"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"
Y el escritor dijo: Hágase el computador.
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Historias de vida, esta semana que pasó recibí una suma considerable de PM y comentarios por todos los sitios en los que me manejo y wao... no saben lo feliz que me hizo saber que les gustó tanto el capítulo. Me siento muy afortunada de tener el privilegio de apoyar el Giyuushino con mi aporte.

Pero, con todo eso del capítulo realmente abordé a mi editora (quien también agradece muchísimo su amor por el dibujo que hizo), le dije afectada "¿Y ahora qué sigue?" Es decir, me quedé en blanco un par de días sin saber realmente que hacer. Aunque la muy desgraciada solo rió, me sugirió un par de ideas para compartirles. Desde ese momento mi bombilla imaginativa se encendió y no se apagó hasta ver terminado el capítulo con los resultados que esperaba obtener. Vamos a abordar a un personaje controversial y su amor enfermo por Shinobu. Después de todo, ya han leído una pequeña probada en el capítulo anterior.

Otra cosilla que tal vez, para los que llevan la cuenta, han notado. Estamos en el número 12, lo que significa que en el siguiente no solo verán el capítulo más largo que haré, sino que también la reseña más grande (risas) seguramente querré aclarar muchas cosas antes de soltar la salsa de Tabasco. Confieso que me gustó muchísimo el resultado.

Como saben el manga no me pertenece. Es una joya creada por Koyoharu Gotōge.


Molesto

Giyuu medita la mayoría de sus acciones cerciorándose que estas no acarren efectos secundarios, aunque eso no implica que casi siempre exista un malentendido en lo que haga o dice. Siempre que hace algo ya lo ha analizado. Por ejemplo, esa misma tarde, después de retirarse más temprano, al hablar con el director terminó dando a entender algo que no era lo que deseaba. Por suerte, la máxime figura de la academia era una persona perceptiva que pudo comprenderlo después de otro par de oraciones. Tenía que buscar a Shinobu, le había prometido que la ayudaría con un proyecto ambicioso de campo para una de las materias que daba en la universidad. Su novia estaba tomando materias avanzadas para graduarse como farmacéutica. A pesar de estar en su primer año era una destacada estudiante que podía solicitar privilegios como ese. Era lo que siempre había deseado, lo sabía porque la menor de la familia Kouchou se lo confesó antes de graduarse.

Le había pedido salir después de recibir el tercer golpe intencional de Sabito con la escoba del conserje, uno de esos tantos días donde meditaba si estaba incumpliendo su labor como educador pensando en una joven poco menor que él. Era extraño como se había colado en sus pensamientos infectándolos hasta el punto de que era necesaria en su vida. Era capaz de sacarle una mueca semejante a sonrisa y de hacerlo más hablador que cualquiera que lo haya intentado antes. Todo eso había empezado cuando coincidieron en una mañana de revisión de uniforme, lo había ayudado a entenderse con un grupo de padres de familia. Lo hizo porque lo había solicitado su hermana. Desde ese momento, además de las clases de educación física, se encontró relacionándose con ella.

Aquella vez, antes de la confesión, su mejor amigo lo había observado directamente, con la seguridad que a él siempre le faltaba para aventurarse a confesar lo que sentía. Lo había abordado en solitario, con el tiempo a disposición para regañarlo. Siempre que Sabito estaba buscándolo con aquella escoba no resultaba nada favorable. Por lo menos físicamente. El conserje había cambiado numerables veces la escoba.

-¡Dile lo que sientes! -levantó la voz, lucía ligeramente molesto.

-No es apropiado.

-Lo que no es apropiado es que desaproveches la oportunidad -replica irritando, a cada minuto que pasa su temperamento estaba empeoraba- debes dejar de ser un cobarde.

-No estoy siendo cobarde -responde con honestidad, no es una excusa que no se lo haya dicho por propiedad. Giyuu cree que debe abordarla cuando el colegio no esté de por medio.

-¿Crees que te va a esperar siempre? -pregunta, hacía círculos con la escoba magullada para no volver a golpearlo- si tienes la oportunidad de decírselo, debes hacerlo. El tiempo apremia y está por graduarse.

-Lo sé -aprueba.

-¡Entonces hazlo! -desafía con voz contundente. Giyuu siente que lo está regañando como si fuese mucho mayor de lo que es. Luciendo tan seguro le da más madurez. Tal vez por eso y, presuntamente mucho más por su amistad, le comentó lo que sentía por Shinobu, en miras de un consejo que fue resuelto con un par de palabras de aliento mezcladas con un discurso fuerte y un par de reproches.

-Lo hago.

-¡Lo haces ahora! -señaló a la joven acomodando su maleta para retirarse, se encontraba sola por motivos de la inversión de horarios que le daba ese oportuno tiempo libre.

Tomioka tropieza innecesariamente cuando Sabito lo empuja, siempre que conversa con él termina obteniendo la motivación para realizar lo que no se ha propuesto. Su mejor amigo es una persona capaz de convencerlo, no sabe que haría sin él. Así que gracias a su empujón aborda a Shinobu, quien al principio no parece muy sorprendida por sus palabras y el "estaba esperando a que te dignaras en decírmelo" le abrió la puerta a una relación que continuaba en la actualidad.

Había llegado a la universidad unos minutos antes de su salida, por lo que esperó pacientemente en la entrada. Estaba concentrado meditando en lo que podría hacer para ayudar a su novia en el proyecto, probablemente lo haría acompañarla a diversos sitios. Pensaba invitarla a comer, después de todo había un nuevo sitio en el centro que hacía su platillo favorito. Era casi una tradición instaurada por la misma Shinobu de hacer una parada para visitar algún sitio nuevo de comida. Con el tiempo, era algo que solo compartían con el otro.

Podía estar concentrado pensando en el salmón, pero también estaba anuente a lo que sucedía en su entorno. Era perceptivo en ese aspecto, como agua mansa antes de ser abruptamente interrumpida. Algo captó su interés, una cabellera rubia larga y una ropa que logró distinguir porque la había visto antes en uno de los profesores donde él impartía clases. El timbre tocó para cuando los universitarios empezaron a salir en grupos, entre ellos, Shinobu Kouchou.

Su cabello atado en su característico moño elegante, toda ella desbordando una belleza inusual. De esas que necesitan ser observadas con detalle. Giyuu suele mirarla más tiempo de lo normal, porque sabe que le gusta que la mire mientras habla y a él le gusta escucharla, la forma en la que se anima para enfatizar lo que narra y luego, cuando lo observa sonriendo cree que puede quedarse recordando su rostro. Siempre que sucede algo como eso ella bromea "deja de mirarme tan profundamente Giyuu, parece que vas a hacerme la gran propuesta".

Él la haría si tuviesen un par de años de más. Aunque no sabe como lo tomaría.

Lo reconoce entre todas las personas que salen por el portillo principal. Lo sabe porque sonríe en su dirección apresurando su paso tranquilo. Al salir, cuando se supone que va a encontrarse con él, es abordada por la persona que él había reconocido antes. Ahora no tenía ninguna duda de que se trataba de uno de los profesores de la academia. Douma se acerca a una distancia imprudencial, a escasos centímetros de Shinobu.

-¡Me alegro de verte! ¡Quería verte desde hace mucho! -logra escucharlo, su tono de voz empalagoso.

Se aproxima a ellos dispuesto a detenerlo.

-Aléjate de mí, eres repulsivo -el tono de voz que utiliza su novia le asegura que se encuentra irritada, se escucha como veneno diluido.

Pero Douma ignora lo que dice y emocionado acerca su brazo. Giyuu lo bloquea antes de que la toque asegurándose de que lo que dirá posterior a su actuación le quede perfectamente claro.

-No la toques, No te le acerques.

Alcanza a ver la sonrisa de Shinobu, ella entrelaza su mano libre con la de él- lárgate de aquí o llamaré a los superiores y te denunciaré por acoso -su tono de voz es mucho más calmada, pero sigue persistiendo la amenaza.

-Ah Shinobu, es una pena que no seas capaz de considerarlo -murmura apenado- pero se que lo harás con el tiempo, solo necesitas abrir los ojos~

-Me los arrancaría con tal de no ver lo mismo que tú -responde ella.

Giyuu da un paso adelante, hastiado de escuchar a Douma. Le resulta repulsiva la forma en la que la mira, le asquea que tenga la imprudencia de no otorgarle el espacio que se merece. De reconocer que no desea ningún tipo de interacción con él. Sus ojos lo miran amenazantes por largos segundos que parecen hacer recapacitar al agresor. Su trabajo podría verse implicado y, aunque eso no parecía interesarle realmente, si estaba de por medio que una boleta de alejamiento lo privara de poder volver a verla. Aunque Tomioka no estaba dispuesto a permitírselo sabía que Douma declinaría.

Y así lo hizo.

-Vendré el lunes para volver a verte Shinobu~ -luego dirige su interés a él- no sabes lo que haces, siendo tú reconsideraría inmiscuirte en esto. No puedes comprenderlo.

-Tendré a la policía anuente -contesta Kouchou, adelantándose a que respondiera.

Se limita a mirarlo, es mucho mejor en eso que en las palabras. Después del incidente, todo queda en silencio sin contar los comentarios curiosos de algunos estudiantes y el intercambio de miradas. No pasa desapercibido el cuchicheo que se produce después del incidente. Ella se gira para observarlo entonces, luciendo más tranquila que los minutos anteriores. Le sonríe y Giyuu sabe que es un gesto honesto. Sus bonitos ojos púrpura brillan si el gesto amenazante.

-Lleva haciendo eso desde que ingresé a los dos últimos años -comenta de camino a casa, sus manos permanecen entrelazas. Hacen una pequeña parada para comprar algunos de los materiales que requiere para sustentar el uso de suplementos para personas del mal de azúcar. Le había explicado superficialmente lo que harían y por supuesto, él le comentó sobre el local de comida. Quería realmente probar el salmón en ese sitio. Obtuvo una risa melodiosa de ella, además de asentir.

-No lo había notado.

-Bueno, estaba segura de que no lo harías, ya estabas lo suficientemente ocupado buscando como confesarme tus sentimientos -musita ella. No gira para decírselo, pero sabe que es una broma.

Giyuu entrecierra los ojos, las viejas costumbres de molestarlo no cambiarían incluso con el tiempo de salir juntos. Podía notar, por la forma de mirarlo de reojo, como disfrutaba de ver los gestos de molestia que a veces eran visibles en su rostro. Se la había confesado, por lo que no quedaba duda de ello.

-No estaba ocupado en eso, imparto clases. Mi prioridad es educar.

-¿Entonces yo no soy una de tus prioridades? -consulta.

Tomioka se detiene para mirarla. Era cierto que ese entonces no lo era, después de todo él solía concentrarse en sus obligaciones antes de pensar en sí mismo. Le era sumamente difícil relacionarse con las personas sin salir en conflictos de por medio producto de malentendidos. Incluso los pocos amigos que tenía solían comentarle que debía mejorar su elocuencia. No, en ese tiempo no tenía siquiera la remota idea de contar con una posibilidad. Si había sido todo un reto descubrir que tipo de sentimiento tenía para ella y posteriormente confesárselo sin crear uno de sus tantos errores de palabras, no esperaba que resultara como lo había hecho. De hecho, ni siquiera contempló decírselo. Shinobu parecía tomarlo como su objeto de diversión. Aún lo hacía.

-No lo eras.

-¿Y ahora? -vuelve a consultar.

-Lo eres -está convencido de ello. No le cuesta ser honesto en el tema.

-Eso mejora la respuesta -susurra, parecía satisfecha- antes de continuar, vamos por ese salmón.

Giyuu no duda en seguirla.