Los personajes le pertenecen a Kishimoto, el creador del manga de Naruto.
Diálogos — Bla, Bla, Bla —
Pensamientos "Bla, Bla, Bla"
©Ares-sama
Sakura observo por la ventana de su habitación el caer de los pétalos del árbol de cerezos, estaba intentando no mostrar alguna emoción sobre el futuro de su hija. La matriarca del clan Uchiha en verdad estaba destrozada por aquella situación, su pequeño tesoro había partido hace cinco días al Iwagakure, de seguro ya estaría en la aldea disfrutando de las famosas aguas termales de la aldea, claro si no fuera porque eran señuelos para comprobar las intenciones de la Tsuchikage.
Después de todos estos años Sakura se sorprendía como Naruto y su esposo Sasuke la seguían subestimando, era más que obvio que esos dos enviaron a sus hijos al país de la tierra por motivos ocultos, y nada relacionado con el placer de la propuesta inicial.
¡Maldición! Como podía decirse a sí misma como una de los nuevos Sannin cuando su pequeña hija estaba comprometida a la edad de los dieciséis años y no pudo hacer nada para evitarlo, su adorable hija se iba a casar sin saber lo que era el amor antes. En el fondo siempre se había imaginado algo como esto, su hija y el hijo de su mejor amigo pero Sakura siempre pensó que sería por el deseo de ambos y no por intrigas políticas, ella deseaba ver a su hija feliz sobre todas las cosas.
Sakura se cansó de ver como las hojas caían y decidió levantarse tal vez caminar por el jardín la tranquilizaría un poco. Sarada debió haber llegado hace dos días a la aldea, y ella le había prometido que intentaría reportarse, y aunque ese "intentaría" sonó demasiado brusco, la Haruno no podía culparla por eso.
El jardín o patio trasero de la casa Sasuke y Sakura Uchiha era realmente grande un inmenso solar comparado solo con el tamaño de su hogar se presentaba ante ellos, con varias flores sembrabas de forma simétrica y pequeños árboles que crecían a la sombra de la casa.
En el jardín vislumbro más de cerca el viejo árbol de Cerezo, tomo uno de los pequeños pétalos entre sus dedos y concentro una gran cantidad de chakra en las puntas de la hoja, y como si fuera un shuriken la lanzo a gran velocidad contra el árbol de manzanilla cercano.
̶ Espero que tengas una buena razón para ocultarte y entrar de esa manera a mi hogar —
Sakura apretó con fuerza sus puños, esperando que fuera atacada, defendería su hogar sin importar las consecuencias, aunque Sasuke no estuviera presente en esos momentos, Sakura había dejado de depender de él hace muchos tiempo.
Pero no recibió ataque alguno, en vez de ello vio como una persona de cabellos rojos caía delante de ella con una gran herida en su abdomen. Dejando caer un kunai con un sello amarillo al suelo. Uno de los sellos del cuarto Hokage.
—¡Karin! — grito con fuerza al ver a la persona mal herida caer frente de ella.
—¡Sakura! Tienes que escucharme es sobre Sarada y Boruto están en un gran peligro, la hija de la Tsuchikage, su padre en realidad es… — No pudo terminar de hablar pues cayo inconsciente enfrente de su vieja rival, la matriarca de los Uchiha se abalanzó sobre ella capturándola en el acto.
Sarada estaba agotada, sin suministros y sobre todo en un grave peligro. Hace un día y medio había abandonado la aldea de Iwagakure en busca de una pequeña flor para salvar a su molesto amigo de la infancia, se supone que no podía tardar demasiado tiempo porque cada momento que se quedaba enfrentando una situación distinta por sobrevivir eran minutos que se le iban acortando al a vida de Boruto.
Al principio escalar las montañas fue algo fácil pero una cantidad de eventos inesperados comenzaron a surgir primero fue su mochila la cual perdió en medio de un derrumbe ocasionado misteriosamente desde la cima de la montaña, luego cuando encontró una fuente de agua que no era más que un simple arroyo donde una misteriosa serpiente salió del agua e intento devorar a la Kunoichi eso no sería un problema salvo por el gran tamaño de esta, era claro que todos estos eventos eran actos de un ninja de alta capacidad pero por más que intentaba localizarlo más se alejaba de su destino.
La noche anterior no fue muy agradable podía sentir como serpientes hacían sonar sus cascabeles en sinfonía y armonía con el claro interés de no hacerla dormir.
En el amanecer Sarada comenzó a correr montaña arriba e incluso sintió que estaba recuperando el tiempo perdido, solo tenía que localizar una flor de color plateado lo cual le parecía ridículo que contenía un diseño muy similar a la que habían usado para envenenar a Boruto, única diferencia era su color.
Esperaba encontrar rápido la flor regresar en menor tiempo posible antes que la Tsuchikage cumpliera su amenaza "El tendrá un tiempo estimado de tres días de vida, si no regresas antes del amanecer del tercero, buscare a una voluntaria". Era bastante claro a qué se refería con una voluntaria y por algún motivo Sarada no podía tolerar aceptar algo como eso, que otra mujer se atreviera a tocar a su prometido era… Un momento, Sarada se detuvo en seco al entender bien sus resientes pensamientos, acaso acaba de pensar que…
Pero Sarada no tuvo más tiempo de seguir luchando con ella misma en su mente, salto rápidamente cuando sintió una presencia cercana, pero no había nada a la vista hasta que observo como un extraño ser salía de la tierra misma.
— ¡Eres Exquisita! Tu material genético, es sencillamente exquisito. —
— ¿Tu eres? —
— ¿Cómo estas Sarada-chan? Por qué no vienes a saludar a tu… Digamos "tío" Orochimaru — El viejo sannin alzo la flor plateada enfrente de la Uchiha. — ¿buscabas esto?
Sakura entro con gran furia a la habitación del Hokage y eso fue señal suficiente para que todos comenzando por Shikamaru abandonaran rápidamente la sala.
—No pensé que te afectaría tanto la gravedad de Karin, Dattebayo—
Comenzó hablar el rubio pero una fuerte cachetada se escuchó por toda la aldea, la vieja integrante del equipo siete había golpeado en el rostro a su viejo amigo rubio, mientras que Sasuke ingresaba unos pocos segundos después a la sala.
—Tú eres su padre, su maldito padre y aun así los enviaste como cerdos para el matadero —
— ¡Tengo fe en ellos! Sé que no fallaran. —
Fueron las únicas palabras que se escucharon en la sala.
