrás de su oreja, donde comenzó a rascar— ¿Quieres ir a comer? —si, quizás con el estomago lleno seria mas fácil. Si lo llenaba lo suficiente de comida, quizás estaría tan repleto que le seria difícil perseguirlo cuando huyera.

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Estaba enfadado. ¿Mala tolerancia a la frustración? Podría llamarlo así, siempre había sido algo explosivo... Sus hermanos solían molestarlo aquellas veces, cuando eran pequeños y se enfadaba por esas cosas. Como cuando perdió por primera vez esa pelea con un niño dos grados mayor que él. Recordaba que se había enfadado tanto, que no pudo evitar llorar. Debería haber tenido unos ocho años…

Palmo el bolsillo de su chaqueta sintiendo la cajita cuadrada que había permanecido ahí, intacta desde que la compro… ¿hace cuanto? ¿un par de días? ¿una semana? No lo recordaba.

No importaba, decidió que era tiempo de abrirla.

Con la experticia de alguien que lleva años con un viejo habito, saco uno de los blancos y largos cigarrillos y lo puso en su boca. Raspo con la yema de su dedo el rodillo del encendedor y acerco la pequeña llama a la punta.

—¡Bankotsu! ¿Qué crees que estas haciendo?

Ah, pero que inoportuna era…

—No es lo que parece. —se apresuro a contestar él, con el cigarrillo en la boca y el encendedor a medio camino.

—¿No estabas a punto de fumar aprovechando que yo estaba dentro de esa tienda?

—¿Qué te hace pensar eso?

Kagome le frunció el ceño lentamente y quito el cigarro de sus labios. También aprovecho de tomar la cajetilla y volvió a meterlo dentro.

—Me quedare con esto —dijo ella guardando el paquete en el bolsillo de su ligera chaqueta.

—¿Sabes que estamos en la calle y no en los pasillos de mi vieja escuela y que yo no soy un alumno y tu no eres mi maestra?

—¿Fumabas en los pasillos de tu vieja escuela? —se escandalizó ella.

—Ehm, no —respondió sin hacer ningún esfuerzo para sonar convincente.

—De acuerdo, Shichinintai-kun, tendré que confiscárselos hasta el final del día —hablo con aquel tono autoritario que tan bien se le daba a veces, Bankotsu pensó que podría haber sido una buena maestra— Y tendrá que acompañarme a esa tienda de ahí —señalo una vitrina llena de discos— como castigo.

—Sus castigos son muy aburridos, Higurashi-Sensei —una burlona sonrisa se curvo en sus labios.

Ella rolo los ojos mientras lo tomaba del brazo y lo arrastraba dentro del local. La campanilla sonó cuando abrieron la puerta dándoles la bienvenida y Kagome se apresuro a internarse en los pasillos para revisar los estantes llenos de cajitas de CD's, ordenados por estilos musicales.

Bankotsu dejo escapar un suspiro lleno de frustración, quizás mas dramático de lo necesario. Tenia tantas ganas de llenar sus pulmones de nicotina y había estado realmente cerca… ¿Cuantas cajetillas le había quitado Kagome? A veces se preguntaba si tendría alguna clase de alarma en su pequeña cabeza que le avisaba cada vez que quería hacerlo.

—¡Bankotsu! —escucho su voz. La vio asomándose por uno de los pasillos con los ojos brillantes de emoción — ¡Mira, mira! —lo llamó para luego perderse otra vez entre los estantes.

El agente no pudo evitar sonreír, ¿Cuántos años tenia Kagome? A veces le parecía que seguía siendo la misma niña que le había presentado Kikyo hace unos años atrás.

La encontró con una sonrisa de oreja a oreja en la sección de "Nuevo" frente a un pequeño escaparate adornado con florales afiches y varios juguetes tradicionales japoneses.

—¿Dónde están los niños en problemas, Lassie? —pregunto él cuando llego a su lado.

Ella no pareció escucharlo.

—Mira esto —puso frente a él un pequeño CD, emocionada — ¡Ya salió! Pensé que tardarían mas… ¡Y esta caratula es tan bonita! ¿Sabes quien la hizo?

—Creo que Jakotsu menciono algo, pero no lo recuerdo, pensé que te había dado una copia. ¿No lo has escuchado?

—Sip, pero aun no estaba en su versión final, ni tampoco tenia la caratula y ¡Oh! ¡Mira, viene con fotografías! … —exclamo ojeando el pequeño libro— Kanna es tan hermosa y Hakudoshi esta cada vez mas guapo…

—Fijarse en menores de edad esta contra la ley, Higurashi-Sensei.

Kagome se sonrojo y le dirigió una mirada reprochante.

—¡N-no lo veo de esa forma! Es solo… —ella acomodo unos mechones de cabellos detrás de su oreja. Era una de las cosas que hacia cuando se ponía nerviosa— Es solo que son tan talentosos, siendo tan jóvenes…

—Y ser gemelos y albinos, con esa caras de niños raros… vende muy bien —agrego él, sacando a relucir sus dotes de agente profesional.

—No son raros… —los defendió, eran unos de sus artistas favoritos y para ella eran simplemente perfectos.

—Dímelo de nuevo cuando los conozcas — Bankotsu jugueteo con uno de los CD de la vitrina, aburrido.

—¿C-conocerlos? — Oh, por dios, la sola idea de compartir aunque fuese la misma habitación con aquellos genios musicales la hacia querer dar brinquitos y chillar como loca.

—Supongo que eventualmente lo harán, el circulo de la música es pequeño —se encogió de hombros con simpleza—. Por cierto, el ultimo disco de Megoka esta casi listo —le sonrió cómplice y bajando un poco el volumen de su voz, agrego;— Solo falta ocuparse de algunos detalles y podrás lanzarlo.

La chica lo miro con los ojos rebosantes de anhelo

—¿En serio?, Pensé que habías dicho que mientras actuara era mejor dejar ese asunto por…

— Lo se — interrumpió él, consolador— pero te has esforzado mucho y creo que lo mereces. Serás capaz de manejarlo —le guiño un ojo amigablemente.

—¡Oh, Banky! —chillo ella emocionada antes de abrazarlo y apretujarlo con fuerza. —Gracias

—Esta bien, esta bien. — palmeo su cabeza pacientemente pensando en lo bajita que era, ni siquiera sobrepasaba su cuello. — Solo no me llames así.

—Ah, creo que eres mi agente favorito. —suspiro ensoñadora.

— Soy el único que tienes, Cariño —respondió intentando sonar serio. Esperaba que siguiera pensando lo mismo después de decirle lo de Inuyasha.

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Traicionada

Si, esa era la palabra correcta para describir como se sentía en ese momento. Un momento le confiabas tu vida a alguien y al otro te dejaban en las manos del enemigo.

Poso una nueva flecha y levanto lentamente el arco tensando la cuerda, alineándolo con el blanco. Sintió la soga rozar sus labios suavemente.

Lamentó que ni Bankotsu, ni Myoga o Inuyasha, o incluso ese afeminado productor estuvieran en lugar de la diana. Si alguno de ellos fuera su blanco sin duda se motivaría lo suficiente para mejorar su técnica en poco tiempo…

Respiro profundamente.

Tendría que conformarse con su imaginación.

Dejo salir el aire de su boca al mismo tiempo que sus dedos soltaban la flecha.

—Tsk.

Sus flechas no lograban llegar mas al centro que el cuarto anillo del blanco. Una enorme frustración la invadió.

Llevo la mano a su espalda, buscando la siguiente flecha, pero solo tanteo el aire. Estaba vacía. ¿Dónde estaban sus flechas? Conto rápidamente las flechas clavadas en el circulo de colores que usaba de blanco.

—Ahí están… —les frunció los ojos acusatoriamente.

Cuando comprendió que las flechas no volverían a ella por si solas dejo escapar un largo suspiro agotado, resignada a ir por ellas.

Sango se había marchado hace… ¿hace cuanto? ¿cuánto tiempo llevaba ahí encerrada intentando clavarle una flecha a caras imaginarias? Sola, enojada y… ya estaba cansada.

Caminó la distancia que la separaba de sus nuevas mejores y afiladas amigas, cuando el sonido de la puerta del salón abriéndose la distrajo.

El rostro de Kagome se volteo en reflejo para encontrarse con unos ojos ambarinos que la observaban intensamente.

—Esto tiene que ser una broma…

A Kagome le sorprendió que esas palabras no salieran de su propia boca y quiso reclamarle por haberle robado su línea. Hasta en eso tenia que fastidiarla.

—¿Qué haces aquí? —exigió saber Inuyasha, con tono molesto.

Supuso que ya sabría acerca de las nuevas obligaciones que su contrato les demandaba, porque su tono sonó mas irritable que de costumbre.

Hola— remarco ella, la educación era primero después de todo—Practicando —le enseñó el arco en sus manos.

—Ya es tarde, deberías irte a casa — dijo él.

Kagome notó que llevaba un bolso en su hombro y ropa deportiva. Asumió que él querría ejercitarse. Sin que ella estuviera por ahí.

—Aun no termino. —dijo quitando las flechas clavadas dejándolas en su carjak.

Lo escuchó murmurar algo entre dientes mientras pasaba de largo. Vio por el rabillo del ojo que Inuyasha se acomodaba en una de las maquinas, aunque no lo suficientemente lejos de ella para su gusto.

Por un momento pensó que debería hablar con él del asunto, pero recordó lo grosero que había sido con ella la ultima vez que lo intento y descarto la idea.

Decidió que no se dejaría incomodar y mucho menos le daría en el gusto de irse, así que puso distancia con la diana nuevamente para continuar practicando.

Alineo la flecha con el punto del centro, intentando concentrarse, pero su nuevo compañero parecía esmerarse en ser lo mas ruidoso posible. Echo una corta mirada en su dirección para verlo boteando una pelota de basquetbol contra el muro.

Kagome rodo los ojos queriendo quitarse la idea de que solo lo hacia para molestarla y disparo.

Y falló.

Esta vez por mucho, ni siquiera había dado dentro del circulo.

Rayos.

¿Qué le sucedía a su puntería? Con el orgullo herido puso una nueva flecha, dispuesta a recuperar su honor perdido y disparó.

Quiso chillar de frustración cuando la flecha choco con la pared.

—Lo estas haciendo mal — escucho la voz de Inuyasha

Volteo y se encontró con el chico concentrado en hacer girar la pelota sobre su dedo índice con gran maestría.

—¿Estabas observándome? — acuso ella indignada y un poco avergonzada. ¿Por qué debía fallar justo con él ahí?

—Es difícil ignorar una postura encorvada y unas piernas chuecas —apunto él deteniendo la pelota y mirándola finalmente, aunque sonó mas como las instrucciones de Sango que como un insulto.

Kagome no pudo evitar tomar conciencia de la postura de su cuerpo avergonzándose un poco mas. ¿La estaba ayudando?

—¿Tienes TOC* o algo así? —dijo ella la defensiva.

—Solo no quiero morir clavado por una de esas —señaló su flecha perdida en el suelo.

—No tengo tan mala puntería — se defendió ella entre dientes. Aunque la idea de su muerte no era tan mala… podría pasar por un accidente.

Los ambarinos ojos vagaron de sus dos flechas en el suelo hasta ella

—¿Así? —le enarco una ceja— He visto a ciegos darle al blanco. Quizás estas cansada, deberías irte…

—Oh, de eso se trata ¿verdad? ¿Quieres que me vaya?

—Realmente no me importa lo que hagas —dijo él arrojando la pelota a su canasto— Pero si, me gustaría que te fueras, compartir la misma habitación contigo es… —sus ojos se detuvieron en su arco— Poco seguro.

Kagome apretó su mandíbula.

—Escucha, se que no te agrado y esta bien, pero no tienes que ser tan desagradable conmigo.

—No te lo tomes personal, soy así con todo el mundo. No eres tan especial.

—Estas molesto por que tendremos que hacer oficial la farsa de esas tontas fotografías ¿Verdad?

Él sonrió con una mueca torcida.

—¿De que estas hablando? Por qué me molestaría que un grupo de personas a quienes apenas conozco se involucren en mi vida personal y crean que tienen el derecho de obligarme a admitir públicamente que tengo una relación con una mujer que no soporto, solo porque a ellos les conviene.

—No es necesario el sarcasmo —lo cortó ella— Y esto no es mi culpa ¿Sabes? a mi tampoco me gusta que…

—No intentes jugar conmigo — interrumpió él repentinamente molesto, caminando hacia ella— ¿Realmente piensas que creeré que no te gusta esto? No te basto con haber conseguido este protagónico gracias a tu hermana, ahora tienes a casi todos los medios pendientes de ti, cuando formalicemos esto, serás el centro de atención de todos.

—Yo no… ¡No es así —exclamo ella indignada.

—No te hagas la tonta —él le entrecerró los ojos y una sonrisa venenosa curvó sus labios. Ahora él estaba bastante cerca— Esto te conviene ¿No es así? ¿Por eso estabas en la oficina del viejo? ¿Qué clase de favores le has estado haciendo?

Sus ojos se agrandaron con incredulidad, las manos le temblaron ligeramente. No podía creer a donde estaba llevando esta conversación.

—¿De que rayos estas hablando?

—Lo diré de esta forma; no me hagas parte de tu juego. No me importa cuales sean tus intenciones o con quien te estés acostando para lograrlo, solo déjame fuera de…

Un ruido sordo resonó en las paredes.

Inuyasha parpadeo varias veces al darse cuenta que su rostro había sido bruscamente volteado. Su mirada se encontró con unos intensos y furiosos ojos chocolates clavados en él fijamente. Kagome permanecía quieta con su mano aun en el aire.

—Eres un imbécil —escupió ella con voz fría y contenida.

La vio girar sobre sus talones y dejar calmadamente su arco y carcaj en su lugar para desaparecer con un fuerte portazo tras ella, dejándolo solo, perplejo y con la mejilla ardiendo. ¿Lo había golpeado?

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Cuando finalmente llego a su camarín sintió el peso de la rabia y frustración que llevaba conteniendo desde que había aceptado el trabajo.

Y rompió a llorar, en un estallido violento.

—¡Yo no pedí nada esto! —exclamo furiosa arremetiendo de un manotazo con los utensilios pulcramente ordenados en la mesita del espejo que usaban para peinarla y maquillarla.

Las acusaciones que habían salido de la boca de Inuyasha se repetían una y otra vez en su cabeza.

¿Cómo podía haber sido capaz de decir todas esas cosas sobre ella? ¿Realmente lo pensaba? Sabia que no le agradaba, pero pasar de eso a ser una zorra oportunista era…

Se sintió sucia al recordar la forma lasciva con que el viejo director la miraba y no pudo evitar sentirse estúpida por no imaginar sus intenciones al querer estar a solas con ella.

Había decidido dejarlo pasar, No fue nada quiso pensar. Un pequeño incidente que no había llegado a mas.

Pero un sutil temor la invadió al imaginar que hubiera pasado si Inuyasha no los hubiera interrumpido en ese momento.

Especialmente cuando la respuesta implícita es; niégate y perderás tu empleo. Di algo y nadie te creerá. Acéptalo y se una zorra.

Inuyasha no seria capaz de entender lo que se sentía verse acorralada en un espacio sin salida, con un hombre que te genera repulsión y que tan abiertamente piensa que puede tocarte donde él desee.

Su cuerpo tembló ligeramente y se llevo las manos al rostro percatándose de sus lagrimas.

Un vistazo al espejo le mostro a una agitada joven con los cabellos desordenados y el rostro enrojecido. Miro al suelo, el desastre que había hecho parecía burlarse de ella, como si descargar su rabia con esas pobres cosas solucionara el problema. Se sentía estúpida.

Solo era una niña jugando en el mundo de los adultos.

Un familiar sonido la hizo volver a la realidad, era su teléfono. Enjugo sus lagrimas con los puños de su playera y camino hasta la mesita de centro donde estaba su bolso, hurgó hasta encontrar su teléfono.

El marcador de la pantalla le mostro el nombre de Bankotsu. Decidió no contestar, su voz la delataría.

Él lo notaria y luego haría preguntas.

Dejó que el aparato siguiera sonando sobre la mesita pensando que debía estar hecha un desastre.

Un desastre que debía solucionar antes de que su agente fuera por ella. Hurgó nuevamente en su bolso buscando la ayuda milagrosa del maquillaje cuando noto por primera vez la presencia de un pequeño paquete sobre la mesa.

Tenia la forma de una cajita cuadrada envuelta en papel blanco con un listón rosa.

No había ninguna nota.

Pero no la necesitaba, una parte de ella lo sabia.

Era él, quería que fuera él.

Quito cuidadosamente el papel encontrando dentro lo mas bonito que posiblemente había visto en su vida. Pudo reconocer por el diseño y su textura que se trataba de una antigüedad, aunque permanecía en un excelente estado.

Era una adorable y pequeña jaula de pájaros.

Maravillada, se entretuvo en los exquisitos detalles; la base circular de madera pintada a mano con hermosos diseños florales japoneses. Los barrotes se erguían dorados hasta el techo, que asemejaban a la arquitectura de los antiguos palacios tradicionales. Dentro una pequeña ave colgaba de un columpio.

Mientras lo giraba cuidadosamente entre sus manos encontró, en el corazón de una de las flores pintadas, una entrada con una pequeña llave de plata encajada.

Se mordió los labios, temerosa de dañar algo tan valioso y sus dedos giraron con extrema delicadeza la llave, una, dos, diez veces.

El pajarito dentro de la jaula comenzó a girar y una melodía familiar lleno la habitación.

La embargo una nostalgia con sabor a los chocolates de Charlie Brown y el olor a flores de una tarde de juegos en el jardín.

La conocía bien, solía cantarla mientras jugaba con sus amigos, especialmente con su hermana. Sus labios comenzaron a tararearla inconscientemente al ritmo de la melodía.

Kagome, Kagome,

El pájaro dentro de la jaula

¿Cuándo, cuándo saldrá?

Era la canción de un viejo juego. Un niño al centro, cubriéndose los ojos. Niños rodeándolo en un circulo.

Al amanecer y al anochecer,

La grulla y la tortuga resbalaron

Súbitamente una idea atravesó su mente.

¿Quién esta detrás de ti?

Escucho dos golpes secos en la madera a su espalda antes de que la puerta se abriera.

—Kag, te estabas tardando así que vine a… —Bankotsu calló cuando la chica giró a verlo. Frunció su ceño al percatarse que había estado llorando. — ¿Estas bien?

Ella sonrió, sinceramente.

—Si.

Él sabia su nombre.

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Diana: Es el circulo que se usa como blanco las competencias y practicas de tiro con arco. Tiene diez anillos concéntricos que dan diferentes puntuaciones.

Carcaj: Caja o saco en forma de tubo que se cuelga del hombro o la cadera para llevar las flechas.

Kyudo: literalmente significa "camino del arco", es el arte japonés de la arquería.

TOC: trastorno obsesivo compulsivo. Se caracteriza por la presencia de obsesiones -pensamientos, ideas o imágenes que generan angustia- y compulsiones -acciones para regularla-. Por ejemplo; una persona que no soporta dejar abiertas las puertas o la luz encendida.


¡Por fin pude actualizar! Estoy oficialmente de vacaciones otra vez, así que aprovechare este corto tiempo libre para ponerme al día.

Bueno este Fic puede ir poniendose un poquito denso, la verdad creo que el mundillo de cinematográfico esta lleno de vicios y temas graves. Entre ellos creo que el acoso y especialmente el acoso laboral son bien serios y me alegra que en estos tiempos ya están denunciandose. Escribí y reescribi este capitulo como mil veces, ojalá que esta versión final les guste.

Dannessa, creo que después de este cap odiaras mas a a Inu :x jijij (yo también lo odio a veces)

Justalice, estuve escuchando a Billie Elish y si, su voz es muy linda! tengo como a cuatro posibles voces para Kagome!

Aileemadness, uff cuando se entere... riámonos todas malvadamente muajaja

Gracias por leer y por sus comentarios, también a las lectoras fantasmitas.

Nos leemos en el siguiente cap!