"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

-::::-

A ver, pensé muchísimo en escribir ese capítulo cuando a penas hacer el fic era una idea conceptual. Pero, creo que a la mitad (sin broma) tomé algo de tiempo porque en verdad me hizo derramar algunas lágrimas. Quizás me dolió leerlo, pero también amé hacerlo. Comprendí en ese punto que dentro del sufrimiento hay más belleza en el amor. Así que me di tiempo, para editarlo en la marcha que me divertía con los otros capítulos. Le di el espacio para que fuese lo más cercano a lo deseado.

Gracias por dedicarse el tiempo de dejar comentarios. Los últimos me causaron crisis de risa, en serio. Mi editora también agradece sus menciones.

Este capítulo, aunque puede deducirse de la seriedad de la nota, contiene spoilers, pero a montones. También hace extensiones y todo lo demás que satisfaga el capítulo. Por cierto, mi editora hizo un dibujo sobre el cap, por si desean ver con sus bonitos ojos una de las escenas que se describen a continuación, no duden en visitarla, Wudaland en insta.

Como saben el manga no me pertenece. Es una joya creada por Koyoharu Gotōge.


Kouchou Shinobu

Su vida fue interesante. Ahora que los remordimientos han cesado y ese odio fundado en sangre finalmente se ha desvanecido, su hermana desea conocer el resto de la historia a la que no tuvo acceso. Incluso si sabe que intentará sonsacarle los detalles más personales, está realmente feliz de contarle.

La convivencia con sus padres la rodeó del amor necesario para creer que tener una familia valdría la pena de ser como la suya. También influyeron en la educación de la boticaria, aunque disfrutaba pasar el tiempo escuchando historias que su hermana narraba, irrealidades que fueron sustituidas cuando la burbuja de su ensueño explotó. Perder a sus padres fue un duro golpe que marcó su vida y, a pesar de que su hermana fue salvada al igual que ella por Himejima, no volvió a ser igual.

Cuando se convirtió en cazadora, después de prometerse junto a Kanae que no permitirían que más niños pasaran por las mismas experiencias, la convivencia con otro tipo de familia, a la que también llegó a valorar, se hizo presente. El escuadrón de cazadores liderados por Oyakata-sama, personas que al igual que su salvador, intentaban purgar al mundo. Su hermana se convirtió en pilar y no dudó en evaluar a los compañeros, al asecho de cualquiera que intentara acercarse mucho más a Kanae. En ese entonces no era sociable, su actitud fue pesada, lanzando un repertorio de insultos al que alterara su paz. Casi puede reír al respecto, la primera vez que vio al complicado Tomioka Giyuu, fue precisamente sirviendo de escolta de su hermana.

"Seguramente quiere hacerse la gran cosa con esa actitud, mientras no esté cerca de Kanae, no importa" -había pensado, por aquellos días en las reuniones de pilares, donde los encontraba en los corredores de la casa principal.

Él sintió su mirada, porque instintivamente la observó de reojo y eso solo la irritó más. Realmente no tuvieron interacciones durante el período de vida de su hermana, en resumidas cuentas, cada vez que podía mirarlo mal, lo hacía. Sin embargo, él nunca respondió.

"Todos hemos tenido una vida complicada" -comentó Kanae un día cualquiera. Le habían asignado una misión rastreando a una de las lunas inferiores, ni siquiera imaginó que sería la última conversación que sostendrían- "Tomioka es una persona solitaria, probablemente le cueste abrirse a los demás".

"¿Por qué me dices eso?" -expresó irritada, hablaba de él como si le interesase.

"Quién sabe~" -respondió la mayor de la Kouchou- "cada vez que puedes lo miras mal, como un perro rabioso".

Luego ríe y Shinobu no puede evitar quejarse al escuchar la hermosa risa de su hermana que no volvió a repetirse.

Con la muerte de Kanae, jamás pudo recomponerse. El dolor que atravesó su organismo cuando la encontró, el hecho de ver la muerte reclamarla sin poder hacer algo, su necesidad de ser bondadosa y obligarla a prometer que seguiría a pesar de todo. Son parte de esas memorias que forjaron una actitud distinta a su fase irritable, cultivaron una rabia que terminó por consumirla. Ideando un plan para matar al demonio que le arrebató su hermana.

También se hizo falsa, sosteniendo una sonrisa por una muerta que le gustaba verla feliz, solo por eso ocultó todo su dolor. Se convirtió en un pilar, cargando en sus hombros el haori de Kanae.

Volvió a encontrar a Giyuu, que le recordaba esas memorias sobre su hermana, cuando hablaba sobre él para verla rabiar. Tal vez nunca fue consciente, pero de alguna manera ancló la ansiedad que la consumía con su presencia, porque él le hizo sentir a Kanae más cerca. Empezó a convivir con su homólogo más tiempo, por motivos de su labor como cazadora y sanadora. A pesar de que efectivamente era sociable como una roca. Intentó hacer llevadera su convivencia por calma, porque su hermana tuvo razón, nunca fue bueno para abrirse a los demás.

Pero convivir no era igual a relacionarse, sus conversaciones fueron monólogos de sí misma preguntándole el motivo para ser como era y lo irritante que le parecía su actitud indiferente.

"parece que hablo con una roca, Tomioka-san" -comentó durante una de sus misiones juntos. De las muchas que tuvieron después- "deberías intentar ser más sociable".

"No es necesario" -cortó él.

"Lo es si no quieres vivir solo dentro de una cueva, aunque ese tipo de vida… creo que te conviene ahora que puedo verlo con claridad" -sonrío.

"No viviré solo" -contestó, su rostro en una molestia que despertó su diversión. Tomioka fue muy fácil de provocar.

A partir de ese punto, lo hizo tanto como pudo.

Con tiempo para hablar, Giyuu dejó que hiciera monólogos y se permitió hablar más de una oración, que alabó internamente ella, porque le fue estresante hablar y que pareciera rebotar en las piedras lo que decía. Así, que por naturaleza su dúo resultó ser más eficiente que cualquier otro. Por tanto, las misiones aumentaron y mucho más tiempo para conocerlo.

Conoció de la filosofía del pilar del agua. Los demonios no merecían redención, porque en su naturaleza estaba manchar toda la belleza humana con sangre, él abordaba pensamientos contrarios a los de su hermana. Debido a eso, siempre que podía le hacía saber que deseaba que los demonios y humanos pudiesen llevarse bien. Y, como era de esperar, siempre que lo dijo, él lo debatió.

A pesar de que al verlo le recordaba a las memorias agradables de Kanae, terminó creando algunas con él. Comidas compartidas después de misiones, comentarios durante su tránsito por pueblos e incluso, cuando sus heridas necesitaron curación. Hablaba más con él que con cualquiera del resto de sus compañeros, a pesar de tener buena relación. De ahí que conociera el desagrado de Sanemi e Iguro, porque el primero no lo comprendía y el otro odiaba fácilmente todo en lo que Mitsuri mostrara interés. Descubrió que no podía pensar igual, no pudo desagradarle Tomioka a pesar de afirmar lo contrario, porque lo conocía considerablemente y lo que sabía, no le molestaba.

Con la llegada de los hermanos Kamado, se condensaron mucho más sus pensamientos. Giyuu no solo era incomprendido, sino que había más nobleza dentro de él de lo que admitía, porque nuevamente, eran similares en ese aspecto, era muy duro consigo mismo, pero fácil de encariñarse con personas como Tanjirou, al igual que ella, que salió en su defensa en cuanto pudo.

Le alegró saber que Giyuu no era diferente al concepto que tenía.

"¿Han partido?" -preguntó él. La abordó mientras terminaba de catalogar el veneno de su hoja. No lucía interesado, pero ella supo que lo estaba y una parte de sí misma quiso convencerse de que era normal, que no le había prestado más atención de la que debió.

"Eso hicieron, pero sé que estarán bien, él es fuerte" -respondió.

"Lo es" -afirmó Tomioka.

En ese momento, recuerda perfectamente que no quiso sonreír con honestidad, sin esa sátira de falsedad que la acompañaba, pero lo hizo. Sonrió sinceramente, con alegría proveniente del corazón.

Giyuu la miró en silencio con una intensidad que le cortó momentáneamente las ideas, fue la primera vez que la observó de esa forma. Lo miró sin saber realmente que hacer al respecto, como asimilar su gesto.

"sí sigues mirándome de esa forma tendré que preguntar el motivo, Tomioka-san" -aventuró a encontrar una respuesta.

"Te agradan" -contestó

"Por supuesto, a diferencia tuya" -respondió con diversión.

"Te agrado también" -aseguró molesto.

Recuerda haberle mirado un tiempo antes de volver a bromear. Giyuu tuvo razón, él también le agradaba. Pero no se lo dijo, porque prefería disfrutar de su molestia, quizás la camaradería estuvo en ellos y por eso se trataron de esa forma. Probablemente lo sintió cercano y, después de mucho tiempo, su relación había llegado a un punto de confianza mutua.

A pesar de conseguir calmar su ira momentáneamente, tampoco desistió del plan para vengar a su hermana. Recuerda que después de la muerte de Rengoku, unos días posteriores decidió aumentar la dosis de veneno que Tamayo había diseñado y pareció que no tendría un efecto secundario hasta que escupió sangre, recuerda sentir al instante el pañuelo de Giyuu sobre su mano, él no había dudado en tenderlo, además de pausar su caminata. Coincidieron en la casa central después de la reunión de emergencia. No omitió un juicio a primeras, pero supo por sus limitadas expresiones que, de permitírselo, deseaba conocer el motivo.

"No te preocupes, Tomioka-san, está controlado" -respondió segura. Solo tendría que volver a la dosis regular.

"Quédate el pañuelo" -manifestó, ella no ser sorprendió de su actitud. Ambos se apoyaron en lo que necesitara el otro, no le había tomado relevancia porque era algo cotidiano. Realmente era muchísima la diferencia si lo comparaban desde la primera vez que se trataron.

"Gracias, ¿Quieres compartir un té como agradecimiento? No todos los días se ofrece la oportunidad" -preguntó

Giyuu no se molestó en contestar, solo asintió y ambos, como tantas otras veces, compartieron copas. No le reveló su preocupación con palabras, pero Tomioka pareció reacio a dejarla sola en el resto de la tarde y ella tampoco deseaba hacerlo, se acostumbró a su compañía. Se acostumbró a eso que sin saberlo empezó como gotas de lluvia, sin demostrarle que se abalanzaría como torrencial.

Descubrió una semana después que no le molestaba conversar con él sobre algún tema y, que incluso, a ese punto, lo hacía para escuchar su punto de vista. Le gustaba ver en sus ojos la profundidad de la lealtad que profesaba a determinadas personas, lo que dejaba ver en esa coraza de aislamiento que le estaba permitiendo abrir de a poco. Que estaba pendiente de lo que decía y se preocupaba de su condición desde el suceso de la sangre, lo expresaba con gestos como ir a la hacienda o enviar su cuervo a revolotear cerca.

Ella también se preocupaba por él e intentaba curar sus heridas personalmente para asegurarse de que estaba tratándolas adecuadamente. A ese punto, cuando se encontró extendiendo su haori en el tendedero después de obligarlo a dejárselo mientras descansaba; entendió que solo existía por él una preocupación que escapaba del compañerismo. No le fue difícil aceptarlo y mucho menos descubrir el motivo.

"Giyuu ha despertado la marca de la mariposa" susurró con uno de sus dedos manchados de tinta, trazó la figura del insecto en el rosto del pilar. Ambos se encontraron después de conocer la existencia de las marcas que buscaban despertar a toda costa.

Con encontrarse se refería más bien a tomarlo desprevenido mientras dormía apoyado en uno de los maderos de la casa, seguramente estuvo más cansado de lo que aceptó y su cuerpo lo obligó a recuperarse. Ella lo aprovechó marcando su rostro con diferentes insectos alrededor. Fue la primera vez que detalló su perfil, desde sus largas pestañas hasta su boca entreabierta. Todo Giyuu fue una caja misteriosa que captó su interés. Le gustó eso, le gustó él. A partir de ahí, no preguntó por el motivo de su interés.

"¿Te gustaré, Tomioka-san? Eres tan reacio que me pregunto si podré alcanzarte"

"Shinobu" escapó de los labios de él cuando descubrió que no estaba tan dormido como pensaba, no hubo palabras en el tiempo que la observó como lo hizo ella. La besó, con la calma que lo caracteriza, pero la profundidad de sus sentimientos impresos en ese gesto. Giyuu le confesó después de ayudarlo a limpiar su rostro, que pasó por una situación similar, se lo dijo a su modo, con cortas repuestas que dejaban muy poco al receptor, pero ella ya había forjado un lazo que le permitía ver más, que veía sus sentimientos. Le correspondía.

Le hubiese gustado tener más tiempo para disfrutar del "nosotros". Justamente en cuanto reanudó su entrenamiento, ella le confesó su plan a Kanao. A pesar de todo, ya estaba desecha por dentro, era una bomba que solo esperó ser activada.

Eventualmente descubrieron otros aspectos del otro a los que no pudieron acceder en su tiempo de camaradas. Giyuu le confesó, a su manera, que le gustaba escucharla hablar tendido, disfrutaba tomar sus manos cuando se encontraban solos, no era de numerosas muestras públicas, pero con suficiente confianza no le fue difícil sujetar sus manos; a menudo le llevaba la contraria para verla discutir; le gustaba que pronunciara su nombre antes de besarlo, sus muestras de cariño más sugerente, sus sonidos muriendo en su boca…

A ella le encantaba molestarlo, sus gestos infantiles cuando no sobraba el tiempo para continuar abrazados; la forma de mirarla como si fuese invaluable y quererla con paciencia. El silencio a pesar de tener la corazonada de que haría algo que le produciría un daño irreparable. Nunca lo discutió, pero en sus ojos había tristeza mal disfrazada. No era bueno con las pérdidas y no faltó mucho tiempo para perderla también.

"¿Quieres tener una familia?" consultó, en su último recorrido juntos por uno de los caminos a la hacienda, disfrutaban de una brisa fresca y un día soleado. Se aventuró a preguntar porque no había escapado de sus pensamientos la forma en la Giyuu observaba a los niños que transitaban tomados de las manos de sus padres sonrientes, en un entorno de paz temporal.

"No es algo que podamos permitirnos" abordó, recordándole que antes de ser una persona con ideales individuales era un cazador al sacrificio por el bienestar común. Recuerda sonreírle a sabiendas que evadió la respuesta.

"¿Y si pudieras?"

Giyuu no lo dijo, sus ojos viajaron a una pareja que sostenía una bebé de pocos meses. No comentó al respecto, pero para Shinobu fue todo lo que necesitó, él si anhelaba algo que no podría darle. Algo que ambos quisieron a pesar de todo.

Lo miró con tristeza cuando colocó su mano en su mejilla y sugirió que se quedara en la hacienda. Tomioka dejó sus manos entrelazadas mientras ella habló de lo que nunca se pudieron permitir. Si hubiesen tenido una hija, seguramente habría sido hermosa y una digna sucesora de su boticaria. Tomioka seguramente le hubiese enseñado el arte de las posturas del agua, hubiesen discutido por todo lo relacionado a ella y muy pocas veces llegado a un acuerdo. Probablemente tendrían un varón, para repetir el proceso con él. Verlo crecer y luego quedarse en compañía mientras envejecían juntos. Lo hubiese amado más y más hasta partir. Habrían tenido una vida diferente.

Aquella noche se amaron como tantas otras y sepultaron la idea de una familia. Sobre todo ella cuando en el silencio del alba tomó la siguiente dosis de veneno. Unas solitarias lágrimas fueron las únicas testigos de su desolación, del gesto que hizo al tocar su vientre. No albergaba una vida en él, pero le hubiese gustado poder hacerlo.

Entonces Muzan invadió la casa principal, el resto de sus compañeros también fueron tras de él, Oyakata-sama dio su vida en el ideal de purgar el mundo, al igual que Rengoku y otros muchos más. Recuerda la sensación de ver a Giyuu por última vez cuando aún estaba con vida, la adrenalina de saber que no saldría sin llevarse al demonio que había matado a su preciada hermana. No volverían a tomarse de las manos. No experimentaría la sensación de ser rodeada por su cuerpo al dormir y sentir que era apreciada en toda la extensión de la palabra. No podría volver a amarla, pero ella se llevaría sus sentimientos grabados más allá de su piel, donde perdurarían eternamente.

Se vieron por última vez con profundidad. Sobraron palabras, él supo que sucedería, la forma en la que su boca susurró su nombre antes de seguir le hizo saber que le dolía. Sus ojos de niño muerto vivieron esos segundos con dolorosa expresión, nunca estuvo convencido de perderla.

Shinobu sintió que el tiempo no les ofreció demasiada tregua para amarse, pero agradeció cada momento.

Cuando Douma la alcanzó y el dolor se extendió como brasa ardiente sobre su cuerpo, se sintió nostálgica. Ella murió pensando en que finalmente, después de que el veneno lo destrozara desde adentro y su sucesora le cortara el cuello, había logrado su cometido. Su hermana podría descansar en paz al igual que ella.

"Oye, Shinobu… ¿Quieres ir al infierno conmigo?" expresó su verdugo. Douma finalmente había muerto.

No, quería ver a su hermana al igual que Giyuu. Una parte de ella estaría cuidándolo, aunque no pudiese hacerlo realmente, quería que tratara sus heridas con propiedad y que no la llorara como se lloran las pérdidas. Ella nunca lo fue, era parte de un logro para un bien mayor. Sabe que lograría entenderlo. Quería que viviera sin remordimientos. Tomioka le había ofrecido lo mejor de él y esperaba que considerara lo mismo sobre ella.

"Púdrete en el infierno maldita escoria" sonrió finalmente, alegre.