La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

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¡Muchas gracias por el amor que le están dando a este fic! Sobre todo, el apoyo que le dan a la pareja y los muchísimos seguidores que se han ganado. Amo formar parte de un fandom donde no hay tanto "odio" por así decirlo.

Este capítulo no contiene spoilers, hay que dejar al mundo disfrutar de Shinobu y su belleza todo lo que desean, por supuesto también de Giyuu. Ufotable hizo su diseño aún más guapo de lo que debería ser legal (risa). En fin, espero no caer otra vez en eso de los dos capítulos por tener exámenes, por lo que me programaré bien para traer el capítulo por semana.

Aún está pendiente lo de Sabito. Lo sé, lo tengo presente. Fue un terrible error de memoria, pero el próximo AU se lo debo a mi niño. Lo reservaré para una buena letra, una en la que pueda explotarlo.

Como saben el manga no me pertenece. Es una joya creada por Koyoharu Gotōge.

Irritación

El dolor es algo inevitable en la vida de un cazador de demonios, puede ir desde perder a algún compañero, familiar, amigo o herirse en combate. Ella las ha vivido ambas, pierde sangre y se lastima cada vez que se enfrenta a demonios fuertes; que cada vez se vuelven más numerosos. Los envenena mientras parte de su propia alma se fragmenta continuamente. Se pudre entre la mentira de estar sonriendo continuamente, como si de verdad sintiera felicidad.

Si hay vestigios de esas verdaderas razones de felicidad que motivan una sonrisa honesta. Desde los hermanos Kamado, Oyakata-sama y su reconfortante aura, algunos momentos compartidos con sus compañeros de equipo que estaban igual de destrozados que ella, pero seguían por las mismas razones, exterminar el mal. Giyuu, entre esos, era divertido molestarlo, la alegraba hacerlo irritar, pero tampoco era suficiente para sentirse en paz, no hasta que envenenara al bastardo que mató a su hermana. Ese día, sería verdaderamente feliz.

Como tantas de sus heridas, la que se había hecho esa noche anterior era curable, pero tenía un aspecto feo, tomaría un tiempo considerable sanar. Tiempo con el que no contaba, tenía una reunión a la mañana siguiente que, a pesar del vendaje y el dolor propio de la herida, no pensaba posponer.

Cerró los ojos recostándose en su cama, estaba molesta consigo misma. Era débil, no podía cortar la cabeza del demonio que logró herirla al envenenarlo. Tomó su pierna y la atravesó con una estaca de madera. Aún escucha su maldición mientras cojea, reprochándose sus faltas. No podrá cortarlos, se verá implicada en más situaciones como esas…

-Kanae… -susurra perdida en sus pensamientos- espero que puedas perdonarme mi debilidad. No volverá a ocurrir, debo sostener tu ideal. Hasta que pueda verlo, hacerlo pagar cuando entierre el aguijón de mi hoja en él.

No concilia el sueño esa noche, el vendaje no le permite acomodarse y los calmantes dejan de hacer efecto. No tiene fiebre, es una buena señal, pero tampoco deja de doler menos. Para la madrugada, cuando el alba llega, se incorpora mordiendo su boca. Duele, sin embargo, se fuerza mentalmente. "Levántate" "sigue".

El dolor es insoportable, quema dentro del vendaje. Controla el dolor con la respiración, se fuerza a permanecer en pie incluso cuando Kanroji se acerca, su rostro refleja preocupación. Shinobu se siente peor al verla, ella si pudo salir bien parada de su misión, porque puede cortar el cuello de los demonios, porque no tiene que acercarse tanto…

-¡Eso no se ve muy bien, debes descansar! -aconseja Rengoku, su actitud protectora de siempre sale a flote. Sonríe como de costumbre, pero Kouchou sabe que detrás de esos ojos la advertencia de que se tome sus palabras en serio persiste.

Nadie emite otra opinión, pero todos lo piensan. No debe estar ahí.

-No es necesario Rengoku-san, estoy… ¡!

Luego se levanta, no por ella, Giyuu la toma en brazos antes de que pueda protestar ante la sugerencia de cualquiera del resto de los pilares. No tiene ánimos de tener su máscara de sonrisas, en esa ocasión, cuando mira a su compañero de las mayorías de misiones, es un rostro gélido, letal. Una advertencia que él prefiere ignorar o hacerse el desatendido cuando afianza su cuerpo, más cerca para salir.

-¡Kya! -emite Mitsuri a lo lejos, no dice nada más, pero Shinobu puede sentir su aura de alegría irradiar desde donde se encuentra.

No puede combatir en las condiciones en las que se encuentra con el agarre de Giyuu. Sabe que el resto de los pilares excusará sus ausencias, pero no quiere. Simplemente no desea sentirse más inútil de lo que ya lo hace.

-Tienes que descansar.

Su voz la regresa de sus pensamientos, esta vez si sonríe irónica- soy un pilar Tomioka-san, esto es parte del uniforme.

-Curarte también lo es -responde sin mirarla, camina a un buen ritmo, incluso no siente su cambio cuando salta para caer en el tejado de la hacienda.

-Si no te conociera bien, diría que estás preocupado. Que amable de tu parte Tomioka-san -emite una sonrisa, esta vez su humor está un poco más renovado, sobre todo cuando él entrecierra los ojos afectado por su comentario. Parece molesto, como de costumbre.

Abre la puerta, camina entre los pasillos de madera y finalmente da con su habitación. Antes de depositarla en la cama se cerciora de hacerlo en el lugar que puede facilitarle el apoyo con las almohadas. Shinobu empieza a molestarse por sus consideraciones. Sus sentimientos se debaten entre sentirse halagada y golpearlo con lo primero que encuentre en el mueble, tal vez pueda encontrar un tomo de venenos lo suficientemente grueso.

-Me tratas como si fuese una niña -musita, está sentada en el borde de la cama, con alguna de las punzadas del dolor que le recuerdan las molestias que siente. Los fantasmas de su autoestima afectado.

-No lo eres, tampoco te trato como una -Giyuu toma asiento a su lado, parece dudar antes de hacerlo. Se queda mirando fijamente la puerta.

Shinobu empieza a molestarle nuevamente, que no dé respuestas más de las necesarias no es nada nuevo. Solo que en ese momento si le irrita que se limita a comportarse como un adulto responsable, como si estuviese corrigiéndola.

-Empiezan a molestarme tus tratos Tomioka-san, pareces protector a ratos y luego rehuyes como si fuese pandemia. ¿Quién es más niño? ¿Me regresaste aquí porque te molestaba verme herida? ¿Por qué haces que todo lo fácil parezca imposible de entender? ¿Por qué lo complicas todo?

Giyuu la mira esta vez- tú lo haces más difícil para mí.

La deja con la palabra en la boca, escapa frente a sus ojos y sin posibilidad de seguirlo. Shinobu no recuerda un día en el que sus ganas de matarlo fueran tantas como esas, tal vez cuando le hizo una especie de llave en la montaña para evitar que siguiera a Tanjirou. Pero ni eso se acerca lo suficiente. Está segura de que, de volver a verlo, no va a ser tan condescendiente como de costumbre.

Duerme un poco más, sus sucesoras traen medicinas y comida que agradece. Conversan con ella casi toda la tarde, despejan un poco su mente hasta sentir aires renovados para seguir con su rutina de pilar, puede que tenga ese enojo aún dentro de ella, pero le sienta bien esos momentos de tranquilidad. Por lo menos lo cree así hasta la noche, la luna brilla en lo alto y Giyuu aparece nuevamente por la puerta, trae un rollo que supone, son los informes de las misiones.

Esta vez Shinobu está de pie a la altura de la puerta, apoyada contra el marco, antes de la llegada del otro pilar, se encontraba reordenando los papeles de investigación de los nuevos venenos y el reporte del resto de los cazadores que se alojaban en la hacienda. Aunque roten, siempre se encuentran nuevos jóvenes como ella, algunos mueren es ese lugar y otros tantos se van pisando por última vez la madera de La Mariposa, las camillas cambiarían, pero la causa sería la misma.

-Luces mejor -comenta con simpleza al verla. Deja el pergamino en la mesita y se dispone a salir cuando Shinobu cierra la puerta, el sonido hace eco en el silencio que comparten momentáneamente.

-Es de mala educación dejar a las personas hablando solas, pensé que habías mejorado eso -le sonríe, pero internamente se siente irritada.

-Había reunión.

-Eso no te exime de la culpa Tomioka-san -como puede se apoya en él, se tambalea un poco siendo sostenida con el soporte del brazo masculino, Giyuu mantiene una distancia que ella acorta, hasta extinguir el espacio personal de ambos- eres molesto.

-No lo soy.

-¿Por qué haces todo esto? -vuelve a preguntar.

-Debo hacerlo.

-Eso no responde mi pregunta Tomioka-san, ¿por qué eres tan frío? -resopla, su sorna se extiende. Ella sonríe, pero quiere matarlo- de todas las personas que pueden gustarme, tú el complicado. Eres insoportable Tomioka-san, cuando me recupere te haré una infusión de veneno y me encargaré de que te la tomes.

Giyuu deja escapar el aire, que se asemeja a una risa contenida. Y eso fue todo para que la amenaza de matarlo posteriormente, se volviera un acto de momento. Shinobu intenta aplicarle una llave cuando él trata de hacerle espacio. Hay algo de forcejeo antes de que ella se le ocurra considerar que se encuentra en una considerable desventaja. Kouchou se vale del peor de los venenos para apresarlo, incluso si ella se infecta en el proceso, más de lo que ha estado recientemente. Une su boca, afianzando su agarre en el apoyo que ha creado con sus manos sosteniéndose en los antebrazos de él. Traza un camino poco delicado con su lengua enrollándola con la contraria. Su cuerpo frío, probablemente por estar tiempo expuesto al clima antes de llegar a visitarla. Ella se quema con lo que ha provocado.

Giyuu responde al ataque, sus manos acarician las femeninas de forma ascendente hasta llegar a sus hombros, donde la sostienen para seguir besándola. Es todo calor, humedad y deseo. Shinobu tira de su cabello oscuros, sus dedos afianzados en el agarre.

Luego lo muerde.

Tomioka se separa, algo de sangre deslizándose de la comisura de sus labios. Sorpresa en sus ojos oscuros, aunque dura poco, relame la herida. Shinobu instintivamente se muerde un poco el labio inferior ansiosa, los ojos azules profundos se oscurecen en el proceso. Vuelven a besarse, es todo calor e ira, intranquilidad. Giyuu la apoya contra la madera de la puerta antes de subirla, de forma que su pierna lastimada se cruce con la otra alrededor de su cintura. No debe de lastimarla, ya que él carga con su peso ahora.

Esta vez Shinobu hace que se separen después de faltarles el oxígeno, algo del sabor metálico de Giyuu se cuela en su paladar, óxido que ella provocó. Que disfruta provocar, parte de su molestia ha cesado considerablemente con el subidón de adrenalina del momento.

Se toma el tiempo para detallar su mirada expectante, sus ojos de pozo profundo que amenazan con perderla, quiere perderse y olvidar por un tiempo su herida, su autoestima, el peso de los ideales que no son suyos. El cabello de Tomioka hecho un desastre por su propia mano, su frialdad desecha en la respiración irregular de su boca, desea más. Ella también lo hace, pero ve más allá de eso, unos ojos que anhelan más de lo que dice.

Shinobu ama conocerlo tanto como odia su actitud reservada.

Ambos se observan antes de acercarse una vez más, en esa ocasión no hay ira de por medio. Se reconocen y exploran para recordarse. Giyuu traza un camino del espacio del hombro femenino hasta la clavícula. Apacible, como de costumbre.

Si solo dijera un poco más. Tal vez lo haga algún día, después de todo ya la ha besado.