"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"
Y el escritor dijo: Hágase el computador.
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Yo, fui raptada por mi propia abuela. O más bien, todos los aparatos electrónicos, bajo la excusa de pasar las fiestas navideñas como verdaderamente se debe (llanto dramático) ¡Agonicé por más de dos semanas! De hecho, estoy debajo de la mesa esperanza al milagro de que no me vea… (risas)
¿Cómo les fue en las festividades? Yo decidí pasarla con mi familia, reunidos para pelear los terrenos… no, digo, para convivir en armonía. Como ya leyeron, me decomisaron todo y me quedé a la espera de poder robar mi computadora para traerles más llanto. Quiero agradecerles un millón y mucho más allá a los mensajes de navidades que me otorgaron. Todos ellos me hicieron pensar que vale la pena que mi abuela hasta la décima postura "te quitare tus vainas del demonio en navidad". ¡Ustedes valen oro!
Notas: Este capítulo lleva el resto del texto que no se pudo ver en "Kouchou Shinobu". Así que, es un capítulo de secuencia. ¡Hay Spoilers! Por lo que, ya sabes, te lo advertí. Ahora, pasa por el lado izquierdo que tenemos pañuelos.
¡Bienvenidos al 2020!
Tomioka Giyuu
Respira, sigue, sigue
En una de las noches más oscuras de su vida, no es el sonido de las múltiples cuchillas lo que mantiene sus pies en movimiento o su mano ensangrentada empuñando la hoja. Incluso su voz, enfundándose un valor que flaquea como todo ser humano. No solo está asustado, su preocupación interrumpe la calma habitual que reside siempre en él. Tanjirou está atrás, donde el combate no puede alcanzarlo; envenenado en la misma sangre que provocó el dolor que lleva en su pecho. Sus compañeros pilares sortean los ataques, algunos saliendo menos librados.
Y, esas podrían ser sus razones principales además de su labor como pilar y la responsabilidad que conlleva el título. Sí, las serían, pero es el aleteo de mariposas en su oído, que se niega a creer, se trata de un delirio producto de la pérdida de sangre; lo que le da fuerza en cada paso. Se aferra a la idea de que realmente se encuentran junto a él. Ella lo está, siempre lo está.
Añora volver a verla. Al igual que al resto de las personas que ha perdido.
Giyuu se considera bueno perdiendo todo lo que quiere. Cuando era pequeño, su hermana le enseñó que el amor de familia podía disfrazar el sufrimiento, lo hizo vivir en una burbuja llena de esperanzas, una que explotó de la peor manera que jamás pudo imaginar. Cuando su Tsukako Tomioka se sacrificó para salvarlo, desgarró su inocencia infantil sin retorno. Aún sueña con el niño de voz gastada que aseguraba, los demonios habían matado a su hermana, que fue tratado como un demente.
Al intentar ser enviado con un familiar para tratar su locura, escapó en la primera ocasión que surgió. Estaba tan asustado, echado a la realidad de forma brusca. A penas y podía contener el llanto que amenazaba con ahogarlo, sus ojos eran dos esferas rojas hinchadas. Quería a su hermana de vuelta, no quería esa vida. No quería vivir.
Había escapado montaña arriba, donde el oxígeno era lo suficientemente escaso para producirle un dolor constante en su pecho. Sin experiencia de supervivencia, terminó cayendo cuando tropezó con alguna de las numerosas ramas de los grandes árboles inclementes. El frío azotaba con fuerza, su ropa no era lo suficientemente abrigada para protegerlo. Estaba cansado, aterrado, afligido. Prácticamente muerto cuando Sakonji Urokodaki lo encontró.
El se volvió su segunda familia. Nunca se lo ha dicho, tampoco cree que se lo ha demostrado, pero la figura de su maestro fue uno de los soportes que Giyuu necesitó para no dejarse caer. Además de presentarle a su primer mejor amigo, Sabito. La seguridad y confianza que poseía él, es algo que sabe, nunca tendrá. Pero incluso contar con su figura, al inicio, no mitigó la ansiedad y desesperación que lo llevaba a llorar noche tras noche, aferrado al haori de su hermana, sin saber como aminorar sus sentimientos. Hasta que la pequeña mano de Sabito se estrelló contra su mejilla en una sonora bofetada.
"No digas que sería mejor tu muerte, nunca más. Si lo haces, dejaremos de ser amigos. Insultas la memoria de tu hermana".
Tenía trece años en ese entonces, sin embargo, su amigo se mostró mucho más maduro. Él también había perdido a sus familiares a causa de los demonios, sufría igual que él, pero lo asimiló de mejor manera. En ese momento, se arrepintió de faltarle a la memoria de su hermana, se motivó a seguir para pasar el examen de cazadores. Él lograría enfrentar demonios de la mano de su mejor amigo, para que otras personas no sufrieran de la misma manera que tuvo que hacerlo.
Sí, de la mano de Sabito…
Que destino cruel, que de todas las personas solo muriera la más capacitada para sobrevivir. Recuerda con dolor la herida en sus ojos, el momento antes de la tragedia. Él había ido a salvarlo, al igual que lo estuvo haciendo con el resto de los demás iniciados. Por eso, en cuanto una nueva voz solicitaba auxilio no dudó en socorrerlo.
"¡Sabito!" Esas fueron sus últimas palabras compartidas, su grito de desesperación mezclado con el dolor propio de la herida.
Su mejor amigo murió en manos de ese último demonio, salvando una vida por sacrificar la suya. Considera que lo peor de todo eso es que no se enteró hasta despertar después de la pérdida de sangre. Cuando le fue anunciado que sería reclutado para ser cazador, él ya no tendría un compañero. Estaba nuevamente solo, atorado en el llanto que suprimió por temor a deshonrarlo, aferrado a un haori de otro muerto, uno que dividió para completar con el de su hermana. Iba a seguir por ambos, por su maestro que, a pesar de sentirse aliviado de verlos, no escapó de la sensación de pérdida.
Su actitud cambió después de ese acontecimiento, un silencio culposo lo acompañó hasta olvidar los días de manifestar abiertamente sus sentimientos. Fue malinterpretado en numerosas ocasiones con un egocentrismo del que carecía, antes bien la inferioridad se instaló en sus pensamientos hasta gobernarlo. Solo siguió hasta ser nombrado pilar sin merecerlo, pero pensó que podría ser de ayuda; intentaría salvar a cuantos pudiera.
No era el único con una convicción sólida de servicio voluntario dentro de los pilares. Para cuando estaba iniciando, personas como Kanae Kouchou tenían una idea similar, querer que el mundo fuera purgado del mal que habitaba en él, dando todo para lograr ese cometido. Ella había perdido a sus padres, solo tenía a su hermana menor.
Shinobu…
La primera vez que la vio, ella ya lo estaba mirando. Con sus ojos violetas entrecerrados; parecía evaluarlo. A penas y le dirigió una mirada de vuelta, solo fue cuestión del momento y la sensación de ser observado. Seguramente pensaba igual que él, no merecía estar en esa posición como su hermana.
Tenía toda la razón.
Siguió dirigiéndole aquellas pesadas miradas, en cada ocasión que pudo. Probablemente frustrada de ocupar un puesto inferior cuando era por mucho, de un talento innato superior a sus habilidades. Había escuchado de su hermana, en una de las tantas reuniones de pilares, que Shinobu no era capaz de cortar la cabeza de los demonios. Pero nada de eso la había detenido, su hoja fue forjada bajo su propia idea en forma de aguijón. La enseñanza de la boticaria fue aplicada para convertir distintos venenos y ella aprendió un derivado del aliento que Kanae practicaba. Terminó por admirarla con tales proezas.
Le recordaba al talento natural de Sabito.
Tenía una actitud segura, aunque era brusca y se armaba de una buena cadena de insultos si alguien osaba molestarla. Él nunca tuvo problemas con ella, a pesar de ser mirado mal, no hablaron. Hasta que Kanae murió. Cuando el pilar femenino pereció, su hermana no volvió a ser la misma. Giyuu entendía perfectamente el sentimiento, Shinobu hizo una máscara de niña sonriente, como él, una de seriedad. Ella se convirtió finalmente en pilar, conviviendo mucho más tiempo. Probablemente, de tanto tener que verlo olvidó detestarlo y comenzó a hablarle, aunque, en ese entonces, no comprendía el motivo.
Al principio, con tan poca práctica de elocuencia, terminó escuchándola. Sus pensamientos eran tan contradictorios. Pronuncia con firmeza que los demonios deberían poder llevarse bien con los humanos, pero detrás de esa coraza, al entonar esas palabras, Tomioka pudo observar innumerables veces, el odio que se dejaba filtrar. Así que, se prestó de oyente, curioso de escucharla; intrigado por el motivo que la llevaba a hablarle. Sin saberlo, agradeciéndole que su soledad empezaba a ser más llevadera a su lado.
"Deberías intentar ser más sociable" Había pronunciado en una de sus tantas caminatas, donde coincidían para acudir a las reuniones, nada planeado.
Recuerda pensar en lo innecesario que era, después de todo, estaba limitándose a cumplir su rol en el ciclo de la vida, sin más aspiraciones que las de ser cazador.
"No es necesario" Respondió plenamente seguro.
"Lo es si no quieres vivir dentro de una cueva…"
Lo que le siguió a esas palabras fue debatido por él. No viviría solo, seguramente encontraría como mantenerse siendo cazador, hasta no poder más. Solo entonces ocuparía su tiempo ayudando comunitariamente, pero algo haría para ocupar su mente. Para seguir.
Shinobu parecía disfrutar llevarle la contraria. Giyuu no le encontraba el atractivo en eso, pero no dejó de responderle. Se dieron tantas oportunidades, incluso motivadas por el mismo patrón, quien solía agruparlos para trabajar. No le era desagradable convivir con alguien tan hábil como ella, además de elocuente. Lo sacaba rápidamente de situaciones complicadas en la que pueblerinos terminaba confundiendo sus palabras. Al momento de combatir, estaba dispuesta a cubrirlo tanto como él a ella.
Después de algunas misiones sugería terminar la jornada comiendo en algún local. Para ese tiempo, no había notado lo común y rutinario que se le hizo compartir su tiempo juntos.
Posterior a eso, se dio su encuentro con los hermanos Kamado, modificando sus pensamientos nuevamente. La desesperación de un joven por salvar a su único familiar restante y esta, protegiéndolo a pesar de ser un demonio. Ese día, se prometió protegerlos, por lo que los envió con la única persona que sabía, era capaz de entender.
Con todos los acontecimientos de la familia de las arañas, Shinobu terminó en una extraña mancuerna de protección con él, ambos estaban pendientes de que a Tanjirou no le faltase nada para salir adelante y cuidar de Nezuko. Fue ella quién se ofreció a brindarles refugio en la hacienda. Giyuu le agradeció silenciosamente su comprensión.
La admiraría un poco más, sino supiera lo que estaba haciendo. No era quien, para juzgarla a pesar de convivir, tampoco tenían una amistad de por medio, pero se sentía extraño. No sabía si se trataba de una decepción o preocupación. Ella estaba bebiendo veneno, seguramente para envenenar al demonio que mató a su hermana. Shinobu quería sacrificarse y eso solo significaba que no deseaba estar vida.
Lo descubrió cuando ella empezó a escupir sangre, un día rutinario. Estaba a su lado, como ya era costumbre, de regreso de una convocatoria urgente. Al momento sacó de su uniforme un pañuelo blanco. Dentro de él, su corazón dio un doloroso pálpito de preocupación. Sangran no era normal de esa forma.
"No te preocupes Tomioka-san, está controlado".
Sí, él estaba genuinamente preocupado. Porque ella solo diría algo así, cuando las cosas no estaban bien. La sensación, en vez de aminorar, se convirtió en una opresión dolorosa en su pecho. Se aventuró a responderle, en cuanto la vio mirar la tela "Quédate el pañuelo".
Entonces, para su fortuna ella sugirió que la acompañara a beber té. Inmediatamente asintió, no por que le gustase la bebida, antes bien estaba su idea de mantenerla vigilada por si llegaba a complicarse. Ella ya lo había hecho por él antes, cuando amanecía dormida apoyada en el colchón en el que se encontraba convaleciendo. Shinobu había dejado de ser una colega.
Le fue un poco difícil descubrirlo, pero la camarería no era lo que definía sus sentimientos. De alguna manera, su admiración y la preocupación que tenía por ella, se mezclaron con todas las memorias que compartían juntos hasta redefinir sus sentimientos. Él había empezado a quererla.
Deseaba que viviera, porque estaba seguro, a Kanae también le gustaría que así fuera. Hasta ese punto, empezó a sentir que el tiempo con ella era inclemente, que no podría disfrutar de más comidas juntos y sus extrañas maneras de llevar una conversación, su forma de quejarse cuando consideraba que debía opinar más. Todos esos momentos naturales de tiempo juntos empezaron a pesarle. Empezaron a doler.
Y lo peor de ello, es que no podía recriminárselo. Ella no le correspondería.
O eso pensó.
Durante los entrenamientos para despertar las marcas, se quedó descansando apoyado en una de las pilastras de las casas cercanas. Solo habían sido unos segundos para recomponerse cuando la escuchó, era como el aleteo de una mariposa. Delicada y grácil se posó cerca de él hasta descender su mano en su rostro. Quiso embotellar el momento para que permaneciera con él, se estaba haciendo egoísta con el tiempo, quería robársela lo más que pudiese.
"¿Te gustaré, Tomioka-san? Eres tan reacio que me pregunto si podré alcanzarte".
Su alegría le impidió seguir fingiendo que estaba dormido. Su pecho se llenó, después de mucho tiempo, de un sentimiento de calidez. La había alcanzado, pudo llegar hasta ella. Pronunció su nombre con la devoción implícita del enamoramiento, aunque esta siguiera sonando igual de neutral que siempre. La besó con la prisa de saber que el tiempo estaba en su contra, con la esperanza de hacerla sentir amada, como estaba seguro, podía hacerlo.
"Esperé lo necesario" musitó después de compartir caricias. Ella le sonrió, antes de asentir. Le preguntó por el tiempo en el que descubrió sus sentimientos y como pudo, intentó explicarle que no hubo fecha exacta, solo un desarrollo que fue creciendo cuando él la miró por primera vez. Seguramente a su hermana le hubiese gustado conocerla. Ella lo contagió con ese romanticismo propicio para enfrentarse a la relación que pretendía tener con Shinobu. Al ritmo que desease establecer.
Pudo abrirse un poco más a ella, entender que disfrutaba llevarle la contraria solo porque respondía de vuelta. Las bromas que solía lanzarle se convirtieron en comentarios sin malicia, con más insinuaciones a numerosos besos que compartieron. Trató de pasar la mayor cantidad de tiempo a su lado, incluso en las noches. Terminó durmiendo en la hacienda, pasando los primeros minutos velando por ella, la palidez que no disfrazaba su rostro sin maquillaje. Aterrado de perderla.
Él que lo había perdido prácticamente todo, no estaba listo a pesar de eso.
"¿Quieres tener una familia?" la escuchó decir, la última vez que tuvo la oportunidad de caminar a su lado, sus manos entrelazadas. Seguramente lo había preguntado por los niños que pasaban a su lado.
Dolió escucharlo, no tenían las circunstancias para siquiera pensarlo. No pondría sobre sus hombros palabras que pudiesen afectarla más de lo que parecía al mirar a las familias que protegían siendo cazadores.
"No es algo que podamos permitirnos"
"¿Y si pudieras?" Shinobu era lista, lo suficiente para desmantelar sus palabras. Ahorró comentarios guardando silencio. Ella tocó su rostro con tristeza sin disimular, él respondió besando su frente. Shinobu no merecía esa vida…
"Me hubiese gustado tener una niña, ella heredaría todo mi conocimiento de boticaria" empezó a conversar. "Sería hermosa, a pesar de tener tus genes".
"Aprendería los estilos del agua" anunció él, imaginando a una pequeña señorita de cabello negro gritándole padre mientras levanta una espada de madera.
"Sabía que dirías algo como eso" negó Kouchou sonriendo.
Esa noche dejaron que la idea de la familia muriera, la idea de un final que no implicara su sacrificio envenenada. Besó cada rincón de su cuerpo antes de tomarla, a la luz de la luna que parecía otorgarle una figura divina. Suprimió su miedo sosteniendo su mano, ella aún era carne caliente, era ojos fijos sobre él; era una boca capaz de pronunciar su nombre entre jadeos. Shinobu aún estaba viva, era todo lo que importaba.
El momento llegó, Muzan invadió la casa del patrón; ellos fueron a finalizar lo que debía terminarse hace mucho. A su lado se encontraba Tanjirou cuando las paredes empezaron a moverse, como pudo la buscó entre el resto de los pilares, ella también lo miró en los segundos antes de caer. Apretó sus dientes con fuerza, sabía lo que estaba a punto de hacer. Quería ir detrás, pero eso significaba dejar a su sucesor solo. Había prometido protegerlo, tenía que hacerlo a pesar de todo.
Su mente estaba ahí, pero su corazón se lo había llevado Shinobu lista para morir.
"Cawww ¡Muerta! ¡Shinobu Kouchou está muerta! Murió después de la confrontación con la luna superior dos"
El cuervo que se alza sobre sus cabezas, perteneciente a la gran red de información que el resto de los familiares del patrón consigue desfigurar su rostro. Escucha como su corazón sube a su oído hasta martillear. Muerta, la mujer que amó…
No deja de repetirse esa palabra en su cabeza hasta darle náuseas. No volverá a escuchar sus bromas, sentir sus manos. No podrá hacerle el amor y quererla como merece. Ella ha perecido finalmente, consiguiendo lo que se propuso al ingerir el veneno.
Seguiría corriendo solo porque sus pies no se detienen, si no fuera porque Akaza los enfrenta y él regresa en sí, para enfocarse en aniquilarlo. Rengoku estaba muerto por su culpa, Tanjirou podría morir si no se enfoca en comportarse como un pilar. Muerde su boca hasta sangran, Shinobu lo quiere vivo, Sabito lo quiere vivo, su hermana lo quiere vivo. No va a morir.
La luna superior tres se desintegra después de rendirse, él se encarga de tratar las heridas del mayor de la familia Kamado. Anuncian más muertes al reanudar su marcha, el hermano de Sanemi, Muichiro. Caen lunas al igual que camaradas.
Al finalizar su trayecto, ven al origen del caos nuevamente, Muzan toma una nueva forma mucho más asquerosa que la primera. Siente inmediatamente como la rabia trepa por su garganta, pero no puede dejarse nublar por ella. Se lanzan por él y responde con una velocidad que corta su seguridad. Tienen que mantenerse hasta el amanecer. Tienen que seguir.
Tanjirou cae envenenado por las cuchillas del demonio. Como puede lo mira desde su posición. Está asustado de fallarle, él no debe morir.
Trata de hacerle frente a los ataques mientras Murata se encarga de su sucesor. Es ahí cuando empieza a escucharlas, el sonido claro del aleteo de mariposas cerca. Como si su mano cálida volviese a posarse en su hombro. Cree que la ha visto por unos segundos, sonreírle con confianza.
Es todo lo que necesita. Le promete algo en el silencio de la batalla, palabras que está completamente seguro, le llegarán. Volverán a verse, le asegura, cuando sea el momento, se encargará de buscarla en la otra vida, donde sea que esté.
