"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su cuarto proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

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Como siempre, agradecerles eternamente que aprecien mi trabajo, los mensajes que de verdad atesoro en mi corazón (sobre todo los ingeniosos que me sacan una risa genuina).

NOTAS. Me causa muchísima gracia confesarles que me costó más el nombre del capítulo que escribirlo en sí. Por favor, Real Academia, ¿Para cuando más palabras con esta complicada letra? Me hiciste golpearme con el computador un par de veces.

¡El capítulo!


Watts

El viento sopla entre la lluvia, cambiándola de dirección numerosas veces. Incluso el frío empeoraba con el tiempo que permanece en ese lugar, rodeado de la inclemencia que el clima puede brindarle. Montaña arriba la entrada de oxígeno a los pulmones se dificultaba y, aunque él estuviese entrenado para resistirlo, después de un tiempo de combate, hasta el más preparado empieza a sentir agotamiento. Trata de ignorar el leve mareo, el cansancio y el dolor de empuñar el arma. Se concentra en cortar cabezas de demonios sin remordimiento. Se trataba de personas que decidieron elegir el camino equivocado, él se encarga de rectificar sus acciones exterminándolos.

Cada vez que corta uno, otros tres se lanzan por encima de las copas de los árboles que pertenecen al bosque que parece no tener fin.

Tiene algunas heridas profundas que sangran manchando el uniforme. Empieza a sentir dolor cuando aspira con dificultad, como si estuviese respirando afiladas espinas de hielo. Con la franqueza interna que solo se puede tener al hablar con uno mismo, no está seguro de salir librado de esa misión. Eso sí, cree con firmeza que eliminará hasta el último de los demonios que se le fue asignado. Tiene que hacerlo, está obligado por algo más que su posición.

Flaquea en su danza mortal, rodilla en el suelo jadea dolorosamente. Sin embargo, en cuanto surge la oportunidad se fuerza a ponerse de pie nuevamente, aún si le cuesta moverse y respirar. Tomioka Giyuu continúa empuñando su hoja hasta que, a sus pies, rueda la última cabeza de la horda de demonios a la que se enfrentó. Solo entonces se permite sucumbir ante el dolor cayendo de rodillas por segunda ocasión escupiendo algo de sangre de un labio roto de tanto morderlo.

No quiere morir. Porque ha prometido vivir, una mujer mucho más pequeña y más habilidosa lo espera en la hacienda donde reside. Ataviada del haori de su hermana, con su uniforme meritorio de pilar; con el humor lleno de bromas que han dejado de ser hirientes, siendo sustituidas por su elocuencia para motivarlo a llevarle el juego. Ella lo espera, bajo la premisa de la promesa que le hizo al retirarse.

"Volveré"

Que palabra tan sencilla, pero tan difícil de cumplir en un momento como ese.

Respira por la boca un par de veces antes de forzarse. Como si de electricidad se tratase, se obliga a ser férreo y físicamente se coloca en pie nuevamente para seguir. El volverá. El regresará a la hacienda para decirle que ha cumplido una misión más, que no requiere de tantos tratamientos y que las heridas son menos dolorosas de lo que parecen. Aunque seguramente ella ignore cada palabra que salga de su boca, antes de indicarle que va a ser sometido a una serie de ensayos médicos para recuperarse con prontitud. Lo dejará reposar en alguna camilla de la sala de cuidados y le prometerá que no lo visitará por ser tan descuidado. Pero lo hará, entrada la noche colocará su mano en la frente para revisar la temperatura.

Ella lo cuidará como tantas otras veces lo ha hecho.

Al primer paso pierde el conocimiento y la promesa que persiste en su mente se desvanece junto a su fuerza. No duelen sus heridas, ni está forzado a respirar. Cae contra la capa de nieve que se ha formado sobre la tierra.

Lo último que ve es parte de las raíces de los árboles y lo que escucha, el aleteo de una mariposa.

Hay voces en la lejanía que no logra identificar. Se siente a gusto con el calor que de seguro le proporciona estar muerto. Sin embargo, toda fantasía de su deceso muere al sentir algo de dolor en uno de sus brazos. Una inyección, identifica. Abre los ojos con dificultad, el cansancio es lo segundo en regresar, apenas puede mantenerse despierto.

Shinobu está a su lado.

Intenta pronunciar su nombre, solo que este queda atrapado en voz perdida.

-No te esfuerces, necesitas descansar -empieza ella- tuviste mucha suerte Giyuu-san. Estaba lo bastante cerca para sacarte a tiempo.

Kouchou parecía querer decir más, abría la boca constante y nuevamente la cerraba. Sus habituales máscaras de sonrisas estaban reemplazadas por la crudeza de una línea recta de molestia.

-Sé que es nuestro trabajo, pero -levantó sus ojos para mirarlo con severidad- no vuelvas a llevar tu cuerpo a ese extremo. Pídele a tu cuervo que me informe, yo iré a apoyarte.

Giyuu asiente. No porque esté seguro de querer que Shinobu tenga la posibilidad de quedar tan lastimada como lo estaba él en ese momento, sino porque siente que eso será lo único que la tranquilice. Ella se veía genuinamente preocupada. Esos ojos ya los había contemplado, cuando alguna de sus niñas está enferma. Ser el que le provoca ese sentimiento le es demasiado incómodo.

Sabe que le ha indicado permanecer callado, pero nuevamente abre la boca.

-Vol…ví -logra articular con la dificultad de un niño que empieza a hablar. Es doloroso, pero se siente peor estando callado.

Shinobu se muestra sorprendida unos segundos antes de entender, por lo que puede notar, que se refiere a la promesa que le hizo. Tal vez no logró conseguir regresar por sus propios pies, pero estaba de vuelta en la hacienda. Agradecido de ver su bonito rostro una vez más. Aunque este se llenara de lágrimas ese momento.

Ella se levantó para rodearlo en un abrazo significativo.

-Eso hiciste.