"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"
Y el escritor dijo: Hágase el computador.
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Es sábado y el cuerpo lo sabe (risas) ¡No, no es así como empezaba la cosa! ¿Estuviste dándole al botón de actualizar porque dije que subiría capítulo después de la masacre? Y veías que cada día que pasaba, el dichoso capítulo no aparecía. ¡El autor de este fic no aparecía! ¡¿Otra semana pasaría?! ¡¿El Muzan de la editora la liquidó?! Pues no, ¡Ya estamos aquí para traer el primero de los dos capítulos que prometí en la semana!
Este capítulo contiene lime base, yo diría que smut, pero papá Fanfic va a decir que lemmon (estoy tan confusa que me he herido a mi misma). Por lo que, ya saben, lean bajo su propia jurisdicción. Muchas gracias a todos los mensajes de apoyo, las buenas vibras y sobre todo ¡Gracias por comentar el dibujo de la editora, para recordarme mi irresponsabilidad de no subir el capítulo!
¡Cierto! Mi editora cumplió con lo del dibujo y lo tiene colgado en insta. Si lo han visto sabrán que oficialmente ha terminado como limpiadora, hubo una que otra lagrimita cuando me entregó la "z" de este abecedario. Por suerte aún no hemos terminado con KNY y mucho menos con Giyuushino.
¡Disfruten el capítulo!
Quejidos
Su encuentro, como tantos otros, era una impredecible serie de acontecimientos que produjeron una coincidencia de tiempo libre en ambos. Con misiones cada vez más apartadas y ese auge de demonios preocupante, eran escazas las oportunidades para verse. Tomioka la había visitado en el momento que se le anunció su receso, algo acostumbrado desde su relación; compartieron el almuerzo y el habitual filtreo entre las bromas que lanzaba el pilar femenino para molestarlo hizo amena la estancia. Shinobu había sugerido "inocentemente" que el tiempo sobrante podían utilizarlo en actividades que reforzaran su caótica relación. Invadió el espacio de Giyuu con una sonrisa propensa a convertirse en la pionera de las ideas que maquinaba su mente al verlo atento a sus movimientos. Sentada sobre él, tenía vista de su rostro sereno, los ojos profundos observándola; con su boca en una línea recta. Era su imagen rutinaria, pero no por eso dejaba de lucir atractivo.
De hecho, empezaba a considerar que su seriedad era el punto de atracción que encontraban la mayoría de las cazadoras a las que asistía. Hablaban con una devoción desmedida por conseguir que el pilar les hablara. Por lo menos siempre controlaban el impulso de seguir con su absurda idea en cuanto sentían sus heridas siendo desvendadas para evaluarlas. Sabía que sus ojos violetas le daban el indicio de permanecer en silencio o abstener a las consecuencias. Le molestaba escucharlas charlar con tonos elevados y chillidos irritantes. Como botánica y curadora de la hacienda, pero por sobre todo como alguien que sabe que es el dolor de una herida, las ayudaba sin sentirlo como obligación cuando requerían de sus servicios. Pero, juraría que llegaría el día en el que las hiciera entrar amordazas. Sin la posibilidad de repetir constantemente los atractivos físicos de Giyuu.
A pesar de que en ese momento reconocía lo asertivo de sus palabras. Se inclinó gustosa para besarlo con el indicio de que él parecía esperarla, su disposición regocijaba ese interior que disfrutaría mostrarles que puede comprobar lo que dicen más cerca de lo que ellas llegarán. Su relación no era un secreto, pero tampoco eran abiertos a demostrarla como si de una atracción mediática se tratase.
Atrapó algunos de los mechones oscuros de su nuca, mientras masajeaba con parsimonia. El beso era tranquilo, una caricia de cariño propicia. Tomioka seguía su ritmo apoyando sus manos sobre su cintura. Reconocía la textura de sus labios y mordía perezosamente cuando lo encontraba atractivo. A pesar, de disfrutar de esa calma implícita, el beso entre roces se convirtió en una batalla de lenguas, arrancando jadeos de sus gargantas, sonidos que aplacaban el silencio de la habitación. Las manos masculinas sobre su cuerpo mucho más atrevidas, prometían complacerla de formas que no llegaría a entender hasta experimentarlo.
Escucha voces y la alerta se enciende; se aparta rápidamente de él, visiblemente nerviosa, conduciéndose autómata hasta la puerta. Las niñas estaban saliendo al jardín; pero, no podría asegurar que se tratara del paso únicamente, podrían querer pasar a saludarla. Su corazón latía lo suficientemente fuerte para sentirlo en sus oídos, aunque incluso con un sonido interno como ese, pudo captar perfectamente el susurro de Giyuu en su oído, su cuerpo emanando calor en su espalda.
-Shinobu.
La mención de su nombre en un tono que asemejaba densidad dispuesta a arrastrarla a la oscuridad, le arranca un jadeo que él no necesitaba escuchar. A penas encontró la fuerza para girarse, armándose de una falsa seguridad para encararlo, él invadió su boca con demanda. Kouchou podría asegurar que Tomioka había experimentado la misma ansiedad que ella. El deseo de no detenerse. Si, su virtuosa sensatez parecía fundirse con la suya, reemplazándola por un crudo y tormentoso deseo.
No puede más que dejarse llevar, esperanzada en no ser motivo de distracción para las inquilinas de la Hacienda.
Hay risas en el pasillo de las cuales está plenamente consciente, porque la alteración de los tonos sería un indicativo de aproximación a la habitación que en ese momento comparten. No puede negar que el nerviosismo produce algunas gotas de sudor que él se ha determinado en desaparecer con su tormentosa lengua. Ya ha trazado un camino conocido desde su clavícula hasta el inicio de la cadera. Shinobu siente cada respiración que da Giyuu erizando su piel en el proceso. Sus dientes no la lastiman, pero muerden lo suficiente para producir mareos que terminan en sonidos que trata inútilmente de controlar.
Se siente maleable sobre la boca de Giyuu. Incluso si este puede asemejarse al agua mansa, tranquilo y cuestionablemente imperturbable, fácilmente puede debatírselo a cualquiera con las pruebas que recibe a cada minuto que transcurre siendo sofocada ante su toque firme; sosteniéndose de sus piernas temblorosas, atenta de la picardía implícita de lo que hacen y el erotismo de sus propios sonidos juntos a los de él. Podrían necesitarla sus niñas en cualquier momento, recibir una misión; tantas posibilidades que solo extienden sobre su vientre oleadas de placer interminables.
Su haori se arruga en el suelo junto a la ropa que manos que no le pertenecen han retirado, las vendas de su busto descansan en el mismo lugar al igual que su prenda interior y parte de la indumentaria de su homólogo pilar. En un determinado punto, danzando en fuego boca a boca, se desvistieron maniobrando con el silencio de su travesura. La voz de Aoi que seguramente se ha unido al resto de las niñas por los quehaceres, es apenas un zumbido lejano ignorando por la sacudida de su cuerpo cuando su pareja decide finalmente abordar su interior. Muerde su boca con fuerza, asustada por la necesidad de pronunciar sonoramente el nombre del portador de su oleada de placer.
Ha soplado sobre ella aliento cálido antes de succionar el botón rosa entre sus muslos húmedos. Shinobu apenas y puede tirar del cabello de Giyuu, mechones de su cabeza que alcanza a atrapar mientras mitiga sus quejidos entre su lastimada mano. Tira de él con fuerza y este parece no afectarle, porque arremete nuevamente invadiendo su interior con habilidosos dedos que en ocasiones se aferran a una hoja y en ese momento la llevan a un estado de necesidad.
Pasos se escuchan muy cerca, su cuerpo tiembla nervioso. Inclemente, Tomioka no cesa de demoler su cordura manteniendo un ritmo constante entre su boca y falanges.
-V-viene… al… -trata de hilar con coherencia palabras que mueren mitigadas. Su estado de alerta, las sensaciones que se mezclan con el placer, ondas tórridas desembocando en el clímax que está por alcanzar.
-Shinobu-sama.
Las pulsaciones de adrenalina que se suman a la pequeña mordida indolora provocada por Giyuu en su clítoris producen la sacudida ansiosa que pasa a denominar en su cabeza como un orgasmo. Su mente elimina cualquier pensamiento coherente y su mano recibe una nueva mordida que producirá una buena marca por días. Retiene el sonido entre sus dientes.
-¿Shinobu-sama? -vuelve a preguntar
-E-estoy aquí Kanao -se aventura a responder después de un par de segundos. Su tono se escucha tan distinto al habitual. Seguramente no pasará desapercibido para ella- ¿Sucede algo?
-Solo quería avisarle que Aoi saldrá a comprar víveres y me preguntó si necesitaba algo.
-N-no -toma tiempo para formular la respuesta, quiere decirle algo prudente. Sin embargo, Giyuu le corta la coherencia al mirarla. Las palabras mueren cuando abraza su cuerpo con su calor. La desnudez propia de un encuentro sexual que poco se ha satisfecho con el sexo oral.
-¿Se encuentra bien?
-si... puedes avisar a Aoi.
-Eso haré, disculpe la molestia -responde su sucesora. Sus pasos alejándose no tardan en escucharse, inocente de los acontecimientos que podía separar una puerta.
