Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama.


.

Tabú.

.


Bra recordaba vagamente los detalles del asunto, pues el profesor que dictaba la clase de Arte en su instituto tenía un tono de voz terriblemente monótono y aburrido. No contribuía a su atención el que las luces del salón hubieran sido apagadas, mientras las imágenes se sucedían una tras otra en la inmensa pantalla frente a sus ojos.

Esculturas, murales, cuadros; pequeños y grandes, descoloridos, a medio consumir. Otros con colores vívidos y frescos. Decenas y decenas de obras maestras desfilaban frente a ella con la letanía del maestro de fondo, explicando fechas y técnicas. Apreciación artística, creía recordar era el nombre del curso.

Sin embargo ahora, y sin previo aviso, esa clase de hace tanto tiempo volvía a su memoria.

Esta es una de las representaciones más famosas de la época clásica — comentó el profesor al detenerse en una imagen, aunque pocos parecían prestar real atención Si se fijan bien, este cuadro no representa solo una escena bíblica famosa. Alguien puede decirme ¿qué más hay en esta pintura?

Bra observo la pintura con detención, entrecerrando los ojos. Sin duda era bella y la técnica estaba exquisitamente ejecutada. Las proporciones también parecían muy armónicas y los colores contrastaban de forma integral. La expresión de lánguida calma de la mujer que entrecerraba los ojos, cubierta en parte solo por su larga melena castaña, mientras su cuerpo desnudo, blanquecino y lleno de curvas, reposaba contra el tronco del árbol que ocupaba la mitad del lienzo y dividía el cuadro en dos. A su lado, la imagen de una serpiente de escamas grises, enroscada entre las ramas del árbol, unía la parte del cuadro en que la mujer reposaba con el resto de la escena, en que un hombre, entre sombras, espiaba a la retozante mujer con expresión de maldad. El diablo, sin duda.

Entre los verdes paradisíacos del fondo de la pintura, la manzana, roja y carnosa, que la mujer sostenía en su mano derecha, destacaba por sobre todo.

El título de la pintura era simplemente "Eva".

Desde el fondo del salón, uno de los alumnos aventuró tímidamente una respuesta.

Esta pintura representa el pecado, ¿no es así?

Sí, representa el pecado en sentido literal según la concepción clásica de algunas religiones del mundo, ¿no es cierto? Pero quiero que vean aún más allá de eso — siguió inquiriendo el maestro en tono cómplice, emocionado por haber captado la atención de sus alumnos— ¿Qué es el pecado, finalmente, si no la exacerbación del deseo? Es esa incontenible pasión que lleva a los humanos a romper límites, tabúes, a ir más allá en pos de la satisfacción de esa imperiosa curiosidad. Es un sentimiento avasallador, imposible de resistir. Eso es lo que hay en esta pintura.

Bra le dio una segunda mirada al cuadro.

Aquello que pensó era desánimo en la mujer, esa postura lánguida contra el árbol, de pronto ya no parecía abandono, si no sensualidad. Había algo profundamente sensual en la entrega con que descansaba su cuerpo contra el árbol.

Y el hombre del otro lado, de pronto ya no parecía malvado. Era algo más ¿Qué era esa locura en sus ojos?

Avidez.

El hombre- diablo miraba a la mujer con ansiosa avidez. Había en su cuerpo en su cuerpo una tensión que indicaba una contención difícil de explicar, como si aguantara la respiración y se refrenara a sí mismo, como si lo único que quisiera en el mundo fuera poner sus manos sobre la mujer y devorarla, de una y mil formas, pero estaba condenado a esa atroz espera. Era como si pudiera morir por ello.

En torno al cuadro flotaban ideas abrumadoras, se traspasaban sensaciones y sentimientos que despertaban otras imágenes. La media luz del salón, que antes invitaba a cerrar los ojos y dormir hasta el toque del timbre de fin de la clase, ahora invitaba al secreto, al pecado, a lo prohibido.

De pronto, Bra no quiso que la clase terminara.

.


.

¿Qué es el pecado, finalmente, si no la exacerbación del deseo? Es esa incontenible pasión que lleva a los humanos a romper límites, tabúes, a ir más allá en pos de la satisfacción de esa imperiosa curiosidad. Es un sentimiento avasallador, imposible de resistir

Años más tarde, sumergida en la frescura de la cocina de su propia casa en Corporación Cápsula, las palabras de quien fuera su profesor resonaban con claridad en su memoria, así como podía alcanzar los detalles de aquella pintura.

Qué curioso como la simple y tan vapuleada representación de alguien comiendo una manzana podía evocar tantas cosas,. fue lo que pensó antes de inspirar hondo y rápido. Al parecer, a veces olvidaba respirar

Pero como concentrarse en respirar, con Goten frente a ella, dando tan profano espectáculo.

Tal como la pintura de antaño, Goten escondía algo más de lo que había a simple vista, y nadie le sacaría eso de la cabeza.

Nadie podía ser así de dulce todo el tiempo, nadie podía ser tan ingenuo.

Ingenuo.

Goten era como la mujer del cuadro. Sensual y seductor, sin conciencia de lo que provocaba en su entono y como tentaba y llamaba a la avidez en los demás. Como empujaba a romper el tabú.

Lento, como si el tiempo fuera su súbdito y no al revés, sacaba trozos a mordiscos de la manzana que ella misma acababa de ofrecerle. Con la mirada perdida hacia afuera, hacia el paisaje que se ofrecía más allá de la ventana de la cocina, él masticaba a un ritmo tortuoso. Tragaba y volvía a atacar, acompasando su lento pestañeo a la par de la quietud del mundo en ese momento.

Cuando el jugo dulce de la fruta escapó de su control y dejó una línea desde la comisura de su boca, lo limpió con el pulgar que luego habría de llevar a su boca, sin pudor alguno, como si nadie lo pudiera ver.

Su lengua rebuscaba los restos de dulzor al relamer su labios, en un obsceno ir y venir.

Bra, absorta y perdida, se sentía como el hombre del cuadro: ávida, hambrienta.

El cuerpo tenso, el de Goten relajado y entregado al abandono reclinado en su silla al otro lado de la mesa. Era como la pintura. Empezó a morder sus propios labios en respuesta al gesto distraído con que él seguía comiendo. Un profundo peso le atenazó el estómago y el alma, mientras el espacio entre ambos se cargaba de eléctrico erotismo.

Cuánto hubiera dado ella por tener las agallas de hacer trizas el tabú, de mandar a la mierda los límites y quitarle la manzana de las manos, arrojarla lejos, sentarse sobre él y reemplazar la carne de la fruta por su propia boca. Si Goten quería comer algo dulce, entonces que la devorara, entera y sin miramientos, allí mismo.

Se removió inquieta, velada por una urgente necesidad de tenerlo. De tenerlo de todas las formas posibles. Quiso acecharlo, destruir toda la ternura en él y desnudarlo hasta que no fueran más que animales, sin otra noción más que el tacto de la desnudez.

Quiso tocarlo, por todas partes, de forma tortuosa, quiso arañarlo y morderlo, hundir el rostro en su cabello y respirar su dulce aroma a cálido. Quise imbuirse de ese olor; Goten no olía a ningún perfume en especial, era simple y sencillamente su propia esencia; algo tibio que invitaba al contacto.

Se removió de nuevo en su lugar, buscando algún consuelo, mientras empuñaba las manos, refrenando sus ideas.

Como una ráfaga lejana, las voces de Bulma y Mai se acercaron por el pasillo que daba a la cocina. Con cada paso que daban se adivinaba la tormenta que traían con ellas.

¡Hola chicos! ¿Ya almorzaron? — saludó Bulma al entrar a la cocina. Sin esperar respuesta alguna sacó el teléfono de su bolsillo y se enfrascó en la lectura del mensaje que acaba de recibir.

Bulma, ¿de verdad es necesario hacer todo esto? Quizás podríamos hacer algo más sencillo y buscar un …

¡No, no y no! — la interceptó Bulma antes de que pudiese decir algo más — Es el matrimonio de mi hijo y quiero tirar la casa por la ventana. Tú no te preocupes ¡yo organizaré todo!

Con eso Bulma dio por finalizada las protestas de Mai, tomó una de las manzanas del frutero de la encimera y se encaminó de vuelta por dónde venían.

Ahora sigamos, tenemos que repasar la lista de invitados y elegir la música que pondremos en la recepción, acaban de enviarme un catálogo ¿Y si mejor contratamos una banda en vivo? Esta va a ser la fiesta más grande que ha visto la capital del Oeste — murmuró, mientras se alejaba.

Mai, aguantando la exasperación, iba a la siga de su suegra de vuelta al tedioso trabajo de elegir flores, adornos, servilletas y una serie de estupideces que en realidad la tenían sin cuidado. Tendría que hablar con Trunks para que le parara los pies a Bulma.

Goten y Bra intercambiaron una mirada de cómplice diversión. Con el anuncio del matrimonio de Trunks y Mai, Bulma se había convertido en un engendro planificador de bodas y no había refugio posible para protegerse.

Con pies pesados, Mai se encaminó tras ella. Al pasar junto a Goten se detuvo un momento y le ofreció una caricia suave, un toque sutil y tierno en el rostro. Goten la miró hacia arriba desde su silla, buscando su mirada y respondiendo a su sonrisa en un idioma sin palabras. Se decían mucho sin necesidad de hablar, no por nada eran mejores amigos.

Fueron un par de segundos y Mai se alejó. Goten se volteó a verla salir y la siguió hasta que su figura se perdió por el corredor.

Tras un hondo suspiro, volvió a morder la fruta.

Entonces Bra pudo verlo reflejado, aunque haya sido un par de segundos; la avidez, la añoranza, romper el tabú, correr el límite, ir más allá. Poseer y ser poseído.

Los ojos de Goten se derretían, se quemaban al tacto de Mai. Su ternura inabarcable se retiraba, postrada ante la potencia descomunal del deseo. Ese deseo irrefrenable que él mantenía a raya a fuerza de cadenas y de la destrucción de su propio corazón en el abandono del amor inmensurable que siempre sintió por Mai.

Bra se vio en sus ojos suplicantes. Se reflejó en el movimiento imperceptible e inconsciente de sus labios que rogaban por un beso.

Ella lo tendría, ella lo alcanzaría en esa añoranza. Ella iba a tomar su corazón roto, juntar los pedazos y devolverle la sinceridad a su mirada de niño tierno. Ella lo enloquecería de pasión y lo arrastraría por los rincones de su casa, de la ciudad y del mundo entero, haciendo el amor a hurtadillas. Ella no dejaría ningún tabú sin derribar, no importaba si era el mejor amigo de Trunks, si era el padrino de bodas, no importaba si era casi como su hermano.

Iba a desdibujar todos los límites, porque lo deseaba, y lo amaba. Lo convertiría en la Eva, fruto del deseo del cuadro, hasta que ambos estuvieron hundidos en lo profundo del pecado.

Y lo impulsaría con ella a esa locura.

Porque él lo valía, más que nada en el mundo.

. FIN.


Hola! Dejo aquí una historia pequeñita que salió absolutamente de la nada. Tan de la nada, que simplemente no pude ignorarla.

¿Alguien leyó/recuerda "Sempiterno"? Sólo cuando terminé de escribir esto me di cuenta que este mini relato era como parte de eso, como la perspectiva de Bra. No sé, las vueltas amorosas entre Bra/Goten/Mai son algo en lo que pienso habitualmente jajaja.

Un abracito a quien ande por este fandom aún, mi amor eterno a las diosas y amigas de siempre que me inspiran con su recuerdo, y cariños a quien lea.

Pau.