Inuyasha es propiedad de la talentosa Rumiko Takashashi Sensei


Corte 5:

Un poquito de Television.

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"Un viaje de miles de kilómetros comienza con un solo paso
Así que avanzaré con una voluntad tan firme como una roca
Si me esfuerzo, conseguiré ser tu Yamato Nadeshiko (chica ideal)
Voy a esforzarme al máximo. ¡Daré todo lo que tengo!"

Renai Circulation- Kana Hanazawa.

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Se confirman los rumores:

¡Inuyasha tiene novia!

Ese era uno de los tantos titulares en las revistas de chismes semanales que adornaban los escaparates de la entrada del estudio.

Y fue lo primero que Sango vio aquella mañana en cuanto llego. No era la primera vez que veía la cara de Inuyasha en primera plana, después de todo, era uno de los rostros mas populares del ultimo par de años. Pero la familiar cara de una joven de cabellos azabaches llamo su atención. Tomo una copia y le echo un vistazo hasta reconocer a su joven alumna como la flamante y oficial novia de Inuyasha.

—Uhm…

¿Inuyasha con una novia? ¿Era en serio? Apretó los labios para no explotar en carcajadas. Esa era una buena broma; ¡Él tenia como una docena!

Se pregunto que clase de loca oferta le habían hecho para que aceptara esa farsa. Hasta donde sabia –gracias a cierto soplón- Kagome y él solo eran compañeros de trabajo… y no se llevaban muy bien.

Con la revista bajo el brazo tomo el ascensor hasta el piso del salón de entrenamiento.

Aun era temprano y no había mucha gente por lo alrededores, supuso que la mayoría estaría en sus no-se-que-haceres en los set del primer piso, grabando o esa serie de cosas que ella no entendía del todo. Tampoco le importaba. Ella solo estaba ahí para enseñarle un poquito de lo que sabia a alguna celebridad de paso.

Aunque la chica nueva no estaba nada mal, era dulce y tenia una bonita sonrisa. Le agradaba. Y le agrado aun mas cuando la encontró en el salón con el arco en posición, apuntando.

Sango reviso la hora en el reloj de su muñeca, era muy temprano, 8:55 am. exactamente cinco minutos antes de que la practica comenzara ¿A que hora habría llegado Kagome?

La escucho soltar algo que entendió como una maldición cuando disparó. La flecha se había clavado muy cercana a la orilla de la diana, la puntería de la chica no estaba muy bien ese día… y algo le dijo –quizás esa pequeña irregularidad en el centro del blanco- a que se debía.

—Llegaste muy temprano hoy —dijo Sango a modo de saludo acercándose a su alumna.

—Oh, Sango — Kagome pareció levemente avergonzada al verse sorprendida tan repentinamente — Buenos Días.

—Buenos Días. ¿Llegaste hace mucho?

—Uhm —la chica jugueteo con el arco algo reticente— No realmente.

Sango dio unos vistazos alrededor percatándose de que estaban solas. El salón se usaba como gimnasio y algunos empleados del edificio venían a entrenarse, por lo que usualmente habían varias personas rondando por ahí. Supuso que era muy temprano para que aparecieran.

Solo tenían un par de horas ese día así que Sango se apresuro a corregir posturas básicas mientras le contaba animadamente a Kagome como sus hermanos mayores explotaron la cocina intentando preparar un pastel de cumpleaños para Kohaku, el menor de sus hermanos, aunque varios tiros mas tarde y una creciente curiosidad, Sango no pudo resistirlo mas y pregunto:

—Se que no es mi asunto, pero… ¿Tuviste una pelea con Inuyasha?

El cuerpo de Kagome se tenso y puso su mejor cara de inocencia cuando respondió:

—No.

Sango noto un leve sonrojo en las mejillas de la chica mientras se entretenía colocando una nueva flecha en su arco.

—Ya veo. Entonces… —Sango apunto con su dedo el centro del blanco donde Kagome había estado disparando— ¿Qué hace la fotografía de Inuyasha ahí?

—Oh, ¿Esa? —parpadeo dulcemente— Vaya. No lo había notado. ¿Cómo habrá llegado ahí…?

Las cejas de Sango se elevaron en incredulidad.

—¿No fuiste tu?

—¿Qué? No, ¿Qué te hace pensar eso?

—Esa revista recortada que esta encima de la mesa.

—Ah. —Kagome se acomodo unos mechones sueltos detrás de su oreja— Uhm… ¿Me creerías si digo que encontré a la chica del aseo con una malvada mirada recortando esa revista? Ya sabes, riendo como demente y revelando sus planes en un dramático monologo…

—Uhm… —Sango elevo la mirada, considerándolo — Conociendo a Inuyasha…

— Lucia realmente enfadada. —agrego.

Sango cruzo los brazos sobre su pecho.

—Creo que esta vez me arriesgare culpándote a ti.

Kagome dejo escapar un largo y culpable suspiro, Sango no pudo evitar compadecerse.

—No se que te habrá hecho… —comenzó la castaña— pero se que debes tener buenas razones para estar enfadada con él. Es un idiota.

Kagome lo considero un momento… si, que te acusaran de acostarte con el jefe para obtener algo a cambio, era una buena razón para enfadarse. Se sintió un poco mas cómoda al tener algo de apoyo femenino. ¿Seria posible que Sango también hubiese sufrido por alguna de sus rabietas?

—Dicen que no es bueno guardarse las cosas así que… si quieres hablar de eso…—ofreció Sango con una sonrisa amable.

Kagome observo el gentil y fuerte rostro de Sango, parecía alguien confiable, pero realmente no estaba interesada en contarle sus problemas a una persona que acababa de conocer. Normalmente seria el tipo de cosas de las que se quejaría con Bankotsu, pero seguía enfadada con él y no se había animado a decírselo cuando la encontró llorando la noche anterior.

—¿Era un idiota cuando trabajaba de doble y esas cosas? —dijo finalmente sin comprometerse demasiado.

— Si, es su don particular. También quise golpearlo muchas veces cuando lo conocí —comento, cómplice— No, espera, aun me dan ganas de golpearlo.

—¿Aun te relacionas con él?

La entrenadora hizo una mueca incomoda.

—Supongo que somos algo así como… — el ceño de la castaña se arrugo, le estaba costando encontrar la palabra — Amigos.

Kagome se sintió levemente traicionada.

—¿Amigos? ¿Cómo puedes ser amiga de ese idiota?

—Veras… no es tan idiota —Sango se removió incomoda en su lugar ante la mirada de Kagome, defender a Inuyasha era un trabajo duro—Cuando llegas a conocerlo… bueno, en el fondo, es un buen chico.

Los parpados de Kagome bajaron, haciendo de sus ojos una fina línea.

—¿Qué tan en el fondo? —pregunto lentamente.

—Uhm… diría que… muy en el fondo.

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—Kagome parece una chica muy linda, pero estoy segura que todas queremos saber que hizo para conquistarte. ¿Podrías decirnos que fue lo que te gusto de ella?

Inuyasha apoyo su espalda cómodamente en el respaldo del sillón, acariciando su barbilla.

—Veras… —sus labios formaron una sincera y gran sonrisa cuando hablo— Ella es… muy sencilla… y huele bien.

—Eso es tan dulce… —suspiro tontamente la mujer rubia frente a él.

— Además es muy cálida y luminosa.

—Ah, el amor juvenil —comento acalorada.

— También es inteligente y amigable con el medio ambiente.

—Un ejemplo de una mujer moderna.

—Hay que tener precaución con los niños. — agrego distraídamente.

—¿Eh? —la rubia parpadeo algo confundida— ¿Le gustan los niños?

—Uhm… Bueno… —otra radiante sonrisa ilumino el rostro del muchacho— Los adora. A veces creo que recogerá a alguno de la calle para llevarlo a casa y comérselo.

Por algún motivo, que Inuyasha no logro comprender, eso pareció tocar un punto sensible en el corazón de la mujer.

—Oh, es una altruista con un instinto maternal muy desarrollado.— se llevo una mano al pecho conmocionada.

—Uhm, si… —respondió él, aun con la sonrisa pegada en el rostro. —Es una forma de verlo.

Un poco mas allá, detrás de las cámaras registrando cada palabra de la entrevista, junto a la mesa de comida, Miroku sintió un escalofrió recorrer su espina.

Si Inuyasha sonreía un poco mas se le partiría la cara. Si, era esa clase de sonrisas que ponían los payasos mientras te perseguían alegremente con una sierra eléctrica… algo no muy agradable… Miroku sacudió la cabeza de un lado a otro tratando de quitarse esa imagen de la mente.

Podía engañar a la guapa entrevistadora, a los camarógrafos, a las alborotadas jovencitas a las que se les partiría el corazón después de ver esto, pero no a él. Inuyasha había estado actuando muy extraño.

Tras informarle la decisión a la que habían llegado sus jefes, explotó en una larga rabieta que incluyo gritos y muchas groserías. Todo dentro de lo normal.

Fue después de volver del salón de entrenamiento –donde Miroku creía que iría a golpear algunos sacos de box para liberar estrés- que su actitud cambio drásticamente. Cuando lo recogió la noche anterior, estuvo callado todo el camino, y aunque agradeció el silencio, se preocupo. Parecía turbado. Y lo que era peor y mas escalofriante aun, era la gran sonrisa con la que lo encontró en la mañana cuando fue a recogerlo para la grabación del programa nocturno de entrevistas.

Y aunque había actuado con completa cortesía y disposición a lo largo del día, sabia que estaba mas molesto que nunca. ¿Tanto le molestaba que la gente creyera que era el novio de Kagome? ¿O había pasado algo mas?

La vibración en el bolsillo de su pantalón interrumpió su hilo de pensamientos. Era un mensaje, una ligera ola de satisfacción lo invadió.

—Que oportuno… —comentó para si mismo.

La grabación de la entrevista no tardo mucho tiempo en terminar y una vez que Inuyasha quedo libre fue directo a asaltar la mesa de comida. Se decidió rápidamente por una apetitosa y roja manzana.

—¿Qué fue todo eso? —pregunto Miroku atento al ojidorado que mordía su fruta despreocupadamente.

—¿ A que te refieres?

—No sabia que tuvieras un repertorio tan… romántico.

—Bueno, ya sabes. Tuve uno de esos momento de… ¿Cómo les dicen?... ah, inspiración.

—Ya veo —asintió él — No sabia que te inspiraran tanto los anuncios de estufas.

Inuyasha dejo su manzana a medio camino de su boca y giro sus ojos en una inescrutable miradita a su agente. Con la vista fija en él, comenzó a palmear todos sus bolsillos.

—¿Buscabas esto? —dijo el agente exhibiendo una doblada hoja de papel.

Inuyasha le frunció el ceño.

—Dame eso — exclamó al tiempo que intento arrebatarle la hoja, pero Miroku fue mas rápido y lo esquivo — ¿De donde la sacaste? —exigió molesto.

Miroku se regocijo secretamente detrás de su tranquila y seria expresión, sabia que era contradictorio, pero prefería verlo molesto.

—Lo encontré por ahí.

—No es cierto. ¡Lo sacaste de mis bolsillos!

—Bien, lo encontré en tus bolsillos, ¿Cuál es la diferencia? —explico con simpleza inspeccionando la moderna estufa del anuncio de la hoja. Tenia una de las orillas picadas, parecía arrancada de algún lado.

—Miroku, no te metas en mis…

—Disculpe, es usted Inuyasha ¿verdad?

Ambos hombres giraron sus cabezas en reflejo al escuchar una suave y sensual voz. Se encontraron con una atractiva mujer de largas piernas y cuerpo curvilíneo. Miroku no pudo evitar reparar en la corta minifalda y su prominente escote y quiso con todas sus fuerzas patear a Inuyasha, ¿Por qué las mejores chicas lo buscaban a él?

—Si, soy yo —respondió brusco. ¿Quién mas en esa ahí tenia el cabello de ese color? —¿ Y tu eres…?

—Yura Sakasagami —la mujer hizo una pequeña reverencia con la cabeza— Reportera.

Inuyasha bufó.

—Escucha, ya respondí todo acerca de mi querida novia, así que si no te importa, me gustaría…

—Oh, no estoy aquí por eso. —se apresuro a corregir ella.

ÉL cruzo sus brazos a la defensiva, mirándola con sospecha.

—¿Que quieres entonces?

Una sutil sonrisa apareció en sus carnosos labios rojos.

—¿Le importaría si habláramos… a solas? — dijo ella arrastrando las ultimas palabras con evidente intensión.

Palabas que ambos entendieron perfectamente. Inuyasha intercambió una rápida mirada con Miroku. Su agente elevo una de sus cejas en un cómplice y significativo gesto de lenguaje masculino que indicaba su mas resoluta aprobación.

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Bankotsu se quito los grandes audífonos con una gran expresión de satisfacción en su rostro.

—Jakotsu, eres el mejor editor del mundo— le dijo con toda sinceridad al sujeto con los labios pintados y medio demente sentado a su lado en la sala de grabación.

—Oh, exageras, hermano — contesto apenado, cubriéndose las mejillas delicadamente con las manos cual colegiala enamorada.

—Claro que no, la guitarra se escucha mucho mejor ahora y el bajo esta mas a tempo. Espera a que lo oiga Megoka —dijo animado— Voy a llamarla enseguida.

Jakotsu rolo los ojos, hastiado. Megoka, Megoka. ¿Es que era lo único que le importaba?

—Hey, Kag —saludo Bankotsu al telefono— Adivina que… — comenzó, pero se quedo con la palabra en la boca tras escuchar el click del corte de la línea.

El pelinegro le parpadeo perplejo al teléfono.

—Sigue molesta ¿eh?— dijo Jakotsu descansando su mentón en su palma.

—Eso parece.

Algo en la expresión de su hermano mayor lo inquieto, parecía preocupado… como odiaba que esa niña lo angustiara así.

—No es mas que una mocosa malcriada. —soltó molesto el menor— Después de todo lo que has hecho por ella… No es tu culpa que tenga que fingir ser la novia de Inuyasha. Ademas, ¡es Inuyasha! ¿Quién en su sano juicio podría estar molesta por estar con ese bombom?

—Ew, eso es tan repulsivo. —Bankotsu le arrugó la nariz a su hermano— Deberías reconsiderar tus gustos. Estoy seguro que hay hombres mucho mejores que ese imbécil —sermoneo él, alguien tenia que abrirle los ojos— Y te he dicho que no la llames así.

—¿Cómo? ¿Mocosa o malcriada? —pregunto con un inocente tonito. No rebatiría acerca de cómo Inuyasha era sin duda el mejor hombre del mundo, después de Bankotsu, claro. Ni tampoco se alargaría en hablar acerca de cuan estúpida y quisquillosa era Kagome por despreciarlo.

—Solo llámala por su nombre ¿De acuerdo?

—¿Cual? ¿Megoka o Kagome?

—¡Jakotsu! Solo… solo olvídalo, quieres. — el pelinegro se aclaro la voz y continuo— Tenemos que solucionar el asunto de la caratula. Kag mencionó que le gustó la portada del disco de las ratitas de laboratorio ¿Tenemos el contacto del artista?

—Por supuesto —respondió frescamente. Jakotsu tenia el contacto de todos— Pero… eso seria bastante aburrido. —comento él jugueteando con un lápiz entre sus dedos.

—¿Tienes otra idea? —preguntó Bankotsu, genuinamente interesado.

Aunque no lo pareciera, su hermano solía tener buenas ideas, muchas de las cuales habían sido las responsables del ascendente éxito de Megoka o eso fue lo que intento recordarse Bankotsu al verlo entretenido intentado equilibrar el lápiz encima de su labio superior.

—Bueno… —fue todo lo que pudo articular antes de que el lápiz se suicidara— Los fans de Megoka siempre han estado un poco obsesionados con ella; se desviven enviándole regalos y cartas, hasta hicieron una pagina donde pusieron la fotografía de todas las actrices debutantes de este año; están discutiendo cual de ellas podría ser Megoka… se lo están tomando muy en serio. —Jakotsu jugueteo con el lápiz entre sus dedos— Por eso… ya que este será su ultimo disco antes de que la conozcan de verdad, creo que seria una buena jugada demostrarles cuan importantes son para ella. Tan importantes como para dejarles la portada de este disco.

Bankotsu se cruzo de brazos en un gesto pensativo.

—Uhm… ¿Una caratula hecha por fans?... eso suena… ¡muy bien, Jakotsu! exclamo con una gran y boba sonrisa palmeando el hombro de su hermanoY bastante económico, por cierto.

—Sabes que siempre pienso en todo, hermano — respondió Jakotsu devolviéndole el mismo gesto.

No era secreto para nadie el alto desprecio que sentía Jakotsu hacia a la cantante, pero era muy profesional y ponía especial dedicación en potenciar su carrera de todas las formas posibles.

Ambos seguían riendo como el par de bobos hermanos que eran cuando un leve, pero firme toc toc los hizo levantar la vista.

—Adelante — alzo la voz el mayor.

La fina y elegante figura de una familiar mujer se asomo por la puerta. Su negro cabello recogido en un sofisticado moño alto resaltaba sus firmes pómulos y sus ojos, del mismo tono carmesí que sus labios. Avanzo hasta ellos con los gráciles y contorneados movimientos que solo una mujer decidida y consiente de su belleza podía lograr.

La sonrisa de Bankotsu desapareció abruptamente.

—Kagura… — dijo él con la voz inconscientemente mas ronca.

—Bankotsu — saludo ella con una torcida sonrisa.

Jakotsu fue testigo del innecesariamente largo encuentro de miradas entre ellos.

—Ejem —se aclaro la garganta— Si, bueno, yo también me alegro de verte, Kagura.

Con medida lentitud la mujer desvió la mirada del hermano mayor al menor.

—Jakotsu, me alegra encontrarte. Vine especialmente por ti.

—No lo parece. —mascullo él entre dientes.

—El ultimo disco de Kanna y Hakudoshi ha recibido muy buenas criticas. Como su agente, quiero que sepas que estamos muy felices y agradecidos por tu arduo trabajo.— dijo ella en un fallido intento por sonar amable. Era del tipo de personas que tendían a tener cierta altivez y una gota de sarcasmo en su tono.

—Era de esperarse, querida— Jakotsu le sonrió en respuesta, podía palparse una fría tensión entre ellos— ¿Has venido solo a decir lo que ya sabia?

—Por supuesto que no — contesto ella, aunque sonó mas como un desdeñoso; "no seas estúpido, Jakotsu" — Vine personalmente a entregarte esto.

Los hermanos vieron con disimulado interés como la mujer sacaba un sobre de su bolso Gucci y lo extendía con elegancia hacia él.

—Los gemelos celebraran su cumpleaños este viernes. Me pidieron especialmente que te invitara. Sera una fiesta pequeña. Ya sabes, algo intimo y exclusivo.

Bankotsu observo como su hermano recibía el sobre y jugueteaba con el entre sus dedos.

—Me siento halagado, Kagura. —le dedico su mas cínica sonrisa. — No me lo perdería por nada del mundo —solo esperaba que la organización de la fiesta no estuviera en manos de esos niños o si no, estaría igual de animado que un funeral.

—Oye, Kagura —interrumpió Bankotsu— ¿Conoces a Kagome Higurashi?

Los aros de la mujer tintinearon suavemente en cuanto volteo a verlo.

—Higurashi… Te refieres a la hermana de Kikyo Higurashi ¿no? — le enarco una de sus finas cejas. — ¿Qué sucede con ella?

—Casualmente es una de mis clientas y da que también es una gran fan de tus rat… niños, ¿Sabes lo feliz que estaría si pudiera ir? —pregunto retóricamente, apoyando su mejilla en su mano de forma perezosa, pero firme. Un movimiento sutil que le recordó a Kagura la forma en que una pantera jugueteaba con su presa antes de comérsela.

Solo que ella no era presa, sino también cazadora. Una de las comisuras de sus labios se elevo en un gesto divertido.

—Y eso debería importarme, Por qué…

Bankotsu sonrió y con un ágil movimiento cambio la silla en la cual estaba sentado por la orilla de la mesa, quedando a una corta distancia frente a Kagura.

—Que fría te has vuelto, Kagura. —su voz era baja, pero profunda, una pizca burlona— Te recordaba distinta, Solías ser mas cálida, mas dispuesta

—Creo que necesitas desempolvar tus memorias, querido, porque no soy conocida por hacer caridad—interrumpió ella, sus rojizos ojos viéndolo intensamente

—No me importaría que las desempolváramos. Espero que recuerdes que siempre hago buenos tratos…

Ella cruzo los brazos debajo de su pecho, resaltándolo aun mas en su elegante escote en V. Lo que no paso desapercibido para Bankotsu, que descendió su azulada mirada por unos segundos para luego subirla lentamente hasta sus ojos.

—Y yo espero que recuerdes que puedo ser bastante exigente. —dijo ella con voz firme y clara. Su mirada era tan inteligente como abrazadora.

— Créeme, lo recuerdo bastante bien…

—Bien, ya tuve suficiente. —exclamo azorado Jakotsu, golpeando la mesa con sus manos— ¿Irán a un motel o tengo que seguir ignorando la connotación sexual de su conversación?

Bankotsu y Kagura voltearon a verlo algo descolocados aunque no parecían avergonzados. La mujer se aclaro la garganta recuperando la compostura rápidamente.

— Se me hace tarde —declaro echándole una ojeada a su reloj Tiffany— Ya debo irme.

—Diría que fue un gusto verte, pero no me creerías ¿verdad? —le sonrió Jakotsu.

—No te esfuerces, Jakotsu. — Kagura saco dos sobres de su bolso y los extendió al hombre frente a ella— La chica y tu estarán en la lista.

—Prometo pagártelos adecuadamente. —dijo Bankotsu guiñándole un ojo.

La mujer lo paso por alto y se volteo caminando hacia la puerta.

—Espero verlos el viernes —se despidió desde la puerta, dirigiéndoles una mirada a los hermanos, que se detuvo un par de segundos extra en los azules e intensos ojos del mayor.

Bankotsu se quedo inmóvil, prendado del grácil contorno de sus caderas. Tardo un par de segundos en volver en si, pensando en que clase de caballero seria si la dejaba llegar sola a la salida.

—Vuelvo enseguida —le aviso a Jakotsu, antes de desaparecer por la puerta.

El menor apoyo la barbilla en su palma, molesto.

—Bruja — mascullo al aire, esperando que los altos tacones de Kagura la traicionaran y se quebrara el tobillo de la manera mas dolorosa posible.

Tenia que ser muy valiente y descarada para ir a coquetearle a su hermano en su nariz. No quedaría así, ya se le ocurriría algún buen escarmiento para la zorra, pero antes tenia un asunto muy importante que hacer.

Rebusco rápidamente en su teléfono el contacto de cierto agente increíblemente guapo y escribió:

"¿Quieres saber a que exclusiva fiesta asistirá nuestra querida Megoka?"

Pacientemente Jakotsu tamborileo los dedos encima de la mesa.

La identidad de Megoka era el secreto mejor guardado de la agencia Shichinintai y se podían contar con los dedos de una mano las personas que sabían quien era realmente la misteriosa cantante. Jakotsu era una de ellas. Y era increíblemente cuidadoso al respecto.

Por supuesto no lo hacia por respetar los mas íntimos deseos de Kagome.

La razón era mucho mas simple; Bankotsu se lo había confiado especialmente a él. Se había sentido tan ridículamente feliz por recibir tal honor de parte de su hermano favorito que la sola idea de decepcionarlo resultaba inconcebible.

Era tan cuidadoso que se encargaba él solo de las grabaciones, composiciones, arreglos, ediciones y cuanta necesidad tuviera Kagome al momento realizar un disco. Incluso se encargaba personalmente de recoger los regalos que enviaban los seguidores de la cantante a la agencia (que él mismo difundió para que ellos sintieran que su aprecio llegaba hasta su ídola). Luego los enviaba a la agencia o al estudio Shikon para que Kagome los recibiera intactos y en completa seguridad en su camarín.

Era un esfuerzo enorme, sobretodo considerando que también se encargaba de la producción de discos de varios otros artistas y especialmente cuando la persona que recibía esos esfuerzos era una mocosa malagradecida a la que la mayor parte del tiempo tenia ganas de estrangular. Desde que había aparecido consumía una cantidad de tiempo y atención descomunal por parte de Bankotsu que lo ponían enfermo.

Aun así, no se quejaba. Se sentía feliz de ayudar a su hermano.

Su teléfono vibro con un nuevo mensaje.

"Sabes que si,

¿Qué te gustaría esta vez a cambio?"

Y… tenia una gran ventaja. Casualmente su actor favorito en la faz de la tierra era un gran fan de la chica y cada cierto tiempo vendía un poquito de inofensiva información a su agente.

"Ahm...¿Que tal un mechón de su cabello?"

"Considéralo tuyo. Entonces, ¿A donde dices que ira…?"

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—Sabes, tu cabello siempre me ha parecido tan… fascinante. — dijo Yura pasando sus delgados dedos entre los cabellos de Inuyasha, cómodamente sentada a horcajas sobre él.

Miroku les había sugerido casualmente que un buen lugar para conversar en privado seria uno de los camarines.

Inuyasha recargo su espalda en el sillón notando como la fina blusa de Yura se apegaba como una segunda piel a su torso, resaltando maravillosamente su busto.

—¿Es natural? —dijo ella con un tono juguetón. La suave y lisa melena enmarcaban exquisitamente sus delicadas facciones.

Él le enarco una ceja divertido.

—¿Esa es tu primera pregunta?

—Prometo guardar el secreto. —le confió ella.

El brillo de sus ojos le recordaron vagamente a un zorro.

—Es tan natural que…Todos los cabellos de mi cuerpo son de este color.

Las manos de Yura bajaron por su torso jugueteando con los botones de su camisa.

—Vaya. Creo que mi trabajo como reportera me obliga a verificar esta información. —comento con una risita juguetona—Espero que tu novia no sea celosa… —susurro cerca de su oído.

Inuyasha omitió decir que su novia no podía estar menos interesada en lo que él hiciera. Especialmente después de su pequeña discusión domestica que lo había dejado con la mejilla ardiendo. Era una chiquilla tan enclenque que aun no podía creer que tuviera tanta fuerza. ¡Le había dolido! Quiso maldecirla mentalmente, esa pequeña bruja, aprovecharse de que no podía devolverle el golpe era…

Algo se removió en él.

Debería estar sumamente molesto por semejante atrevimiento, y lo estaba, pero… también sentía algo extraño, era algo así como un peso en el estomago que lo hacia sentir… ¿No tan bien? ¿Por qué rayos se sentía así? ¡Lo habían agredido violentamente! ¡A Él, que solo era una pobre victima de esa chiquilla y sus sucios juegos!

Decidió que pensar en ella mientras tenia a una hermosa mujer encima era algo perturbador… y una falta de respeto… ¡para él! Así que se propuso ignorarlo y concentrarse en las caricias que Yura iba dejando por su cuello.

—Tus ojos… —continuo ella separándose lo suficiente para mirarlo a la cara— Son bastante curiosos también. Brillan como el oro. Me pregunto cuantas personas mas los tendrán así…

El se encogió de hombros con simpleza.

— Son rasgos comunes del lugar de donde vengo.

Ella le sonrió, envolviendo su cuello con los brazos, el fuerte olor de su perfume daño un poco su nariz.

—Pues yo nunca he visto a alguien mas como tu… —susurro ella con voz suave— Pensaba que tus ojos eran color miel, pero no es así. Son mucho mas claros, casi parecen oro fundido. Es un color muy extraño. No lo llamaría un rasgo común viniendo de un país donde el 90% de la población los tiene azules ¿No crees?

—Alguien hizo su tarea —apunto el, rodeándola por la cintura.

—Y tu cabello… —ella enrolló uno de sus mechones en su dedo— no es rubio, no. Ni si quisiera es rubio platinado… tampoco es del blanco de las personas albinas ni grisáceo. Es plateado. ¿Sabes cuantas personas tienen el cabello plateado?

—Contando a los ancianos y aquellas personas que lo tiñen de ese color… —él elevo su mirada como si realmente lo pensara— No, no lo se.

—El porcentaje va entre el 4 a 5% de la población mundial —dijo ella convencida. — Y si sumamos los ojos color ámbar… serias un caso tan extraño como los afroamericanos pelirrojos o el síndrome de Alejandría*

Inuyasha considero un momento el atractivo rostro de la mujer, rogando a alguna deidad no haberse encerrado con una loca fanática de razas.

—¿No eres de la National Geographic o si?

Ella tembló ligeramente con una risita que no sonó muy sincera.

— Eres tan peculiar…—continuo ella viéndolo fijamente. Él pensó en lo increíblemente buena que era adulándolo, casi podía compensar ese pequeño brillo desquiciado en sus ojos— Imagina como me sentí… cuando encontré a una persona increíblemente parecida a ti.

La mujer rozo sus narices juguetonamente, pero Inuyasha se tenso ligeramente cuando lo golpeo la idea de que ella realmente no lo estaba adulando.

—Te suena el nombre de… Sesshomaru Yngling. —susurro ella suavemente a su oído como si fuera una palabra sucia.

Aunque solo duro unos segundos, fue suficiente para que Yura se percatara como el joven actor se tensaba y su mirada se endurecía.

—¿Debería? —pregunto él volviéndose toda inocencia y despreocupación.

—Considerando que es el único heredero de una de las familias mas importantes de los países Nórdicos, además de ser un importante rostro en el mundo de la alta costura… si, deberías.

—Considerando que me mude a Japon a los quince años, quizás no. Nunca escuche de él. —rebatió el cruzándose de brazos.

—¿Ni siquiera de su padre? Toga Yngling.

—Uhm… no me suena .

—Ha sido El primer Ministro de las Islas Feroe por los últimos veinte años, el lugar donde naciste, si recuerdo bien.—informó ella— Debes haberlo visto en la televisión o en los periódicos.

El enarcó su cejas en un gesto rebelde.

—Quizás no tenia televisión y el periódico no llegaba a mi casa. Vivía en la humilde granja de mis padres ¿Recuerdas?—dijo él, completando la información que salía acerca de "Inuyasha" en internet.

Yura le lanzó una mirada llena de incredulidad, pero recupero su sonrisa maliciosa antes levantarse de sus piernas para buscar su bolso. No tardo en sentarse a su lado con una carpeta en las manos, Inuyasha la observo de reojo.

—Es curioso que nunca hayas oído de ellos, especialmente por lo reconocidos que son. —comenzó ella hojeando su carpeta alegremente— No solo poseen una gran fortuna, si no que han estado estrechamente ligados a la monarquía de Dinamarca, tanto que le fue concedido el cargo de Primer ministro de las Islas Feroe al cabeza de la familia, El señor Toga.

Inuyasha dejo caer su cabeza en el respaldo del sillón, sintiéndose levemente traicionado. La mujer le había tendido una trampa jugando con sus débiles instintos masculinos.

—¿No vas a darme una clase de historia verdad?

—Oh, descuida, ahora viene la mejor parte —continuo ella animada— Los Yngling también son conocidos por algo mas; Sus poderosos genes —Inuyasha le frunció el ceño al techo— Durante generaciones todos los miembros de la familia han nacido con un inusual color de ojos dorados y cabellos plateados. —concluyo la reportera mirándolo a hurtadillas, pendiente de su reacción, pero él permaneció callado, con la pose de un adolescente aburrido.

—¿Por qué estas diciéndome todo esto? —dijo él indiferente a las vigas de madera del techo.

—Porque me parece sumamente interesante que tengas tanto en común con la familia. —su voz estaba cargada de intención.

Él se incorporó lo suficiente para mirarla divertido.

—Realmente no estas sugiriendo que soy alguna clase de Linglin perdido ¿verdad?

— Yngling —corrigió ella.

—Como sea. Se que la prensa japonesa ama esta clase de chismes, pero es ridículo pensar que tengo que ver con esa familia solo porque tenemos algunos pocos parecidos.—dijo él con una burlona sonrisa en el rostro. — Nadie tomara en serio una loca teoría que me involucra con unos aristócratas de otro continente.

—Si es cierto o no, realmente no importa. —dijo la reportera con seguridad, parecía que no dejaría el tema tan fácilmente— El asunto es… que tu parecido con Sesshomaru es demasiado notorio para dejarlo pasar. Mucho mas de lo que tu mismo crees saber, al parecer— la mujer le extendió la carpeta gentilmente.

Inuyasha le entrecerró los ojos lentamente a su sonriente cara, una muy cínica por cierto.

—¿Qué es esto? —pregunto un tanto molesto mientras hojeaba la carpeta.

Encontró fichas con datos personales y fotos del matrimonio Yngling, de Sesshomaru y de él mismo. Tuvo la ligera impresión que mas que una reportera, Yura se acercaba mas a una espeluznante detective.

Las fotografías avanzaban cronológicamente desde la infancia de Sesshomaru hasta su adultez, algunas parecían recientes, tomadas por algún paparazi. En la ultima aparecía en un elegante café, bajo la iluminación de algunos focos y bajo la vista de cámaras de filmación, resultaba obvio que estaban grabando.

A su lado lo acompañaba la familiar figura de una delgada mujer de largos y lisos cabellos negros. No importaba que fuera una mala fotografía o que estuviera mal enfocada y borrosa, su belleza era reconocible donde fuera.

—Kikyo…

Yura sintió una oleada de satisfacción al observar el estupefacto rostro de Inuyasha. definitivamente no se esperaba eso.

—Así es. En estos momentos Kikyo Higurashi esta en la grabación de una película en Europa. Su co-protagonista es el joven Yngling, al parecer quiso abrirse camino en la actuación. Como imaginaras, con semejantes rostros, el éxito de la película esta prácticamente asegurado. En cuanto terminen de grabar en Europa, terminaran de hacerlo aquí, en Japón. —Inuyasha elevo la vista de las fotografías hasta la reportera, aun en evidente estado de sorpresa— Y créeme, en cuanto Sesshomaru pise Tokyo, no seré la única en hacer locas teorías que los relacionen entre si.

La mujer se mujer se acerco a él, con esa sonrisa astuta y maliciosa y tomo su rostro entre sus manos con suma delicadeza. Y dijo cerca de sus labios;

—Pero podemos evitarlo, podemos aclarar las cosas antes de que él llegue. Una historia lo suficientemente convincente para que no te acosen a cada lado que vayas. Ya tienes suficiente con lo de la nueva novia ¿no?, déjame ayudarte.

Inuyasha la observo fijamente, su bonito rostro de pronto se volvió repulsivo.

—¿Ayudarme? —se mofo él— Basura, tu no quieres ayudarme, solo quieres asegurarte la exclusiva de un escándalo inexistente ¿no?, imagino que clase de ascenso podrían darte por algo así… pero descuida, eres bonita, mejor suerte con el próximo imbécil. —le sonrió, zafándose de su agarre y entregándole su carpeta

—¿Qué? No escuchaste lo que acabo de…

—Vete —la corto bruscamente.

—Espera, no estas enten…

—¡Vete! No me interesa —exclamó con firmeza.

Yura lo miro fijamente, la noticia de Kikyo y Sesshomaru trabajando juntos o la inevitable llegada de ambos a territorio japonés lo altero mas de lo que había esperado. Parecía demasiado molesto para pensar con claridad y ella era lo suficientemente inteligente para saber que no sacaría nada por el momento. Pero ella no era del tipo de mujer que se rendía tan fácilmente, no cuando tenia innumerables recursos a su favor. Recogió sus cosas y dejo una pequeña tarjeta en la mesita cercana a la puerta.

—Si cambias de opinión, llámame. —dijo ella con su aterciopelada voz y justo antes de marcharse agrego; — Sabes… tu japonés es demasiado bueno para alguien que paso casi toda su vida en otro país… ni una pizca de acento.

Él simplemente la ignoro hasta que escucho la puerta cerrándose con suavidad.

Necesitaba hablar con Miroku.

De inmediato.

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¿Podrías decirnos que fue lo que te gusto de ella?

Veras… Ella es muy sencilla… y huele bien.

Eso es tan dulce…

—Tu… ¡Vil mentiroso! —exclamó una indignada Kagome al tiempo que arrojaba lo primero que encontró al inocente televisor. Afortunadamente fue una almohada y no la lámpara de la mesita de la sala de estar.

Respiro pesadamente intentando controlar los instintos asesinos que nacían en su interior al ver a un muy sonriente -y aparentemente enamorado- Inuyasha conversar con la rubia entrevistadora acerca de nadie mas que ella misma.

Es muy cálida y luminosa.

—No pensabas eso anoche… —le siseo con veneno al rostro del joven actor en la pantalla.

Tras un par de insultos mas decidió que era un esfuerzo perdido, además debía parecer una loca; estaba envuelta con una toalla, el pelo mojado goteando en su espalda, discutiendo con el televisor o mas bien insultándolo… uhm, si, en momentos como ese agradecía vivir sola.

Se dejo caer vencida a lo largo del sillón sin importarle realmente dejarlo húmedo o estar semidesnuda, estaba demasiado cansada de su día de grabación como para hacer algo al respecto. Al menos no se había topado con Inuyasha… afortunadamente él tenia una ocupada agenda que atender, por lo que no pudo asistir ese día.

Se sintió decaída, ya era suficientemente malo ser un desastre actuando y que su Director le lanzara miraditas descaradas cada vez que podía para sumarle un pleito con su compañero de trabajo. ¿Qué tan difícil le haría su vida después de eso? Realmente no quería saberlo…

Miro distraídamente su mano recordando como lo había abofeteado, no es que se arrepintiera, pero se había dejado llevar y estaba un poco avergonzada.

No es que Kagome tuviera una naturaleza conflictiva, ella no era del tipo de persona que solucionaba las cosas con violencia, pero a veces solía ser un poco impulsiva. Algo que su madre solía recriminarle cuando la llamaban de la escuela tras pelearse con algún niño que tomó la mala decisión de molestarla.

¿Por qué no puedes ser mas como tu hermana, Kagome…?

—Podría meterme a la nevera hasta volverme un cubo de hielo, madre… —le escupió al techo amargamente.

La forma en que su voz resonó en el espacio vacío, la hizo sentir repentinamente deprimida. Estaba sola… y la horrible soledad se cernía sobre ella, únicamente apaciguada por el murmullo de la televisión… por la voz de Inuyasha…

Le frunció el ceño al techo. ¿Es que ese idiota ni siquiera podía dejarla tener un momento depresivo tranquila?

Pensando que ya había tenido suficiente de él, se levanto en busca del control de la Tv, pero tuvo problemas para encontrarlo. Al parecer al mundo le gustaba conspirar en su contra enviando a duendecillos para esconder sus cosas… y dejarlo en la mesita de centro…

Con pesados pasos fue en su búsqueda, pero se topo con la pequeña caja de música con forma de jaula de pájaros que había dejado ahí la noche anterior.

Al mirarla una sutil emoción anego su pecho. Era tan hermosa que creyó que podría contemplarla para siempre, escuchando su dulce melodía, como una niña escucharía los arrullos de su madre hasta quedar plácidamente dormida.

Era un regalo tan exquisito que de solo pensar en la persona que tuvo la delicadeza de enviarle algo así la hacia sentir tan… tan… Sus mejillas se colorearon con un leve calor. Estaba segura que era la misma persona que la había llenado con flores. Y esa hermosa nota.

Podía sonar insensato, pero a Kagome le resultaba fascinante la forma en que se podía llegar a conocer a una persona a través de las cosas que te obsequiaba.

Y ella lo conocía.

Él debía ser atento, sumamente dedicado, culto y poseer un gusto refinado.

Y él la conocía a ella.

Kagome Higurashi era una chica común y corriente, tan conocida como el chico que les llevaba el café a los actores del set. Ella nunca había recibido regalos de admiradores secretos. La que recibía regalos era Megoka.

Eran tan cuidadosos con su identidad, que no había manera de que alguno de sus admiradores supieran que era realmente Kagome. O eso creía.

Él, que era lo suficientemente dedicado para enviar una nueva especie de flor cada vez para ella, ¿Por qué cambiaria repentinamente las flores por una caja de música?, ¿Se le habrían acabado las especies de flores? No, no era posible, existían muchas flores que aun no recibía. ¿Solo por capricho? No, él no parecía del tipo de persona que actuaria al azar.

¿Y por qué específicamente una caja de música? Y precisamente esa melodía, la famosa canción infantil Kagome, Kagome… no podía ser coincidencia. … a pesar de que fuera una canción sumamente conocida en Japón, no era el tipo de melodía que solían traer normalmente las cajas de música.

Kagome toco con delicadeza las flores pintadas a mano de la madera lacada de la caja. Parecía una antigüedad en muy buen estado, no era del tipo de cosas que encontrarías en cualquier lugar. Su admirador realmente se había esforzado por encontrarlo para ella.

No había manera en que fuera una coincidencia. Con tantas posibles melodías que pudo escoger, elegir precisamente esa era… No se le ocurría otra cosa mas que pensar que esa era su forma de decirle que Él sabia quien era ella.

Era eso o definitivamente se estaba volviendo loca dándole tantas vueltas al asunto.

Y aunque una pequeña parte de ella debería estar alarmada ante la posibilidad de que un desconocido supiera su identidad, no le importaba. La verdad era que; la hacia sentir sumamente reconfortada.

La fuerte y chillona musiquita del programa de televisión la hizo perder el hilo de sus pensamientos. La rubia entrevistadora despedía a Inuyasha y anunciaba el paso a la siguiente sección.

La imagen de una preciosa joven apareció en pantalla, que pronto fue reemplazada por otra, donde aparecía un par de años mayor, le siguió otra ya viéndose como una bellísima y elegante mujer, y luego otra, mostrando como el paso de los años no hacían mas que aumentar su delicada belleza.

A la vuelta de la pausa comercial tendremos un especial de nuestra querida Izayoi Inoue, conmemorando el décimo aniversario de su muerte. Por favor no se lo pierda.—anuncio la oxigenada animadora.

Y de inmediato comenzó a sonar la pegajosa cancioncita de un comercial.

Kagome frunció su ceño pensativa, el rostro de la hermosa mujer seguía rondando en su cabeza, estaba segura que lo había visto en algún lado, aunque algo no la dejaba concentrarse…

—Mouse, mouse, veinticuatro horas de soporte… incluso sin son las dos am lo atenderemos… estúpida y pegajosa canción.

De improviso recordó donde había visto esa cara.

Aun con la toalla como única prenda en su cuerpo y tarareando inconscientemente la canción, rebusco en su bolso hasta encontrar la revista de donde había recortado el feo rostro de Inuyasha esa mañana.

La hojeo acomodándose en el sillón hasta encontrar el articulo que buscaba… y ahí estaba, una plana entera con la fotografía del hermosísimo rostro de la mujer con los ojos mas dulces que alguna vez hubiese visto en la vida.

La Yamato Nadeshiko de Japon; Izayoi Inoe

Actriz de prestigio, modelo de mujer, icono de estilo y rostro de Lang. "Izayoi era la viva imagen de la pureza y la elegancia. La belleza de la mujer Japonesa encarnada."- dice el reconocido guionista Okamoto Muso.

Kagome casi pudo sentir el click en su cerebro cuando recordó a la actriz. ¡Era famosísima! Solían ver sus películas junto a su madre, cuando ella y Kikyo eran niñas.

El articulo continuaba hablando acerca de su vida; había comenzado muy joven, quince años, casi a la misma edad que Kikyo. Participó en mas de 20 películas y algunos dramas a lo largo de su vida. Recibió dos Premios de la Academia Japonesa*, la primera vez por mejor actriz de reparto y cinco años después como mejor actriz. Fue tan dedicada a su trabajo que nunca se caso ni tuvo hijos.

Murió joven. A la corta edad de 31 años, en un accidente.

Kagome volteo la pagina, triste y algo curiosa por saber que clase de accidente le había arrebatado la vida a una mujer tan bella y prometedora, pero eso era todo. El articulo acababa ahí. Detrás de la fotografía de Izayoi solo estaba el ridículo anuncio de una estufa.

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Síndrome de Alejandría: se supone que es una mutación genética que se presenta en las mujeres y cuyas cualidades son; la ausencia de vello corporal y de la menstruación y el color de ojos violetas (como los de la reconocida actriz Elizabeth Taylor), además se cree que las personas con esa condición viven mas. Esto NO esta comprobado por ningún estudio científico, así que vaga entre verdad y mito urbano por internet.

Premios de la Academia Japonesa: Equivalente a los premios de la Academia (Oscar) pero japonés.


Actualizaciooonnnn y salió mas largo de lo que esperaba. Cruzo deditos porque les haya gustado.

Aparecieron muchos personajes, algunos chistes muy malos y la canción de un comercial japonés que tengo muy pegada. Decidí que la familia de Inu fuera nórdica porque sus armaduras me recuerdan a los vikingos y es mas probable que tengan el pelito plateado que siendo japoneses, demore mucho buscándoles un apellido decente jajaja.

Espero haber aclarado las dudas en este cap.(3)

El próximo capitulo; La venganza de Kagome. (adivinen contra quien jijiji)

Gracias por leer! Prometo no demorarme tanto para la próxima!